Para Toni Puig, Rosario "es la ciudad más interesante del país" Toni Puig Picart, que hoy diesertará en Rosario, dice que la ciudad atraviesa una encrucijada similar a la de su Barcelona natal y que sintetiza en la desafiante pregunta de "¿Y ahora qué?". El especialista catalán en gestión cultural y marketing de ciudades Toni Puig Picart mantiene desde hace años un romance con Rosario. No dice que es la más linda, pero sí "la más interesante" del país, y rescata sobre todo su capacidad para "remodelarse a sí misma", un piropo que trae ecos apenas se conoce algo del pasado urbano. Pero no todos son elogios. Para Puig, quien hoy a las 19 disertará en la sede de la Fundación Litoral (Sarmiento 702, Palacio Fuentes), la ciudad atraviesa una encrucijada similar a la de su Barcelona natal y que sintetiza en la desafiante pregunta de "¿Y ahora qué?". Un interrogante imperativo para horadar los límites del presente. —Las crisis, tanto la que sacude a España como las que tantas veces ha golpeado a la Argentina, ¿son buenas oportunidades para una construcción democrática más horizontal o conspiran contra ella? —Creo que la crisis que atravesamos permite identificar dónde está la clave del problema: en el capital financiero. Sobre todo en los últimos 30 años, el poder en el mundo no lo detentan los ciudadanos, ni siquiera los gobiernos. Descubrimos, por encima de la agenda mundial, o como mínimo occidental, que quien toma las decisiones es, primero, el poder financiero y luego los gobiernos que siguen su manera de pensar. Hoy aparece una conciencia ciudadana de que así no podemos seguir. —España, la Argentina... ¿aprendieron esa lección? —La estamos aprendiendo. Nos encontramos en una gran transformación, Occidente sobre todo, que durará 50 ó 75 años. No es una crisis de una década sino un cambio de civilización, como fue en el siglo XVIII la Ilustración Francesa. El tema es cómo llegamos a que la democracia sea resorte de los ciudadanos y no del capital o los gobiernos financieros. También por lo ecológico: no podemos seguir así. Se necesita un cambio de conciencia sobre cómo vivimos en nuestro mundo. Y eso implicará un cambio en el modelo de democracia: los que éramos los últimos, los ciudadanos, tenemos que estar en un primer nivel. En el segundo debe estar la red de asociaciones de los ciudadanos, luego los gobiernos municipales y después lo demás. —En su discurso ahora aparece mucho más lo macro, al punto de que habla de cambio civilizatorio, cuando estábamos acostumbrados a que su escenario de análisis fuera siempre lo local... —Es verdad, pero es que lo macro y lo micro se conjugan, ¿no? Llegamos a una instancia en que las crisis en Europa son lo que son y las crisis económicas en Latinoamérica ya empiezan a verse. Lo que sale en los periódicos sobre control del dólar, inflación, etcétera, así como los problemas ecológicos, se ha de unir con lo micro en la escala de las ciudades. Porque, ¿por dónde empieza la democracia? Por las ciudades. ¿Por dónde empiezan los cambios de modelos de civilización? Por las ciudades: donde vivimos los ciudadanos, se hacen los negocios y se entablan relaciones. —¿Le significa algo que hoy una mujer esté al frente de la Municipalidad de Rosario? —Me fascina. Creo que las ciudades deben ser un poco más femeninas. —¿En qué sentido? —Más amables y emocionales, más de juntar a la gente. En esto la mujer se mueve mejor que el hombre. Hay una dimensión ligada a la maternidad, al acogimiento, al acompañamiento, que me parece genial que se dé en Rosario después de tanto tiempo de machos alfa, que sin duda fueron muy buenos gobernantes. —¿Viene siguiendo cómo están las cosas en la ciudad o se enterará acá? —A ver... Tengo mi fantasía de Rosario. A lo mejor me equivoco, porque últimamente no he tenido conexión directa. Sin embargo, mi olfato me dice que la ciudad lo ha hecho muy bien hasta ahora. Para mí, es la única en la Argentina que se ha remodelado a sí misma como ciudad. Todas las otras no hicieron nada. Ustedes han llegado a una ciudad interesantísima, bien estructurada, pero que hoy se enfrenta al problema del "¿y ahora qué?". Aunque, seguramente, les falta equilibrar mucho más hacia los barrios, también es verdad que en la red de ciudades argentinas me parece la más interesante. —A los sucesivos gobiernos socialistas se los ha ironizado y hasta criticado duramente por haber "vendido" a la ciudad, siguiendo su idea de city-marketing, como la "Barcelona argentina". ¿No se siente un poco culpable? —Estoy encantado. Sepa que, los que lo afirman, dicen la verdad y a la vez son unos boludos. Porque Rosario estaba muy mal y, con una planificación de muchos años, se volvió muy interesante. Lo reconocen todas las ciudades del país, los intendentes de partidos políticos distintos y buena parte del mundo. Pero, como Barcelona, llegó al punto del "¿y ahora qué?". Me encantaría que la respuesta viniera con la mujer que hoy lidera Rosario, teniendo presente el momento de la Argentina: un poco complicado, pero muy abierto al futuro.
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