Elizabeth Siddal "...A nadie importaba mi alma..."
A Elizabeth Eleonor Siddal, escritora y pintora inglesa, se la conoce por ser el rostro de la famosa Ofelia de Millais, pero la historia de su trágica vida permanece olvidada y sólo es conocida por muy pocos.
Nacida en 1829 , y perteneciente a una familia de clase baja, Elizabeth trabajaba como dependienta en una sombrería londinense en 1850 cuando un joven artista: Walter Deverell la vio a través del cristal y le propuso ejercer de modelo.
Fotografías de Elizabeth Siddal
Fue a través de Deverell como Elizabeth conoció a los miembros de la Hermandad Pre-rafaelista , una asociación de pintores, poetas y críticos ingleses, fundada en 1848 en Londres por John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt. para quienes pasó a ser su modelo predilecta.
Los miembros de la Hermandad Prerrafaelista inflamados por las leyendas medievales, decidieron vivir en un tiempo que no era el suyo, voluntariamente enajenados del presente. La Hermandad abominaba del academicismo que imperaba en Inglaterra para volver lo ojos al detallismo y al colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael. Desde su punto de vista, la pintura académica imperante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Ángel, con composiciones elegantes pero vacuas y carentes de sinceridad. Por esa razón, ellos propugnaban el regreso al detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael —de ahí el nombre del grupo—, a los que consideraban más auténticos.
Obra Pre-Rafaelista de William Hunt
Elizabeth era de elevada estatura, delgada, cabellos cobrizos y párpados transparentes y cerrados; encarnaba perfectamente el nuevo y moderno tipo de belleza Pre-rafaelista . Su extraña belleza les cautivó convirtiéndose desde entonces en su modelo femenino ideal.
Tan hermosa, tan lánguida, nadie mejor que ella podía representar a Ofelia, rescatada por Shakespeare de las brumas históricas para convertirla en el ideal de la mujer que enferma y muere de amor. Trastornada por la separación de su enamorado Hamlet, a la que se ve forzada, Ofelia se había arrojado a la corriente del río: “Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían, la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo, la muerte, llena de angustias”. John Everett Millais, seducido por la fuerza de estos versos, quiso convertirlos en pintura. Construyó una imagen más potente que la del propio Shakespeare, anticipándose a una época que valora más las imágenes que las palabras.
Así veía Arthur Rimbaud la Ofelia de Millais (1870)
"En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida,
Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente,
recostada en sus velos..."
"En las aguas profundas que acunan las estrellas,
blanca y cándida,
Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente,
recostada en sus velos..."
El cuadro de Millais sobrecoge por la fuerza de la imagen y el trasfondo del personaje, no en vano la escuela Pre-rafaelista se involucraba hasta tal punto con sus modelos que las sometía a los sufrimientos que evocaban sus imágenes para lograr mayor naturalismo . Y así en el invierno londinense de 1852 , para su primer cuadro como modelo, Elizabeth se entregó al mito y permitió que el pintor la tuviese durante horas en interminables sesiones sumergida bajo las aguas frías de una bañera, buscando con ello lograr la apariencia y rigor mortis que Millais necesitaba para su Ofelia .
Elizabeth fue una persona enfermiza durante toda su vida , además de múltiples dolores de cabeza y espalda , padecía tuberculosis y podríamos pensar que parte de su enfermedad fue una secuela a consecuencia de su papel de Ofelia.

Fue en esa época, mientras posaba para Millais, cuando Dante Gabriel Rossetti, miembro fundador de la hermandad la conoció y se enamoró de ella. Obviamente, quedó prendado de su belleza, pero luego descubrió que Elizabeth era tan talentosa escritora y pintora como sus compañeros de hermandad.
Fotografía y Autorretrato de Dante Gabriel Rossetti
Rossetti se enamoró de la belleza pálida y de la expresión sombría y serena y en especial de su mata de pelo rojo. El rostro y la figura de Elizabeth se convirtieron en motivo principal de las obras de Rossetti, que tuvo su etapa más fructífera junto a ella consagrado a cultivar la belleza ideal encarnada por su musa, la mujer que inspiró su pintura y su poesía.
Tras conocer a Dante Gabriel Rosetti, Elizabeth se convirtió en su pricipal musa, de hecho tras comenzar a trabajar juntos ella dejó de posar para el resto de artsitas prerrafaelistas y él dejo de lado a la mayoría de las modelos a las que hasta entonces había pintado...al menos durante un tiempo, ya que según se dice la naturaleza ardiente e inestable de Rossetti le hizo seguir buscando posteriormente otras modelos y otros amores, a pesar de que su amor constante y verdadero fue siempre sólo para Elizabeth.
El amor que profesaba Rosseti a Elizabeth está probablemente reflejado en las numerosas pinturas y dibujos que realizó tomándola como modelo y en muchos de los poemas que escribió, en los que claramente alude a la figura de su idealizada amada. De hecho el período más prolífico de Rosetti como poeta comenzó al conocer a Elizabeth y terminó con la muerte de la misma.
Comenzando en 1853 con el "El Primer Aniversario de la Muerte de Beatriz", Rossetti pintó a Elizabeth en numerosas obras. En este cuadro Elizabeth aparece como una mujer de la realeza que visita a Dante Alighieri mientras el escribe su autobiografía. Demasiado absorbido por su incontrolable pasión por Beatriz, Dante parece no reconocer a las demás personas presentes en la habitación.
El Primer Aniversario de la Muerte de Beatriz
A continuación Rossetti vuelve a utilizar a Elizabeth como modelo de otras obras relacionada con Dante Alighieri, incluyendo "La visión de Dante de Rachel y Leah" (1855) , "Beatriz negándole el saludo a Dante al encontrarlo en una fiesta de Casamiento" (1855) en la que Elizabeth encarna a Beatriz, la obsesión de Dante. y "El sueño de Dante ante la muerte de su amada" (1856)
La visión de Dante de Rachel y Leah
Beatriz negándole el saludo a Dante al encontrarlo en una fiesta de Casamiento
El sueño de Dante ante la muerte de su amada
Fue Rosetti quien intrudujo a Elizabeth en el mundo de la pintura, no ya como modelo, sino como pintora. La obra de Siddal contrasta profundamente con la de su mentor, resultando áspera en comparación a las de Rosetti; ello puede apreciarse perfectamente en el autorretrato que realizó, que no guarda demasiado parecido con la belleza etérea que encontramos en los cuadros en los que aparece como modelo.
Autorretrato de Elizabeth Siddal
.
Los dibujos de Elizabeth solían representar temas tomados de las leyendas artúricas o idealizaciones de la edad medieval, en una linea propia de los prerrafaelistas, mientras que sus poemas eran oscuras baladas que solían versar sobre amores perdidos o no correspondidos.
Dibujos de Elizabeth Siddal
Rossetti tenía absoluta dependencia de ella , a la que describía en 1854 diciendo: "...se la ve más delgada y más cadavérica y más bella y más desmadejada que nunca; una autentica artista, una mujer sin igual en mucho tiempo ; es de estimulante frescura ... el sello de la inmortalidad".
Acaso las más numerosas y personales obras de Rossetti sean los esbozos en lápiz de su mujer en casa. Comenzó estos en 1852, al mudarse con Elizabeth al hogar de Chatham Place, donde la pareja se volvió cada vez más antisocial, absorbiendo cada uno el afecto del otro. Los amantes incluso utilizaban sobrenombres cariñosos como “Guggums” o “Gug” y “Dove” (paloma), uno de los nombres del artista para Lizzie. Rossetti le enseñó a Lizzie a pintar y a escribir, y, aunque esta no producía más que obras mediocres, la adoración por ella lo llevaba a declararla como un genio creativo. La misma idealización está presente en los esbozos (en su mayoría titulados Elizabeth Siddal), en los que aparece retratada como una mujer de la clase ociosa, bella y a menudo rodeada de confort.
Dibujos de Rossetti sobre Elizabeth
En 1855 Siddal comienza a escribir poemas, a menudo con temas oscuros acerca de la pérdida del amor o la imposibilidad del amor verdadero. Sus versos eran tan simples como conmovedores, como si fueran antiguas baladas.
Rossetti ensalzó a Lizzie en sus escritos tanto como en su pintura. De hecho, su período de mayor producción poética comenzó al conocerla a ella y terminó alrededor de la época de su muerte. El poema A Last Confession ilustra especialmente su amor por ella, a quien personifica como la heroína con ojos “como del mar y del cielo en un día gris” (“as of the sea and sky on a grey day”). En esta obra, el afecto de un hombre por una joven pasa de amor paternal a romántico a medida que la chica crece.
Vivieron algunos años juntos en los cuales el inestable y ardiente Rossetti siguió buscando frágiles modelos de las que enamorarse. La dedicación a la poesía y a la pintura no sustrajeron a la cada vez más enfermiza y depresiva Elizabeth de los celos ampliamente justificados, llegando a arrojar al Támesis los retratos que Rossetti dibujaba de otras mujeres. En todos esos años Rossetti canceló a último momento y en repetidas oportunidades sus promesas de casamiento, motivado por sus incesantes infidelidades y la presión de su familia que detestaba a Elizabeth por provenir de la clase trabajadora, afectando notablemente a los ánimos y a la ya de por sí frágil salud de Elizabeth
Probablemente por pena de la salud de Elizabeth, Dante cumplió su promesa y por fin se casaron en 1860, en una ceremonia sin parientes ni amigos, luego de dos años de separación motivados por las constantes infidelidades de Rosetti. Pero la vida no estaba dispuesta a hacerlos felices. En 1860 Rosetti pinta a Elizabeth embarazada en el cuadro "Regina Cordium", con la mirada perdida y gesto de tristeza. La hija que llevaba dentro no nacerá viva. Elizabeth no se recuperó del golpe y se pasaba horas meciendo la cuna vacía.
Regina Cordium
Hundida emocionalmente, y sabiendo de los escarceos de él con otras mujeres, pasa su vida entre dosis de laudáno, opio y morfina, posiblemente recetados para remediar las secuelas del baño de Ofelia; sea como sea la cuestión es que se volvió adicta.
En 1861 durante su embarazo Elizabeth escribe Al final y Amor Muerto, desgarradores poemas que enmarcados en la tragedia personal de la autora, adquieren tintes realmente ominosos:
Al Final
Oh, Madre, abre la amplia ventana
Y deja que entre el día;
Oscuras se tornan las colinas
Y los pensamientos comienzan a nadar.
Madre querida, toma mi joven hijo,
(Ya que de tí he nacido)
Y cuida todos sus pequeños caminos
Hazlo sabio sobre tu falda.
Lava mis manos luctuosas
Y luego ata mis pies;
Mi cuerpo ya no puede descansar
Fuera de su sábana tortuosa.
Toma el brote de un árbol joven
Y verde hierba recién segada,
Déjalos sobre ésta lóbrega cama
Para que mi dolor no se sepa.
Encuentra tres bayas rojas
Y arráncalas del tallo,
Quémalos al canto del gallo
Para que mi alma no regrese.
Cuando caigan las gruesas lágrimas,
(Y caerán, Dios lo sabe)
Díle que que morí de un gran amor
Y que mi corazón ha muerto alegre.
Cuando el sol se haya puesto
Y la hierba ondule en tu regazo,
Arrástrame en el frágil ocaso
Y ocúltame entre las tumbas.
Amor Muerto
Nunca llores por un amor muerto,
ya que rara vez el amor es verdadero.
El cambia sus ropas del rojo al azul,
y del más brillante azul al rojo,
el amor ha nacido a una muerte temprana,
y su realidad es apenas un despojo.
Entonces no ancles tu sonrisa
en su pálido rostro descarnado,
para exhalar el más profundo de los suspiros.
Las palabras justas en labios sinceros.
Pasarán y sin duda morirán;
y tú estarás solo, mi querido,
cuando se desaten los vientos invernales.
Nunca lamentes aquello que no puede ser,
pues este Dios no regala dones.
Si este pobre sueño de amor fuese nuestro,
entonces, querido, estaríamos en el cielo,
pero aquí sólo hay campos muertos,
donde el verdadero amor jamás es cierto.
Oh, Madre, abre la amplia ventana
Y deja que entre el día;
Oscuras se tornan las colinas
Y los pensamientos comienzan a nadar.
Madre querida, toma mi joven hijo,
(Ya que de tí he nacido)
Y cuida todos sus pequeños caminos
Hazlo sabio sobre tu falda.
Lava mis manos luctuosas
Y luego ata mis pies;
Mi cuerpo ya no puede descansar
Fuera de su sábana tortuosa.
Toma el brote de un árbol joven
Y verde hierba recién segada,
Déjalos sobre ésta lóbrega cama
Para que mi dolor no se sepa.
Encuentra tres bayas rojas
Y arráncalas del tallo,
Quémalos al canto del gallo
Para que mi alma no regrese.
Cuando caigan las gruesas lágrimas,
(Y caerán, Dios lo sabe)
Díle que que morí de un gran amor
Y que mi corazón ha muerto alegre.
Cuando el sol se haya puesto
Y la hierba ondule en tu regazo,
Arrástrame en el frágil ocaso
Y ocúltame entre las tumbas.
Amor Muerto
Nunca llores por un amor muerto,
ya que rara vez el amor es verdadero.
El cambia sus ropas del rojo al azul,
y del más brillante azul al rojo,
el amor ha nacido a una muerte temprana,
y su realidad es apenas un despojo.
Entonces no ancles tu sonrisa
en su pálido rostro descarnado,
para exhalar el más profundo de los suspiros.
Las palabras justas en labios sinceros.
Pasarán y sin duda morirán;
y tú estarás solo, mi querido,
cuando se desaten los vientos invernales.
Nunca lamentes aquello que no puede ser,
pues este Dios no regala dones.
Si este pobre sueño de amor fuese nuestro,
entonces, querido, estaríamos en el cielo,
pero aquí sólo hay campos muertos,
donde el verdadero amor jamás es cierto.
El más extravagante de los amoríos de Rossetti fue el que vivió con una modelo muy poco agraciada: Fanny Conforth, a quien el poeta llamaba cariñosamente "Mi querido elefante" . Fanny era una mujer robusta, redondeada, opuesta en todo a la delicada Siddal, salvo en el cabello rojo. En este detalle Dante Rossetti era intransigente.
La leyenda cuenta que Elizabeth amenazó varias veces a Rossetti con el suicidio pero él no la tomó en serio y una noche de 1862, destrozada, mientras él pasaba la noche en la cama de Fanny , Elizabeth se pasó con la dosis de láudano y la encontraron muerta tal como a la Ofelia del cuadro que inmortalizó.
Rossetti tampoco supo liberarse de las brumas del espíritu. Desgarrado de dolor enterró en el ataúd de Elizabeth, bajo la larga cabellera pelirroja de su amada, una agenda con la única copia de los sonetos que le había compuesto. Pasó el tiempo, se dedicó, recluido, a la pintura y a la poesía, con el mismo énfasis con el que continuaba sus excesos en alcohol y láudano.
Rossetti volvió a pintar a Elizabeth como la Beatriz de Dante en una de sus obras más famosas, Beata Beatrix (1864-1870), que ejecutó como conmemoración tras la muerte de ella. La pieza imita la muerte de la amada de Dante Alighieri como aparece en su obra autobiográfica, Vita Nuova. En el cuadro, en medio de un resplandor amarillo con formas poco claras, entre ellas el Ponte Vecchio de Florencia y las figuras de Dante y del Amor, aparece Elizabeth representando a Beatriz. Con la barbilla hacia arriba y los ojos cerrados, Lizzie aparece profundamente consciente de su destino inminente, la muerte. Un pájaro, que sirve como mensajero de la muerte, posa una amapola en sus manos. La crítica ha alabado esta obra por su resonancia emocional, que puede sentirse simplemente gracias a la tonalidad y la composición conmovedoras. La historia real de Rossetti y su amada esposa profundiza aún más su significado.
Beata Beatrix
Una leyenda, animada por Borges, quiere que el propio Rosseti, amparado por la noche, abriera la tumba y luego el féretro para recuperar los poemas. Los hechos son menos brumosos pero en ocasiones no menos dañinos. Hubo una petición y una autorización judicial y su amigo Charles Augustus Howell, sin la presencia de Rossetti, rescató legalmente el manuscrito enterrado. Howell le contó que el cadáver estaba inmejorablemente conservado, con su delicada belleza intacta y que su dorada cabellera había seguido creciendo y llenaba el ataúd, lo que no hizo más que contribuir a la locura de Rosetti.
Hoja de los sonetos de Rossetti rescatados del ataúd de Elizabeth
Rossetti publicó algunos de los poemas rescatados del ataúd de su difunta esposa junto con poemas nuevos, bajo el título "The house of life", libro que fue condenado por la crítica por su erotismo.
Rossetti, obsesionado por la exhumación, vivió el resto de su vida entre alcohol y drogas. Abrumado por la culpa, también él, una década después, intentó suicidarse bebiendo una botella de láudano, pero otra vez los hechos no se ajustaron a lo que el mito esperaba y la muerte sólo lo visitó en 1882, veinte años después que Elizabeth, víctima del exceso de alcohol y laúdano.
Tumba de Rossetti y Siddal
Otras Obras de Rossetti
Venus Verticordia
A sea spell
Lady Lilith
La Pía de Tolomei
Monna Vanna
Sancta Lilias
The Beloved
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