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Usuario (República de Macedonia)
La Batalla de Halbe La batalla de Halbe ocurrió en los últimos días de abril de 1945 junto al bosque de Spreewald, cerca del río Spree, específicamente en la aldea Halbe, a unos 100 km al sureste de Berlín. Habiendo sido cercados por el Ejército Rojo, el General Theodor Busse intentó reunir su IX Ejército con el XII° Ejército, bajo el mando del General Walther Wenck, para juntos entregar sus hombres a las fuerzas angloamericanas. Además de ser continuamente hostigados por los soviéticos, el IX Ejército iba acompañado por caravanas de refugiados, que hacían más difícil la retirada. Antecedentes A finales de abril, al inicio de la batalla de Berlín, el IX Ejército se encontraba apostado detrás del Oder, protegiendo desde Wriezen hasta Fráncfort. El 17 de abril, el I Frente Ucraniano de Iván Kónev irrumpió al sur de Fráncfort con el objetivo de llegar a Berlín desde el sur y reunirse con el I Frente Bielorruso del general Georgui Zhúkov, rodeando a la capital germana con un clásico movimiento de pinzas. A pesar de que sus hombres corrían el riesgo de ser rodeados, Busse decidió no retirarse al sur para enfrentar a Kónev, ya que pensaba que los aliados occidentales llegarían primero a Berlín. El 19 de abril, Busse le dijo al Coronel General Gotthard Heinrici: Los Estados Unidos tienen gran interés en alejar a los rusos de Berlín. Para el 21 de abril el Ejército Rojo estaba cerrando el cerco sobre Berlín gracias a los dos frentes soviéticos de Zhúkov y Kónev. El IX Ejército Alemán, comandado por el general Theodor Busse, podía encontrarse directamente con los tanques de Kónev, que venían acercándose desde el suroeste. Kónev prefería rodear a Busse, puesto que tenía órdenes directas de Stalin de llegar a Berlín lo más pronto posible, y personalmente deseaba alcanzar la capital alemana antes que las fuerzas de Zhúkov. La sugerencia de Heinrici de que Busse se retirara del Oder, contrariando órdenes de Hitler, fue rechazada por Busse, quien ahora alegaba que debía mantenerse en su posición hasta que las fuerzas en Fráncfort, al mando de Ernst Biehler, pudieran hacer contacto con el resto del IX Ejército. El 22 de abril, Hitler sufrió un colapso luego de aceptar finalmente que la guerra se había perdido. Para calmarlo el general Alfred Jodl sugirió que el IX Ejército de Busse abandonara el Frente Oriental y se dirigiera al oeste para reunirse con el XII Ejército en el Frente Occidental, luego juntos regresarían a Berlín para levantar el sitio. Las probabilidades de éxito de este plan eran mínimas, dado que en ese momento el IX Ejército estaba rodeado completamente y junto con ellos se encontraban los restos de varios cuerpos de ejército, sumando un total de 80.000 soldados. Cuando Busse recibió las órdenes, comprendió que el sólo hecho de reunirse con el XII Ejército de Wenck sería una hazaña. Ese mismo día, Biehler, después de ser ascendido a General, recibió el permiso de retirar a sus hombres de Fráncfort, que se llevaron consigo a 30.000 heridos y refugiados, para hacer contacto con el IX Ejército. La batalla. El General Busse llamó inmediatamente a Wenck y le dijo que iba a encontrarse con él, tal como Hitler le había ordenado, pero que no regresaría a Berlín, sino que cruzaría el Elba y se entregaría a los Aliados. Wenck aceptó y el 24 de abril envió únicamente al XX Cuerpo de Ejército a Potsdam para intentar sacar a los refugiados y a la guarnición de Berlín, mientras que el grueso de su ejército se dirigía al este a intentar acercarse a Busse, que según sus propias palabras iba a a abrirse paso como una oruga. El IX Ejército utilizó los 31 tanques que le quedaban para encabezar la caravana que iba a abrirse paso rápidamente, intentando no dar tiempo a los soviéticos de detenerlos. Cuando el comandante del Primer Frente Bielorruso, Georgy Zhukov, se percató de la posible vía de escape de las fuerzas atrapadas en el cerco, inmediatamente envió tropas al bosque de Spreewald a reforzar el cerco. Koniev deseaba la gloria de capturar al IX Ejército para él, por lo que mandó también tropas a reforzar el cerco. En la mañana del 26 de abril, la columna alemana logró llegar al llamado punto débil del cerco justo cuando los dos grupos soviéticos cerraban completamente la bolsa. Muchos alemanes consiguieron cruzar antes de que estallara la batalla, pero otros tuvieron que cruzar abriéndose paso bajo fuerte artillería y ataques aéreos, y otros quedaron atrapados. En este momento Hitler se enteró de que el verdadero plan de Busse no era regresar a Berlín, sino escapar al oeste, y furioso mandó a llamar de vuelta al IX Ejército, pero el general Busse ignoró esa orden. Toda esa noche y el día siguiente los alemanes entablaron combates para romper el cerco soviético cerca de la aldea de Halbe, pero si bien lograron escapar algunos soldados, no hubo evacuación masiva. El 28 de abril los alemanes intentaron abrirse paso de nuevo por el Bosque de Spreewald, y si bien muchos escaparon, muchos también murieron en el intento. La columna alemana se encontraba en ese momento dispersa por todo el bosque, y los soviéticos empezaron a rodear a cada segmento y destruirlo. La situación en Halbe era un caos total, todas las unidades se habían mezclado y tropas de la Wehrmacht y las SS se culpaban entre sí del desastre actual. Al mismo tiempo, los soldados más jóvenes desertaban en masa y se escondían en las casas de los habitantes, algunos soldados intentaban sacarlos, pero eran asesinados por los desertores. Finalmente casi 25.000 soldados pudieron romper el cerco y escapar, otros 30.000 soldados alemanes murieron y los restantes fueron capturados y enviados a campos de prisioneros. Muchas unidades fueron diezmadas, por ejemplo, la 32ª División SS de granaderos Panzer había iniciado la retirada con 20.000 efectivos, después de diez días contaba con sólo 15.000 hombres. Solamente dos tanques Tiger continuaron hasta el final. Las tropas alemanas evacuaron la zona junto con los civiles en varios intentos de ruptura. De hecho hasta el 1 de mayo hubo soldados alemanes que en pequeños grupos aislados huyeron del cerco soviético, si bien el contingente principal de tropas huyó con los civiles hasta el 28 de abril. Después de pasar días sin dormir y cruzar a nado ríos helados, Busse y sus hombres lograron reunirse con el XII Ejército de Wenck, completamente agotados, algunos se desmayaron. Sin embargo, la marcha estaba lejos de concluir, ya que tuvieron que continuar inmediatamente la retirada junto a las tropas de Wenck el mismo 28 de abril, porque los soviéticos les pisaban los talones, y no pudieron parar hasta que establecieron contacto con los norteamericanos dos días después. Consecuencias Hoy en día, en el Cementerio de Halbe hay enterrados cerca de 20.000 alemanes, y en un cementerio cercano al camino Mark-Zossen están las tumbas de unos 35.000 soldados soviéticos. Sin embargo, cada año se encuentran las osamentas de numerosos soldados, por lo que se cree que la cifra de bajas es mucho mayor. Se estima además que unos 10.000 civiles perecieron en la batalla. Tal como lo supuso Busse, el hecho de haber escapado más de 25.000 soldados y miles de civiles al cerco soviético es una hazaña, y Busse y Wenck fueron recordados por numerosos soldados como los generales que salvaron muchas vidas al desobedecer a Hitler, si bien hubieran podido salvar muchas más si lo hubieran hecho unos días antes. Walther Wenck

Primera Guerra Médica Se denomina Primera Guerra Médica a la primera invasión de los persas. En el año 493 a.C. mientras la flota y la armada persa se concentraban para una gran expedición contra el mundo griego, aparecía Temístocles en la escena política ateniense. Temístocles hizo comenzar la construcción de las fortificaciones de El Pireo. En la primavera del año 492 a.C. los persas, tras someter Tracia occidental y Macedonia se retiraron de nuevo a Asia. En el año 491 a.C. Darío dio un ultimátum a la Hélade griega exigiendo tributos, amenazando con una invasión. La mayoría de las ciudades griegas aceptaron la sumisión, excepto Atenas y Esparta, que dieron muerte a los heraldos persas, lo que provoco la primera guerra médica. Persia envió contra el continente dos expediciones militares. La primera en el año 490 a.C. con un carácter de conquista o posiblemente de castigo, dirigida por Darío I. La segunda en el año 480 a.C. fue dirigida por Jerjes como represión o revancha contra el mundo griego. En el año 490 a.C. los persas prepararon en Cilica una nueva expedición al mando de Datis, Artafemes con el fin de tomar represalias contra Atenas y Eretria por su apoyo a la insurrección jonia y la destrucción de Sardes en el año 498 a.C. Tras tomar Naxos. cuya principal ciudad fue destruida, los persas llegaron a Délos, pero Datis prohibió saquear la isla, respetando el santuario de Apolo quien adoró y dedicó una ofrenda de trescientos talentos, después destruyeron Eretria. Mapa de las campañas de las Guerras Médicas Los persas habían traído consigo al ex tirano Hipias, entonces ya un anciano, con el evidente propósito de restaurarle en el poder y tener asegurada la fidelidad de los atenienses. Milcíades consiguió que la Ekklesia aceptara presentar batalla a los persas, ya que Atenas no estaba preparada para un asedio. Y se pidió la ayuda de Esparta.Posiblemente debido a la demora del ataque ateniense, los persas comenzaron a embarcar su caballería. Ello debilitó sus fuerzas y fueron vencidos por los atenienses, en la llanura de Maratón, donde se desarrollo la batalla de Maratón gracias a la rapidez de movimiento de sus tropas y a la pericia de Milcíades. La fuerza espartana llegó al día siguiente de la batalla. Según las cifras dadas por Heródoto murieron en el campo de batalla más de 4000 persas y solo 192 atenienses, entre ellos su Arconte polemarco. Antecedentes Hacia el 539 a.C., los persas, bajo Ciro el Grande, habían conquistado buena parte de Anatolia, incluidas las poblaciones griegas costeras que había en Jonia. Inicialmente, las relaciones entre los persas y sus súbditos griegos fueron relativamente cordiales. Durante las décadas siguientes surgieron una serie de tensiones que agriaron esa relación. Los persas impedían el desarrollo económico griego con restricciones comerciales. Además, los autócratas persas impusieron tiranos títeres a las ciudades estado jonias, algo que iba contra la ética de los griegos, de mentalidad independiente. En el 499 a.C. los jonios finalmente estallaron en una revuelta abierta contra los persas. Su líder, Aristágoras de Mileto, buscó ayuda entre los estados continentales de Grecia. Su primer intento de alianza fue con Esparta. Los espartanos tenían el mejor ejército Grecia, y, por tanto, eran una buena opción. Por desgracia. el rey Cleómenes no entendió que el envío de fuerzas para luchar por los lejanos griegos jonios tuviera interés alguno para los espartanos, así que declino apoyar la revuelta. Aristágoras obtuvo mejor acogida en Atenas. Pronunció un discurso ante la asamblea ateniense, en el que defendió que los persas eran inferiores a los griegos en combate, y que la riqueza del gran imperio proporcionaría mucho botín a los vencedores. La asamblea debatió la cuestión y decidió enviar ayuda a sus primos jonios; un escuadrón de 20 naves de guerra. La armada griega hizo escala en Éfeso, donde desembarcó la tropa. El ejército se dirigió a la capital persa, Sardis; la ciudad fue tomada rápidamente y, ante la aproximación de un ejército persa, incendiada y arrasada. En una batalla posterior, los griegos fueron derrotados y los atenienses decidieron regresar a casa. La revuelta continuó hasta el 495 a.C.. pero el resultado era inevitable: las poderosas y centralizadas fuerzas armadas persas aventajaban a los individualistas estados griegos al luchar en una guerra prolongada. Aunque la revuelta había sido sofocada con éxito, el rey persa, Darío I, se enteró de la participación de los atenienses y enfureció. Un relato de Heródoto cuenta que Darío, ordenó que un esclavo le dijera Maestro, recordad a los atenienses tres veces antes de cada cena, para no olvidarse de castigarlos por su interferencia. Y así, en el año 492 a.C, Darío envió una expedición bajo el mando de su yerno Mardonio, para hacerlo, pero las tribus hostiles de Tracia y el mal tiempo frente al monte Athos obligaron a las fuerzas a regresar a casa. Batalla de Maratón La Batalla de Maratón La campaña Persa Darío no iba a darse por vencido en sus planes de castigar a los atenienses. Así, al año siguiente se preparó otra expedición. Esta iba a cruzar el Egeo para castigar a los atenienses y a los eretrios, que también habían apoyado la revuelta, incendiando sus ciudades y esclavizando a las poblaciones. Esta fuerza sería transportada por mar, evitando así los problemas que habían acosado a la expedición de Mardonio. El componente naval de la expedición estaba compuesto por casi 600 naves. Quizá 200 de ellas eran naves de guerra que servían de escolta a la flota, mientras que las otras 400 eran transportes que llevarían a los soldados y sus provisiones. Entre los transportes había una serie de unidades especialmente diseñadas para los caballos, que llevarían las monturas de la caballería persa. La fuerza de desembarco alcanzaba quizá 25.000 hombres armados, entre ellos un pequeño contingente de caballería, tal vez unos 1.000 en total. Esta fuerza estaba a las órdenes del sobrino de Darío, Artafernes, y de Datis, un noble de ascendencia meda. También estaba presente Hipias, quien había gobernado Atenas como tirano hasta que fue expulsado en el 510 a.C. Los persas comprendían la naturaleza rebelde de la política en una ciudad estado griega, y sin duda veían el potencial de utilizar a Hipias para alzar una quinta columna dentro de la propia Atenas. La flota persa se hizo a la mar desde Tarso y navegó hacia el oeste. La armada tocó varias islas por el camino y las redujo mediante amenazas o por la fuerza. Se realizó un desembarco importante en la isla de Eubea, para atacar la ciudad de Eretria, señalada por Darío, junto con Atenas, para ser castigada por su participación en apoyo de la revuelta jonia. La población de Eretria se encontraba en un dilema acerca de lo que debía hacer ante una fuerza tan poderosa. Algunos se inclinaban por tratar de defender la ciudad, mientras que otros apoyaban su abandono y la continuación de la lucha desde las montañas próximas. Sin embargo, antes de que se hubiera podido tomar una decisión, la ciudad fue entregada por una facción que había sido sobornada con oro persa a cambio de abrir las puertas de la ciudad. Los templos de la ciudad fueron incendiados en justo castigo por la destrucción de Sardis. Desde Eubea, los persas se dirigieron a Atica, donde desembarcaron el 5 de agosto en la llanura de Maratón, a casi 42 km de Atenas. El lugar fue elegido sin duda en consulta con Hipias, ya que ofrecía todo lo que los persas necesitaban, una larga playa donde se podían varar las naves, un amplio suministro de agua, acceso a Atenas y espacio para maniobrar, especialmente para la caballería, si los atenienses decidían presentar batalla en ese lugar. Darío I de Persia, imaginado por un pintor griego, siglo IV a. C.. Cuando los atenienses conocieron el desembarco de los persas, enviaron a buscar ayuda: el heraldo Filípides hizo una famosa carrera de 225 km hasta Esparta. Por desgracia, los espartanos no podían enviar ayuda a causa de una festividad religiosa, la Carneia, que no les permitiría marchar hasta el 12 de agosto. Con estas noticias, los atenienses debatieron las medidas a tomar. Algunos se mostraron a favor de prepararse para un asedio; aunque, dada la presencia de Hipias y la traición de Eretria, esto parecía bastante arriesgado. Otros defendieron que era imperativo mantener a los persas encerrados en Maratón y no permitirles aproximarse a la ciudad. En este grupo se contaba el general Milcíades. Su opinión tenía cierto peso, ya que había tenido relaciones anteriores con los persas y había combatido en la revuelta jonia. Como consecuencia, el ejército ateniense de casi 10.000 hoplitas, una infantería fuertemente armada, marchó hacia Maratón. Se les unió una fuerza de entre 600 y 1.000 hoplitas de la ciudad de Platea, antigua aliada de Atenas. La batalla Los dos ejércitos se encontraron frente a frente quizá durante cuatro días. Ambos bandos tenían buenas razones para esperar. Para los atenienses, cada día que pasaba aproximaba más la ayuda espartana: con el final de la Carneia el 12 de agosto, los espartanos podrían marchar en su ayuda y llegarían quizá el día 15. Además, dada la gran extensión de la llanura de Maratón, y la capacidad de los persas para desplegar y maniobrar allí su caballería, no tenía sentido táctico que los griegos abandonaran el terreno favorable próximo a su campamento fortificado, que estaba situado entre el mar y las colinas. Esto convertiría a los hoplitas, fuertemente armados, con su formación de falange, en una fuerza formidable contra los persas, dotados de un equipamiento más ligero. Por su parte, los persas tenían también razones para creer que el tiempo jugaba a su favor, al menos inicialmente. Como había ocurrido en Eretria, esperaban ayuda del interior de la propia ciudad. En este caso, esperaban que los partidarios de Hipias traicionaran a la ciudad en su favor, sin duda con el estímulo del oro persa. Los persas estaban esperando una señal, un escudo de bronce muy pulido que lanzaría destellos desde el monte Pentele, lo cual indicaría que todo estaba preparado. Mapa de la Batalla de Maratón Aunque los detalles del plan no se conocen, parece claro que los persas embarcarían al grueso de su tropa en naves y navegarían hasta Atenas mientras las fuerzas atenienses estuviesen todavía en Maratón. Además, los persas no deseaban asaltar a los atenienses y a los platenses mientras se hallaran en sus posiciones fuertes en el extremo meridional de la llanura, porque el terreno anularía tanto su ventaja numérica como la movilidad de su caballería. No obstante, en la tarde del 11 de agosto, a los persas se les agotaba el tiempo. No habían recibido señal alguna de la quinta columna de Atenas con el escudo, y la festividad espartana llegaría pronto a su fin. Esto significaba que los atenienses podían esperar refuerzos espartanos, y la presencia de tales hoplitas, duros y bien disciplinados, transformaría espectacularmente el equilibrio militar en la llanura de Maratón. Como consecuencia, los persas empezaron a embarcar parte de sus fuerzas en los transportes para poder zarpar hacia Atenas a la mañana siguiente, mientras el resto de sus fuerzas mantenía la vigilancia a los hoplitas atenienses y platenses en Maratón. Incluso sin la señal del escudo, los persas podían esperar ayuda del interior de la ciudad si el ejército estaba ausente. Esta fuerza estaría bajo el mando de Datis y parece que incluyó la mayor parte de la caballería, que sería muy útil para lanzarse hacia Atenas una vez que el destacamento desembarcara en la bahía de Faliro. Artafemes permanecería en Maratón y mantendría un estrecho bloqueo del campamento ateniense. Probablemente tenía consigo unos 15.000 hombres, casi exclusivamente de infantería. Por fortuna para los atenienses, fueron alertados del plan persa por algunos jonios simpatizantes que prestaban servicio a los persas. Enviaron el famoso mensaje la caballería ha partido, que galvanizó la resolución de los comandantes atenienses para presentar batalla. De hecho, los 10 estrategas atenienses, generales elegidos de cada una de las 10 divisiones tribales de Atenas, estaban estancados en cuanto a si debían o no quedarse y luchar, regresar a Atenas (ellos también tenían presente la posible traición desde dentro de la ciudad) o presentar batalla, la opción preferida por Milcíades. Representación de un guerrero persa y un hoplita griego en batalla. Siglo V. a.C. Por fortuna, el arconte polemarco (un puesto ceremonial cuyo titular podía emitir un voto de calidad en una situación de bloqueo como esta) respaldó la permanencia en Maratón y el avance contra los persas. Se tomó la decisión de lanzar un ataque al amanecer. Si podían derrotar de forma rápida y decisiva a los soldados de Artafernes, sería posible emprender una marcha forzada a lo largo de la calzada costera hacia Atenas y llegar antes que la fuerza de asalto persa. La mañana siguiente contempló a las fuerzas enfrentadas dispuestas para la batalla de Maratón. Milcíades, que conocía las tácticas persas, estaba al mando ese día, y desplegó las fuerzas griegas. Sabía que los persas pondrían probablemente a sus mejores tropas en el centro de su línea de batalla, y que el número de persas haría probable que, si disponía a su falange de ocho en fondo a lo largo de todo el frente, los griegos se vieran flanqueados. Para evitarlo hizo menos denso el centro de su línea, sabiendo que los persas tendrían éxito allí inicialmente. No obstante, Milcíades sabía también que las alas de la formación persa estarían formadas por levas menos entusiastas y peor armadas, y que las alas fuertemente armadas del ejército griego serían victoriosas. Ordenó, por tanto, que las alas no persiguieran a las levas derrotadas sino que, una vez que las hubieran dispersado, giraran hacia dentro sobre el centro persa. El ala derecha estaba bajo el mando del arconte polemarco, Calímaco, y la izquierda estaba formada por los platenses. Hoplita griego. Artafernes desplegó sus tropas como Milcíades esperaba. Su mejor tropa, soldados iraníes del ejército regular y duros mercenarios sakas, constituía el centro de su formación, con diversas levas, incluidos griegos jonios poco entusiastas, en los flancos. Con el fin de mantener su estrecho bloqueo del campamento ateniense, avanzó hasta ocho estadios, o 1,6 km. de las posiciones griegas. Los griegos avanzaron desde su campamento hacia las líneas persas. Heródoto relata que lo hicieron a la carrera, para reducir el considerable número de flechas que arrojarían los persas, muchos de los cuales llevaban arcos. Esto es poco probable, porque correr más de un kilómetro con la pesada armadura de un hoplita hubiera sido casi imposible e innecesario; los atenienses iniciaron probablemente un trote corto a unos 150 m, el alcance de un arco persa. Las líneas de batalla iniciaron el combate y los persas llevaron la mejor parte de este en el centro, donde se hallaban sus mejores soldados, y los atenienses fueron rechazados. En las alas, en cambio, las levas fueron aplastadas. Siguiendo las órdenes que tenían, los victoriosos griegos giraron hacia el centro persa, cogiéndolo en una doble envolvente. Se produjo a continuación una matanza, con 6.400 bajas persas, en su mayoría soldados iraníes y sakas, y solo 192 atenienses, entre ellos Cilímaco. y un puñado de platenses muertos. Los griegos capturaron también siete naves persas, aunque las demás escaparon. Llegada de Filipides a Atenas Consecuencias de la batalla de Maratón La Batalla de Maratón había sido la primera victoria griega de las guerras médicas: por ello sus consecuencias, fueron decisivas: - Los atenienses adquirieron una gran confianza en su ciudad y en sus instituciones. - Se produjo el reconocimiento ateniense para con los hoplitas cuya forma de lucha iba asociada a una clase social determinada. - En esta batalla aparece por última vez como jefe supremo del ejército el Arconte polémarco - El recuerdo de la victoria de Maratón, creó la imagen de toda una época gloriosa para los atenienses. Los guerreros de esta batalla fueron considerados héroes de su patria. Los muertos fueron enterrados con todos los honores en la misma llanura, en un monumento en forma de montículo, que aún se conserva. Los supervivientes consideraban como el más alto honor el haber participado en la batalla contra los persas en la que la victoria había sido solo de Atenas. El decenio después de la primera Guerra Médica Se conocen pocos datos sobre el periodo comprendido entre los años 490-480 a.C. aunque los acontecimientos sociales y políticos fueron importantes y decisivos. Milcíades Grecia no supo sacar partido de la victoria de Maratón pese a que Milcíades propuso una año más tarde continuar la primera guerra médica con una expedición que además de lograr establecer una línea de de defensa naval en las Cicladas, aportaría ventajas económicas a Atenas pero la expedición fracasó y tras cuatro meses regresó a Atenas. A pesar de que Milcíades regresaba gravemente herido, sus adversarios le acusaron de estafar a los atenienses, destacando en la oposición Jantipo, padre de Pericles y tras ser absuelto de la pena de muerte, se le impuso una multa de cincuenta talentos, que pagó su hijo Cimón tras su muerte. Retrato de Milcíades Temístocles Temístocles se hizo con el poder tras la muerte de Milcíades en 488 a.C. siendo la figura indiscutible del panorama político ateniense de su época y el inspirador de importantes medidas en el campo militar e institucional para Atenas, como fue la construcción de una flota, con lo que convirtió a los atenienses en marinos (los thêtes o ciudadanos de la 4ª clase censada serían los remeros, ocupando desde entonces el lugar de privilegio que antes tenían los hoplitas) y las reformas institucionales. Escultura de Temístocles Reformas institucionales de Temistocles También llevó a cabo una serie de reformas en las instituciones encaminadas a su democratización: Arcontado - Se instauró el sorteo para la elección de los arcontes entre quinientos candidatos, a razón de cincuenta candidatos por cada tribu. - Posibilidad de ejercer el arcontado los Hippeis, segunda dase censada. - El Arconte Polemarco dejaría de ser comandante supremo. Estrategas - Los Estrategas dejaron desde este momento de ser jefes del ejército y pasaron a administrar las finanzas. - Sus funciones militares pasaron a los diez Taxiarcas o jefes de los diez batallones o Taxeis (uno por tribu). - Al ser su cargo reelegible, les facilitaba su estabilidad en el poder, lo que fue utilizado por Termistocles y más tarde por otros importantes políticos, como Perícles, para prolongar su mando. Significado e importancia Para los persas, ambas expediciones habían tenido éxito en esencia: habían capturado nuevos territorios para el imperio, y Eretria había sido castigada. La derrota en Maratón, por tanto, sólo suponía para ellos una derrota menor, que apenas tuvo efecto sobre los enormes recursos del Imperio aqueménida. Para los griegos, sin embargo, representaba una victoria plena de significado. Era la primera vez que griegos habían derrotado a persas, mostrándoles que no eran invencibles y la resistencia era una alternativa a la subyugación. La victoria de Maratón representó un momento decisivo en la joven democracia ateniense, mostrando el poder que otorgaba la unidad y la autoconfianza. Ciertamente, la batalla marcaba de hecho el comienzo de una 'edad dorada' para Atenas y para toda Grecia. Militarmente, mostró a los griegos el potencial de la falange hoplítica. Esta formación fue desarrollada durante los sempiternos enfrentamientos entre los propios griegos, y dado que cada ciudad-estado combatía del mismo modo, había sido imposible constatar las ventajas de la falange. Maratón fue el primer conflicto en que una falange se enfrentaba a tropas ligeras, y reveló lo devastadores que resultaban los hoplitas en la batalla. La formación en falange resultaba no obstante vulnerable a la caballería - razón de las precauciones griegas en la posterior batalla de Platea -, pero utilizada en las condiciones adecuadas, se mostró como un arma potencialmente devastadora. Parece que los persas ignoraron las lecciones militares de Maratón, a la luz de su segunda expedición: la composición de su infantería seguía siendo similar, a pesar de que la disponibilidad de hoplitas y otros infantes pesados en tierras controladas por Persia. Al haber triunfado contra los hoplitas en batallas previas, es posible que consideraran la derrota de Maratón como un caso excepcional. ------------------------ Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a este tema histórico.

Segunda Guerra Médica La Segunda Guerra Médica consistió en una invasión persa de la Antigua Grecia, que duró dos años (480 - 479 a. C.), en el transcurso de las Guerras Médicas. Mediante esta invasión, el rey aqueménida Jerjes I pretendía conquistar toda Grecia. La invasión fue una respuesta directa, aunque tardía, a la derrota en la Primera Guerra Médica (492-490 a. C.), concretamente en la batalla de Maratón. Esta batalla terminó con el intento de Darío I de sojuzgar Grecia. Tras la muerte de este rey, su hijo Jerjes dedicó varios años a planificar la segunda invasión, reuniendo un enorme ejército y una flota numerosa. Atenas y Esparta lideraron la resistencia griega, a la que se sumaron unas 70 polis. Sin embargo, la mayoría de las ciudades griegas permanecieron neutrales, o bien se sometieron a Jerjes. Rey Jerjes I de Persia Antecedentes de la Segunda Guerra Médica El Imperio Persa En Persia, una vez restablecido el orden interior. Jerjes I (486-465), hijo y sucesor de Darío I, se ocupó de organizar una gran expedición contra Grecia, como venganza y continuación de la anterior guerra y el año 480 a.C., un colosal ejército partía desde Sardes hacia el continente griego. Las estimaciones actuales calculan para el ejército persa una cifra de 200 000 a 250 000 hombres. En cuanto a la armada, las opiniones son dispares. Según Heródoto, 1 207 unidades. Otros autores reducen la flota persa a 600 naves. La Campaña Al principio de la campaña, los persas lograron un par de grandes gestas de ingeniería. Tendieron un puente con dos ojos sobre el Helesponto, llamado hoy los Dardanelos, de unos 1.300 metros de longitud. Cuando una tormenta destruyó los primeros puentes, se construyeron otros dos en su lugar. Los persas pasaron también tres años excavando un canal de 2,4 km de ancho para cruzar un istmo junto al monte Athos. Por último, 10 largos años después de su humillante derrota en la batalla de Maratón, el ejército persa estaba en marcha de nuevo hacia Grecia. Una serie de ciudades griegas juraron lealtad a Jerjes a medida que su irresistible fuerza avanzaba inexorablemente hacia ellas. Atenas y Esparta, sin embargo, permanecieron desafiantes, con todo en contra. Primera etapa Las Termópilas. 480 a.C. Victoria Persa Tras 5 días de indecisión persa, los cuales estaban acampados a escasa distancia del paso de las Termópilas, Jerjes envía a un gran ejercito de hombres que pretendían hacer valer su superioridad numérica para acabar con la resistencia griega, la estrategia era clara, si esto fracasaba mandaría a sus "inmortales" la élite de su ejercito, que comprendía a 10.000 hombres, solo ellos ya eran más hombres que todo el ejército griego.La primera oleada que daría comienzo a la Batalla de las Termópilas consistía en un ataque masivo de infantería ligera. Eran muchos pero muy mal equipados en comparación con los griegos. Sus escudos eran más pequeños , sus espadas mas cortas que las lanzas griegas, y su armadura era casi inexistente al contrario que las de los griegos. En una zona estrecha los griegos formaron en falange, falange que en ningún momento se fracturó, la vanguardia iba rotando, cada polis ocupaba la primera linea y enseguida era relevada, la fatiga así no hacia mella, los cadáveres persas se iban amontonando, hasta que la primera oleada se hizo añicos, mientras que los griegos no habían sufrido más de 3 bajas. Representación de la Batalla de las Termópilas. Ese mismo día, temeroso, Jerjes envió a los Inmortales al combate sin embargo la falange continuó inquebrantable. Para acabar definitivamente con esta segunda oleada, los espartanos fingieron una retirada, y de la que los inmortales corrían desorganizados detrás de ellos, los espartanos con el rey Leónidas I al frente se dieron la vuelta con un exitoso resultado. El primer día concluía con un inmejorable bagaje para los espartanos. El segundo día comienza como el primero, Jerjes manda cantidades ingentes de soldados, intentando causar el mayor desgaste a los griegos, y con la esperanza de que estos estén ya exhaustos, pero ocurre lo mismo que al día anterior, una vez tras otra lo griegos rechazan las cargas persas, que ya comienzan a temer al enemigo.Pero lo realmente importante de ese día es la visita de un griego llamado Efialtes al campamento Persa, este ciego por el dinero, informa a Jerjes acerca de un paso que conduce a la retaguardia del ejercito griego. Esa misma noche un ejercito compuesto por los inmortales supervivientes y completados con infatería hasta alcanzar los 20.000 hombres son enviados al secreto paso. A pesar de que lo griegos fueron advertidos de la maniobra envolvente del ejercito persa, esa misma noche se cree que sucede un ataque griego al campamento persa que causa innumerables bajas y que de estar en su tienda habría acabado con la vida del mismísimo Jerjes. Estatua del rey Leónidas I de Esparta. Al tercer día de madrugada la maniobra envolvente estaba en marcha, los griegos apostados en la retaguardia no pudieron detener el avance persa que simplemente pasaron de largo a estos hombres, una vez los lideres griegos fueron avisados de este suceso, se convoca un consejo de guerra según el cual algunos lideres acordaron retirarse mientras otros mantenían el paso con el fin de caer con honor y retrasar a las hordas persas para evitar un baño de sangre mayor. Se quedaron los 700 tespios, los 300 espartanos y 400 tebanos. Los griegos lucharon ya rodeados en la zona mas ancha del paso para causar más bajas, hasta que se rompieron todas sus lanzas y algunos continuaron la lucha con espada o con sus propias manos. Los tebanos fueron los primeros en rendirse, aunque algunos causaron más bajas una vez se les acerco el enemigo, los demás continuaban batallando, en esta lucha murieron Leónidas I y dos hermanos de Jerjes. Finalmente los griegos retrocedieron a una zona mas estrecha donde una gran descarga de flechas acabó con ellos. El cadáver de Leónidas fue decapitado y crucificado, pero él ya había pasado a la historia. Todo esto dejó a Persia abiertas las puertas para la invasión de Beocia, el Ática y la destrucción de Atenas. Atenas Jerjes entró entonces en el Ática, que fue arrasada. La Acrópolis fue defendida en vano por unos pocos atenienses, que se habían refugiado en ella. Las magníficas construcciones realizadas por los Pisistrátidas y Clístenes fueron sometidas al pillaje e incendiadas, como el resto de la ciudad de Atenas. El incendio de Sardes en el año 498 a.C. estaba por fin vengado. Este funesto acontecimiento fue recordado siempre por todo el mundo griego. Llegada del ejército persa a Atenas. Salamina. 29 de septiembre del 480 a.C. Victoria griega Retraso y engaño Cuando el ejército persa llegó a Atenas, la mayor parte de la ciudadanía había huido. Los que no lo hicieron fueron pasados a cuchillo. La ciudad, incluida la Acrópolis, fue saqueada e incendiada. Para obtener una victoria decisiva, Jerjes tenía que derrotar al ejército griego en tierra. Para ello, sus trirremes tenían que poder maniobrar con seguridad. Por tanto, una victoria sobre la flota griega se convirtió en una necesidad inmediata. Como Temístocles había predicho años antes, la batalla decisiva en la vida de Atenas, y de hecho de toda Grecia, tendría lugar en el mar. Representación de un Inmortal persa. Mientras Jerjes se aproximaba al estrecho istmo que conecta el norte de Grecia con el Peloponeso, los espartanos y otros peloponesos construyeron una muralla y otras posiciones defensivas. Temístocles demostró entonces su verdadero genio militar enviando a un esclavo llamado Sicino a Jerjes con información falsa. Sicino comunicó a Jerjes que existían disensiones entre los aliados griegos y señaló que la moral de las fuerzas griegas estaba menguando. De hecho, afirmó que el propio comandante griego era partidario de Jerjes y deseaba una resonante victoria persa. Evitar la huida de los desorganizados griegos garantizaría el triunfo. Jerjes se tragó el anzuelo y debilitó sus fuerzas al enviar un escuadrón de naves egipcias para cubrir posibles rutas de huida. Disposiciones Jerjes planeaba simplemente aplastar a los 300 trirremes griegos, que se oponían a su fuerza de 400 naves en las estrechas aguas en torno a Salamina. Temístocles, en cambio, tenía otras ideas. Desplegó su flota con los atenienses y los corintios a la izquierda, los eginetas y los espartanos a la derecha, esperando atraer a los persas a las aguas poco profundas y estrechas próximas a la bahía de Eleusis. Al aproximarse los persas, la mayoría de los trirremes griegos quedarían ocultos de ellos por una isla próxima. Con el fin de atraer a los persas a su perdición, Temístocles ordenaría a los 50 trirremes corintios bajo su mando que izaran velas y fingieran retirarse. Los trirremes persas, construidos para combatir en mar abierto, se verían casi imposibilitados para maniobrar en el estrecho. Eran más pesados que los griegos y se elevaban más sobre el agua, a la vez que llevaban hasta 30 arqueros, a diferencia de los 14 que iban a bordo de las naves griegas. Mapa de la Batalla de Salamina. La Batalla de Salamina La mañana del 20 de septiembre del 480 a.C., Jerjes subió a un trono dorado en las tierras altas sobre Salamina. Se afirma que los remeros griegos cantaban un himno al dios Apolo cuando atacaron a la vanguardia persa, muy dispersa en su persecución de los corintios, supuestamente en fuga. Cuando los capitanes de las naves persas que iban en cabeza se dieron cuenta de que habían caído en una trampa, ordenaron una , ciaboga. No obstante, las naves que iban detrás de ellos no tenían a dónde ir, lo que sumió a la flota en el desorden. El número superior de los persas se había convertido ahora en un estorbo más que en una ventaja. Una línea de trirremes griegos maniobró ordenadamente para circundar al desconcertado enemigo, y sus espolones de bronce infligieron un mortal castigo a las naves persas, que se hundieron. Separándose de la maraña de persas contra persas, los griegos atacaban prácticamente a voluntad. Representación de la Batalla de Salamina. Secuelas La flota persa sufrió un grave revés en Salamina, donde perdieron 200 trirremes, la mitad de su contingente, frente a los 40 de los griegos. Tras el desastre, Jerjes no tuvo más remedio que retirarse a un lugar seguro, por temor a que los griegos navegaran hacia el norte y destruyesen los puentes sobre el Helesponto, cercenando su ruta terrestre de aprovisionamiento. Los griegos no reconocieron inmediatamente la magnitud de su victoria. Quedaban más combates por disputar. Cuando Jerjes partió, dejó una fuerza de 300.000 soldados bajo el mando de Mardonio. La primavera siguiente, los persas tomaron Atenas de nuevo, pero ese verano los ejércitos combinados de los atenienses y los espartanos rechazaron a Mardonio hacia el norte, derrotándole decisivamente en Platea en septiembre. Durante el mismo mes, una flota griega bajo el mando de Xantipo derrotó una vez más a los persas en Micale.Grecia estaba libre al fin de la amenaza del dominio oriental. Durante medio siglo, Atenas mantuvo la flota más poderosa del mundo antiguo, mientras que el ejército de Esparta era la fuerza preeminente en tierra. Una rivalidad y desconfianza crecientes condujeron finalmente a las dos ciudades estado a enfrentarse entre sí. Irónicamente, los nombres de Maratón, Termópilas y Salamina eran recordados con reverencia por ambas. Había sido una época en la que los griegos habían actuado unidos, y estas victorias determinaron el rumbo de la historia de la humanidad. Tírreme griego. Segunda etapa Platea. 479 a.C. Nueva victoria griega La mitad del ejercito persa había marchado con Jerjes, pero la otra mitad se encontraba en el norte de Grecia al mando de Mardonio, que intentó en vano derrotar a los atenienses. En el año 479, las tropas griegas al mando del rey espartano Pausanias se desplegaron a lo largo de la falda norte del Citerón.Tras una durísima lucha que duro cerca de tres semanas, los griegos lograron una gran victoria en la comarca de Platea, causando grandes bajas al enemigo, incluida la muerte de su caudillo Mardonio. De Platea salió una expedición aliada contra Tebas en castigo por su alianza con los persas. Tras un duro asedio, la ciudad entregó a sus cabecillas que fueron ejecutados. Representación de la Batalla de Platea.. Cabo Mícale y Sesto: La ofensiva griega (479 .C.) Gracias a las victorias de Salamina y Platea, en el otoño de ese mismo año 479, los griegos pudieron atacar a los persas en Asia Menor. La flota griega al mando del espartano Leotiquidas marchó por el mar Egeo llegando al cabo Mícale, frente a la isla de Samos, donde mientras la flota destruía las naves persas, el ejército, ayudado por los jonios, destruyó al resto de la tropa persa que huía. Con la victoria del Cabo Mícale, la ofensiva persa contra Grecia y Europa había acabado. No así la guerra, que continuaría, aunque favorable, para el mundo griego, que se enfrentará ahora a sus problemas internos. El monumento más conmovedor de la victoria de los griegos es el que se alzaba en Delfos hasta que Constantino el Grande lo llevó a su nueva capital. En Constantinopla aún se yergue en el viejo hipódromo. Originariamente coronado con un trípode de oro, una columna de bronce hecha de tres serpientes entrelazadas. con una sencilla inscripción: Estos lucharon en la guerra y a continuación vienen los nombres de treinta y una ciudades. Mapa de las Guerras Médicas Significado e importancia La segunda invasión persa de Grecia supone uno de los acontecimientos más importantes en la Historia de Europa. Un gran número de historiadores afirman que, si Grecia hubiera sido conquistada, la cultura clásica griega, que cimenta las bases de la 'civilización occidental', nunca se habría desarrollado, y por extensión, tampoco la civilización occidental. Aunque tal afirmación sea exagerada, es cierto que los griegos tuvieron conciencia de que había sucedido un hecho muy significativo. Militarmente, no se produjo ninguna innovación específica en el ámbito táctico o estratégico durante la guerra. Lazenby opina que se trató principalmente de una «guerra de soldados», es decir, que fueron los guerreros y no sus generales quienes ganaron la guerra. La batalla de las Termópilas es utilizada muy a menudo como ejemplo de la utilización del terreno para inutilizar la superioridad numérica de un adversario.La astucia de Temístocles previa a Salamina es un buen ejemplo de la utilización del engaño en la guerra - una de las «fuerzas extraordinarias» de Sun Tzu -. La conclusión principal sobre la guerra, que reafirma los acontecimientos ocurridos en Maratón, es la superioridad del hoplita sobre la infantería persa, más ligera, en combate cuerpo a cuerpo.244 199 Una vez aprendida esta lección, el Imperio Persa comenzaría a reclutar y confiar en los mercenarios griegos, especialmente tras la Guerra del Peloponeso. -------------------------- Si estás interesado en saber sobre la Primera Guerra Médica no dudes en visitar el siguiente post www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a este tema histórico.

Alejandro Magno. Para la historia de la civilización antigua las hazañas de Alejandro Magno supusieron un torbellino de tales proporciones que aún hoy se puede hablar sin paliativos de un antes y un después de su paso por el mundo. Y aunque su legado providencial (la extensión de la cultura helénica hasta los confines más remotos) se vio favorecido por todo un abanico de circunstancias favorables que reseñan puntualmente los historiadores, su biografía es en verdad una auténtica epopeya, la manifestación en el tiempo de las fantásticas visiones homéricas y el vivo ejemplo de cómo algunos hombres descuellan sobre sus contemporáneos para alimentar incesantemente la imaginación de las generaciones venideras. Busto de Alejandro Hacia la segunda mitad del siglo IV a.C., un pequeño territorio del norte de Grecia, menospreciado por los altivos atenienses y tachado de bárbaro, inició su fulgurante expansión bajo la égida de un militar de genio: Filipo II, rey de Macedonia. La clave de sus éxitos bélicos fue el perfeccionamiento del "orden de batalla oblicuo", experimentado con anterioridad por Epaminondas. Consistía en disponer la caballería en el ala atacante, pero sobre todo en dotar de movilidad, reduciendo el número de filas, a las falanges de infantería, que hasta entonces sólo podían maniobrar en una dirección. La célebre falange macedónica estaba formada por hileras de dieciséis hombres en fondo con casco y escudo de hierro, y una lanza llamada sarissa. Alejandro nació en Pela, capital de la antigua comarca macedónica de Pelagonia, en octubre del 356 a.C. Ese año proporcionó numerosas felicidades a la ambiciosa comunidad macedonia: uno de sus más reputados generales, Parmenión, venció a los ilirios; uno de sus jinetes resultó vencedor en los Juegos celebrados en Olimpia; y Filipo tuvo a su hijo Alejandro, que en su imponente trayectoria guerrera jamás conocería la derrota. Quiere la leyenda que, el mismo día en que nació Alejandro, un extravagante pirómano incendiase una de las Siete Maravillas del Mundo, el templo de Artemisa en Éfeso, aprovechando la ausencia de la diosa, que había acudido a tutelar el nacimiento del príncipe. Cuando fue detenido, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia. Las autoridades lo ejecutaron, ordenaron que desapareciese hasta el más recóndito testimonio de su paso por el mundo y prohibieron que nadie pronunciase jamás su nombre. Pero más de dos mil años después todavía se recuerda la infame tropelía del perturbado Eróstrato, y los sacerdotes de Éfeso, según la leyenda, vieron en la catástrofe el símbolo inequívoco de que alguien, en alguna parte del mundo, acababa de nacer para reinar sobre todo el Oriente. Según otra descripción, la de Plutarco, su nacimiento ocurrió durante una noche de vientos huracanados, que los augures interpretaron como el anuncio de Júpiter de que su existencia sería gloriosa. Nacido para conquistar. Predestinado por dioses y oráculos a gobernar a la vez dos imperios, la confirmación de ese destino excepcional parece hoy más atribuible a su propia y peculiar realidad. Nieto e hijo de reyes en una época en que la aristocracia estaba integrada por guerreros y conquistadores, fue preparado para ello desde que vio la luz. En el momento de nacer, su padre, Filipo II, general del ejército y flamante rey de Macedonia, a cuyo trono había accedido meses antes, se encontraba lejos de Pela, en la península Calcídica, celebrando con sus soldados la rendición de la colonia griega de Potidea. Al recibir la noticia, lleno de júbilo, envió en seguida a Atenas una carta dirigida a Aristóteles, en la que le participaba el hecho y agradecía a los dioses que su hijo hubiera nacido en su época (la del filósofo), y le transmitía la esperanza de que un día llegase a ser discípulo suyo. La reina Olimpias de Macedonia, su madre, era la hija de Neoptolomeo, rey de Molosia, y, como su padre, decidida y violenta. Vigiló de cerca la educación de sus hijos (pronto nacería Cleopatra, hermana de Alejandro) e imbuyó en ellos su propia ambición. El príncipe tuvo primero en Lisímaco y luego en Leónidas dos severos pedagogos que sometieron su infancia a una rigurosa disciplina. Nada superfluo. Nada frívolo. Nada que indujese a la sensualidad. De natural irritable y emocional, esa austeridad convino, al parecer, a su carácter, y adquirió un perfecto dominio de sí mismo y de sus actos. Cuando, al cumplir los doce años, el rey, alejado hasta entonces de su lado debido a sus constantes campañas militares, decidió dedicarse personalmente a su educación, se maravilló de encontrarse frente a un niño inteligente y valeroso, lleno de criterio, extraordinariamente dotado e interesado por cuanto ocurría a su alrededor. Era el momento justo de encargarle a Aristóteles la educación de su hijo. A partir de los trece años y hasta pasados los diecisiete, el príncipe prácticamente convivió con el filósofo. Estudió gramática, geometría, filosofía y, en especial, ética y política, aunque en este sentido el futuro rey no seguiría las concepciones de su preceptor. Con los años, confesaría que Aristóteles le enseñó a «vivir dignamente»; siempre sintió por el pensador ateniense una sincera gratitud. Alejandro y Aristóteles Aristóteles le enseñó a además amar los poemas homéricos, en particular la Ilíada, que con el tiempo se convertiría en una verdadera obsesión del Alejandro adulto. El nuevo Aquiles fue en cierta ocasión interrogado por su maestro respecto a sus planes para con él cuando hubiera alcanzado el poder. El prudente Alejandro contestó que llegado el momento le daría respuesta, porque el hombre nunca puede estar seguro del futuro. Aristóteles, lejos de alimentar suspicacias respecto a esta reticente réplica, quedó sumamente complacido y le profetizó que sería un gran rey. Alejandro fue creciendo mientras los macedonios aumentaban sus dominios y Filipo su gloria. Desde temprana edad, su aspecto y su valor fueron parangonados con los de un león, y cuando contaba sólo quince años, según narra Plutarco, tuvo lugar una anécdota que anticipa su deslumbrante porvenir. Filipo quería comprar un caballo salvaje de hermosa estampa, pero ninguno de sus aguerridos jinetes era capaz de domarlo, de modo que había decidido renunciar a ello. Alejandro, encaprichado con el animal, quiso tener su oportunidad de montarlo, aunque su padre no creía que un muchacho triunfara donde los más veteranos habían fracasado. Ante el asombro de todos, el futuro conquistador de Persia subió a lomos del que sería su amigo inseparable durante muchos años, Bucéfalo, y galopó sobre él con inopinada facilidad. Sano, robusto y de gran belleza (siempre según Plutarco), Alejandro encarnaría, a los dieciséis y diecisiete años, el prototipo del mancebo ideal. En plena vigencia del amor dorio, ya enriquecido por Platón con su filosofía, y descendiente él mismo de dorios con un maestro que, a su vez, había sido durante veinte años el discípulo predilecto de Platón, no es difícil imaginar su despertar sexual. Ya mediante la recíproca admiración con el propio Aristóteles, ya proporcionándole éste otros muchachos como método formativo de su espíritu, no habría sino caracterizado, en la época y en la sociedad guerrera en que vivió, el papel correspondiente a su edad y condición. La doma de Bucéfalo Si, como sostenía Platón, este tipo de amor promovía la heroicidad, en Alejandro, durante esos años, el despertar del héroe era inminente. A sus dieciséis años se sentía capacitado para dirigir una guerra, y con dominio y criterio suficientes para reinar. Pudo muy pronto probar ambas cosas. Herido su padre en Perinto, fue llamado a sustituirlo. Era la primera vez que tomaba parte en un combate, y su conducta fue tan brillante que lo enviaron a Macedonia en calidad de regente. En 338 marchó con su padre hacia el sur para someter a las tribus de Anfisa, al norte de Delfos. Desde el año 380 a.C., un griego visionario, Isócrates, había predicado la necesidad de que se abandonaran las luchas intestinas en la península y de que se formara una liga panhelénica. Pero décadas después, el ateniense Demóstenes mostraba su preocupación por las conquistas de Filipo, que se había apoderado de la costa norte del Egeo. Demóstenes, enemigo declarado de Filipo, aprovechó el alejamiento para inducir a los atenienses a que se armasen contra los macedonios. Al enterarse el rey, partió con su hijo a Queronea y se batió con los atenienses. Las gloriosas falanges tebanas, invictas desde su formación por el genial Epaminondas, fueron completamente devastadas. Hasta el último soldado tebano murió en la batalla de Queronea, donde el joven Alejandro capitaneaba la caballería macedonia. Alejandro supo ganarse la admiración de sus soldados en esta guerra y adquirió tal popularidad que los súbditos comentaban que Filipo seguía siendo su general, pero que su rey ya era Alejandro. Quinto Curcio cuenta que después del triunfo en Queronea, en donde el príncipe había dado muestras, pese a su juventud, de ser no sólo un heroico combatiente sino también un hábil estratega, su padre lo abrazó y con lágrimas en los ojos le dijo: «¡Hijo mío, búscate otro reino que sea digno de ti. Macedonia es demasiado pequeña!». Terminadas las campañas contra tracios, ilirios y atenienses, Alejandro, Antípatro y Alcímaco fueron nombrados delegados de Atenas para gestionar el tratado de paz. Fue entonces cuando vio por vez primera Grecia en todo su esplendor. La Grecia que había aprendido a amar a través de Homero. La tierra de la cual Aristóteles le había transmitido su orgullo y su pasión. En su breve permanencia le fueron tributados grandes honores. Allí asistió a gimnasios y palestras y se ejercitó en el deporte del pentatlón, bajo la atenta y admirativa mirada de los adultos, que transformaban estos centros en verdaderas «cortes de amor». Allí estuvo en contacto directo con el arte en pleno apogeo de Praxíteles y con los momentos preliminares de la escuela ática. El asesinato de Filipo Filipo, entretanto, había reunido bajo su autoridad a toda Grecia, con excepción de Esparta. En el 337, a los cuarenta y cinco años, arrastraba una pasión desde su paso por las montañas del Adriático, y no dudó en volver a Iliria en busca de Atala, la princesa de quien se había enamorado. Después de veinte años de matrimonio (aunque muy pocos de ellos estuvo cerca de su mujer y las desavenencias fueron cada vez más crecientes), tampoco dudó en repudiar a Olimpias y celebrar una nueva boda con Atala. Alejandro, que amaba a su madre, no soportó aquella ofensa que el rey infería a su legítima esposa. A pesar de ello, fue obligado a asistir al banquete nupcial. Durante la ceremonia criticó la actuación de su padre, y éste, ebrio, llegó a amenazarlo con su espada. Indignado, herido en su amor propio, el príncipe corrió al lado de su madre y le rogó que huyese con él. Con algunas pocas personas fieles, madre e hijo dejaron Pela para refugiarse en el palacio de su tío Alejandro, rey de Molosia en sucesión de su abuelo materno. Allí vivieron hasta que Filipo, dando muestras de arrepentimiento, prometió tributar a la reina los honores que le correspondían. Sin embargo, aunque Olimpias accedió, es muy posible que ya conspirara con Pausanias para la perpetración de su venganza contra Filipo y la cristalización de sus ambiciones de regencia. Pocas semanas después (era ya la primavera del año 336) regresaron todos a Epiro, incluido Filipo. Se celebraba la boda de su hija Cleopatra con Alejandro de Molosia, tío de la novia. Durante la procesión nupcial, Filipo II fue asesinado por Pausanias. Asesinato de Filipo Parece claro que Olimpias participó (acaso fue la mentora) en el asesinato del rey. Pero Alejandro, ¿fue ajeno? A sus veinte años se hacía con el reino de Macedonia: casi un designio divino para comenzar por fin la vida de gloria a la que se sentía destinado. Y en seguida puso manos a la obra. En primer término (aquí Quinto Curcio Rufo dice que «dio castigo, por él mismo, a los asesinos de su padre», pero no parece fiable), hizo eliminar a todos aquellos que pudieran oponérsele. No había acabado el año 336 cuando en la asamblea popular de Corinto se hizo designar «Generalísimo de los ejércitos griegos». Rey de Macedonia Al comenzar el año 335, el levantamiento de Tracia e Iliria le exigió una breve campaña durante la cual consiguió la conquista y sumisión de ambas regiones. No acababa de regresar a su reino cuando la sublevación de los tebanos, unida a la de los atenienses, tras correr el rumor de su muerte en Icaria, demandaron una nueva y urgente batalla para impedir la total coalición. Pero el sitio de Tebas no fue fácil; Tracia e Iliria habían sido, en comparación, un juego de niños. Ante la resistencia de la ciudad, Alejandro decidió tomarla por asalto. Pasó a cuchillo, de uno en uno, a más de seis mil ciudadanos, redujo a esclavitud a una guarnición compuesta por treinta mil soldados y ordenó la total demolición de la ciudad, aunque, en un acto más que elocuente de su respeto por el arte y la cultura, ordenó salvar del derribo la casa en que había vivido Píndaro, el poeta griego de Cinocéfalos, que cantó con gran belleza lírica a los atletas en sus Epinicios (o «cantos de la palestra deportiva») y que se contaba entre sus poetas favoritos. Atenas se sometió sin resistirse. Alejandro en Tebas Al regresar a Macedonia, trabajó en la preparación de la guerra contra el Imperio persa, guerra comenzada por su padre (para quien había sido el sueño de toda su vida), y que se vio interrumpida tras su muerte. Es posible que entre los meses finales de 335 hasta la primavera de 334 hubiera realizado distintos viajes a Epiro y Atenas. En Epiro reinaba su hermana Cleopatra, la reina de Molosia, quien contó con su consejo. En Atenas Lisipo, el escultor de Sicione y amigo de Alejandro, hizo de él varios bustos, algunos de los cuales podrían datar de esa época. Las campañas y conquistas de Alejandro La conquista del Imperio persa por parte de Alejandro fue mucho más que un simple episodio bélico entre griegos y persas. Ya fuera por la magnitud de la empresa, ya por su éxito, el mundo antiguo no volvió a ser igual después de esos diez años de campañas ininterrumpidas de los macedonios y sus aliados por Oriente. Las razones de Alejandro para llevar a cabo una campaña de tal envergadura y dificultad nos son desconocidas. Él mismo arguyó su deseo de vengar las invasiones persas de más de un siglo antes, aunque no hay duda de que, en parte, existía la voluntad de unir las heterogéneas ciudades-estado griegas, antes enfrentadas a Macedonia y entonces bajo su dominio, en una empresa común que aunase esfuerzos y evitase disidencias. Se trataría de buscar un enemigo exterior para evitar que se acabase pensando que el verdadero enemigo era la monarquía macedonia. Extensión del imperio de Alejandro tras las conquistas realizadas durante sus campañas. No cabe duda que Alejandro estaba tentando mucho la suerte al atacar el Imperio Persa, el cual, aunque debilitado en algunos aspectos, todavía era un estado fuerte. La flota de Alejandro era inferior a la armada persa, la cual reclutaba sus naves de los fenicios y de otros pueblos costeros del occidente de Asia; además, difícilmente se podía decir que sus finanzas estuvieran en su mejor momento. Con un ejército compuesto por unos cuarenta mil hombres y el firme propósito de liberar las ciudades griegas sometidas por los persas, Alejandro atravesó el Helesponto en la primavera de 334 a.C., iniciando su marcha contra el Imperio persa y dejando su reino en manos de Antípatro. Precisamente la composición de su ejército, unida a su indiscutible talento como estratega y a la hábil elección de hombres capacitados y de confianza como generales, constituyó la clave de sus victorias. Ya en la configuración de su primer ejército se reunía un conjunto equilibrado de efectivos con armas diferentes. Este conjunto lo constituían la infantería pesada, integrada por contingentes griegos enviados por la Liga de Corinto y por mercenarios; la falange macedonia de armamento pesado, con la característica sarissa (lanza de unos cinco metros de longitud); la infantería ligera, compuesta por macedonios, tracios y peonios dotados de jabalina; el cuerpo de arqueros cretenses; y, ocupando una posición relevante, la caballería pesada macedonia, principal cuerpo de choque de su ejército, apoyados por la caballería ligera de tesalios y tracios. Su primera confrontación con los persas —en la batalla del río Gránico, en el año 334 a. de C. casi le costó la vida; no obstante, llego a representar una gran victoria. En la primavera del año 3331. de C., toda la mitad occidental de Asia Menor había caído en las manos de Alejandro, y las ciudades griegas jónicas del suroeste de Asia Menor habían sido liberadas” del opresor persa. No todos estos estados querían ser liberados y, más bien, consideraban a Alejandro simplemente como su nuevo amo. Falange macedónica Mientras tanto, el rey persa Dario III movilizaba sus fuerzas para detener el ejército de Alejandro. Aunque las fuerzas persas eran numéricamente superiores a las de Alejandro, la batalla de Isos se libró en un terreno angosto que suprimía la ventaja de la superioridad persa, por lo que resultó otro éxito macedonio. La causa no se vio favorecida por el hecho del retiro espectacular de Darío del campo de batalla en un momento que todavía no estaba claro quien resultaría victorioso. Después de su victoria en Isos del año 333 A.C. Alejandro sitio las ciudades portuarias de Tiro y Gaza, con el fin de evitar el control persa del mar. Siria, Palestina y Egipto Encaminándose hacia el norte de Siria, en el otoño del año 333 a.C. llegó a enfrentarse con el propio rey aqueménida, Darío III, en Issos. En esta batalla infligió una nueva derrota a las tropas persas, obligando al gran rey a retirarse más allá del Éufrates y quedando a su merced el campamento en el que se encontraba la familia real: la esposa, los hijos y la madre de Darío. Comenzó así una nueva etapa en la que consolidó su control en Asia Menor (en cuyas costas sucumbieron los últimos focos de resistencia persa), mientras las islas del Egeo eran liberadas por la flota macedonia, y abrió nuevas posibilidades de conquista en la región siriopalestina, cerrando las salidas al mar del Imperio persa. Al mismo tiempo lograba acallar las voces de determinados sectores griegos que aún se alzaban en su contra. Las ciudades fenicias de la costa, desde Arados a Sidón, se entregaron sin presentar oposición alguna ante el irrefrenable avance del macedonio. Simultáneamente, Alejandro rehusaba las ventajosas propuestas de Darío III, que le ofrecía los territorios asiáticos al otro lado del Éufrates, así como una de sus hijas en matrimonio y diez mil talentos, a cambio de la paz y de la liberación de su familia (cuyos integrantes sí que restituyó al rey persa). Empeñado en su campaña de conquista, llegó ante las puertas de la ciudad de Tiro, cuya larga resistencia se reveló inútil, siendo castigada su población de forma ejemplar, al igual que la de Gaza. En el invierno del año 332 a.C. había culminado ya la conquista de Palestina y se dirigía hacia Egipto. El asedio de Tiro Ante la población egipcia, Alejandro se convirtió en el auténtico artífice de su liberación del yugo aqueménida; por ello, al alcanzar el delta del Nilo, no encontró demasiadas dificultades para vencer al sátrapa persa, aislado y sin el apoyo del pueblo egipcio. A su llegada a Menfis fue aclamado como libertador e investido con el poder y la corona del faraón. Precisamente, una de sus primeras medidas fue la fundación de una ciudad en el delta del Nilo, a la que dio su propio nombre, Alejandría. Después se dirigió a través del desierto hasta el santuario oracular de Amón, en el oasis de Siwa, donde fue proclamado por los sacerdotes como "hijo de Amón", dios ya identificado con Zeus por los griegos. Con ello consolidaba su propia ascendencia divina, como descendiente de la dinastía argéada, que se remontaba a Heracles y, por ende, al propio Zeus. Mesopotamia, Persia y Media Alejandro no se demoró mucho tiempo en Egipto, sino que retrocedió sobre sus pasos para llegar a las costas fenicias, desde donde partió hacia Mesopotamia en el verano del año 331 a.C. Habiendo dejado atrás el río Éufrates y después de atravesar el Tigris, se encontró en Gaugamela con el ejército de Darío, quien había renovado sin éxito su propuesta de paz. La victoria en esta batalla resultó decisiva, pues la retirada desordenada de los persas y la huida del rey dejaron indefensos muchos de los centros vitales del Imperio persa. Babilonia fue fácilmente sometida y Alejandro se apoderó del magnífico tesoro real; en Persia sucumbieron una tras otra las ciudades de Susa, Persépolis (donde incendió el palacio real) y Pasargada. Los continuos éxitos de Alejandro se vieron transitoriamente ensombrecidos por la sublevación de Esparta, secundada por otras ciudades antimacedonias, que fue finalmente reprimida por Antípatro. En la primavera del año 330 a.C., Alejandro reemprendió la marcha en pos de Darío hacia Media. Al llegar a Ecbatana, el persa se había escabullido de nuevo, refugiándose en Bactriana. Antes de reanudar la persecución, Alejandro decidió reorganizar sus tropas, relevando a los efectivos griegos (recompensados con magnanimidad) y encomendando al macedonio Harpalo la custodia de las ingentes riquezas obtenidas en los botines. La batalla de Gaugamela En su enconado acoso al rey persa se adentró en la región del nordeste, atravesando las Puertas Caspias. Entre tanto, Darío había sido derrocado por Beso, el sátrapa de Bactriana, quien ante el avance de Alejandro ordenó dar muerte a Darío, proclamándose soberano él mismo con el nombre de Artajerjes. Habida cuenta de la inesperada forma en que se habían precipitado los acontecimientos y se había transformado la situación en ese verano del año 330 a.C., no resulta extraño que Alejandro se hiciera cargo de los restos de su difunto enemigo, ordenando su sepultura en la tumba real de Persépolis. Con este aparente gesto de benevolencia subrayaba en realidad su condición de legítimo sucesor de Darío III. Como tal, debía acabar con el usurpador del trono y conquistar los territorios orientales del Imperio persa. De Partia a la India En la región sudoriental del mar Caspio y en el área irania fueron sometidos diversos pueblos, así como los territorios de Partia. Marchó entonces Alejandro hacia Oriente, conquistando sucesivamente Aria, Drangiana y Aracosia, donde se detuvo en la primavera del año 329 a.C. antes de atravesar el Paropámiso y la cordillera del Hindu Kush. Sin que las imponentes alturas supusieran un obstáculo, llegó a Bactriana, el refugio del usurpador, que, sin embargo, se había dado a la fuga. Siguiéndole con tenaz empeño por el territorio de Sogdiana, Beso fue finalmente capturado y ejecutado. Infatigable en su afán de conquista, Alejandro continuó con su ejército en Sogdiana, tomando la capital, Maracanda (Samarcanda). Una revuelta surgida en esta ciudad, encabezada por Espitámenes, fue sofocada con prontitud, con la consiguiente muerte del insurrecto. Se alcanzaba así el límite del Imperio persa en el río Yaxartes. Sin embargo, la búsqueda de un confín natural explica su posterior campaña en la India, en la región del río Indo, concretamente en la conocida como de los "cinco ríos" (Punjab). En la primavera del año 326 a.C., llegó a las riberas del Indo, granjeándose pronto el apoyo del rey Taxiles y de otros príncipes de la región del río Hidaspes, incluso en su enfrentamiento con el rey Poros, que dominaba la región que quedaba comprendida entre el Hidaspes y el río Acesines. Finalmente alcanzó el río Hifasis, el más oriental de todos, obteniendo de esta forma la sumisión de la región. Disuadido, ante la negativa del ejército, de seguir avanzando hacia el este, y tras convertir este curso fluvial en el límite oriental del imperio, emprendió el regreso. Relieve del sarcófago de Alejandro Magno En la región del Hidaspes, donde se detuvo el ejército en el invierno de 325 a.C. para construir una flota, se produjo el enfrentamiento con los malios, en el que Alejandro resultó gravemente herido por una flecha. En el verano del mismo año se emprendió el retorno, dividiendo el ejército con el fin de seguir un doble itinerario, uno por tierra, a lo largo de la costa y bajo el mando de Alejandro, y otro por mar, con la flota construida para la expedición a través del océano Índico y del golfo Pérsico, dirigido por Nearco. En el itinerario seguido por Alejandro, destaca su enconado empeño de atravesar el desierto de Gedrosia (Beluchistán), emulando al propio Ciro, pero con un elevado coste en vidas entre las filas de su ejército. En la primavera del año 324 a.C. llegaba a Susa, dirigiéndose durante el verano a la ciudad de Opis y llegando en el invierno del mismo año, por fin, a Babilonia, convertida en capital de su efímero imperio. Desde allí se afanaba en sus planes para preparar una amplia expedición de conquista a Arabia, que quedó truncada por su prematura muerte el 13 de junio del año 323 a.C., provocada por la fiebre, acaso originada por anteriores y crónicas afecciones nunca curadas. El regreso de Alejandro Ya en Babilonia, no dudó en mandar ejecutar a los macedonios que se le oponían. Tenía como proyecto la creación de un nuevo ejército formado por helenos y bárbaros para abortar así las tradiciones de libertad macedonias. Quería construir una nación mixta, y asumió el ritual aqueménida mientras buscaba y obtenía el apoyo de familias orientales. Creía asegurar de esta forma el éxito de sus planes de dominación universal. A pesar de que prosiguió sus campañas y continuó proyectando otras nuevas hasta que, en su lecho de muerte, ya no pudo hablar, hubo un hecho, sin embargo, que desmoronaría todas sus certezas: la muerte de Hefestión. Alejandro se había casado con Roxana durante una campaña en Bactra, de cuya unión nacería póstumamente Alejandro IV, su único hijo. También se casó con Estatira, en Susa, cuando, llevado por su afán de integración racial, hizo celebrar varios matrimonios entre sus soldados macedonios y mujeres orientales. Estatira era la hija mayor de Darío III; Dripetis, casada también entonces con Hefestión, la menor. Confiaba en Tolomeo, pariente suyo (quizá su hermanastro) y oficial de su alto mando. También tenía en Nearco, uno de sus oficiales, un camarada y amigo desde la infancia. Pero Hefestión había sido más que todos ellos: su amigo, tal vez su amante, pero sobre todo un hombre inteligente que compartía sus ideas de estadista; ambos experimentaban una admiración recíproca. Retrato de Alejandro Magno La muerte de Hefestión en octubre de 324, mientras se hallaban en Ecbatana, le causó un dolor tan hondo que él mismo fue decayendo hasta su propia muerte, ocurrida pocos meses después. En 325, al volver de la India, durante su marcha a lo largo del Indo había recibido una peligrosa herida en el pecho; su regreso por el desierto de Gedrosia en condiciones extremas volvió a quebrantar su salud. Casi al final del verano de 324, decidió descansar una temporada y se instaló en el palacio estival de Ecbatana, acompañado por Roxana y su amigo Hefestión. Su esposa quedó embarazada. Su amigo enfermó repentinamente y murió. Alejandro llevó el cuerpo a Babilonia y organizó el funeral de Hefestión. Inició de inmediato una nueva campaña explorando las costas de Arabia. Mientras navegaba por el Bajo Éufrates contrajo una fiebre palúdica que sería fatal. Antes de morir, en junio de 323, en un todavía imponente pero ya derruido zigurat de Bel-Marduk, Alejandro, ya menos imponente, entregó su anillo real a Pérdicas, su lugarteniente desde la muerte de Hefestión. Alejandro tenía treinta y tres años. A su lado estaba Roxana. Estatira permanecía en Susa, en el harén del palacio de su abuela Sisigambis. Tras las murallas que guardaban la ciudad interior, seguía fluyendo el Éufrates. Aquel mismo día, libre de fabulosas esperanzas, sin nada que legar a los hombres excepto su mísero tonel, con casi noventa años, moría también en Corinto su desabrida contrafigura, el ceñudo filósofo Diógenes el Cínico. El extraño fenómeno de la no corrupción del cuerpo de Alejandro, más notable aún con el calor imperante en Babilonia, habría dado pie, en tiempos cristianos, al creer que se trataba de un milagro, a santificarlo. En el siglo IV a.C. no existía una tradición semejante que atrajera la atención de los hagiógrafos. Tal vez la explicación más acertada es que su muerte clínica ocurrió mucho después de lo que se creyó entonces. Alejandro IV, su hijo, y Roxana, su esposa, fueron asesinados por Casandro cuando el niño tenía trece años, en el 310 a.C. Casandro era el hijo mayor de Antípatro, regente al partir Alejandro Magno al Asia, y después de ese asesinato fue rey de Macedonia. Cleopatra, su hermana, siguió gobernando Molosia durante muchos años después de que el rey Alejandro muriese. Olimpias, su madre, disputó la regencia de Macedonia con Antípatro y en el 319 a.C. se alió con Poliperconte, el nuevo regente; cuando había conseguido el objetivo perseguido durante toda su vida, fue ejecutada en el 316 a.C. en Pidnia. Tolomeo, oficial de su alto mando, sería más tarde rey de Egipto, fundador de la dinastía de los Tolomeos y autor de una Historia de Alejandro. El imperio de Alejandro La organización del imperio Las ininterrumpidas conquistas de Alejandro supusieron la anexión de un vasto e inmenso ámbito territorial que conformaba un imperio universal. La organización administrativa de los nuevos territorios fue asumida por Alejandro desde sus primeras victorias, con una política plural, divergente y compleja, merced a la propia heterogeneidad de las condiciones y circunstancias en las que se encontraban los pueblos y ámbitos incluidos en sus dominios. Así, otorgó el mando civil y militar de las diferentes regiones de Anatolia y Siria a jefes militares macedonios, a excepción de Caria, cuyo gobierno civil confió a Ada, hermana de Mausolo. En cambio, en el corazón del Imperio persa, en el ámbito mesopotámico e iranio, actuaba deliberadamente como sucesor del gran rey aqueménida, manteniendo la circunscripción administrativa de las satrapías y confiando los cargos de sátrapas tanto a macedonios como a leales súbditos persas. Paralelamente, en los territorios de la India organizó los pequeños reinos existentes como reinos vasallos, conservando en el trono a los príncipes locales que acataron la sumisión a la autoridad suprema del rey macedonio. En todo caso, la salvaguarda de estos territorios quedaba garantizada por las guarniciones, siempre bajo el mando de macedonios, situadas en puntos estratégicos y diseminadas por todo el imperio. Esta hábil política permitió la administración del imperio con relativa facilidad, pues una estructura más homogénea habría tropezado con enormes dificultades, irresolubles en esas circunstancias y en tan corto lapso de tiempo. No obstante, sí que introdujo novedades en su política económica, al establecer una administración financiera y tributaria ajena a las satrapías, que englobaba amplias regiones bajo el control de hombres de confianza. En buena medida, consiguió articular la administración territorial sin hacer coincidir el gobierno político y el poder económico, evitando de esta forma la excesiva acumulación de poderes en las mismas manos. Con respecto a las ciudades griegas, como en sus primeras iniciativas, adoptó un criterio de continuidad de la política inaugurada por su padre. Imbuido por la cultura griega de la ciudad, respetó la autonomía de las polis, si bien limitando su potestad con su propia hegemonía. Sin duda, Alejandro supo instrumentalizar la idea panhelénica y el interés común de acabar con la amenaza persa, pero cuando fueron necesarios otros medios de persuasión para silenciar y aplacar los movimientos antimacedonios en su contra, no dudó, como en Tebas, en emplear la fuerza y la represión ejemplar, o bien en cambiar sistemas y facciones políticas ciudadanas que mostraban resistencia. Él mismo pretendió propagar el modelo de ciudad griega en el ámbito oriental, al jalonar el itinerario de sus conquistas con la fundación de ciudades, a las que solía designar con su propio nombre, proliferando por doquier las "Alejandrías". Además de la ciudad del delta del Nilo, fundó, entre otras, la Alejandría de Aria, la de Aracosia, la de Bactra, la de Alejandría Eschata ( "la extrema" ), la Alejandría Nikaia ( "de la Victoria" ) y la Alejandría Bucéfala o Bucefalia (en recuerdo de su caballo, Bucéfalo). Esta política de establecimiento de ciudades y de colonos greco-macedonios, además de servir como estrategia de defensa y de control de rutas comerciales, constituyó la avanzadilla de su proyecto de helenización del imperio, siendo imitada en época helenística, aunque con una repercusión restringida. Política interna No obstante, surgieron algunos problemas que amenazaban con quebrar la unidad y la estabilidad. A las sublevaciones en los territorios recientemente conquistados de algunos sátrapas persas de Media, Persia y Carmania se sumó un problema aún más grave: la oposición surgida en el seno de los propios macedonios, motivada en parte, al parecer, por la adopción de Alejandro del ceremonial persa con el que los súbditos agasajaban a sus soberanos, que incluía la prosternación (la proskynesis). Los primeros problemas que tuvieron lugar en el entorno de Alejandro parecieron confirmarse en el año 330 a.C., cuando Filotas, su amigo de infancia, comandante de la caballería e hijo de Parmenión, fue acusado de traición y ejecutado, al parecer, por silenciar una conjura contra Alejandro. La condena alcanzó al propio Parmenión, que había permanecido con parte del ejército en Ecbatana, ante los recelos del macedonio. Algo después, en el año 328 a.C., llevado de un ataque de ira, él mismo asesinó a su amigo Clito, que había manifestado abiertamente su disconformidad con algunos aspectos del comportamiento de Alejandro. Otras conjuras y movimientos de oposición fueron acallados con idéntica violencia y determinación. Muerte de Clito De regreso de sus campañas de conquista, este clima cargado de problemas latentes explica acaso su supuesta política de fusión. Así, el matrimonio múltiple celebrado en Susa en el año 324 a.C. parecía propiciar una política de integración basada en las uniones mixtas: él mismo y unos ochenta generales y oficiales de su ejército contrajeron matrimonio con princesas y nobles iranias. Alejandro (cultivando la poligamia, habitual en la dinastía macedonia), después de tomar como esposa a la princesa bactriana Roxana, se unía ahora con Estatira, hija de Darío III. Con todo, el pretendido deseo de fusión entre griegos y orientales y de concordia universal no fue más que un acto simbólico, que servía a los propios intereses de Alejandro, en su afán por consolidar su condición de legítimo sucesor de Darío y de asumir rasgos emblemáticos, al emparentarse con la propia familia aqueménida. Servía también a sus fines políticos en otra dimensión, al constituir un gesto simbólico de amistad con las aristocracias iranias. En la misma línea se explica su decisión de incluir treinta mil jóvenes nobles persas en su ejército. Con esta medida lograba varios fines: por un lado, reforzaba los efectivos militares de su ejército; por otro, al dispensar este honor afianzaba su relación con las élites persas. Y, sobre todo, lograba mermar el poder de coacción de los macedonios, al no ser ya indispensable el apoyo de su ejército. Pronto se pudo comprobar su efectividad en Opis, cuando el rechazo provocado por su decisión entre los macedonios llevó el ejército al amotinamiento. La presencia de las tropas persas y, según las fuentes, la elocuencia de su discurso, acabaron con la sublevación, saldada con el ajusticiamiento de los líderes de la rebelión y el licenciamiento de diez mil veteranos, cansados de una década de continuas campañas. Su viaje de regreso a Macedonia, bajo el mando de Crátero, coincidió con la muerte de Alejandro, sirviendo para reducir los nuevos focos de sublevación que había entre los griegos. En la práctica, la fusión y el mestizaje nunca se produjeron a gran escala, pues era habitual la coexistencia paralela de las comunidades greco-macedónicas e indígenas. La política de Alejandro, en este sentido, si bien provocaba ciertos descontentos y hostilidades entre los macedonios, le permitía granjearse la amistad y el respaldo de las poblaciones orientales, especialmente de sus élites, y reforzaba su poder al neutralizar las disensiones existentes entre los suyos. El rey universal Buena parte de sus iniciativas parecían orientarse en la misma dirección: modelar la idea y la imagen del "rey universal" que extiende su dominio sobre la ecúmene. Aspiraba así a una nueva forma de poder, con un marcado carácter autocrático, abandonando incluso el título de "Rey de los macedonios", que fue sustituido por el de "el Rey Alejandro", con nuevas connotaciones ideológicas en la imprecisión del título. Con el mismo fin asumió elementos propios del despotismo oriental en virtud de su sucesión al trono aqueménida, exhibiendo un fuerte personalismo no exento de conexiones divinas. Al incorporar rasgos de la realeza oriental, se convirtió en depositario del derecho divino de las soberanías egipcia o persa que, sumado a las elaboraciones de su ascendencia divina, le atribuían una aureola deífica; todo ello al margen de las especulaciones sobre la exigencia de Alejandro de recibir honores divinos de las ciudades griegas, que en determinados casos no le fueron denegados. El legado de Alejandro La muerte de Alejandro Magno truncó las grandes expectativas desplegadas por sus conquistas y su poder. Alejandro legaba un imperio universal, pero la ausencia de un líder indiscutible generó un vacío en el que de inmediato se abrieron fisuras; pronto se manifestaron la discordia y las ambiciones contrapuestas entre sus compañeros y generales. La sucesión parecía garantizada por el nacimiento de su hijo varón, Alejandro IV, fruto de su unión con Roxana, acordándose entonces la regencia de Arrideo, el hermanastro del propio Alejandro (según las fuentes, con evidentes indicios de deficiencia mental). Sin embargo, la rivalidad entre los denominados diádocos (generales de Alejandro) se agudizó, al dividirse entre ellos los poderes y las áreas de control, surgiendo los enfrentamientos armados alentados por las ambiciones personales y dando al traste con la idea de la unión del imperio. El legítimo heredero, Alejandro IV, fue asesinado en 310 a.C. junto a su madre, por orden del regente Casandro. Alejandro en el Templo de Jerusalén Con todo, y a pesar de la tendencia disgregadora, los vastos territorios conquistados por Alejandro se conservaron, convertidos en estados helenísticos. Ello puso de manifiesto otro de los legados del macedonio: la propia institución de la monarquía, que acabarían asumiendo los diádocos, lo que implicaba la instauración de dinastías de origen macedonio dentro de los reinos helenísticos. Por otra parte, la excepcionalidad de los logros de Alejandro, su carismática personalidad y su prematura muerte dieron alas al mito de aquel que en vida se había convertido en un héroe. Divinizado a su muerte, recibía culto en su tumba de Alejandría, prestándose su imagen sobrehumana a todo tipo de leyendas que se fueron transmitiendo de generación en generación. Convertido en arquetipo, su mito se desarrolló en múltiples relatos que, a partir de sus hazañas, se veían plagados de anécdotas y aventuras fantasiosas, tomando forma de epopeyas y fábulas que llegaron a gozar de una extraordinaria popularidad. Su imagen idealizada adquirió nuevos matices, en ocasiones contradictorios, enriqueciendo y alimentando el mito, que llegó a proyectarse con un éxito extraordinario no sólo durante la Antigüedad, sino también en la Edad Media y en la posteridad. No en vano algunos pobladores de las montañas afganas remontan aún hoy su ascendencia a Alejandro. -------------- Si estás interesado en alguno de mis otros aportes puedes visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a este personaje que dejó una gran huella en la historia de la humanidad.
Las Guerras Púnicas La conquista del Mediterráneo Occidental empezó con la guerra de Cartago, llamada también Guerras Púnicas, por la denominación de Puni o Phoeni, que se les daba a los cartaginenses. Se llevo acabo entre los años 264 y 146 a.C. Después de conquistar la península Itálica los romanos llevaron sus armas hasta la Isla de Sicilia. Esto afectaba los intereses de los cartaginenses, ubicados en el norte de África. Esta rivalidad originó las Guerras Púnicas las cuales fueron tres. Representación de una batalla entre Romanos y Cartaginenses Causas de las Guerras Púnicas La principal causa de las guerras púnicas fue el conflicto de intereses entre el Imperio Cartaginense y la por entonces República de Roma, en plena expansión y camino de convertirse en el vasto imperio en que se convirtió. Inicialmente, los romanos estaban interesados en expandirse vía Sicilia, parte de cuyo territorio estaba bajo control cartaginés que, al iniciarse la primera guerra, era el poder dominante al oeste del Mediterráneo con un gran dominio marítimo. Roma era una fuerza que ascendía rápidamente en Italia, pero carecía del poder marítimo de Cartago. Sin embargo, al finalizar la tercera guerra tras más de cien años de luchas y la consecuente pérdida de cientos de miles de soldados por ambas partes, Roma logró conquistar el imperio cartaginés, destruyó su ciudad capital y se convirtió en la civilización más poderosa del Mediterráneo y del mundo. Al finalizar las guerras macedonias, que ocurrieron de forma simultánea a las púnicas, y con la derrota del rey Antíoco III el Grande, en la guerra entre Roma y Seléucida en el mar oriental, Roma emergió como el poder más dominante en el Mediterráneo y una de las ciudades más poderosas en la antigüedad clásica. Antecedentes A mediados del siglo III a.C., Cartago era una gran ciudad ubicada en la costa de lo que hoy conocemos por Túnez. Fundada por los fenicios a mediados del siglo XIX a.C.. Fue una poderosa ciudad-estado con una inmensa red comercial y a la que solo Roma, en toda la región, podía emular en cuanto a población, riquezas y poder. Aunque Cartago ostentaba el mayor poderío naval del mundo antiguo, no mantenía un ejército grande permanentemente. Prefería contratar mercenarios, sobre todo indígenas de Numidia, para que libraran sus batallas. No obstante, la mayoría de los oficiales que comandaban sus tropas sí eran ciudadanos naturales. Los cartagineses eran reconocidos por sus habilidades para navegar. Muchos provenientes de las clases bajas escogían la marina para servir, lo que les proveía de ingresos estables y les permitía hacer una buena carrera. En el año 200 a. C. la República Romana había tomado control de la parte sur de la península itálica. A diferencia de Cartago, la República Romana no disponía de una flota que le permitiera ser competitiva en batallas navales contra la armada cartaginesa. Sin embargo, aunque los comandantes romanos sabían que la batalla marítima estaría perdida incluso antes de comenzar, también eran conscientes de la superioridad del Ejército de Roma sobre los mercenarios de Cartago de modo que decidió atacar Sicilia por tierra. Tras la victoria en la Primera Guerra Púnica, los romanos comenzaron a construir navíos similares a los cartagineses que les permitieran plantar cara a su armada en el Mediterráneo. La ciudad de Cartago Primera Guerra Púnica 264-241 a.C. Estallido del conflicto La primera guerra estalló en Sicilia, la isla estaba habitada por colonias griegas de la República Romana, en sus límites orientales, y asentamientos occidentales de Cartago. La participación directa de Roma en el conflicto se inició tras la petición de ayuda de la colonia griega de Mesina, ubicada en el promontorio siciliano más cercano a Italia. El reclamo de los habitantes de Mesina se desconoce si se debió más al temor por los cartagineses o por sus vecinos griegos de Siracusa, pero lo cierto es que el conflicto pronto escaló a un enfrentamiento directo entre Roma y Cartago. Los romanos rápidamente rescataron Mesina del cerco de Cartago, la facilidad con la que se produjo este movimiento militar da a entender que los oficiales cartagineses aceptaron los términos romanos sin oponer mucha resistencia ni trazar una estrategia. Este hecho trajo consigo la crucificción por incompetencia del comandante de la guarnición de Cartago en Mesina. Territorios de Cartago y Roma durante la Primera Guerra Púnica Durante los años 262 y 261 a.C., las tropas romanas avanzaron sobre Sicilia y capturaron Agrigento tras un prolongado sitio. Pero su conquista no constituyó una ventaja convincente sobre los cartagineses, cuyo dominio marítimo les permitió recuperar regiones costeras de Sicilia e incluso saquear asentamientos costeros de Italia. Como resultado de esto, en el 260 a.C., el Senado de la República tomó una decisión trascendental: Cartago sería desafiado en su propio terreno y Roma, hasta ese momento poderosa solamente por tierra, comenzaría a armar una flota competitiva. La primera armada romana – 260-255 a.C. Como parte de las escaramuzas de apertura de la Primera Guerra Púnica, los romanos lograron capturar un barco de guerra de Cartago que se había encallado. La nave era de reciente introducción en las armadas del Mediterráneo y poseía cinco bancos de remos, con capacidad para 300 remeros, lo que la hacía más grande y pesada que las conocidas hasta entonces, tiradas por tres bancos de remos. El tamaño de los barcos era de vital importancia en las batallas marítimas, por lo que los romanos comenzaron a construir sus buques basándose en el capturado. Por lo tanto la primera armada romana nacería integrada por potentes barcos, superiores a sus homólogos de otras marinas de la región. El Senado ordenó construir 100 como el hallado en un plazo de dos meses, muy poco tiempo, pero asombrosamente la orden fue cumplida. Algunos remeros habilidosos, de los aliados de Roma alrededor de las costas de Italia, estaban disponibles para integrar las tripulaciones de los barcos construidos, pero aún así se precisaba de más de 30 mil hombres para echar a andar todos los navíos. Una vez seleccionados, fueron entrenados los más rápido posible en tierra, pero aún así, capacitar a tantos hombres para pelear mano a mano en el mar contra la armada más poderosa hasta ese momento, no era tarea fácil. De ahí que los romanos basaran sus esperanzas en un dispositivo probado levemente en la guerra naval griega, aunque sin mucho éxito. Dicho dispositivo estaba diseñado para proporcionar a los soldados, entrenados en legiones, una plataforma más estable desde la que atacar. En esencia era un puente levadizo, unido al barco, que permitía ser liberado y tendido hacia la nave contra la que se peleaba. En su parte inferior, tenía un punto de metal que perforaba y se anclaba a la cubierta de la nave rival, facilitando el abordaje de las tropas romanas. El fuerte pico de metal del dispositivo y la agudeza con que perforaba, condicionaron que fuese nombrado por las tripulaciones como “el cuervo”, un artefacto que les ayudaría a ganar batallas decisivas. GIF Batalla marítima durante la primera guerra La primera victoria romana fue un duro golpe para los de Cartago, que aventajaban a sus inexpertos rivales por 30 barcos. La batalla fue en Milas, ahora Milazzo, a unas pocas millas al oeste de Mesina, en el año 260 a.C.. Los cuervos posibilitaron a los romanos destruir 50 buques cartagineses, lo que bastó para que el resto de la flota entrara en pánico. Con el éxito Roma ganó confianza en el mar y ordenó la construcción masiva de más barcos para conformar una armada capaz de retar a Cartago en su propio territorio. La misma estuvo lista para el año 256 a.C.. La integraban 250 navíos de cinco bancos de remos, 30 mil marines, 80 barcos de transporte con 500 unidades de caballería, además de comida y suministros para el ejército completo. Esta fuerza fue capaz de derrotar a otra flota cartaginesa antes de desembarcar de manera segura en tierras africanas, donde también tuvo triunfos tempraneros en la Primera guerra. Sin embargo, los elefantes de Cartago y su caballería le infligieron una costosa derrota en el año 255 a.C., de la que solo dos mil hombres pudieron escapar. Por ello, otra vasta flota de 350 naves fue enviada desde Roma a tierras enemigas. Esta obtuvo una importante victoria en el mar, pero en el viaje de retorno un vendaval la hizo añicos al estrellarse los barcos contra las rocas de la costa del sur de Sicilia. Del temporal sólo pudieron librarse y regresar a casa con severos daños 80 naves. Sicilia, Cerdeña y Córcega – 255-238 a.C. La pérdida masiva de vidas en la tormenta en Sicilia (cerca de cien mil remeros y soldados), redujo el entusiasmo romano por las campañas marítimas. A tono con ello, trasladaron el conflicto a la isla de Sicilia, donde desarrollaron una guerra larga de desgaste. De forma gradual, los romanos cortaron las rutas de suministro de los pueblos cartagineses, lo que unido a la victoria naval obtenida en el año 241 a.C. en Trapani, en el extremo noroccidental de la isla, le permitió consolidar su dominio en la guerra. Como consecuencia de esto, el comandante de las tropas de Cartago fue crucificado y el gobierno derrotado accedió a negociar la paz. Tírremes cartaginenses Mediante el acuerdo, Cartago cedió sus territorios de Sicilia a Roma y pagó a la República una gran indemnización. De igual forma, se comprometió a que ningún barco de guerra de su propiedad ingresaría en aguas itálicas. De esta manera, ninguno de los dos poderes interferiría en los territorios del otro. Sin embargo, muy pronto quedó en evidencia que Roma no tenía intención de respetar su parte del acuerdo y que iría por más, en su camino a consolidarse como un futuro imperio. Cuando una rebelión estalló en el 238 a.C. en Cerdeña, otra isla cartaginés, Roma envió un ejército para asistir a los rebeldes. Como resultado, la isla pasó a dominio romano en el año 227 a.C. y se convirtió tras Sicilia, en la segunda provincia de Roma. Con el fin de este conflicto y su acuerdo final, que increíblemente incluyó otra indemnización de Cartago, Córcega, nominalmente cartaginés, fue traspasada también a Roma. Expansión Cartaginesa en España – 238-218 a.C. Con la posesión romana de las mayores islas del occidente del Mediterráneo, Cartago apuntó sus intereses geopolíticos para compensar sus pérdidas hacia la península ibérica, específicamente el territorio que hoy ocupa España. De hecho, la ciudad de Cartagena o Nuevo Cartago, es fundada por ese entonces. Esta posesión tenía dos ventajas para Cartago: un rico puerto en la costa de España, justo frente a Cartago, y una cercanía valiosa a minas ricas en oro y plata. Sin embargo, la presión cartaginesa por extenderse más al norte en España, despertó las alarmas en Roma que la vio como una amenaza para sus posesiones en el sur de Francia. Un tratado firmado por ambas partes en el 225 a.C. establecía al río Ebro como la línea limítrofe de los intereses romanos y cartagineses en España. Era tan al norte, que ciertamente la península ibérica era reconocida como una provincia de Cartago. El avance cartaginés en España fue vigorosamente ejecutado por una familia de talentosos generales que prácticamente devinieron en los gobernadores hereditarios del territorio. El primero de ellos fue Amilcar Barca, quien murió en batalla en el 228 a.C.. Su lugar fue ocupado por su yerno, Asdrúbal, a quien asesinaron siete años después. Expansión de Cartago en Hispania Asdrúbal fue sucedido por su cuñado, un hijo de Amilcar, que tan joven como a la edad de 26 años es proclamado como comandante en Jefe del ejército de Cartago en la región. El nombre de este individuo, famoso aún en nuestros días, era Aníbal Barca. Como comandante, Aníbal consolidó la presencia cartaginesa en España hasta el año 218 a.C., cuando Roma forzó una discrepancia diplomática por su sitio a Sagunto, un pueblo bastante al sur del río Ebro. Segunda Guerra Púnica – 218-201 a.C. Tras la Primera Guerra Púnica, en la que Roma y Cartago se enfrentaron por el dominio de Sicilia y luego Cerdeña, las tensiones políticas existentes entre ambas civilizaciones eran permanentes. Fue prácticamente inevitable que estallara una segunda guerra que enfrentara a las principales potencias del Mediterráneo puesto que las indemnizaciones que Cartago tuvo que pagar a Roma eran excesivas, así que el pueblo cartaginés comenzó su expansión por la península ibérica para ganar dinero. Este proceso expansivo chocó de nuevo con Roma derivando en la Segunda Guerra Púnica. Inicio de la Segunda Guerra Púnica Los cartagineses se expanden por la península ibérica hasta que llegan al límite marcado por los romanos en el río Ebro, atacan Sagunto, aliada romana y Roma les declara la guerra que se dividió en dos frentes. Por un lado la guerra en la península ibérica y por otro la heroica marcha del general cartaginés Aníbal a través de los Pirineos y los Alpes hasta llegar a las puertas de Roma. Llegada de Aníbal a territorio romano Marcha de Aníbal sobre Roma Aníbal Barca forzó el estallido e inició la marcha sobre Roma, una audaz decisión basada en la idea de que la mejor oportunidad de victoria consistía en llevar a cabo una larga campaña en tierras itálicas. En mayo del año 218 a.C., Aníbal marchó al norte desde Cartagena con un ejército de cerca de 32.000 efectivos de infantería, 8.000 de caballería y 37 elefantes. A pesar de lo dificultoso de la ruta, en la que tuvo que cruzar los Alpes bajo el asedio de tribus hostiles, el líder cartaginés y sus tropas llegaron al norte de Italia en octubre de ese mismo año. Sin embargo, el enfrentamiento con tribus celtas y las dificultades del viaje tuvieron un elevado costo. Al suelo de Italia llegaron 20.000 soldados de infantería, 6.000 de caballería, y el número de elefantes sobrevivientes no ha sido nunca precisado. Para Diciembre, dos meses después de su llegada y tras la derrota o retirada táctica de varias fuerzas romanas, el ejército cartaginés volvió a incrementarse en número y entonces integró a 28.000 infantes y 10.000 efectivos de caballería. Este incremento en el número de tropas viene producido por la unión de fuerzas galas y celtas al ejército de Aníbal, que dejaron de ser leales a Roma ante la debilidad que mostraban sus legiones. Lago Trasimeno – 217 a.C. Luego de invernar en Bolonia, Aníbal se desplazó al sur en la primavera del año 217 a.C.. En mayo logró atraer fuerzas romanas hacia una trampa. Era una mañana neblinosa y los romanos se desplazaron hacia una estrecha llanura, adyacente al lago Trasimeno, desconociendo que en las colinas que rodeaban el lago se encontraba apostado el ejército cartaginés. Cuando este último atacó, los romanos estaban desprevenidos y carentes de defensa alguna. La emboscada en Trasimeno tiñó el lago de sangre y más de 15 mil soldados perdieron la vida, con un saldo muy favorable para el ejército de Cartago. Las mieles del éxito consolidaron la voluntad de Aníbal de continuar su marcha sobre Roma. Esperaba que sus triunfos militares animaran a muchos de los aliados romanos, a menudo descontentos, a acompañarlo. Romanos y Cartaginenses enfrentándose durante la Segunda Guerra Púnica Batalla de Cannas – 216 a.C. En el año 216 a.C. se produjo la mayor victoria de Aníbal sobre los romanos, una de las batallas más famosas de la historia. Los ejércitos enemigos se encontraron cerca de la costa este de Italia, en Cannas, una llanura abierta que el líder de Cartago había elegido para que su caballería, que superaba en número a la de esa facción de la romana, operase con comodidad. La batalla se inició con un choque de las infanterías ligeras contrarias, que se enfrentaron con armas arrojadizas, entre ellas jabalinas y hondas. Ninguno de los lados parecía haber obtenido mucha ventaja y, a medida que las líneas principales opuestas se aproximaban entre sí, la infantería ligera se retiró tras sus respectivas infanterías pesadas. Entre tanto, en los flancos, la caballería española y celta avanzó a la carrera para entablar estrecho combate con los jinetes romanos. En este flanco, la ventaja estaba de parte de la caballería cartaginesa, que era más numerosa y probablemente estaba más fuertemente armada, con más armadura. El resultado fue que la caballería romana fue aplastada. Paulo fue herido y derribado de su caballo en el combate, y finalmente fue abatido. En el otro flanco, los númidas trabaron combate con la caballería italiana en una prolongada escaramuza, sin que ninguno de los bandos lograra imponerse. Por desgracia para los italianos, los jinetes celtas y españoles, en lugar de continuar su persecución de la caballería romana, cabalgaron por detrás del ejército romano y atacaron a los jinetes italianos por el flanco mientras estos combatían todavía con los númidas. Esto fue demasiado para los italianos, que se desbandaron y huyeron. La persecución de los italianos quedó para los númidas, mientras que la caballería pesada cartaginesa se reagrupó en la retaguardia del ejército romano. Mientras se desarrollaban las batallas de la caballería, las dos líneas de combate de infantería se enfrentaron. En el combate inicial, las romanos empezaron a adquirir ventaja. El centro desprotegido de los celtas y españoles se vio fuertemente presionado por los romanos a medida que los manípulos romanos avanzaban para atacar el ápice de la formación cóncava. Aunque estos soldados se vieron muy presionados por los romanos, no se desbandaron. Al mismo tiempo, las veteranas tropas libias avanzaron hasta presionar los flancos de la línea de batalla de los legionarios, que había avanzado para atacar a los celtas y a los españoles. Batalla de Cannas El resultado fue una enorme doble envolvente de las legiones romanas. Cuando los libios atacaron los flancos, las formaciones romanas no podían mantener ya el ímpetu para rechazar a la infantería española y celta en el centro. La destrucción casi total del ejército romano se completó cuando la caballería pesada española y celta cargó contra su retaguardia. Las bajas resultantes fueron asombrosas; los romanos contaron unos 48.000 muertos, entre ellos el cónsul Paulo, y más de 20000 prisioneros, que convirtieron a Cannas en una de las derrotas más sangrientas de ningún otro ejército europeo en un solo día de combate. Las tácticas de Fabián – 216-203 a.C. Después de la victoria en Cannas, más aliados de Roma se unieron a la causa de Aníbal. No obstante, la mayoría se mantuvo firme en su lealtad al gobierno de los césares, lo que supuso a la larga la derrota de Cartago. Aníbal logró reunir el ejército más poderoso de la península itálica, pero sin que fuera suficiente para subyugar a Roma. La República Romana ejecutó una estrategia devastadora, promovida por Quinto Fabio Máximo. El éxito de la política de este último le mereció el título de Cunctator (el que retrasa). Su técnica consistió en molestar continuamente al ejército de Aníbal, cortándole las líneas de suministros e impidiéndole un tránsito fácil, pero siempre evitando los enfrentamientos directos y masivos. Gradualmente, en doce años la estrategia romana fructificó. Las tropas de Aníbal fueron perdiendo su fuerza con los continuos enfrentamientos. No obstante, actualmente sigue resultando extraordinario para los estudiosos del tema la gran cantidad de tiempo que Aníbal permaneció dentro de Italia como una fuerza extranjera, prácticamente aislada y que apenas recibió unos pocos refuerzos de Cartago durante el conflicto. Desde su llegada a través de los Alpes en el 218 a.C., el ejército cartaginés no abandonaría el suelo romano hasta el año 203 a.C., cuando debió partir para defender Cartago, amenazada en ese momento por un ejército romano. En el año 202 a.C. Aníbal, sufrió en Zama la primera gran derrota de su vida y también la primera derrota cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica. El líder cartaginés nunca trató de destruir la capital del Imperio Romano aunque era un movimiento que tenía al alcance de su mano debido a que consideraba más importante tratar de lograr el apoyo de las tribus y poblaciones conquistadas en años anteriores por Roma y obligar a esta a pactar por la paz. Fin de la Segunda Guerra Púnica – 201-150 a.C. El tratado que puso fin a la segunda guerra fue más devastador para Cartago que su predecesor. Debió renunciar a sus posesiones en España y a las islas que le quedaban en el Mediterráneo, además de contraer el compromiso de pagar durante 50 años una indemnización masiva y elevada. De igual forma, Cartago accedió a subordinarse a Roma en todas las materias relacionadas con la guerra y política exterior. Políticamente, esto representaba el fin para Cartago, pero a nivel comercial, los descendientes de los fenicios demostraron que no estaban acabados y para mediados del siglo su esplendor volvió a despertar los celos y temores de Roma. “Delenda est Carthago” (Cartago debe ser destruido), fue la frase obsesiva de Cato, un líder orador de Roma por ese entonces. La tercera guerra entre las dos partes comenzaba a asomar. Tercera Guerra Púnica – 149-146 a.C. La última de las tres guerras púnicas fue de menor duración que sus predecesoras (149–146 a.C.). Estuvo enfocada principalmente en el territorio de lo que hoy conocemos por Túnez y el escenario fundamental fue el cerco o sitio a Cartago por parte de Roma. Como resultado de esta guerra, Cartago fue completamente destruida y sus territorios anexionados por Roma, con lo que su independencia llegaba a su fin. De igual forma, su población sobreviviente fue sometida a régimen de esclavitud. Antecedentes de la Tercera Guerra Púnica En los años comprendidos entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica, Roma estuvo enfrascada en la conquista del imperio helenístico hacia el este y sin misericordia reprimió a los pueblos hispánicos en el oeste, a pesar de que estos habían sido esenciales para el triunfo romano en la Segunda Guerra Púnica. Cartago, despojado de aliados y territorios tras su derrota en los conflictos anteriores, sufrió durante 50 años el pago de una extensiva indemnización a Roma, contemplada en el tratado de paz de la Segunda Guerra Púnica. En el Senado romano, centraba habitualmente acalorados debates debido a que algunos oradores como Cato el Mayor eran partidarios de destruirla completamente y otros abogaban por vías diferentes de coexistencia que no contemplaran su destrucción. Puerto de Cartago De igual forma, el tratado de paz establecía que todas las disputas fronterizas que envolviesen a Cartago serían intermediadas y resueltas por el Senado romano, entidad que además aprobaría si Cartago podía ir a la guerra o no. Como consecuencia de esto, en los 50 años entre la Segunda y la Tercera Guerra Púnica, todas las disputas entre Numidia, un aliado de Roma, y Cartago fueron resueltas en Roma, mayormente en favor de la primera. Pero la situación cambió gracias a la eficiencia comercial y económica de Cartago. Para el año 151 a.C. ya su deuda con Roma estaba saldada y esto fue interpretado por los cartagineses que los términos del tratado de paz llegaban a su fin. Sin embargo, para los romanos el tratado era una declaración permanente de subordinación de Cartago hacia Roma. Además, la culminación del pago de la indemnización favorecía intereses hegemónicos y expansivos, pues Roma podía lanzarse a la conquista de Cartago sin necesidad de interrumpir entradas considerables y continuas de dinero. Otra arista que explica el interés que se impuso en Roma por conquistar Cartago es de índole económica. Para mediados del segundo siglo a.C. la población de la ciudad romana rondaba los 400.000 habitantes e iba en ascenso, lo cual significaba un aumento de la necesidad de alimentos y mercancías. En ese sentido, las tierras que rodeaban Cartago eran las más productivas, accesibles y quizás las de mayor rendimiento agrario, entre todas las que hasta ese momento estaban bajo el control romano. Transcurso de la Tercera Guerra Púnica En el año 151 a.C. Numidia emprendió otra disputa fronteriza contra Cartago y sitió el pueblo cartaginés de Oroscopa. En respuesta Cartago lanzó una gran expedición militar de 25.000 soldados pero ello no evitó que sufriese una derrota militar y le fuese impuesta otra indemnización durante 50 años. De manera inmediata, Roma mostró su desaprobación a la decisión de Cartago de emprender la guerra con uno de sus aliados sin su consentimiento y le impuso la condición para evitar una tercera guerra entre ellos de “satisfacer al pueblo romano”. Dos años después Roma declaró la guerra contra Cartago. Para tratar de apaciguarla, los cartagineses hicieron varias gestiones y obtuvieron la promesa de que si 300 muchachos de la clase alta eran enviados como rehenes a Roma, podrían mantener los derechos sobre su tierra y su propio gobierno. Asedio de Cartago por parte de los romanos Tras esto, la ciudad de Útica, un aliado púnico, declaró su desafecto hacia Roma y esta congregó allí un ejército de 80.000 hombres. Entonces los cónsules demandaron a Cartago que depusiera todas sus armas y luego de esto le ordenó que moviese sus fronteras 16 kilómetros, mientras la ciudad principal iba a ser incendiada. Cuando Cartago comprendió las intenciones romanas decidió abandonar las negociaciones. La ciudad fue sitiada, iniciándose así la Tercera Guerra Púnica. Después de que la principal expedición romana se apostase en Útica, los cónsules Manius Manilius y Lucius Marcius Censorius lanzaron un ataque por dos flancos a Cartago, que fue eventualmente rechazado por el ejército de los generales cartagineses Asdrúbal el Boeotarch y Himilco Phameas. Censorius perdió más de 500 hombres cuando fue sorprendido por la caballería de Cartago mientras recolectaba madera en las cercanías del lago Tunis. Un desastre mayor cayó sobre los romanos cuando su flota fue abrasada por las bolas de fuegos lanzadas desde barcos cartagineses. Ante los fracasos, Manilius fue reemplazado por el cónsul Calpurniues Piso en el año 149 a.C. después de una severa derrota del ejército romano en Nepheris, al sur de la ciudad principal, donde había una fortaleza cartaginesa. En el otoño del año siguiente Piso tuvo que retirarse luego de fallar en su intento por tomar la ciudad de Aspis, cerca de Cape Bon. Esto no le hizo cesar en su empeño y cargó contra el pueblo de Hippagreta en el norte, pero su ejército fue incapaz de derrotar a los púnicos allí antes de la llegada del invierno y tuvieron que retirarse nuevamente. Cuando estas noticias llegaron a Roma, Piso fue sustituido como cónsul por Scipio Aemilianus conocido como Escipión el Africano. Los cartagineses resistieron las embestidas romanas desde inicios del año 149 a.C. hasta la primavera del 146 a.C., cuando Escipión invadió con éxito la ciudad. Aunque el pueblo púnico peleó valientemente, fueron de manera gradual cediendo terreno ante la supremacía de la fuerza militar romana, hasta ser derrotados completamente. Batalla entre romanos y cartaginenses durante la Tercera Guerra Púnica Final de la Tercera Guerra Púnica Muchos cartagineses murieron producto del hambre durante la última parte del conflicto, y muchos otros en los escenarios militares durante los seis días finales de la guerra. Cuando esta terminó, los 50.000 hijos de Cartago que permanecieron con vida, una pequeña parte de la población existente antes del enfrentamiento bélico, fueron esclavizados por los vencedores. La ciudad fue consumida por las llamas durante 17 días. Sus muros y edificaciones fueron completamente destruidos. Los territorios cartagineses que sobrevivieron a la destrucción, fueron anexados por Roma y reconstituidos como la provincia romana de África. Un siglo después, Cartago fue reconstruida como una ciudad romana por Julio César, y poco tiempo después se convirtió en una de las principales poblaciones Imperio en el continente africano. -------------- Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html Biografía de Alejandro Magno http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19592624/Alejandro-Magno-el-Dios-de-los-conquistadores.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos.

Los Celtas Los celtas eran grupos de tribus libres que habitaban el sur de Alemania desde más o menos el año 1500 a.C. Por la época de los romanos, los celtas dominaban gran parte de Europa. Cerca del año 500 a.C., los celtas eran la potencia dominante de Europa. Se habían expandido desde el corazón del territorio europeo, de lo que hoy se conoce como el sur de Alemania. No eran una nación, sino que más parecían una confederación de tribus individuales con una cultura compartida. Más tarde, su influencia se expandió de España a Gran Bretaña, Alemania y el norte de Italia, y a sitios tan remotos como el centro de Anatolia (hoy, Turquía). Los celtas tenían una riquísima tradición oral y rara vez usaban lenguaje escrito. Por lo tanto, los detalles de su antigua vida cotidiana debieron ser armados con referencias arqueológicas y leyendas que los monjes irlandeses fueron coleccionando. Los celtas nunca formaron una federación de tribus o un imperio político, aunque compartían una lengua común e ideas religiosas similares. A pesar de esto, sus antecedentes e influencias pueden ser rastreados en una etapa mucho más amplia, que se remonta a los finales de la Edad de Bronce. No obstante, este conglomerado compartió una serie de rasgos comunes que, como las tradiciones, creencias y lengua, le otorgó una misma identidad bajo el nombre de celtas. Retrato de una tribu Celta El origen y el desarrollo de los pueblos celtas se asocian a la Edad de Hierro europea, y más precisamente a la llamada Cultura de los Campos de Urnas, que floreció hacia fines de la Edad del Bronce. Aquélla recibió su denominación por las curiosas prácticas crematorias de sus muertos y la posterior inhumación de las cenizas en recipientes de cerámica. Dispersa por el este y el centro de Europa entre los años 1300 y 800 a.C., la Cultura de los Campos de los Campos de Urnas es el primer antecedente de los celtas. Posteriormente, ya en los inicios de la Edad del Hierro, surgió en ese mismo espacio geográfico la Cultura del Hallstatt, que se desarrolló entre los siglos VIII y V a.C. A diferencia de la anterior, serán sus características, al menos en su último período, los enterramientos sumamente lujosos de los personajes de la élite dirigente y la construcción de edificios defensivos de mayor complejidad. En este período, los celtas compartieron la Cultura de Hallstatt con los ilirios, a la vez que extendieron su presencia en el interior de la Península Ibérica, donde se establecieron en el siglo VII a.C. En el siglo siguiente hicieron lo propio hacia el noreste ibérico, donde se hallaban instalados los íberos. Todos estos movimientos migratorios eran bien conocidos por los antiguos griegos y romanos. De hecho, Heródoto los denominó “keltoi”, y los romanos comenzaron a definirlos como “galatae” o “galli“. La vida celta Los celtas eran tribus de agricultores que se reunían alrededor de las fortalezas de sus jefes, también conocidas como "oppidae". Tales fortalezas a menudo eran fuertes sobre la cima de una colina, y algunos de ellos se convirtieron más tarde en aldeas o ciudades. La mayoría de celtas eran granjeros y pequeños agricultores que vivían en una gran variedad de tribus. Algunas veces, estas tribus se dividían y una parte se marchaba a otro lugar, así que ciertas tribus pudieron haberse expandido por diferentes áreas. Típica choza celta Los celtas estaban unidos por los druidas, que eran sacerdotes, legisladores, trovadores y sabios. también tenían talentosos artistas, músicos y trabajadores del metal. Su joyería, cerámica, armas y garrafas para bebidas a menudo se decoraban con intrincados diseños y formas geométricas. Los celtas tenían relaciones comerciales con Roma, Grecia y otros países, pero no fueron influenciados por dichas civilizaciones. Poder y ley Cada celta era un hombre libre, con derechos individuales. La justicia druida era bien conocida y los lazos de lealtad con cada una de las tribus eran muy fuertes. Los jefes eran elegidos por los miembros de la tribu, mientras que los altos reyes eran elegidos por los jefes. unos y otros podían ser depuestos, si no realizaban un buen trabajo. La cultura de "La Téne" Durante la última fase de la Edad del Hierro, conocida como “La téne”, desarrollada a partir del siglo V a.C., la presencia celta se extendió sin pausa, alcanzando desde la Península Ibérica hasta las orillas del mar Negro. El proceso se inició hacia fines del siglo V a.C., cuando a causa de la presión demográfica de otros pueblos del norte se generalizó un movimiento migratorio y los celtas llegaron al corazón mismo del mundo grecorromano. Aproximadamente en el 400 a.C., sus incursiones culminaron con la ocupación del valle del Po, en Italia. No tardarían mucho en iniciar recorridos hacia el sur y ya en 387 a.C. asediaron Roma, a la que luego saquearon. La cultura de “La Téne” tomó su nombre de un asentamiento descubierto a mediados del siglo XIX en las cercanías del lago Neuchatel, en Suiza. Las investigaciones asociaron finalmente este hallazgo con una práctica religiosa y ritual, en la que los antiguos celtas realizaban sacrificios de animales y seres humanos, y arrojaban a los cursos de agua objetos preciosos a manera de ofrendas a los dioses. Expansión total de los Celtas El avance de los celtas continuó en diferentes direcciones, entre ellas hacia las Islas Británicas. Las primeras oleadas migratorias se realizaron durante el siglo V a.C. y se repitieron dos siglos más tarde. Efectivamente, algunos registros arqueológicos revelan la presencia celta en Manda ya en el siglo III a.C. Finalmente, a principios del siglo I a.C. se sucedió una nueva migración masiva. También en el siglo IV a.C. los celtas dirigieron sus pasos hacia el sudeste europeo, hasta la región del Báltico y la parte occidental de Turquía. Alejandro Magno supo de ellos en Macedonia y es sabido que en el año 279 a.C. iniciaron el saqueo de la ciudad de Delfos, aunque al parecer parecer una nevada les impidió concluirlo. Paralelamente, en Asia Menor, los celtas llegaron a establecerse en una región que aún conserva el nombre de Galacia. La expansión La gran expansión celta implicó la movilización de numerosas tribus independientes, aunque unidas por lazos culturales. Entre los siglos V y II a.C. se dispersaron en todas direcciones y fundaron ciudades fortificadas, a la vez que intensificaron el comercio con grupos vecinos. Hacia el siglo II a.C. aparecieron las fortificaciones llamadas “oppidas“, que pretendieron actuar como valla contra el avance romano. La decadencia Los celtas no tuvieron un poder centralizado. No resulta extraño que con esta característica, hayan sido conquistados por los romanos, quienes entre los siglos II a.C. y I se adueñaron de la Galia Transalpina y la mayor parte de Britania. Fruto de ello fue la asimilación de este pueblo a la cultura romana, al extremo de abandonar sus tradiciones y lengua. Guerreros celtas Con el tiempo, también perdieron sus dominios en España y a finales del Imperio Romano apenas conservaban territorios en el noroeste de Francia, Irlanda y Gales. En estas dos ultimas zonas, en cambio, la resistencia, combinada con lo breve de la estadía romana, permitió que su lengua y cultura sobrevivieran. Incluso en el siglo VII realizaron un intento para expandir su influencia, cuando los es-cotos irlandeses invadieron Caledonia, región rebautizada como Escocia. Vercingétorix, último líder Galo En 52 a.C. y a los 20 años, Vercingétorix -de la tribu arverna del centro de Francia- había logrado una federación de grupos galos cuyos jefes le delegaron el mando militar. Julio César, gobernador romano de la Galia, tenía un poderoso ejército, pero el líder galo optó por no darle batalla abierta sino hacer guerra de guerrillas y replegarse al interior para alejar al enemigo de sus bases, mientras incendiaba cosechas y aldeas para dejarlo sin suministros.Tuvo varios éxitos hasta que en la ciudad de Alesia las legiones de Julio César lo sitiaron con ayuda de otros galos y germanos aliados a Roma. Vercingétorix debió rendirse, fue llevado a Roma, exhibido como trofeo y ejecutado tras cinco años preso, en 46 a.C. Retrato de Vercingétorix La religión Celta Los celtas carecieron de una unidad mitológica, como de alguna manera correspondía al extenso y complejo conglomerado de tribus y pueblos que ellos constituyeron. De esta manera, según las regiones, aparecen dioses y mitos con distintos nombres y, por lo general, con singularidades locales. Aun así, es posible destacar una serie de temas recurrentes, como las aventuras de guerreros valerosos y heroicos, y una particular interpretación del mundo de la naturaleza con intrigantes y misteriosas dimensiones. Justamente por esa carencia de unidad, la mitología celta ha tenido varias subdivisiones, entre las que se destacan la céltica antigua; la irlandesa, a su vez dividida en varios ciclos (el Mitológico, el de Ulster, el del héroe Fionn y el Histórico); y finalmente la galesa. En la mitología irlandesa, existe un mito originario en el que dos razas se hallan en permanente guerra: la de los Tuatha De Danann y la de los Fomoré. Los primeros eran el quinto grupo de habitantes de Irlanda y estaban asociados con los grandes reyes y héroes; los segundos, en cambio, constituían un pueblo de gigantes que amenazaban constantemente con invadir Irlanda, representando a las fuerzas del mal. El dios-ciervo celta Cernunnos En el panteón irlandés, sobresalía Dagda, señor de los elementos y guía divino de los druidas. Según la leyenda, fue él quien condujo a la victoria a los Tuatha De Danann contra los Fomoré, quienes a su vez tenían a Balar como su principal divinidad. Dagda era señalado como un dios bondadoso, glotón y muy activo sexualmente. Se lo representaba con un caldero siempre inagotable y un arpa mágica que podía sonar sin que su dueño la tocara. Finalmente, cargaba una maza que tenía el poder de matar o resucitar según con cuál de sus extremos golpeara. A Balar, por su parte, se lo figuraba con un ojo en la frente y otro en la nuca, que habitualmente estaba cerrado, pero cuando se abría causaba la muerte de quien lo mirara. Naciones con legado celta en la actualidad La Liga Celta o el Congreso Internacional Celta, que aúnan bajo el requisito de hablar en la actualidad un idioma de origen celta a Irlanda, Gales, Escocia, la Isla de Man, Conualles y la Bretaña francesa, han convertido a estas naciones en herederos directos de esta cultura. De esta forma, Galicia, cuya lengua gallega no conserva más que topónimos y palabras sueltas con origen en estos pueblos, queda excluida del grupo a pesar de que sus verdes paisajes y montañas están plagados de infinidad de castros, monolitos y símbolos grabados en sus piedras y que tienen su origen en este pueblo de hace más de 3.500 años. Sin embargo, más allá de la magia de los druidas, espíritus y brujas que, como en Escocia, se adueñan del folklore gallego, este no sería nada sin el sonido de sus panderetas, tambores y gaitas. Un instrumento que conecta ineludiblemente a las siete naciones célticas. -------------- Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html Biografía de Alejandro Magno http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19592624/Alejandro-Magno-el-Dios-de-los-conquistadores.html Las Guerras Púnicas www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19593953/Las-Guerras-Punicas.html El Imperio Carolingio de Carlomagno www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19595008/Imperio-Carolingio-el-imperio-de-Carlomagno.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos
Imperio Carolingio El Imperio Carolingio fue el Imperio de Carlomagno o Carlos el Magno, el cual produjo un verdadero renacimiento de la época. Los elementos procedentes del Cristianismo, del mundo bárbaro y de la cultura greco-romana se entremezclaron para dar origen a nuestra actual cultura occidental.Unos de los más importantes reinos germanos fue el reino franco, unificado por Clodoveo. Con él se inició el reinado de la dinastía merovingia, nombre dado en honor de su abuelo Meroveo. Al morir Clodoveo, el año 511, el reino se dividió en cuatro: Neustria al oeste de Francia; Austrasia al este; Borgoña en el centro sur y Aquitania al sudoeste. Sin embargo, las luchas entre los merovingios llevaron, poco a poco, a que éstos perdieran prestigio y poder, por eso se les llamo los reyes holgazanes. Ante la decadencia de los reyes, los nobles se convirtieron en los verdaderos detentores del poder. Ellos recibieron el título de mayordomos de palacio. A principios del siglo VII, los mayordomos de Austrasia, de la familia Heristal, obtuvieron supremacía. Coronación de Carlomagno A esta familia perteneció Carlos Martel, quien detuvo el avance de los árabes en la batalla de Poitiers (Francia, 732), y su hijo Pipino, el Breve, que destronó al último de los reyes merovingios el año 751, unió nuevamente el reino y se coronó rey de los francos. Entonces concluyó la dinastía de los merovingios y se inició la dinastía carolingia. Dentro de esta familia nació Carlomagno, el primer rey germano que intentó reconstruir el Imperio Romano de Occidente. El Rey Carlomagno En el año 768, Pipino dividió su reino entre sus hijos. A su muerte, sus dos hijos, Carlomán y Carlos, fueron elegidos reyes de los francos, pero, como era de prever, no lograron coordinar sus acciones y se enfrentaron entre sí. La solución de esta difícil situación se vió facilitada por el fallecimiento de Carlomán en el año 771, con lo que quedó Carlos en posesión total de los dominios de su familia, pues los hijos de Carlomán lo eligieron como jefe. El nuevo rey franco fue conocido como Carlomagno que significa Carlos el Grande y fue uno de los monarcas de mayor prestigio de la Europa medieval. Su política expansiva continuó con la conquista y anexión del reino lombardo (el norte de Italia), realizada en el 774, mediante una alianza de los francos con el Papado. Dominada Italia (aunque pervivían tendencias particularistas, especialmente fuertes en los ducados meridionales de Spoleto y Benevento), Carlomagno concentró sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804. Retrato de Carlomagno Carlomagno dominaba así el más importante reino de la Europa de su época; pero para mantenerlo tuvo que combatir continuamente: unas veces contra rebeliones o resistencias internas y otras para asegurar las fronteras contra enemigos exteriores. Entre estas últimas cabe destacar la guerra contra los ávaros en la frontera oriental, que le llevó a dominar los territorios actuales de Hungría, Croacia y parte de Serbia; y también un intento infructuoso de penetrar en España, abortado por la derrota que le infligieron los vascos en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para crear una Marca Hispánica sometida al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona. La autoridad del Emperador El Imperio Carolingio se sintió profundamente romano y cristiano, pero su modelo de organización fue germano. Carlomagno gobernó su imperio de manera absoluta, al estilo de los emperadores romanos. Sin embargo los hombres libres de su imperio se reunían dos veces al año, al modo germano, en una asamblea que aprobaba las leyes llamadas capitulares. Carlomagno, como otros reyes germanos, vivió en sus dominios campestres, aunque a menudo residió en la ciudad de Aquisgrán, que es considerada, por eso, la capital de su Imperio. Mapa del Imperio Carolingio En Aquisgrán, Carlomagno contaba con un grupo de funcionarios que lo ayudaban en sus tareas, como por ejemplo, el canciller, que era su secretario, y el chambelán, que se encargaba de todo lo concerniente al servicio personal del gobernante. La administración territorial se ordenó en provincias o condados en los cuales se desarrolló principalmente la agricultura, al frente de los cuales hubo un conde, con poder civil y militar sobre su comarca. Las provincias fronterizas, llamadas marcas, resguardaban el imperio de los invasores y estaban gobernadas por los marqueses. Tanto éstos como los condes estaban vigilados por los missi dominici – un laico y un sacerdote – que en sus visitas a las provincias velaban por el cumplimiento de las órdenes del emperador. El renacimiento del Imperio Romano Otros elementos de la dominación política de Carlomagno fue la cultura. En esos tiempos era difícil encontrar a alguien que supiera leer y escribir: el propio Carlomagno era analfabeto. Por esta razón, el emperador impulsó la apertura de escuelas para la formación de funcionarios públicos y religiosos. Una de ellas fue la famosa Escuela Palatina, que funcionaba en Aquisgrán y que se destinó a la instrucción de los futuros funcionarios del estado. También se fundaron escuelas en las iglesias y en los monasterios, que llegaron a conformar importantes bibliotecas, en las cuales el mundo occidental conservó una gran parte de la tradición cultural latina. A fin de impulsar este movimiento de renacimiento cultural, Carlomagno se rodeó de figuras de relieve, como el inglés Alcuino de York y el francés Eginardo, que escribió su biografía. También se preocupó por las artes: mando construir numerosas iglesias que imitaron el estilo romano y bizantino como, por ejemplo, la capilla del palacio de Aquisgrán. El denominado renacimiento carolingio produjo una serie de obras que forjaron el fundamento cultural de la Edad Media. Sin embargo, a pesar de su importancia, este renacimiento solo afectó a un número muy limitado de personas: a los nobles y al clero. El renacimiento Carolingio Otros elementos de la dominación política de Carlomagno fue la cultura. En esos tiempos era difícil encontrar a alguien que supiera leer y escribir: el propio Carlomagno era analfabeto. Por esta razón, el emperador impulsó la apertura de escuelas para la formación de funcionarios públicos y religiosos. Una de ellas fue la famosa Escuela Palatina, que funcionaba en Aquisgrán y que se destinó a la instrucción de los futuros funcionarios del estado. También se fundaron escuelas en las iglesias y en los monasterios, que llegaron a conformar importantes bibliotecas, en las cuales el mundo occidental conservó una gran parte de la tradición cultural latina. Representación de la sociedad en el Imperio Carolingio A fin de impulsar este movimiento de renacimiento cultural, Carlomagno se rodeó de figuras de relieve, como el inglés Alcuino de York y el francés Eginardo, que escribió su biografía. También se preocupó por las artes: mando construir numerosas iglesias que imitaron el estilo romano y bizantino como, por ejemplo, la capilla del palacio de Aquisgrán. El denominado renacimiento carolingio produjo una serie de obras que forjaron el fundamento cultural de la Edad Media. Sin embargo, a pesar de su importancia, este renacimiento solo afectó a un número muy limitado de personas: a los nobles y al clero. La Escuela Palatina de Aquisgrán Para llevar a cabo su empresa cultural, Carlomagno reunió en la Escuela Palatina de Aquisgrán a los hombres más sabios de la época: el historiador y teólogo anglosajón Alcuino, el poeta español Teodulfo, los historiadores Eginardo y Pedro Diácono y el teólogo Rabano Mauro. Estos hombres no pensaban en componer grandes obras, sino en rescatar las obras de la antigüedad. Por eso se esforzaron, en primer lugar, por rescatar la pureza del idioma latino escribiendo gramáticas. Además, ellos enseñaron las llamadas artes liberales formadas por Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Estas disciplinas se convirtieron en la base de todo el saber medieval. La desintegración del Imperio Carolingio Rodeado del cariño de su pueblo y de la admiración de los extranjeros, Carlomagno falleció en su palacio de Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), el 28 de enero de 814. A su muerte, los pueblos sometidos trataron de recobrar su independencia y la estructura del imperio se resquebrajó hasta partirse. Su hijo Luis el Benigno o Ludovico Pío, que le sucedió en el trono, dividió el imperio en el año 817 entre sus tres hijos: Lotario, Pipino y Luis. Disconforme con este reparto, su sobrino Bernardo, que era el rey de Italia, se sublevó, pero fue vencido. GIF Imperio Carolingio hacia el año 800 d.C Posteriormente, Ludovico se casó en segundas nupcias con una hija del rey de Baviera (819) con la que tuvo otro hijo, Carlos, a quien quiso hacer partícipe del reparto y entregarle un reino, pero sus otros hijos se sublevaron y Ludovico fue depuesto, aunque más tarde fue restablecido en el trono por la asamblea de Nimega (830). Esta resolución dio lugar a que sus hijos se sublevaran nuevamente en el año 833. Abandonado por su ejército, fue degradado públicamente, pero poco después fue restaurado por segunda vez en el trono (834). Tiempo más tarde, su hijo menor, Luis el Germánico, quitó sus dominios a los hijos de Pipino, rey de Aquitania, que murió en el año 838 y además, convenció a su hermano Lotario que le cediera sus posesiones; con lo cual unificó las fuerzas para luchar contra su padre, que falleció en 840, cuando se dirigía a enfrentar al vástago rebelde. Con la muerte de Ludovico Pío, sus dos hijos menores , Luis y Carlos, se unieron contra Lotario, que reclamó la sucesión de su padre y el título de emperador. El entredicho derivó en un enfrentamiento militar, que tuvo lugar en Fontenoy, el 25 de junio de 841. La batalla se prolongó durante todo un día, hasta que el ejército de Lotario se retiro del campo, sin estar definitivamente derrotado. En esas circunstancias, Luis y Carlos ratificaron su unión con el famoso juramento de Estrasburgo. prestado en presencia de los dos ejércitos (842). Tratado de Verdum A la muerte de Ludovico, sus tres hijos, Lotario, Luis el Germánico y Carlos el Calvo se repartieron el territorio en el Tratato de Verdún (843). A través de este pacto el imperio se fragmentó en tres reinos: Desintegración final del imperio carolingio tras el Tratado de Verdum y sus posteriores sucesores - Carlos el Calvo recibió la Francia occidental que corresponde, aproximadamente, a la actual Francia. - Luis el Germánico obtuvo Francia oriental o Germania equivalente a la Alemania actual. - Lotario adquirió el título de emperador y los territorios situados entre los de hermanos, que se conocieron como Lotaringia: los Países Bajos, Alsacia, Suiza e Italia. Este tratado ratificó la progresiva desintegración del imperio soñado por Carlomagno. Además, una serie de episodios contribuyeron a acelerar la decadencia del imperio: las invasiones de pueblos bárbaros, normandos, sarracenos y húngaros. Estos episodios, sumados al creciente poder de la nobleza, acarrearon el debilitamiento de la monarquía, más notorio durante el siglo XI. -------------- Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html Biografía de Alejandro Magno http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19592624/Alejandro-Magno-el-Dios-de-los-conquistadores.html Las Guerras Púnicas www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19593953/Las-Guerras-Punicas.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos
La Guerra de los Treinta Años La guerra de los 30 años fue la primera guerra del mundo moderno. Comenzó como un conflicto religioso entre católicos y protestantes y terminó como una guerra por el poder de Europa. En 1618 explotaron las tensiones en Bohemia entre católicos y protestantes, y entre los Habsburgo y otras casas reales. Fernando II, el santo emperador romano, heredó el trono bohemio en 1617 y dos años más tarde, en 1619, heredó el trono de Austria. Hasta esa época, los Habsburgo habían adoptado una posición neutral en asuntos de religión. La Guerra de los Treinta Años Bohemia había sido durante mucho tiempo, aunque Fernando era católico. De forma inteligente, Fernando forzó a Bohemia a convertirse al catolicismo. Esta situación dio como resultado que los bohemios se volcaran contra él. En 1619, los gobernantes alemanes que eligieron al santo emperador romano llevaron a cabo una reunión en Praga. Depusieron a Fernando II de su cargo de rey de Bohemia y pusieron a Federico, un protestante, en su lugar. El resultado fue una serie de guerras que se lucharon principalmente en Alemania, y las cuales finalmente involucraron a la mayor parte de Europa durante los siguientes 30 años. Al principio, los católicos ganaron la mayoría de las batallas gracias a la ayuda monetaria proveniente de los Habsburgo españoles. En 1125, los daneses se aliaron con el partido protestante sin esperar beneficio. Los católicos tenía dos generales sobresaliente, el conde Wallenstein y el conde Tilly, cuyas tropas luchaban bien y, en el año 1629, los aliados protestantes se metieron en problemas. Causas de la Guerra de los 30 años Fueron de orden religioso, de orden político y de orden internacional. De orden religioso: - El afán del Emperador Fernando II de Alemania por unificar sus Estados, imponiendo el Catolicismo. - Las luchas religiosas en Bohemia. De orden político: - El deseo del mismo Emperador de transformar el Imperio Alemán que era electivo, en Imperio hereditario, para dejarle la corona a su hijo. - La rivalidad entre el emperador y los varios Príncipes que gobernaban sus Estados. De orden internacional: - El plan de Francia para arruinar a la Casa de Austria, restableciendo el equilibrio europeo. - La rivalidad comercial de Alemania con Dinamarca y Suecia en el Mar Báltico. Europa a principios de la guerra Períodos Los períodos de la guerra de 30 años fueron: 1.- Período Palatino La guerra comenzó en Bohemia (parte de Austria). Los bohemios estaban divididos: unos eran protestantes y formaban la unión evangélica; otros eran católicos y formaban la liga católica. Como los católicos destruyeron una iglesia protestante, los ánimos se enardecieron y los protestantes atacaron el local donde trabajaban los funcionarios reales, que eran católicos, cogieron a los secretarios y los arrojaron por las ventanas. Este hecho histórico se llama la desfenetracion de Praga (23 de mayo de 1618). Los insurrectos se adueñaron de la ciudad y establecieron un gobierno provisional, declarando que el Emperador Fernando II no tenia derecho para gobernar en Bohemia. Llamaron, pues, a Federico V, elector del Palatinado, para que se hiciera cargo del trono. Como dicho elector aceptó la designación, se trasladó a Praga y asumió el poder. De este modo la revolución que al principio fue religiosa, se transformo en revolución política contra el emperador. Fernando II, envista de esta situación, envió un ejercito a Bohemia, a las ordenes del General Von Tilly, quien, por medio del terror, se apoderó de varias ciudades hasta llegar a Praga. Emperador Fernando II del Sacro Imperio Romano Como el Elector Federico V no había sabido aprovechado el tiempo para organizar un ejercito bohemio, fue completamente derrotado en la montaña blanca por tropas de Von Tilly. En seguida de este triunfo el vencedor entró a sangre y fuego en Praga y Federico V huyó de la ciudad. Como los bohemios le censuraron su conducta, arrojó la capa y el cetro reales en una plaza publica y se marcho. Para castigar a Bohemia, Fernando II prohibió la libertad de cultos, y para castigar a Federico V le quitó todos sus dominios del Palatino. 2.- Período Danés Cuando los electores alemanes vieron que el Emperador se apropiaba del Palatinado y de Bohemia, se alarmaron grandemente, porque en adelante los electores protestantes de Alemania, quedaban reducidos a 2 (Brandenburgo y Sajonia), siendo católicos todos los electores restantes. Así es que tratándose de elegir Emperador los católicos estarían en mayoría y esto no podían permitirlo. Entonces llamaron a Cristian IV. Rey de Dinamarca, que era, además, rival de Alemania en el comercio del Mar Báltico y, junto con Suecia, trataba de arruinar económicamente al Emperador. Para esta guerra, el Emperador contó con el hábil general alemán Wallenstein que se había distinguido en las guerras religiosas anteriores, Cristian IV resolvió invadir del Norte de Alemania, pero el General Von Tilly, primero, y Wallenstein, después, lo derrotaron. Cristian IV se apresuró a firmar la Paz de Lubeck, en las siguientes condiciones: Albrecht von Wallenstein Dinamarca se comprometía a no prestar ayuda a los protestantes alemanes. En cambio, Dinamarca conseguía que se le garantizara la integridad de su territorio. El Emperador Fernando, para vengarse de los príncipes que habían provocado esta segunda guerra, publicó el edicto de restitución, por el cual obligaba a dichos príncipes devolver a la iglesia todos los bienes que le habían sido secularizados durante las guerras de la Reforma. 3.- Período Sueco Para que interviniera Suecia en la Guerra de los 30 años, mediaron dos causas: - La rivalidad comercial entre Suecia y Alemania. - La diplomacia de Richelieu, ministro de Francia que excitó a Suecia contra Alemania a fin de debilitar el poderío del Emperador, antes de que Francia entrara en el conflicto. El Rey de Suecia Gustavo Adolfo, era un experto guerrero. El armamento de sus tropas era el mejor de la época. Había ideado un cartucho para el fusil y utilizó con gran eficacias la bayoneta. La campaña de Gustavo Adolfo en el Norte y en el Centro de Alemania, fue brillante. Primero derrotó al ejercito de Tilly cerca de Leipzig, usando una nueva táctica, a base de movimientos rápidos de la infantería; después al famoso Wallenstein en la memorable batalla de Lutzen donde el rey sueco, demostrando un coraje excepcional, se metió a la línea de fuego y pereció acribillado a balazos. Gustavo II Adolfo de Suecia Los suecos, después de la victoria, no supieron conservar sus posiciones, porque les hacia falta Gustavo Adolfo, y de esto se aprovecho Wallenstein para alcanzar algunos triunfos; pero como se puso muy orgulloso con su prestigio militar, el Emperador Fernando creyó que aspiraba a la corona y lo hizo asesinar. La guerra terminó con la Paz de Praga de 1635 en condiciones ventajosas para el Emperador y desastrosas para los suecos. 4.- Período Francés Francia creyó que había llegado el momento de intervenir para arruinar a la Casa de Austria. El Ministro de Luis XIII, Cardenal Richelieu, con gran visión, empujó a su país al conflicto, seguro de la victoria final. Firmó alianzas con Bernardo de Sajonia, con los Países Bajos y con algunos Príncipes de Italia y lanzó sus ejércitos contra Alemania y España, que también estaban unidas. Al principio de la guerra, el Emperador Fernando II invadió Francia y obtuvo algunas victorias; pero Richelieu puso al frente de sus ejércitos a Bernardo de Sajonia y al temerario general Chatillón. El primero venció a los alemanes en Alsacia. El segundo derrotó a los españoles en Arras y les quitó la provincia francesa de Artois. Durante varios años ningún bando dominio muy marcadamente la guerra de los 30 años, y ocurrió entonces un cambio de gobierno en los países beligerantes. En Alemania ocupo el trono Fernando III, y en Francia subió al poder Luis XIV. Entonces la guerra pudo terminar. Los generales franceses Turena y Conde, después de sensacionales victorias, metieron sus ejércitos hasta el corazón de Alemania, y amenazaron con tomar Viena, que era la capital del Imperio. Y ante tan grave peligro, el nuevo Emperador Fernando III prefirió hacer la paz. Tratado de Westfalia (1648) Fue el tratado más importante de los tiempos modernos, y cuyas consecuencias se dejan sentir aún en la época actual. He aquí sus condiciones: - El Emperador de Alemania reconoció que los príncipes de su país eran soberanos en cada uno de sus respectivos Estados. - Se estableció una completa libertad religiosa en Alemania. - Alemania devolvió a Francia las provincias de Alsacia y Lorena. Europa tras los tratados de Westfalia y los Piríneos Tratado de los Piríneos Como la guerra había sido también contra España, fue necesario firmar con esta nación un tratado aparte y esta fue la Paz de los Pirineos (1658). Según ella, España devolvía a Francia las provincias de Rosellón y Artois, situadas en la frontera con los Países Bajos. Terminó así la Guerra de los 30 años. Los resultados de la guerra Durante esta larga guerra se utilizaron grandes armas y tropas mercenarias. Esto tuvo costos altos y causó gran devastación. Las tropas saquearon áreas enteras de Alemania e incluso algunas veces se cambiaron de bando. Alemania estaba en ruinas, y los Países Bajos y Suecia obtuvieron la independencia. No obstante, Francia, Suecia y Holanda se fortalecieron. Algunos estados adquirieron tierras, mientras que otros las perdieron. Un estado alemán, Brandenburgo-Prusia, se volvió más fuerte y habría de adquirir mayor poder. Los Habsburgo perdieron su poder y el santo Imperio Romano se deilitó. Los almenes quedaron divididos en 300 pequeños estados. Muchos gobiernos europeos se volvieron seculares, lo cual significaba que ya no forzaban a sus súbditos a tener creencias religiosas. La paz en Westfalia, que dio fin a la guerra, fue el primer tratado importante en Europa durante la época moderna. -------------- Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html Biografía de Alejandro Magno http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19592624/Alejandro-Magno-el-Dios-de-los-conquistadores.html Las Guerras Púnicas www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19593953/Las-Guerras-Punicas.html El Imperio Carolingio de Carlomagno www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19595008/Imperio-Carolingio-el-imperio-de-Carlomagno.html La Cultura Celta www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19595975/Los-Celtas-una-cultura-sin-un-pueblo.html Las Cruzadas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19597249/Las-Cruzadas-el-intento-de-recuperar-Tierra-Santa.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos
Las Cruzadas Las Cruzadas son las expediciones guerreras que emprendieron los cristianos de Europa Occidental, entre los siglos XI y XIII, para recuperar de manos de los turcos los Lugares Santos, donde vivió Jesús. En el siglo XI, después de haber sido objeto de invasiones, Europa se convirtió en invasora, así dio inicio a un gran movimiento de migración cuyo principal objetivo fue recuperar la ciudad de Jerusalén, que había caído en manos de los turcos seldjúcidas, que eran musulmanes. Estas peregrinaciones masivas de personas de todas las condiciones recibieron el nombre de cruzadas, pues sus integrantes se cosían una cruz en la vestimenta, para identificarse como cristianos y, a la vez, diferenciarse de los musulmanes. Las cruzadas, que se efectuaron hasta el siglo XIII, no solo se debieron a un motivo religioso. Otras causas de estas expediciones armadas fueron: Guerreros cruzados en batalla – El aumento de población, que provocó una búsqueda de nuevas tierras y nuevos horizontes. – La presencia de los turcos en Palestina o Tierra Santa que amenazaba con su expansión tanto al Imperio bizantino como a los estados de Europa Occidental. – La necesidad del Papado de afianzar su poder ante el emperador del Sacro Imperio Germánico, y de canalizar en un sentido religioso el espíritu guerrero de los caballeros, reemplazando la guerra entre cristianos por la lucha contra los musulmanes. El Concilio de Clermont En el año 1095, el Papa Urbano II convocó por primera vez a una cruzada para conquistar Tierra Santa en un concilio efectuado en la ciudad francesa de Clermont. El principal objetivo del Sumo Pontífice era ofrecer a Bizancio los refuerzos necesarios para expulsar a los turcos seldjúcidas del Asia Menor. Con ello el Papa Urbano esperaba que la Iglesia bizantina, que desde el año 1054, se había separado de la Iglesia romana, reconociera la supremacía de Roma y, de esta manera, restaurar la unidad de la cristiandad. A Clermont acudieron muchos clérigos y un gran número de nobles de menor categoría a los que también se dirigió el Papa. En este concilio, Urbano ofreció recompensas espirituales y materiales a todos aquellos que se animaran a emprender la cruzada, la remisión de los pecados y la obtención de territorios en Tierra Santa. Mientras el guerrero estuviera ausente, la Iglesia se comprometía, también, a velar por sus bienes. A medida que la asamblea se desarrollaba, sus integrantes presos de la emoción, exclamaron una frase que se convirtió en el lema de las cruzadas: “¡Dios lo quiere!”. Ese mismo año comenzó la preparación de la primera cruzada con la reunión de pequeños ejércitos pertenecientes a nobles europeos. Retrato de el Concilio de Clermont Jerusalén, Ciudad Santa Jerusalén fue uno de los mayores centros de peregrinaje en la Edad Media. Los cristianos acudían ahí por varios motivos. Por un lado, en esta ciudad se encuentra el Santo Sepulcro, que fue la tumba de Cristo, desde la cual resucitó. Por otro lado, ahí se eleva el Monte de los Olivos, donde el Señor pasó su última noche y el Monte Carmelo, donde se lo crucificó. Por último, a un par de kilómetros se encuentra Belén, donde Cristo nació. Jerusalén también es importante para los musulmanes. Para ellos, Jerusalén es Al Quds, que significa “La Sagrada”, pues, según dice, desde esta ciudad Mahoma ascendió al cielo montado sobre un corcel. Por eso, para los musulmanes, Jerusalén es la tercera ciudad sagrada después de la Meca y Medina. La tradición del peregrinaje a Jerusalén estaba muy enraizada entre todos los cristianos a pesar de que, desde el siglo VII, esta ciudad había caído en manos de los árabes. Mientras los árabes se habían mostrado siempre muy tolerantes con los peregrinos cristianos que acudían a ella, los turcos, que ocuparon Jerusalén en el año 1076, adoptaron una actitud hostil. Según las noticias que llegaban a Europa, los turcos se habían convertido en implacables perseguidores de cualquier cristiano que llegaba a la ciudad. Estas noticias contribuyeron a movilizar los ánimos de los cristianos para reconquistar la ciudad santa. La Primera Cruzada Esta cruzada comenzó con una llamada del Emperador bizantino Alejo I al papa para el envío de mercenarios para luchar contra los turcos Selyúcidas en Anatolia. Pero la respuesta de la cristiandad occidental rápidamente se convirtió en una verdadera migración de conquista territorial hacia el Levante (oriente). La Nobleza y personas de varias naciones Eeuropeas occidentales emprendieron peregrinación armada hacia la Tierra Santa, por tierra y mar, y tomaron la ciudad de Jerusalén en julio del año 1099, que concluyo con la Creación de Reino Latino de Jerusalén y otros estados cristianos. La Primera Cruzada fue un hito en la mentalidad y las relaciones de los cristianos occidentales, cristianos orientales y musulmanes. Fue el comienzo de la expansión de occidente que, junto con la reconquista de la Península Ibérica, daría como resultado la aventura de los descubrimientos geograficos y el imperialismo occidental. Poco tiempo después, los cruzados avanzaron hasta el norte de África y organizaron, bajo el sistema feudal, los lugares que conquistaron, y establecieron tres estados cristianos o latinos en Oriente y una en África: - El principado de Antioquía, en Siria, liderado por Bohemundo de Tarento. - El principado de Edesa, también en Siria, confiado a Balduino I, hermano de Godofredo de Bouillon. - El reino de Jerusalén, en Palestina, que se transformo en la capital política y religiosa de los latinos y cuyo gobernador fue Godofredo de Bouillon. - El condado de Trípoli, al noreste de África, concedido a Raimundo de Tolosa y que en el año 1187, después de una crisis interna, quedó anexado al principado de Antioquía. Para proteger los nuevos territorios cristianos nacieron las Órdenes Militares, caballeros dirigidos por monjes que tomaron las armas para defender la fe, y que se pusieron al servicio de los peregrinos, procurándoles alojamiento y seguridad. Las principales Órdenes Militares en Tierra Santa fueron la de los Templarios, los Hospitalarios, la Orden Teutónica y la de Malta. Las Órdenes Militares La potencia militar de los cruzados en Oriente se reforzó con las Órdenes Militares que se consagraron a la defensa de Tierra Santa: los Templarios, que tomaron su nombre de la fortaleza situada sobre un antiguo templo de Salomón; los Hospitalarios, que se instalaron en el hospital de San Juan de Jerusalén; la Orden Teutónica, integrada por caballeros teutones o alemanes, y la Orden de Malta, que se asentó en la isla de Malta. Cada una de estas Órdenes consistía en un grupo de unos 300 caballeros preparados fisicamente para el combate y que poseían caballos y armas. Recibían, además, la colaboración de mercenarios musulmanes. De esta manera las Órdenes adquirieron fuerza y mucho prestigio. En el condado de Trípoli, por ejemplo, los Templarios mantuvieron 20 fortalezas, y en el principado de Antioquía, los Hospitalarios poseían un convento en cada ciudad e infinidad de feudos con castillos, abadías, aldeas y tierras. Representación de las distintas órdenes militares Las Cruzadas del Siglo XII Expuestos a los ataques musulmanes, los estados cristianos no podían sostenerse sin refuerzos. La segunda cruzada se organizó con ese fin, pero no pudo cumplir su cometido, ya que el año 1187, el sultán Saladino tomó Jerusalén. Con ello se perdió la principal ciudad del reino palestino y también, el principado de Edesa. La tercera cruzada, realizada por mar el año 1187, estuvo encabezada por Federico Barbarroja, emperador de Alemania; Felipe II Augusto, rey de Francia, y Ricardo Corazón de León, que era el monarca de Inglaterra. De los tres, sólo Ricardo alcanzó Jerusalén, no logró ocupar la ciudad pero firmó un pacto con Saladino por el cual éste permitió las peregrinaciones cristianas a la santa ciudad. No obstante, la estructura del dominio cruzado en Oriente se desmoronó: todos los territorios se perdieron, salvo San Juan de Acre y sus alrededores. Segunda Cruzada La Segunda Cruzada (1147-1149) fue la segunda gran cruzada lanzado desde Europa. Fue convocada en 1145, en respuesta a la caída del Condado de Edesa el año anterior por las fuerzas de Zengi. El condado había sido fundado durante la Primera Cruzada (1095-1099) por Balduino de Boulogne (Balduino I de Jerusalén) en 1098. Si bien fue el primer Estado Cruzado que se fundó, fue también el primero en caer. Caballeros de la Orden Teutónica La Segunda Cruzada fue anunciada por El Papa Eugenio III, pero la predica de la Segunda Cruzada la hizo San Bernardo de Claraval. Fue la primera de las cruzadas que fue dirigida por reyes europeos, a saber, Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania, con la ayuda de un número de otros nobles europeos importantes. Los ejércitos de los dos reyes marcharon por separado a través de Europa. Después de cruzar territorio Bizantino en Anatolia, ambos ejércitos fueron derrotados por separado por el turcos Selyúcidas. La principal fuente historica cristiana de occidente, Odón de Deuil, y las fuentes cristianas de Siria afirman que el emperador bizantino Manuel I Comneno en secreto entorpecido el progreso de los cruzados, sobre todo en Anatolia, donde se le acusa de haber ordenado deliberadamente a los turcos atacarlos. Luis VII de Francia, Conrado II de Alemania y los restos de sus ejércitos llegaron a Jerusalén y, en 1148, participaron en un ataque desacertado sobre Damasco. La cruzada en el Este fue un fracaso para los cruzados y una gran victoria para los musulmanes. El único éxito de la segunda cruzada llegó accidentalmente cuando las fuerza combinadas de los cruzados flamencos, frisones, normandos, escocéses e ingléses en 1147 viajando desde Inglaterra, por barco, a Tierra Santa se detuvieron y ayudaron a los portugueses en la captura de Lisboa, expulsando a sus ocupantes árabes. Causa de la Segunda Cruzada: La caida del Reino Cristiano de Edesa Después de la Primera Cruzada y la menor Cruzada de 1101 había tres estados cruzados establecidos en el Este: El Reino de Jerusalén, El Principado de Antioquía, y el Condado de Edesa. Un cuarto, el Condado de Trípoli, Se constituyó en 1109. El condado de Edesa fue el más septentrional de ellos, y también el más débiles y menos pobladas, como tal, era objeto de frecuentes ataques de los estados musulmanes. El Sitio de Edesa fue un conflicto militar que tuvo lugar entre el 28 de noviembre y el 24 de diciembre de 1144 . El sitio finalizó con la captura de Edesa , capital del Condado de Edesa , por Zengi , el atabeg de Mosul y Alepo. Tercera Cruzada: Cruzada de los Reyes La Tercera Cruzada (1189-1192), también conocida como la Cruzada de los Reyes, por la presencia de tres reyes, a saber, Felipe II de Francia, Ricardo I de Inglaterra "Corazón de León" y Federico I Barbarroja. Esta cruzada fue un intento de los líderes europeos para reconquistar la Tierra Santa (Jerusalen) de manos del sultán musulmán Saladino que habia conquistado el Reino de Jerusalén. Tras el fracaso de la Segunda Cruzada, La dinastia turca Zengid controlaba una unificada Siria y participó en un conflicto con la Fatimís, gobernantes de Egipto, que condujeron finalmente a la unificación de las fuerzas egipcias y sirias, bajo el mando de Saladino, quien los empleó para reducir los estados cristianos y de esa forma recuperar Jerusalén en 1187. Estimulado por el celo religioso, Enrique II de Inglaterra y Felipe II de Francia pusieron fin a su conflicto para mutuamente liderar una nueva cruzada (aunque la muerte de Enrique en 1189 puso el contingente Inglés bajo el mando del Ricardo I en su lugar). El anciano emperador del Sacro Imperio Romano Federico I Barbarroja respondió a la llamada a las armas, y condujo un enorme ejército a través de Anatolia, pero se ahogó antes de llegar a Tierra Santa. Muchas de sus tropas quedaron en absoluto desaliento y volvieron a casa. Retrato de Ricardo I "Corazón de León", rey de Inglaterra Después de algunos éxitos militares, los reinos cristianos se disputaban el botín de guerra; Federico Leopoldo V de Austria y Felipe II de Francia salen de la Tierra Santa, en agosto de 1191. El 2 de septiembre de 1192, Ricardo y Saladino pusieron fin a la cruzada con un tratado por el cual Jerusalén permanecería bajo control musulmán, pero permitirian a los peregrinos cristianos desarmados visitar la ciudad de Jerusalen. Ricardo salió de Tierra Santa el 9 de octubre. El fracaso de la Tercera Cruzada para recuperar Jerusalén daría lugar a la convocatoria de una Cuarta Cruzada seis años después. Las Cruzadas del Siglo XIII A diferencia de las primeras cruzadas, las cruzadas del siglo XIII no estuvieron tan encaminadas a la recuperación de Jerusalén, sino más bien a la conquista de nuevos lugares donde comerciar y desde donde obtener mayores beneficios en Oriente. Estos movimientos, que se hicieron todos por mar, perdieron, por lo tanto, sentido religioso. Por eso, los que organizaron la cuarta cruzada en 1204 fueron comerciantes venecianos, que invitaron a algunos nobles franceses a participar. A cambio de dinero, estos nobles contribuyeron con sus ejércitos. Sin embargo, en vez de dirigirse a Palestina, los cruzados tomaron Constantinopla, un importante centro comercial en aquel entonces. Tomada Constantinopla, los cruzados fundaron el llamado Imperio Latino, el año 1204 y lo mantuvieron hasta el año 1261. Este hecho distanció a Roma aun más de la Iglesia oficial bizantina; por eso, el Papa Inocencia III excomulgo a los cruzados. La quinta cruzada comandada por el rey Andrés II de Hungría, se desarrollo entre los años 1217 y 1221. Su objetivo era tomar Egipto y desde allí avanzar a Palestina. Una vez más, esta cruzada fracasó. La sexta cruzada fue emprendida en 1227 por el emperador Federico II de Alemania. Este monarca alcanzó a tomar Jerusalén, Belén y Nazareth. Sin embargo, entró en tratos comerciales con los turcos, lo que provocó un rechazo absoluto en Europa. Las dos últimas cruzadas, sétima y octava, fueron organizadas en el año 1248 y 1268 por Luis IX o San Luis, rey de Francia. Estos movimientos recuperaron la finalidad religiosa de las primeras cruzadas; su objetivo fue dominar el norte de África. Por eso los ataques se dirigieron contra Egipto y Túnez. Sin embargo, ambas expediciones fracasaron. La octava cruzada fue la última expedición al Oriente; con la caída de Acre el año 1291, terminó este importante episodio de la historia europea. Cuarta Cruzada La Cuarta Cruzada (1202-1204) También denominada como la Cruzada mercantil o comercial, por haber sido desviada de su propósito original por el duque de Venecia, Enrico Dandolo quien llevo a los cristianos a saquear la ciudad de Zara (actual Zadar, Croacia) y luego Constantinopla, donde fundaron el Imperio Latino de Constantinopla. Estos acontecimientos causaron una brecha o distanciamiento definitivo entre la Iglesia Católica romana y la Iglesia Ortodoxa. La Cuarta Cruzada se desvio mucho de su proposito original de liberar Jerusalén "Tierra Santa" de los turcos Otomanos, se cuestiona actualmente si es realmente una cruzada. El año 1198, el Papa Inocencio III comenzo a incitar a la cristiandad a emprender una nueva cruzada para recuperar Tierra Santa - Jerusalem, esta convocatoria tuvo mucha receptividad entre la nobleza europea. El prestigio y la capacidad de organización de la Iglesia, hizo que recayera sobre ella una gran aura de confianza de la población. Asedio de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada La Cuarta Cruzada fue emprendida por Balduino IX, Conde de Flandes, y Bonifacio II, Marqués de Montferrant. El transporte de los ejércitos se llevo a cabo enVenecia, esta república comercial que entonces vivía una creciente tensión con Constantinopla después de la confiscacion de bienes y masacre de los comerciantes italianos en Constantinopla en el año 1182 debido a los privilegios comerciales que tenían. Si por un lado la pretension papal de esta cruzada apuntaba a la destruccion del poderio musulman en Egipto y luego en Jerusalem, por otro lado la tensión entre Venecia y los bizantinos acabaria por influir el transcurso de las operaciones militares, cuyos objetivos se centraron cada vez más en Constantinopla. La ciudad Estado de Venecia influyo de manera determiante al saqueo de Constantinopla debido a la intención de vengar la masacre de sus mercaderes. Además, Egipto tenía buenas relaciones en todos los niveles con Venecia. Quinta Cruzada La Quinta Cruzada (1217-1221), ocurrio por la iniciativa de el Papa Inocencio III, quién lo había propuesto el 1215 en el cuarto Concilio de Letrán, sin embargo, se llevó a cabo con el Papa Honorio III, Su sucesor en el trono de San Pedro. El papado también había contribuido a desacreditar el ideal de las Cruzadas, cuando las convoco para aplastar a los cristianos heterodoxos en el sur de Francia, llamado albigenses. De todos modos, el Papa Honorio III logró adhesiones para una nueva expedición. La cruzada fue dirigida por Andrés II Rey de Hungría; Leopoldo VI, Duque de Austria; Juan de Brienne, Rey del reino Jerusalén y Federico II Emperador del Sacro Imperio Romano Germanico. El emperador Federico II acordó organizar la expedición. Se decidió que para reconquistar Jerusalén era necesario conquistar Egipto primero, ya que ese Reino controlaba el territorio de Jerusalen. En mayo del año 1218, las tropas de Federico II se pusieron de camino a Egipto,bajo el mando de Juan de Brienne. Desembarcaron en San Juan de Acre y decidieron atacar a Damieta (Dumyat), una ciudad que servía de acceso a El Cairo, La capital. En agosto, atacaron Damieta y luego de conquistar una pequeña fortaleza de acceso aguardaron refuerzos. En junio, llegaron los refuerzos de las tropas papales del cardenal Pelagio, hombre autoritario, Pelagio no quiso someterse a las ordenes de Juan Brienne y también interfirió constantemente en los asuntos militares. Retrato de Federico II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Después de algunos combates, y cuando todo parecía perdido, una serie de crisis en el liderazgo egipcio, permitió a los cruzados ocupar el campo del enemigo, lográndose una negociacion de paz en el año 1219 con los musulmanes, y ocurrió lo increíble Jerusalén era ofrecido a los cristianos, entre otras ciudades, a cambio de su retirada de Egipto. Pero los cruzados jefes, incluido el cardenal Pelagio, rehusaron la oferta, ya que pensaban que los musulmanes se sentían incapaces de resistir a los cruzados a la llegada de Federico II con sus ejercitos. Comenzaron a rodear el puerto egipcio de Damieta y después de algunas batallas sufrieron una derrota. El sultán renovo la propuesta, pero fue rechazada de nuevo. Después de un largo asedio que duró de febrero a noviembre del año 1219 la ciudad cayó. La estrategia posterior requiria asegurar el control de la peninsula del Sinaí. Los conflictos entre los cruzados se agudizaron y se perdio tanto tiempo que los egipcios recuperado fuerzas. En julio del año 1221 el Cardenal Pelagio ordenó una ofensiva contra El Cairo, pero los musulmanes los llevaron a una trampa y los cruzados estuvieron rodeados y sin comida, finalmente tuvieron que llegar a un acuerdo: se retirarian de Egipto y de esa forma salvarian sus vidas. También tuvieron que aceptar una tregua de ocho años. No obtuvieron todos sus objetivos, ya que los refuerzos prometidos por Federico II no llegaron, razón por la cual fueron excomulgados por el Papa Gregorio IX. Esta fue la última cruzada donde el papado aportaria con sus propias tropas. Sexta Cruzada La Sexta Cruzada (1228-1229), fue emprendida en 1227 por el emperador del Sacro Imperio romano Germanico, Federico II de Hohenstaufen. La sexta Cruzada fue una cruzada pacífica, ya que se resolvió por medios diplomáticos, evitando así la confrontación militar. Tras el fracaso de la Quinta Cruzada, el emperador Federico II de Hohenstaufen firmo el Tratado de San Germano (1225), y se comprometia a llevar una cruzada hacia Tierra Santa, pero por razones políticas había retrasado en varias ocasiones el inicio de su cruzada a Jerusalem. Pero cuando en el año 1227, debido a una enfermedad, se vio obligado a posponer la cruzada una vez más, fue excomulgado por El Papa Gregorio IX. Sin embargo, al año siguiente, Federico fue a Jerusalén, mientras que el Papa lo llamó "Anticristo. Esta cruzada fue la única pacífica que tuvo éxito. Representación de Federico II y al-Malik al-Kamil durante la Sexta Cruzada Por último, en el verano de 1228, después de muchas dudas, finalmente, Federico II decidió emprender la cruzada para liberarse de la excomunión que el Papa le había otorgado, el emperador germano era defensor del diálogo con el musulmanes, religión que tanto lo fascinaba, por eso prefirio hablar en lugar de luchar. Al mismo tiempo, el Papa proclamó otra cruzada, esta vez en contra de Federico II , y así arrebatarles las posesiones de este emperador en la Península Itálica. El emperador Federico II, mientras tanto, había emprendido camino hacia Jerusalén con un ejército relativamente pequeño, habría llegado hasta Acre en septiembre del año 1228 y en febrero del año 1229 celebró un acuerdo con al-Malik al-Kamil, nieto de Saladino y sultán de Ayubí, con el que mantuvo relaciones diplomáticas y de amistad. Los cristianos recuperarian Belén, Nazaret, Sidón y Torón (Ahora Tibnin), además de Jerusalén, exceptuando la Cúpula de la Roca que es sagrada para el Islam, y los bandos beligerantes acordarian una tregua de 10 años. Por el contrario, los cristianos reconocerian la libertad de culto para los musulmanes en las ciudads cristianas, debido a esto, el Papa excomulgó a Federico II, una vez más. El 18 de marzo 1229 Federico II de Alemania recibió la corona de Rey de Jerusalén con motivo del matrimonio que él tenia con Isabel II de Brienne, a pesar de la oposición del clero local y casi todos los señores feudales. Esta coronación formal no era auténtica, ya que Federico II marcado por un excomunión, lo cual no le permitia participar en ceremonias religiosas. Séptima Cruzada La septima Cruzada: Tras el final de los diez años de tregua del año 1229 (Firmado en el Sexta Cruzada) , una expedición militar cristiana, con pocos hombres y pocos recursos , dirigido por Ricardo de Cornualles y Teobaldo IV de Champagne, se dirigieron a Tierra Santa, a fin de fortalecer la presencia cristiana en los santos lugares . Mas no pudieron impedir que en el año 1244 Jerusalén fue nuevamente saqueada por los turcos musulmanes . La ciudad de Jerusalén fue ocupadas y saqueadas, no sin crear macabras exhumaciones de los restos de los antiguos reyes cruzados en el Santo Sepulcro y una masacre de 30.000 cristianos. La noticia conmocionó a todos del cristianismo y decidió organizar una nueva expedición a la cruzada de Tierra Santa. Ese año, cuando el El papa Inocencio IV aperturo el Concilio de Lyon, El rey de Francia Luis IX, posteriormente canonizado como San Luis, expresó sude deseo de ayudar a los cristianos del Levante. Luis IX tuvo tres años para formar y embarcar a asu ejercito cruzado, pero lo hizo con un ejército respetable de 35.000 hombres . El monarca francés aprovecho las perturbaciones causadas por los Mongoles en el Oriente y partieron hacia Egipto en el año 1248, hicieron una escala en Chipre en septiembre del 1248, antes de atacar a Egipto Retrato de San Luis IX de Francia En junio del año 1249, los cristianos recuperaron Damieta, que serviría como base de operaciones para la conquista de Palestina. En el año siguiente conquistarían El Cairo, para conseguir un flujo de Nilo y porque los musulmanes tomaron el suministro de alimentos de los cruzados , lo que provocó el hambre y la enfermedades como escorbuto en las filas de San Luis al mismo tiempo, Roberto de Artois, hermano del Rey, después de casi ganar en Al - Mansur fue derrotado debido a su imprudencia en la batalla, la ciudad de Al- Mansur, entonces estaba dirigida por el sultan Mameluco, Baybars. Dado este escenario, con su ejército diezmado por tifus, San Luis IX se retiró con su ejército. El rey Luis IX fue tomado prisionero y llevado a Al - Mansur, y posteriormente puesto en libertad después de pagar un gran rescate (800 000 piezas oro) y la restitución de Damieta, en mayo del año 1250. Sólo la resistencia de la reina de Francia que se encontraba en Damietta, permitió que se pudiera negociar con los egipcios. Libre de su cautiverio Luis IX emprenderia viaje hacia Palestina acompañado de su hermano Carlos D' Anjou. Permaneceria cuatro años en Tierra Santa. Abandonaria Palestina en el año 1254 después de recuperar a todos los demas prisioneros cristianos y de emprender un esfuerzo para fortificar las ciudades cristianas . A su regreso recibió la noticia de la muerte de su regente en Francia, su madre Blanca de Castilla. Octava Cruzada La Octava Cruzada fue puesta en marcha por Luis IX, Rey de Francia, en el año 1270. La Octava Cruzada es a veces considerada como la séptima cruzada, dado que la Quinta y Sexta Cruzada de Federico II se cuentan como una cruzada individual. La Novena Cruzada a veces también considerada como la Octava Cruzada por algunos historiadores. Luis IX , rey de Francia estuvo perturbado por los acontecimientos en Siria, donde el Sultan mameluco Baibars había estado atacando a los pequeños estados Cristianos en Oriente. El sultan Baibars había aprovechado la oportunidad después de la guerra que enfrentaba a la ciudades de Venecia y Génova uno contra el otro en los años 1256-1260, dejando en abandono los puertos sirios que estas dos ciudades controlaban. En 1265, el sultan Baibars había capturado Nazaret, Haifa, Torón, Y Arsuf en el litoral Palestino. Hugo III de Chipre, Rey nominal de Jerusalén, desembarcó en Acre para defender esa ciudad , mientras el sultan Baibars marcharo hacia el norte, a Armenia de la cual tomo control. Estos hechos llevaron a la llamada nueva Cruzada del rey de Francia, Luis IX en el año 1267 , aunque hubo poco apoyo en esta ocasión ; Jean de Joinville, un cronista que acompañó a Luis IX en la Séptima Cruzada, se negó a ir. Luis IX convenció pronto a su hermano Carlos de Anjou para atacar Túnez primero , lo que les daría una sólida base para atacar luego a Egipto, esta tactica era el mismo enfoque que la cruzada anterior de Luis IX, así como tambien a la Quinta Cruzada, las cuales habían sido derrotados allí en Egipto. Representación de San Luis IX de Francia dirigiéndose hacia las cruzadas El Khalif de Túnez, Muhammad I al- Mustansir, tenía buena relaciones con los cristianos y fue considerado un buen candidato para su conversión al cristianismo, pero no hubo exito. En julio del año 1270. Luis IX desembarcó en la costa de África, en una temporada muy desfavorable para el desembarco, ya que gran parte del ejército se enfermó a causa de falta de agua potable, el propio Luis IX de Francia murió de un flujo en el estómago, un día después de la llegada de Carlos de Anjou, su ultima palabra antes de morrise fue "Jerusalén". Carlos de Anjou proclamó al hijo de Luis IX , Felipe III , el nuevo rey de Francia, pero debido a la juventud del nuevo Rey , Carlos de Anjou se convirtió en el actual líder de la cruzada. A causa de las enfermedades más el asedio del rey de Túnez se abandono la cruzada el 30 de octubre por un acuerdo con el sultán . En este acuerdo los cristianos ganaban de libre comercio con Túnez, y la residencia de los monjes y sacerdotes en la ciudad está garantizada , por lo que la cruzada puede considerarse como un éxito parcial. Después de enterarse de la muerte de Luis IX y la evacuación de los cruzados de Túnez , el sultán Baibars de Egipto cancela su plan de enviar tropas egipcias para luchar contra Luis en Túnez . El fracaso de la Octava Cruzada , como las de sus predecesores , provocó muchos sentimientos en el pueblo cristiano, y más aún en la poesía occitana escrita por los trovadores. La muerte de Luis IX de Francia, especialmente provocó una producción creativa, notable teniendo en cuenta la hostilidad que los trovadores habían tenido hacia la monarquía francesa durante la Cruzada contra los albigenses. Novena Cruzada La Novena Cruzada generalmente se considera la última gran Cruzada Medieval emprendida. Tuvo lugar en 1271–1272. Luego del fracaso de Luis IX de Francia para capturar la ciudad de Túnez en la Octava Cruzada, lo que llevó el Príncipe Eduardo de Inglaterra para navegar hacia Acre en lo que se conoce como la novena cruzada. La Novena Cruzada fracasó en gran parte porque el espíritu de las cruzadas estaba ya casi extinto y por el creciente poder del sultan Baibars y de los Mamelucos en Egipto. También anunciaba el inminente colapso de los ultimos reinos o baluartes cruzados a lo largo de la costa mediterránea. En 1268, el sultan mameluco de Egipto, Baibars, capturo la ciudad deAntioquía, Destruyendo así el último vestigio del Principado de Antioquía, amenazando de esa forma al pequeño Condado de Trípoli. Luis IX de Francia, que ya había organizó un gran ejército cruzado con la intención de atacar a Egipto en el contexto de la Octava Cruzada, pero se desvio a la vez hacia Túnez, donde él murio en 1270. El Príncipe Eduardo de Inglaterra llegó a Túnez demasiado tarde para contribuir a que el resto de la cruzada triunfe en Túnez. En cambio, continuó su camino hacia Tierra Santa para ayudar a Bohemundo VI, Príncipe de Antioquía y el conde de Trípoli, frente a la amenaza de los mamelucos en Trípoli y el resto de la Reino de Jerusalén. Retrato de Eduardo I de Inglaterra La novena cruzada emprendida por el futuro Eduardo I de Inglaterra comenzo comenzo con las noticias de que el Sultan Mameluco de Egipto, Baybars, había reducido el Reino de Jerusalén, el más importante estado cruzado a una pequeña franja de tierra entre Sidon y Acre. En el año 1271 y principios de 1272 Eduardo logró luchar contra Baybars , después de firmar alianzas con algunos de sus oponentes, como los mongoles. En 1272 , Eduardo entablo contacto para garantizar una tregua, pero Baybars trató de asesinarlo. Entonces Eduardo comenzaría los preparativos para atacar a Jerusalén, pero cuando estaba listo para el asedio a Jerusalén llegó la noticia de la muerte de su padre, Enrique III de inglaterra. Eduardo , como heredero al trono, decidió regresar a Inglaterra y firmó un tratado de paz con Baybars , lo que permitió su regreso y así concluiria la Novena Cruzada y ultima de las cruzadas de las Edad Media. Consecuencias de las Cruzadas Doscientos años de duro combate produjeron una serie de cambios en Europa. En primer lugar, los señores feudales perdieron poder, pues para armar a los cruzados se endeudaron fuertemente. Como las cruzadas fracasaron, sus fortunas menguaron.Por otro lado, las cruzadas ocasionaron un intenso movimiento de personas en el Mediterráneo, que devolvió a este mar el papel relevante que había tenido en las comunicaciones. Mapa de las Cruzadas El comercio entre Oriente y Occidente adquirió un gran impulso, y los puertos italianos de Génova y Venecia, que se habían beneficiado con el embarque de los cruzados, incrementaron en forma extraordinaria sus negocios. En contrapartida, muchas tierras del norte de Europa se vieron despobladas por la partida de sus habitantes. -------------- Si están interesados en alguno de mis otros aportes pueden visitarlos: Las Guerras Médicas http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19589978/La-Primera-Guerra-Medica.html http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19591315/La-Segunda-Guerra-Medica.html Biografía de Alejandro Magno http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19592624/Alejandro-Magno-el-Dios-de-los-conquistadores.html Las Guerras Púnicas www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19593953/Las-Guerras-Punicas.html El Imperio Carolingio de Carlomagno www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19595008/Imperio-Carolingio-el-imperio-de-Carlomagno.html La Cultura Celta www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/19595975/Los-Celtas-una-cultura-sin-un-pueblo.html -------------- Gracias por pasarse, los comentarios están abiertos para que dejen su opinión respecto a estos hechos históricos