La célula que explota.
El empleo de la palabra celular para referirse a los aparatos de telefonía móvil, deriva del hecho de que las estaciones base, que enlazan vía radio los teléfonos móviles con los controladores de estaciones base, están dispuestas en forma de células o celdas (teóricamente como un panal de abejas).
A pesar de que ambas formas (móvil y celular) son correctas, probablemente sería más apropiado referirse a un teléfono celular, que a un móvil. Después de todo, un teléfono inalámbrico también es móvil.
El inicio del teléfono celular, se remonta a la 2da guerra mundial, donde era necesario la comunicación a distancia, la compañía Motorola creo un equipo llamado Handie Talkie H12-16 que permite el contacto entre las tropas vía ondas de radio.
A partir de entonces se desarrollo nueva tecnología que perfecciona el sistema de comunicaciones a distancia independiente de cables; en la década de los 80’s se vuelve accesible para que los ciudadanos comunes puedan comunicarse a distancia y a cualquier hora. Es actualmente una herramienta multifuncional y multimedia.
Pero como a través de la historia hemos observado, el hombre se ha encargado de convertir estos prácticos avances tecnológicos en una extensión de su mala educación, falta de respeto y ego; solo falta asistir a cualquier función de una película en el cine para corroborar esto.
Hace tan solo 10 años no contábamos con esta tecnología, entonces las personas no podían comunicarse a cualquier hora y en cualquier lugar con los demás.
Las personas CREEN que es importante contestar una llamada que se les hace a su teléfono celular en medio de una conversación o reunión, en el cine, en misa, en momentos de recreación, en el auto. Cuantas personas de verdad cargan consigo un teléfono celular por que su modus vivendi dependa de ello, yo creo que es un porcentaje mínimo.
Ahora hasta los NIÑOS poseen un celular, dicen que el objetivo de ello es que estén localizable para los papas, EN LA ESCUELA?!, EN LA CASA DEL AMIGUIT@?!. Eso es un exceso, es consumismo.
Nos creamos lazos no indispensables, nos convencemos de que es algo útil, sentimos que nos da status; somos esclavos de nuestras ideas, somos localizables para todos.
Dante Diaz P.