La culocracia Los antiguos griegos se sorprenderían al ver que su concepto de gobierno mutó a una nueva forma de autoridad chillona y muy vistosa: la culocracia. Nada de libertad, ni soberanía ni principios: lo que quiere la gente es ver culos. Culos redondeados y bien tallados, culos con lentejuela, culos entangados y apretaditos. El culo es asunto serio. Me parece extraño que los medios no le dediquen al menos una primera plana en los diarios o un titular de última hora en Crónica Tv. La tendencia viene desde los años sesenta, donde los jóvenes empiezan a experimentar la desnudez en público. La doctrina se llamaba “amor libre”. La impusieron los hippies y era la excusa perfecta para garchar con cualquiera. Capturar una teta o un pene en la ciudad podría haber sido muy escandaloso en ese entonces. Pero hoy se le rinde homenaje desde todos los formatos: cine, música, moda, literatura, pintura y baile. En las ciudades grandes cantar o bailar en pelotas es tan normal como sacarse la ropa para ducharse, con la diferencia que cuando uno se baña, normalmente está solo. Como era de esperarse, al culo también le tocó su hora de ser ridiculizado. Entonces vinieron los shows de comedia chabacana y machista como “Rompeportones” y derivados. Emilio Dissi y Miguel del Sel tenían tan cerca a esos culitos preciosos que cuando llegaban a sus casas y sus mujeres se desnudaban para una noche de sexo eufórico, ellos preferían dormir. Al menos, le daban un descanso a sus ojos cansados. Después llegó la era Tinelli y las cosas se fueron pervirtiendo. Hay una gran diferencia entre montar cámaras ocultas a simples ciudadanos en los noventa (Videomatch) a llevar todas las santas noches a un gato siliconado para que baile y como siempre, que muestre lo mejor –y lo único– que puede ofrecer: el culo. Porque no sólo queremos ver el culo, sino que queremos sentirlo, palparlo, admirarlo, rendirle homenaje. Sentir que a pesar de que esas nalgas cálidas y centelleantes están a miles de kilómetros, nosotros podemos echar mano para glorificarlo. En la vida cotidiana el hombre puede ser un catador de culos tan preciso como el que cata vinos. Con sólo mirarlo bajar del auto, o verlo caminar en las sendas peatonales, el macho cabrío sabe si a determinado culo le falta o le sobra acción. Y cuando logra enhebrar uno como una aguja, el hombre se siente un titán. Porque ¿qué puede darle más masculinidad que dominar a la hembra y darle por la puerta de atrás? Personalmente, estoy a favor del sexo anal. Evita embarazos y, en consecuencia, que llegue más gente a este mundo sobrepoblado. A las mujeres les ayuda a ir de cuerpo más rápido, además de dotarlas de una aguda flexibilidad. El culo conquistó todas las esferas del hombre moderno. Lo que falta ahora es que penetre el gobierno. No está lejos el día en que los gobernantes –preferentemente mujeres, y preferentemente jóvenes– tiren a la mierda sus discursos vacíos y muestren, ante todos los argentinos, esas magníficas y loables partes humanas que Dios proveyó a la humanidad. Hasta ese día, mantengo mi fe.
La culocracia (Redacción propia)
Datos archivados del Taringa! original
11puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:
Posts Relacionados
0
archivadoFrases y citas revolucionariasjunior879
0
archivadoHay que pensar!luckitax01
0
archivadoEl poder creador de la mentejuanxo40
0
archivadoDejá tu comentario
No hay comentarios nuevos todavía