Fue una revuelta militar producida en 1857 por los soldados indigenas de la India contra la administración inglesa.
La palabra cipayo ( shipahi) designa a las tropas indias al mando de oficiales británicos que, en el momento de la rebelión cuadruplicaban en número a los efectivos británicos.
La estricta jerarquía del ejército inglés de la Compañía de las Indias Orientales y las abismales diferencias de sueldo y condiciones de vida que existían entre los oficiales y los cipayos, crearon un gran descontento.
La Compañía Británica de las Indias Orientales era una poderosa empresa de exportación cuya fuerza respaldaba gran parte de la colonización británica de la India. El poder de esta empresa llevó 150 años en lograrse.
Ya en 1830 la compañía estaba muy activa, al punto que las dádivas a regentes y príncipes indios llegaban a 90.000 libras por año, una gran suma de dinero en aquella época.
A través del soborno generalizado a aristócratas indios la Compañía podía operar en los mercados extranjeros a pesar de que las importaciones baratas del sureste de Asia de seda, algodón y otros productos eran perjudiciales a la economía de esas regiones.
Los primeros sentimientos sediciosos se hicieron sentir en el ejército bengali, en que, tras años de relajada disciplina, los ingleses comenzaron a implantar una disciplina y control más rigurosos.
El ejército fue armado con el fusil Enfield Modelo 1853. El cartucho de papel que utilizaba este fusil estaba cubierto por una membrana engrasada que debía rasgarse con los dientes para poder cargarlo en el fusil.
Circulaba el rumor que esa grasa provenía de vacas o de cerdos, algo ofensivo tanto para los soldados hindúes como para los musulmanes, dado que consideraban el consumo de cualquier producto derivado de la vaca o el cerdo como algo prohibido por sus principios religiosos.
Los británicos alegaron que la grasa no era de animales y trataron que los indios prepararan su propia grasa de abejas o vegetales. No obstante el rumor persistió. Inclusive se estableció un nuevo procedimiento mediante el cual el cartucho podía ser rasgado, no con los dientes, sino con las manos.
Por aquella época también se esparció el rumor entre los fieles hinduistas y musulmanes que el dominio británico "sólo duraría cien años". Este dominio comenzó en 1757, tras la Batalla de Plassey, lo cual aumentó la inquietud al acercarse el centenario de dicho evento.
El soldado que inició la revuelta se llamaba Mangal Pandey (1827-1857) y es considerado por los indios como uno de los primeros luchadores por la libertad de su país. en 1984, el gobierno indio emitió una estampilla para conmemorarlo.
El 9 de mayo, 85 soldados del 3er regimiento de Caballería Ligera también se negaron a utilizar los cartuchos. Fueron hechos prisioneros y sentenciados a 10 años de trabajos forzados, después de despojarlos de sus uniformes en público.
Al día siguiente, los Regimientos de caballería 10º y 20º de Bengala en Meerut, se sublevaron contra sus oficiales. Liberaron a los prisioneros del 3er regimiento y atacaron los enclaves europeos de la zona, matando a todo europeo que encontraron a su paso, incluyendo mujeres y niños, y quemando sus casas.
Las fuerzas rebeldes fueron enfrentadas por las fuerzas británicas en Meerut, localidad que tenía el mayor contingente de tropas británicas de la India. Con la ayuda de 12 cañones, 2.038 soldados y oficiales británicos hicieron frente a 2.357 cipayos, quienes estaban desprovistos de artillería.
Los rebeldes tomaron Delhi y proclamaron caudillo al viejo rey de Delhi, descendiente de Tamerlán.
Percatado sir George Grey, gobernador de El Cabo, de la gravedad de la situación, dispuso el envio a la India de las tropas que se hallaban en camino de China.
De Persia llegaron también oportunamente Outram y Havelock, mientras que lord Elgin, que se hallaba camino de China, enviaba todas sus tropas. Inmediatamente los ingleses sitiaron Delhi y fortificaron el Ganges entre Calcuta y Benarés.
En Cawnpur pereció la guarnición inglesa, junto con numerosas mujeres y niños, en espantosa matanza, más todos los esfuerzos de los rebeldes por capturar Lucknow resultaron infructuosos.
En septiembre de 1857 esta ciudad recibió auxilio de Havelock y, en noviembre, de Colin Campbell. En septiembre cayó Delhi y los hijos del anciano rey ( a quien se perdonó la vida ) fueron pasados por las armas por orden de Hodson of Hodson’s Horse.
A principios de 1858, reconquistado Lucknow y los restantes puntos estratégicos por los ingleses, la rebelión se hallaba prácticamente sofocada. Su fracaso se debió sin duda, a la falta de un caudillo adecuado, a los intereses en pugna de los mismos rebeldes y a la lealtad de los sikhs y los ejércitos de Madrás, Bombay y el Penyab.
Debido a la forma sangrienta en que la rebelión se inició y la violencia indiscriminada desatada contra los europeos, los británicos consideraban justificado el uso de similares tácticas.
Sobre esta base, al final de la guerra la mayoría de los combatientes rebeldes que fueron apresados terminaron fusilados o ahorcados, al igual que un gran número de civiles indios quienes fueron percibidos como simpatizantes a la causa rebelde.
De hecho, la "columna de castigo" británica de Havelock en Lucknow ganó horrible fama por causar incendios y destrucciones masivas en las aldeas y granjas de indios que hallaban a su paso, matando a sus ocupantes o condenando al hambre a sus sobrevivientes.
Peor aún, al saber de las matanzas de civiles en Delhi y Kanpur, ni la prensa británica, ni el gobierno de Londres abogaron por clemencia de cualquier índole, si bien el Gobernador General Canning trató de hacer ver lo contraproducente de las severas medidas en el pueblo indio.
Los prisioneros rebeldes frecuentemente eran ajusticiados de un modo brutal y terrorífico para los seguidores del hinduismo: eran atados a la boca de un mediano cañón de campaña y al disparar la respectiva bala el cuerpo del prisionero era despedazado horriblemente por la explosión del proyectil.
Semejante muerte no sólo era un espectáculo atroz para los sobrevivientes indios, sino que además dentro de las doctrinas del hinduismo suponía una venganza especialmente cruel: al destrozar violentamente el cuerpo de un difunto la reencarnación de éste resultaba casi imposible, condenándolo al desprecio divino. Esta represalia fue llamada por los indios «El viento del diablo».
Consecuencia de la rebelión fue la transferencia a la Corona británica de los poderes hasta entonces detentados por la Compañia de las Indias Orientales.