“Relato del R.E.M.” (pronunciado ar-i-em)
Esa mañana se despertó sintiéndose un poco raro. Levantarse fue más difícil que de costumbre, y enorme fue su sorpresa al encontrarse de cara al piso, mientras se daba cuenta de que sus extremidades no respondían adecuadamente.
Pudo incorporarse luego de algunos terribles instantes de esfuerzo sobrenatural, y sería imposible describir con palabras el horror que heló sus venas cuando se vio reflejado en el espejo.
“Me he convertido en humano” pensó con desesperación, mientras palpaba su rosado torso, y buscaba dos pares de patas que no encontraba a sus costados, ni debajo de la cama o al fondo del placard. “Me he convertido en humano”, se repetía una y otra vez, mientras su corazón se precipitaba hacia abismos de insondable profundidad.
Pudo calmar a su agitado corazón al tiempo que controlaba la caótica maraña de impulsos eléctricos que le demandaban una explicación. Por último, y ya en completo dominio de su ser, fue capaz murmurar: “Debe ser tan sólo un sueño, una horrible pesadilla”.
Pero las horas pasaban y la pesadilla no terminaba, trataba de mantener el temple y de no permitir que la ansiedad lo gobernara, pero a cada minuto el sueño se volvía más y más real. “Es imposible”, aseguraba, ya casi sin creer en sus propias palabras.
Promediando las dos entró su hermana en la habitación, traía consigo el almuerzo para él, que desde hacía años ya no comía con la familia. La madre no soportaba verlo así, y por no hacerla sufrir se había confinado a esas cuatro paredes, que hoy delimitaban el territorio más oscuro del otrora luminoso y envidiable hogar. Sin pensarlo se abalanzó sobre la bandeja, devorando vorazmente la basura de los demás, los restos de alguien mejor.
Levantó la vista sólo cuando terminó de lamer las últimas migajas del plato, y encontró aquellos dulces ojos que al contrario de todos los demás, no lo evitaban, en su mirada pudo ver miedo y sorpresa, y aún antes de que se le ocurriera preguntar qué le sucedía, ella le dijo con la voz quebrada: “¡No puede ser, eres humano otra vez!”, a lo que él simplemente respondió: “No seas ingenua, ¿o no ves que es tan sólo un espantoso sueño?”. Los ojos de la niña llovieron en dolor, mientras él le daba su espalda y sin despedirse volvía a esconder su alma en algún rincón.
Así volvió a suceder pasadas las diez, la niña entró al cuarto para darle de comer, él devoró insaciable y, una vez que hubo terminado, ella trató de convencerlo de que se había convertido en humano. “No insistas con eso, ya te he dicho que es tan sólo un sueño”, fue la única respuesta que la joven recibió, al tiempo que sus ojos se empañaban nuevamente y él se refugiaba en los oscuros recovecos de la habitación.
Una vez que ella salió del cuarto se volvió a mirar al espejo, “es imposible” dijo por enésima vez, “debe ser tan sólo un horrible sueño, una horrible pesadilla”. Se metió en la cama más calmado, sabiendo que faltaba poco para despertar.
Pasó algún tiempo antes de que el muchacho se durmiera otra vez. Podrás imaginar el alivio que Gregorio Samsa experimentó a la mañana siguiente, cuando al despertarse se dio cuenta de que era una cucaracha otra vez.
Cualquier crítica, sugerencia u opinión será bien recibida.
Esa mañana se despertó sintiéndose un poco raro. Levantarse fue más difícil que de costumbre, y enorme fue su sorpresa al encontrarse de cara al piso, mientras se daba cuenta de que sus extremidades no respondían adecuadamente.
Pudo incorporarse luego de algunos terribles instantes de esfuerzo sobrenatural, y sería imposible describir con palabras el horror que heló sus venas cuando se vio reflejado en el espejo.
“Me he convertido en humano” pensó con desesperación, mientras palpaba su rosado torso, y buscaba dos pares de patas que no encontraba a sus costados, ni debajo de la cama o al fondo del placard. “Me he convertido en humano”, se repetía una y otra vez, mientras su corazón se precipitaba hacia abismos de insondable profundidad.
Pudo calmar a su agitado corazón al tiempo que controlaba la caótica maraña de impulsos eléctricos que le demandaban una explicación. Por último, y ya en completo dominio de su ser, fue capaz murmurar: “Debe ser tan sólo un sueño, una horrible pesadilla”.
Pero las horas pasaban y la pesadilla no terminaba, trataba de mantener el temple y de no permitir que la ansiedad lo gobernara, pero a cada minuto el sueño se volvía más y más real. “Es imposible”, aseguraba, ya casi sin creer en sus propias palabras.
Promediando las dos entró su hermana en la habitación, traía consigo el almuerzo para él, que desde hacía años ya no comía con la familia. La madre no soportaba verlo así, y por no hacerla sufrir se había confinado a esas cuatro paredes, que hoy delimitaban el territorio más oscuro del otrora luminoso y envidiable hogar. Sin pensarlo se abalanzó sobre la bandeja, devorando vorazmente la basura de los demás, los restos de alguien mejor.
Levantó la vista sólo cuando terminó de lamer las últimas migajas del plato, y encontró aquellos dulces ojos que al contrario de todos los demás, no lo evitaban, en su mirada pudo ver miedo y sorpresa, y aún antes de que se le ocurriera preguntar qué le sucedía, ella le dijo con la voz quebrada: “¡No puede ser, eres humano otra vez!”, a lo que él simplemente respondió: “No seas ingenua, ¿o no ves que es tan sólo un espantoso sueño?”. Los ojos de la niña llovieron en dolor, mientras él le daba su espalda y sin despedirse volvía a esconder su alma en algún rincón.
Así volvió a suceder pasadas las diez, la niña entró al cuarto para darle de comer, él devoró insaciable y, una vez que hubo terminado, ella trató de convencerlo de que se había convertido en humano. “No insistas con eso, ya te he dicho que es tan sólo un sueño”, fue la única respuesta que la joven recibió, al tiempo que sus ojos se empañaban nuevamente y él se refugiaba en los oscuros recovecos de la habitación.
Una vez que ella salió del cuarto se volvió a mirar al espejo, “es imposible” dijo por enésima vez, “debe ser tan sólo un horrible sueño, una horrible pesadilla”. Se metió en la cama más calmado, sabiendo que faltaba poco para despertar.
Pasó algún tiempo antes de que el muchacho se durmiera otra vez. Podrás imaginar el alivio que Gregorio Samsa experimentó a la mañana siguiente, cuando al despertarse se dio cuenta de que era una cucaracha otra vez.
Cualquier crítica, sugerencia u opinión será bien recibida.