Si nunca lo experimentaste no vas a saber de qué hablamos, pero si alguna vez te pasó que mirando el cielo en un día despejado (o a una superficie clara y uniforme) viste pequeñas "cositas", seguro que esta imagen te resulta muy familiar.
Antes de seguir, un aviso para hipocondríacos: muchísima gente sufre estos leves defectos de visión toda su vida y no son causa de preocupación: sencillamente el cuerpo humano no es perfecto. Todos tenemos defectos de por vida y no pasa nada. Salvo que de pronto aumente el número de estas "partículas" y sufras "flashes" de luz, no es urgente que te vea un médico (aunque por supuesto, una revisión de vez en cuando nunca viene mal).
La primera reacción que uno tiene instintivamente es pensar que se trata de pequeñas partículas, por ejemplo, de polvo, que casualmente han ido a parar a la superficie del ojo. Otros, quizás un poco más frikis (como el que escribe), podrían explicarlo imaginando que en lugar de motas de polvo lo que estamos viendo son las siluetas de pequeñas bacterias sobre el ojo.
Y es que estas "manchas", llamadas floaters o miodesopsias, precisamente suelen verse en dos variedades: pequeñas esferas e "hilos" desordenados. Y existen innumerables bacterias con formas parecidas:
Las miodesopsias, también llamadas "moscas volantes" por el efecto "huida" al intentar enfocarlas, realmente son algo bien estudiado y conocido por los oftalmólogos y se asocia a pequeños defectos en el humor vítreo, la "gelatina" que rellena el ojo, y no a partículas en la superficie ocular.
En todos los foros (en inglés) donde he encontrado opiniones siempre se descarta como absurda la hipótesis de que realmente lo que se vean sean bacterias sobre el ojo, por ser estas "microscópicas" e imposibles de ver a simple vista. Como buen escéptico, no he podido evitar sin embargo intentar verificar esto numéricamente...
El ojo es (simplificando mucho, hasta el dolor) una lente, llamada el cristalino, que enfoca la luz del exterior hacia la retina del fondo, donde están los nervios que transforman luz en señales eléctricas.
Echando cuentas grosso modo, en la zona de la fóvea existe una alta densidad de células fotosensibles (conos) separadas por una media de 2μm, mientras que el tamaño típico de una bacteria se encuentra entre los 1μm hasta los 10μm.
Colocando la hipotética bacteria justo sobre el ojo, en el caso de un enfoque perfecto hacia el infinito la imagen de la bacteria realmente estaría reducida. Pero si se trata de un miope, la proyección en la fóvea podría ser del mismo orden del tamaño de la bacteria real. Más aún, podría aumentar dependiendo de la posición del músculo ciliar que controla el foco del cristalino.
Otra forma de enfocar (nunca mejor dicho) el problema: según este estudio, la máxima resolución visual es de 28'' de arco, eso sí, en óptimas condiciones de contraste. Usando geometría básica, y dado un diámetro típico del globo ocular de 24mm, esta resolución se traduce en un "objeto mínimo detectable" de 3.26μm. Muy justo, pero en el rango del tamaño de algunas bacterias.
Pero asumiendo ahora ya que los "floaters" que ves son realmente pequeños defectos del humor vítreo en lugar de motas de polvo o bacterias fuera del ojo, existe una cuestión de lo más interesante: ¿por qué diablos los vemos cuando deberían ser filtrados por el cerebro?
Desde que nacemos, tenemos dos puntos ciegos bastante hermosos, uno en cada ojo. Si nunca hiciste el experimento, hazlo ahora antes de continuar para saber a qué me refiero. Y sin embargo, no vemos un agujero negro ni siquiera cuando cerramos un ojo y no tenemos la ayuda del otro para completar la imagen: el cerebro se inventa un trozo de la imagen. Sin problemas.
Pero aún más asombrosa que la capacidad de inventar, es la capacidad del cerebro de ocultar cosas. Como ya conté, la retina realmente mira hacia atrás, de forma que la luz tiene que atravesar el tejido de la retina y una maraña de arterias por donde continuamente fluye sangre que, en potencia, podríamos ver como una cortina que continuamente fluyese por delante de nuestra visión. Demos gracias al cerebro (empezando realmente por las neuronas de los nervios ópticos) por adaptarse desde que nacemos para ocultarnos esa imagen.

