InicioApuntes Y MonografiasHomenaje a mi viejo,
Hola! Hace 1 año falleció mi viejo, y no sé, estaba viendo recuerdos suyos y me encontré con estas palabras que escribí y dije en su velorio, me parecieron demasiado bellas, asi que me gustaría compartirlas con ustedes.
Saludos!



El domingo por la mañana, falleció mi padre, en medio de una hermosa mañana nublada y fresca, como ya no se acostumbra en los veranos de tierras regias. En medio del dolor pensé en escribir unas palabras para compartirlas con quienes lo amaban pero ¿Qué palabras pueden hacérsele a un hombre cuya vida entera fue un tributo a la bondad, a la gentileza, al cuidado y a la generosidad? En realidad no son necesarias las palabras, porque la vida de mi padre habló con suficiente fuerza y claridad por sí sola.
Todos sabemos quién fue Don Venancio. Fue el amigo favorito de todos. El vecino más querido. El tío predilecto. El empleado más eficiente. No tenía un solo enemigo en la vida. La verdad no creo que nadie que lo conociera pudiera no amarlo. Era un hombre bueno, un hombre gentil, un hombre dadivoso y sonriente.
No es que fuera perfecto; ningún ser humano lo es. Pero en toda mi vida, e incluso en los momentos más difíciles para él —y hubo algunos que realmente lo pusieron a prueba—, nunca sentí que no estuviera conmigo con todo su corazón y su amor.
Todos lo extrañaremos. Yo lo echaré de menos porque era la única persona en el mundo que me decía que era su adoración, su coyotita, que sabía que yo era capaz de todo y podía llegar tan lejos como quisiera... y realmente lo creía.





Sus nietos lo extrañarán porque nunca hubo un abuelo más cariñoso. ¡Quisiera que hubieran visto cómo jugaba con ellos! El amor que expresaban sus ojos, la forma en que bromeaban... ¡y cómo lo amaban ellos! Siempre decían, "papá, mírame", "papá, ven", "papá te quiero mucho". Y allí estaba él, con sus lagrimitas en la cara, lagrimitas de amor.
Respecto a mamá... ¿qué puedo decir del amor que se tenían? Durante cuarenta años, esta pareja se dedicó por completo el uno al otro. Con miles de problemas, pero siempre venció el amor, y aunque ella se adelantó cuatro años atrás, ahora comparten juntos en cuerpo y alma, como siempre fue.
Uno de mis recuerdos más vividos de mi infancia era cuando papá regresaba del trabajo a las cuatro y media de la tarde. Abría la puerta y yo salía corriendo a recibirlo, “me trepaba como chango” y lo llenaba de besos, y sacaba de su camisa de CFE una bolsa de dulces y chocolates que compraba mientras trabajaba, pensando en mi. El momento más maravilloso del día era cuando papá regresaba a casa.
Mi padre vivió sus últimos días como acostumbraba hacerlo, siempre rodeado de amistades, algunas sinceras, otras no tanto, mi bello padre, aún cuando le quedaban unas horas de vida, ahí acostado en la cama de hospital aún se preocupaba por mi, y decía “ve a cenar hija, yo te invito”. Siempre quiso lo mejor para todos nosotros, aunque inconscientemente no lo demostrara.
Un día antes de que sucediera, papá estaba tan débil que apenas podía hablar. Yo le decía cuánto lo quería, que había sido un padre maravilloso y que suerte tuvimos mis hermanos y yo de haberlo tenido como padre. Yo seguía y seguía, volcándole mi corazón, hasta que finalmente sólo le dije: "Te amo mucho, papito". En ese momento susurró algo. Al principio no pude escucharlo, así que puse mi oreja cerca de él y le pregunté: "¿Qué dijiste?” Agarró aire y me dijo con todas sus fuerzas “Mañana me traes la silla de ruedas, y me la dejas aquí a un ladito, porque me les voy a pelar, me voy a ir de este hospital”. Y se fue, pero no fue necesaria la silla, él era más listo aún.




Con frecuencia leemos en los diarios que ahora no hay héroes ni grandes hombres a quienes nuestros hijos puedan admirar. Quizá mi padre no haya obtenido el premio Nobel, pero si quieren un ejemplo de un gran hombre, no es preciso buscar más allá.
Mi esposo y yo nunca olvidaremos la paz y dulzura de su rostro la mañana de su muerte, cuando el sol entraba por la ventana, iluminando sus cabellos plateados como si mil ángeles danzaran a su alrededor.
Te amamos, papá. Eras tan bello en la muerte como lo fuiste en vida, con tus miles de defectos y tus inigualables virtudes, eras tú, auténtico, un hombre regio, amigable, amoroso y muy noble. Te extrañaremos, pero nunca olvidaremos quién eras; siempre hablaremos de ti y les contaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos acerca de su abuelo, quien, a pesar de que trataba de arreglar todo con mentadas de madre y cinta de aislar, es para nosotros uno de los más grandes hombres que haya vivido.
Ahora ve en paz, algún día nos encontraremos.
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