Registrate y eliminá la publicidad! ROMA ACÁ A LA VUELTA La calle resulta acogedora cuando camino con él. Pasó el tiempo y crecimos tan rápido... Como en la niñez, de repente está a mi alcance y de repente esconde su alegría tras los árboles, me recuerda tanto al niño que ya no es. Seguramente de aquello no quedó mucho, lo sé. Excepto eso siento satisfacción a cada baldosa que dejamos atrás. Mi amigo Germán, mi hermano venido del norte, de donde nunca pensó volver... El centro está bastante concurrido. Los bares repletos. Así que terminamos bajando hacia el puerto. Yo sabía de un buen lugar, con mesas dentro y fuera del local, bueno para llamar los recuerdos, y descansar la caminata previa. Las jarras de vino no tenían fin, una a otra iban llegando a nuestra mesa. Por momentos reíamos ante algún estallido de voces, también había silencios, de esos necesarios para espantar alguna mala jugada del pasado. El viejo se presentó de pronto. Usaba un saco oscuro cruzado al pecho. El pelo engominado por demás y una amplia sonrisa de oreja a oreja. Se acerco pidiendo un cigarro y arrimando una silla a la mesa. Pidió otra jarra de vino y bebió sin prisa mientras nos observaba como si esperara nuestra aprobación a su llegada. Por supuesto Germán fue quién quién rompió el silencio con una carcajada recibiendo al viejo con una más que elocuente bienvenida. Eso le dio ánimo y festejó con nosotros las jarras que no paraban de llegar. De pronto arrancó a hablar: - Yo estuve en Roma, pibe. Mirá mi ñata. Me la rompió el "Huesito" Forlán, un correntino. Era muy bueno y me la metió tan bien que ni siquiera me enteré que había terminado la pelea. Fue de las primeras. Después si tuve buena racha. Yo miraba al viejo mientras hablaba. Me extrañaba que toda su conversación iba dirigida a Germán, como si encontrara más atención en su mirada o tal vez sólo fuese casualidad. - Me llamo Gerardo Sosa, "Sosita" para los amigos. Arriba del ring me decían "el Ñato Sosa" pero ahora hace tiempo que no me dicen así. - Aprendí a pelear en la calle, acá en el Puerto. Teníamos una banda ¡¡¡ Meta fútbol y piñas. Me crié acá en la calle Reconquista, en el cante de Delmira, una negrasa que nos corría con un palo cuando entrabamos embarrados, como si hubiera limpieza en el cante ¡¡¡ Una carcajada celebró este último comentario, mientras Germán llenaba el vaso del viejo. - Mi vieja se rompía el culo para criarnos, no era mala, lo que pasa que eramos unos tigres y le aparecíamos a cualquier hora. Por eso nos metió en el reformatorio, no podía con nosotros. Y bue, hizo lo que pudo. Nada le reprocho, santa. Secó sus lágrimas y prosiguió su historia, alentado por Germán. - En el reformatorio comía mejor que en la lleca, claro que ahí había que saber defenderse para no ser la "señorita" de los vagos. Me ligué cada palo que ni te cuento. - Un día me dijeron que la vieja no iba a venir por unos días. Recuerdo que eso me molestó mucho. Esa noche me escapé con mi hermano, el Ángel y fuimos a buscarla al cante. No estaba. Según Delmira se había ido a Buenos Aires con un porteño de mala cepa, hijo de puta, se llevó a mi vieja y nunca más la vi, ni supe de ella. Y bue, supongo que debía ser así, nunca le dijimos cuanto la queríamos. El Ángel conocía una gente en el "Villa", ahí si que aprendí a boxear. Al poco tiempo taba pronto para empezar y el Ángel conseguía las peleas. Entrenaba duro para cada una de ellas, pero no daba pie en bola. ¡También!, me conseguían cada nene. De pronto me miró y dijo: - Sabes? Te queda muy bien el pelo tan largo. Lo digo como hombre, no conozco ningún boxeador marica. Yo peleé en Roma, pibe, capaz que ni a la escuela ibas. Yo pude ser el mejor, pero ese desgraciado me reventó en el cuarto. Sabés como me dejó la trucha? Le decían el "Duque", un gringo mal parido y sucio como pocos. Toda la gente lo alentaba, casi lo puedo oír. Eso me desarmó. No podía entrarle con nada. Me tiró varias veces hasta que me liquidó. Yo no entendía por qué durante toda la pelea tenía la imagen de la vieja en la cabeza y toda esa gente gritando contra mi...Y todo eso se repetía mientras intentaba levantarme y la voz de mi vieja que decía pa qué? Escuché toda la cuenta ya sin ganas de levantarme. En mi rincón el Ángel lloraba, la puta, eso no me lo pude bancar y lo apreté como nunca. A esta altura, el viejo estaba muy emocionado y borracho. Germán, al contrario que yo quería seguir escuchándolo. - Cuando volví, no fue lo mismo. Peleaba por unos mangos pa morfar, nada bueno. El Ángel siempre estaba a mi lado era el que conseguía las peleas, porque de ser por mi, después de Roma, nunca hubiese vuelto a pelear. La última fue en Santiago, con un tal "Perro", chileno que en su vida había ganado nada, y me ganó por puntos, el Ángel me advirtió, me apure a noquearlo y me quedé sin piernas. Me ganó una pelea que era mía. La veo clarita, le meto cuatro piñas que eran para tirarlo, pero las banco todas, me cansé y me llenó la cara de dedos, a duras penas llegué al final. Ángel se fue a Brasil y yo no conseguí pelear más. Todo terminó ahí. Igual fueron los mejores momentos de mi vida. Quién me quita lo bailao? Te das cuenta, pibe? Se paró de golpe y dijo: - Mirá, mirá como te hago unas demostraciones. Germán sonrió Y comenzó a aplaudir mientras el viejo saltaba de un lado a otro, con una cuerda imaginaria y dando golpes al aire a un enemigo postergado por más de veinte años. Todo muy rápido, reía y gritaba todo el tiempo. Ya estaban por cerrar el bar, cuando se cayó contra unas sillas apiladas y mientras lo ayudábamos el mozo nos pidió que nos fuéramos, para poder terminar de limpiar. El viejo quiso pegarle, pero Germán lo agarró de un brazo y salió con el mientras yo pagaba y me disculpaba. Ya en la esquina, el viejo no se despegaba de Germán. Estaba muy pesado, babeaba y no le soltaba el brazo. - Dale, pibe. Tirame unos pesos pa llegar con algún vinito más a la siompe. Dale, pibe. Ni siquiera tengo pal bondi. Tenes que darme guita, loco. Yo estaba aparte, como toda la noche, Germán le dio unas monedas, deshaciéndose de la mano del viejo. Aún así el viejo insistía en seguirnos, como implorando nuestra compañía. Siguió unos pasos tras nuestro y se detuvo de pronto y nos gritó, del alma nos gritó. - Acuérdense. Soy el "Ñato Sosa". Yo pelee en Roma, yo estuve allá. Y ahora, ahora estoy acá. Germán iba a volver, pero lo detuve y lo llevé rumbo la Rambla. Esta al fondo de la calle, denunciaba unas ganas locas de correr y zambullirse, aunque más no fuera unos segundos, para sacarse la resaca y volver a escondernos en las guaridas, bajo la mirada atenta de la ciudad al amanecer.
Datos archivados del Taringa! original
290puntos
1,479visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:
Posts Relacionados
0
archivado0
archivadoLa Pipetuá,clown del buenomarcosan
0
archivadodiario de un vaquero(por mi)dia 4macktownsix97
0
archivadoDejá tu comentario
No hay comentarios nuevos todavía