InicioArteTeatro ciego..(La isla desierta)

Teatro ciego..(La isla desierta)

Arte4/21/2011
Grupo Ojcuro

142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1.11711001451









En su 11ra temporada de éxito, el Grupo Ojcuro regresa a Ciudad Cultural Konex con la obra La isla desierta, de Roberto Arlt.







La isla desierta es la pieza de Roberto Arlt que el Grupo Ojcuro, conformado por una mayoría de actores ciegos, presenta todos los viernes y sábados en el Centro Cultural Konex. Luego de asistir a esta nueva experiencia, nos sentamos con sus protagonistas para saber de qué se trata esto de percibir una obra sin mirarla.
Antes de que comience la función,el rol de espectador ya empieza a desdibujarse para asumir un papel más activo que requiere entrega y contención. En la antesala, debemos organizarnos en filas. Tomados del hombro de quien nos tocó adelante, algunos integrantes de Grupo Ojcuro nos guían hacia el interior. Vidente o no vidente, aquí eso no hace la diferencia. A esta versión de La isla desierta se entra a ciegas, y para no perderse hay que palpar, seguir y confiar.



A tientas, nos ubican delante de nuestra butaca y nos invitan a sentarnos. Trato de imaginarme dónde está el escenario, cómo es el hombre que está a mi lado y si tuvo la fortuna de conseguir un asiento que le permita disfrutar completamente de la función. Llegará a entender que, en esta obra, no hay necesidad de elegir una buena ubicación.
No hay vestuario, maquillaje, escenografía ni escenario. En esta obra no hay luz. Todo se desenvuelve en una impenetrable oscuridad. La vista, en este mundo imaginario, es absolutamente inútil. Hay que despabilar el oído, el tacto y el olfato. Y ponerlos a trabajar, de verdad. De a poco, el silencio se impone. preparece para sentir.











La experiencia


Una vez que comienza la primera escena de la obra, el código de la comedia inunda la sala y el público se relaja para entregarse a una diversión en la que todos juegan un papel activo. Cada espectador es partícipe. Las voces, los sonidos y los olores que construyen las escenas detonan en nuestra imaginación para que cada uno complete la escenografía. El aroma de un café caliente que acompaña el incesante ritmo de las teclas de una máquina de escribir en la cotidiana vida de oficina. Un buque gigantesco que se despide de tierra firme con una sirena ensordecedora. Los tatuajes de un ordenanza que sirven de disparador para atravesar las cuatro paredes de la rutina e invitarnos a viajar. Sentimos la pacífica brisa de las hojas de las palmeras en alguna playa desierta y el sonido del agua al entrar en el mar. Nos contaminamos con las esencias y el bullicio de un mercado en China. Luego, silencio.



Lentamente se prenden los proyectores de la sala. Los colores, los rostros y los movimientos recobran el protagonismo que durante una hora y media habían ocupado olores, sonidos y texturas. El universo que cada uno había creado empieza a desintegrarse y nos deja paralizados por varios segundos, como si despertáramos de un sueño.


Construir un mundo imaginario











“Trabajamos con lo que llamamos «escenografía sonora»”, explica José Menchaca, el director de la obra que se estrenó en 2001 y que ya es un clásico de la cartelera porteña. El diseño del sonido, realizado por Cruz Aquino, está compuesto por pistas grabadas, pero también hay algunos producidos en vivo por los actores.





“Para moverse en la oscuridad, cada cual tiene un rol asignado: su personaje, su sonido, el aroma que debe producir y un recorrido para llegar a todos los espectadores. Por eso el desafío es complejo. No sólo hay que actuar, también es necesario moverse de una manera totalmente disociada al texto que se está diciendo”. Laura Cuffini, quien representa a la simpática María, lo describe como un conjunto de pautas que conforman una partitura bastante rígida: “Se construye con reglas que te permiten crear, pero a costa de un trabajo de prueba y error”. “Y si uno quiere realizar un nuevo movimiento, hay que hacerlo con mucho cuidado, porque nos podemos chocar con alguien”, agrega Mirna Gamarra, que encarna el personaje de Josefina.












Romper barreras



Cuando toca cruzar la frontera de la visión. Cuando se pone el cuerpo, pero no la vista, para enfrentar una nueva escena. Cuando es necesaria la guía de otra persona para llegar a destino. Es entonces cuando alcanzamos a imaginar qué significa vivir a ciegas. Y aunque la porción de ese entendimiento sea pequeña, es suficiente para que obtengamos algo de la experiencia. Para quienes podemos ver, es tan concreto como evidente. “La próxima vez que te cruces a alguien ciego en la calle, vas a querer que sienta la contención necesaria para confiar. Porque no le queda otra, es su única opción”, explica Mateo.




Pero para el ciego, este cambio de roles también resulta constructivo. “Para mí, es una especie de sueño”, confiesa Mirna con una sonrisa mágica. “Durante la obra soy un poco capaz de poder guiar a otra persona, de llevarla. El resto del tiempo, al ser ciego, uno depende de los demás”. “Y uno se da cuenta de que comete los mismos errores que la gente en la calle. Desde ese punto de vista, aprendemos que la tolerancia debe ser mutua”, agrega Juan Mendoza.
José Menchaca nos regala la conclusión: “La enseñanza es que con un poco de paciencia se puede hacer cualquier cosa. Es tomarse el tiempo para entender las necesidades, para acostumbrarse, en este caso, el ciego al espacio y el vidente a la oscuridad. Sólo tenemos que darnos el tiempo para adaptarnos”.




Valores como tolerancia, integración, confianza y voluntad forman parte de la esencia de este grupo de artistas. Y La isla desierta es un ejemplo concreto de que, al trabajarlos con un mismo objetivo, pueden alcanzar mucho más de lo que ellos creían posible.




RECUADROS


La obra


La isla desierta fue una de las últimas obras escritas por Roberto Arlt, el consagrado dramaturgo, novelista, periodista e inventor oriundo del barrio de Flores, en el año 1937. Invita a reflexionar sobre los miedos latentes ante la posibilidad de perder un empleo y la rutina establecida en el encierro hacinante de una oficina. En su texto, se anima a afrontar la mediocre conformidad del ser humano, su alienación y su resignación a los sueños, e invita a viajar por un mundo de vidas posibles.







Premio Catina Vera (Premio especial) Festival de Teatro "Otoño Azul". Mejor Dirección (Mención especial) Municipalidad de la ciudad de Azul (2002).

Premio Especial . Encuentro Nacional de Teatro Experimenta 5, Rosario Santa Fé (2002).

Premio Teatros del Mundo . Universidad de Buenos Aires. Centro Cultural Ricardo Rojas (2003).

Premio José Maria Vilches . Mención Especial. Municipalidad de Mar del Plata. (2003)
Ficha técnico artística


Autoría: Roberto Arlt
Actuan: Laura Cuffini, Mirna Gamarra, Marcelo Gianmmarco, Eduardo Maceda, Francisco Menchaca, Juan Carlos Mendoza, Mateo Terrile, Verónica Trinidad
Sonido: Cruz Aquino
Dirección: José Menchaca





Datos archivados del Taringa! original
0puntos
107visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

p
patonica🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts9
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.