InicioArteLa Ascension de Belial - Cap III (cuento mio)

La Ascension de Belial - Cap III (cuento mio)

ArteFecha desconocida
La Ascension de Belial

Cap III


Para aquellos que sienten algo importante por mi, sepan que estoy muy seguro de lo que voy a hacer, jamás me sentí mas dueño y protagonista de mis propias ideas. Me siento bien, en la plenitud de mi sensibilidad, en mis cabales e intacto, se que es real y que no lo es. Descubrí un camino que no se por donde lleva, pero termina en un lugar conocido, donde algunos ya han estado.
Comienzo este viaje porque conocí gente que no ha vuelto de el, y eso es alentador. Se que no todos van a entender, incluyo a mis padres del lado invisible -a quienes espero encontrar de paso-, también a los asistentes de los arquitectos del destino que alivianarán mi carga en cada traspié, la gente con que mayor afinidad de valores tengo no lo entenderá, mucho menos mis amigos, con quienes transité los caminos menos altruistas, ninguno de ellos va a desear tolerar el volumen de las consecuencias que sufrirán, inevitablemente.
Es el último regalo en vida para comprender, lo que de seguro descubriré luego, cuando ya nada mas de aquí me importe. Espero que me ayude álguien que me rescató hace poco. Su presencia es una huella de la providencia que aún no se define a abandonarme, o una miga de gretel, que un viejo y conocido alado, emisario del oscuro, le arrebató en su camino. No se si siento algo por él, pero se que su influencia comienza a retumbar hasta niveles de mi que yo desconocía, y tal vez solo esperaban despertar, sea esto un milagro, o una lamentable tragedia para mi humano presente.

El me tiene por su aliado, y yo estoy por mi propia voluntad, por la curiosidad de quien cree haber descubierto el bostezo de dios en el destino de un hombre particular. El es ya un anciano en realidad, de pisada segura y certezas evidentes, entrado en canas, ya no reconoce todos los rostros todos los dias, quizás el mio si, y el de nuestro amigo en común y tal vez el suyo propio cada día, pero no estoy seguro, sospecho que nos miente, sus confusiones se le escapan mas allá de su control, este viejo vive de ilusiones, se nota que son mucho para el, o será que intenta perder la cordura que lo agobia en su estado de derruida pasividad. No lo se, tiempo hace que perdí toda esperanza de aprender a conocerlo, o al menos predecirlo desde mis inocentes prejuicios, a través de mi lente sucia de orgullo y sobervia, en este microscopio donde posan petulantes los únicos testigos de mi viaje a la extinción.
Tuve que sincerarme con mi verdadera capacidad y mi limitada imaginación para empezar de nuevo con él. Mis hábitos fueron cambiando, y me resistí bastante a dejar mi mundo para entrar en el suyo, no por temor sino por ego, pero logre derrotarme y pude encontrarlo, y valió la pena, aunque no sepa como volver, valió la pena si. Ahora no se si quienes me rodean son de su mundo o del mio, tal vez se hayan filtrado de regreso…, no importa, quizás ya sali de su mundo, pero tengo el presentimiento cada mañana, que es el primer día en mi propio mundo, aquel que tenía, o acaso ya perdí. Lo golpeo, lo enfermo, lo tiro y la vuelvo a levantar, así paso estos días jugando con mi mundo, en este nuevo espacio, rodeado de fronteras corredizas, viendo un abismo cerrarse y hundirse bajo mis pies, mientras busco la parte de mi que extraño, mi memoria se esconde, me refleja y me distorsiona, un pasado ajeno flota buscando dueño, será que estoy compartiendo la memoria con alguien mas. Me siento algo perdido, pero no del todo foráneo, si esta porción de tiempo será mi lugar, lo hare mío, que valga por mi recuerdo, como el lugar en el pasado, dentro del futuro que se arremolina en este mismo momento, y al que no quiero entrar solo, sin dejar aviso de quien soy, y hacia donde voy.
Tal vez la forma en que lo conocí a el, nos ligó de alguna manera necesaria -según voy comprendiendo- para este viaje que ya me enreda y marea, su naturaleza comenzó a tomarme, me lleva.No hay tiempo para seguir dudando, tengo que confiar en este viejo, el me ayudará en el trayecto, como la vez que me ayudó a llegar a él, sin que yo lo supiera, el día en que lo conocí.

No recuerdo bien por que motivo entre a ese lugar aquella tarde, supongo porque estaba vacío, quedaba cerca de casa y yo estaría por encontrarme con álguien, pero ya no se quien era y poco me importó luego de lo que sucedió.
Al principio lo veia hablar, y por la calidad de sus gestos, era de suponer que no dijera nada interesante, aún siendo tan expresivo. Lo vigilaba de lejos, como siempre hago con los desconocidos, hasta que comencé a oir su voz mas claramente, me extrañaba que con las cosas que dijera no lo marginaran como a un loco cualquiera, y por el contrario, lo acompañaban y le daban charla.
Algo me distrajo, no se que fue, la cuestión es que cuando volví a mirarlo me quede duro, intente disimular pero los demás no se daban cuenta, habia notado sin esfuerzo que las palabras que yo oía no eran exactamente las mismas que los demás escuchaban, era obvio que no, sus ademanes no iban con el tenor de sus ideas, ni siquiera la textura de su voz era la de su apariencia.
Varias veces que volví al lugar, lo vi sentado en la misma mesa, ya había empezado a llevar cualquier libro, total no lo iba a leer, era solo para ocultar mi atención a las palabras del viejo.

No me dio vergüenza, sino un violento miedo primario, cuando descubrí que él había notado mi conciencia hacía rato, y ya lo evidenciaba escurriendo miradas perdidas de reojo hacia la mesa en que yo estaba, haciendo estupidamente que leia.
Segui yendo al lugar un tiempo mas, cuando el no estaba, al lugar llegaba otro tipo de gente. Cuando el estaba, era distinto. A veces habia mucho ruido y él hablaba suave, a veces estabamos solos rodeados de silencio, a veces yo estaba solo y aún asi lo oía, como si el acabara de irse de su mesa y aún resonaran sus ideas. Como no me sentía del todo bien de la cabeza, supongo que no tuve tiempo para asustarme de algo increible: los objetos mudos vibraban, con cinismo, el aire me hablaba, como usando cada sonido fortuito del ambiente para articular palabras con sentido. A veces el estaba callado, pero sus pensamientos llegaban como susurros, desde la mesa en que yo sabia que el estaba, aunque no lo tuviera a la vista. Capaz que hablaba en voz baja, pero sus ideas afilaban el silencio con violencia, ya dejaba de entretenerme, no importa lo lejos que yo estuviera, su presencia sonaba, y la musica no era bonita, notas desgarradas atestiguando momentos aprisionados, recuerdos frizados desembarcando intempestivos en la paz superficial de su presente, sobre su rostro congelado, y su mirada tambaleando en el vacío. Me contagiaba, era un vacío blanco reverberante, locos mudos exigiendo revancha, acreedores de dolor, y una roca de culpa atascandose en mi garganta.
Aquel mismo temor instintivo me invadió un día, cuando al levantar la mirada lo vi sentado frente a mi, mirándome con atención, parpadeando nervioso, mientras murmuraba algo, sus labios se movian, pero no al ritmo de sus palabras, decian algo que yo comprendia pero no sabia que era, descubri que mi mente se escondía de mi. Comprendia perfectamente lo que me decia, incluso lo seguia en la conversación, pero como en un sueño, no sabia de que estaba hablando ni que palabras usaba yo. Como quien viene corriendo en tu dirección y al pasar se aleja de ti, asi me llegó la sensación que me hizo comprender y despertar de ese sueño blanco, y más me acelere cuando note que estaba sentado yo en la mesa de este viejo, mientras el me señalaba un párrafo del libro, que ya no era cualquier libro, sino uno que venia yo leyendo hace mucho, descontinuandolo esporadicamente. Siguió contándome algo que debía yo estar escuchando hacía rato.
La verdad es que yo no se cuando me acerque a él, o si él vino a mi, o si fue deliberado, pero al parecer llevabamos tiempo contandonos cosas y charlando con frecuencia. De cualquier modo su simpatía ya me habia ganado, y el misticismo comenzaba a cambiar de color, a un tono nuevo.

Muchos de aquellos encuentros eran verdaderamente extraños. A veces intentaba con desgarrador y vano esfuerzo agarrar mi taza. A veces mientras esperaba algo angustioso suceder junto al vidrio de la ventana, petrificado dentro de la silla, intentando mover sus patas como si fueran mias, era imposible esta silla pesaba como hierro puro, mientras en la mesa tenia servido mi propio cuerpo acurrucado, violaceo plástico, desnudo, y un hilo gris espeso chorrea del ombligo. De tanto en tanto llegaba una bocanada de calor denso desde la barra, y los gritos, agudos, como si algún demonio estuviera cocinando algo aún con vida y resistiendose. El calor pegajoso caia de repente tambien del techo, ahora con adornos gelatinosos de formas irreproducibles, mi cuello dolía mucho al mirar hacia arriba, pero el calor que bajaba era adrede, como si en el piso superior hirvieran unas ornayas gigantes, horneándonos cínicamente. Es cierto, habia pasado la barrera de lo real, porque al mismo tiempo en que las mesas se movian imantadas hacia la puerta de calle y la gente como posters de película, yo lo veia desde mi cama, girando erraticamente en torno a ese lugar, como una abeja buscando posarse.
Pero en realidad estaba yo en algún lugar de mi habitación, retorciéndome en vigilia, dentro de una fuente medio llena, flotando unos arreglos sepulcrales, y debajo yo, enredándome entre sábanas de piel, enjaulado en un cuerpo hiper-dormido o minusválido?, no lo se. Ahogándome en algún anécdota de este viejo que invadía mi vida simple, de a poco, con toda su historia.

La curiosidad ya no era superflua, tenía que entender que relación de parentesco tenía con él. Nada habia sido casual o espurio, definitivamente la providencia aún permanecía adelante en el camino. Entre tanto ruido y tanto movimiento, en este lugar inmediato a todo, el lograba cautivarme, por fin, luego de tanta desidia que hubiera enfermado hasta al mas monótono y bucólico de los hombres. La confianza adormeció mis instintos, y la necesidad de alcanzar la verdad sofocó el miedo que nunca perdí.
Si el hablaba, yo callaba, si le preguntaba cosas en forma directa, el las evadía por el momento para terminar ciertas ideas que irían ayudándome a reformular dudas futuras, anticipando mis conclusiones, conectando mi propios problemas subrepticiamente intencional, y con la solución que iba llegando didácticamente conforme este viejo hablaba, proyectándose en su propio futuro, relatando sin cronologia, la verdad, nunca pude ubicar bien en el tiempo una anécdota de este hombre hablando ilogicamente. Me costaba hablarle directamente, el manejaba los tiempos de las cosas, yo solo era su testigo respetuoso, elegido tal vez, para perpetuar algo que aún no sabia en que terminaría.
Ahora, a veces se refleja en mi y me mezcla en sus anécdotas, me participa en su historia, como si quien les habla hubiera vivido junto a él en esa época de donde saca todos los relatos, relatos que hoy me llevan a esta situación, en que necesito atestiguar lo que comence a comprender desde un principio y hasta ahora me resistía a aceptar. Pero esta hecho.

Este viejo nos observa desde unas cuevas tristes, sus ojos atrincherados al fondo, en la oscuridad de la esperanza, en la plenitud de las dudas mas incontestables y las certidumbres menos buscadas. Párpados cansados de vida, plegados y replegados, en lo alto de una humilde nariz.
Desde ese peñasco, toda nuestra planicie, nuestro habitat moderno, se debe ver como una inmensa fiesta negligente, procreadora de catástrofes espirituales predecibles. Observando desde lejos como un lemur a sus hijos, comprendiendo en silencio sus errores de remota juventud, de las que sus ojos aprendieron a secarse, y guardarse, en esas cumbres esteriles a todo estimulo inocente de afecto y evangelio.
Su boca abierta con avidez infantil, con ilusiones de sorpresa, expectante a aquello que descubriré mas tarde, es su verdadera génesis. Un túnel invisible cayendo del cielo, bamboleándose entre los tormentosos sentimientos que trepan a la atmósfera del globo, buscando sociego y esperanza, reflejo de miles de almas encarnadas interpretando vidas monocordes en la orquesta mas atonalista del universo. Un túnel de luz, regando sobre su cuerpo, torrentes de vitalidad, según él, como rayos que aligeran el peso de sus culpas, por mas de uno de sus innombrables defectos. Habilidades que intenta transmitirme, mentiras que a partir de hoy voy a creer.
Cruzando la vista hacia la ventana, mas alla de este lugar, afuera, todo es arido, el ocaso se despide, el cielo sopla revolviendo el polvo en todas direcciones, leve, pero esquizofrenico. A lo lejos una muralla de luces titilan, cubriendo todo el horizonte plano y vacío. Este lugar, en el medio de la nada, existe?. Las puertas por donde entre, ahora estan tapiadas, no hay mesas ni sillas excepto las que usamos nosotros. La barra esta vacía, donde fueron todos los licores y copas ?, casi no se distingue que tipo de lugar es este.
Sus ojos vidriosos y superfibrilados, apenas divisables entre las nebulosas de tóxicos que reanudan nuestro intercambio de alto nivel. Antes de parpadear atrapa algo con su mano, continuamente, como si tomara coraje para cerrar los ojos.
Con su índice poblado de pelos sobre su cien, me cuenta que su otro corazón late solo cuando le permiten y que ya no desea regresar. Estabamos hablando del amor, el cuenta que en su vida solo conoció la derrota de sus enemigos, pero que entre sus amigos jamás logró victoria parecida.

Sobre este anciano todavía tengo cierta intriga que no me animo a erradicar. Siento que lo encuentro cercano cada día mas, pero también que cada vez más lo desconozco. No se si pasó mucho tiempo desde que lo conocí, es tabú intentar darse cuenta de eso por estas fauces. A veces dudo si no es una ilusión que me inventé.
Pero bueno, el saber que no puedo perder el viaje al que me encomiendo, es todo lo que me mantiene cuerdo y despierto, con ganas de batallarle al sueño dominante, feroz, que vampiriza todo este plano hacia el olvido de la identidad que muchos ya no tienen, y como protohombres van robándose unos a otros la última ilusión de inteligencia que les queda, codiciándola en cada respiro. Como una gota cayendo al interminable vacío, deseando al menos regresar al océano de donde la vieron desprenderse.
Los recuerdos de mis encuentros con el viejo, deambulan sonámbulos entre los laberintos vivos de mi memoria, y ella gobierna mi presente con toda tiranía, a su ritmo intento relacionar los pasadizos que surgen uno tras otro sin ningún orden aparente, reclamando un lugar fijo, dándole sentido a mi existencia.
Hay veces que tomo conciencia de mi estado, solo mucho tiempo después de intentar mantenerme despierto mientras observo algo interesante. En este cementerio suelo encontrar esa paz. Veo que estas gárgolas me quieren ayudar, pero no les dejan, asi que logran esconder un mensaje, y es para mi, se que si me concentro mucho podre llegar a comprenderles, ellas saltaron a la vida en otra dimension, dejando aquí solo vestigios de su nacimiento, si, ellas me pueden ayudar. Se que si me esfuerzo podre escapar de la sombra visceral que me acecha en cada instante, no se me acerca demasiado porque aún no me reconoce, pero no me puede evitar porque parasita dentro mio, como una parte de quien fui que busca conectarse, una celula viva de mi pasado, tan tortuosa que podria contaminar todo mi ser con solo verle el rostro, tanto como para perderme nuevamente en algún pasado que no quiero ni recordar. Como si en cada respiro de mi carrera estuviera cerrando la última puerta de un túnel de habitaciones, enterradas dentro de un hotel muerto que se levanta en medio de estas callejuelas húmedas, rodeado de cruces en este cementerio ventoso donde el sol nunca alumbró. Solo después de mucho esfuerzo logro someter mi cuerpo a mi deseo, ahora puedo pensar con autonomía, pero retener mis ideas un segundo más, significa sacar la cabeza fuera de este casco, y descubrir que este lugar esta repleto de presencias enfermizas que buscan depositarse sobre alguien vivo para anidar las mas pestilentes afecciones de la vida material. Me tranquilizo, si no las llamo con la mente no vendran, por eso vuelvo a cerrar los ojos, para despertar en el espacio sereno que aún reconozco mío, y todo sigue en su lugar. Si, todavía soy yo.
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