"No hay tal cosa como la paranoia, la realidad es siempre mucho peor de lo que te imaginas."
Hunter Stockton Thompson (18 de julio de 1937 - 20 de febrero de 2005) periodista y escritor estadounidense, creador e icono del periodismo gonzo, un modelo de periodismo que plantea eliminar la división entre sujeto y objeto, ficción y no-ficción, y objetividad y subjetividad
El doctor en periodismo Hunter S. Thompson dejó su marca particular en el periodismo de finales del siglo XX con el estilo “gonzo”, una forma de cobertura periodística que borra la barrera entre corresponsal e información, volviendo al periodista un protagonista dentro del contexto, o para mayor ilustración, un personaje más en la historia.
Aunque Thompson está asociado en la cultura de masas con la película Fear and loathing in Las Vegas, los numerosos tomos de sus Gonzo Papers siguen dando de qué hablar respecto a sus posiciones sobre el arte del periodismo, especialmente sobre el periodismo visto como herramienta de empoderamiento político, además de atacar la vaga noción de objetividad periodística (una contradicción de términos, según él) y sobre sus referentes para la escritura.
A continuación ofrecemos algunos extractos que nos permiten conocer las ideas de un periodista peligroso no tanto por la leyenda negra en torno a sus excesos y aventuras, sino en cuanto a su particular enfoque informativo, el cuál duda de la naturaleza objetiva de la información y la reporta con un mecanismo acorde: en primera persona y sin miramientos de ningún tipo.
Hay muchas formas de practicar el arte del periodismo, y uno de ellos es usar tu arte como un martillo para destruir a la gente correcta —los cuales, por lo regular, siempre son tus enemigos, por una u otra razón, y quienes usualmente merecen ser destrozados porque están equivocados. Esta es una noción peligrosa, y muy pocos profesionales del periodismo la apoyarán —llamándola “vengativa” y “primitiva” y “perversa” a pesar de qué tan seguido lo hagan ellos mismos. ‘Esa clase de cosas son opinión’, dicen, ‘y el lector es engañado si no se etiqueta como opinión’. Bueno, eso puede ser. Tal vez Tom Paine engañó a sus lectores y Mark Twain era un fraude ladino sin morales del todo quien usó el periodismo para sus propios fines perversos. Y tal vez H.L. Mencken debió ser encerrado por tratar de hacer pasar sus opiniones frente a los lectores ingenuos como periodismo ‘normal y objetivo’. Mencken entendía que la política —como se usa en el periodismo— era el arte de controlar su entorno, y no tuvo reparos en hacerlo. En mi caso, utilizando lo que modestamente puede llamarse ‘periodismo de defensa’ [advocacy journalism], he utilizado el reportaje como un arma para incidir en situaciones políticas que se ciernen sobre mi entorno.
Cabe recordar que Thompson no sólo utilizó el periodismo para impulsar acciones políticas en torno a la legalización de las drogas o para atacar a personajes políticos de la arena nacional de los 70: durante esa década, el escritor se postuló también para alguacil del condado de Pitkin, en Colorado. Sus prerrogativas políticas están basadas palmo a palmo en su visión de la escritura, de lo que extrajo que las condiciones objetivas del poder sólo pueden darse en ciertos contextos:
Mucho se ha dicho sobre el Periodismo Objetivo. No se molesten en buscarlo aquí ni en ningún lugar donde yo firme; o en nadie más en quien pueda pensar. Con la posible excepción de cosas como puntuaciones de box, resultados de carreras y tabuladores del mercado de valores, no hay tal cosa como Periodismo Objetivo. La frase misma es una pomposa contradicción de términos.
Thompson va más allá, trazando la estirpe del periodismo comprometido o subjetivo hasta el novelista Mark Twain, realizando una importante distinción sobre lo que debemos entender sobre subjetividad:
Mark Twain no era objetivo. No entiendo bien esta alabanza a la objetividad en el periodismo. Ahora bien, la simple mentira es muy diferente a ser subjetivo.
La mentira sería más bien algo que Thompson asocia al uso profesional del poder, es decir, a los políticos, a quienes no teme describir en los términos clínicos de la adicción a las drogas:
No todos están cómodos con la idea de que la política es una adicción culposa. Pero lo es. Son adictos, y son culpables y mienten y engañan y roban —como cualquier adicto. Y cuando entran en calor, sacrificarán cualquier cosa y cualquier persona para alimentar su hábito cruel y estúpido, y no hay cura para ello. Eso es el pensamiento adictivo. Eso es la política —especialmente las campañas presidenciales. Eso es cuando los adictos se apoderan de los terrenos elevados. No les importa nada más. Son salmones, deben subir. Son adictos.
La obsesión de Thompson era perseguir y comprender el origen del sueño americano, o lo que quedaba de él, para dar testimonio del estado en el que se hallaba ese sueño ampliamente compartido pero del que nadie a esas alturas sabia nada, mucho menos en qué consistía o dónde se encontraba. Envuelta esa búsqueda en una nube de delirio por el alto consumo de estupefacientes, de todo tipo, que siempre se procuró.
Nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Preguntado por su infancia en una entrevista publicada por la revista "Star" en abril de 1979, Thompson responde: "He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más". Inquirido con posterioridad sobre sus condenas contesta: "Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles. Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína".
Referencia contracultural
Tras una nueva experiencia como corresponsal para "National Observer" que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como "Esquire", el magazine del "New York Times", "Nation", "Reporter" y "Harper’s". Publica su primera novela -"El diario del ron" es la primera que escribe, pero su publicación es más reciente- en 1966, "Los Ángeles del infierno" es su título. La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el "enfant terrible" de la literatura estadounidense. Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces. Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes. "The Electric Kool-Aid Acid Test", el primer libro de Wolfe, data de 1968.
A continuación ofrecemos algunos extractos que nos permiten conocer las ideas de un periodista peligroso no tanto por la leyenda negra en torno a sus excesos y aventuras, sino en cuanto a su particular enfoque informativo, el cuál duda de la naturaleza objetiva de la información y la reporta con un mecanismo acorde: en primera persona y sin miramientos de ningún tipo.
Hay muchas formas de practicar el arte del periodismo, y uno de ellos es usar tu arte como un martillo para destruir a la gente correcta —los cuales, por lo regular, siempre son tus enemigos, por una u otra razón, y quienes usualmente merecen ser destrozados porque están equivocados. Esta es una noción peligrosa, y muy pocos profesionales del periodismo la apoyarán —llamándola “vengativa” y “primitiva” y “perversa” a pesar de qué tan seguido lo hagan ellos mismos. ‘Esa clase de cosas son opinión’, dicen, ‘y el lector es engañado si no se etiqueta como opinión’. Bueno, eso puede ser. Tal vez Tom Paine engañó a sus lectores y Mark Twain era un fraude ladino sin morales del todo quien usó el periodismo para sus propios fines perversos. Y tal vez H.L. Mencken debió ser encerrado por tratar de hacer pasar sus opiniones frente a los lectores ingenuos como periodismo ‘normal y objetivo’. Mencken entendía que la política —como se usa en el periodismo— era el arte de controlar su entorno, y no tuvo reparos en hacerlo. En mi caso, utilizando lo que modestamente puede llamarse ‘periodismo de defensa’ [advocacy journalism], he utilizado el reportaje como un arma para incidir en situaciones políticas que se ciernen sobre mi entorno.
Cabe recordar que Thompson no sólo utilizó el periodismo para impulsar acciones políticas en torno a la legalización de las drogas o para atacar a personajes políticos de la arena nacional de los 70: durante esa década, el escritor se postuló también para alguacil del condado de Pitkin, en Colorado. Sus prerrogativas políticas están basadas palmo a palmo en su visión de la escritura, de lo que extrajo que las condiciones objetivas del poder sólo pueden darse en ciertos contextos:
Mucho se ha dicho sobre el Periodismo Objetivo. No se molesten en buscarlo aquí ni en ningún lugar donde yo firme; o en nadie más en quien pueda pensar. Con la posible excepción de cosas como puntuaciones de box, resultados de carreras y tabuladores del mercado de valores, no hay tal cosa como Periodismo Objetivo. La frase misma es una pomposa contradicción de términos.
Thompson va más allá, trazando la estirpe del periodismo comprometido o subjetivo hasta el novelista Mark Twain, realizando una importante distinción sobre lo que debemos entender sobre subjetividad:
Mark Twain no era objetivo. No entiendo bien esta alabanza a la objetividad en el periodismo. Ahora bien, la simple mentira es muy diferente a ser subjetivo.
La mentira sería más bien algo que Thompson asocia al uso profesional del poder, es decir, a los políticos, a quienes no teme describir en los términos clínicos de la adicción a las drogas:
No todos están cómodos con la idea de que la política es una adicción culposa. Pero lo es. Son adictos, y son culpables y mienten y engañan y roban —como cualquier adicto. Y cuando entran en calor, sacrificarán cualquier cosa y cualquier persona para alimentar su hábito cruel y estúpido, y no hay cura para ello. Eso es el pensamiento adictivo. Eso es la política —especialmente las campañas presidenciales. Eso es cuando los adictos se apoderan de los terrenos elevados. No les importa nada más. Son salmones, deben subir. Son adictos.
La obsesión de Thompson era perseguir y comprender el origen del sueño americano, o lo que quedaba de él, para dar testimonio del estado en el que se hallaba ese sueño ampliamente compartido pero del que nadie a esas alturas sabia nada, mucho menos en qué consistía o dónde se encontraba. Envuelta esa búsqueda en una nube de delirio por el alto consumo de estupefacientes, de todo tipo, que siempre se procuró.
Nació en Louisville (Kentucky) en 1939. Preguntado por su infancia en una entrevista publicada por la revista "Star" en abril de 1979, Thompson responde: "He sido un delincuente juvenil, el típico que calzaba wambas blancas, camiseta de la Universidad de Oxford y tejanos. Me dedicaba a robar pequeñas cosas, sobre todo licor, que era por lo que nos pagaban más". Inquirido con posterioridad sobre sus condenas contesta: "Sé más de las cárceles que la mayoría de los convictos del país. De los 15 a los 18 años mi vida transcurrió repartida entre las rejas y las calles. Fue precisamente en prisión donde me inicié con la heroína".
Finalizada su experiencia reclusa, Thompson es corresponsal del "New York Herald Tribune" en el Caribe. De su estancia en Puerto Rico viene a dar cuenta la ya aludida "El diario del ron", en cuyas páginas -autobiográficas como todas las a él debidas- se nos presenta bajo el nombre de Kemp, un joven trotamundos que acaba de abandonar el Village para emplearse en una redacción portorriqueña. Serán sus compañeros de esos días misántropos, escépticos, perdedores y ambiciosos que lo disimulan bajo un falso interés por la redención de los pobres. Ni que decir tiene que estos últimos serán los que inspiran a Kemp el mayor de sus desprecios. Sin que ello signifique, claro está, que muestra la más mínima solidaridad con los descreídos. Los verdaderos intereses de nuestro corresponsal están en el ron que bebe sin cesar y en las orgías a las que se entrega.
Tras una nueva experiencia como corresponsal para "National Observer" que le mantiene en Sudamérica hasta 1963, Thompson regresa a Nueva York y comienza colaborar en publicaciones como "Esquire", el magazine del "New York Times", "Nation", "Reporter" y "Harper’s". Publica su primera novela -"El diario del ron" es la primera que escribe, pero su publicación es más reciente- en 1966, "Los Ángeles del infierno" es su título. La crónica sobre los movimientos de droga que llevan a cabo estos conocidos motoristas norteamericanos le convierte en el "enfant terrible" de la literatura estadounidense. Su estela transciende incluso a círculos tan poco afectos a la prensa como los contraculturales, en los que Thompson es una referencia obligada desde entonces. Por dilucidar aún si la paternidad del nuevo periodismo pertenece a él o a Thomas Wolfe, lo cierto es que, como novelista, Thompson se da a conocer antes. "The Electric Kool-Aid Acid Test", el primer libro de Wolfe, data de 1968.
Redactor jefe de la sección nacional de la prestigiosa revista "Rolling Stone" entre 1969 y 1974, de uno de los reportajes realizados por aquel tiempo acerca de la campaña presidencial de 1972 nace su novela más celebrada: "Miedo y asco en Las Vegas". En su páginas, el eterno periodista, álter ego del autor en todas sus novelas, acompañado en esta ocasión por un abogado, se lanza con su Chevrolet descapotable a la conquista de Las Vegas. Las drogas más variadas suceden al alcohol en alternancia constante a lo largo de todo el recorrido de estos dos pícaros de nuestro tiempo.
"Mis obras más importantes están aún por escribir", anunciaría ante el aplauso cosechado entonces. "Fear and Loathing on the Campaign Trail’77" (1973), "La gran caza del tiburón" (1979) y "The Curse of Lono" (1983) sólo son algunas de las que ha dado a la estampa hasta la fecha
Miedo y asco en Las Vegas
En el año 1998, Terry Gilliam convocó a Jhonny Depp para filmar una versión de la novela de Hunter S. Thompson, Fear and Loating In Las Vegas.
Depp era un admirador incondicional de Thompson y durante la etapa de preparación para el personaje, vivió en su casa por varios meses, revolviendo sus escritos, estudiando en su vida , su estilo, copiando hasta el mínimo detalle la forma de hablar, de caminar y de pensar de Hunter.
Antes de emprender esta transformación, Depp se comunicó con Bill Murray, quien había representado el mismo papel en la película Where the Buffalo Roam lanzada en 1980. Murray le dijo a Depp que tuviera cuidado, que adentrarse en el mundo de Thompson era una de esas cosas que cambian la vida.
Depp asumió los riesgos y compuso un personaje fiel pero a su vez funcional a los requisitos de la película. Una mezcla justa de precisión y vuelo en cada gesto y paso del periodista Raoul Duke (alter ego de Thompson)
Fear and Loating In Las Vegas es una road movie. El periodista Raoul Duke, junto a su abogado, Dr. Gonzo, emprenden un viaje por las rutas de Nevada, entrando y saliendo de Las Vegas. Viajan a cubrir una carrera de motos y luego un encuentro del FBI sobre drogas pero al mismo tiempo sus viajes son caminos de descubrimiento. En otro plano, su viaje esconde la búsqueda delsueño americano y para eso necesitan una valija llena de drogas, un descapotable, una grabadora y la voluntad para experimentar y llegar al fondo de las cosas. Drogas, periodismo Gonzo, Vietnam, la adicción al juego, violencia, paranoia y contracultura. Todos estos elementos forman parte del viaje.
"No podemos esperar que la gente tenga respeto por la ley y el orden hasta que no se les enseñe el respeto y la confianza en los que hacen cumplir esas leyes."
"¿Quién es el hombre más feliz, el que ha enfrentado la tormenta de la vida y la vivió, o el que se ha mantenido firmemente en tierra y sólo existió?"
"Lo que he encontrado durante mi experiencia ciertamente limitada en información política, es que el poder y la honestidad muy rara vez coinciden."
"No hay historia a menos que lo hayas escrito."
"No puedes perder lo que nunca has tenido."
"Siempre es importante actuar como loco en primer lugar, porque siempre se puede parecer normal después."
"La política es el arte de controlar tu entorno."
"La vida se ha vuelto mucho mejor ya que he tenido que dejar de tomarla en serio."
Bonus : Hunther Thompson entrevista a Keith Richards
(sin subtitulos
)
)