La fortuna de Donald Trump empezó en un prostíbulo
En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf. Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. Hoy, 131 años después, otro presidente poco común se prepara para tomar el mando de EEUU y, en este caso, cerrar las fronteras: Donald, su nieto.
El abuelo paterno de Donald Trump, Frederick, en 1887
Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Sus cinco hermanos se pusieron a trabajar en el campo, pero la salud de Friedrich era tan endeble para afrontar aquella faena que, con sólo 14 años, en 1883, lo mandaron a la localidad vecina de Frankenthal para trabajar como aprendiz de peluquero.
Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. De modo que una noche, sin avisar, cogió la maleta, dejó una nota a su madre y se encaminó a Bremen, donde embarcó rumbo a EEUU.
Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump. Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Encontró trabajo en una barbería donde hablaban alemán y se quedó allí seis años.
La familia de Friedrich Trump (el primero a la izquierda, Fred Trump, padre de Donald)
Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds. El local fue bautizado como Poodle Dog, y en él servía alcohol, comida y ofrecía “habitaciones para señoritas”, que era como eufemísticamente se anunciaba que había prostitutas.
En 1892 Trump adquiere la ciudadanía estadounidense y vota en sus primeras elecciones, cogiéndole el gusto a eso de las campañas electorales, como veremos más adelante. Un par de años después, vende el restaurante y se instala en la ciudad minera de Monte Cristo, atraído por los rumores sobre la aparición de nuevos depósitos de oro y plata.
Allí adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel -o pensión- Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. Premonitorio. “Donald Trump no ha sido el primero de su clan en ganar unos comicios en este país”, resalta Blair.
Frederick vendió sus propiedades justo antes de que el negocio se viniera abajo, para luego trasladarse a Klondike, en el territorio canadiense de Yukon, junto a Alaska, donde volvió a repetir la fórmula de ofrecer cama, comida, licor y sexo en establecimientos como el Restaurante Hotel Actic y el White Horse Restaurant Inn.
Elizabeth Christ y Fiedrich Trump, abuelos paternos de Donald Trump
Pero Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. De modo que con la II Guerra Mundial, cuando se generó un sentimiento antialemán en EEUU, el padre de Donald Trump comenzó a decir a la gente que era sueco.
Trump obtuvo de su padre no sólo financiación, sino también su estilo de negociación.
Donald Trump se basó en los recursos de su padre. Necesitaba a su padre como codeudor de sus préstamos y confió en sus conexiones en la política y la banca.
El primer gran proyecto de Trump fue el Hotel Commodore. Se asoció con la Organización Hyatt para comprarlo en 1976 por un precio no revelado, cambiándole el nombre a Grand Hyatt
Trump fue dueño de casinos en Atlantic City
Nueva York no era visto como el lugar de vacaciones de lujo que es hoy. La inversión fue de gran riesgo para el joven empresario.
Usando las habilidades de negociación de las que habla en la campaña electoral, Trump convenció a la ciudad de Nueva York de dar al hotel una rebaja de impuestos de 40 años que le ahorró US$160 millones. En 1996 vendió su mitad del hotel a Hyatt por US$142 millones.
Él seguiría invirtiendo en el desarrollo y construcción de grandes edificios de Nueva York, incluyendo la compra del Hotel Plaza y el antiguo edificio del Banco de Manhattan.
La joya de la corona de la compañía es la Torre Trump, un edificio de 58 pisos en la Quinta Avenida, terminado en 1983.
El edificio sigue siendo la sede de la Organización Trump. El candidato y su familia viven en los pisos superiores del edificio.
El valor de una marca
Donald Trump puede afirmar que es un magnate de bienes raíces, pero la mayor parte de su patrimonio proviene del valor de su marca, que comenzó a construir en la década de 1980.
Entonces comenzó a licenciar el nombre del empresario a otras firmas, acelerando su importancia a nivel mundial.
Hoy en día, muchas marcas pagan derechos por utilizar el nombre y no son propiedad de la Organización Trump. Esto incluye al Trump Ocean Club y Trump Fine Foods.
En 1987, cuando publicó su libro "El arte de la negociación", su fama llegó aún más alto.
Donald Trump en 1985
Trump solidificó su reputación como un negociador sin pelos en la lengua durante su carrera de diez años como anfitrión del programa de televisión The Apprentice.
Sus observaciones groseras y el despido de empleados, muchas veces por capricho, le ganaron legiones de admiradores.
Actitud empresarial
Al igual que su padre, Trump tiene una reputación de ahorrar cada centavo que pueda.
Pero su estulo ha dado lugar a varias batallas legales muy publicitadas. Enfrenta una demanda por la Universidad Trump y ha sido llevado a tribunales en el pasado por un exempleado y por los sindicatos.
"Lucho como el infierno para pagar lo menos posible", dijo.
También ha utilizado las demandas como una herramienta.
Demandó a un ex concursante de Miss EE.UU. por criticar el concurso de su propiedad.
Y a Deutsche Bank por negarse a darle una extensión del préstamo en un proyecto de construcción en Chicago.
A pesar de estas batallas, es a menudo elogiado por su sentido de los negocios.
El inversor Carl Icahn ha dicho que es "un tipo con la mente muy abierta".
"Tiene un ego fuerte, cree en sí mismo y está dispuesto a escuchar", dice Icahn.
Propiedad extranjera
Los negocios de Trump fuera de EE.UU. pueden ser tan controvertidos como su retórica de campaña. Ha llamado tramposos a los chinos, pero trajo a inversores de ese país para ayudar a financiar algunos de sus proyectos inmobiliarios.
Dice que ama Escocia -donde nació su madre y donde es propietario de varios campos de golf-, pero criticó al gobierno escocés y a tribunales del Reino Unido por permitir un parque eólico que se construye a la vista de su campo de Balmedie en Aberdeenshire.
El Trump Ocean Resort Baja México se vio obligado a llegar a un acuerdo por una demanda con inversores que gastaron millones de dólares para comprar condominios o apartamentos que nunca fueron construidos.
A medida que aumentaba la controversia alrededor del fracasado complejo, Donald Trump señaló que los promotores licenciaron su nombre y que él no era responsable del edificio, a pesar de aparecer en el material publicitario.
Trump también ha sido criticado por permitir que la marca de ropa que lleva su nombre importe productos de México, mientras que critica a otras empresas que importan mercancías a EE.UU..
Parte de lo que ha dado tanto éxito a la Organización Trump es la disposición del empresario a poner su nombre en cualquier cosa, desde edificios hasta filetes de carne.
No está claro cual será el impacto de su actual candidatura presidencial sobre su hasta ahora exitosa imagen empresarial.