InicioCiencia EducacionCosas que probablemente no sabías de los mapas
Cosas que probablemente no sabías de los mapas

Cosas que probablemente no sabías de los mapas



Gracias a la ciencia de la cartografía se empezaron a usar brújulas y teodolitos para medir ángulos, yendo más allá de los sentidos humanos. Progresivamente, los mapas se han ido perfeccionando hasta el punto de reflejar con bastante fidelidad el mundo, incluso de lugares que probablemente nunca pisaremos.



Sin embargo, los mapas aún no explican realmente cómo es el mundo, aunque existan herramientas como OpenStreetMap, una suerte de Wikipedia de mapas en el que el usuario puede modificar los mapas en tiempo real. La alternativa de código abierto a los mapas. O que haya personas tan fascinadas por los mapas que incluso se jueguen su libertad con tal de poseerlos, como el caso de E. Forbes Smiley III, posiblemente el mayor ladrón de mapas de la historia.



Los mapas no dejan de ser construcciones humanas, y por tanto están repletas de curiosidades que tienen que ver con su estructura, sus errores y sus logros, como podéis leer a continuación:



La geóloga María Seton, que estaba viajando a bordo del buque científico naval Southern Surveyor para estudiar el este del Mar de Coral, acaba de descubrir que una isla que se creía real… no existe, a pesar de que aparecía reflejada en numerosos mapas meteorológicos y hasta en Google Earth.

Hay gente que se inventa países o ciudades, como ya os expliqué en El país de mentira inventado por un niño o “la más prolongada y detallada ensoñación jamás impresa”. Lo que no es tan frecuente es que un invento se acepte como cierto durante años... hasta que finalmente se descubre el error.

Ha sido el caso de una isla del Pacífico Sur llamada Sandy que científicos australianos acaban de descubrir que en realidad no existe.

La isla no era un error amateur de herramientas como OpenStreetMap, sino que aparecía reflejada en diversos mapas, publicaciones científicas de hasta el año 2000 y mapas meteorológicos. Incluso aparece en el programa cartográfico Google Earth.

La ilusoria isla debería localizarse entre Australia y Nueva Caledonia. Y probablemente hubiéramos continuado sumidos en el error si no llega a ser por una persona que casualmente pasaba por allí, advirtiendo que la isla no estaba. Esa persona es la geóloga María Seton, que estaba viajando a bordo del buque científico naval Southern Surveyor para estudiar el este del Mar de Coral:

Comenzamos a sospechar cuando las cartas de navegación utilizadas por el barco mostraban una profundidad de 1.400 metros en un área donde nuestros mapas científicos y Google Earth nos mostraban la existencia de una isla de gran tamaño. (...) De alguna manera este error ha sido propagado al mundo a partir de un banco de datos que se utiliza en muchos mapas.




Sin duda, una prueba más de que no debemos fiarnos del todo de los mapas, como ya vimos en Mercator, Atlas, ‘El ala oeste de la casa blanca’ y por qué los mapas del mundo no muestran de verdad cómo es el mundo.
No sabemos muy bien si los tamaños de los países que contemplamos en nuestro mapamundi son fieles o no, todo depende de si decidimos contemplar un mapamundi desde la proyección Peter, Mercator…

En la novela Congo, de Michael Crichton (sí, el autor de Parque Jurásico), podemos leer la siguiente frase: Sólo los prejuicios, y un truco en la proyección de Mercator, nos impiden reconocer la inmensidad del continente africano. La frase tiene más miga de lo que parece, porque realmente África es mucho más grande de lo que figura en la mayoría de mapas del mundo que contemplamos. De hecho, es tan inmenso que deja Europa relegada arriba, en pequeñito, casi como un accesorio.

Pero ¿por qué entonces los mapas que usamos generalmente muestran las cosas de otro modo?

Actualmente se considera que el primer atlas mundial moderno es el libro de 1570 Theatrum Orbis Terrarium o Teatro del Mundo, del cartógrafo flamenco Abraham Ortelius.

Para Ortelius los mapas eran poesía, magia, una forma de dar vida al mundo, sobre todo al mundo que no habíamos pisado y que probablemente nunca pisaríamos. Por ello, Ortelius quiso llamar “teatros” a los atlas. Sin embargo, finalmente se optó por la nomenclatura de su amigo Gerardus Mercator, que dedicó su libro a Atlas (no al titán que sostenía el cielo sobre sus hombros sino a otro personaje mítico del mismo nombre, un rey filósofo de quien se decía que había inventado el primer globo terráqueo).

Ortelius también fue fastidiado históricamente por otro motivo: si bien fue la primera persona en plantear la teoría de la deriva continental, basándose en cómo parecen encajar las costas de África y Sudamérica, fueron otros quienes se llevaron los honores y la fama porque las anotaciones de Ortelius de 1596 sobre el tema ¡no se descubrieron hasta 1994!

Pobre Ortelius. Además, Mercator no solo le fusiló sus ilusiones de nomenclatura. Si contemplamos un mapamundi en realidad nos están engañando acerca del tamaño de muchos países y continentes. La razón de ello es que los mapas actuales se basan en las ideas de Gerardus Mercator. La llamada proyección de Mercator fue usada desde 1596 como herramienta de navegación para los marineros, deformando los polos para crear líneas rectas de orientación o dirección geográfica: así es más fácil cruzar los mares.

Estas distorsiones no afectaban a la zona central del mapa, de modo que nadie replicaba porque Europa era la potencia dominante de la época (y quedaba por la zona central del mapa). El problema, sin embargo, es que esta proyección aún se usa, y provoca distorsiones como presentar Groelandia y África con el mismo tamaño, cuando África es catorce veces más grande que Groelandia. Europa parece más grande que Sudamérica, cuando Sudamérica es casi el doble que Europa. Alaska es mucho más pequeña que México. Y Alemania aparece en mitad del mapa, cuando en realidad está mucho más al norte.

Uno de los máximos críticos de la proyección Mercator ha sido Arno Peters, que ha propuesto la proyección Peters (que podéis ver un poco más arriba), con fidelidad de ejes, fidelidad de posición y las líneas de longitud son paralelas y se cruzan con las de altitud perpendicularmente. En esta proyección, África, por ejemplo, domina casi todo el mapa, también todo el centro, y Europa parece una zona marginal del norte. Sin embargo, es una proyección mucho más realista que la de Mercator.

Pero la proyección de Peters tampoco está libre de críticas, y muchos cartógrafos no la consideran acertada. Así que, al final, nunca sabremos muy bien si los tamaños de los países que contemplamos en nuestro mapamundi son fieles o no.

Para que comprobéis que esta disputa sobre el tipo de mapamundi con el que debemos educar a la gente no es en absoluto elitista o marginal, os recomiendo que echéis un vistazo a una escena de la magistral serie de televisión El ala oeste de la Casa Blanca. Concretamente el capítulo 16 de la Segunda temporada. En el capítulo, se abren las puertas a colectivos o personas durante un día (en la serie se le conoce como Big Block of Cheese Day) que habitualmente no podrían entrar en la Casa Blanca y que tienen alguna propuesta que hacer. En este capítulo un grupo de geógrafos llega con la propuesta de que en todos los colegios norteamericanos se sustituya la proyección de Mercator por la proyección de Peters.





En 1998, John y Ashley Sims diseñaron un mapa invertido para que las mujeres, a fin de que éstas pudieran orientarse mejor con él: al parecer han encontrado diferencias de rendimiento entre ambos sexos por sus capacidades espaciales, aunque se ignore si son de origen biológico o cultural.

Una de las ideas más populares que parece sugerir que los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus es que los hombres se niegan a preguntar por una dirección (a pedir ayuda, en definitiva). Y que las mujeres, sin embargo, son incapaces de encontrar la carretera correcta en un mapa.

Al parecer, el tema no solo da para hacer chistes ingeniosos sobre las diferencias entre hombres y mujeres, también ha preocupado a psicólogos cognitivos, que al parecer han encontrado diferencias de rendimiento entre ambos sexos por sus capacidades espaciales.

Los experimentos de laboratorio realizados al respecto sugieren que los hombres se orientan espacialmente mediante el cálculo del tipo “tengo que ir más al norte, y luego un poco al oeste”. Las mujeres, por el contrario, tienden a orientarse mejor mediante puntos de referencia del tipo “debo girar a la derecha cuando llegue a la gasolinera”.

Esta tendencia (los expertos todavía no se ponen de acuerdo si tiene un origen biológico o simplemente cultural) conduce a que las mujeres necesiten rotar un mapa si no está en la posición “correcta”. Es decir, que los mapas parecen estar diseñados más para hombres que para mujeres, y por ello, también, podría darse la tendencia a que las mujeres sean menos hábiles con ellos.

Para evitar esto, en 1998, John y Ashley Sims diseñaron un mapa invertido, facilitando las cosas para los que, al viajar al sur, no hacen la rotación mentalmente. Y al parecer funciona, pues estos mapas “femeninos” se han vendido por cientos de miles de copias.

Otra opción de la que las mujeres ya pueden aprovecharse es de los navegadores GPS de los coches o los teléfonos móviles, porque pueden rotar automáticamente cuando se gira. Los hombres, sin embargo, suelen configurar el navegador GPS para que mantenga el norte en el norte mientras se conduce.

Como señala irónicamente Ken Jennings, un experto en mapas, esto es “el equivalente cartográfico a dejar levantada la tapa del váter.”




Existen organizaciones como el Consejo de Nombres Geográficos de Estados Unidos, un organismo federal creado en 1890 para normalizar y velar por los nombres geográficos del país. Por ejemplo, para intentar eliminar nombres incómodos como “Puta tetuda”, “Culo áspero”, “Rabo húmedo”, Teta del Este” y “Juego de polla”, respectivamente: Titty Ho, Scratchy Bottom, Wetwang, East Breast, Cockplay. Todos ellos, lugares que existen en Gran Bretaña. Podéis leer más de ellos en Orgullo toponímico: gente que se enfada mucho si dices mal el lugar donde vive.

La toponimia, el estudio de los nombres propios de un lugar, tiene mucho de identidad nacional y orgullo personal. A la gente no le gusta que pronuncies mal el nombre del lugar donde ha nacido, por ejemplo, ni que lo modifiques a tu propia lengua, ni que ese nombre tenga connotaciones políticamente incorrectas.

Por eso existen organizaciones como el Consejo de Nombres Geográficos de Estados Unidos, un organismo federal creado en 1890 para normalizar y velar por los nombres geográficos del país. Por ejemplo, este organismo, por allá el 1967, modificó 143 casos de racismo toponímico: se eliminó la palabra “negro” de muchos lugares.

Con todo, siguen existiendo nombres incómodos, como Dago Springs, Chink Peaks y Polack Lakes (“Dago”, “Chink” y “Polack” son formas despectivas de referirse a los italianos, chinos y polacos, respectivamente).

En Gran Bretaña también persisten lugares con nombres insultantes, como “Puta tetuda”, “Culo áspero”, “Rabo húmedo”, Teta del Este” y “Juego de polla”, respectivamente: Titty Ho, Scratchy Bottom, Wetwang, East Breast, Cockplay.

No es raro bucear en antiguos mapas de Corea y ver que tienen tachados, a mano, las palabras “Mar de Japón”, sustituyéndose por el nombre tradicional coreano: “Mar de Oriente”.

Tal y como explica Ken Jennings en su libro Un mapa en la cabeza:

A Grecia le indignó tanto el nombre de la nueva República de Macedonia (históricamente, Macedonia era una región del norte de Grecia) que votó en contra de la entrada de Macedonia en la OTAN en 2008. El mayor revuelo lo provocó (¡sorpresa!) Irán, después de que la edición de 2004 del Atlas Mundial de National Geographic añadiese entre paréntesis y en letra pequeña: “Golfo de Araba” junto al golfo Pérsico. Los iraníes sintieron que había una conspiración en su contra y perdieron la chaveta. (…) En Irán se prohibieron las publicaciones de National Geographic y sus periodistas fueron ilegalizados.

Estos orgullos toponímicos también abarcan la pronunciación, como ya se ha dicho. Por ejemplo, si viajáis a Girona, en Cataluña, pero decís Gerona o no pronunciáis correctamente Girona, enseguida os verán como turistas indoctos, forasteros o directamente como despechados de la identidad nacional.

Lo mismo sucede como Houson Street en Manhattan (si la pronuncias como la ciudad de Texas, entonces eres forastero o tonto). También ocurre con la forma de pronunciar Puyallup, suburbio de Tacoma en el que se celebra cada otoño la mayor feria estatal de Washington.

Pronunciar los nombres de esas ciudades tal y como se escriben, implica mostrarse inmediatamente como un turista que no se entera de nada o, lo que es peor, como un inmigrante de California. (Podría decirte cómo es la pronunciación correcta, pero en tal caso, según la ley del estado de Washington, tendría que matarte).



isla
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

e
entropico🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts13
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.