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Los precursores de Drácula

Arte8/6/2010

MELMOTH the Wanderer narra la historia de un hombre que vendió su alma al diablo para librarse de la vejez y de la muerte. El pacto diabólico quedará, sin embargo, roto el día en que Melmoth consiga vencer a la "inocencia invencible" y rescate su maldita existencia uniéndose a una virgen pura. Parece mentira que Balzac, Víctor Hugo, Dostoievski, Walter Scott y Baudelaire proclamen su admiración por este pobre demente. Pero la verdad es que su fama se consolidó con su muerte, y los modernistas lo convirtieron en su ídolo. Oscar Wilde presumía de descender de Maturin, a través de su madre: la excéntrica Speranza.
Al satánico pintor Füssli, nacido en las montañas suizas, le llamaban en los círculos artísticos británicos "primer duende y pintor del diablo". Era un diantre hedonista y lascivo que pintaba bestialidades fornicarias. Como era aficionado a la entomología dibujaba mujeres con cabeza de insecto: auténticas mantis religiosas entregadas al festín caníbal del coito. Sus cuadros presentan una galería infernal de caballos diabólicos, niñas lesbianas, esqueletos viciosos, vientres blandos y serpientes ansiosas. Cenaba cada noche un kilo de carne cruda para estimular las pesadillas de su inspiración.
Füssli enamoró a Mary Wollstonecraft -la madre de Mary Shelley-, que tuvo el perverso gusto de ofrecerse como "concubina espiritual" a la insaciable glotonería de este brujo antropófago. La nómina de mantis religiosae que dio el romanticismo es igualmente inacabable… George Sand devoraba músicos, médicos y escritores. Bettina Brentano cortaba cabezas. Y Mary Shelley, que heredó de su madre el gusto de las orgías satánicas, fue la creadora del siniestro personaje de Frankenstein.
Todo el círculo que rodeó a Byron en el lago Leman escribía historias de este género: Shelley escribió dos novelas extravagantes, Zastrozzi y Saint Irvyne; Polidori creó The Vampire, y Mary Shelley imaginó la obra más interesante, Frankenstein. Pero el mismo Byron les dedicó a los vampiros unas líneas en The Giaour. Y Théophile Gautier trató el tema en La morte amoureuse, al igual que Hoffmann, en The Serapion Brethren.
La historia del Vampiro nació en este ambiente, mucho antes de que Abraham Stoker le diese su forma definitiva en 1897. Pero Bram tuvo la habilidad literaria de rescatarlo de la muerte y darle su última ración de sangre. Probablemente, a la vista de lo que escriben sus continuadores y epígonos, le puso también -definitivamente- la estaca en el pecho.


El autor


MAURICIO WIESENTHAL es escritor nacido en Barcelona (1943). Es autor de ensayos y novelas, y ha colaborado en varias obras enciclopédicas. El texto adjunto fue tomado de Libro de réquiems (Edhasa, 2004).
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