Hoy se cumplen dos años sin López. Mes a mes, a lo largo de 24 meses diversas organizaciones de derechos humanos reclamaron su aparición con vida como hace más de 30 años las madres pidieron por sus hijos desaparecidos.
Pero además de las marchas este reclamo tiene la particularidad de ser vehiculizado a través de intervenciones artísticas que se apropian de distintos espacios públicos en la ciudad. La imagen del albañil aparece dibujada en las paredes y en las plazas, varias frases respecto de su desaparición interpelan a los transeúntes escritas en los muros, o simplemente un gran signo de pregunta dispara: ¿dónde está Julio López?
La agrupación HIJOS fue una de las primeras en darle una nueva perspectiva a las movilizaciones y demandas en el ámbito de los Derechos Humanos utilizando el arte como herramienta de denuncia y haciendo propios algunos elementos del “arte callejero”, como los estencils o los graffitis.
“Nos parece interesante utilizar otros lenguajes como forma de reclamo, pero en realidad muchas veces sólo coordinamos algunas acciones y llamamos a los artistas para que expresen desde su ámbito la protesta, ellos son los que saben qué hacer”, explica Pablo Balut, integrante de HIJOS.
Lo mismo entienden desde el colectivo Surcos, “en todo caso nuestro mérito es sentarnos a charlar con la gente que sabe. Nosotros tenemos claro qué queremos decir, los artistas saben cómo”, definen.
Detrás de cada intervención hay una discusión previa, dónde pintar, qué poner, con qué estrategias, por qué hacerlo. Así funciona también la toma de decisiones en el Colectivo Siempre, otro de los grupos que suele impulsar este tipo de actividades, y que coordinó la intervención artística cuando se cumplieron los 6 meses de la desaparición de López. En esa oportunidad inundaron la marcha con el rostro de Julio López y signos de pregunta distribuidos por la multitud en pancartas circulares. El objetivo era “intervenir el espacio de quienes tienen que dar respuestas (la casa de gobierno) y seguir instalando el tema”.
El motivo que convoca y unifica hoy las diferentes acciones en relación con el reclamo por López es el silencio. Ya hay indicios en la ciudad, varias estatuas y afiches aparecieron intervenidos: la primera junta en la Plaza Belgrano, Joaquín V. Gonzalez frente al rectorado o Nacha Guevara personificando a Eva Perón fueron amordazados con una cinta en sus bocas.
colectivosiempre.blogspot.com
“Muchas veces lo artístico es más fuerte, tiene un impacto distinto”, considera Balut. Las agrupaciones coinciden en que este lenguaje suele ser más abarcador y ayuda para que gente de ámbitos menos participativos, o que no suele ser parte de las marchas, se acerque y se interese por el pedido de justicia.
Además de las acciones previas al 18, el Colectivo Siempre se sumó a la realización de un mural en 9 y 53, donde junto con el grupo “Sienvolando”, HIJOS y los Hermanos Tello trataron de reflejar dos años de lucha en relación a la desaparición de este testigo clave en la condena a Etchecolatz.
Para estos grupos lo artístico aparece como una forma de militancia “nunca participé de otros espacios políticos que por ahí no me representaban, pero el arte es mi ámbito y así también se convierte en mi forma de militar”, dice una de las integrantes del colectivo.
Esa sensación atraviesa otras agrupaciones. “Vemos que se generó un espacio donde los artistas pueden expresarse, porque entendemos al arte como algo político, como la expresión de alguien que tiene algo para decir”, señalan en Surcos.
El arte, entonces, oficia como vehículo de reclamo, y es, tal como lo definen desde el Colectivo Siempre, un arte que dice y se posiciona ideológicamente, pero que también abre preguntas y promueve diversas respuestas.
Ma. Soledad Vampa
No es sólo un dibujo en la pared
“Sin López no hay Nunca Más” escribe con aerosol la agrupación Surcos en las chapas que cubren las obras, y cada paso para llevar adelante estas pintadas tiene toda una logística.
“Hemos pasado toda una noche diseñando cómo hacer un producto logrado y que impacte. Una vez que salimos a la calle viene también toda la reflexión sobre lo que se hizo, preguntarle a la gente sus impresiones, porque muchas veces uno está en un microclima”, señala Fabián Flores, integrante de la agrupación.
Ese graffiti en particular surgió de una charla sobre el impacto que tenía la desaparición de López para los Derechos Humanos, “algo se quebró, algo que creíamos firme a partir de esta ausencia se perdía”. Entonces alguien dijo “sin López no hay Nunca Más. ¡Y claro!, si ni siquiera podemos garantizar la vida de alguien que quiere justicia”, cuentan en Surcos.
Las chapas de los edificios en construcción se convirtieron entonces en “los pizarrones del pueblo”, o al menos de este colectivo que busca a través de las pintadas hacer llegar un mensaje, “que algo le haga ruido a la gente”. Para evitar discusiones no pintan ni casas ni edificios públicos, “no queremos que la atención se desvíe, respetamos a la gente y sus cosas, por eso sólo pintamos frentes en caso de un escrache”, explican los integrantes del colectivo.
Desde Surcos, además cada movimiento está pensado, no sólo discuten qué mensaje quieren difundir, cómo “despertar” a la gente sino que también planifican los lugares posibles para hacer las intervenciones y antes de cada salida hacen un relevamiento de los lugares disponibles en la ciudad.
Un trabajo tan pormenorizado va teniendo sus resultados y otras agrupaciones e inclusive organismos estatales como la Comisión Provincial por la Memoria llegaron a pedirles permiso para reproducir sus consignas. “Por supuesto que pueden usarlas, no queremos ningún copywright, si se instalan mejor”, dicen en Surcos. “Nosotros también tomamos lo que nos gusta, siempre con respeto”, aseguran los militantes de un colectivo que ya tomó las calles de La Plata.
Diario Hoy