La cabeza de la revolución es la filosofía, y su corazón, los trabajadores. Este último simboliza la más evidente contradicción del sistema capitalista, su existencia es un hecho totalmente irracional que contradice lo pretendido por el gobierno de la razón y la moral.
Según se dice, la propiedad es la manifestación del la persona libre; pero la clase obrera es la escala social totalmente desposeída, la que carece de toda propiedad y por lo tanto, ni es libre ni es persona.
También se dice que lo que distingue al hombre es el espíritu o su capacidad para desarrollar actividades espirituales, como el arte o la filosofía (las formas más excelsas de vida); pero entonces el obrero también se halla desposeído de su propia esencia, ya que en sus miserables condiciones no le permiten acceder a una vida verdaderamente humana. En fin se trata de un hombre que no puede realizarse como hombre.
Estamos ante la forma mas pronunciada de enajenación, en la cual el hombre se encuentra ajeno a su propia esencia y, lo que es peor, asume la de animal.
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