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Flamestrike

Usuario (Argentina)

Primer post: 4 jun 2014Último post: 5 nov 2016
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Otoño del 53
Otoño del 53
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/4/2014

Salimos temprano de Neuquén, en un ómnibus todo destartalado, indigno de la acción patriótica que nos había encomendado el General Perón. Íbamos a jugarles un partido de fútbol a los ingleses de las Falklands y ellos se comprometían a que si les ganábamos, las islas pasarían a llamarse Malvinas para siempre y en todos los mapas del mundo. La nuestra era, creíamos, una misión patriótica que quedaría para siempre en los libros de Historia y allí íbamos, jubilosos y cantando entre montañas y bosques de tarjeta postal. Era el lejano otoño de 1953 y yo tenía diez años. En los recreos de la escuela jugábamos a la guerra soñando con las batallas de las películas en blanco y negro, donde había buenos y malos, héroes y traidores. La Argentina nunca había peleado contra nadie y no sabíamos cómo era una guerra de verdad. Lo nuestro, lo que nos ocupaba entonces, era la escuela, que yo detestaba, y la Copa Infantil Evita, que nuestro equipo acababa de ganar en una final contra los de Buenos Aires. A poco de salir pasó exactamente lo que el jorobado Toledo dijo que iba a pasar. El ómnibus era tan viejo que no aguantaba el peso de los veintisiete pasajeros, las valijas y los tanques de combustible que llevábamos de repuesto para atravesar el desierto. El jorobado había dicho que las gomas del Ford se iban a reventar y no bien entramos a vadear el río, explotó la primera. El profesor Seguetti, que era el director de la escuela, iba en el primer asiento, rodeado de funcionarios de la provincia y la nación. Los chicos habíamos pasado por la peluquería y los mayores iban todos de traje y gomina. En un cajón atado al techo del Ford había agua potable, conservas y carne guardada en sal. Teníamos que atravesar montañas, lagos y desiertos para llegar al Atlántico, donde nos esperaba un barco secreto que nos conduciría a las islas tan añoradas. Como la rueda de auxilio estaba desinflada tuvimos que llamar a unos paisanos que pasaban a caballo para que nos ayudaran a arrastrar el ómnibus fuera del agua. Uno de los choferes, un italiano de nombre Luigi, le puso un parche sobre otro montón de parches y entre todos bombeamos el inflador hasta que la rueda volvió a ser redonda y nos internamos en las amarillas dunas del Chubut. Cada tres o cuatro horas se reventaba la misma goma u otra igual y Luigi hacía maravillas al volante para impedir que el Ford, alocado, se cayera al precipicio. El otro chofer, un chileno petiso que decía conocer la región, llevaba un mapa del ejército editado en 1910 y que sólo él podía descifrar. Pero al tercer día, cuando cruzábamos un lago sobre una balsa, nos azoto un temporal de granizo y el mapa se voló con la mayoría de las provisiones. Los ríos que bajaban de la Cordillera venían embravecidos y resonaban como si estuvieramos a las puertas del infierno. Al cuarto día nos alejamos de las montañas y avistamos una estancia abandonada que, según el chileno, estaba en la provincia de Santa Cruz. Luigi prendió unos leños para hacer un asado y se puso a reparar el radiador agujereado por un piedrazo. El profesor Seguetti, para lucirse delante de los funcionarios, nos hizo cantar el Himno Nacional y nos reunió para repasar las lecciones que habíamos aprendido sobre las Malvinas. Sentados en las dunas, cerca del fuego, escuchamos lo mismo de siempre. En ese tiempo todavía creíamos que entre los pantanos y los pelados cerros de las islas había tesoros enterrados y petróleo para abastecer al mundo entero. Ya no recordábamos por qué las islas nos pertenecían ni cómo las habíamos perdido y lo único que nos importaba era ganarles el partido a los ingleses y que la noticia de nuestro triunfo diera la vuelta al mundo. —Elemental, las Malvinas son de ustedes porque están más cerca de la Argentina que de Inglaterra —dijo Luigi mientras pasaba los primeros mates. —No sé —porfió el chofer chileno—, también estén cerca del Uruguay. El profesor Seguetti lo fulminó con la mirada. Los chilenos nunca nos tuvieron cariño y nos disputan las fronteras de la Patagonia, donde hay lagos de ensueño y bosques petrificados con ciervos y pájaros gigantes parecidos a los loros que hablan el idioma de los indios. Sentados en el suelo, en medio del desierto, Seguetti nos recordó al gaucho Rivero, que fue el último valiente que defendió las islas y terminó preso por contrabandista en un calabozo de Londres. A los chicos todo eso nos emocionaba, y a medida que el profesor hablaba se nos agrandaba el corazón de sólo pensar que el General nos había elegido para ser los primeros argentinos en pisar Puerto Stanley. El General Perón era sabio, sonreía siempre y tenía ideas geniales. Así nos lo habían enseñado en el colegio y lo decía la radio; ¡qué nos importaban las otras cosas! Cuando ganamos la Copa en Buenos Aires, el General vino a entregarla en persona, vestido de blanco, manejando una Vespa. Nos llamó por el nombre a todos, como si nos conociera de siempre, y nos dio la mano igual que a los mayores. Me acuerdo de que al jorobado Tolosa, que iba de colado por ser hijo del comisario, lo vio tan desvalido, tan poca cosa, que se le acercó y le preguntó: "¿Vos qué vas a ser cuando seas grande, pibe?". Y el jorobado le contestó: "Peronista, mi General". Ahí nomás se ganó el viaje a las Malvinas. De regreso a Río Negro, me pasé las treinta y seis horas de tren llorando porque Evita se había muerto antes de verme campeón. Yo la conocía por sus fotos de rubia y por los noticieros de cine. En cambio mi padre, después de cenar, cerraba las ventanas para que no lo oyeran los vecinos e insultaba el retrato que yo tenía en mi cuarto hasta que se quedaba sin aliento. Pero ahora estaba orgulloso porque en el pueblo le hablaban de su hijo que iba a ser el goleador de las Malvinas. Seguimos a la deriva por caminos en los que no pasaba nadie y cada vez que avistábamos un lago creíamos que por fin llegábamos al mar, donde nos esperaba el barco secreto. Soportamos vientos y tempestades con el último combustible y poca comida, corridos por los pumas y escupidos por los guanacos. El ómnibus había perdido el capó, los paragolpes y todas las valijas que llevaba en el techo. Seguetti y los funcionarios parecían piltrafas. El profesor desvariaba de fiebre y había olvidado la letra del Himno Nacional y el número exacto de islas que forman el archipiélago de Malvinas. Una mañana, cuando Luigi se durmió al volante, el ómnibus se empantanó en un salitral interminable. Entonces ya nadie supo quién era quién, ni dónde diablos quedaban las gloriosas islas. En plena alucinación, Seguetti se tomó por el mismísimo General Perón y los funcionarios se creyeron ministros, y hasta Luigi dijo ser la reencarnación de Benito Mussolini. Desbordado por el horizonte vacío y el sol abrumador, Seguetti se trepó al mediodía al techo del Ford y empezó a gritar que había que pasar lista y contar a los pasajeros para saber cuántos hombres se le habían perdido en el camino. Fue entonces cuando descubrimos al intruso. Era un tipo canoso, de traje negro, con un lunar peludo en la frente y un libro de tapas negras bajo el brazo. Estaba en una hondonada y eso lo hacía parecer más petiso. No parecía muy hablador pero antes de que el profesor se recuperara de la sorpresa se presentó solo, con un vozarrón que desafiaba al viento. —William Jones, de Malvinas —levantó el libro como si fuera un pasaporte—, apóstol del Señor Jesucristo en estos parajes. Hablaba un castellano dificultoso y escupió un cascote de saliva y arena. El profesor Seguetti lo miró alelado y saltó al suelo. Los funcionarios se asomaron a las ventanillas del ómnibus. —¿De dónde? —preguntó el profesor que de a poco se iba animando a acercársele. —De Port Stanley —respondió el tipo, que hablaba como John Wayne en la frontera mexicana—. Argentino hasta la muerte. De golpe también los chicos empezamos a interesarnos en él. No hay argentinos en las Malvinas —dijo Seguetti y se le arrimó hasta casi rozarle la nariz. Jones levantó el libro y miró al horizonte manso sobre el que planeaban los chimangos. — ¡Cómo que no, si hasta me hicieron una fiesta cuando llegué! —dijo. Entonces Seguetti se acordó de que nuestra ley dice que todos los nacidos en las Malvinas son argentinos, hablen lo que hablen y tengan la sangre que tengan. Jones contó que había subido al ómnibus dos noches atrás en Bajo Caracoles, cuando paramos a cazar guanacos. Si no lo habíamos descubierto antes, dijo, había sido por gracia del Espíritu Santo que lo acompañaba a todas partes. Eso duró toda la noche porque nadie, entre nosotros, sabía inglés y Jones mezclaba los dos idiomas. Cada uno contaba su historia hablando para sí mismo y al final todos nos creíamos héroes de conquistas, capitanes de barcos fantasmas y emperadores aztecas. Luigi, que ahora hablaba en italiano, le preguntó si todavía estábamos muy lejos del Atlántico. —Oh, very much! —gritó Jones y hasta ahí le entendimos. Luego siguió en inglés y cuando intentó el castellano fue para leernos unos pasajes de la Biblia que hablaban de Simón perdido en el desierto. Al día siguiente todos caminamos rezando detrás de Jones y llegamos a un lugar de nombre Río Alberdi, o algo así. Enseguida, el General Perón nos mandó dos helicópteros de la gendarmería. Cuando llegaron, los adultos tenían grandes barbas y nosotros habíamos ganado dos partidos contra los chilenos de Puerto Natales, que queda cerca del fin del mundo. El comandante de gendarmería nos pidió, en nombre del General, que olvidáramos todo, porque si los ingleses se enteraban de nuestra torpeza jamás nos devolverían las Malvinas. Conozco poco de lo que ocurrió después. Jones predicó el Evangelio por toda la Patagonia y más tarde se fue a cultivar tabaco a Corrientes, donde tuvo un hijo con una mujer que hablaba guaraní. Ahora que ha pasado mucho tiempo y nadie se acuerda de los chicos que pelearon en la guerra, puedo contar esta vieja historia. Si nosotros no nos hubiéramos extraviado en el desierto en aquel otoño memorable, quizá no habría pasado lo que pasó en 1982. Ahora Jones está enterrado en un cementerio británico de Buenos Aires y su hijo, que cayó en Mount Tumbledown, yace en el cementerio argentino de Puerto Stanley. Fin de post ♛PR

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Transicion
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/6/2014

La cabeza de la revolución es la filosofía, y su corazón, los trabajadores. Este último simboliza la más evidente contradicción del sistema capitalista, su existencia es un hecho totalmente irracional que contradice lo pretendido por el gobierno de la razón y la moral. Según se dice, la propiedad es la manifestación del la persona libre; pero la clase obrera es la escala social totalmente desposeída, la que carece de toda propiedad y por lo tanto, ni es libre ni es persona. También se dice que lo que distingue al hombre es el espíritu o su capacidad para desarrollar actividades espirituales, como el arte o la filosofía (las formas más excelsas de vida); pero entonces el obrero también se halla desposeído de su propia esencia, ya que en sus miserables condiciones no le permiten acceder a una vida verdaderamente humana. En fin se trata de un hombre que no puede realizarse como hombre. Estamos ante la forma mas pronunciada de enajenación, en la cual el hombre se encuentra ajeno a su propia esencia y, lo que es peor, asume la de animal. Mas datos en la fuente Fin de post ♛PR

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Animales y la infancia
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/12/2014

link: https://www.youtube.com/watch?v=luvY-uXn_vE Los animales ejercen sobre nosotros una fascinación innata; esto se hace evidente en los niños. Con sabiduría inocente, ellos parecen comprender que una lombriz es un prodigio de la naturaleza y los pájaros un buen motivo para el asombro. Las aves, los perros y los gatos se desarrollaron hace 160 millones de años. Y en cuanto al ser humano se supone que surgió de los primates hace sólo aproximadamente cinco millones de años. O sea que los animales y las plantas vivieron varios millones de años sin la presencia de los humanos. Sin embargo éstos no pueden vivir sin los animales o sin las plantas. Los niños como que saben esto puesto que se relacionan de manera muy espontánea con los animales y fácilmente se comprometen con su protección. Empatía Muchas cosas del mundo de los niños ofrecen posibilidades para entender similitudes y diferencias; los animales tienen una gran carga de información. Los infantes se sienten atraídos, pues las mascotas les ofrecen una forma de experimentar el mundo físico y el mundo social. ¿Qué está vivo y qué no lo está? ¿Qué es humano y qué no lo es? Los animales de peluche son suaves, pero estos no responden al tacto. Los niños son muy sensibles y curiosos respecto al mundo que les rodea. En esa fase de crecimiento y formación de la persona, es sumamente importante que los niños aprendan a valorar y a respetar la vida de otros seres que no son inferiores por ser distintos. Son individuos que tienen su lugar y su papel en este planeta que compartimos. Educar en la empatía supone que el niño crezca sano, equilibrado y respetuoso hacia su entorno y los individuos con los que se encontrará a lo largo de su vida. No permitamos que los niños crezcan viendo a los demás animales como objetos que están a su servicio para utilizarlos. Cosificar a los animales (percibirles como cosas) es un error con nefastas consecuencias tanto para el humano como para el resto de animales víctimas de ese prejuicio. Los animales somos seres vivos con necesidades y con intereses que deben ser respetados y así es como debe ser entendido por los niños. Breve reflexión sobre infancia, juguetes, animales, especismo. http://www.lahaine.org/index.php?p=71258&lhsd=4 Autonomía Es imposible pasar por alto una influencia tan positiva. Incluso entre los adolescentes, que se encuentran en una fase de desarrollo en la que se sienten incomprendidos y ven a sus padres cada vez más inaccesibles, los animales actúan de manera estabilizadora Los niños reciben muchos cuidados, orientaciones y protección, pero pocas veces tienen la oportunidad de retribuir, a menos que sean los responsables de su propia mascota. Un momento de importante transición en el desarrollo de un joven ocurre cuando empieza a depender menos de sus padres y, mediante sus propios esfuerzos, logra tener una sensación de dominio. De tal forma, la relación afectiva exige ciertas responsabilidades de parte del menor hacia su mascota, como alimentarlo, asearlo, mantener limpio el lugar donde habita, ejercitarlo y por su puesto amarlo, respetarlo y avisar a sus padres cuando observe que el animal se encuentra enfermo. De esta forma, la cercanía con los animales fomenta la autoestima, el autocontrol y la autonomía. El acto de criar significa, además de ayudar a crecer, implica que los niños lean y entiendan e interpreten señales no verbales. Así, las mascotas ayudan a los niños a sentirse competentes en áreas mucho más complejas de lo que puede ser el aprendizaje de ir al baño, de comerse las verduras o de atarse los zapatos. Los cuidados que las mascotas deben recibir estimulan en los niños el sentido de la responsabilidad enseñándolos además a ser mejores adultos y a cuidar a otros. El interés de los niños por las mascotas es el único elemento de la infancia que permanece a medida que ellos van madurando, creando así una constante en el mundo cambiante. Lo que las mascotas ofrecen a los padres es un “momento de enseñanza”, una experiencia que implica emociones, responsabilidad y consecuencias. Se habla mucho de inculcar a los niños más responsabilidad. Pero cualquier lección sobre el buen criterio y el comportamiento apropiado sólo cobra sentido dentro del contexto de sus propias acciones. Si han recibido una mala calificación en el colegio, han sido sorprendidos en una mentira o han decepcionado a alguien, ven y sienten los resultados de lo que han hecho o dejado de hacer. Estas lecciones pueden perdurar toda la vida, pero no constituyen experiencias positivas, como sí suele suceder con las lecciones que dejan las mascotas. En cambio, la consecuencia de no cuidar a la mascota como debe ser podría causarle daño al animal. Educación sexual y etapas de la vida Las relaciones sexuales entre animales, la gestación y el nacimiento de los cachorritos son una magnífica expresión del proceso de la vida; pueden ser utilizados como inicio de la educación sexual del niño, dando la oportunidad de tratar estos temas a partir de la simplicidad de la fisiología, sin tener que introducirse en los complicados laberintos de la moral humana. Se ha responsabilizado a la autoestima como uno de los soportes del desarrollo socioemocional. Para un niño es importante ser importante para otros, y esto se puede traducir en que ese otro tiene necesidad de él. El atender algunos aspectos de la vida de una mascota produce en ésta cierta dependencia, y en el niño una sensación de que es importante para alguien. La empatía o comprensión de los sentimientos y necesidades de otras personas pueden ser desarrollados a través de la interacción con una mascota, aunque nuevamente esta aptitud se corresponde con los lazos sentimentales entre el niño y su mascota y no por el solo hecho de tenerla. El tener un animal doméstico en la casa puede ser muy útil como fuente de ejemplos de situaciones de la vida como nacimiento, comportamiento, alimentación, enfermedades e inclusive la muerte. Esta última experiencia (por la cual pasan casi todos los propietarios de mascotas) es también enriquecedora para los niños, siempre que reciban el adecuado apoyo de sus padres, sobre todo en el sentido de aprobar y acompañar los sentimientos de pena y angustia que provoca esa situación. Logrando formar aquella persona que puede expresar sus sentimientos hacia sus seres queridos sin ningún grado de represión. Sociedad Los animales pueden brindar un importante apoyo social o emocional en el sentido de que son una fuente de afecto incondicional: hacen sentirse aceptados y queridos sin juzgar ni criticar como podría hacerlo otro ser humano. Además le proporcionará un mayor sentido de seguridad, cariño y afecto, sobre todo en aquellos niños cuyos padres se encuentran demasiado ocupados en sus rutinas diarias y no pueden ofrecer a sus hijos todo el afecto y el tiempo que ellos requieren; mientras que la mascota siempre lo escuchará y tendrá mayor tiempo disponible para jugar. Es sabido que las personas que poseen algún animal de compañía tienen menos estrés, y la tensión más baja, que las que no tienen ninguno. Incluso la observación pasiva de animales reduce de manera significativa los miedos, la tensión y las depresiones. También se ha observado que la presencia de mascotas produce un efecto de gran apoyo social en niños de familias deficientes. Se demostró que también en una región de Colombia azotada por la violencia, la población que tenía mascotas presentaba los niveles más bajos de trastornos postraumáticos por estrés. No es necesario educar a los niños para que les gusten los animales. Nacen con una simpatía natural hacia ellos, simpatía que va creciendo o disminuyendo en el transcurso de la vida, según la influencia que los adultos ejerzan sobre ellos. Es tarea de todo educador fomentar el amor y el interés de los niños por los animales y educarlos para que los respeten y los traten de manera responsable. Lo cual redundará en el bien de los animales, de los niños y de la sociedad. Por qué amar a los animales? Porque lo dan todo, sin pedir nada. Porque ante el poder del hombre, que cuenta con armas...son indefensos. Porque son eternos niños, porque no saben de odios... ni guerras. Porque no conocen el dinero y se conforman solo con un techo donde guarecerse del frío. Porque se dan a entender sin palabras, porque su mirada es pura como su alma. Porque no saben de envidia ni rencores, porque el perdón es algo natural en ellos. Porque saben amar con lealtad y fidelidad. Porque dan vida sin ir a una lujosa clínica. Porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros, eternos amigos que nunca traicionan. Y porque están vivos. Por esto y mil cosas más...merecen nuestro amor! Si aprendemos a amarlos como merecen... estaremos más cerca de Dios. toma mi mano y me obliga a reir... Fin de post ♛PR

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Obdulio Varela – El reposo del Centrojás
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/27/2014

link: https://www.youtube.com/watch?v=KFgbhPw0zLI El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán--y mucho más--de ese equipo joven que empezaba a desesperarse. Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido--y el rival--, fueran otros. Hubo un intérprete, una estirada charla--algo tediosa-- entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo. Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de la victoria. El mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria. Mire usted lo que son las cosas. Nosotros habíamos empatado con España dos a dos con un gol que yo hice sobre la hora, esos goles que salen de suerte; el segundo partido le habíamos ganado a Suecia tres a dos, ahí no más. Los brasileños venían matando. Le habían marcado seis goles a los suecos y otra media docena a los españoles. Cuando fuimos a la final nadie dudaba de que ellos nos aplastarían. Tenían un cuadro bárbaro, eran locales y el mundo entero esperaba que ganaran el Mundial. Nosotros jugábamos, puede decirse, contra todo el mundo. Eso, creo, debía darnos tranquilidad. Nuestra responsabilidad era menor. Recuerdo que un dirigente uruguayo lo llamó a Óscar Omar Míguez, el centroforward del equipo, poco antes de salir a la cancha, y le dijo que estuviéramos tranquilos, que los dirigentes se conformaban si perdíamos nada más que por cuatro goles. Dijo que con llegar a la final ya debíamos estar satisfechos y que se trataba ahora de evitar el papelón, de no tragarse una goleada muy grande. Yo lo escuché y eso me indignó. Le dije: “Si entramos vencidos mejor no juguemos. Estoy seguro de que vamos a ganar este partido. Y si no lo ganamos, tampoco vamos a perder por cuatro goles”. Yo tenía 33 años y muchos internacionales encima. Estaban listos si creían que nos iban a pasar por arriba así nomás. Los otros muchachos del equipo eran jóvenes, sin mucha experiencia, pero jugaban bien al fútbol. Además, poco antes habíamos jugado contra los brasileños la copa Río Branco y les habíamos ganado 4 a 3 el primer partido; después perdimos dos veces por uno a cero, pero nos habíamos dado cuenta de que se les podía ganar. Ellos tienen mucho miedo de jugar contra los uruguayos o contra los argentinos. Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: “Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo”. Era un infierno. Cuando salimos a la cancha eran más de cien mil personas silbando. Entonces nos fuimos hacia el mástil donde se iban a izar las banderas. Cuando salió Brasil lo ovacionaron, claro, pero después mientras tocaban los himnos, la gente aplaudía. Entonces les dije a los muchachos: “Vieron cómo nos aplauden. En el fondo esta gente nos quiere mucho”. Al juez no le di la mano. Nunca le di la mano a ningún árbitro. Lo saludaba, sí, lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático. Después la gente dice que uno va a chupar las medias del que manda en el partido. En el primer tiempo dominamos en buena parte nosotros, pero después nos quedamos. Faltaba experiencia en muchos de los muchachos. Nos perdimos tres goles hechos, de esos que no puede errarlos nadie. Ellos también tuvieron algunas oportunidades, pero yo me di cuenta de que la cosa no era tan brava. El asunto era no dejarlos tomar el ritmo demoledor que tenían. Si fracasábamos en eso, íbamos a tener delante una máquina y entonces sí que estábamos listos. El primer tiempo terminó cero a cero. En el segundo tiempo salieron con todo. Ya era el equipo que goleaba sin perdón. Yo pensé que si no los parábamos nos iban a llenar de goles. Empecé a marcar de cerca, a apretarlos, para tratar de jugar de contragolpe. Creo que fue a los seis minutos que nos metieron el gol. Parecía el principio del fin. La voy a contar algo que la gente no sabe. Todos vieron que yo agarraba la pelota y me iba para el medio de la cancha despacio, para enfriar. Lo que no saben es que yo iba a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Yo sabía que el referí no iba a atender el reclamo, pero era una oportunidad para parar el partido y había que aprovecharla. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba, al enjambre de gente que festejaba el gol. Los miré con bronca, lleno de bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio de la cancha. Cuando llegué, ya se habían callado. Querían ver funcionar a su máquina de hacer goles y yo no la dejaba arrancar de nuevo. Entonces, en vez de poner la pelota en el medio para moverla, lo llamé al referí y pedí un traductor. Mientras vino, le dije que había off-side y qué sé yo, había pasado por lo menos otro minuto. ¡Las cosas que me decían los brasileños! Estaban furiosos. La tribuna chiflaba, un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más. Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido. ¿Cómo conseguimos eso? Es que el jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme. Cuando hicimos el segundo gol, que lo hizo Gigghia (el primero lo convirtió Schiaffino), no lo podíamos creer. ¡Campeones del mundo, nosotros, que veníamos jugando tan mal! Al terminar el partido, estábamos como locos. En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas flotaban en el mar. Era una desolación. Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos boliches para tomar unas chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira: todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: “Obdulio nos ganó el partido” y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo habíamos arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía. El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: “¿Sabe quién es ése? Es Obdulio”. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: “Obdulio ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? Queremos olvidar ¿sabe?” ¡Cómo iba a decirle que no! Estuvimos toda la noche chupando en los boliches. Yo pensé: “Si tengo que morir esta noche, que sea”. Pero acá estoy. Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final, me hago un gol en contra, sí señor. No, no se asombre. Lo único que conseguimos al ganar ese título fue darle lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ellos se hicieron entregar medallas de oro y a los jugadores les dieron unas de plata. ¿Usted cree que alguna vez se acordaron de festejar los títulos de 1924, 1928, 1930 y 1950? Nunca. Los jugadores que intervinimos en aquellos campeonatos nos reunimos ahora por nuestra cuenta todos los años el 18 de julio, que es la fecha patria. Lo festejamos por nuestra cuenta. No queremos ni acordarnos de los dirigentes. Yo empecé a jugar al fútbol en serio por una casualidad. Éramos doce hermanos, hijos de un vendedor de factura de cerdo. Siempre fuimos muy pobres. Yo fui a la escuela tres años y tuve que largar para ir a vender diarios, primero, y después a lustrar zapatos. Como lustrador sacaba seis pesos por mes en el año 32. Un día me invitaron a jugar un partido de barrio. Allá encontré a mi hermano que jugaba en el otro equipo. Al fin, cuando me estaba cambiando para salir a jugar, apareció el titular del equipo, que era el tanque Amato, y no me pusieron. Entonces vino mi hermano y me dijo que si quería entrar para ellos. Como yo había ido a jugar al fútbol, acepté. Ganamos y me quedé en el equipo. Los muchachos me consiguieron un trabajo de albañil y yo me puse muy contento. Empecé a jugar en un club que intervenía en el campeonato de intermedia, que venía a ser como la primera B de ascenso ahora. Parece que andaba bien, porque un día me avisaron que me habían vendido al Wanderers por 200 pesos. Sin preguntarme nada, me vendieron como una bolsa de papas. Cuando me enteré fui a ver a los dirigentes del Wanderers y le pregunté: “¿Quién va a defender al club, el Deportivo Juventud o yo?” Conseguí que me dieran los 200 pesos. Ese día me compré de todo con esa plata. Cuando aparecí en casa mi madre no quería creer que me habían dado toda esa plata. Ella creía que yo andaba en malos pasos. Es que cuando uno se cría en la calle, tiene dos caminos: aprende a defenderse con dignidad, como hice yo porque tuve la oportunidad, o se larga a cualquier cosa, como les pasa a otros que no tienen una chance. A mí me fue tan bien que, cuando subimos, no bajamos nunca más. Debuté en el Wanderers contra River Plate y perdimos, pero después le ganamos a Bella Vista. Por fin, en el estadio centenario jugamos contra Peñarol. Yo tenía enfrente nada menos que a Sebastián Guzmán, el maestro. Ellos tenían un cuadrazo, pero les ganamos 2 a 1. No me lo olvido jamás. Estuve cuatro años en el Wanderers y en 1943 pasé a Peñarol por 16 mil pesos, una cifra récord para el pase de un jugador. Me quedé para siempre en Peñarol hasta 1955 que largué el fútbol. Ahora estoy muy arrepentido de haber jugado. Si tuviera que hacer mi vida de nuevo, ni miro una cancha. No, el fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre. Yo siempre me lo tomé de la mejor manera. Cuando vinieron a sobornarme, no me enojé ni los saqué a patadas ni los denuncié. Les dije que no, que buscaran a otro con menos orgullo que yo. Yo siempre me guié por la filosofía simple que aprendí en la calle, allí se aprende todo; hay que vivir, cueste lo que cueste, vivir, y a cambio de eso hay que dejar vivir. Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: “¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?” Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. Yo sé que hay que ganarse la vida pero no hay motivo para ensuciar a los demás. Por eso yo no volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. A mí me castigaron mucho y no lo aguanto. Por eso le dije que si ahora tuviera que jugar una final, me hago un gol en contra. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada. El que se sienta capaz, que lo haga. Algún día tendrá que rendir cuentas: entonces sabremos quién es quién y si valía la pena ensuciarse. No puede servirme en nada, ganar todo el mundo así, si pierdo mi alma... nada va a estar bien Fin de post ♛PR

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Primera Ley de la Termodinámica
Primera Ley de la Termodinámica
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/12/2015

La idea básica de este postulado es que la energía (ya sea térmica o mecánica) nunca se pierde. Se conserva o transforma. Como podemos constatar en un ejemplo de lo más domestico de nuestras vidas. En una olla cerrada herméticamente que contiene un líquido se le aplicará calor (energía térmica) que luego se transformara en trabajo (energía mecánica) ya que el líquido cambiara a estado gaseoso ejerciendo fuerza sobre las paredes del recipiente (olla). Esta masa gaseosa se encontrara oprimida, sometida a una presión que inevitablemente se terminara expresando en Trabajo, Es decir cuando la masa se libere de forma violenta. También este postulado se ve a grandes magnitudes. Podemos encontrarlo en la naturaleza. En la teoría de la tectónica de placas donde encontramos la fricción entre las placas que componen la litosfera. Estas placas se encuentran en conflicto oponiendo fuerzas. Energía que a posterior se liberará dando origen a los terremotos o movimiento sísmicos. Así como en la naturaleza de los elementos en donde nada se pierde, solo que se transforma y luego se expresa. Y observando las relaciones de causa y efecto o consecuencia que producen estas transformaciones, se podría decir que… nada sale de un repollo más que un repollo. "Termodinámica". David N. J. Stevenazzi. Cessarini Hnos. Editores. Buenos Aires, 1994. Quinta Edición. (Capitulo III Primer principio)

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Romanticismo alemán
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/4/2015

¿Que es el Romanticismo? Si es que hemos logrado dilucidar que la literatura es la madre de todas las artes, es decir que los escritos son la principal fuente de inspiración de las otras artes (la música, el teatro, la pintura, lo audiovisual la arquitectura, etc.) entenderemos la importancia de los diferentes movimientos literarios. Las características de estos movimientos han influenciado el desarrollo de la humanidad ya sea cultural, política, histórica y filosóficamente. El Romanticismo es un movimiento literario de finales del siglo XVIII que se extiende hasta mediados del siglo XIX. El término deriva de los adjetivos “románicos“ y “romántico” que quieren decir: “de o en lenguas románicas o romances”. Estas lenguas eran derivadas del latín clásico en su forma vulgar y por consiguiente popular. Una de las características del romanticismo era resaltar la literatura popular, aquella que era común al pueblo, a la nación. Conceptualmente es la búsqueda de la evolución desde un sentido despreciativo, es decir, destruyendo el modelo establecido, cuestionándolo hacia uno positivo. Usted preguntará ¿porque la evolución hacia algo “positivo”? y ¿Por qué se despreciaba los establecido? Para eso debemos tener en cuenta su contexto histórico Contexto histórico El periodo romántico coincidió con la gran conmoción política de la revolución francesa y las guerras napoleónicas. En las interminables guerras entre Francia revolucionaria y las potencias europeas. Alemania fue el país que mas padeció, pues la mayoría de las grandes batallas se libraron en su suelo. La Revolución francesa (1789) igualdad, fraternidad y libertad. Fue uno de los principales gérmenes del nacimiento del romanticismo. La necesidad de transmitir los ideales de la libertad los cuales se resumen en “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.” Causas: La monarquía absoluta que poseía el control de la nobleza, la iglesia, la administración estatal, formación del ejército nacional. Negaba la libertad religiosa. Sacralizaban la figura del rey. La burguesía aspiraba a cargos públicos Campesinado oprimido Sociedad estamental: •Primer estado: Iglesia à cobraba diezmos, no pagaba impuestos, la educación estaba en sus manos. •Segundo estado: Nobleza à poseía bienes, exención de impuestos, ocupación de cargos públicos, cobraban tributos de los campesinos, que solo les vendían a ellos. Tribunales propios. •Tercer estado: 98% población à no tenían derechos y pagaban impuestos –Burguesía: - alta burguesía: financistas, banqueros. - baja burguesía: artesanos, funcionarios, comerciantes. –Campesinos, arrendatarios y jornaleros. –Proletariado urbano: trabajos artesanales y tareas domésticas. –Siervos. 1806 Napoleón ocupa Berlín y crea la Confederación del Rin. Unificación de Alemania La revolución industrial La Revolución Industrial o Primera Revolución Industrial es el proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, que se extendió unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Estados Unidos, y que concluyó entre 1820 y 1840. Durante este periodo se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad desde el Neolítico, que vio el paso desde una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada. Despegue económico y técnico de Occidente: aparición y extensión del industrialismo o capitalismo industrial. Mercantilización. Transformaciones sociales (Revolución burguesa): Las transformaciones radicales en las condiciones de vida, en el trabajo, y en la organización social y política, cambiaron también la sensibilidad y la percepción que las personas tenían del mundo y de sí mismas. En esta nueva situación, también influyó el progresivo desplazamiento de la riqueza, la cual se fue trasladando de la aristocracia a la burguesía. Movilidad social. Esta nueva división social dio pie al desarrollo de problemas sociales y laborales, protestas populares y nuevas ideologías que propugnaban y demandaban una mejora de las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas, por la vía del sindicalismo, el socialismo, el anarquismo, o el comunismo. Por primera vez en la historia, el nivel de vida de las masas y la gente común experimentó un crecimiento sostenido (…) No hay nada remotamente parecido a este comportamiento de la economía en ningún momento del pasado. Características del Romanticismo Movimiento combativo. Rebeldía contra el régimen establecido. Juventud vanguardista. Desobediencia a las normas. Libertad de expresión. Imaginación y sensibilidad Lo popular. Entusiasmo por la literatura popular. Nacionalismo Medievalismo. Evasión del tiempo; cuando Alemania era un imperio que regia media Europa y también allí donde encontraron la grandeza de la Iglesia católica. Arte gótico. El Romanticismo fue esencialmente católico. Naturaleza Misticismo catolicismo panteísmo Ironía Temáticas del lado oscuro de de las cosas Nostalgia Variedad cosmopolitismo Mito y simbolismo Weltschmerz (angustia o dolor del mundo): pesimismo, desilusión, dificultad de adaptación. El romanticismo alemán alcanza su mejor expresión en las producciones liricas. Es un movimiento irracional, imaginativo, colorido y fantástico. De carácter emocional, subjetivo, extático y temperamental . Se mostro dispuesto a volcar sus dolores y pasiones, sus alegrías y su desesperación. El romanticismo, es la más eficaz comparación con la música, la melodía, un ente infinito, intangible y sonoro. Carente de severa autodisciplina, la inspiración romántica dura tanto como lo permite su estado de ánimo; de ahí los muchos fragmentos que son el resultado de intentos de escribir obras de más aliento. En su vida y en su obra, los románticos, querían ser absolutamente libres, carecer de ataduras. De ahí la inmoralidad de tantos; y también la gran variedad de sus obras, en las que intentaba expresarse un caos de disposiciones e inspiraciones. Aquí no hallamos personajes armónicamente equilibrados, sino colores, melodías, fantasía, alucinaciones, un supremo individualismo. Comparado con la integralidad y el propósito definido del clasicismo alemán, el romanticismo alemán es un ente inconcluso, infinito, un mero anhelo. Solo revelaron insensatamente la búsqueda de algo que en realidad desconocían y que jamás llegaron a encontrar o a poseer- la persecución de una fantasía, un sueño, algo que a falta de un nombre o una identificación mejores llamaban la Flor Azul- La importancia que los románticos atribuían al sagrado derecho de la subjetividad y al individualismo también condujo a la emancipación cada vez mas completa de las mujeres y su participación creciente en el movimiento literario de la época. Romanticismo negro (gótico romántico en Inglaterra): elementos irracionales, grotescos o demoníacos, visiones y fenómenos extrasensoriales, melancolía. Deseo, nostalgia, deseo de viajar (evasión). Naturaleza prodigiosa (maravillosa o extraña). Noche, encierro, teología, supersticiones, escepticismo o filosofía. Seres sobrenaturales (hadas, espíritus, demonios). Dobles, parapsicología, alquimia, magia, brujería, drogas. Mezcla entre sueño, pesadilla y realidad. Emociones, histeria, obsesiones, locura, suicidio y muerte. Desilusión con la Revolución Francesa y vuelta hacia la monarquía. link: https://www.youtube.com/watch?v=srN1GsnBui8

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Modalidades Discursivas
Modalidades Discursivas
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/28/2016

MODALIDADES DISCURSIVAS En cuanto a las modalidades discursivas, estas constituyen modos de organización del discurso que abarcan el “conjunto de procedimientos con que se pone en escena el acto de la comunicación, correspondientes a ciertas finalidades (describir, contar, argumentar…) Los géneros pueden presentar una combinatoria de varios de estos modos de organización o la dominancia de uno de ellos. La modalidad descriptiva o descripción: apunta a la caracterización de un objeto o persona. Permite “hacer existir los seres en el mundo nombrándolos y calificándolos de una manera particular. Dos componentes entran en relación en una descripción: el objeto descripto y el punto de vista del observador.” La modalidad narrativa: Es la que permite organizar la sucesión de acciones y acontecimientos en la que los seres están implicados. Sin embargo no se debe confundir una descripción de acciones con una narración. La narración supone un estado inicial, una transformación y un estado final producto de esta transformación. Desde un punto de vista lógico-semántico, la narración se organiza en torno de dos relaciones: a) El secuenciamiento temporal (se ordenan las acciones en el tiempo y entre si) b) Las relaciones de causa – consecuencia Respecto a la modalidad explicativa, teniendo en cuenta que uno de los parámetros a la hora de discernir estos modos de organizar el discurso tiene que ver con finalidad, señalaremos que el objetivo de la explicación es procurar dar a conocer, desarrollar y hacer comprender una problemática. Podríamos decir que la explicación es el método didáctico por excelencia, porque tiene como objetivo la comprensión de fenómenos sobre los cuales aporta información necesaria Incluso se habla de una actitud explicativa que aparece en textos pertenecientes a diferentes discursos: el discurso científico, el de divulgación científica, el discurso periodístico, el discurso pedagógico, el discurso publicitario, el discurso literario, el discurso político, el discurso académico, entre otros. Incluso en argumentaciones y narraciones es factible encontrar secuencias en las que se desarrolla una explicación, la que se pone al servicio de lo que se esta argumentando o narrando. Hemos adoptado la denominación de modalidad explicativa aunque en otras bibliografías se le denomina texto expositivo a los textos organizados de acuerdo con esta modalidad. Si bien “exponer” y “explicar” tienen sentidos cercanos, el primero hace referencia a la acción discursiva de informar, es decir, hacer saber datos con un alto grado de organización y jerarquización; mientras que explicar supone además del hacer conocer (con un alto grado de organización y jerarquización) una finalidad demostrativa La modalidad argumentativa implica un modo de producción discursiva que establece una particular relación intersubjetiva o contrato enunciativo. El contrato enunciativo presupuesto por toda argumentación tiene como finalidad la persuasión. Formularemos ese contrato de la siguiente manera: “A se dirige a B con el propósito de modificar la opinión (creencia evaluativa) de B relativa a la situación C (o acontecimiento) Una argumentación puede organizarse sobre la base de un esquema canónico, que evidencia claramente cuando un plan textual global es argumentativo o con un esquema simplificado de la misma, que es mas factible de encontrar cuando lo argumentativo o con un esquema simplificado de la misma, que es mas factible de encontrar cuando lo argumentativo se hace presente en secuencias discursivotextuales insertas en un texto cuyo plan textual puede ser explicativo, narrativo o, incluso, descriptivo. Los momentos que constituyen la argumentación no representan necesariamente párrafos- ni siquiera enunciados- diferentes, pero si bloques distintos; incluso el orden de la exposición (nivel de superior) no siempre respeta la organización de la secuencia lógica del esquema canónico. Estos momentos son: a) Explicación del tema o caso, es decir de que se va a hablar b) Establecimiento del punto de vista personal sobre el tema (tesis) c) Fundamentación de la tesis, mediante la cual se debe procurar convencer al auditorio, para ello se trabaja en dos sentidos: c.1. desarrollo de argumentos que confirmen la tesis, apelando a distintas estrategias para encadenar estas pruebas o argumentos c.2 refutación de posibles objeciones a las pruebas presentadas (contra-argumentos) d) Conclusión o secuencia final, en que redondea la tesis presentada, a la luz de lo trabajado a lo largo del texto.

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Expresionismo Alemán
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/11/2016

Definiciones: Rodolfo Modern “un movimiento extendido a varias manifestaciones estéticas” (…) “un objeto histórico-cultural que ha tenido un origen, un desenvolvimiento y una rápida agonía dentro de un país, o mejor un grupo de países lingüísticamente unitarios: Alemania y Austria, y que duró alrededor de veinte años; pero por otra parte, pueden fijársele raíces europeas, mucho más que germanas (…)” Elise Richter: “Expresionismo es la reproducción de representaciones o de sensaciones provocadas en nosotros por impresiones externas o internas, sin que entren en consideración las propiedades reales de los objetos que suscitan tales impresiones. El arte expresionista no se ocupa de lo objetivamente presente ni de cómo representar esas existencias objetivas en la forma más irreprochable. Ofrecer el pensar y el sentir subjetivo sobre las cosas: las ideas de las cosas, presentes en la conciencia especulativa” Wolfgang Beutin: “Por expresionismo –arte de la expresión– entendemos la nueva tendencia –en el campo de la literatura, la pintura, la música, el teatro y el cine– que configuraría, entre 1906 y 1923, la vida moderna literaria y artística en Alemania y en otros países europeos (…) lo unitario de este movimiento –que en el fondo, al estar integrado por tendencias divergentes, no dejaba de ser contradictorio– consistía en la actitud de rechazo que adoptó frente a una sociedad en crisis que se consideraba abocada al ocaso y necesitada de regeneración” Hermann Bahr: “Nunca había sido una época agitada por tanto espanto, por tal horror de muerte. Nunca había sido el hombre tan pequeño. Nunca la paz estuvo tan lejana y la libertad tan muerta. Y ahora grita la necesidad: el hombre grita por su alma, la época toda es un grito de miseria. También el arte clama, dentro de las tinieblas, clama por ayuda, clama por el espíritu: esto es expresionismo” Contexto histórico • Situación de expansión y prosperidad excepcionales de la monarquía de los Habsburgo. • Florecimiento de la ciencia y técnica • Desarrollo urbano: importancia de las ciudades • Tendencias literarias divergentes: • Naturalismo • Simbolismo • Expresionismo • Materialismo creciente: • Culto de la materia • Amenaza de catástrofe • Vacío espiritual • Primera Guerra Mundial (1914-1918) • Alemania y Austria de posguerra: • Caos, violencia • Inflación, hambre • Democracias débiles Microcontexto historico • A fines del siglo XIX el Imperio alemán y la monarquía de los Habsburgo habían arribado a una situación de prosperidad y expansión excepcionales. • El reino de la ciencia y la técnica: • Teléfono • Cinematógrafo • Aeroplano • Importancia de las ciudades como núcleos sociales políticos y económicos: grandes capitales • Entre 1890 y la Primera Guerra Mundial à el panorama artístico europeo no presenta unidad, varias tendencias coinciden cronológicamente. • La prosperidad à materialismo creciente à se cumplen las profecías de Nietzsche: la materia y su culto minaban las realizaciones del espíritu y se acercaba la catástrofe. • POSGUERRA à democracias que desde el inicio ya estaban destinadas al fracaso: • República de Weimar • República de Austria Ubicación temporal • Según Rodolfo Modern: entre 1910 y 1924 • “Podemos precisar la fecha: 1910. y el lugar: Alemania, porque este país había llegado en ese momento, paralelamente a una conciencia de nacionalidad bien definida, a un grado de europeización y asimilación de influencias difícilmente superables, muchas de las cuales señalaban los rasgos catastróficos del porvenir” CARACTERÍSTICAS • Jóvenes nacidos entre 1880 y 1890. • Denuncia del pasado como algo caduco y sin valor, fundamentalmente el mundo de los padres. Rechazo de lo anterior, de los movimientos anteriores. • VANGUARDIA à Revolución en las letras, las artes y la actividad humana en general, de una desmesura no intentada por generaciones precedentes. • Pretendió convertirse en la voz de la humanidad, en una transformación de la concepción del mundo y la vida: Mesianismo, patetismo, lenguaje profético, afán cosmopolia., Concepción titánica del artista. • Arte para la vida à Poesía militante. • Activismo político. Gran cantidad de manifiestos, programas y dogmas, sobre todo a partir de 1914: Die Aktion (Relación con el comunismo, pero también con el nacionalsocialismo), Revolution, Sturm, Hojas blancas (publica los textos más importantes de los pacifistas. Uno de esos textos es El hombre es bueno, de Leonard Frank) • Arte como instrumento de salvación del espíritu. • El arte no debía revelar la realidad externa sino la experiencia interior del artista, que se exteriorizaba con su “fuerza expresiva”. • Renuncia a imitar la realidad exterior para mostrar la esencia profunda de las cosas. • Antinaturalista à en contra de esa visión positivista y atea del mundo y del hombre. • Antiimpresionista à en contra de la visión exterior de las cosas. • Lo primario no es el mundo, sino el alma del artista en la que se refleja su realidad. • Rechazo de la contemplación psicológica del sujeto. No representa un carácter, sino al ser humano por antonomasia • Irracionalismo exacerbado que intenta intuir en forma inmediata el ser de las cosas y que reconoce el grito como su expresión. • Expresión indispensable, adorno superfluo: • sustantivos y verbos, • desaparecen las palabras de relleno para dejar paso a lo esencial, • grito como su expresión. • Eliminación de la distancia entre objeto y sujeto: el poeta expresa su estado de ánimo por la mención de la cosa. • Por ejemplo, el paisaje à deglutido por el poeta • Reconocimiento de que se está frente a una quiebra de los valores por: • el materialismo, • la invasión de la máquina y la técnica, • el predominio de la burguesía, • la miseria del proletariado, • el culto al Estado. • La sociedad ha cambiado à papel protagónico de la ciudad industrial • Temas: Materialismo, máquina,técnica, ciudad, miseria, muerte,guerra, Impulso religioso con diversos matices • Predominio de la lírica: Georg Trakl, Georg Heym, August Stramm, Franz Werfel, Else Lasker-Schüler. • Prosa: Alfred Döblin, Franz Kafka, Gottfried Benn • Destrucción de la perspectiva unitaria de la novela realista. • Problematización de la existencia. • Subjetivismo caótico. Drama • conversión de personajes en tipos, • preferencia por el monólogo dividido en actos • empleo de pantomimas y marionetas, farsa y grotesco: Ernst Barlach, G. Kaiser, J. Sorge. • Grandes directores: Max Reinhardt, Edwin Piscator. • Renuncia a la representación del entorno social, así como al retrato psicológico de los personajes EXPRESIONISMO PICTÓRICO • Corriente“El puente” (Die Brücke) – Dresden, 1906-1913 – Pechstein, Kirchner, Kokoschka, Muelller – Rasgos sintéticos y esenciales – Tendencia hacia lo grotesco – Arte guiado por el instinto – Desvalorización de la civilización europea à regreso a los orígenes, a lo primitivo – Violentas disonancias de color – Inseguridad en el trazo Distorsión de la realidad à monstruosidad Kirchner Kokoshka Otto Mueller Max Pechstein Traducción de la desesperación Fórmulas estéticas dispares : • de lo grotesco a lo místico • de lo absurdo al compromiso social “El jinete azul” (Der blaue Reiter) • Münich • Marc, Kandinsky, Klee, Kubin y Macke. • Renovación del color, revolución cromática. • Hacia la total abstracción. • Walter Gropius Fundación de la Bauhaus (Weimar) à Expresionismo constructivo • Pocos años más tarde, aparece en Münich el grupo “Der Blaue Reiter”, liderado por: • Franz Marc • Wassily Kandisnky • Paul Klee • Kubin • Macke Características: • Se renueva el color • El dibujo tiende a la abstracción • La imagen se capta en visiones donde figuran los hombres al lado de los irracionales • A diferencia de El puente, estos artistas sentían la necesidad de modular un lenguaje más controlado para sus mensajes. • Desarrollaron un arte más espiritual, en el que redujeron el naturalismo hasta llegar a la abstracción. • Querían captar la esencia espiritual de la realidad. • Kandisnky à “De lo espiritual en el arte” “La pintura como arte puro” Marc Kandinsky EXPRESIONISMO Y MÚSICA • Segunda escuela de Viena: Alban Berg, Arnold Schönberg y Anton von Webern • Necesidad de creación de nuevo lenguaje musical: ruptura con la tonalidad. Politonalismo, dodecafonismo • Efecto perturbador • Alteraciones del ritmo y del compás EXPRESIONISMO Y CINE • 1919: Robert Wiene: “El gabinete del Dr. Caligari”. Óptica deformada de la realidad • Directores: Fritz Lang, Friedrich Murnau, Paul Leni y Paul Wegener link: https://www.youtube.com/watch?v=Ouwt1xNaM7U

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Cultura física
Ciencia EducacionporAnónimo10/11/2015

Definición de Cultura Física Se denomina cultura física a las maneras y hábitos de cuidado corporal, mediante la realización de actividades como deportes o ejercicios recreativos, que no sólo buscan la salud del cuerpo, otorgándole actividad que lo aleja del sedentarismo y sus consecuencias, si no también persigue la búsqueda de plenitud y bienestar integral del ser humano, del binomio cuerpo-mente. Cada individuo puede dedica a la cultura física una porción determinada de tiempo, en relación a sus posibilidades, aunque muchos hacen de esto una forma de vida, como los deportistas. La cultura física, más allá de que se relacione directamente con el cuidado del cuerpo en busca del bienestar, no sólo se liga a la realización de alguna actividad que implique esfuerzo físico o realizar algún deporte específico. Eso es sólo una parte. Bien sabemos que, para estar saludables, no basta con cumplir con una parte del todo. La gimnasia, los deportes y los ejercicios físicos son el complemento de una vida sana, de una alimentación equilibrada y saludable, de la visita a médicos para controles periódicos. Sin embargo, tampoco podemos olvidarnos que, más allá de que estemos hablando de cultura “física”, la psiquis (la mente) también cumple un rol clave, fundamental en esto de alcanzar el bienestar. Digamos que la mente ayuda a traspasar el bienestar y lograr la plenitud del ser, que está formado, como antes decíamos por un binomio (un conjunto inseparable de dos): cuerpo y mente. Por eso, evitar las situaciones de estrés, dedicar un tiempo diario para acercarnos a amigos, la familia o seres queridos por nosotros, también contribuye al bienestar. Incluso, la relación de un deporte, que está ligado a lo físico, puede convertirse para nosotros en una especie de “terapia” que ayuda a relajar nuestra mente y logramos disfrutar de eso que hacemos. Pero otras veces, el despeje mental puede estar relacionado con otra actividad como la pintura o la escritura. La vorágine de todas las responsabilidades a cumplir en diferentes ámbitos: el trabajo, la familia, la universidad, organizaciones donde nos desempeños, pueden ser enemigos de nuestra salud. Sin embargo, de eso se trata la cultura física, de conocer y aprender que somos un sistema que necesita equilibrio, y que nadie, más que nosotros mismos, sabe mejor cuáles son las cosas que nos hacen bien, y cuáles no. Más allá de esto, existen una serie de disciplinas dedicadas a abordar estos temas, y por eso es posible acudir a profesionales cuando tenemos dudas o incertidumbres acerca de mantener nuestro ser de manera equilibrada. Por ejemplo, los entrenadores personales en relación a las actividades físicas, nutricionistas en cuanto a alimentación y nutrición, y psicólogos si hablamos de la mente, y claro, los médicos generalistas que pueden siempre aconsejarnos sobre hábitos o medidas a tomar para alcanzar el bienestar corporal que anhelamos. – El concepto más difundido de la cultura física se vincula con la educación; tanto es así que a menudo la cultura física se confunde con la educación física. Por esta última se entiende al proceso que busca formar habilidades motrices y desarrollar capacidades coordinativas y de movilidad, así como promover el disfrute de la participación en esa clase de actividades (que luego se podrá manifestar en el deporte en los momentos de ocio). Los programas educativos de todos los países le dan importancia a la educación física, ya que es indispensable para la preservación de la salud, para la tolerancia por el otro, aun en la diferencia, y para el desarrollo de una vida activa, contraria al sedentarismo. ABC de la cultura fisica: Todos los organismos son distintos, cada uno tiene su tiempo de adaptación y maduración. Pero es menester destacar que la cultura física es complementaria para cumplir nuestros proyectos. Complementaria en el sentido que ayuda a resolver los problemas varios que generalmente surgen en nuestros caminos. Es predominante en los jóvenes la ayuda para un óptimo desarrollo madurativo y en los adultos un excelente transcurso hacia la vejez. La cultura física además de ayudar a nuestra estabilidad física y mental también nos acompaña en nuestros controles de salud. Ya que la actividad nos permite sentir más palpable algún malestar que perturbe nuestro organismo y no que este malestar nos sorprenda en el largo plazo. En fin este humilde servidor convoca a la actividad física regular, al hábito alimenticio y al organizativo; elementos que engloban la cultura física. Todo puede empezar con un trote "cochinero" por el barrio y terminar en una actividad competitiva¡ Cada uno analizará sus posibilidades.

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Obdulio Varela – El reposo del Centrojás
Obdulio Varela – El reposo del Centrojás
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/27/2016

El 16 de julio de 1950, en el estadio Maracaná de Rio de Janeiro, nació una de las últimas leyendas del fútbol rioplatense; ese día, el imponente centromedio uruguayo Obdulio Varela silenció a 150 mil fanáticos que festejaban el gol brasileño en la final de la Copa del Mundo, convertido por el puntero Friaca. A los seis minutos del segundo tiempo, Brasil abrió el marcador alentado por las repletas tribunas del Maracaná, inaugurado especialmente para ese torneo. Entonces, todo Río de Janeiro fue una explosión de júbilo; los petardos y las luces de colores se encendieron de una sola vez. Obdulio, un morocho tallado sobre piedra, fue hacia su arco vencido, levantó la pelota en silencio y la guardó entre el brazo derecho y el cuerpo. Los brasileños ardían de júbilo y pedían más goles. Ese modesto equipo uruguayo, aunque temible, era una buena presa para festejar un título mundial. Tal vez el único que supo comprender el dramatismo de ese instante, de computarlo fríamente, fue el gran Obdulio, capitán--y mucho más--de ese equipo joven que empezaba a desesperarse. Y clavó sus ojos pardos, negros, blancos, brillantes, contra tanta luz, e irguió su torso cuadrado, y caminó apenas moviendo los pies, desafiante, sin una palabra para nadie y el mundo tuvo que esperarlo tres minutos para que llegara al medio de la cancha y espetara al juez diez palabras en incomprensible castellano. No tuvo oído para los brasileños que lo insultaban porque comprendían su maniobra genial: Obdulio enfriaba los ánimos, ponía distancia entre el gol y la reanudación para que, desde entonces, el partido--y el rival--, fueran otros. Hubo un intérprete, una estirada charla--algo tediosa-- entre el juez y el morocho. El estadio estaba en silencio. Brasil ganaba uno a cero, pero por primera vez los jóvenes uruguayos comprendieron que el adversario era vulnerable. Cuando movieron la pelota, los orientales sabían que el gigante tenía miedo. Fue un aluvión. Los uruguayos atropellaban sin respetar a un rival superior pero desconcertado. Obdulio empujaba desde el medio de la cancha a los gritos, ordenando a sus compañeros. Parecía que la pelota era de él, y cuando no la tenía, era porque la había prestado por un rato a sus compañeros para que se entretuvieran. Llegó el empate. Los brasileños sintieron que estaban perdidos. El griterío de la tribuna no bastaba para dar agilidad a sus músculos, claridad a sus ideas. Las casacas celestes estaban en todas partes y les importaba un bledo del gigante. Faltaban nueve minutos para terminar cuando Uruguay marcó el tanto de la victoria. El mundo no podía creer que el coloso muriera en su propia casa, despojado de gloria. Mire usted lo que son las cosas. Nosotros habíamos empatado con España dos a dos con un gol que yo hice sobre la hora, esos goles que salen de suerte; el segundo partido le habíamos ganado a Suecia tres a dos, ahí no más. Los brasileños venían matando. Le habían marcado seis goles a los suecos y otra media docena a los españoles. Cuando fuimos a la final nadie dudaba de que ellos nos aplastarían. Tenían un cuadro bárbaro, eran locales y el mundo entero esperaba que ganaran el Mundial. Nosotros jugábamos, puede decirse, contra todo el mundo. Eso, creo, debía darnos tranquilidad. Nuestra responsabilidad era menor. Recuerdo que un dirigente uruguayo lo llamó a Óscar Omar Míguez, el centroforward del equipo, poco antes de salir a la cancha, y le dijo que estuviéramos tranquilos, que los dirigentes se conformaban si perdíamos nada más que por cuatro goles. Dijo que con llegar a la final ya debíamos estar satisfechos y que se trataba ahora de evitar el papelón, de no tragarse una goleada muy grande. Yo lo escuché y eso me indignó. Le dije: “Si entramos vencidos mejor no juguemos. Estoy seguro de que vamos a ganar este partido. Y si no lo ganamos, tampoco vamos a perder por cuatro goles”. Yo tenía 33 años y muchos internacionales encima. Estaban listos si creían que nos iban a pasar por arriba así nomás. Los otros muchachos del equipo eran jóvenes, sin mucha experiencia, pero jugaban bien al fútbol. Además, poco antes habíamos jugado contra los brasileños la copa Río Branco y les habíamos ganado 4 a 3 el primer partido; después perdimos dos veces por uno a cero, pero nos habíamos dado cuenta de que se les podía ganar. Ellos tienen mucho miedo de jugar contra los uruguayos o contra los argentinos. Antes de salir a la cancha, el director técnico Juan López me dijo, como siempre, que yo debía dirigir, ordenar el equipo dentro de la cancha. Entonces, cuando íbamos para el túnel, les dije a los muchachos: “Salgan tranquilos. No miren para arriba. Nunca miren a la tribuna; el partido se juega abajo”. Era un infierno. Cuando salimos a la cancha eran más de cien mil personas silbando. Entonces nos fuimos hacia el mástil donde se iban a izar las banderas. Cuando salió Brasil lo ovacionaron, claro, pero después mientras tocaban los himnos, la gente aplaudía. Entonces les dije a los muchachos: “Vieron cómo nos aplauden. En el fondo esta gente nos quiere mucho”. Al juez no le di la mano. Nunca le di la mano a ningún árbitro. Lo saludaba, sí, lo trataba con respeto, pero la mano nunca. No hay que hacerse el simpático. Después la gente dice que uno va a chupar las medias del que manda en el partido. En el primer tiempo dominamos en buena parte nosotros, pero después nos quedamos. Faltaba experiencia en muchos de los muchachos. Nos perdimos tres goles hechos, de esos que no puede errarlos nadie. Ellos también tuvieron algunas oportunidades, pero yo me di cuenta de que la cosa no era tan brava. El asunto era no dejarlos tomar el ritmo demoledor que tenían. Si fracasábamos en eso, íbamos a tener delante una máquina y entonces sí que estábamos listos. El primer tiempo terminó cero a cero. En el segundo tiempo salieron con todo. Ya era el equipo que goleaba sin perdón. Yo pensé que si no los parábamos nos iban a llenar de goles. Empecé a marcar de cerca, a apretarlos, para tratar de jugar de contragolpe. Creo que fue a los seis minutos que nos metieron el gol. Parecía el principio del fin. La voy a contar algo que la gente no sabe. Todos vieron que yo agarraba la pelota y me iba para el medio de la cancha despacio, para enfriar. Lo que no saben es que yo iba a pedir un off-side, porque el linesman había levantado la bandera y después la había bajado antes de que ellos hicieran el gol. Yo sabía que el referí no iba a atender el reclamo, pero era una oportunidad para parar el partido y había que aprovecharla. Me fui despacito y por primera vez miré para arriba, al enjambre de gente que festejaba el gol. Los miré con bronca, lleno de bronca y los provoqué. Tardé mucho en llegar al medio de la cancha. Cuando llegué, ya se habían callado. Querían ver funcionar a su máquina de hacer goles y yo no la dejaba arrancar de nuevo. Entonces, en vez de poner la pelota en el medio para moverla, lo llamé al referí y pedí un traductor. Mientras vino, le dije que había off-side y qué sé yo, había pasado por lo menos otro minuto. ¡Las cosas que me decían los brasileños! Estaban furiosos. La tribuna chiflaba, un jugador me vino a escupir, pero yo, nada. Serio no más. Cuando empezamos a jugar de nuevo, ellos estaban ciegos, no veían ni su arco de furiosos que estaban; entonces todos nos dimos cuenta de que podíamos ganar el partido. ¿Cómo conseguimos eso? Es que el jugador tiene que ser como el artista: dominar el escenario. O como el torero, dominar el ruedo y al público, porque si no, el toro se le viene encima. Uno sabe que en una cancha extraña no le van a aplaudir, por más que haga buenas jugadas. Entonces tiene que imponerse de otra manera, dominar al adversario, al público y a sus mismos compañeros. Claro, yo había jugado un millón de partidos en todas partes, en canchas sin tejido, sin alambrado, a merced del público, y siempre había salido sanito. ¡Cómo me iban a achicar ese día en el Maracaná, que tenía todas las seguridades! Ahí yo tenía que dominar, porque tenía todas las facilidades y sabía que nadie podía tocarme. Cuando hicimos el segundo gol, que lo hizo Gigghia (el primero lo convirtió Schiaffino), no lo podíamos creer. ¡Campeones del mundo, nosotros, que veníamos jugando tan mal! Al terminar el partido, estábamos como locos. En Brasil había duelo. Los cajones de cañitas flotaban en el mar. Era una desolación. Esa noche fui con mi masajista a recorrer unos boliches para tomar unas chopps y caímos en lo de un amigo. No teníamos un solo cruzeiro y pedimos fiado. Nos fuimos a un rincón a tomar las copas y desde allí mirábamos a la gente. Estaban llorando todos. Parecía mentira: todo el mundo tenía lágrimas en los ojos. De pronto veo entrar a un grandote que parecía desconsolado. Lloraba como un chico y decía: “Obdulio nos ganó el partido” y lloraba más. Yo lo miraba y me daba lástima. Ellos habían preparado el carnaval más grande del mundo para esa noche y se lo habíamos arruinado. Según ese tipo, yo se lo habíamos arruinado. Me sentía mal. Me di cuenta de que estaba tan amargado como él. Hubiera sido lindo ver ese carnaval, ver cómo la gente disfrutaba con una cosa tan simple. Nosotros habíamos arruinado todo y no habíamos ganado nada. Teníamos un título, pero ¿qué era eso ante tanta tristeza? Pensé en el Uruguay. Allí la gente estaría feliz. Pero yo estaba ahí, en Río de Janeiro, en medio de tantas personas infelices. Me acordé de mi saña cuando nos hicieron el gol, de mi bronca, que ahora no era mía pero también me dolía. El dueño del bar se acercó a nosotros con el grandote que lloraba. Le dijo: “¿Sabe quién es ése? Es Obdulio”. Yo pensé que el tipo me iba a matar. Pero me miró, me dio un abrazo y siguió llorando. Al rato me dijo: “Obdulio ¿se vendría a tomar unas copas con nosotros? Queremos olvidar ¿sabe?” ¡Cómo iba a decirle que no! Estuvimos toda la noche chupando en los boliches. Yo pensé: “Si tengo que morir esta noche, que sea”. Pero acá estoy. Si ahora tuviera que jugar otra vez esa final, me hago un gol en contra, sí señor. No, no se asombre. Lo único que conseguimos al ganar ese título fue darle lustre a los dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol. Ellos se hicieron entregar medallas de oro y a los jugadores les dieron unas de plata. ¿Usted cree que alguna vez se acordaron de festejar los títulos de 1924, 1928, 1930 y 1950? Nunca. Los jugadores que intervinimos en aquellos campeonatos nos reunimos ahora por nuestra cuenta todos los años el 18 de julio, que es la fecha patria. Lo festejamos por nuestra cuenta. No queremos ni acordarnos de los dirigentes. Yo empecé a jugar al fútbol en serio por una casualidad. Éramos doce hermanos, hijos de un vendedor de factura de cerdo. Siempre fuimos muy pobres. Yo fui a la escuela tres años y tuve que largar para ir a vender diarios, primero, y después a lustrar zapatos. Como lustrador sacaba seis pesos por mes en el año 32. Un día me invitaron a jugar un partido de barrio. Allá encontré a mi hermano que jugaba en el otro equipo. Al fin, cuando me estaba cambiando para salir a jugar, apareció el titular del equipo, que era el tanque Amato, y no me pusieron. Entonces vino mi hermano y me dijo que si quería entrar para ellos. Como yo había ido a jugar al fútbol, acepté. Ganamos y me quedé en el equipo. Los muchachos me consiguieron un trabajo de albañil y yo me puse muy contento. Empecé a jugar en un club que intervenía en el campeonato de intermedia, que venía a ser como la primera B de ascenso ahora. Parece que andaba bien, porque un día me avisaron que me habían vendido al Wanderers por 200 pesos. Sin preguntarme nada, me vendieron como una bolsa de papas. Cuando me enteré fui a ver a los dirigentes del Wanderers y le pregunté: “¿Quién va a defender al club, el Deportivo Juventud o yo?” Conseguí que me dieran los 200 pesos. Ese día me compré de todo con esa plata. Cuando aparecí en casa mi madre no quería creer que me habían dado toda esa plata. Ella creía que yo andaba en malos pasos. Es que cuando uno se cría en la calle, tiene dos caminos: aprende a defenderse con dignidad, como hice yo porque tuve la oportunidad, o se larga a cualquier cosa, como les pasa a otros que no tienen una chance. A mí me fue tan bien que, cuando subimos, no bajamos nunca más. Debuté en el Wanderers contra River Plate y perdimos, pero después le ganamos a Bella Vista. Por fin, en el estadio centenario jugamos contra Peñarol. Yo tenía enfrente nada menos que a Sebastián Guzmán, el maestro. Ellos tenían un cuadrazo, pero les ganamos 2 a 1. No me lo olvido jamás. Estuve cuatro años en el Wanderers y en 1943 pasé a Peñarol por 16 mil pesos, una cifra récord para el pase de un jugador. Me quedé para siempre en Peñarol hasta 1955 que largué el fútbol. Ahora estoy muy arrepentido de haber jugado. Si tuviera que hacer mi vida de nuevo, ni miro una cancha. No, el fútbol está lleno de miseria. Dirigentes, algunos jugadores, periodistas, todos están metidos en el negocio sin importarles para nada la dignidad del hombre. Yo siempre me lo tomé de la mejor manera. Cuando vinieron a sobornarme, no me enojé ni los saqué a patadas ni los denuncié. Les dije que no, que buscaran a otro con menos orgullo que yo. Yo siempre me guié por la filosofía simple que aprendí en la calle, allí se aprende todo; hay que vivir, cueste lo que cueste, vivir, y a cambio de eso hay que dejar vivir. Muchas cosas me dolieron. Los periodistas se metieron en mi vida privada, me atacaron mucho durante la huelga de jugadores porque ellos le hacían el juego a los clubes. Yo decidí vivir mi vida y rompí con ellos. Desde entonces me encapriché y me negué a salir en las fotos que tomaban al equipo en la cancha. Cuando mis compañeros me pedían que saliera, me ponía de costado y miraba para otro lado. Una vez los cronistas hicieron un planteo a Peñarol y el club me llamó para convencerme de que tenía que ser amable y salir en las fotos. Entonces les pregunté: “¿Para qué me contrataron: para sacarme fotos o para jugar al fútbol?” Ahí se terminó el incidente. No quise saber más nada con dirigentes ni con periodistas que escriben lo que quieren los que mandan. Yo sé que hay que ganarse la vida pero no hay motivo para ensuciar a los demás. Por eso yo no volvería a acercarme a una cancha aunque me ofrecieran millones. A mí me castigaron mucho y no lo aguanto. Por eso le dije que si ahora tuviera que jugar una final, me hago un gol en contra. No vale la pena poner la vida en una causa que está sucia, contaminada. El que se sienta capaz, que lo haga. Algún día tendrá que rendir cuentas: entonces sabremos quién es quién y si valía la pena ensuciarse. link: https://www.youtube.com/watch?v=2ETtBD_vhlM

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