5 Experimentos Psicológicos que demuestran que la humanidad está condenada
N°5: el experimento de conformismo de Asch (1953)
EL EXPERIMENTO:
Solomon Asch hizo una serie de estudios que documentaron el poder del conformismo, con el fin de deprimir a cualquiera que alguna vez lea los resultados que obtuvo.
A los sujetos se les dijo que iban a ser parte de una prueba de visión, junto a otras personas. A los participantes se les mostraron imágenes y se les pidió que respondan a preguntas simples.
La “trampa” era que todas las otras personas en la habitación, excepto el sujeto de pruebas eran parte del equipo de investigadores, a los que se les ordenó dar respuestas que eran obviamente incorrectas.
Entonces ¿el sujeto de pruebas se enfrentó a la multitud y mantuvo su respuesta?
EL RESULTADO:
Las preguntas que se le hicieron eran como éstas:
Lo único que tenían que hacer era decir cual de las líneas de la derecha era igual a la de la izquierda. Como se ve, Asch no les estaba pidiendo que diseñaran la próxima estación espacial. La única forma de que honestamente contestes mal a esa pregunta es si tomaste dos dosis de LSD y te las frotaste directamente en los ojos (lo que hubiese sido un experimento mucho mejor, pero nos estamos yendo de tema).
Tristemente 32% de los sujetos van a contestar de forma incorrecta si ven que los otros tres sujetos en la habitación dan la respuesta equivocada. Incluso cuando la línea sea varios centímetros diferente, eso no importa. Uno de cada tres va a seguir al grupo aunque sabe que está equivocado.
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Imaginate como aumenta este 32% cuando las respuestas son menos “blanco y negro”. Todos tendemos a reírnos con el grupo aunque no entendamos el chiste, o dudar de nuestra elección cuando vemos que no es la que goza de mayor popularidad.
“Entonces, es algo bueno que yo sea un rebelde no-conformista” muchos pueden estar pensando. Pero claro, para virtualmente todos ustedes, el próximo paso es ver que cosa están haciendo los no conformistas…
…y asegurarte de que te conformas a la perfección.
“!Tenés razón. Deberíamos rebelarnos contra la mentalidad de rebaño! ¡Tomemos las calles¡”
N°4: EL EXPERIMENTO DEL BUEN SAMARITANO (1973)
EL EXPERIMENTO:
La historia biblica “del Buen Samaritano”, por si no la conocés, es sobre un Samaritano ayudando a un hombre herido, mientras otros que se decían “compasivos”, pasaban junto a el sin ayudar.
Los psicólogos John Darley y C. Daniel Batson querían comprobar si la religión tenía algún efecto sobre el comportamiento a la hora de ayudar.
Los sujetos eran estudiantes de un seminaro. A la mitad se les contó la historia del Buen Samaritano y se les pidió que den un charla sobre el tema, en otro edificio. A la otra mitad se les pidió que den una charla sobre oportunidades de trabajo en el seminario.
Además, a algunos sujetos se les dio una hora diferente para dar el sermón, por lo que algunos iban a estar apurados por llegar y otros no.
Entonces, camino al edificio, los sujetos iban a pasar junto a una persona caída en un callejón, que lucía necesitada de ayuda.
C. Daniel Batson probablemente no le pegó a un ciruja.
EL RESULTADO:
Las personas que estudiaron la historia del Buen Samaritano no pararon mas que los otros que dieron la charla sobre oportunidades de trabajo. El factor que parecía hacer la diferencia era cuan apurados estaban los estudiantes.
De hecho, si estaban muy apurados, solo un 10% se paró para dar algún tipo de ayuda, aunque hayan estado camino a dar un sermón sobre que bueno es parar y ayudar a los demás. Pero para ser justos, si estuvieses llegando tarde a clase, ¿tu profesor aceptaría la excusa “tuve que ayudar a un viajero herido”? Probablemente no, a menos que puedas dar la remera del tipo manchada de sangre como evidencia.
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Por mucho que nos guste reírnos de, por ejemplo, el congresista anti-gay al que lo encontraron teniendo sexo con un hombre en un baño de hombres; la verdad es que la gente común es capaz de ser tan hipócrita como los políticos. Esto es debido a que es mucho más fácil hablar a un salón lleno de gente sobre ayudar a extraños, que tocar a una persona desamparada herida y que huele mal. Entonces, criticar su hipocresía se vuelve una forma de hipocresía.
Y en caso de que creas que los resultados estaban restringidos a estudiantes hipócritas de un seminario, fijate en las noticias. ¿Te acordás hace unos años? Las cámaras capturaron imágenes de al menos una docena de autos que se negaron a detenerse para ayudar a una mujer tendida en la calle.
Al igual que los estudiantes, todos ellos tenían que ir a algún lugar. Los conductores probablemente se sentirían orgullosos con ellos mismos solo por no pasarle por encima y aplastarla como un gato atropellado.
Lo que nos lleva a…
N°3: El experimento de la apatía del espectador (1968):
EL EXPERIMENTO:
Cuando una mujer fue asesinada en 1964, los diarios dijeron que unas 38 personas escucharon y/o vieron el ataque, pero ninguna hizo nada. John Darley y Bibb Latane querían saber si esto fue por el hecho de haberse encontrado en un grupo grande, lo que no provocó ninguna respuesta en la gente.
Los dos psicólogos invitaron a los voluntarios a tomar parte en una discusión. Les dijeron que como la discusión iba a ser extremadamente personal (probablemente les iban a preguntar sobre el tamaño de los genitales o algo así) a los individuos se los iba a separar en distintas habitaciones y se iban a comunicar entre sí por un intercomunicador.
Durante la conversación, uno de los miembros iba a fingir un ataque de epilepsia, que iba a ser escuchado a través de los parlantes.
EL RESULTADO:
Cuando los sujetos creían que eran la única persona en la discusión, 85% fueron lo suficientemente heroicos como para dejar la habitación y buscar ayuda. Esto tiene sentido. Tener una conversación extremadamente personal (otra vez, presumiblemente sobre genitales chiquitos) con otra persona es bastante difícil, pero hacerlo solo, es triste.
Pero, como sea, 85% de ellos ayudó, así que eso es bueno ¿no?
Bien, eso no era todo. Cuando a las personas se les hizo creer que había otras personas en otras habitaciones, solo un 31% buscaron asistir a la persona con ataques. El resto asumió que alguien más se iba a hacer cargo de ayudarla. Así que la frase “cuanto más, mejor” se habrá perdido en la traducción porque la expresión correcta parece ser “cuanto más, mas posibilidades de morir por un ataque”
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Obviamente, si hay una emergencia y sos el único cerca, la presión de ayudar se incrementa de forma masiva. Te sentís un 100% responsable por lo que pase. Pero cuando estás con 10 personas, solo te sentís un 10% responsable. El problema es que todos los demás también se sienten 10% responsable.
Esto arroja algo de luz a los ejemplos anteriores. Tal vez los conductores que pasaron junto a la mujer herida se hubieran detenido si hubiesen estado solos en una autopista desierta. O tal vez la hubieran abandonado, ya que nadie los está mirando (a diferencia de las personas en el experimento, que al menos sabían que había otras personas para juzgar sus acciones).
O tal vez depende de que tan buena es la excusa que podemos inventar para nosotros mismos. “Seguramente alguien va a venir y va a ayudar a la mujer en el camino”, o “alguien va a hacer algo por el medioambiente”, o “seguramente en algún momento el tiburón se va a llenar y va a dejar de comer a ese tipo”
Solo necesitamos una pequeña excusa, para no hacer nada.
N°2: EL PEXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD (1971)
EL EXPERIMENTO:
El psicólogo Philip Zimbardo quería saber como el cautiverio afecta a las autoridades y a los detenidos en prisión. Parece algo inocente, ¿Qué puede salir mal?
Zimbardo transformó el sótano del departamento de Psicología de la universidad de Stanford en una prisión simulada. Los sujetos voluntarios se anotaban simplemente al responder un aviso en el diario…
(¿Necesitas trabajo? Sé un cobayo humano! Ven a prisión, volvete mas loco que la mierda! 15$ por día. Gente rara no aplicar)
…y pasar un estudio de salud física y mental, ambos muy importantes a la hora de decidir quién va a prisión. Los voluntarios eran todos hombres universitarios, que fueron divididos al azar en dos grupos: 12 presos y 12 guardacárceles. El mismo Zimbardo decidió que también quería jugar, y se nombró el alcaide de la cárecel. La simulación se iba a llevar a cabo durante 2 semanas.
Ajá. No hay nada que pueda salir mal con éste.
EL RESULTADO:
Les llevó poco más de un día a cada uno de los sujetos para volverse completamente locos, a lo Jack Nicholson en El Resplandor.
Al segundo día, los prisioneros armaron motines, haciendo barricadas en sus celdas, mofándose de los guardias. Los guardias vieron esto como una buena excusa para rociar a los “insurgentes” usando los con matafuegos porque, bueno, ¿Por qué no?
En ese punto, la Prisión de Stanford, que ya se había ido al carajo, continuó empeorando día tras día. Algunos guardias obligaron a los reclusos a dormir desnudos en el suelo de cemento, les restringieron el uso del baño, los obligaron a hacer ejercicios humillantes y a limpiar los inodoros con la mano.
Increíblemente, cuando a los “presos” se les dijo que podían salir por libertad condicional, y luego se les negó la libertad, no se les ocurrió simplemente decir que abandonaban el experimento. Hay que recordar que no había ningún motivo legal para estar presos, solo era un juego de roles. Este hecho continuó incluso cuando a los reclusos se los hizo sentar sobre sus propios desechos con bolsas en la cabeza.
Mas de 50 personas ajenas al experimento visitaron la prisión pero la moralidad de la prueba nunca fue cuestionada, hasta que la novia de Zimbardo, Christina Maslach, se opuso enérgicamente. Luego de 6 días, Zimbardo detuvo el experimento (incluso muchos de los “guardias” se desilusionaron por esto).
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
¿Alguna vez te apretó un policía, o te trató para el culo sin motivo? La Ciencia nos dice que, si los papeles se invierten, vos probablemente serías igual.
Parece ser que el miedo a las repercusiones es lo que nos hace no querer torturar a nuestros compañeros seres humanos. Si nos dan poder absoluto y un cheque en blanco de nuestros superiores: pirámides de gente estilo Prisión de Abu Ghraib es lo que sigue.
Hey, si esto le pasa a un grupo de universitarios hippies de la era de Viet-Nam, seguramente puede pasarte a vos.
1°: EL EXPERIMENTO MILGRAM (1961):
Cuando ocurrió el proceso a los Nazis en los Juicios de Nuremberg, muchos de los acusados usaron como excusas ideas como “Yo no soy la mala persona”, “Hey, solo seguíamos órdenes”. El psicólogo de la universidad de Yale, Stanley Milgram quería testear la voluntad de los sujetos a la hora de obedecer a una figura de autoridad.
Para probar esto simplemente pudo, no sé, ¿preguntarle a la gente? Ah, no! Eso no es lo suficientemente horrible.
En su lugar, realizó un experimento donde a los sujetos se les dijo que iban a ser “maestros” y que su trabajo consistiría en hacerle una prueba de memoria a otro sujeto, en otra habitación. Todo era falso, y el otro sujeto era un actor.
Al sujeto se le dijo que cuando el “alumno” diera una respuesta incorrecta, debería presionar un botón que le daría a éste una descarga eléctrica. Una persona en bata de laboratorio estaba junto al sujeto para asegurarse de que administrara el shock (otra vez: el sujeto creía que daba un shock al alumno, pero no era así).
Al sujeto se le dijo que el voltaje comenzaba con 45 voltios y se incrementaría con cada respuesta incorrecta. Cada vez que pulsaba el botón, el actor al otro lado gritaba y rogaba al sujeto para que parara.
¿Querés adivinar como terminó..?
EL RESULTADO:
Muchos sujetos comenzaron a sentirse incómodos pasado cierto punto y cuestionaron la continuidad del experimento. Sin embargo, cada vez que el hombre en bata de laboratorio los alentaba para que continúen, muchos de ellos continuaban, aumentando el voltaje y dando shock tras shock mientras la “víctima” gritaba. Muchos sujetos reían nerviosamente, porque la risa es la mejor medicina cuando le mandás corriente a una persona a través del cuerpo.
Al final, el actor comenzaba a golpear la pared que lo separaba del sujeto, alegando una enfermedad cardíaca. Luego de varios shocks, no se escuchaba ningún sonido desde la habitación de la víctima, indicando que estaba muerta o inconsciente.
Si tuvieras que adivinar ¿Qué porcentaje de la gente crees que siguió administrando electricidad a partir de ese punto?
¿5 porciento?, ¿diez?
Entre un 61 y 66% de los sujetos continuaron el experimento hasta alcanzar el máximo voltaje (450V), dando descargas una y otra vez, a una víctima que estaba inconsciente o directamente muerta.
Otros estudios mostraron lo mismo: los sujetos mecánicamente harán daño a un inocente, siempre y cuando haya un vago con una bata de laboratorio que les diga que está todo bien.
La mayoría de los sujetos no se quejaban hasta que tenían que electrocutar con 300 voltios. Cero de ellos dijeron que no quería seguir con el experimento a partir de ese punto (tené en cuenta que en algunos casos, 100 voltios son suficientes para matar a un hombre).
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Te gusta pensar que sos una persona librepensadora y rebelde, pero cuando la cosa se vuelve real, hay muchas posibilidades de que vos no te vas a revelar contra la figura de autoridad, por temor a que se te vuelva en contra. Y este solamente era un tipo con una bata blanca. Imaginate si tuviese un uniforme, o una placa.
Charles Sheridan y Richard King llevaron el experimento un paso mas allá, preguntándole a los sujetos si querían electrocutar un cachorrito por cada acción errónea que haga. A diferencia del experimento de Milgram, el shock era real.
Exactamente 20 de 26 sujetos llegaron hasta el voltaje máximo.
Casi el 80% . Pensá en esto cuando andes por el centro: 8 de cada 10 de esas personas que ves caminando a tu alrededor torturaría a un cachorrito si un tipo usando una bata blanca se lo pide.
N°5: el experimento de conformismo de Asch (1953)
EL EXPERIMENTO:
Solomon Asch hizo una serie de estudios que documentaron el poder del conformismo, con el fin de deprimir a cualquiera que alguna vez lea los resultados que obtuvo.
A los sujetos se les dijo que iban a ser parte de una prueba de visión, junto a otras personas. A los participantes se les mostraron imágenes y se les pidió que respondan a preguntas simples.
La “trampa” era que todas las otras personas en la habitación, excepto el sujeto de pruebas eran parte del equipo de investigadores, a los que se les ordenó dar respuestas que eran obviamente incorrectas.
Entonces ¿el sujeto de pruebas se enfrentó a la multitud y mantuvo su respuesta?
EL RESULTADO:
Las preguntas que se le hicieron eran como éstas:
Lo único que tenían que hacer era decir cual de las líneas de la derecha era igual a la de la izquierda. Como se ve, Asch no les estaba pidiendo que diseñaran la próxima estación espacial. La única forma de que honestamente contestes mal a esa pregunta es si tomaste dos dosis de LSD y te las frotaste directamente en los ojos (lo que hubiese sido un experimento mucho mejor, pero nos estamos yendo de tema).
Tristemente 32% de los sujetos van a contestar de forma incorrecta si ven que los otros tres sujetos en la habitación dan la respuesta equivocada. Incluso cuando la línea sea varios centímetros diferente, eso no importa. Uno de cada tres va a seguir al grupo aunque sabe que está equivocado.
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Imaginate como aumenta este 32% cuando las respuestas son menos “blanco y negro”. Todos tendemos a reírnos con el grupo aunque no entendamos el chiste, o dudar de nuestra elección cuando vemos que no es la que goza de mayor popularidad.
“Entonces, es algo bueno que yo sea un rebelde no-conformista” muchos pueden estar pensando. Pero claro, para virtualmente todos ustedes, el próximo paso es ver que cosa están haciendo los no conformistas…
…y asegurarte de que te conformas a la perfección.
“!Tenés razón. Deberíamos rebelarnos contra la mentalidad de rebaño! ¡Tomemos las calles¡”
N°4: EL EXPERIMENTO DEL BUEN SAMARITANO (1973)
EL EXPERIMENTO:
La historia biblica “del Buen Samaritano”, por si no la conocés, es sobre un Samaritano ayudando a un hombre herido, mientras otros que se decían “compasivos”, pasaban junto a el sin ayudar.
Los psicólogos John Darley y C. Daniel Batson querían comprobar si la religión tenía algún efecto sobre el comportamiento a la hora de ayudar.
Los sujetos eran estudiantes de un seminaro. A la mitad se les contó la historia del Buen Samaritano y se les pidió que den un charla sobre el tema, en otro edificio. A la otra mitad se les pidió que den una charla sobre oportunidades de trabajo en el seminario.
Además, a algunos sujetos se les dio una hora diferente para dar el sermón, por lo que algunos iban a estar apurados por llegar y otros no.
Entonces, camino al edificio, los sujetos iban a pasar junto a una persona caída en un callejón, que lucía necesitada de ayuda.
C. Daniel Batson probablemente no le pegó a un ciruja.
EL RESULTADO:
Las personas que estudiaron la historia del Buen Samaritano no pararon mas que los otros que dieron la charla sobre oportunidades de trabajo. El factor que parecía hacer la diferencia era cuan apurados estaban los estudiantes.
De hecho, si estaban muy apurados, solo un 10% se paró para dar algún tipo de ayuda, aunque hayan estado camino a dar un sermón sobre que bueno es parar y ayudar a los demás. Pero para ser justos, si estuvieses llegando tarde a clase, ¿tu profesor aceptaría la excusa “tuve que ayudar a un viajero herido”? Probablemente no, a menos que puedas dar la remera del tipo manchada de sangre como evidencia.
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Por mucho que nos guste reírnos de, por ejemplo, el congresista anti-gay al que lo encontraron teniendo sexo con un hombre en un baño de hombres; la verdad es que la gente común es capaz de ser tan hipócrita como los políticos. Esto es debido a que es mucho más fácil hablar a un salón lleno de gente sobre ayudar a extraños, que tocar a una persona desamparada herida y que huele mal. Entonces, criticar su hipocresía se vuelve una forma de hipocresía.
Y en caso de que creas que los resultados estaban restringidos a estudiantes hipócritas de un seminario, fijate en las noticias. ¿Te acordás hace unos años? Las cámaras capturaron imágenes de al menos una docena de autos que se negaron a detenerse para ayudar a una mujer tendida en la calle.
Al igual que los estudiantes, todos ellos tenían que ir a algún lugar. Los conductores probablemente se sentirían orgullosos con ellos mismos solo por no pasarle por encima y aplastarla como un gato atropellado.
Lo que nos lleva a…
N°3: El experimento de la apatía del espectador (1968):
EL EXPERIMENTO:
Cuando una mujer fue asesinada en 1964, los diarios dijeron que unas 38 personas escucharon y/o vieron el ataque, pero ninguna hizo nada. John Darley y Bibb Latane querían saber si esto fue por el hecho de haberse encontrado en un grupo grande, lo que no provocó ninguna respuesta en la gente.
Los dos psicólogos invitaron a los voluntarios a tomar parte en una discusión. Les dijeron que como la discusión iba a ser extremadamente personal (probablemente les iban a preguntar sobre el tamaño de los genitales o algo así) a los individuos se los iba a separar en distintas habitaciones y se iban a comunicar entre sí por un intercomunicador.
Durante la conversación, uno de los miembros iba a fingir un ataque de epilepsia, que iba a ser escuchado a través de los parlantes.
EL RESULTADO:
Cuando los sujetos creían que eran la única persona en la discusión, 85% fueron lo suficientemente heroicos como para dejar la habitación y buscar ayuda. Esto tiene sentido. Tener una conversación extremadamente personal (otra vez, presumiblemente sobre genitales chiquitos) con otra persona es bastante difícil, pero hacerlo solo, es triste.
Pero, como sea, 85% de ellos ayudó, así que eso es bueno ¿no?
Bien, eso no era todo. Cuando a las personas se les hizo creer que había otras personas en otras habitaciones, solo un 31% buscaron asistir a la persona con ataques. El resto asumió que alguien más se iba a hacer cargo de ayudarla. Así que la frase “cuanto más, mejor” se habrá perdido en la traducción porque la expresión correcta parece ser “cuanto más, mas posibilidades de morir por un ataque”
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Obviamente, si hay una emergencia y sos el único cerca, la presión de ayudar se incrementa de forma masiva. Te sentís un 100% responsable por lo que pase. Pero cuando estás con 10 personas, solo te sentís un 10% responsable. El problema es que todos los demás también se sienten 10% responsable.
Esto arroja algo de luz a los ejemplos anteriores. Tal vez los conductores que pasaron junto a la mujer herida se hubieran detenido si hubiesen estado solos en una autopista desierta. O tal vez la hubieran abandonado, ya que nadie los está mirando (a diferencia de las personas en el experimento, que al menos sabían que había otras personas para juzgar sus acciones).
O tal vez depende de que tan buena es la excusa que podemos inventar para nosotros mismos. “Seguramente alguien va a venir y va a ayudar a la mujer en el camino”, o “alguien va a hacer algo por el medioambiente”, o “seguramente en algún momento el tiburón se va a llenar y va a dejar de comer a ese tipo”
Solo necesitamos una pequeña excusa, para no hacer nada.
N°2: EL PEXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD (1971)
EL EXPERIMENTO:
El psicólogo Philip Zimbardo quería saber como el cautiverio afecta a las autoridades y a los detenidos en prisión. Parece algo inocente, ¿Qué puede salir mal?
Zimbardo transformó el sótano del departamento de Psicología de la universidad de Stanford en una prisión simulada. Los sujetos voluntarios se anotaban simplemente al responder un aviso en el diario…
(¿Necesitas trabajo? Sé un cobayo humano! Ven a prisión, volvete mas loco que la mierda! 15$ por día. Gente rara no aplicar)
…y pasar un estudio de salud física y mental, ambos muy importantes a la hora de decidir quién va a prisión. Los voluntarios eran todos hombres universitarios, que fueron divididos al azar en dos grupos: 12 presos y 12 guardacárceles. El mismo Zimbardo decidió que también quería jugar, y se nombró el alcaide de la cárecel. La simulación se iba a llevar a cabo durante 2 semanas.
Ajá. No hay nada que pueda salir mal con éste.
EL RESULTADO:
Les llevó poco más de un día a cada uno de los sujetos para volverse completamente locos, a lo Jack Nicholson en El Resplandor.
Al segundo día, los prisioneros armaron motines, haciendo barricadas en sus celdas, mofándose de los guardias. Los guardias vieron esto como una buena excusa para rociar a los “insurgentes” usando los con matafuegos porque, bueno, ¿Por qué no?
En ese punto, la Prisión de Stanford, que ya se había ido al carajo, continuó empeorando día tras día. Algunos guardias obligaron a los reclusos a dormir desnudos en el suelo de cemento, les restringieron el uso del baño, los obligaron a hacer ejercicios humillantes y a limpiar los inodoros con la mano.
Increíblemente, cuando a los “presos” se les dijo que podían salir por libertad condicional, y luego se les negó la libertad, no se les ocurrió simplemente decir que abandonaban el experimento. Hay que recordar que no había ningún motivo legal para estar presos, solo era un juego de roles. Este hecho continuó incluso cuando a los reclusos se los hizo sentar sobre sus propios desechos con bolsas en la cabeza.
Mas de 50 personas ajenas al experimento visitaron la prisión pero la moralidad de la prueba nunca fue cuestionada, hasta que la novia de Zimbardo, Christina Maslach, se opuso enérgicamente. Luego de 6 días, Zimbardo detuvo el experimento (incluso muchos de los “guardias” se desilusionaron por esto).
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
¿Alguna vez te apretó un policía, o te trató para el culo sin motivo? La Ciencia nos dice que, si los papeles se invierten, vos probablemente serías igual.
Parece ser que el miedo a las repercusiones es lo que nos hace no querer torturar a nuestros compañeros seres humanos. Si nos dan poder absoluto y un cheque en blanco de nuestros superiores: pirámides de gente estilo Prisión de Abu Ghraib es lo que sigue.
Hey, si esto le pasa a un grupo de universitarios hippies de la era de Viet-Nam, seguramente puede pasarte a vos.
1°: EL EXPERIMENTO MILGRAM (1961):
Cuando ocurrió el proceso a los Nazis en los Juicios de Nuremberg, muchos de los acusados usaron como excusas ideas como “Yo no soy la mala persona”, “Hey, solo seguíamos órdenes”. El psicólogo de la universidad de Yale, Stanley Milgram quería testear la voluntad de los sujetos a la hora de obedecer a una figura de autoridad.
Para probar esto simplemente pudo, no sé, ¿preguntarle a la gente? Ah, no! Eso no es lo suficientemente horrible.
En su lugar, realizó un experimento donde a los sujetos se les dijo que iban a ser “maestros” y que su trabajo consistiría en hacerle una prueba de memoria a otro sujeto, en otra habitación. Todo era falso, y el otro sujeto era un actor.
Al sujeto se le dijo que cuando el “alumno” diera una respuesta incorrecta, debería presionar un botón que le daría a éste una descarga eléctrica. Una persona en bata de laboratorio estaba junto al sujeto para asegurarse de que administrara el shock (otra vez: el sujeto creía que daba un shock al alumno, pero no era así).
Al sujeto se le dijo que el voltaje comenzaba con 45 voltios y se incrementaría con cada respuesta incorrecta. Cada vez que pulsaba el botón, el actor al otro lado gritaba y rogaba al sujeto para que parara.
¿Querés adivinar como terminó..?
EL RESULTADO:
Muchos sujetos comenzaron a sentirse incómodos pasado cierto punto y cuestionaron la continuidad del experimento. Sin embargo, cada vez que el hombre en bata de laboratorio los alentaba para que continúen, muchos de ellos continuaban, aumentando el voltaje y dando shock tras shock mientras la “víctima” gritaba. Muchos sujetos reían nerviosamente, porque la risa es la mejor medicina cuando le mandás corriente a una persona a través del cuerpo.
Al final, el actor comenzaba a golpear la pared que lo separaba del sujeto, alegando una enfermedad cardíaca. Luego de varios shocks, no se escuchaba ningún sonido desde la habitación de la víctima, indicando que estaba muerta o inconsciente.
Si tuvieras que adivinar ¿Qué porcentaje de la gente crees que siguió administrando electricidad a partir de ese punto?
¿5 porciento?, ¿diez?
Entre un 61 y 66% de los sujetos continuaron el experimento hasta alcanzar el máximo voltaje (450V), dando descargas una y otra vez, a una víctima que estaba inconsciente o directamente muerta.
Otros estudios mostraron lo mismo: los sujetos mecánicamente harán daño a un inocente, siempre y cuando haya un vago con una bata de laboratorio que les diga que está todo bien.
La mayoría de los sujetos no se quejaban hasta que tenían que electrocutar con 300 voltios. Cero de ellos dijeron que no quería seguir con el experimento a partir de ese punto (tené en cuenta que en algunos casos, 100 voltios son suficientes para matar a un hombre).
QUE DICE ESTO SOBRE VOS:
Te gusta pensar que sos una persona librepensadora y rebelde, pero cuando la cosa se vuelve real, hay muchas posibilidades de que vos no te vas a revelar contra la figura de autoridad, por temor a que se te vuelva en contra. Y este solamente era un tipo con una bata blanca. Imaginate si tuviese un uniforme, o una placa.
Charles Sheridan y Richard King llevaron el experimento un paso mas allá, preguntándole a los sujetos si querían electrocutar un cachorrito por cada acción errónea que haga. A diferencia del experimento de Milgram, el shock era real.
Exactamente 20 de 26 sujetos llegaron hasta el voltaje máximo.
Casi el 80% . Pensá en esto cuando andes por el centro: 8 de cada 10 de esas personas que ves caminando a tu alrededor torturaría a un cachorrito si un tipo usando una bata blanca se lo pide.