No recuerdo haberte
dado jamás
ninguna razón
para que me ames así.
Vos no me importás,
sólo me interesa tu hijo,
prefiero la sangre joven
y estoy sediento.
Tengo todo el tiempo
del mundo en mis manos
y conozco la Gran Ciudad
mucho mejor que nadie.
Fantasía sin par,
soy el brillo en tus ojos,
soy yo quien vela
por tu pobre materia gris.
El frío y la decencia,
el fulgor y la luz,
el manicomio y el vino,
la fuga de gas.
Mil estrellas sueltas
y la huida hacia
ninguna parte,
sólo la desnudez.
Puedo abrazarte,
sabés que sos la más linda,
pero nunca voy a soltarte,
no podría soltarte.
Una caja abierta,
tirada en el suelo,
una llave sin dueño
en las manos temblorosas.
El filo de la noche,
la ominosa luna,
el espanto profundo,
la fe religiosa.
Sólo soy Dios,
no puedo ser racional,
soy instinto,
sólo Dios soy.
Ven a mi valle,
a nadar en mi dolor,
rojo como la sangre,
pero no caigas.
No me hagas reir,
no me hables más
de casualidades,
acariciame ya.
Ahora el big-bang,
¿o preferís seguir jugando?
mi hogar es más allá,
a mí no me importaría.
Estuve pensando mucho
y al fin me he decidido:
no pienso perdonar ni uno solo
de todos tus pecados.