InicioTurismoTe invito a conocer San Luis... Megapost (Parte 1)
El motivo de este post es mostrarle los mejores lugares de la provincia que me adopto como uno mas en los ultimos 13 años de mi vida, lugares preciosos que merecen ser conocidos y contemplados no solo por su belleza sino por la paz que en ellos reina, vení, te invito...



Nogolí


Historia

Los primeros antecedentes de la creación de está villa datan del 1668, cuando el terrateniente Daniel Funes cede al gobierno de la Provincia unos terrenos comprendidos en su estancia de Nogolì. “El ministro Don Faustino Berrondo da instrucciones al agrimensor Don Mamerto Gutiérrez para que proceda a delinear la villa con una plaza, ocho manzanas de cien varas en cuadro cada una y calles de veinte varas de ancho”, dicen los archivos de la Municipalidad.
Aunque escasos, rastros de esa época se conservan en algunas casas de adobe que rodean la plaza central, que se engalana con la Capilla de la Virgen de Nuestra Señora de la Merced, construida en 1891.




Enclavado en un rincón privilegiado de las sierras, ofrece todo lo que el turista busca en verano.


¿ Y Nogolí?, por que no. Ubicado a sólo 50 kilómetros de la capital puntana, este oasis verde, rodeado de mesillas y majestuoso cerros cortados por cristalinos ríos y vertientes, que conforman profundos piletones, ofrece a los visitantes paisajes naturales poco conocidos.
Hoy, o cualquier día del verano es ideal para esta escapada, en la que la familia no debe llevar más cosas de las que carga en el auto cuando decide pasar un día de campo en El Trapiche, Potrero de los Funes o cualquier otro punto turístico de la provincia.




En este caso, sólo es recomendable que los sentidos vayan despiertos a nuevas sensaciones: bosques de algarrobos, chañares y quebrachos, que se mezclan con extensas plantaciones de olivos, son custodiados en el cielo por el vuelo inconfundible de los cóndores y en el suelo por el surco de los ríos El Molle, Chico y de la Quebrada.
A “Aguas Claras” -como lo denominaron las culturas originarias de la región al bautizarlo con la voz de Nogolí-, se accede por dos rutas: la 3, conocida como el “camino del alto”, que costea las sierras grandes o por la ruta nacional 146, que une San Luis con el límite con Córdoba.
Cualquiera de las dos vías está en perfecto estado. El ingreso al pueblo, que se encontraba muy deteriorado, fue recientemente reparado.




Nogolí, como muchas localidades del interior provincial, conjuga la prórroga concedida al progreso con casas de adobe, chacras y animales de campo en los patios con las ventajas de las calles asfaltadas y el wi fi gratuito en cada rincón del pueblo.
El intendente de la localidad, Sergio Amieva, estimó en mil los habitantes estables en la villa. En el casco céntrico el visitante encuentra almacenes, carnicerías y venta de productos artesanales y caseros.
El dique y circuitos por descubrir
Entre el pueblo y el imponente cordón serrano –donde sobresale la silueta del cerro Barroso de 1905 metros de altura- se ubica el Dique Embalse Nogolí, inaugurado en diciembre del 2000.
El camino para acceder y rodear el dique no está en buen estado pero es transitable, con precaución. Las últimas lluvias y en especial la de ayer, que registró más de 100 milimetros en pocas horas, hizo que el embalse pasará de estar dos metros bajo a rebalsar por el vertedero.
El espejo de agua tiene una extensión de 140 hectáreas sobre el río Nogolí y es considerado uno de los más bellos y puros de la provincia. Es utilizado para el abastecimiento de agua potable en la región, el riego y la ganadería.




Circuito Río El Molle y Río Chico

Si bien el camino se pone más complicado pero no imposible, a partir del Dique se puede acceder a lugares increíbles que no dejan de sorprender.



Los baqueanos recomiendan los dos circuitos por igual, el del Río El Molle y el Río Chico, aunque cada uno tiene sus bellezas y también sus dificultades particulares.



La propuesta del Río Chico es la más accesible, el cauce es pequeño pero aseguran en el pueblo que siempre lleva agua, recogida de la cuesta de Pancanta y de las Quebradas de la Cuesta de Barroso. En las márgenes del arroyo hay buenas sombras cubiertas de pasto verde.
El camino que lo rodea está asfaltado, aunque es importante remarcar que se debe transitar con cautela, porque hay sectores de la ruta con desmoronamientos. Con auto, el camino se puede continuar aproximadamente 4 kilómetros (Ver “Siempre Avanzar”).
Del otro lado, hacía el norte, en la cola del Dique, se puede acceder al rio El Molle, característico por la pureza de sus aguas (que es extraída en el pueblo y comercializada en la provincia como agua mineral, de excelente calidad).




Este circuito comienza en el Camping Primavera, por un camino de tierra bastante rustico pero accesible en el inicio para cualquier vehículo. Actualmente el camping no es administrado por nadie pero cuenta con extensos playones de césped y arena, asadores y sombras de algarrobos y espinillos. Un detalle a tener en cuenta, es que el terreno no tiene baños habilitados.
Y aunque esa parte del río es la desembocadura al dique, tiene grandes piletones de piedras y arena, ideales para los chapuzones de los pequeños de la familia.
Para los más aventureros, con ganas de ascender caminando, en bicicleta o vehículos 4x4, es súper recomendable el zigzagueante “río arriba”, con paisajes cada vez más fantásticos, encajonados entre grandes rocas, numerosas quebradas y cálidos manantiales.




Un esfuerzo más y se puede llegar hasta el final del camino.
Calculado en 2 horas de caminata se encuentran dos puestos dignos de conocer. Uno es el de las higueras o más conocido como puesto viejo, dos cabañas de piedra abandonas al lado del rio que acompañan y decoran un paisaje único.




Un par de kilómetros antes, donde el río El Molle se choca con el rio Los Remansos, se ubica el puesto de Felipe Pérez. Excelente lugar para acampar, para la pesca de truchas arco iris y el deleite de impensadas cascaditas.
A grandes rasgos, esto en Nogolí, un lugar que tiene todo por descubrir y hacer.
La parte privada ofrece canotaje en el Dique, trekking, cabalgatas, mountain bike, entre otras actividades al aire libre.
También Nogolí tiene propuestas de alojamiento. La villa cuenta con una hostería municipal, las estancias La Serrana y el Faro y distintos camping con balnearios.




Desviémonos un poco por un camino increíble pero que desapareció, básicamente lo que sucedió fue que la montaña se lo comió. Cruzando el dique Nogolí por la ruta que dobla hacía la derecha, fácilmente identificable, por que se encuentra el primer desmoronamiento a los pocos metros de transitarla, comienza una carretera que hoy es fantasma.



El pasaje conecta Nogolí con el dique Esteban Agüero, el comienzo de la ruta es amistoso con piedras de todos los tamaños en medio del camino y el río al costado, de momento todo parece decir que vamos a cruzar un tramo sin igual. De a poco los ánimos se empañan al ver rocas cada vez más grandes que obstaculizan el paso, hasta llegar a notar como en un paso el camino desaparece por completo, tanto que parece que nunca existió. Imposible seguir en vehículo, sólo a pie y con muchas ganas.



Ni bien me cruzo con grata sorpresa, y decido dar marcha atrás, en mi cabeza rodaba la frase siempre avanzar nunca retroceder, pero cuando termino de pensarla ya me encuentro de vuelta en mi casa. Pasan los días y me pongo a investigar el lugar mediante Google Earth (dicho de paso se divisa un hermoso aeroplano sobrevolando) y noto que el camino desde Esteban Agüero a Nogolí era más viable, así que con tres amigos y dos motos decidimos emprender la travesía, entre paisajes rocosos imponentes y esquivando tranqueras llegamos a lo más alto.



Arriba, cerca de las nubes, divisamos la totalidad del dique Nogolí, el pueblo y el camino que se esfuma bajo la montaña. En ese momento la frase “siempre avanzar…” sonaba más fuerte en mi cabeza, por lo cual emprendimos la bajada, creyendo que sería un linda travesía, la cual se convirtió en una odisea de 6 horas, de un muy mal rato, pero con el mejor premio: llegar a suelo firme.











Siete Cajones y Virorco


Cerca de los centros turísticos, se encuentran estos dos paradísiacos lugares, ideales para pasar el día. Ingresa para ver fotos y saber mas de ellos. A una distancia muy corta de los centros turísticos de El Trapiche y La Florida, como envolviéndolos con sus encantos, dos paisajes muy bellos pero distintos invitan a los puntanos a una “escapada veraniega” ideal. Siete Cajones hacia el norte —a menos de 3 kilómetros— y Virorco —por un camino agreste hacia el oeste— ofrecen ríos mágicos, de aguas cristalinas, para todos los gustos.





Pasando El Trapiche, por la ruta 9, que conduce hacia el dique La Florida, se accede al paraje de Siete Cajones. Un gran caldén a mano izquierda señala el ingreso, por un camino de tierra bastante deteriorado, pero transitable.



En un punto el camino se divide en dos. El ascenso por la izquierda lleva hasta la costa del río Grande. En ese trayecto, de aproximadamente 600 metros cuesta arriba, se puede encontrar diversos emprendimientos privados que ha hecho crecer la zona enormemente: entre ellos, la fábrica de alfajores Quebrada del Agua, la Fundación de Apicultura, un taller de escul-turas en piedra, un criadero de patos, y al final del camino, a 300 metros de la bajada hacia el río, el complejo de cabañas y restorán Nimaja, famoso por su distinguida construcción y platos gourmet.



Los visitantes podrán acceder con vehículo hasta ese complejo. A partir de allí deberán descender al río caminando, donde encontrarán un excelente balneario natural, con un piletón de buena profundidad en el que toda la fa-milia podrá zambullirse.



Los lugareños recomiendan, para los más intrépidos, recorrer las riberas del río Grande. “A 300 metros, río arriba se encuentran es-pectaculares ollas con cascaditas, que se forman encajonadas en el curso”. Más arriba aún, aconsejan la pesca de trucha.



La segunda opción en la zona es la de visitar los piletones de Siete Cajones. Donde se divide el camino, se debe descender hacia la de-recha. Este lugar es recomendable sólo para personas que sepan nadar, más aun cuando hubo crecidas, como en los últimos días.



Ese camino, verde pero muy rústico, conduce al Camping de Siete Cajones, que no funciona como tal, pero que informaron, esta temporada de verano ofrecerá un servicio de quiosco, con bebidas y pan casero.Los vehículos se los pueden dejar en playón del camping y a partir de allí, caminando, bajar hasta las márgenes del río. No es recomendable ir con la intención de pasar el día, porque los pozos están rodeados de grandes piedras y no tiene lugares cómodos para descansar. Sí es muy apto para excelentes chapuzones.



¿Que visitar?

El crecimiento que tuvo en los últimos años Siete Cajones se refleja en la cantidad de emprendimientos privados que han surgido a la vera del camino principal. El primero, y quizás el más reconocido, es la fábrica de alfajores La Quebrada del Agua. Allí, Carina Díaz y Silvia Bisagra, ofrecen una exquisita variedad de alfajores clásicos, de hojaldre, frutales, de chocolate, tortas galesas, entre otras cosas ricas. Unos metros arriba se encuentra el taller de Laura y Martín, con hay una venta y exposición de esculturas en madera.Por el camino también se encuentra la Fundación Apícola, una empresa familiar que elabora productos a base de miel. Además de vender, en el lugar se puede conocer los distintos procesos de elaboración. Por el mismo camino se puede observar un patio muy particular, donde un vecino creó un criadero de aves. Hay distintas variedades de patos, faisanes, un ñandú y hasta un pecarí. Digno de contemplar.
En el final, empotrado en el cerro, está el Complejo Nimaja, que según su significado maya "casa grande", cuenta con cabañas y departamen-tos, un restorán con cocina de autor y gourmet, un bar de playa y distintas propuestas culturales. Un lugar secreto: en el valle atrás de Nimaja, en un terreno privado, hay contrucciones de fines de siglo 19, conocidas como las casitas de piedra, donde los antiguos pobladores se resguardaban de los malones.


Virorco: más hermoso imposible







“Y el Arroyo del Aguila, que tie-ne una cascada con mejor reman-so, cuyo espejo recuerda a las muchachas cuando se pone corazón de fauno”, le cantó el poeta puntano, Antonio Esteban Agüero, a este bello lugar: Virorco, el punto donde la unión del río Virorco y el Arroyo de las Aguilas crean un entorno ideal para el disfrute pleno de la naturaleza.





Un camino mágico, que parte desde el costado de la Estación de Servicio de El Trapiche, conduce hasta Virorco. Son aproximadamente 10 kilómetros de ruta serrana, rodeada de plantas silvestres, flores amarillas, construcciones de adobe y una cerrada arboleda.





Donde el camino se abre, se debe doblar a la derecha y recorrer unos 500 metros hasta chocarse con unos ríos cristalinos que envuelven el camino. Allí se encuentran el Virorco y el Arroyo de las Aguilas, que forman un lugar ideal para pasar un día rodeado de cerros, cálidos ríos y alfombras de pasto verde.





Es importante resaltar que en el lugar no hay nada más que el paisaje, por lo que el visitante deberá prever alimentos, bebidas y todo lo que necesite para disfrutar a pleno de Virorco.



En la vuelta es muy recomendable no volver a El Trapiche sino seguir el camino que conducirá hasta El Durazno, por el pie de las montañas. Son aproximadamente ocho kilómetros de ruta agreste y otros ocho más de tierra consolidados. A lo largo de esa carretera, que después une El Durazno con El Volcán, aparecen a la vera del camino distintas estancias, casaquintas y pintorescos parajes como Estancia Grande y La Estrechura. También atravesarán arroyos, arboledas y tramos adoquinados.





Un día entre amigos de-cidimos partir para el Salto del Aguila en Potrero de los Funes. Empezamos por el río Los Molles cuesta arriba y siempre doblando a la derecha. Pasadas dos horas llegamos a Valle Hermoso, el lugar elegido para acampar. Minutos después seguimos la caminata, hasta dar con el “salto” que en realidad era un hilo de agua que caía unos 10 metros sin hoyo. Una tristeza.



No bajamos los brazos y al otro día encontramos, para nuestra fortuna, en google earth, que cruzando una sierra encontrábamos “El Reparito” y allá fuimos.



Un miniedén único, rodeado de montañas que produce un reparo perfecto para la más grande variedad de árboles que haya visto en un mismo lugar, con dos ríos que siempre tienen sombra y una vegetación que invita a la contemplación y el relax.

























Paso del Rey e Inti Huasi


Son 36 kilómetros que no dejan de sorprender por la variedad de paisajes. Una ruta, diferentes paisajes. Construcciones antiguas, descubrimientos arquitectónicos, ríos y cerros son algunas de las postales del lugar.



La perseverante temporada de lluvias no debe privar a los puntanos de recorrer los maravillosos paisajes con que cuenta San Luis. En esta oportunidad, la propuesta de El Diario es básicamente una escapada en el tiempo, que inicia por el camino histórico que remonta a la época de la colonia en Paso del Rey y que concluye miles de años atrás en la Gruta de Inti Huasi.



Hoy, ese camino se conjuga en verdes arboledas cercadas de pircas interminables, caseríos de adobe, extensas llanuras y cañadas que esconden ríos dorados.





El circuito en total tiene 36 kilómetros, desde el Embalse a Inti Huasi. El primer trecho esta asfaltado, en excelentes condiciones y el segundo es de tierra consolidada. Aunque es apto para ser recorrido por un vehículo común, es importante tener en cuenta que los días lluviosos puede estar deteriorado.





A la excursión arqueológica se accede por la ruta provincial Nº39, que nace en La Florida, a 40 kilómetros de la Capital, donde el camino que contornea el Embalse se abre hacía Riocito, atravesando el Arroyo Las Vacas.





A los pocos kilómetros, la ruta ascendente rodeada de praderas interminables ubica en la Pampa del Tamboreo, a 1.250 metros sobre el nivel del mar. Dicen los lugareños que el nombre del paraje se debe a un pájaro de la zona que emite un sonido parecido al batir del tambor.





Entre curva y contra curva, el camino sufre una transformación para dejar atrás el llano y convertirse en una serranía rocosa. Ese paisaje invita a conocer el Yacimiento La Angostura, por un camino que se desvía 1 kilómetro. Este paraje solitario es conocido por contener un murallón de aproximadamente 25 metros de largo, en el que las culturas originarias plasmaron más de mil signos pictográficos de distintos colores.



Retomando el camino, por la tierra, se accede a Paso del Rey. Un angosto trazado, enmarcado por una pirca conduce a la antiquísima capilla y un caserío bajo. Dicen que por allí viajaba el Marques de Sobremonte. La callecita histórica continúa y se pone cada vez más angosta y bella, hasta sumergirse en un túnel de arboles, que casi no dejan entrar los rayos de sol. Seguramente, uno de los lugares más increíbles de la provincia.
El final de ese camino confluye en los paredones que resguardan el curso dorado del Arroyo de Cañada Honda, donde los lugareños siguen sacudiendo la batea sin perder la esperanza de obtener alguna pepita de oro.












San Francisco - La Carolina


San francisco- La carolina, 25 kilometros que maravillan. No hay nada mejor que subirse al auto y comprobarlo por uno mismo. Recorrer con tiempo y ganas de maravillarse los 25 kilómetros que unen San Francisco con La Carolina deja una sensación de haber rozado el cielo y volver para contarlo.





Las terribles escaladas que parten de los 800 metros sobre el nivel del mar y conducen hasta los 1.720 metros de altura, en su punto máximo en el Cerro El Amago, le posibilitan al visitante descubrir un sinfín de paisajes y vistas que cambian de un lado u otro de la sierra.





La ruta 9 provincial era hasta hace unos meses, casi en su totalidad, de tierra, lo que la convertía en un camino poco recomendable para transitar en vehículos que no fueran camionetas o 4x4.





Con el objetivo de sumar una etapa nueva al Tour de ciclismo, el Gobierno de la Provincia se propuso asfaltar ese increíble camino, que fue terminado hace pocos y que se transformó en la “Etapa Reina”, la más importante de la edición 2010 de la competencia ciclística.





Y el turista o al puntano deseoso de conocer su provincia, deberá aprovecharla. Es una excelente propuesta para una escapada, de fácil acceso, que no olvidará ni dejará de recomendar. San Francisco está a 115 kilómetros de la capital, por la ruta 146, entre Villa General Roca y Leandro Alem.



El ingresó a la localidad no está bien señalizado, deberá ir atento por que el pueblo no se ve desde la ruta, sino que debe ingresar 12 kilómetros por una camino asfaltado, surcado entre cerros.
Para acceder a la ruta de montaña deberá atravesar a lo largo San Francisco, pasar la Hostería y antes de cruzar el puente del Río San Francisco, doblar hacía la izquierda por el camino que conduce a la costanera del Río Claro y pasa por el obrador donde construyen el dique.




El camino comienza a ascender acompañado de los oasis de palmeras de caranday. A partir de allí, la trepada parece nunca acabar por una cornisa de unos 50 caracoles que permiten subirla. No está de más recomendar precaución y velocidad mínima.



Casi en el medio del camino, donde se encuentra el punto panorámico, realmente hay una buena vista para observar la gran belleza del valle de San Francisco y el oeste de la provincia, como Villa General Roca y su embalse e inclusive, los días con buena visibilidad, aseguran que se ven hasta las Sierras de las Quijadas. Un poco más cerca, sobresalen las quebradas del cerro Socoscora y los cauces del Río Claro y Socoscora. Hacía arriba, espera el Cerro El Amago.





En ese Cerro, conocido por tener una de las repetidoras de Canal 13, se llega al punto más alto del camino (1.720 kilómetros sobre el nivel del mar). Puro oxigeno para purificar los pulmones.
A partir de allí comienza el descenso hacía La Carolina. Cambia por completo el paisaje, donde predominan las formaciones rocosas y las hierbas duras. Sorprenden de uno y otro lado de las rutas, lagunitas generadas por las nacientes de ríos y vertientes.




Un manto verde amarillaceo indica que el camino está atravesando la Pampa de las Invernadas. Rodean la planicie distintos cerros volcánicos, entre los que sobresalen Los Mellizos y El Tomolasta.











QUE CONOCER EN SAN FRANCISCO? San Francisco cuenta con una variedad increíble de propuestas para el verano, que van de balnearios y baños naturales, como la Laguna las Palmas o la Laguna Azul, la Quebrada de López y toda la costanera del Río Claro y el Rio Socoscora, con varios pozos de agua, cascaditas, asadores y lugares para acampar.



También tiene mucha historia, tras los muros de la escuela de Sarmiento o las antiguas construcciones de adobe del pueblo.
Ascendiendo por sus quebradas, se encuentran minas abandonadas, grutas, formaciones geológicas y pinturas rupestres.




QUE CONOCER EN LA CAROLINA? La Carolina es un lugar con varios atractivos turísticos, gran parte basados en la naturaleza y en las antiguas minas de oro.
Los que buscan agua encontraran en el pueblo el balneario de Carolina. Y en los alrededores, los cursos de agua de los ríos Carolina, Claro, Turbio y el arroyo Luluara. Pero el gran atractivo del lugar son las minas de oro, abiertas durante todo el año, con excursiones guiadas. También se destaca el Museo de la Poesía, ubicado en el lugar donde nació Juan Crisóstomo Lafinur. Allí se encuentran fragmentos originales de su poesía y de otros escritores.




Zona de buenos saltos. Por un lado El Salto Escondido (70 mts), en San Francisco. Y por el otro El Salto de la Negra Libre (60 mts), en Las Verbenas.





De San Francisco por el camino que va a Carolina, a 12 kilómetros, se encuentra Rodeo de las Gallinas lugar por el cual descenderemos hasta el río para empezar a subir.



En 2 horas el camino se empieza a poner más denso, subidas empinadas por piedras y raíces de arboles cada vez más difíciles. En toda curva decís ¡acá tiene que estar!, pero no, siempre hay un paso más. Hasta que después de varios pasos complicados aparece esta hermosura de chorro. Recomendado conseguir un Guía, ya que es turismo aventura de verdad. En el pueblo hay buenos vaquéanos dispuestos a acompañar.
El Salto de la Negra Libre. Mi adoración. Dos formas de llegar, una desde la Hostería de las Verbenas pidiendo permiso para ir por un sendero fácil y llegar a la parte de superior del Salto.
O bien ir por abajo arrancando en la parada de colectivos de Piedra Blanca pidiendo permiso para cruzar un campo para empalmar con el río y comenzar la divertida travesía de buscar el mejor sendero para llegar en unas 3 horas a una bifurcación de ríos anchos con playitas y una explanada que invita a acampar y relajase para emprender el ultimo kilómetro de subida complicada hasta el Salto.


















Lujan - Quines


El Muro de Quines una joya turística en el norte de la provincia. Luján se impone como un destino de exclusiva belleza. Quines no es sólo el centro urbano más importante del norte de la provincia. Es también un verdadero centro turístico con propuestas que pocos imaginan encontrar en la región. Una de ellas es el increíble balneario del Muro, donde el Río Quines divide su trazado en dos brazos: un curso de aguas rápidas y otro sereno, espléndido para los pequeños de la familia. En el medio una alfombra verde que invita a la pausa, el descanso y a la admiración del lugar.





Ubicada casi en el límite noreste con Córdoba, a 154 kilómetros de San Luis por la ruta 146 y a 238 kilómetros de Villa Mercedes, Quines es –según como la definen sus pobladores- una zona privilegiada por un microclima tropical que la vuelve un paraíso agreste, donde prosperan todo tipo de plantaciones, frutales y hiervas, que le transfieren un aroma especial a la localidad.



Además de las características históricas que atesora el pueblo, como son la parroquia Nuestra Señora del Rosario, levantada en 1871, o la añeja Chimenea del aserradero Santa María, los atractivos turísticos de la zona se esconden en las últimas estribaciones de las Sierras de San Luis, donde bajan los ríos y vertientes de aguas cristalinas y –según los lugareños- también termales, como el Arroyo el Zapallar.



Pero, sin dudas, El Muro es la joya de Quines. Para acceder al balneario debe atravesar el pueblo, por la ruta 20, pasar el puente del Río Quines y, a menos de dos kilómetros, a mano derecha, se ubica el ingreso por un camino de tierra en buen estado. El balneario es regenteado por la Municipalidad de Quines y, a modo de colaboración para el mantenimiento y cuidado del lugar, cobran una entrada de tres pesos por persona.



Con un marco formidable de sierras, ríos anchos de aguas cristalinas y parques arbolados, El Muro fusiona ese paisaje natural con todas las comodidades y servicios para el turista: cuenta con un camping, cabañas, proveeduría, sanitarios, asadores, zonas de esparcimiento y piletas.
A 7 kilómetros del centro, por una ruta asfaltada, el pueblo esconde otro atractivos turístico: el arroyo del Zapallar, conocidas hace unas décadas atrás como las termas del Zapallar.




“Hace muchos años, antes que se creara en el lugar el tanque de agua potable, venía gente otras localidades a bañarse en las aguas termales. Los pobladores más viejos todavía hablan de sus propiedades curativas”, comentó Estela Leal, una buena guía turística del lugar. Actualmente el Zapallar cuenta con una pileta de natación de agua cálida que se abastece del arroyo y que está rodeada de cerros y una exuberante vegetación autóctona.



La Villa de Luján es señorial y exquisita. Los cerros que custodian su dique la vuelven majestuosa e imponente. Aunque no es un lugar con grandes balnearios, su exuberante vegetación, las temperaturas cálidas características del norte provincial, la historia que guardan sus calles y los ríos y arroyos que la rodean la vuelven un lugar propicio para una escapadita de uno o varios días, que prometen un regreso renovado.



Ubicada en la intersección de las rutas 146, que viene de San Luis y la 20, que conduce a San Juan, Luján se encuentra a 124 kilómetros de la capital. Cuenta con dos ingresos, el primero bastante deteriorado por las obras de cloacas y el segundo, de sur a norte, en perfecto estado.



La localidad le debe su nombre a la Parroquia Nuestra Señora del Luján, la cual se encuentra en una esquina de la plaza Mitre y fue ordenada a construir por el coronel Juan Francisco Loyola en 1850. Cercano, otro templo del siglo 19, la parroquia San Juan Bautista, situada frente a la plaza San Martín, y sobre la ruta que conduce el dique, en el pie de un cerro, un Vía Crucis de particular belleza, que revelan a un pueblo arraigado a las tradiciones religiosas.
En el centro de la Villa se pueden observar también decenas de viviendas con más de un siglo de historia, como casa de las familias fundadoras Montiveros, los Lobos, las de los Osorio o de los Blanchet.




Una vuelta de página la concede el Dique Luján. Encajonado entre el Cerro Bandera, de 1.550 metros de altura sobre el nivel del mar, y el imponente paredón montañoso del Cerro Independencia, de 1.420 metros de altura, el embalse tiene una costa escarpada que no posibilita su utilización recreativa, pero si invita a la contemplación y el disfrute de la paz que transmite.
Igualmente, los lugareños recomiendan atravesar el dique en balsa o canoa, donde se accede a agradables playas vírgenes, pero que es sólo recomendable para entendidos en el tema, que vayan acompañados por un guía.
Un lugar imperdible, punto obligado para conocer en Lujan, en la Reserva Forestal de la Quebrada de la Higuerita, que a pesar de encontrarse en estado de abandono, conserva las maravillas vegetales de la zona. Se ubica a 5 kilómetros del ingreso al pueblo, y a uno del embalse.






Se trata de una superficie de 106 hectáreas atravesada por el transparente Río la Higuerita, que cruza más de diez veces el sendero que la recorre. Entre la flora autóctona, florecen exuberantes enredaderas, helechos, molles, higuerillas y cocos. La habitan también especies autóctonas como pumas, zorros, sachacabras, picahuesos y reyes del bosque.












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