InicioCiencia Educacion¿Sobrevive la consciencia aun después de la muerte?

¿Sobrevive la consciencia aun después de la muerte?

Ciencia Educacion12/14/2016


Resumen LVL 5: ¿acaso puede un órgano después de ser trasplantado conservar los recuerdos de su donante?.

Música para ambientar







Ante todo me mantengo bastante escéptico en relación al tema en cuestión, y hasta que no se demuestre totalmente con pruebas empíricas o hechos fácticos no pienso afirmar absolutamente nada.

Aunque tampoco voy a ser tan necio para negarlo todo rotundamente.





Voy a citar un testimonio clave y bastante revelador sobre un trasplante de corazón para después poder desarrollar las distintas hipótesis vinculadas a la controversia desatada.

¿Puede un corazón tener memoria celular propia?.



Partiendo de la premisa que "se pueden registrar recuerdos celulares almacenados en los tejidos de los órganos trasplantados", se puede entender con suma facilidad el relato.

Básicamente el escrito parte de una frase de una madre que puede ver reflejado en el comportamiento de un pequeño niño(Carter) de 6 años la viva imagen de su hijo querido(Jerry) fallecido 16 meses después de haber nacido.

Los propios familiares del "pequeño niño de 6 años", receptor del órgano trasplantado a los 7 meses de vida, afirman que su hijo ya no es el mismo, por su manera de actuar y sus notorios cambios de conductas, los cuales son consultados a especialistas, y luego corroborados por los mismos padres del donante, confirmando una asombrosa exactitud en inconfundibles rasgos de personalidad pertenecientes a su ser amado difunto.




Testimonio clave y revelador

“Cuando me hacía mimos, tenía la sensación de tener a mi hijo en los brazos”.

El donante era un niño de 16 meses que se ahogó en su bañera. El receptor era un niño de 7 meses que padecía tetralogía de Fallot (agujero en el tabique interventricular con desplazamiento de la aorta, estenosis pulmonar y espesor del ventrículo derecho).


La madre del donante:

“ La primera de las cosas es que no solamente escuché el corazón de Jerry (el donante). Lo sentía en mí. Cuando Carter (el receptor) me vió por primera vez, corrió hacía mí y no paró de frotarse la nariz contra mí. Es exactamente lo que hacíamos Jerry y yo. El corazón de Jerry y Carter tiene ahora 5 años pero Carter tiene los ojos de Jerry. Cuando me hacía mimos tenía la sensación de tener a mi hijo en los brazos. Lo podía sentir, no sólo de manera simbólica. Estaba ahí. Sentía su energía.

Soy médico. Aprendí a observar finamente y siempre tuve una naturaleza escéptica.

Pero esto era bien real. Sé que algunas personas dirán que necesito sentir que mi hijo está vivo y quizá sea cierto. Pero lo sentí verdaderamente.

Mi marido y mi padre tuvieron la misma impresión. Y, os lo juro (se lo pueden preguntar a mi madre) : Carter tenía el mismo lenguaje infantil que Jerry. Carter tiene ahora 6 años, pero a la misma edad, hablaba como Jerry y jugaba con mi nariz exactamente como lo hacía él. (...) Esa noche, nos quedamos en casa de los (nombre de la familia del receptor). Durante la noche, Carter vino a preguntarnos si podía dormir con nosotros. Se apelotonó entre mi marido y yo, como lo hacía Jerry, y nos pusimos a llorar. Carter nos dijo que no llorásemos porque Jerry había dicho que todo iba bien. Mi marido y yo, mis padres y todos los que conocíamos bien a Jerry no tenemos la menor duda. El corazón de nuestro hijo lleva muchas cosas suyas y late en el pecho de Carter. En algún nivel, nuestro hijo sigue vivo.”


La madre del receptor:

“Vi a Carter ir hacia ella (la madre del donante). En esto no se parece a él. Es muy tímido, pero se fue hacia ella como corría hacía mí cuando era bebé. Cuando murmuró : “ Todo está bien mamá,” me derrumbé, me hundí. Le llamó “mamá” ¿No sería el aún corazón de Jerry quién estaba hablando? Hay otra cosa. Hablando con la madre de Jerry, descubrimos que este padecía una parálisis cerebral benigna que afectaba sobre todo al lado izquierdo. Carter presenta rigidez y temblores del mismo lado. Esto nunca ocurrió cuando era bebé. Solamente apareció después del trasplante. Los médicos dicen que estos síntomas están probablemente relacionados con su enfermedad, pero estoy convencida de que no es la única explicación.

Otra cosa que me gustaría entender: cuando fuimos a la iglesia juntos, Carter nunca había encontrado antes al padre de Jerry. Llegamos con retraso y el padre de Jerry estaba sentado con un grupo de gente en medio de la asamblea. Carter soltó mi mano y se precipitó derecho hacia este hombre. Trepó sobre sus rodillas, le abrazó fuerte y le llamó “papá”. Nos quedamos atónitos. ¿Cómo le podía conocer? ¿Por qué le llamó “papá”? Nunca hacía este tipo de cosas. Nunca me soltaba la mano en la iglesia y nunca corría hacia desconocidos. Cuando le pregunté por qué hizo esto, lo negó. Dijo que lo hizo Jerry y que él le siguió.”




Hipótesis en contra

Los científicos más escépticos sostienen que no debe otorgarse ni una pizca de credibilidad a las insinuaciones de quienes interpretan estos relatos cargados de una narración casi de fábula, a causa del, absolutamente comprensible, grado máximo de emotividad que conlleva un trasplante de este estilo para el paciente y los familiares del donante (acompañados por esa sensación de que el ser querido perdido permanece vivo en cada latido del corazón del receptor).

También afirman, sin poder salir de su incredulidad, que es una falacia atribuirle a una célula, fuera de nuestro sistema nervioso central, una memoria cognitiva que almacene información sobre nuestra trayectoria vital. Excluyen este tipo de memoria del entramado del corazón y de cualquier otro órgano que no sea el cerebro.

Bajo el lema de que el aprendizaje pasa primero por el sistema nervioso antes que por el sistema inmunológico, hacen alusión a que este tipo de consideraciones  son el mero producto de los efectos de los medicamentos inmunosupresores, el estrés psico-social y otra patología preexistente en los receptores de membrana.


Hipótesis a favor

Basándose en "la teoría de los sistemas de energía dinámica aplicada al corazón" formulan la hipótesis sosteniendo que la información y la energía (almacenadas en grados variables) son transmitidas electro-magnéticamente entre el cerebro y el corazón y que, por resonancia electro-magnética, el cerebro puede tratar informaciones procedentes del corazón del donante.

Otros llegan a que la conclusión más certera se basa en que las mismas células tienen una base intuitiva solo al alcance de personas cuya capacidad sensitiva les permite detectar algunos aspectos de la historia personal del donante almacenados en los tejidos trasplantados

No quiero olvidarme de mencionar que se ha descubierto, en Alemania mas precisamente, que la capacidad regeneradora de la salamandra se debe a que sus células conservan la memoria de su tejidos.


"El corazón es mucho más que un mecanismo bombeador. No está al servicio del cerebro, sino que es un socio para formar con él nuestra organización interna de manutención de la salud."
(Paul Pearsall)

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