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Cuentos desde la montaña

Arte8/27/2009


LA PRUEBA

Ensimismados parecían estar observando el silencio de los muertos. Sentían como si un frío oscuro los abrazara de repente. Esas horas de luto que se alargan como siglos; ese sigilo de la esperanza que anuncia lo tan anhelado que aún no llega...
El espeso olor a sangre y a llovizna triste que se esparce en el alma como en el viento revolviéndolo todo, llenándonos de amarguras al estrujarnos los sentimientos... Ya caía el sol en el charco púrpura de aquel ocaso de octubre mojado y como trémulos fantasmas los pocos sobrevivientes terminaban su tarea pensando en que las maiceras humeantes, en pavesas..., en cenizas, ya no lograrían el siseo de las cosechas de antaño. Cuando se aproximaron a enterrar los restos del último cadáver, se dieron cuenta que los asesinos habían llevado consigo un “presente” para sus amos, que seguramente habría de ser la prueba de que alguien de su especial interés había sido también ejecutado en la masacre: entre los pedazos del cadáver trozado con motosierra faltaba la cabeza. Entonces, con toda la fuerza del amor juraron vindicta por sus caídos. En la clandestinidad un Movimiento de resistencia seguía creciendo, y en él la esperanza ya no parecía remota sino tangible en el ideario de Bolívar.



TIEMPOS DE RESISTENCIA

Nunca el nombre de Villa Susana pudo echar raíces en aquella humana y terráquea geografía agreste a los tiranos. Ya habían pasado algo más de ocho lustros, pero el bosque se negaba a desprenderse del hálito de decoro que había extendido en cada lugar la sangre de sus héroes y de sus muertos.
En el corazón de la parafernalia, nuevamente los buitres revoloteaban sobre lo que creían era el cadáver de la memoria colectiva. Entonces, una voz humilde se levantó sin mayores sigilos. Aquella campesina lanzó el breve discurso que irritó de súbito a los lacayos que regían el festejo: “permiso pedimos -dijo- para afianzar un diálogo de paz con los compañeros..., con el compañero Jerónimo…”
El Ministro de la muerte sabía a qué se estaba refiriendo; como si hubiese calculado que el resto del discurso disonaría de manera fatal respecto a sus propósitos, la interrumpió bruscamente amenazando con presidio a quien se atreviera a continuar con la iniciativa: “haremos caer el peso de la ley contra los que emprendan alguna causa con los bandidos...”, puntualizó.
Sin embargo, el verde de la montaña parecía más vivido con la evidencia: Marquetalia eran las raíces todas y las hojas, era el canto de las quebradas sobre las rocas..., era el sentimiento de los de abajo..., las querencias nacidas desde los tiempos en que aquel terruño había dejado de llamarse El Támaro para convertirse en parcela de inmarcesibles sueños comuneros: nada quedaba de los intentos de gloria del general Rebeiz Pizarro; solo las semillas de Jacobo Prías habían seguido floreciendo sobre el fértil limo de la Resistencia.
Así, cuando los helicópteros de la comitiva carroñera partieron dejando atrás aquel cielo acostumbrado al rugir de los bombarderos, la noche comenzó a hacer su propia fiesta de luceros. En la extensa geografía de la patria, Marulanda, con su gente, acero en mano, labraba la tierra en la que seguían germinando la solidaridad, el internacionalismo y todas las razones comuneras.
Epilogo: Clandestina, la luna, acompañaba la marcha inclaudicable de guerrilleros que avanzaban por millares de senderos con las bolivarianas causas en sus conciencias. En sus mentes la voz de Jacobo Arenas llegaba más nítida en los recuerdos: “construir un movimiento que desborde las fronteras”. Y entonces, la voz de Manuel Marulanda cobraba más vida en sus corazones y en sus propias voces con una consigna que estremecía la tierra: ¡por la Nueva Colombia, la patria grande y el socialismo..., venceremos, venceremos, venceremos!



KASINDUKWA HIZO LAS ENFERMEDADES

Kasindukwa y Nuanaseé existían en un espacio de Adluna que no era Guexá, y era un espacio de luchas y conflictos. Desde allí, empujados por las casualidades contradictorias de la creación, habían enviado a sus hijas hasta Guexá a matar a Moudlkwexshe y a sus hermanos; pero el bondadoso Moudlkuexshe expresando el mérito de su intachable condición de mamo sin las convirtió en árboles y plantas medicinales.
Xate Moudlkwexshe no podía pasar por alto el impulso incompatible con la convivencia que habían mostrado Kasindukwa y a Nuanaseé, y decidió entonces castigarlos encerrándolos en el cerro Ciaga, cerca de donde nace el hielo…Kasindukwa molesto en su encierro creó en sí mismo las enfermedades para diseminarlas sobre Guexá: primero hizo la diarrea, pero Xate Moudlkwexshe lo curó con el pensamiento; pero terco e intransigente Kasindukwa volvía a crear sobre de sí nuevas enfermedades…, y a cada intento Xate Moudlkwexshe lo volvía a curar de cada mal que creaba. Pero Kasindukwa, atrapado por un enojo jamás antes visto entre los seres que habitaban lo creado, desbocó sus poderes hasta regar las enfermedades en la tierra. No tuvo Xate Moudlkuexshe más alternativa que usar a las propias plantas hechas de las hijas de Kasindukway y de Nuanaseé para curar a los enfermos, ordenando que cada vez que apareciera Nadlwatá, la enfermedad, los mamos debían hacer sus pagamentos, sus tributos para apaciguar al intransigente Kasindukwa y a Nuanaseé para poder usar las plantas que curarían a sus gunamus, a sus menores.



NABUDLWE HIZO SU NUJUÉ EN EL CENTRO DE GUEXA

Xate Moudlkwexshe, el padre Moudlkwexshe, a cada uno de sus hermanitos le había ordenado hacer una nujué. A Xate Nabudlwé le dijo que hiciera la suya en el centro de Guexá, y desde allí miró a su alrededor el padre Moudlkwexshe y orientó que las demás nujué y casas de sus hermanos, mamos y gunamus se construyeran hacia todas las direcciones, mas abajo de la nujué de Nabudlwé. Así se hicieron las demás nujués y casas de aquellos tiempos en que aún no habitaban los hombres, ni los animales, ni las plantas…
Desde entonces Xate Moudlkwexshe y cada uno de los padres y madres de origen habitaban en sus casas, nujués y sitios sagrados que son las montañas mismas de Guexá, y que igualmente son los lugares de pagamento, ofrenda y culto, de entre los cuales el más alto es la nujué de Nabudlwé.
Chundwa, que es el mismo Nabudlwé dijo que en adelante cada familia debería tener su jui, su casa, y que las familias deberían hacer sus pueblos, y cada pueblo debería tener su kankurwa, su pequeña nujué o templo, cuidada por todos y asistida cada una por un mamo. Cada entrada de cada kankurwa debía mirar hacia el camino por donde Bunkwakukwi traía el amanecer, más precisamente hacia el punto en que el Padre Mama hace la mitad de su bailotéo lateral cuando del kunkabu de Wiomu o de Taxwi, la culebra, salta con delicadeza hacia el kunkabu de Uti, el cangrejo, y de este vuelve con la misma marcha de los días hacia Taxwi en su ritual de seis y seis meses en que va marchando hacia el kunkabu de Uti, hasta completar su danza de 13 lunas.
Una vez estuvieron construidas las casas y kankurwas y una vez estuvieron habitadas por los padres de origen, Xate Kuchawituwounwa, que es el menor de todos los hermanitos de Xate Moudlkwexshe, y que es el padre de los pensamientos, habló ante sus demás hermanos para decir que en la tierra habían muchos pensamientos diferentes que no permitían que creadores ni los pueblos comieran juntos, sin discordia.




XATE KUCHAWITUWOUNWA, PADRE DE LOS PENSAMIENTOS.


Xate Kuchawituwounwa era el hermanito menor de Moudlkwexshe. Él, Xate Kuchawituwouna que era el padre de los pensamientos, al ver la mucha diversidad de pensamientos que había y al percatarse que eso no permitía la concordia propuso a sus hermanos ponerse de acuerdo para que las ideas sobre como hacer las cosas materiales y espirituales se juntaran como un solo pensamiento para todos y no según como pensara uno de los padres mayores.
Al escuchar a Xate Kuchawituwounwa, sus hermanos estuvieron de acuerdo y así fue, así sería en el tiempo de los hijos, de los nietos…y de toda la descendencia. Entre los pensamientos y las ideas, la descendencia haría suyas por siempre las ideas que forman la tradición, y entre ellos los pagamentos para la siembra, las cosechas, el matrimonio, los bautizos de los niños, las mortuarias…; es decir, para cada actividad, vivencia o circunstancia. Y así, también aprenderían todos que a Nabudlwé se le harían los pagamentos, ofrendas y agradecimientos que se necesitan para construir cada nujué, cada templo de reflexión y trabajo espiritual donde de generación en generación la palabra debía contener en el dudldayisiji, en el diálogo sagrado en la kankurwa, la enseñanza del pasado y del presente como las formas de afrontar el futuro.



LAS AVENTURAS DEL PEQUEÑO XATE DUGUNAWI


No por desamor Dugunawi había sido dejado huérfano por la madre Dumeina que era como el sustrato mayor de todos los elementos de la naturaleza. Ella misma era la naturaleza: Xaba Dumeina. Ella, La Madre, lo había dejado como ánugue…, como pensamiento bueno para que fuera utilizado por los mamos como inspiración para poder auscultar en el futuro.

- DUGUNAWI SE APROPIA DEL TAMBOR DE XATE MAKÚ, EL PADRE DE LOS TRUENOS.

Xate Dugunawi, era un pequeño mamo muy sabio que había aprendido de todos los conocimientos de sus mayores. Entre las muchas cosas que aprendió Dugunawi, conocía el arte de hacer las cestas vegetales, que era un arte sagrado que no podían manosear sin autorización los mortales.
En el pensamiento de Xate Dugunawi en extremo existía la idea de que las cosas no tenían dueño. Bella pero complicada idea la del pequeño Dugunawi que llevada al absoluto le daba la visión de que en ninguna circunstancia era un mal tomar lo que encontrara en su camino así con ello molestara a los demás.
En ese laberinto de reflexiones vivía Xate Dugunawi, y mucho le gustaba tomar sin preocuparse las cosas de Makú que es el padre del rayo y de los truenos: solía ir Dugunawi a donde Xate Makú, que es el mismo Kwimawi, a sus cultivos, y de allí tomaba sin permiso frutos de lo que no había sembrado por su mano. Pero, naturalmente el laborioso Kwimawi ya estaba bastante molesto por lo que hacía el pequeño Dugunawi…
Xate Kwimawi pensaba: ¿Cómo hago para aconsejar a Dugunawi si es que el también es un sabio? ¿Cómo es que podré resolver este problema? Decía Xate Makú sin saber que hacer.
Al no encontrar argumentos de convicción, cierto día Xate Makú pensó en ponerle una trampa a Dugunawi para asegurarse y demostrar que era él quien estaba tomando sin permiso parte de sus cultivos; y al mismo tiempo Makú quería atrapar a Dugunawi. Fue entonces cuando Xate Makú puso en su cultivo de auyamas un portentoso tambor grande con el cual hacía los truenos, pues era Makú el padre de los truenos. Y pensó Xate Makú que con un truco de mamo podría meter a Dugunawi dentro del tambor para atraparlo. ¡Pero no! cuando Makú quiso darse cuenta, Dugunawi se había apropiado del tambor.
Xate Dugunawi, muy contento con el tambor lo tocaba y lo tocaba y con los truenos cantaba y bailaba. Y claro que Xate Makú lo escuchó y ya irascible salió a buscar su tambor y a tratar de atrapar al travieso Dugunawi. Pero este se le escondía y se le iba de un lado para otro hasta que Kwimawi comenzó a tirarle rayos para castigarlo…Tanto se complicaron las cosas que Xate Moudlkwexshe tuvo que intervenir y darle orden a Dugunawi para que devolviera a Xate Makú su tambor, y lo amonestó por apropiarse de los frutos y del tambor de Xate Makú, el padre de los truenos.


- EL VIAJE DE DUGUNAWI.

Cuando todo solo era pensamiento, ánugue y oscuridad…; cuando aún no estaban todas las cosas hechas y solo iba existiendo el mundo de los creadores de todo lo que ahora hay sobre Niwizaku, sobre la madre Guexá…; entonces nuestros mayores de origen que ahora nos miran por encima de Wirkanu, la altiva Guexá, decidieron hacer un viaje por el camino principal de Kunawa, el cielo, que era el sendero que debían tomar para tener la experiencia que necesitaban como padres de la creación.
Para ir al viaje, el sol, los luceros y las estrellas debían prepararse organizando sus alimentos y el agua que consumirían en el camino. Xate Bunkwakukwi iría dirigiendo el viaje como mayor que era entre los demás y el lucero Awiku debía ser su acompañante.


- DUGUNAWI NO PASA LA PRUEBA PARA VIAJAR CON BUNKWAKUKWI.

Antes de partir, para tomar fortaleza y como una prueba que había puesto Xate Bunkwakukwi, los viajeros debían comerse cuatro bollos de maíz cada uno, sin partirlos ni guardar parte. Así lo hicieron el mismo Bunkwakukwi, Awiku, que era su principal acompañante; Nunkutu, que es el lucero más brillante; las siete Ukwu; los tres Monikuna, el lucero Wiomu que es la culebra, el lucero Uti, que es el cangrejo…
Todos estaban listos y para viajar se habían bañado en oro para brillar más e irse viendo unos a otros en el viaje por la oscuridad del pensamiento de origen.
Xate Dugunawi que era aún un pequeño mamo sin experiencia, se había enterado del viaje y sin haber sido invitado llegó con la idea de que también quería ir; pero nada tenía preparado, así que le dijeron que no podían llevarlo. Xate Dugunawi insistió, entonces le dijeron que hiciera la prueba de comerse cuatro bollos; pero como no los tenía los demás viajeros decidieron darle ellos los cuatro bollos a Dugunawi.
Xate Dugunawi era muy pequeño y no pudo comerse los cuatro bollos de maíz; solo pudo comerse dos bollos enteros y la mitad del tercero. Este detalle no le gustó a los viajeros, porque no pasar la prueba era de mala suerte, y entonces se negaron a aceptar a Dugunawi y le ordenaron que se quedara.
Xate Dugunawi además de travieso era extremadamente terco; dijo, entonces, que él también era mamo y podía ir: “pase lo que pase me voy”, dijo. Pero todos en el fondo creyeron que había sido atrapado por el temor y que sólo estaba fanfarroneando. Él no irá, pensaron.
Xate Bunkwakukwi tomó la delantera y los demás lo siguieron por la trocha que va haciendo una subida hacia el cielo. En la mitad de la subida Xate Bunkwakukwi paró la caminata porque mientras caminaba había presentido que Dugunawi los seguía…, pero cuando miraba hacia atrás no lo veía. Vamos a esperar, dijo a los demás viajeros, el pequeño Dugunawi vienen hacia nosotros. Sin ocultar la molestia, todos se sentaron mirando por el camino hacia abajo; pero después de mucho rato Xate Bunkwakukwi dijo que no se podía atrasar más el viaje, que tenían que seguir…, que quizás había sido un equivocado presentimiento el suyo y que Dugunawi no vendría.
¡Claro!, el travieso Dugunawi se había entretenido en el camino mirando el polvo de las estrellas, rocas de todo tipo, flores celestes, y tantas otras cosas que le fueron retrazando.
Al medio día los caminantes habían llegado a la mitad del cielo, entonces Xate Bunkwakukwi dijo que había que parar para descansar y comer. En sus adentros, el padre Bunkwakukwi seguía preocupado por Dugunawi, pero no lo decía para no importunar a los demás…, así que el descanso en el fondo, era una manera de seguir esperando al terco hijo de Dumeina.
Cuando comieron y el descanso ya se sentía innecesariamente prolongado, Xate Bunkwakukwi pensó que no se podía esperar más y volvió a dar la orden de seguir, pero antes explicó a todos que en la mitad de Kunawa había una zanja inmensa y que para poder cruzar al otro lado debían hacerlo solo con la autorización de él. Y así Xate Bunkwakukwi puso su meinaku, si inmenso bastón de mamo mayor, como puente para que sus acompañantes pasaran. Develando que todos traían la preocupación por la suerte de Dugunawi, alguien preguntó como podría cruzar el pequeño mamo. Entonces, Xate Bunkwakukwi respondió que el bastón que cargaba Dugunawi, después del bastón de Xate Bunwakukwi era el único que podía usarse para hacer tal cruce. Así, después que cada quien a conciencia, más por solidaridad que sin enojo, dejó algunas cosas para que Dugunawi comiera, prosiguieron el viaje.


- DUGUNAWI LLEGA A UN LUGAR DESCONOCIDO:

Al llegar Dugunawi al sitio donde está la mitad del cielo ya iba cansado y con hambre, así que lo primero que hizo fue comer lo que habían dejado los viajeros.
Después que comió y descansó decidió intentar cruzar la zanja, entonces atravesó el bastón que llevaba, un fuerte bastón que en tiempos pasados le había obsequiado el mismo Bunkwakukwi. Probó hacer el peligroso salto sin hacer mayores meditaciones. El bastón no daba el largo suficiente y el decidió saltar sin valerse del mismo sin antes hacer el trabajo espiritual que le diera las habilidades para realizar aquel ejercicio.
Xate Dugunawi, porfiado y autosuficiente, terco y desobediente, tomó impulso, pero cuando en su primer intento llegó a la orilla de la enorme zanja al ver la profundidad del abismo se arrepintió. Tres veces procedió igual sin percatarse que cada arrepentimiento era un anuncio de Xaba Dumeina para que atendiera a la recomendación que le habían dado cuando no pasó la prueba de comerse los cuatro bollos de maíz completos. Se aventuró Dugunawi en un cuarto salto que con mucho miedo llevó a realización. Apenas si logró acariciar levemente la orilla del barranco del otro lado y resbaló irremediablemente cayendo al vacío. Y así, mientras caía, al poco rato recordó que en su mochilla llevaba unas plumas de pájaro que sacó rápidamente para comenzar a revolotear mientras descendía. El ágil y astuto Dugunawi, llegó al fondo sin golpearse, pero estaba más asustado que cuando dio el salto porque no sabía donde estaba; todo le era desconocido y en su mente comenzó a estropearle el peso de la desobediencia.
En el lugar donde había llegado Dugunawi habitaba el trueno, la brisa y el huracán…, entre otros seres. El no lo sabía pero era así.
Dugunawi tratando de saber donde estaba comenzó a caminar mientras pensaba que en algún momento tendría que comer; entonces sacó de su mochila semillas de maíz y de auyama y comenzó a sembrar por todos los lugares por donde pasaba.
Un día, mientras caminaba y sembraba; Dugunawi se puso a mirar con cuidado hacia su alrededor, entonces descubrió un objeto más grande, más duro y hueco al igual que su mochila. Ese objeto era de oro y tenía un tejido muy bonito en su hechura, que llamó su atención. A Dugunawi le agradó y decidió llevárselo con él pensando en que buscaría bejuco chwirawu para hacer un tejido igual. Mientras eso pensaba alguien lo miraba, pero él no se daba cuenta. Así como Dugunawi pensó, así se hizo…, entonces tejió con los bejucos de chwirawu un objeto parecido al que había encontrado; y así, lo que hizo fue un canasto. Lo que había hecho le gustó tanto que hizo otros más antes de salir a sembrar nuevamente.
Después de unos días de estar tejiendo canastos en la kankurwa que había hecho para vivir decidió salir a recoger algunas frutos en uno de sus canastos, pero aun su siembra no tenía nada y resultó que se encontró con otros cultivos que no eran de él y de allí agarró maíz para llenar su canasto. Mientras eso hacía, una culebra, wiomu, lo mordió en la pierna.
Dugunawi pensó que no era cualquier culebra porque siendo él un mamo no podía curarse. Entonces otro mamo que en no pocas veces que Dugunawi tenía problemas había aparecido para aconsejarlo y ayudarlo, llegó hasta donde Dugunawi yacía casi muerto. Ese mamo era el mismo Bunkwakukwi que se disfrazaba para que Dugunawi no se diera cuenta quien era verdaderamente el que lo ayudaba, y así él no abusara pensando que era protegido de Kaku Bunkwakukwi, uno de los más venerables entre los creadores. El sol ayudaba a Dugunawi porque sabía que era hijo de Dumeina y que era huérfano porque Dumeina lo había tenido que dejar para que todos los mamos pudieran tomarlo como ánugue de adivinación.
Kaku Bunkwakukwi, disfrazado de otro mamo desconocido le preguntó a Dugunawi qué cosa mala había hecho para que le pasara lo que le estaba pasando. Pero Dugunawi no se quería confesar y Kaku Bunkwakukwi lo aconsejó y le dijo que tenía que confesarse y arrepentirse de las cosas malas que hubiera hecho, porque toda curación se hacía primero limpiando la conciencia, el espíritu. Entonces Dugunawi le contó al mamo que había tomado en el camino algo muy bonito y había hecho un canasto con un tejido igual al que tenía el objeto que encontró.
Kaku Bunkwakukwi que es sabio y adivino ya se suponía lo que había pasado, pero escuchó a Dugunawi y luego le explicó que ese objeto de oro era de Wiomu, la culebra, y que el maíz que había cogido era de Kwimawi. Le explicó que ese tejido que había copiado era el ánugue de Wiomu, y que cuando se ponía a tejer era como si jugara con culebras venenosas y que ese tejido representaba las escamas de Wiomu. Después que Bunkwakukwi hizo trabajo espiritual para curar a Dugunawi le encargó que en adelante debería ser el padre de la cestería, labor a la que dio el nombre de Gwi, y así lo decidió Kaku Bunkwakukwi porque Dugunawi había sido el primero que hizo un canasto usando el chwiramu, y decidió además que la cestería sería una labor que harían los hombres y no las mujeres, rindiéndole tributo al pequeño Dugunawi.
Finalmente Dugunawi se quedó viviendo por los lados donde vivía Makú, pero no dejó de coger las cosas de los cultivos del padre del trueno y por eso tuvo problemas con él. El colmo de esos problemas fue cuando Dugunawi se apropió del tambor de Makú, que es el mismo Kwimawi y nuevamente tuvo que intervenir alguien para calmar la furia de Kwimawi. Esta vez quien intervino fue el propio Moudlkwexshe, quien ordenó a Dugunawi que devolviera a Kwimawi el tambor con que hacía los truenos.
Son muchas las historias que le ocurrieron al padre Dugunawi mientras transitaba el espacio que hay entre Matadlyi y el mundo donde habita el trueno y el anuge de Taxwi que es la culebra. Quizas fue él quien en su caída desde lo alto arrastró consigo los pensamientos de origen de los animales que se comen las cosechas, arrastró pensamientos de pájaros, ratones, gusanos y otros animales que ya estando en la tierra del trueno para no perecer se comían los cultivos y así desde entonces todo Kogui tenía que cuidar de sus siembras.
Dugunawi también cogía de la siembra de Makú sin atender a que Xate Bunkwakukwi le había hecho el consejo de no hacer eso. En alguna época en que Xate Dugunawi había tomado el anuge de Taxwi para copiar el tejido de su forma desconociendo que eran las escamas de la culebra, Dugunawi fue mordido por esta y Xate Bunkwakukwi lo curó y le dijo que el sería el padre de los canastos y le insistió en que no cogiera las cosas de Makú. Pero Dugunawi no hizo más caso porque era muy porfiado… él pensaba que siendo un mamo ningún otro mamo podía aconsejarle, sin meditar en que por mucho saber y experiencia que se tenga, nunca se termina de aprender los misterios de la vida, y que ello mismo obliga a asumir con humildad la norma de hacer caso a los mayores. Para entonces, era el propio Bunkwakukwi quien con mucha prudencia lo había guiado y aconsejado. Le había dicho Bunkwakukwi que si no hacía caso tendría problemas. Y así fue.
Ocurrió entonces que Xate Dugunawi fue perdiendo el brazo que en otra época, en una de sus tantas traviesas andanzas, le habían quitado las hijas del sol una vez que jugando lo confundieron con un cangrejo. Y después fue perdiendo la pierna que le había mordido la culebra Wiomu, hasta que poco a poco Xate Dugunawi quedó convertido también en culebra con cabeza de mamo…, o en mamo con cuerpo de culebra.
Mucho tiempo pasó mientras esto sucedía y hacía muchas cosas, y le ocurrían al hijo de Dumeina. Pero no ha de pensarse que todo lo que hacía el travieso Dugunawi era malo, porque ante todo él es un padre bueno.
Makú, que es un mamo bueno pero malgeniado, ya en el rebozo de su paciencia por las tantas travesuras de Dugunawi, de las cuales él era víctima, le dijo al propio Moudlkwexshe que ya no soportaba más a Dugunawi viviendo cerca, así que Moudlkwexshe le dijo a Bunkwakukwi que resolviera el problema de su protegido, y este le dijo a Makú que si no quería tener cerca a Dugunawi, él mismo le buscara donde vivir. Fue entonces cuando Makú, preso de la cólera, arrastró a Dugunawi por todos los lugares de Guexá, y todos los mamos se dieron cuenta que Dugunawi fue llevado a Makuriwa, que es la primera capa del mar; y después fue llevado a Gunriwa, que es la segunda capa del mar y después a Zanriwa, que es la tercera capa, hasta pasar por todas las siete capas y alcanzar el fondo que es Domuriwa. Allí lo sembró Makú y luego volvió a su nujué a tocar su tambor mientras Dugunawi creció y creció atravesando las siete capas del mar, hasta quedar en un sitio solo con su cabeza por fuera en lugar de Ñimatán donde todos los Kogui deberían llevarle los pagamentos por los canastos y todas las siembras; una vez los mamos hicieran sus pagamentos en Kanchadlyino y en Gungaká que son otros sitios obligados de pagamento que los mamos visitan para tributar por los alimentos, debían hacerlo también en el lugar donde hasta siempre habitaría Xate Dugunawi, para que cada próxima cosecha no tenga problemas ni se pierda. Así fue, así es, así será la historia de Dugunawi el padre de los canastos, quien fuera también el hacedor de la mascara y el baile de origen que en Ullimaka hizo surgir abundantes pavas, sahinos, manaos, armadillos y monos para que comiera el Kogui y se supiera por todos los tiempos de las bondades del pequeño mamo hijo de Dumeina que jamás quiso aceptar que las cosas tuvieran dueño alguno sobre Guexá.



BIRIN GA’K‰NAM‰ ZAPAN‰ (Antigua Historia de Lucha. Relato de los pueblos Arhuacos


En un lugar de La Madre (La Sierra) al que llamaban Kananteti (Hoy Pueblo Hundido) habían aparecido unos hombres blancos que no eran indígenas. Ellos humillaban al I’ku, le quitaban el producto del trabajo y todo lo que tenían. Ellos eran más de cien. Entonces Kaku Gunkera hizo llover y temblar la tierra durante varios días y noches y el Kananteti se hundió con todos los que ahí vivían como gente mala. Sólo quedaron dos parejas, hembras y machos.
A estos mamu Kurúm los llevó a la orilla del mar y con el pensamiento los arrojó muy lejos para que no volvieran. Mucho tiempo después del mar regresaron muchísimos más, con armas que parecían truenos, con caballos y perros furiosos, y acabaron con los indígenas que solo cultivaban y vivían en paz. En esa época acabaron con todos los tetis y guatis quedando sólo dos, perdidos en la montaña. Ellos eran mamu Maravita y mamu Kankwini, quienes en la huida fueron a parar a un sitio llamado Marivaka, cerca a Nabusimake y Yeirwa.
De otra parte donde hubo otra matanza quedó una guati llamada Keiwiyen, quien apereció perdida y enferma también por los lados de Marivaka. Así, los dos tetis y la guati se encontraron y anduvieron juntos en la montaña viviendo de la comida del monte. Posteriormente Keiwiyen se unió con Maravita y quedó preñada de él. Juntos, sin dejar a Kankwini siguieron caminando y encontraron a otra guati que había escapado de otra matanza y que se llamaba Zareku. Ella se casó con Kankwini y también quedó preñada. Poco a poco de ellos surgieron más y más I’ku que se regaron por la sierra, por el lado donde nace el sol.
Serankwa mandó otra gente indígena pero que hablaba diferente para que le enseñaran al Í’ku a hacer flechas para que se defendieran de los enemigos. Entonces los I’ku se armaron porque un mamu adivinó que venían otros invasores por el lado de Ka’asapote. Venían a caballo, traían truenos y espadas y venían matando a los indígenas. Los invasores subieron a Dúnkura, luego a Simunurúa, después a Kananteti y también a Gunarínchikua, y por cada parte que pasaban, hacían matanzas porque el indígena no estaba preparado para pelear sino para trabajar en paz. Pero mientras eso pasaba los I’ku de Bunsigaka (Nabusimake) se armaron. Eran más de 500 listos con flechas para pelear.
Los matones blancos, cuando llegaron a un cerrito llamado Makráka (Arroyo Molino), encontraron las casas vacías y cerradas. Ya mamu Kaziti, mamu Kazimorato, mamu Terrunna Y mamu Upar habían escondido a la gente lista con muchísimas tinikunu (flechas) para defenderse. El lugar del escondite fue en La Cueva Eisakurwa. Cuando llegaron los invasores se formó la pelea que duró dos meses, hasta que vencieron los I’ku matando a los malos. Mamu Kaziti dirigía la pelea, Mamu Upar como mayor aconsejaba a todos y Terrunna y Kazimorato peleaban al lado de los gunamu. Cuando todo terminó la sangre y los muertos se convirtieron en una laguna llamada Yuikanumu Tiku.
Parte de los indígenas se quedaron en Bunsigaka y otros se fueron bajando hacia el lado por donde entraron los matones, hacia un punto llamado Yicháma, pero ahí habían más bunachis con armas y entonces se produjeron más y más peleas por que los bunachis querían entrar a Bunsigaka, hasta que en Yinchama mataron a mamu Kazimorato, en Yechikirúru mataron a Terrunna y a Kaku Upar lo cogieron en la Kankurua que tenía en Dunkru (Valledupar). Ahí lo mataron.
Kaku Upar antes de morir puso las manos en su pectoral de oro que parecía una mariposa, miró a la nevada y empuñando su meinaku dijo que lo más grave había pasado, que ya todos habían aprendido a pelear. Kaku Upar dijo “La vida está en la Sierra”, queriendo explicar que en las planicies no podrían vencer. Y ya al final volvió a levantar el meinaku hacia la nevada y dijo: “NAN INGUNU ZEIKWA” (sigan mi camino); era el camino de la lucha. Entonces Serankwa se lo llevó y quedó su pensamiento.




CON LA CLARIDAD APARECIERON TODOS LOS PADRES Y MADRES DE ORIGEN, CADA UNO CON SU PARTICULAR ENCARGO


Kásajanga nadlakínga nane: al principio no había nada. Todo era oscuridad, todo era Adluna; la oscuridad misma era pensamiento, y del pensamiento fueron surgiendo los orígenes de todo…; Xaba Kwadleyuwa se extendió como agua y lo existente era todo era oscuridad, todo agua y todo pensamiento. Y Xaba Kwadleyuwa también lo era, su expresión primigenia no podía ser cosa diferente al pensamiento porque Adluna, el supremo pensamiento del origen y el después, estaba y estaría desde siempre, por siempre y para siempre.
De la oscuridad y el pensamiento…, del pensamiento todo, en fin…, de Adluna, también surgió Xate Moudlkwexshe, Xate Seiyankwa, Xate Tejunna, Xaba Seinedludla…y otros padres y madres de de la originaria creación del universo. Pero como uno de los tantos sucesos extraños e inexplicables suscitados por Adluna, aparte de los hermanitos de Xate Moudlkwexshe, el mayor de todos, vino de más allá de las estrellas Xate Teikú, que es el padre de todas las figuras de oro que están sembradas como corazón de la tierra, como corazón de kaggi en la estancia de Guexá que era el nombre de la Sierra con sus blancos picos Nevados que se elevaban por sobre la presencia del mar.
De Adluna surgió Nabulwé, que es el mismo Chundwa como máxima cumbre de aquel pequeño universo del origen. Se elevaría éste buscando el rumbo que conduce a las estrellas, anhelándolas sin tocarlas, bostezando su frío de hielos perennes sin importunarlas, asumiendo el carácter del templo, de la nujué donde estaría destinado que llegaren Koguis, Wiwas, Peibus y Kankwis una vez se les terminara el tiempo que les daría Moudlkwexshe para andar por los caminos de Guexá como seres del mundo de los vivos.
Xate Tejunna tendría el encargo de ser el padre de las símunu y las ollas de barro; Xate Seiyankwa debería soportar sobre sus hombros todo el peso de la tierra que Moudlkwexshe montó sobre la telaraña que fabricó entre las nueve jaxsinkana de la creación…; y así, la tierra no se hundiría en las aguas de Xaba Kwadleyuwa.
Todos los padres y madres fueron apareciendo a medida que también surgía Mama, Xate Bunkwalukwi, el sol radiante de aquella formidable alborada del universo; junto con el alba primera apareció Xaba Kwan, aquella que tenía el especial encargo de hacer la gente… y al pie de Guexá, aun como agua apareció Ñimatán, quien era el mar extenso y padre de si mismo y de los movimientos; y a su lado, extendiéndose sobre el rumbo donde había aparecido la luz de Bunkwakukwi y hacia los diferentes lados que rodeaban a Guexá, como explanada apareció Wiáxhadli… y más hacia lo lejos, por el lugar mismo desde donde despuntaron los albores primeros como de la nada apareció Dudlyiskawa, que era hermano de Matuna y era hijo de Ñimatán…





MOUDLKWEXSHE CONVIERTE EN PLANTAS A LAS HIJAS DE KASINDUKWA Y NUANASEÉ


Cuando ya Moudlkwexshe había hecho la tierra, dio la orden a sus hermanitos de hacer sus nujué, sus propios templos de habitación y rito; debían todos hacerse más debajo de la kankurwa, de la nujué de Nabulwé. Xate Moudlkwexshe mismo y Xate Seiyankwa, dando ejemplo de lo dicho a sus menores, mostrando que la grandeza suele habitar en el seno cálido de la humildad, hicieron sus kankurwas por debajo de la nujué de Xate Nabudlwé.
Y estando los padres y madres de origen todos en Guexá…, estando también Teikú que había venido de Matádlji, o más exactamente del lugar más allá donde titilan las estrellas, como pensamientos vinieron algunos seres que manaban de aquellas reiteradas extrañas e inexplicables expresiones de Adluna a hacer daño a los padres y madres de origen. Moudlkwexshe entonces, síntesis de la bondad y el equilibrio, para no exterminarlos porque le estaba prohibido como mamo (sacerdote) y padre mayor hacer daño a nada ni a nadie, pensó en su descendencia y convirtió a los extraños en plantas medicinales; así curaría de las enfermedades a sus hijos y sus nietos.
Esos pensamientos que fueron convertidos en plantas, venidos de Adluna como todo lo existente, eran hijas de Kasindukwa y Nuanaseé, que también son padres y madres de los árboles.






























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j@jesusmunich8/27/2009+0-0
amigos pueden encontrar mas cosas de interes en la pagina

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