InicioInfoMente de Acero (Parte II)
Bueno aca les dejo la segunda parte del articulo de la revista CICLISMO XXI..!

En el anterior número de Ciclismo XXI, Sebastián Donadío analizó la actitud mental de varios campeones frente a su deporte. Hoy profundizará sobre la preparación psicológica y la importante relación entre el entrenador y el ciclista.

Carl Lewis, reconocido atleta americano, demostraba públicamente la confianza en sí mismo. Antes de ganar los 100 metros en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, declaró: “El hecho de saber que estoy bien físicamente, que me preparé muy bien, que figuro entre los mejores desde el punto de vista técnico y, en fin, el hecho de saber que puedo ganar, bastan ampliamente como preparación psicológica”. Un deportista con éstas convicciones se presenta a la línea de largada con claras ventajas: tiene su mente y cuerpo preparados para el triunfo, y esa actitud en la alta competencia provoca diferencias notables.
Pero para llegar a optimizar las cualidades mentales, nada mejor que un profesional de la psicología que “saque el jugo” del deportista que atiende. En la medida que el ciclista comprenda que la mente domina los demás factores de su deporte, le irá dando un lugar primordial en su preparación. No tiene sentido tener la última bicicleta si uno está abatido moralmente o es débil frente al dolor; ni siquiera haberse entrenado con entusiasmo y dedicación si a la hora de la competencia, los miedos y frustraciones lo dominan en los momentos clave; ni tener una alimentación adecuada, el descanso apropiado, o la elongación óptima, si internamente no están las cosas en orden y, según el decir del reconocido psicólogo deportivo y escritor Terry Orlick “falta el compromiso, la atención dirigida, la confianza en sí mismo, las visualizaciones positivas, la preparación mental, el control de las distracciones y el aprendizaje constante de las propias experiencias”.
Y para ello, nada mejor que estar asistido por un profesional en la materia.



Vital apoyo psicológico.



La presencia de un psicólogo es insustituible en la planificación, ejecución y supervisión de los programas de entrenamiento psicológico. En nuestro medio, muchas veces esta falencia se ve suplida por el aliento enérgico de los entrenadores, el apoyo incondicional de algún amigo experimentado que conozca y apoya al corredor, los sabios consejos de un ciclista veterano o las frases de ayuda de un familiar, que sin saberlo forman parte de su programación positiva. Pero, a la inversa, en muchas ocasiones son los mismos parientes y entrenadores los que frustran a sus ciclistas, mediante presión desmedida, transferencia de sus propias frustraciones (esto se ve mucho en los Infanto-Juveniles, con padres que castigan a sus hijos por no ser los campeones que ellos mismos no lograron ser jamás), traspaso de sus propios miedos y limitaciones.
El entrenamiento de destrezas psicológicas es recomendable para ciclistas de cualquier modalidad y especialidad, cualquiera que sea su edad y nivel de formación física. Los ejercicios deben coordinarse con las destrezas físicas del corredor, practicándolas en entrenamientos de alta intensidad que simulen una competencia. Usualmente hago prácticas de simulación con mis ciclistas, en las cuales planteamos carreras, disputamos sprints con premios especiales y hablamos mucho sobre el día de la prueba, las tácticas a emplear y los corredores que deben observar atentamente para aprender de ellos. Cerca de las fechas de los compromisos, tiramos tiempos con la misma indumentaria y material de competición que luego utilizarán en la carrera. Este simulacro acerca al deportista a las sensaciones que tendrá el día de la prueba y la programación mental se desarrolla en cada entrenamiento, con charlas individuales o grupales en las que a diario martillo y martillo sus mentes con mensajes de programación, aunque ellos no lo sepan.
El tiempo que un ciclista invertirá en el dominio de estrategias psicológicas varía en función de las características de cada individuo, de la edad y grado de maduración personal, del grado de motivación y de la especialidad que practique.
El primer punto es identificar las necesidades de cada corredor detectando sus aspectos más sólidos y los más débiles (miedo a la competencia, falta de confianza, excesivo respeto a los corredores que lideran la categoría, programación negativa, planificación de metas inalcanzables) coordinado todo con el nivel de compromiso y participación del corredor.
Usualmente me sublevo frente a la frase: “No puedo más”. Decirla, pensarla, es la primera forma de dejarse vencer y convencerse de que ya nada puede hacerse. Uno muchas veces es su principal enemigo y se distrae mirando hacia otros lados cuando el principal culpable del fracaso o un mal desempeño está dentro de uno mismo. Esa frase, dentro de mi Escuela, no la permito y en su reemplazo prefiero esta: “Casi todas las dificultades las creamos nosotros mismos y son resultado de pensamientos confusos o equivocados” (Nellie Melba, legendaria cantante de ópera, 1903).
Hay que alentar al corredor, incentivarlo, pero con ciertos límites. Animar a un ciclista para intervenir en una prueba es un arte que no se discute, pero a veces igualmente importante es calmarlo y tranquilizarlo. La motivación excesiva y el nerviosismo pueden resultar tan perjudiciales para el rendimiento como lo es la falta de motivación.



La relación Entrenador-Deportista.


Gran cantidad de los deportistas que abandonan cualquier deporte lo hacen quejándose de la dureza del entrenamiento y del trato que reciben del entrenador durante los mismos. Esta situación deja a veces una huella tan profunda en el participante que puede incluso inhibirlo para volver a realizar deporte durante toda su vida. Los entrenadores del mismo modo destacan que muchos de los deportistas que abandonan el deporte no tenían capacidad para resistir el esfuerzo y que eran blandos y débiles.
Nos encontramos en un área donde todo el mundo parece tener razón y donde resulta muy importante que el entrenador tenga la capacidad para poder influir sobre los deportistas adecuadamente. Un buen consejo, una anécdota alusiva en el momento justo, una charla íntima de apoyo en las situaciones difíciles, un llamado en el instante clave, deben estar dentro de la rutina de cualquier entrenador. El deportista es persona, tiene sus problemas... laborales, familiares, u otros, que deben ser tomados en cuenta a la hora de armar una planificación, con un objetivo coherente con las posibilidades del alumno.
Igualmente no hay nada mejor que entrenar a un ciclista con ganas de ser entrenado: autores clásicos en Psicología del Deporte como B. Ogilvie, y T. Tutko, (1966) señalan al respecto: “Una de nuestras constataciones más formales en lo que conciernen a las cualidades emocionales de los deportistas de gran clase, es que éstos son fáciles de entrenar. Hemos visto pocas excepciones durante nuestros estudios, por lo que debemos concluir con lo siguiente: la disponibilidad para ser entrenado constituye una de las cualidades más esenciales para quien desea realizar hazañas”. Los deportistas con una elevada disposición a rendir, expresan más sentimientos positivos, emociones sanas, concentración y sirven de apoyo en todos los momentos de la actividad, sea esta el entrenamiento o la competencia. Terry Orlick, quien valuó de 1 a 10 la escala de compromiso del atleta para con su deporte, estudió en 1986 a un grupo grande de maratonistas. Se evidenció que para quienes correr era lo más importante en sus vidas (puntuaciones de 9 y 10) eran efectivamente los atletas de mejor resultado. Entonces, la combinación perfecta será un entrenador comprensivo, que sepa conocer a sus deportistas, que sepa mandar y ser escuchado, uno que tenga aún él mismo una ilusión, un fuerte deseo, que contagie su ánimo. El deportista tiene que saber obedecer, ser dócil y positivo, debe ser leal a sí mismo, aceptar las reglas de juego, poner entusiasmo y comprometerse con su deporte. Juntos encontrarán el objetivo a alcanzar, la metodología adecuada y el grado de protagonismo que tendrá la práctica del deporte en la vida del corredor. Y juntos también disfrutarán de las victorias y aprovecharán las derrotas como lecciones de vida. El fracaso no existe si uno posee actitud ganadora y una caída puede ser transformada en una circunstancia invalorable de la cual aprender. Thomas Alva Edison expresó esta histórica frase en su milésimo intento por crear la lamparita eléctrica: “Ahora conozco 999 formas de cómo no hacerlo”.



Perfeccionando capacidades.


La educación de la voluntad en el corredor está dirigida a todas las dificultades que afrontará en la práctica de este deporte (climatología, terrenos, esfuerzos desmedidos, privaciones, etc.). La ejercitación de la voluntad le va a permitir al ciclista ir logrando progresivamente el control personal ante cualquier dificultad. En cada entrenamiento, en la parte más dura de cada ejercicio, ensayo frases como: “yo puedo, quiero hacerlo, ¡vamos! ¡más fuerte!”.
También es preciso desarrollar la fuerza de decisión, convirtiéndolas en acciones motrices. Cuando hacemos ejercicios de simulacro de carreras, hablamos sobre los ataques estratégicos, las decisiones que hay que tomar en un segundo sin titubear, a todo o nada, a matar o morir, con el corazón y la mente dispuestos a tomar el mando.
En cuanto al autocontrol, es importante dominar emociones e impulsos espontáneos, desarrollando la concentración en el objetivo, el foco directo dejando de lado los problemas externos a nuestro deporte.
El valor es una capacidad importantísima a desarrollar, superando conscientemente peligros y temores. No se concibe un destacado sprinter que tenga miedo a las caídas, ni un contrarrelojista que tenga el umbral de dolor bajo.
La perseverancia es trascendental, enfocando una meta, admitiendo fracasos y retrasos y tomándolos como lección para continuar decididamente el camino hacia ella.
Todas estas capacidades se desarrollan a partir de técnicas de modificación de conducta, relajación, energetización (control de la energía, autorregulación), automensajes positivos (establecimiento de metas, eliminación de mensajes negativos, autoinstrucciones, pensamiento positivo), concentración (“¿observaste alguna vez como juegan los niños pequeños? Si ves jugar a un niño que está aprendiendo a caminar advertirás que lo único que existe en su mundo es la acción que realiza, no le afecta en absoluto el caos que hay alrededor. Y de esa concentración debemos aprender” -Orlick 2004-), y la visualización ideomotora (ensayo mental o imaginario, habilidad de imaginar escenas de la competencia para incrementar el rendimiento).



Sebastián Donadío.
Elegido Mejor Entrenador Argentino en 2006 y 2007


Hasta aca llego, nos vemos..Suerte..!
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