Las Guerras Púnicas
La conquista del Mediterráneo Occidental empezó con la guerra de Cartago, llamada también Guerras Púnicas, por la denominación de Puni o Phoeni, que se les daba a los cartaginenses. Se llevo acabo entre los años 264 y 146 a.C. Después de conquistar la península Itálica los romanos llevaron sus armas hasta la Isla de Sicilia. Esto afectaba los intereses de los cartaginenses, ubicados en el norte de África. Esta rivalidad originó las Guerras Púnicas las cuales fueron tres.
Representación de una batalla entre Romanos y Cartaginenses
Causas de las Guerras Púnicas
La principal causa de las guerras púnicas fue el conflicto de intereses entre el Imperio Cartaginense y la por entonces República de Roma, en plena expansión y camino de convertirse en el vasto imperio en que se convirtió. Inicialmente, los romanos estaban interesados en expandirse vía Sicilia, parte de cuyo territorio estaba bajo control cartaginés que, al iniciarse la primera guerra, era el poder dominante al oeste del Mediterráneo con un gran dominio marítimo. Roma era una fuerza que ascendía rápidamente en Italia, pero carecía del poder marítimo de Cartago.
Sin embargo, al finalizar la tercera guerra tras más de cien años de luchas y la consecuente pérdida de cientos de miles de soldados por ambas partes, Roma logró conquistar el imperio cartaginés, destruyó su ciudad capital y se convirtió en la civilización más poderosa del Mediterráneo y del mundo. Al finalizar las guerras macedonias, que ocurrieron de forma simultánea a las púnicas, y con la derrota del rey Antíoco III el Grande, en la guerra entre Roma y Seléucida en el mar oriental, Roma emergió como el poder más dominante en el Mediterráneo y una de las ciudades más poderosas en la antigüedad clásica.
Sin embargo, al finalizar la tercera guerra tras más de cien años de luchas y la consecuente pérdida de cientos de miles de soldados por ambas partes, Roma logró conquistar el imperio cartaginés, destruyó su ciudad capital y se convirtió en la civilización más poderosa del Mediterráneo y del mundo. Al finalizar las guerras macedonias, que ocurrieron de forma simultánea a las púnicas, y con la derrota del rey Antíoco III el Grande, en la guerra entre Roma y Seléucida en el mar oriental, Roma emergió como el poder más dominante en el Mediterráneo y una de las ciudades más poderosas en la antigüedad clásica.
Antecedentes
A mediados del siglo III a.C., Cartago era una gran ciudad ubicada en la costa de lo que hoy conocemos por Túnez. Fundada por los fenicios a mediados del siglo XIX a.C.. Fue una poderosa ciudad-estado con una inmensa red comercial y a la que solo Roma, en toda la región, podía emular en cuanto a población, riquezas y poder. Aunque Cartago ostentaba el mayor poderío naval del mundo antiguo, no mantenía un ejército grande permanentemente. Prefería contratar mercenarios, sobre todo indígenas de Numidia, para que libraran sus batallas. No obstante, la mayoría de los oficiales que comandaban sus tropas sí eran ciudadanos naturales.
Los cartagineses eran reconocidos por sus habilidades para navegar. Muchos provenientes de las clases bajas escogían la marina para servir, lo que les proveía de ingresos estables y les permitía hacer una buena carrera. En el año 200 a. C. la República Romana había tomado control de la parte sur de la península itálica. A diferencia de Cartago, la República Romana no disponía de una flota que le permitiera ser competitiva en batallas navales contra la armada cartaginesa. Sin embargo, aunque los comandantes romanos sabían que la batalla marítima estaría perdida incluso antes de comenzar, también eran conscientes de la superioridad del Ejército de Roma sobre los mercenarios de Cartago de modo que decidió atacar Sicilia por tierra. Tras la victoria en la Primera Guerra Púnica, los romanos comenzaron a construir navíos similares a los cartagineses que les permitieran plantar cara a su armada en el Mediterráneo.
Los cartagineses eran reconocidos por sus habilidades para navegar. Muchos provenientes de las clases bajas escogían la marina para servir, lo que les proveía de ingresos estables y les permitía hacer una buena carrera. En el año 200 a. C. la República Romana había tomado control de la parte sur de la península itálica. A diferencia de Cartago, la República Romana no disponía de una flota que le permitiera ser competitiva en batallas navales contra la armada cartaginesa. Sin embargo, aunque los comandantes romanos sabían que la batalla marítima estaría perdida incluso antes de comenzar, también eran conscientes de la superioridad del Ejército de Roma sobre los mercenarios de Cartago de modo que decidió atacar Sicilia por tierra. Tras la victoria en la Primera Guerra Púnica, los romanos comenzaron a construir navíos similares a los cartagineses que les permitieran plantar cara a su armada en el Mediterráneo.
La ciudad de Cartago
Primera Guerra Púnica 264-241 a.C.
Estallido del conflicto
La primera guerra estalló en Sicilia, la isla estaba habitada por colonias griegas de la República Romana, en sus límites orientales, y asentamientos occidentales de Cartago. La participación directa de Roma en el conflicto se inició tras la petición de ayuda de la colonia griega de Mesina, ubicada en el promontorio siciliano más cercano a Italia. El reclamo de los habitantes de Mesina se desconoce si se debió más al temor por los cartagineses o por sus vecinos griegos de Siracusa, pero lo cierto es que el conflicto pronto escaló a un enfrentamiento directo entre Roma y Cartago.
Los romanos rápidamente rescataron Mesina del cerco de Cartago, la facilidad con la que se produjo este movimiento militar da a entender que los oficiales cartagineses aceptaron los términos romanos sin oponer mucha resistencia ni trazar una estrategia. Este hecho trajo consigo la crucificción por incompetencia del comandante de la guarnición de Cartago en Mesina.
Los romanos rápidamente rescataron Mesina del cerco de Cartago, la facilidad con la que se produjo este movimiento militar da a entender que los oficiales cartagineses aceptaron los términos romanos sin oponer mucha resistencia ni trazar una estrategia. Este hecho trajo consigo la crucificción por incompetencia del comandante de la guarnición de Cartago en Mesina.
Territorios de Cartago y Roma durante la Primera Guerra Púnica
Durante los años 262 y 261 a.C., las tropas romanas avanzaron sobre Sicilia y capturaron Agrigento tras un prolongado sitio. Pero su conquista no constituyó una ventaja convincente sobre los cartagineses, cuyo dominio marítimo les permitió recuperar regiones costeras de Sicilia e incluso saquear asentamientos costeros de Italia. Como resultado de esto, en el 260 a.C., el Senado de la República tomó una decisión trascendental: Cartago sería desafiado en su propio terreno y Roma, hasta ese momento poderosa solamente por tierra, comenzaría a armar una flota competitiva.
La primera armada romana – 260-255 a.C.
Como parte de las escaramuzas de apertura de la Primera Guerra Púnica, los romanos lograron capturar un barco de guerra de Cartago que se había encallado. La nave era de reciente introducción en las armadas del Mediterráneo y poseía cinco bancos de remos, con capacidad para 300 remeros, lo que la hacía más grande y pesada que las conocidas hasta entonces, tiradas por tres bancos de remos.
El tamaño de los barcos era de vital importancia en las batallas marítimas, por lo que los romanos comenzaron a construir sus buques basándose en el capturado. Por lo tanto la primera armada romana nacería integrada por potentes barcos, superiores a sus homólogos de otras marinas de la región. El Senado ordenó construir 100 como el hallado en un plazo de dos meses, muy poco tiempo, pero asombrosamente la orden fue cumplida.
Algunos remeros habilidosos, de los aliados de Roma alrededor de las costas de Italia, estaban disponibles para integrar las tripulaciones de los barcos construidos, pero aún así se precisaba de más de 30 mil hombres para echar a andar todos los navíos. Una vez seleccionados, fueron entrenados los más rápido posible en tierra, pero aún así, capacitar a tantos hombres para pelear mano a mano en el mar contra la armada más poderosa hasta ese momento, no era tarea fácil. De ahí que los romanos basaran sus esperanzas en un dispositivo probado levemente en la guerra naval griega, aunque sin mucho éxito. Dicho dispositivo estaba diseñado para proporcionar a los soldados, entrenados en legiones, una plataforma más estable desde la que atacar.
En esencia era un puente levadizo, unido al barco, que permitía ser liberado y tendido hacia la nave contra la que se peleaba. En su parte inferior, tenía un punto de metal que perforaba y se anclaba a la cubierta de la nave rival, facilitando el abordaje de las tropas romanas. El fuerte pico de metal del dispositivo y la agudeza con que perforaba, condicionaron que fuese nombrado por las tripulaciones como “el cuervo”, un artefacto que les ayudaría a ganar batallas decisivas.
El tamaño de los barcos era de vital importancia en las batallas marítimas, por lo que los romanos comenzaron a construir sus buques basándose en el capturado. Por lo tanto la primera armada romana nacería integrada por potentes barcos, superiores a sus homólogos de otras marinas de la región. El Senado ordenó construir 100 como el hallado en un plazo de dos meses, muy poco tiempo, pero asombrosamente la orden fue cumplida.
Algunos remeros habilidosos, de los aliados de Roma alrededor de las costas de Italia, estaban disponibles para integrar las tripulaciones de los barcos construidos, pero aún así se precisaba de más de 30 mil hombres para echar a andar todos los navíos. Una vez seleccionados, fueron entrenados los más rápido posible en tierra, pero aún así, capacitar a tantos hombres para pelear mano a mano en el mar contra la armada más poderosa hasta ese momento, no era tarea fácil. De ahí que los romanos basaran sus esperanzas en un dispositivo probado levemente en la guerra naval griega, aunque sin mucho éxito. Dicho dispositivo estaba diseñado para proporcionar a los soldados, entrenados en legiones, una plataforma más estable desde la que atacar.
En esencia era un puente levadizo, unido al barco, que permitía ser liberado y tendido hacia la nave contra la que se peleaba. En su parte inferior, tenía un punto de metal que perforaba y se anclaba a la cubierta de la nave rival, facilitando el abordaje de las tropas romanas. El fuerte pico de metal del dispositivo y la agudeza con que perforaba, condicionaron que fuese nombrado por las tripulaciones como “el cuervo”, un artefacto que les ayudaría a ganar batallas decisivas.
Batalla marítima durante la primera guerra
La primera victoria romana fue un duro golpe para los de Cartago, que aventajaban a sus inexpertos rivales por 30 barcos. La batalla fue en Milas, ahora Milazzo, a unas pocas millas al oeste de Mesina, en el año 260 a.C.. Los cuervos posibilitaron a los romanos destruir 50 buques cartagineses, lo que bastó para que el resto de la flota entrara en pánico.
Con el éxito Roma ganó confianza en el mar y ordenó la construcción masiva de más barcos para conformar una armada capaz de retar a Cartago en su propio territorio. La misma estuvo lista para el año 256 a.C.. La integraban 250 navíos de cinco bancos de remos, 30 mil marines, 80 barcos de transporte con 500 unidades de caballería, además de comida y suministros para el ejército completo.
Esta fuerza fue capaz de derrotar a otra flota cartaginesa antes de desembarcar de manera segura en tierras africanas, donde también tuvo triunfos tempraneros en la Primera guerra. Sin embargo, los elefantes de Cartago y su caballería le infligieron una costosa derrota en el año 255 a.C., de la que solo dos mil hombres pudieron escapar.
Por ello, otra vasta flota de 350 naves fue enviada desde Roma a tierras enemigas. Esta obtuvo una importante victoria en el mar, pero en el viaje de retorno un vendaval la hizo añicos al estrellarse los barcos contra las rocas de la costa del sur de Sicilia. Del temporal sólo pudieron librarse y regresar a casa con severos daños 80 naves.
Con el éxito Roma ganó confianza en el mar y ordenó la construcción masiva de más barcos para conformar una armada capaz de retar a Cartago en su propio territorio. La misma estuvo lista para el año 256 a.C.. La integraban 250 navíos de cinco bancos de remos, 30 mil marines, 80 barcos de transporte con 500 unidades de caballería, además de comida y suministros para el ejército completo.
Esta fuerza fue capaz de derrotar a otra flota cartaginesa antes de desembarcar de manera segura en tierras africanas, donde también tuvo triunfos tempraneros en la Primera guerra. Sin embargo, los elefantes de Cartago y su caballería le infligieron una costosa derrota en el año 255 a.C., de la que solo dos mil hombres pudieron escapar.
Por ello, otra vasta flota de 350 naves fue enviada desde Roma a tierras enemigas. Esta obtuvo una importante victoria en el mar, pero en el viaje de retorno un vendaval la hizo añicos al estrellarse los barcos contra las rocas de la costa del sur de Sicilia. Del temporal sólo pudieron librarse y regresar a casa con severos daños 80 naves.
Sicilia, Cerdeña y Córcega – 255-238 a.C.
La pérdida masiva de vidas en la tormenta en Sicilia (cerca de cien mil remeros y soldados), redujo el entusiasmo romano por las campañas marítimas. A tono con ello, trasladaron el conflicto a la isla de Sicilia, donde desarrollaron una guerra larga de desgaste.
De forma gradual, los romanos cortaron las rutas de suministro de los pueblos cartagineses, lo que unido a la victoria naval obtenida en el año 241 a.C. en Trapani, en el extremo noroccidental de la isla, le permitió consolidar su dominio en la guerra. Como consecuencia de esto, el comandante de las tropas de Cartago fue crucificado y el gobierno derrotado accedió a negociar la paz.
De forma gradual, los romanos cortaron las rutas de suministro de los pueblos cartagineses, lo que unido a la victoria naval obtenida en el año 241 a.C. en Trapani, en el extremo noroccidental de la isla, le permitió consolidar su dominio en la guerra. Como consecuencia de esto, el comandante de las tropas de Cartago fue crucificado y el gobierno derrotado accedió a negociar la paz.
Tírremes cartaginenses
Mediante el acuerdo, Cartago cedió sus territorios de Sicilia a Roma y pagó a la República una gran indemnización. De igual forma, se comprometió a que ningún barco de guerra de su propiedad ingresaría en aguas itálicas. De esta manera, ninguno de los dos poderes interferiría en los territorios del otro. Sin embargo, muy pronto quedó en evidencia que Roma no tenía intención de respetar su parte del acuerdo y que iría por más, en su camino a consolidarse como un futuro imperio.
Cuando una rebelión estalló en el 238 a.C. en Cerdeña, otra isla cartaginés, Roma envió un ejército para asistir a los rebeldes. Como resultado, la isla pasó a dominio romano en el año 227 a.C. y se convirtió tras Sicilia, en la segunda provincia de Roma. Con el fin de este conflicto y su acuerdo final, que increíblemente incluyó otra indemnización de Cartago, Córcega, nominalmente cartaginés, fue traspasada también a Roma.
Cuando una rebelión estalló en el 238 a.C. en Cerdeña, otra isla cartaginés, Roma envió un ejército para asistir a los rebeldes. Como resultado, la isla pasó a dominio romano en el año 227 a.C. y se convirtió tras Sicilia, en la segunda provincia de Roma. Con el fin de este conflicto y su acuerdo final, que increíblemente incluyó otra indemnización de Cartago, Córcega, nominalmente cartaginés, fue traspasada también a Roma.
Expansión Cartaginesa en España – 238-218 a.C.
Con la posesión romana de las mayores islas del occidente del Mediterráneo, Cartago apuntó sus intereses geopolíticos para compensar sus pérdidas hacia la península ibérica, específicamente el territorio que hoy ocupa España. De hecho, la ciudad de Cartagena o Nuevo Cartago, es fundada por ese entonces. Esta posesión tenía dos ventajas para Cartago: un rico puerto en la costa de España, justo frente a Cartago, y una cercanía valiosa a minas ricas en oro y plata. Sin embargo, la presión cartaginesa por extenderse más al norte en España, despertó las alarmas en Roma que la vio como una amenaza para sus posesiones en el sur de Francia.
Un tratado firmado por ambas partes en el 225 a.C. establecía al río Ebro como la línea limítrofe de los intereses romanos y cartagineses en España. Era tan al norte, que ciertamente la península ibérica era reconocida como una provincia de Cartago. El avance cartaginés en España fue vigorosamente ejecutado por una familia de talentosos generales que prácticamente devinieron en los gobernadores hereditarios del territorio. El primero de ellos fue Amilcar Barca, quien murió en batalla en el 228 a.C.. Su lugar fue ocupado por su yerno, Asdrúbal, a quien asesinaron siete años después.
Un tratado firmado por ambas partes en el 225 a.C. establecía al río Ebro como la línea limítrofe de los intereses romanos y cartagineses en España. Era tan al norte, que ciertamente la península ibérica era reconocida como una provincia de Cartago. El avance cartaginés en España fue vigorosamente ejecutado por una familia de talentosos generales que prácticamente devinieron en los gobernadores hereditarios del territorio. El primero de ellos fue Amilcar Barca, quien murió en batalla en el 228 a.C.. Su lugar fue ocupado por su yerno, Asdrúbal, a quien asesinaron siete años después.
Expansión de Cartago en Hispania
Asdrúbal fue sucedido por su cuñado, un hijo de Amilcar, que tan joven como a la edad de 26 años es proclamado como comandante en Jefe del ejército de Cartago en la región. El nombre de este individuo, famoso aún en nuestros días, era Aníbal Barca. Como comandante, Aníbal consolidó la presencia cartaginesa en España hasta el año 218 a.C., cuando Roma forzó una discrepancia diplomática por su sitio a Sagunto, un pueblo bastante al sur del río Ebro.
Segunda Guerra Púnica – 218-201 a.C.
Tras la Primera Guerra Púnica, en la que Roma y Cartago se enfrentaron por el dominio de Sicilia y luego Cerdeña, las tensiones políticas existentes entre ambas civilizaciones eran permanentes. Fue prácticamente inevitable que estallara una segunda guerra que enfrentara a las principales potencias del Mediterráneo puesto que las indemnizaciones que Cartago tuvo que pagar a Roma eran excesivas, así que el pueblo cartaginés comenzó su expansión por la península ibérica para ganar dinero. Este proceso expansivo chocó de nuevo con Roma derivando en la Segunda Guerra Púnica.
Inicio de la Segunda Guerra Púnica
Los cartagineses se expanden por la península ibérica hasta que llegan al límite marcado por los romanos en el río Ebro, atacan Sagunto, aliada romana y Roma les declara la guerra que se dividió en dos frentes. Por un lado la guerra en la península ibérica y por otro la heroica marcha del general cartaginés Aníbal a través de los Pirineos y los Alpes hasta llegar a las puertas de Roma.
Llegada de Aníbal a territorio romano
Marcha de Aníbal sobre Roma
Aníbal Barca forzó el estallido e inició la marcha sobre Roma, una audaz decisión basada en la idea de que la mejor oportunidad de victoria consistía en llevar a cabo una larga campaña en tierras itálicas. En mayo del año 218 a.C., Aníbal marchó al norte desde Cartagena con un ejército de cerca de 32.000 efectivos de infantería, 8.000 de caballería y 37 elefantes. A pesar de lo dificultoso de la ruta, en la que tuvo que cruzar los Alpes bajo el asedio de tribus hostiles, el líder cartaginés y sus tropas llegaron al norte de Italia en octubre de ese mismo año.
Sin embargo, el enfrentamiento con tribus celtas y las dificultades del viaje tuvieron un elevado costo. Al suelo de Italia llegaron 20.000 soldados de infantería, 6.000 de caballería, y el número de elefantes sobrevivientes no ha sido nunca precisado. Para Diciembre, dos meses después de su llegada y tras la derrota o retirada táctica de varias fuerzas romanas, el ejército cartaginés volvió a incrementarse en número y entonces integró a 28.000 infantes y 10.000 efectivos de caballería. Este incremento en el número de tropas viene producido por la unión de fuerzas galas y celtas al ejército de Aníbal, que dejaron de ser leales a Roma ante la debilidad que mostraban sus legiones.
Sin embargo, el enfrentamiento con tribus celtas y las dificultades del viaje tuvieron un elevado costo. Al suelo de Italia llegaron 20.000 soldados de infantería, 6.000 de caballería, y el número de elefantes sobrevivientes no ha sido nunca precisado. Para Diciembre, dos meses después de su llegada y tras la derrota o retirada táctica de varias fuerzas romanas, el ejército cartaginés volvió a incrementarse en número y entonces integró a 28.000 infantes y 10.000 efectivos de caballería. Este incremento en el número de tropas viene producido por la unión de fuerzas galas y celtas al ejército de Aníbal, que dejaron de ser leales a Roma ante la debilidad que mostraban sus legiones.
Lago Trasimeno – 217 a.C.
Luego de invernar en Bolonia, Aníbal se desplazó al sur en la primavera del año 217 a.C.. En mayo logró atraer fuerzas romanas hacia una trampa. Era una mañana neblinosa y los romanos se desplazaron hacia una estrecha llanura, adyacente al lago Trasimeno, desconociendo que en las colinas que rodeaban el lago se encontraba apostado el ejército cartaginés. Cuando este último atacó, los romanos estaban desprevenidos y carentes de defensa alguna.
La emboscada en Trasimeno tiñó el lago de sangre y más de 15 mil soldados perdieron la vida, con un saldo muy favorable para el ejército de Cartago. Las mieles del éxito consolidaron la voluntad de Aníbal de continuar su marcha sobre Roma. Esperaba que sus triunfos militares animaran a muchos de los aliados romanos, a menudo descontentos, a acompañarlo.
La emboscada en Trasimeno tiñó el lago de sangre y más de 15 mil soldados perdieron la vida, con un saldo muy favorable para el ejército de Cartago. Las mieles del éxito consolidaron la voluntad de Aníbal de continuar su marcha sobre Roma. Esperaba que sus triunfos militares animaran a muchos de los aliados romanos, a menudo descontentos, a acompañarlo.
Romanos y Cartaginenses enfrentándose durante la Segunda Guerra Púnica
Batalla de Cannas – 216 a.C.
En el año 216 a.C. se produjo la mayor victoria de Aníbal sobre los romanos, una de las batallas más famosas de la historia. Los ejércitos enemigos se encontraron cerca de la costa este de Italia, en Cannas, una llanura abierta que el líder de Cartago había elegido para que su caballería, que superaba en número a la de esa facción de la romana, operase con comodidad.
La batalla se inició con un choque de las infanterías ligeras contrarias, que se enfrentaron con armas arrojadizas, entre ellas jabalinas y hondas. Ninguno de los lados parecía haber obtenido mucha ventaja y, a medida que las líneas principales opuestas se aproximaban entre sí, la infantería ligera se retiró tras sus respectivas infanterías pesadas. Entre tanto, en los flancos, la caballería española y celta avanzó a la carrera para entablar estrecho combate con los jinetes romanos. En este flanco, la ventaja estaba de parte de la caballería cartaginesa, que era más numerosa y probablemente estaba más fuertemente armada, con más armadura. El resultado fue que la caballería romana fue aplastada. Paulo fue herido y derribado de su caballo en el combate, y finalmente fue abatido. En el otro flanco, los númidas trabaron combate con la caballería italiana en una prolongada escaramuza, sin que ninguno de los bandos lograra imponerse. Por desgracia para los italianos, los jinetes celtas y españoles, en lugar de continuar su persecución de la caballería romana, cabalgaron por detrás del ejército romano y atacaron a los jinetes italianos por el flanco mientras estos combatían todavía con los númidas. Esto fue demasiado para los italianos, que se desbandaron y huyeron. La persecución de los italianos quedó para los númidas, mientras que la caballería pesada cartaginesa se reagrupó en la retaguardia del ejército romano.
Mientras se desarrollaban las batallas de la caballería, las dos líneas de combate de infantería se enfrentaron. En el combate inicial, las romanos empezaron a adquirir ventaja. El centro desprotegido de los celtas y españoles se vio fuertemente presionado por los romanos a medida que los manípulos romanos avanzaban para atacar el ápice de la formación cóncava. Aunque estos soldados se vieron muy presionados por los romanos, no se desbandaron. Al mismo tiempo, las veteranas tropas libias avanzaron hasta presionar los flancos de la línea de batalla de los legionarios, que había avanzado para atacar a los celtas y a los españoles.
La batalla se inició con un choque de las infanterías ligeras contrarias, que se enfrentaron con armas arrojadizas, entre ellas jabalinas y hondas. Ninguno de los lados parecía haber obtenido mucha ventaja y, a medida que las líneas principales opuestas se aproximaban entre sí, la infantería ligera se retiró tras sus respectivas infanterías pesadas. Entre tanto, en los flancos, la caballería española y celta avanzó a la carrera para entablar estrecho combate con los jinetes romanos. En este flanco, la ventaja estaba de parte de la caballería cartaginesa, que era más numerosa y probablemente estaba más fuertemente armada, con más armadura. El resultado fue que la caballería romana fue aplastada. Paulo fue herido y derribado de su caballo en el combate, y finalmente fue abatido. En el otro flanco, los númidas trabaron combate con la caballería italiana en una prolongada escaramuza, sin que ninguno de los bandos lograra imponerse. Por desgracia para los italianos, los jinetes celtas y españoles, en lugar de continuar su persecución de la caballería romana, cabalgaron por detrás del ejército romano y atacaron a los jinetes italianos por el flanco mientras estos combatían todavía con los númidas. Esto fue demasiado para los italianos, que se desbandaron y huyeron. La persecución de los italianos quedó para los númidas, mientras que la caballería pesada cartaginesa se reagrupó en la retaguardia del ejército romano.
Mientras se desarrollaban las batallas de la caballería, las dos líneas de combate de infantería se enfrentaron. En el combate inicial, las romanos empezaron a adquirir ventaja. El centro desprotegido de los celtas y españoles se vio fuertemente presionado por los romanos a medida que los manípulos romanos avanzaban para atacar el ápice de la formación cóncava. Aunque estos soldados se vieron muy presionados por los romanos, no se desbandaron. Al mismo tiempo, las veteranas tropas libias avanzaron hasta presionar los flancos de la línea de batalla de los legionarios, que había avanzado para atacar a los celtas y a los españoles.
Batalla de Cannas
El resultado fue una enorme doble envolvente de las legiones romanas. Cuando los libios atacaron los flancos, las formaciones romanas no podían mantener ya el ímpetu para rechazar a la infantería española y celta en el centro. La destrucción casi total del ejército romano se completó cuando la caballería pesada española y celta cargó contra su retaguardia. Las bajas resultantes fueron asombrosas; los romanos contaron unos 48.000 muertos, entre ellos el cónsul Paulo, y más de 20000 prisioneros, que convirtieron a Cannas en una de las derrotas más sangrientas de ningún otro ejército europeo en un solo día de combate.
Las tácticas de Fabián – 216-203 a.C.
Después de la victoria en Cannas, más aliados de Roma se unieron a la causa de Aníbal. No obstante, la mayoría se mantuvo firme en su lealtad al gobierno de los césares, lo que supuso a la larga la derrota de Cartago. Aníbal logró reunir el ejército más poderoso de la península itálica, pero sin que fuera suficiente para subyugar a Roma.
La República Romana ejecutó una estrategia devastadora, promovida por Quinto Fabio Máximo. El éxito de la política de este último le mereció el título de Cunctator (el que retrasa). Su técnica consistió en molestar continuamente al ejército de Aníbal, cortándole las líneas de suministros e impidiéndole un tránsito fácil, pero siempre evitando los enfrentamientos directos y masivos. Gradualmente, en doce años la estrategia romana fructificó. Las tropas de Aníbal fueron perdiendo su fuerza con los continuos enfrentamientos.
No obstante, actualmente sigue resultando extraordinario para los estudiosos del tema la gran cantidad de tiempo que Aníbal permaneció dentro de Italia como una fuerza extranjera, prácticamente aislada y que apenas recibió unos pocos refuerzos de Cartago durante el conflicto. Desde su llegada a través de los Alpes en el 218 a.C., el ejército cartaginés no abandonaría el suelo romano hasta el año 203 a.C., cuando debió partir para defender Cartago, amenazada en ese momento por un ejército romano. En el año 202 a.C. Aníbal, sufrió en Zama la primera gran derrota de su vida y también la primera derrota cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica.
El líder cartaginés nunca trató de destruir la capital del Imperio Romano aunque era un movimiento que tenía al alcance de su mano debido a que consideraba más importante tratar de lograr el apoyo de las tribus y poblaciones conquistadas en años anteriores por Roma y obligar a esta a pactar por la paz.
La República Romana ejecutó una estrategia devastadora, promovida por Quinto Fabio Máximo. El éxito de la política de este último le mereció el título de Cunctator (el que retrasa). Su técnica consistió en molestar continuamente al ejército de Aníbal, cortándole las líneas de suministros e impidiéndole un tránsito fácil, pero siempre evitando los enfrentamientos directos y masivos. Gradualmente, en doce años la estrategia romana fructificó. Las tropas de Aníbal fueron perdiendo su fuerza con los continuos enfrentamientos.
No obstante, actualmente sigue resultando extraordinario para los estudiosos del tema la gran cantidad de tiempo que Aníbal permaneció dentro de Italia como una fuerza extranjera, prácticamente aislada y que apenas recibió unos pocos refuerzos de Cartago durante el conflicto. Desde su llegada a través de los Alpes en el 218 a.C., el ejército cartaginés no abandonaría el suelo romano hasta el año 203 a.C., cuando debió partir para defender Cartago, amenazada en ese momento por un ejército romano. En el año 202 a.C. Aníbal, sufrió en Zama la primera gran derrota de su vida y también la primera derrota cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica.
El líder cartaginés nunca trató de destruir la capital del Imperio Romano aunque era un movimiento que tenía al alcance de su mano debido a que consideraba más importante tratar de lograr el apoyo de las tribus y poblaciones conquistadas en años anteriores por Roma y obligar a esta a pactar por la paz.
Fin de la Segunda Guerra Púnica – 201-150 a.C.
El tratado que puso fin a la segunda guerra fue más devastador para Cartago que su predecesor. Debió renunciar a sus posesiones en España y a las islas que le quedaban en el Mediterráneo, además de contraer el compromiso de pagar durante 50 años una indemnización masiva y elevada. De igual forma, Cartago accedió a subordinarse a Roma en todas las materias relacionadas con la guerra y política exterior. Políticamente, esto representaba el fin para Cartago, pero a nivel comercial, los descendientes de los fenicios demostraron que no estaban acabados y para mediados del siglo su esplendor volvió a despertar los celos y temores de Roma.
“Delenda est Carthago” (Cartago debe ser destruido), fue la frase obsesiva de Cato, un líder orador de Roma por ese entonces. La tercera guerra entre las dos partes comenzaba a asomar.
“Delenda est Carthago” (Cartago debe ser destruido), fue la frase obsesiva de Cato, un líder orador de Roma por ese entonces. La tercera guerra entre las dos partes comenzaba a asomar.
Tercera Guerra Púnica – 149-146 a.C.
La última de las tres guerras púnicas fue de menor duración que sus predecesoras (149–146 a.C.). Estuvo enfocada principalmente en el territorio de lo que hoy conocemos por Túnez y el escenario fundamental fue el cerco o sitio a Cartago por parte de Roma. Como resultado de esta guerra, Cartago fue completamente destruida y sus territorios anexionados por Roma, con lo que su independencia llegaba a su fin. De igual forma, su población sobreviviente fue sometida a régimen de esclavitud.
Antecedentes de la Tercera Guerra Púnica
En los años comprendidos entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica, Roma estuvo enfrascada en la conquista del imperio helenístico hacia el este y sin misericordia reprimió a los pueblos hispánicos en el oeste, a pesar de que estos habían sido esenciales para el triunfo romano en la Segunda Guerra Púnica. Cartago, despojado de aliados y territorios tras su derrota en los conflictos anteriores, sufrió durante 50 años el pago de una extensiva indemnización a Roma, contemplada en el tratado de paz de la Segunda Guerra Púnica.
En el Senado romano, centraba habitualmente acalorados debates debido a que algunos oradores como Cato el Mayor eran partidarios de destruirla completamente y otros abogaban por vías diferentes de coexistencia que no contemplaran su destrucción.
En el Senado romano, centraba habitualmente acalorados debates debido a que algunos oradores como Cato el Mayor eran partidarios de destruirla completamente y otros abogaban por vías diferentes de coexistencia que no contemplaran su destrucción.
Puerto de Cartago
De igual forma, el tratado de paz establecía que todas las disputas fronterizas que envolviesen a Cartago serían intermediadas y resueltas por el Senado romano, entidad que además aprobaría si Cartago podía ir a la guerra o no. Como consecuencia de esto, en los 50 años entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica, todas las disputas entre Numidia, un aliado de Roma, y Cartago fueron resueltas en Roma, mayormente en favor de la primera. Pero la situación cambió gracias a la eficiencia comercial y económica de Cartago. Para el año 151 a.C. ya su deuda con Roma estaba saldada y esto fue interpretado por los cartagineses que los términos del tratado de paz llegaban a su fin. Sin embargo, para los romanos el tratado era una declaración permanente de subordinación de Cartago hacia Roma.
Además, la culminación del pago de la indemnización favorecía intereses hegemónicos y expansivos, pues Roma podía lanzarse a la conquista de Cartago sin necesidad de interrumpir entradas considerables y continuas de dinero. Otra arista que explica el interés que se impuso en Roma por conquistar Cartago es de índole económica. Para mediados del segundo siglo a.C. la población de la ciudad romana rondaba los 400.000 habitantes e iba en ascenso, lo cual significaba un aumento de la necesidad de alimentos y mercancías. En ese sentido, las tierras que rodeaban Cartago eran las más productivas, accesibles y quizás las de mayor rendimiento agrario, entre todas las que hasta ese momento estaban bajo el control romano.
Además, la culminación del pago de la indemnización favorecía intereses hegemónicos y expansivos, pues Roma podía lanzarse a la conquista de Cartago sin necesidad de interrumpir entradas considerables y continuas de dinero. Otra arista que explica el interés que se impuso en Roma por conquistar Cartago es de índole económica. Para mediados del segundo siglo a.C. la población de la ciudad romana rondaba los 400.000 habitantes e iba en ascenso, lo cual significaba un aumento de la necesidad de alimentos y mercancías. En ese sentido, las tierras que rodeaban Cartago eran las más productivas, accesibles y quizás las de mayor rendimiento agrario, entre todas las que hasta ese momento estaban bajo el control romano.
Transcurso de la Tercera Guerra Púnica
En el año 151 a.C. Numidia emprendió otra disputa fronteriza contra Cartago y sitió el pueblo cartaginés de Oroscopa. En respuesta Cartago lanzó una gran expedición militar de 25.000 soldados pero ello no evitó que sufriese una derrota militar y le fuese impuesta otra indemnización durante 50 años. De manera inmediata, Roma mostró su desaprobación a la decisión de Cartago de emprender la guerra con uno de sus aliados sin su consentimiento y le impuso la condición para evitar una tercera guerra entre ellos de “satisfacer al pueblo romano”.
Dos años después Roma declaró la guerra contra Cartago. Para tratar de apaciguarla, los cartagineses hicieron varias gestiones y obtuvieron la promesa de que si 300 muchachos de la clase alta eran enviados como rehenes a Roma, podrían mantener los derechos sobre su tierra y su propio gobierno.
Dos años después Roma declaró la guerra contra Cartago. Para tratar de apaciguarla, los cartagineses hicieron varias gestiones y obtuvieron la promesa de que si 300 muchachos de la clase alta eran enviados como rehenes a Roma, podrían mantener los derechos sobre su tierra y su propio gobierno.
Asedio de Cartago por parte de los romanos
Tras esto, la ciudad de Útica, un aliado púnico, declaró su desafecto hacia Roma y esta congregó allí un ejército de 80.000 hombres. Entonces los cónsules demandaron a Cartago que depusiera todas sus armas y luego de esto le ordenó que moviese sus fronteras 16 kilómetros, mientras la ciudad principal iba a ser incendiada. Cuando Cartago comprendió las intenciones romanas decidió abandonar las negociaciones. La ciudad fue sitiada, iniciándose así la Tercera Guerra Púnica.
Después de que la principal expedición romana se apostase en Útica, los cónsules Manius Manilius y Lucius Marcius Censorius lanzaron un ataque por dos flancos a Cartago, que fue eventualmente rechazado por el ejército de los generales cartagineses Asdrúbal el Boeotarch y Himilco Phameas. Censorius perdió más de 500 hombres cuando fue sorprendido por la caballería de Cartago mientras recolectaba madera en las cercanías del lago Tunis. Un desastre mayor cayó sobre los romanos cuando su flota fue abrasada por las bolas de fuegos lanzadas desde barcos cartagineses.
Ante los fracasos, Manilius fue reemplazado por el cónsul Calpurniues Piso en el año 149 a.C. después de una severa derrota del ejército romano en Nepheris, al sur de la ciudad principal, donde había una fortaleza cartaginesa.
En el otoño del año siguiente Piso tuvo que retirarse luego de fallar en su intento por tomar la ciudad de Aspis, cerca de Cape Bon. Esto no le hizo cesar en su empeño y cargó contra el pueblo de Hippagreta en el norte, pero su ejército fue incapaz de derrotar a los púnicos allí antes de la llegada del invierno y tuvieron que retirarse nuevamente. Cuando estas noticias llegaron a Roma, Piso fue sustituido como cónsul por Scipio Aemilianus conocido como Escipión el Africano.
Los cartagineses resistieron las embestidas romanas desde inicios del año 149 a.C. hasta la primavera del 146 a.C., cuando Escipión invadió con éxito la ciudad. Aunque el pueblo púnico peleó valientemente, fueron de manera gradual cediendo terreno ante la supremacía de la fuerza militar romana, hasta ser derrotados completamente.
Después de que la principal expedición romana se apostase en Útica, los cónsules Manius Manilius y Lucius Marcius Censorius lanzaron un ataque por dos flancos a Cartago, que fue eventualmente rechazado por el ejército de los generales cartagineses Asdrúbal el Boeotarch y Himilco Phameas. Censorius perdió más de 500 hombres cuando fue sorprendido por la caballería de Cartago mientras recolectaba madera en las cercanías del lago Tunis. Un desastre mayor cayó sobre los romanos cuando su flota fue abrasada por las bolas de fuegos lanzadas desde barcos cartagineses.
Ante los fracasos, Manilius fue reemplazado por el cónsul Calpurniues Piso en el año 149 a.C. después de una severa derrota del ejército romano en Nepheris, al sur de la ciudad principal, donde había una fortaleza cartaginesa.
En el otoño del año siguiente Piso tuvo que retirarse luego de fallar en su intento por tomar la ciudad de Aspis, cerca de Cape Bon. Esto no le hizo cesar en su empeño y cargó contra el pueblo de Hippagreta en el norte, pero su ejército fue incapaz de derrotar a los púnicos allí antes de la llegada del invierno y tuvieron que retirarse nuevamente. Cuando estas noticias llegaron a Roma, Piso fue sustituido como cónsul por Scipio Aemilianus conocido como Escipión el Africano.
Los cartagineses resistieron las embestidas romanas desde inicios del año 149 a.C. hasta la primavera del 146 a.C., cuando Escipión invadió con éxito la ciudad. Aunque el pueblo púnico peleó valientemente, fueron de manera gradual cediendo terreno ante la supremacía de la fuerza militar romana, hasta ser derrotados completamente.
Batalla entre romanos y cartaginenses durante la Tercera Guerra Púnica
Final de la Tercera Guerra Púnica
Muchos cartagineses murieron producto del hambre durante la última parte del conflicto, y muchos otros en los escenarios militares durante los seis días finales de la guerra. Cuando esta terminó, los 50.000 hijos de Cartago que permanecieron con vida, una pequeña parte de la población existente antes del enfrentamiento bélico, fueron esclavizados por los vencedores.
La ciudad fue consumida por las llamas durante 17 días. Sus muros y edificaciones fueron completamente destruidos. Los territorios cartagineses que sobrevivieron a la destrucción, fueron anexados por Roma y reconstituidos como la provincia romana de África. Un siglo después, Cartago fue reconstruida como una ciudad romana por Julio César, y poco tiempo después se convirtió en una de las principales poblaciones Imperio en el continente africano.
La ciudad fue consumida por las llamas durante 17 días. Sus muros y edificaciones fueron completamente destruidos. Los territorios cartagineses que sobrevivieron a la destrucción, fueron anexados por Roma y reconstituidos como la provincia romana de África. Un siglo después, Cartago fue reconstruida como una ciudad romana por Julio César, y poco tiempo después se convirtió en una de las principales poblaciones Imperio en el continente africano.
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Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos:
Las Guerras Médicas
Biografía de Alejandro Magno
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Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos.
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