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EL EJERCITO MACEDONIO



PRELUDIO

A finales del siglo III a. C., Macedonia era aún la gran potencia dominante en el Mediterráneo Oriental. Su ejército, descendiente directo de aquél de Alejandro Magno, aún era temido, al igual que su estilo de combate, que enfatizaba las armas combinadas, pero cargaba mucha mayor responsabilidad sobre el poder de la falange que nunca hiciera (o hubiera hecho) Alejandro. Mientras Roma trabajaba la movilidad y flexibilidad, la falange macedonia se hacía más rígida que nunca.



Primera Guerra Macedónica

Durante la Segunda Guerra Púnica, Filipo se alió con Cartago. Aunque este acuerdo no conllevó a ninguna batalla campal entre Roma y Macedonia, fue conocido históricamente como Primera Guerra Macedónica. Tras escaramuzas de pequeña importancia, se negoció una paz inestable que permitía a Roma concentrar sus energías en derrotar a Cartago. Según Livio, Filipo envió una legión al mando de Sópatro a Aníbal en Zama.



Segunda Guerra Macedónica

En el año 200 a. C., siendo ya Roma la potencia dominante de Italia y el Mediterráneo Occidental, Rodas y Pérgamo le pidieron ayuda contra las continuas agresiones macedónicas en los Dardanelos y Egipto. La atención de Roma se volvió hacia el Egeo y sus antiguas rencillas con Filipo V de Macedonia.
Roma exigió a Filipo su retirada completa de Grecia. Filipo accedió en parte, porque quiso mantener el control sobre las ciudades de Demetrio I de Macedonia, en Tesalia; Calcis, en Eubea; y Corinto, en Acaya; a las que el rey conocía como «Grilletes de Grecia».
Una delegación griega fue enviada a Roma, para darle al Senado una lección de geografía helena. Las negociaciones terminaron en un callejón sin salida. Sin embargo, como resultado, el Senado envió al cónsul Tito Quincio Flaminino, al mando de dos legiones de más de 6.000 infantes y 300 jinetes aliados para expulsar a Filipo de Grecia. Así comenzaba la Segunda Guerra Macedónica.



Tras una serie de combates en todo el territorio griego, los ejércitos de Filipo y Flaminino se encontraron en la batalla de Cinoscéfalos. El rey macedonio fue derrotado, debiendo firmar un tratado de paz por el que abandonaba sus pretensiones sobre Grecia. Al mismo tiempo, un segundo ejército macedonio era derrotado por Átalo I, rey de Pérgamo, en Asia Menor.

LA FALANGE MACEDONIA

La falange macedonia era una formación de infantería creada y usada por Filipo II, y más tarde por su hijo Alejandro Magno en su conquista del Imperio persa. Esta formación predominó en las batallas durante el período helenístico hasta ser reemplazada por las legiones romanas. Fue elevada al cénit de su efectividad por Alejandro y en el mundo griego se la consideraba un sistema de combate invencible hasta las derrotas de Cinoscéfalos y, especialmente, Pidna.
La falange macedonia surgió, de hecho, como una respuesta ante las modificaciones tácticas que los estrategos tebanos, Epaminondas y Pelópidas, desarrollaron a principios del siglo IV a. C. para oponerse a la superioridad, aunque ya decadente, que la formación hoplítica espartana había ejercido en los combates terrestres entre las polis griegas hasta esa fecha.

La aportación de Filipo II

Hasta la mitad del siglo IV a. C., el Reino de Macedonia no tuvo gran influencia con respecto al exterior, ya fuera en el dominio económico, cultural o militar. El país estaba formado por montañas arboladas y planicies ideales para la cría de caballos, que componían la fuerza principal del ejército macedonio y eran montados, a la manera griega, por los aristócratas llamados los «compañeros» (hetairoi).

Cuando Filipo II accedió al poder en 359 a. C., emprendió la reorganización de la institución militar ya iniciada por sus predecesores. A la vista de los mediocres resultados de los combatientes, desarrolló el entrenamiento y formó una tropa de élite profesional de infantería, llamada «compañía de a pie» (pezhetairoi), para valorizar a este tipo de combatientes. Al estar el reino del nuevo monarca amenazado desde el interior y el exterior, se apoyó en el ejército para estabilizar políticamente el país e imponerse militarmente al exterior. Para hacer esto, Filipo adoptó diversas medidas descritas por Diodoro Sículo

Composición y formación

A comienzos del reinado de Filipo II, Macedonia no era un país rico ni podía, por tanto, equipar a sus soldados profesionales con armamento pesado, que era costoso, como el de los hoplitas.

Filipo formó la falange de la siguiente manera: La dotó de piqueros ligeramente protegidos, cuya arma principal era la sarissa. Esta era una larga pica que portaban todos los falangitas. Tenía una longitud de seis a siete metros de media y llevaba en las extremidades puntas de bronce; la extremidad inferior tenía añadidos cuatro topes para plantarla en el suelo y poder soportar una carga de caballería. Debido a su longitud, la sarissa estaba dividida en dos partes, que había que unir antes de la batalla; para manejarla se requerían ambas manos y no permitía la utilización del aspis koilé, el escudo hoplita, que fue reemplazado por un modelo de unos 60 centímetros de diámetro y se llevaba colgado del brazo.



En formación de combate, los piqueros de la primera fila blandían la sarissa de forma totalmente horizontal, sujeta a unos 4,50 metros de su extremidad, y este ángulo iba subiendo hasta llegar a la última fila. Cada combatiente estaba situado a una distancia de alrededor de un metro de su compañero de fila. Las cuatro filas siguientes, distantes cada una un metro, portaban las picas de la misma manera, lo que daba a la falange su característico aspecto de puercoespín. Las lanzas de las cinco primeras filas emergían en la avanzada de la falange y alcanzaban a cualquier enemigo que se presentase.

Polibio, que tenía un excelente conocimiento de la falange macedonia, explica la utilidad de la sarissa en las siguientes líneas:

«Los hombres alineados más allá de la quinta fila no pueden utilizar sus sarissas para golpear al enemigo. Esto es porque, en lugar de bajarlas a la horizontal, las tienen con la punta en el aire, pero inclinándolas hacia los hombros de los soldados que tienen delante de ellos, para proteger a toda la tropa contra las saetas que llegan sobre ella, pues todas estas astas puestas unas al lado de las otras paran los proyectiles.»2

Para el combate cuerpo a cuerpo, el armamento se completaba con una espada de hoja de hierro. Los falangistas también portaban una pequeña daga como arma secundaria. Además de la utilización de piqueros en la falange, Filipo llevó a esta formación a una profundidad de 16 filas, inspirándose en la falange hoplítica tebana.

Filipo II pasó parte de su juventud como rehén en Tebas, donde estudió junto al conocido general Epaminondas, cuyas reformas fueron la base de la falange. Los falangistas eran soldados profesionales y estaban entre las primeras tropas que entraban en combate, lo que les permitía ejecutar maniobras complejas mucho mejor que el resto. La formación era rectangular, con dieciséis filas de hombres, y un líder a la cabeza de cada columna más otro en el medio, para que las filas de atrás pudieran moverse a los lados en caso de que fuera necesario realizar un ataque frontal. Cada columna estaba compuesta de 256 hombres y recibía el nombre de syntagma, y se conoce a partir de las descripciones de Polibio y Asclepiodoto.

Armamento

El casco era de hierro y el modelo más común era de forma cónica, cuya extremidad se redondeaba hacia adelante, al estilo de un gorro frigio; las protecciones de las mejillas (carrilleras) podían ser articuladas gracias a charnelas. La coraza era exclusiva de los oficiales y podía estar fabricada de hierro.

Espada: La espada era un arma de emergencia, y los falangistas no solían entrenar mucho con ella. Normalmente se usaban de dos tipos:

El XIPHOS era una espada recta y corta de doble filo, posiblemente la más usada.

El KOPIS era curvada hacia el interior y servia de machete.
Armadura: En esta época la más común era el linothorax. Hecha de capas de lino endurecido y encolado, resultaba más ligera y comoda que las de metal y daba una protección razonable contra flechas y espadas. Los griegos ya la usaban en los tiempos de las guerras médicas. Y podía reforzarse con placas o escamas de bronce.
Solía usarse junto unas tiras del mismo material superpuestas, que permitían cubrir el bajo vientre y las piernas sin estorbar el movimiento.

También se usaba (sobre todo las tropas de élite), aunque en menor grado, las corazas anatómicas de bronce, más pesadas e incomodas y bastante caras, pero evidentemente más resistentes.

Escudo: A diferencia de los grandes escudos (hoplón) de las viejas falanges griegas, los falangistas macedonios, al tener que usar la larga sarissa a dos manos, debían usar uno más pequeño, de unos 60 cm. Aunque disponer de una barrera de cinco filas de picas era una protección evidentemente mejor...
Estos "peltai" redondos se sujetaban ayudandose de una correa.

Casco: Existían bastantes modelos de cascos de bronce, aunque el más usado era el de tipo Frigio. Resultaba muy eficaz frente a golpes descendentes y con las carrilleras ofrecia cierta protección a la cara si estorbar la vista o el oido.

Otros casos podían ser los de tipo Attico (origen Tracio)

Grebas: Las "espinilleras" de bronce solían usarse comúnmente por las primera filas.

Unidades y formación de la falange

La formación ideal constaba de 64 syntagmas, mandada cada una de ellas por un syntagamatarchos. La estructura de una syntagma partía de la idea de la fila de 16 hombres (lochoi) mandada por un lochagos (primer soldado de la fila), ayudado por el ouragos (último soldado de la fila).



El lochoi se dividía a su vez en cuatro grupos de cuatro soldados (enomotia) mandados cada uno de ellos por un enomotarchos.
A su vez, la enomotia era el resultado de sumar los guerreros de dos filas impares (próstatas) y dos filas pares (epistatas).
Horizontalmente, dos filas constituían una diloquia, unidad de 32 soldados formados de dos en dos en fondo, bajo el mando de un dilochites, cargo que correspondía al lochagos de la octava fila derecha.
La suma de dos diloquias constituía una tetrarquía, unidad de 64 hombres mandada por un tetrarca.
Dos tetrarquías constituían una taxiarquía, de 128 guerreros bajo el mando de un taxiarca, cargo que correspondía al lochagos de la octava fila contando desde la izquierda de la formación. Por último, la suma de dos taxiarquías constituía un syntagma.
Como unidad básica, dos syntagmas se agrupaban en una pentekosiarquia, integrada por 512 hombres. La agrupación de dos formaciones de este tipo constituía una chiliarquia de 1024 soldados, al frente de la cual estaba el chiliarca.
Las formaciones de mayor rango incluían la merarchia (2048 guerreros), la phalangarchia (4096 soldados) agrupadas en dos alas (keras), constituidas por la suma de 32 syntagmas dispuestas bajo el mando de un kerarka, en total 8192 hombres.
La suma de ambas alas formaba el ejército (phalanx) mandado por el strategós.
La falange completa contaba, por tanto, con 16.384 falangitas, a los que debían sumarse los heraldos, señaladores y trompetas de cada syntagma.
Por supuesto, la movilización del ejército contaba también con un elevado número de tropas auxiliares y empleos destinados al transporte de los bagajes y las máquinas de guerra, así como al aprovisionamiento y distribución de los suministros.
Contando con la pieza básica de la syntagma, entendida como una unidad independiente, un jefe militar podía disponer estas tropas, en diversas formaciones dependiendo de las características del terreno, la estrategia del adversario y su propio planteamiento táctico. Las unidades de pocos efectivos podían disponerse en múltiples esquemas de formación en línea, desde el clásico frente recto hasta la formación oblicua, pasando por la formación en media luna o en cuña y el medio cuadro abierto, utilizado básicamente para el avance de las tropas durante las marchas de una campaña militar.


CABALLERIA PESADA(Los Hetarioi)



Hetarioi: Los "compañeros" formaban la caballería pesada, una vez trabado el enemigo con la falange, cargaba contra el por los flancos. A pesar de no usar silla adecuada o estribos (los estribos no llegaban todavía), el entrenamiento de estos jinetes de la nobleza les permitía soportar el choque de la carga.



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