AlguiennMas
Usuario (Canadá)

Para ambientar link: https://www.youtube.com/watch?v=gVt59WrvGyY Chav, chava, charva o charver, es un término peyorativo aplicado a ciertos jóvenes del Reino Unido. La imagen estereotipada de un chav corresponde al de un adolescente o joven adulto agresivo, con origen en la clase trabajadora, que viste ropas de marca y tiene estilo informal. Además, tiene por costumbre pelear y ser altanero, suele involucrarse en crímenes triviales o menores, y frecuentemente está desempleado o con un empleo de bajo salario. + VS Los chavs en Inglaterra jamás bailaron en la televisión ni hacen giras en grupo, pero tienen similitudes asombrosas con los wachiturros o los turros argentinos. La vestimenta que representa a un chav consiste en remeras a rayas de colores llamativos, gorritas a cuadros de la marca Burberry, buzos canguros de estilo rapero, joggings deportivos -que usan metidos dentro de las medias- y zapatillas blancas, siempre de marca. Estos adolescentes, en su mayoría de la clase trabajadora inglesa, se apropiaron de ciertas prendas de ropa de clase alta al punto de que algunos fabricantes trataron en vano de distanciarse del estereotipo por considerarlos vulgares. Un gran ejemplo fue cuando Burberry, en 2004, dejó de fabricar las gorritas a cuadros que los chavs habían adoptado como prenda ineludible. De noche, en barrios periféricos de ciudades como Londres (donde están los chavs ) o en Manchester (donde al mismo estereotipo lo llaman scallies ) cada vez más jóvenes se congregan en esquinas y parques en plan de pandilla marginal. Cuentan con su propio lenguaje, como los turros o wachiturros, en el que exageran los acentos regionales para diferenciarse de los otros jóvenes del mismo lugar. Los chavs se esmeran por ser diferentes aunque, tal como los wachiturros, se asemejan mucho entre sí: la misma ropa, el mismo lenguaje y las mismas costumbres que los unen como tribu urbana. Aca algunas fotos de la vagancia inglesa Al toke perro al pike enrike Las chavs embarazandose para conseguir el plan
27 TIPS PARA IDENTIFICAR CHARLATANES EN LAS REDES SOCIALES Si aún no entiendes qué es un magufo, aprende a identificarlos fácilmente en las redes sociales con esta guía práctica: 1.- Hacen afirmaciones extraordinarias citando como fuente a científicos rusos. Es bien usado también apelar a científicos ingleses. Mejor si son de la Universidad de Oxford. 2.- Creen las noticias de Russia Today. 3.- Padecen quimiofóbia, es decir, creen que los químicos (en especial los de nombres muy largos) fueron concebidos por corporaciones malignas para envenenarnos a través del aire, el agua y la comida. 4.- Usan la palabra cuántico lejos del contexto de la física. 5.- Citan como fuente de veracidad a Zecharías Sitchin, Sixto Paz, Deepak Chopra, Comandante Clomro, Erich von Däniken, Ashtar Sherán, J.J.Benítez, Jaime Maussan, Salfate, Martillo Rojo, Alberto Urquiza, Jacque Fresco, Alejandro Jodorowsky, Jaime Rodríguez, Peter Joseph, David Icke, Alex Jones, entre otros. 6.- Inventan planetas y eventos astronómicos. 7.- Usan términos como positivista o cientificista en forma peyorativa. 8.- Usan videos de youtubers loquenderos como evidencia irrefutable. 9.- Si el video no funciona, apelan a la censura de algún organismo o institución poderosa para justificar la carencia de pruebas. 10.- Creen en logias secretas que dominan el mundo y en nuevos ordenes mundiales. 11.- Creen que la sociedad yace dormida en un profundo sueño (inducido por algún poder fáctico reinante) del que solo ellos (los magufos) han sido capaces de despertar. 12.- Tienen una visión maniqueista de la sociedad. Dividen el mundo entre buenos y malos, victimas y victimarios, opresores y oprimidos. 13.- Son antisemitas 14.- Creen en el alma, la pachamama, la consciencia universal y la ley de atracción. 15.- Suelen ser primitivistas y anticientíficos. 16.- Consideran que la medicina moderna es solo un arma del imperialismo. 17.- Creen que las farmacéuticas son mafias que evitan que la cura de ciertas enfermedades vean la luz con el fin de lucrar con la vida de la población. 18.- Creen que el aceite de cannabis cura el cáncer. 19.- Tratan de evadir la crítica aludiendo a la supuesta falta de visión y amplitud mental de escépticos y científicos ortodoxos 20.- Tildan de borregos a quienes disienten con ellos. 21.- Creen que en la algún momento la humanidad fue visitada por seres de otras galaxias con el fin de enseñarles a apilar toneladas de piedra en forma de triángulos gigantes. 22.- Para ellos todo acto terrorista es una cortina de humo. 23.- Suelen ser misántropos. Consideran a la especie humana una plaga para el planeta. 24.- Siguen prácticas psuedo-médicas con nombres raros que mezclan terminología científica para sonar mas creíbles. Como curación de energía bio-psico-neuro-geomagnética-cuántica. 25.- Creen que la televisión, el fútbol y otros medios de entretenimiento son armas de distracción, cuyo fin es encubrir la realidad social mientras nos mantienen enajenados. 26.- Creen en cosas como el movimiento perpetuo y la energia infinita, y aseguran que Nikola Tesla desarrolló la energía libre pero fue victima de un complot a manos de las mafias petroleras. 27.- Carecen de comprensión lectora, no saben distinguir un hoax de información real y solo acumulan titulares y notas escandalosas con historias increíbles de abducciones, conspiraciones, curas milagrosas, gente lagartija, control de la población y naves que viajan a destruirnos desde los confines de la galaxia.

La definición de música es un proceso complicado, por eso mi latente egolatría quizás me lleve a realizar afirmaciones categóricas que son, de hecho, muy refutables. Pero no con el mecanismo de la guillotina en la mano, aquí no pretendo ser correcto y, si se me permite, trato de ser tajante. Por eso jamás consideraré músico al que toma el sendero de la electrónica; electrónica por cómo la entendemos hoy en día. En los años 60, un claustro de científicos locos inventó el nuevo paso en la evolución instrumental: el sintetizador. Aquella máquina de infinito cableado creaba sonidos inalcanzables desde cualquier otro instrumento, pero siempre con la interacción del instrumentista. El artefacto seguía utilizando el mundo físico para generar sonido a través de osciladores, filtros y maravillosa electricidad. Lamentablemente, todo el mundo quería uno, así aparecería el secuenciador y el archienemigo de la interpretación musical: el sampler. Todo sonido existente en la naturaleza debía ser grabado, procesado e introducido en uno de estos sintetizadores que, entonces, se desligaban del mundo tangible. Con presionar una tecla podías emular desde un piano hasta una flatulencia inducida por una majestuosa resaca; todo eran posibilidades y ninguna merecía la pena. Así llegamos al día de hoy, donde la electrónica se ha adueñado del pop, donde el instrumentista ha dejado de ser necesario y se ha visto sustituido por su homólogo digital. Las bases han desplazado al batería como los samplers y los secuenciadores han eliminado al músico. Sí, digo músico, porque tocar botones con sonidos grabados no es hacer música y tengo varios motivos: El “sampleo” o utilización de sonidos pregrabados es una enfermedad ya crónica de imposible eliminación; o mi pesimismo, al menos, me hace creer eso. Tocar un solo botón o una sola tecla emite decenas de notas, armonías, melodías y ritmo en una sola acción. Lo que produce sí es música, cumple las normas (más o menos), pero no se puede considerar músico al que lo ejecuta. Básicamente, se ejecuta con independencia, él da la orden y las notas comienzan a danzar solas, ¿o acaso el que gira la manivela del organillo es músico? No, vende barquillos de galleta. Si me lo pienso un par de veces, quizás hasta dude de que ese sonido autónomo pueda ser incluso denominado “música”, es decir, sonidos organizados con armonía, melodía, ritmo y una función estética. La armonía puede ser inexistente y la función estética un recuerdo de cuando la música era real. Busca la efectividad, la atención, pero carece de la complejidad que la ordenación de sonidos requiera para poder ser tratada como música. La mayoría de la música electrónica -salvo los movimientos independientes y experimentales que vivimos ahora- hace acopio de creaciones ajenas. Remixes de temas ya compuestos, samples de otros temas introducidos en sus creaciones, etc. Y por no hablar de la cantidad de plagios que existen en la música electrónica. Si es que es lógico, cuando no necesitas ser músico para hacer música, no tienes por qué saber componer. ¿Democratización o vulgarización? Todos sabemos que un músico demuestra su talento en directo, sobre las tablas de un escenario. Con la música electrónica, el término directo se desvirtúa. Tenemos a los que lo hacen bien, como The Prodigy, y quien puede tener sus aparatos desenchufados, como Justice o Disclosure, y seguir dando espectáculo. Ambas polémicas sacaron a la palestra que sus conciertos pudieran estar pregrabados, pero, ¿no es, de por sí, un género cuyas armas residen en la música ya grabada? No la generan en el instante, como un instrumento analógico. Es el culmen de la vagancia y el despropósito, simular que pinchas. Ya olía mal que David Guetta se dedicara un concierto entero a sonreír con el puño en alto sin tocar un solo botón. A grandes rasgos, el artista electrónico es un técnico de sonido envidioso por ser el centro de atención en un escenario. El mérito que tienen es igual que el de un técnico en un concierto real, solo que este debe lidiar con lo impredecible de un músico tocando instrumentos de verdad. Así que piénsalo, si pagas una entrada para ver a Skrillex o a Avicii, por ejemplo, que sepas que estás pagando por ver al técnico de sonido de un concierto que ya ha sucedido. Si hacer electronica es ser musico entonces yo haciendo ruido con las teclas mientras escribo tambien lo soy
Joseph Goebbels fué el “Ministro de propaganda e ilustración popular” de Hitler, con el tiempo su forma de comunicar desde el gobierno, se estudió mucho y Leonard Doob lo resumió en once principios. Dada la agresividad existente en políticas cuestiones, no haré comentario alguno en esta nota, solo copiaré los once principios de la comunicación nazi, quien quiera oír que oiga. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan». Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. (De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad». Otras fuentes atribuyen esta frase a Lenin, pero también Wiliam James, padre de la psicología moderna (1842-1910), dijo algo muy similar.) Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias. Principio del silencio. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.

En este post voy a enseñarte como identificar a un psicópata a través de "La lista de psicopatía de Hare" que es utilizada para diagnosticar a personas que pueden presentar los rasgos psicópatas. ¿Crées que conocés a alguien psicópata? Prestá atención a estos comportamientos: 1Tienen gran encanto. Son simpáticos y conquistadores en primera instancia. 2. Tienen una autoestima exagerada. Se creen mejor que las demás personas. 3 Necesitan sentirse constantemente estimulados. Se aburren con facilidad. 4 Mienten como si vivieran para ello . Engañan sobre todo para conseguir beneficios o justificar sus conductas. 5 Son muy manipuladores, y si lo hacen de manera inteligente nadie se da cuenta. 6 No sienten ninguna clase de remordimiento o culpa. Jamás se sienten en deuda. 7 Les falta empatía. Son indiferentes. Y hasta pueden manifestar crueldad. 8 Afectivamente son frívolos y superficiales. No presentan emociones, aunque son muy buenas simulándolo si es necesario. 9 Les gusta un estilo de vida parasitario. Es decir, le viven a las demás personas. 10 Tienden a una vida sexual promiscua con varias relaciones breves y mantenidas simultáneamente. Les gusta compartir con los demás sus proezas sexuales y conquistas. 11 Carecen de metas realistas a largo plazo. Viven sin dirección. 12 Carecen de responsabilidad y se comportan compulsivamente. NO reflexionan sobre las consecuencias de sus acciones. 13 Nunca admiten que se han equivocado. Para ellos, el problema, siempre tienen los otros. 14 Acumulan muchos matrimonios de corta duración y no se comprometen a largo plazo. 15 Tienden a delinquir durante la juventud. 16 Tienen predilección por las estafas y los delitos que requieran de la manipulación del otro. Además de todo esto, las personas psicópatas se hacen las víctimas para que las personas le tengan lástima y así poder manipularlos. Por otro lado, maltratan y humillan a las personas a las que no pueden sacarles ningún beneficio. ¿Conocés a alguien así? Alejate rapido.
Esto es lo que le ocurre al cuerpo humano cuando se expone a la explosión de una bomba atómica ¿Hasta que punto las consecuencias de una explosión atómica afectan nuestros cuerpos? ¿Es posible sobrevivir a un evento de esta magnitud? ¿Qué le ocurre a nuestros organismos si son expuestos a la explosión de una bomba atómica? Todo se resume al tipo de bomba empleada, su potencia, el radio donde nos encontremos y el rendimiento de la explosión. Factores que definen en última instancia si morimos vaporizados de forma instantánea o si más bien todo se presenta como una serie de eventos graduales que pueden ir desde semanas hasta décadas (e incluso generaciones). Todo esto lo podemos saber debido a que , lamentablemente, dos bombas atómicas fueron lanzadas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, en 1945. Los expertos ya conocen muy bien las consecuencias si esto se volviese a repetir. Estar expuesto a una explosión nuclear produce graves efectos en el ser humano. Etapas de exposición del cuerpo humano. •Etapa inicial (1-9 semanas): Es el momento donde se producen la mayor cantidad de muertes. El 90% ocurren por las lesiones y quemaduras térmicas y/o los efectos de la explosión, el restante 10% debido a la exposición letal a la ultra radiación. •Etapa Intermedia (10-12 semanas): En este período las muertes se producen por las radiación ionizante de rango medio. •Etapa tardía (13-20 semanas): Se produce una breve mejoría de salud en los supervivientes. •Período final tras las primeras 20 semanas: En esta etapa las quemaduras de los supervivientes derivan en una serie de problemas. Además, el tiempo que los sobrevivientes hayan estado expuestos a la radiación, tendrá diversas consecuencias en la salud. La radiación ionizante por encima de una dosis de alrededor de 50-100 milisieverts aumenta considerablemente la posibilidad de sufrir cáncer en algún momento a lo largo de la vida. Onda de calor. Tras la detonación se genera una bola de fuego casi de manera instantánea, se calcula que el 35% de la energía de la bomba se convertirá en energía calórica. Esta energía se expande rápidamente en forma de onda de calor o pulso térmico que barre con todo lo que se le cruza en el camino. El calor es tan extremo que todo lo infamable (personas incluidas) se vaporiza al instante. A medida que nos alejamos de la zona 0 (el lugar donde comenzó la explosión), al energía calórica decrece, y con ella los efectos en el ser humano. Mediante algunos cálculos, se puede estimar el daño provocado por este fenómeno: por ejemplo, una bomba de 20 megatones detonada a una altura de 5,4 kilómetros, incinerará toda la vida en un radio de 30 kilómetros. A los 38 kilómetros produce quemaduras de tercer grado, a 44 y 53, produce quemaduras de segundo y a de tercer grado respectivamente. Onda de Choque. Lo siguiente que ocurre durante una explosión es que se genera la onda de choque. Las consecuencias directas de esta sobre el cuerpo humano son mínimas, ya que el cuerpo humano es capaz de soportar una presión de 2 bar (unidad de presión). Pero indirectamente, las bajas serán numerosas, debido a que la mayoría de los edificios apenas pueden soportar 0,8 bar de presión antes de derrumbarse. por eso, tus probabilidades de supervivencia están muy ligadas a las del edificio donde estés al momento de la explosión. Los expertos aprovecharon Hiroshima para hacer los siguientes cálculos: •Más de 0,8 bar: 98% de probabilidades de estar muerto, 2% de estar herido. •De 0,3 a 0,8 bar: 50% de probabilidades de estar muerto, 40% herido, 10% sin grandes consecuencias. •De 0,14 a 03 bar: 5% de probabilidades de estar muerto, 45% herido, 50% sin grandes consecuencias. Igualmente todo se reduce a la distancia a la que uno se encuentre de la zona cero: por ejemplo, se calcula que una bomba de 20 megatones no dejará un edificio en pie un 20 kilómetros a la redonda. Tipos de exposición radioactiva tras la detonación. Hay dos formas de que el cuerpo sea irradiado después de una exploción nuclear: el primero es la radiación calórica, que causa quemaduras. La segunda es el fallout o lluvia radioactiva local, en este caso ceniza y polvo altamente radioactivo, caen a la atmósfera en forma de una fina lluvia que puede ingresar al cuerpo por las vías respiratorias. La tercer forma es la radiación ionizante (radiaciones penetrantes de alta frecuencia muy peligrosas y dañinas para el ser humano). Los que sobrevivan las primeras semanas se enfrentarán a graves problemas a partir de la 6 semana. Todo depende de la cantidad de radiación ionizante a la que estuvieron expuestos, esta tiene una unidad especial para medirla: el Gray. •0,1 gray: en los hombres causa la baja en el número de espermatozoides durante un año. Una dosis de 2,5 gray lo volvería estéril entre 2 y 3 años. •1-2 gray: En la mujer causaría daño temporal en los ovarios y la supresión de la menstruación durante largos períodos. •2-3 gray: pérdida de cabello. •4 gray: esterilidad permanente (en hombres y mujeres). •7 gray: pérdida de pelo en el resto del cuerpo. •10-20 gray: aparición de ampollas y úlcera. •50 gray: insuficiencia pulmonar y muerte en unos pocos meses. A largo plazo las consecuencias se siguen sintiendo: se calcula que 1 de cada 80 personas expuestas a 1 gray morirán de cáncer y 1 de cada 40 personas tendrá algún tipo del mismo.

Esta vez hago un post que en parte es un descargo ante tantas historias gringas que nos están invadiendo, Un resumen de lo ocurrido La mañana del martes 28 de septiembre de 2004 en la Escuela de Enseñanza Media Nº202 Islas Malvinas de Carmen de Patagones, un chico de 15 años llamado Rafael Solich, mejor conocido como "Junior", disparó sobre sus compañeros en el aula en la que compartían el primer año del ciclo Polimodal (secundario). La masacre se llevó a cabo a las 7:35, hora del comienzo de las clases, Solich ingresó al colegio al que concurren unos 400 estudiantes, escondiendo una pistola Browning calibre 9 mm (perteneciente a su padre, un suboficial de la Prefectura Naval Argentina), otros dos cargadores y un cuchillo de caza escondidos en un camperón militar. En el aula 1ºB, Solich se coloco en frente de la clase, tomó el arma y la descargó contra sus compañeros de aula sin mediar palabras, después de vaciar la pistola, salió al pasillo. Cargó un segundo cargador e hizo un nuevo disparo, esta vez hacia el kiosquero de la escuela a quien no alcanzó a herir. Siguió su camino por el pasillo principal de la escuela hasta que Dante Penna, uno de sus compañeros de aula, se le abalanzó y logró quitarle el arma. Luego de enteradas las autoridades, no se resistió, fue arrestado y trasladado a la ciudad portuaria de Bahía Blanca. La tragedia tuvo el triste privilegio de ser la primera masacre escolar (realizada por un solo individuo con un arma de fuego) registrada en América Latina. Como saldo del ataque fallecieron tres compañeros de aula, de entre 15 y 16 años; además de haber cinco heridos. El entonces presidente Néstor Kirchner calificó el episodio como doloroso y dispuso dos días de duelo nacional. En todas las escuelas del país se realizó una jornada de reflexión en la que se leyó una carta enviada por el Ministerio de Educación a todos los establecimientos educativos del país. Al iniciarse la causa judicial, Rafael fue confinado a un centro de internación para jóvenes delincuentes en el partido de Ensenada. Luego de ser declarado inimputable, Alicia Ramallo, la jueza que llevó el caso, se hizo cargo de su tutela y lo internó en un centro psiquiátrico juvenil en la localidad de San Miguel. Su Progenitor Rafael Solich (padre) fue condenado a 45 días de prisión por negligencia al dejar el arma al alcance de un menor. El 28 de septiembre de 2004, Rafael Juniors Solich, de 15 años, ingresó al aula de su escuela, acribilló a tres compañeros e hirió a otros cinco con el arma de su padre. Una década después reconstruyeron su relato del hecho en base a los expedientes judiciales Junior, el chico de 15 años que el 28 de septiembre de 2004 mató a tres compañeros e hirió a otros cinco, está internado en un instituto de máxima seguridad. Nadie entiende aún qué motivó el hecho. Los familiares y amigos de las víctimas mantienen vivo el recuerdo de aquel día. Tres nuevos árboles se yerguen en el patio del colegio. Cada uno tiene un nombre y un apellido concreto. Símbolos de vida para recordar las almas que aquella mañana del 28 de septiembre se derrumbaron entre las baldosas del piso de un aula. Como si la memoria no alcanzara, éstos se levantan como verdaderos estandartes para el recuerdo constante. Junto con ellos, la sangre derramada sobre los guardapolvos blancos quedará impregnada en la retina de los testigos como una huella inquebrantable de dolor e impotencia. Ya nada de lo que estaba esa mañana en el aula 1 ° B de polimodal de la Escuela Media N°2 Islas Malvinas carece de valor. Todo se ha teñido de simbolismo en la lucha por la memoria que llevan adelante los familiares y amigos de las víctimas. El aula en la que Rafael, o Junior como lo apodaban, disparó trece tiros hasta terminar con la vida de tres compañeros y herir a otros cinco, es hoy un santuario al que sólo tienen acceso los alumnos que sobrevivieron a la tragedia. “Un supuesto compañero nos arrancó la razón de la existencia”, reza un cartel en la puerta. Adentro el bullicio adolescente ha dado paso al silencio mortal. En aquella clase, que ya nunca más volverá a funcionar como tal, descansan sobre el pizarrón las fotos de las víctimas fallecidas: Evangelina Miranda, Sandra Núñez y Federico Ponce. Son las misma que se usaron en la primera marcha organizada por los familiares de los jóvenes pocas horas después del hecho. Viaje de un largo día hacia la noche “Nunca me imaginé que iba a vivir una cosa así”, era la frase que se transformaba en un murmullo ensordecedor entre los alumnos de primer año, mientras plantaban los árboles la mañana en que se cumplían seis meses de la tragedia. Es que resultaba inimaginable para la tranquila comunidad de Patagones que un joven de 15 años llegara armado con una Browing 9 milímetros al colegio y arremetiera, sin para hasta agotar el primer cargador, contra sus pares. Los peritos del caso sostienen que hubo una planificación del hecho y que los tiros fueron directamente a los cuerpos. El arma reglamentaria de su padre, suboficial en la Prefectura Naval, era la posibilidad de reivindicarse después de tantos años de sentirse discriminado por los otros chicos. “En la escuela me sentía mal, me cargaban por raro y por el grano que tengo en la nariz”, confesaría a la jueza Alicia Ramallo, horas después del suceso. La noche anterior, mientras sus padres no estaban, Junior tomó el arma homicida como el primer paso de una ceremonia que lo terminaría encerrando a él mismo. Ni en la cena ni en el desayuno pudo comer. “Sentía escalofrío”, comentaría cuando declaraba en La Plata, a donde fue trasladado a fines del año pasado. En el camino al colegio, Junior destrabó el seguro del arma. Lo que parecía un martes como cualquier otro, se transformó en un caos pasadas las 7.30. Después de izar la bandera, los alumnos se dirigieron a sus respectivas aulas. Junior dejó entrar a sus veintiocho compañeros primero. Luego ingresó él. “Hoy va a ser un gran día”, dicen que susurró y, parado al lado de su banco, comenzó a disparar. “Al principio, creí que el arma era de juguete, que hacía ruido, pero después vi la cara de pánico de todos”, explicó una vez recuperado uno de los heridos, Pablo Saldías. Según relataron algunos jóvenes, Junior solía simular con la mano que les disparaba cuando éstos se burlaban de él o me pude frenar; sentía odio contra todos”, declararía meses más tarde. Rafael vació el primer cargador y cuando fue a cambiarlo por otro; Dante, su único amigo, logró quitársela. “¿Qué hiciste?”, le preguntó. Evangelina, Federico y Sandra, ya habían caído. Pablo Saldías, Nicolás Leonardo, Rodrigo Torres, Natalia Salomón y Cintia Casasola, resultaron gravemente heridos y fueron trasladados a un hospital de Viedma, donde se recuperaron favorablemente. Junior se fue caminando por el pasillo hasta la salida donde la policía lo interceptó; no presentó resistencia. Entre sus ropas había un tercer cargador y un cuchillo de caza: armas suficientes para acabar, quizás, con el resto de sus compañeros. Ese mismo día fue trasladado a una celda de la delegación de Prefectura en Bahía Blanca. Mientras tanto, la comunidad de Patagones se hizo presente en el Estadio Trípoli para velar los restos de los adolescentes fallecidos. También asistió Dante, del cual se sospecha su participación en los hechos. ] De eso no se habla Hacía un año Junior había escrito en el pizarrón: “Todos deben morir”. El presagio fue demasiado directo para prestarle atención. En su banco, también figuraban escrituras un tanto curiosas para un adolescente de 15 años. En inglés, se atisbaba la palabra “muerte” escrita repetidas veces junto al dibujo de cruces invertidas. La música de Marilyn Manson y su forma de vestir, siempre de negro, son a lo mejor el cabo de una cuerda mucho más extensa y compleja que escapa a cualquier tipo de razonamiento lineal de causas y efectos. “Se me nubló la vista y disparé”, diría ante la jueza. Días después de la masacre, Ramallo explicó que Junior era conciente de lo que había hecho, que se arrepentía, pero que no conocía el resultado de su accionar. A pesar de su protagonismo en los hecho, no fue ni será juzgado o condenado porque es inimputable por ser menor de edad. Aquel chico que los profesores y parientes calificaban como retraído y aislado está hoy en un instituto de máxima seguridad en La Plata. Allí su identidad ha sido ocultada. Nadie sabrá qué pasó ese día por la cabeza de Junior; quizás, ni el mismo. “Es imposible volver a tener la escuela que teníamos”, reconoce la directora de la institución, Adriana Goicoechea. Sólo cinco de los veintinueve alumnos volvieron en marzo de este año a clases. Dos de ellos pidieron el pase a un nuevo colegio; otras dos fueron cambiadas de cursos y los restantes se ausentaron por el enojo de sus padres a la falta de contención. El odio y el deseo de venganza se hicieron eco en el interior de Junior cuando planeó la masacre. La jueza explicó que no hubo ningún detonante concreto del hecho. Quizás la mala relación con su padre que figura en sus declaraciones, o el sentirse totalmente distinto de sus compañeros, sean sólo una pequeña parte de entramado más profundo. Ya es tarde para echarse culpas. Tanto padres como docentes desatendieron una voz que clamaba desde el silencio. Uno de los informes psicológicos que se le hicieron señaló que el suceso se habría producido como consecuencia de una multiplicidad de factores de orden psicológico, social, familiar e individual. Un trabalenguas científico para padres y amigos que no encuentran consuelo, así como también para los padres de Junior. “La luz de la vida nunca se apaga”. Cada uno de los 365 días que han pasado desde esa mañana se enarbola con este lema. La comunidad de Carmen de Patagones se encarga de llevarlo a cada rincón de la ciudad en las marchas que se realizan para mantener viva la memoria. Las velas encendidas que vienen recorriendo las calles mes tras mes, iluminan el eterno silencio de las almas ausentes. Juguete peligroso “Algunos pensamos que era un arma de juguete y decíamos: está jodiendo”. Las primeras balas dejan marcas en el techo y las paredes. Los que reaccionan se tiran al suelo, se esconden debajo de los bancos, gritan. Nadie entiende nada. Junior deja de herir al aire y apunta a sus compañeros, como si alguien le hubiese enseñado a usar el arma – algunos dicen que fue su padre–. Gatilla. Hiere. Mata. La primera vida que queda en el aula es la de Evangelina Miranda. Todo se ilustra en el morboso recorrido de un proyectil que pasa por su corazón y termina en la pierna de Federico Ponce. Este el segundo nombre que quedará sólo en la memoria. La tercera víctima fatal ya es conocida: desobedeció, lo que bastó para que Junior le apuntase. Sandra Núñez no logra esconderse y el amigo de su ex-novio la asesina. “Escuchamos un montón de gritos, salimos del aula y vimos a dos chicas tiradas y heridas”. Natalia Salomón y Cintia Casasola tratan de escapar del aula. Lo hacen con dificultad porque están lastimadas. Los preceptores las socorren y las llevan hasta la biblioteca. Pablo Saldías corre hasta la dirección con un tiro en el hombro. Los disparos siguen: el cargador parece eterno. Nicolás Leonardo y Rodrigo Torres, se quejan y lloran. Las balas duelen, pero, en el caso de ellos, no matan. “¡¿Qué hiciste?!”. Rafael dispara hasta que se le acaba el primer cargador. Intenta cambiarlo, pero “afortunadamente” se traba. Dante se le arroja encima y logra sacarle el arma. Rafael, en estado de shock, sale caminando del aula. Parece mareado, poseído, aturdido. Llega la policía alrededor de las ocho de la mañana. Todos gritan: “¡Es él!”, y señalan al chico de remera negra. Lo atrapan. Él no se resiste. Le sacan los dos cargadores y el cuchillo, y lo llevan al destacamento de la Prefectura Naval de Ingeniero White. Nada es igual “No era yo”. La jueza Alicia Ramallo lo interroga. Le cuenta que tres de sus compañeros murieron y cinco están internados, dos de ellos graves. Junior se asombra. Cuenta las sensaciones de la noche anterior, los problemas que tiene con su familia - especialmente con su padre, lo discriminado que se siente en el colegio y el odio que experimenta por todo. Pero recuerda poco de la mañana anterior: “me arrepiento de lo que hice, fue todo muy rápido y no lo recuerdo”, solloza. La jueza lo declara no imputable por ser menor de edad. Pero tras 90 días en el destacamento, lo traslada a un instituto de menores de máxima seguridad cercano a La Plata. Allí permanecerá hasta cumplir los 21. “No quiero volver al pasado, prefiero no hablar de lo que ocurrió. Nunca volveremos a tener la escuela que teníamos”. Sólo cinco de los 29 alumnos de aquel 1ero B vuelven a clase el primer día de marzo de 2005. Dos pidieron el pase a otra institución, otros dos fueron cambiados de curso y el resto decidió ausentarse. El aula donde ocurrió la tragedia es hoy un santuario, adornada con grafitis que hacen alusión a aquel día. "Un supuesto compañero nos arrancó la razón de la existencia. Hoy por suerte estamos unidos y con fuerza para seguir adelante", dice la inscripción que está en la puerta. Los chicos tienen la llave para evitar el ingreso de “extraños” y, a veces, se juntan allí a charlar y escuchar música. "La luz de la vida nunca se apaga y con la luz de las velas la hacemos brillar". Ésta es la consigna. Los familiares de los chicos muertos y los sobrevivientes realizan una marcha los días 28 de cada mes. Caminan doce cuadras de silencio, con velas, para recordar a las víctimas y con el imposible deseo de poder revertir los hechos. "El objetivo es mantener la memoria y elaborar paulatinamente, entre todos, la recordación que realizaremos el 28 de septiembre", dice la directora, Adriana Goicoechea. Aca cuando se lo llevavan El grito de plomo Junior, el joven que asesinó a tres compañeros de clase, está encerrado en un instituto en La Plata. Sólo cinco de los 29 alumnos que presenciaron los hechos de regresaron en marzo a la escuela. Qué pasó por la mente de Junior ese día que comenzó como cualquier otro. Rafael duerme. No cenó, pero su estómago pesa. Recostado en su cama, se deja consumir por la oscuridad mientras unos intrépidos escalofríos manifiestan la relevancia de esa noche. Rafael tiembla. En sueños, su padre se acerca. Ese padre con el que, en 15 años, nunca tuvo un diálogo íntimo. Se acerca cada vez más, hasta entrar en su espacio personal. Rafael mete una mano en la campera, saca un cuchillo, y desteje la trama muscular del pecho de su padre. Sangre. Más trama deshilvanada y el hombre ya no respira. Rafael sueña. Esa mañana, 28 de septiembre de 2004, Rafael “Junior” Solich entrará en su aula de 1er. año Polimodal de la Escuela Media N.º 2, Islas Malvinas, en Carmen de Patagones, y disparará 13 veces la Browning 9 mm de su padre. Tres compañeros morirán. Otros cinco quedarán gravemente heridos. Con garganta de acero y frases de plomo, Junior se hará escuchar. El “violento” Solía discutir con su padre. Junior era puesto boca abajo con el pecho contra una silla y su papá lo golpeaba en las nalgas con el mango de un machete. Eso sucedió varias veces cuando era más chico. De esa manera comprendía el mensaje de su padre, suboficial de la Prefectura Naval. Hace unos años, un hombre de pelo estricto, bigote estricto y mirada estricta, empezó a seducirlo con su historia. Junior quedó absorto ante la autoridad de Adolfo Hitler. Tenía una revista, dos fascículos sobre el líder nazi y unas cruces esvásticas dentro de una caja. Su madre, Ester, se preocupó por el nuevo ídolo de su hijo. “Todo era alemanes”, comentaría ella luego de la masacre. Probablemente por todo eso, cuando tuvo que hacer un trabajo sobre terrorismo para la materia Derechos Humanos, eligió como tema los ataques de estudiantes a las escuelas de Estados Unidos. En esa entrega, que realizó junto con Dante y Pablo Saldías, sacó un nueve como calificación. Junior seguía consumiendo distintas manifestaciones de un mismo mal: la violencia. Salió al patio y deambuló lentamente. Su preceptora tuvo que retarlo dos veces para que formara. Ahora mira a la bandera, esa que mañana se izará a media asta. Termina la ceremonia y los 22 chicos de su curso emprenden la procesión final hasta el pabellón de fusilamiento. Gritos mudos Un día, poco antes de que la maestra llegara al curso, Junior se puso de pie y fue hasta el pizarrón. No solía hablar en público y por eso sus compañeros lo miraron expectantes. Habrá sentido todos esos ojos sobre sus hombros, fijos, como deseando alimentarse de él. Hacía mucho que no era observado. Tanteó la caja que había allí cerca, sacó una tiza y, lentamente, como confirmando con cada trazo que lo que escribía era cierto, redactó: “Todos van a morir”. Muchos se rieron, algunos se preocuparon un poco, pero no lo tomaron en serio. La preceptora entró y leyó lo que estaba escrito. Espantada, salió corriendo y avisó a la directora. No se hizo nada al respecto. Pero Junior tenía mucho que decir. Durante alguna clase algo aburrida escribió tres frases en su banco que hoy son material de investigación de los peritos: “Lo más sensato que puede hacer un hombre es suicidarse”, “si alguien conoce el sentido de la vida escríbalo aquí” y “la mentira es la base de la felicidad”. Unos años antes había intentado suicidarse desde el puente que une Carmen de Patagones con Viedma, y hacía cerca de ocho años que pedía ayuda psicológica. Todos gritos de un anónimo, consumidor de violencia, que no es oído. Todos entran en el aula. Junior, último. Se para al lado de su banco, el más cercano a la puerta. Nadie le presta más atención de la normal... Garganta prestada …hasta que empuña la Browning 9 mm que le robó anoche a su padre. Otra vez, como por obra de un encanto extraño, todos lo miran. Hace tres años planea esto, pero ahora no se trata de un plan, ni de un videojuego, ni de una canción. Ahora es real. “Está jodiendo”, aseguran algunos. El arma no son unos dedos impotentes como antes. El índice de Junior está apoyado sobre el gatillo, que cede, y despierta el vómito de fuego. La garganta de Rafael es ahora de acero, pega gritos de plomo que todos escuchan. Los primeros impactan contra las paredes. Todos los chicos se tiran al piso para cubrirse, porque hoy, las frases de Rafael Junior Solich queman a muerte. Junior orienta su arma hacia los chicos. Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez, ex novia de Dante, mueren por las insaciables balas. Cintia Casasola, Natalia Salomón, Nicolás Leonardi y Pablo Saldías quedan heridos. Llega Martín, de la clase de al lado, Rafael apoya el arma sobre el pecho, pero el cartucho está vacío. Le quedan dos, pero en ese instante, Dante le arrebata la pistola y corre hacia la Dirección. Junior sale al patio, donde es detenido por dos oficiales de la Policía que fueron llamados por el profesor Ruiz cuando escuchó los disparos. Una entrevista a Junior, 10 años despues de la masacre Hola, ¿cómo estás? Me llamo Alicia. Soy la jueza que va a trabajar con vos por lo que hiciste. ¿te sentís bien? ¿Me querés contar qué pasó? -Eh... algo me acuerdo... No, no sé, en realidad fue todo muy rápido... -¡Pero, qué barbaridad, querido! ¿Te das cuenta de lo que hiciste a tus compañeros? ¿Sos consciente de la gravedad de los hechos? -Sí, sí... bah, no sé... -¿Cómo te sentís... estás angustiado? -...Sí... –respondió, seco–. -Es terrible... ¿supongo que estarás arrepentido? -Y... sí. -Bien, Juniors, aunque no estás obligado, es importante que, si tenés ganas, nos cuentes lo que te pasó a vos. -... Cuando papá salió con mamá, me metí en la pieza y saqué la pistola y los cargadores. -¿El arma estaba cargada? -... –asintió con la cabeza–. ¿Y después, qué pasó, te fuiste a dormir así nomás? -No... no dormí nada... -¿Por qué? ¿Estabas nervioso? -...Tenía escalofríos. Estaba medio descompuesto... -¿Y qué hiciste a la mañana siguiente? -Salí a las siete, me fui caminando a la escuela. -¿Qué pensabas en el camino? -...Nada... -¿Qué hiciste cuando llegaste a la escuela? -Entré y me fui a formar en la fila para subir la bandera. -¿Le mostraste el arma a alguien? -inquirió la jueza -La pistola no... –Juniors hizo un largo silencio–. El cuchillo se lo mostré a Dante. os autores, Miguel Braillard y Pablo Morosi, trabajaron con los expedientes judiciales y realizaron entrevistas a víctimas y testigos del ataque, familiares, docentes, profesionales y funcionarios, con el objetivo de ahondar más en un episodio que provocó la muerte de Evangelina Miranda, Federico Ponce y Sandra Núñez. A cuentagotas, el joven contó que se sentó solo en el primer banco y que una vez que pasaron sus compañeros se puso de pie y caminó hasta el pizarrón. Dijo que se paró de frente al curso y extrajo el arma. Que ya estaba para disparar. Que vació el cargador. Que salió al pasillo y recargó. Que le disparó a un señor. Que no oyó voces, gritos ni ruidos. Que no era él. -¿Por qué lo hiciste? –le preguntó la jueza, pidiéndole por cuarta vez que levante la vista y la mire a los ojos–. -... -¿Estabas enojado? -Sí. -¿Con tus compañeros? -Sí –susurró–. -¿Con tu familia? -...También... -¿Por qué estabas enojado con tus compañeros? -Me molestan... siempre me molestaron, desde el Jardín... Desde séptimo grado que pensaba en hacer algo así. -¿Y cómo es que te molestan? -...Y, a veces me cargan. Dicen que soy raro... me joden porque tengo este grano en la nariz... -¿Y con tu familia? -Tuve una pesadilla: yo agarraba un cuchillo y apuñalaba a mi papá. Pero él no se moría, me preguntaba por qué lo había hecho y yo le tiraba una silla y salía corriendo. Junior hoy en dia 10 años despues, hablo un sobreviviente de la masacre En 2004, en la Escuela de Enseñanza media Nro 2 de Carmen de Patagones se vivió un hecho que marcó para siempre a la ciudad. Un alumno de 15 años, apodado "Junior", atacó a tiros a sus compañeros y mató a tres de ellos. Rodrigo Torres, uno de los heridos, que sobrevivió, habló en Periodismo para todos y contó cómo vivió el episodio. Recordó que dos compañeras le contaron, antes de entrar a la escuela, que Junior estaba con una campera verde, muy grande, que le llegaba a las rodillas. Cuando empezó el ataque, Rodrigo ya estaba en el aula. Primero pensó que se trataba de una broma. "Cuando hace el segundo disparo veo la vaina. Me di cuenta que era un arma de verdad y me tiré al piso", contó. "Me desmayé por el impacto de la bala. Cuando me desperté empiezo a vomitar mucha sangre", agregó. "Quería irme afuera de la escuela para que alguien me llevara a un hospital", contó, sobre los momentos posteriores, y comentó: "Cuando salgo lo veo a "Junior" arrodillado, se tapaba la cara y su amigo Dante lo abrazaba". Rodrigo estuvo internado y cuando se despertó su mamá le dio la triste noticia de la muerte de tres de sus amigos. El aula en la que se produjo la masacre estuvo cerrada durante un año y ahora es usada como sala de reuniones. El agresor, que era menor y por lo tanto inimputable, se fue de Carmen de Patagones junto a su familia. Ahora vive en La Plata, donde está bajo tratamiento psiquiátrico. CARMEN DE PATAGONES HOY Pasaron siete años y los sobrevivientes de aquel 1° B ya son todos mayores de edad. Muchos permanecen en el pueblo, otros emigraron. De a poco y con esfuerzo, Carmen de Patagones retomó sus hábitos, pero nadie en el pueblo desconoce la cicatriz que dejó el 28 de septiembre de 2004. Patagones quedó muy marcado. Hay un antes y un después del episodio. Es una ciudad chica, tranquila, en la que no pasa demasiado", sostiene Incaminato. No es la única. La actual directora del Instituto islas Malvinas advierte que el pueblo quedó estigmatizado. "A cada lugar donde voy, en cuanto decís: «Carmen de Patagones», lo relacionan enseguida. Me ha tocado como ciudadana común vivir esas situaciones, sin que sepan que formo parte de la escuela. Es complicado que nos conozcan por algo malo. Es una comunidad tranquila y tenemos jóvenes muy valiosos. Duele que nos recuerden por algo tan triste", confiesa Raumec. La masacre ¿puede volver a ocurrir? Además de matar a sus compañeros, las balas de Junior demostraron que estos hechos también pueden pasar en Argentina. Para prevenirlos, los expertos plantean acuerdos de convivencia en las aulas, escuelas abiertas fuera de horario y padres más atentos. Claves para detectar problemas en los chicos. Volver a leerlo hiela la sangre como la primera vez: el martes, cuando sus compañeros acababan de entrar en el aula para iniciar las clases en la escuela Islas Malvinas de Carmen de Patagones, Rafael, un pibe de 15 años a quien pocas veces se lo escuchaba, hizo hablar por él a la pistola 9 milímetros de su padre prefecto. Su furibundo ataque de locura terminó con las vidas de Sandra, Evangelina y Federico, lastimó las de otros cinco chicos y se llevó hasta su propio nombre: ahora es “Junior”. Y volvió al silencio dejando una nube espesa de angustia y preguntas. “¿Si esto puede repetirse? Sí, mientras los chicos no tengan una válvula de escape van a seguir apareciendo casos como éste. Para evitarlos deber haber una política social hacia la juventud”, sentencia lacónico el psicólogo Juan Carlos Domínguez Lostaló, coordinador del Programa Nacional de Justicia para Niños, Adolescentes y Jóvenes en Situaciones de Vulnerabilidad Sociopenal. “Cuando se producen estos casos siempre hay una fractura en las redes de contención. Por más que lo de Junior haya sido un brote, había en él un proceso de acumulación de ansiedad. ¿Por qué eligió la escuela y no fue a un shopping? Porque allí están sus pares. Mató en ellos algo que rechazaba o envidiaba.” El psiquiatra Ricardo Soriano, director de Salud Mental de la Secretaría de Salud porteña, coincide con él: “Debe haber existido alguna señal previa por parte de este chico antes de que hiciera lo que hizo. En su caso existe una psicopatología personal muy marcada, pero la tragedia pudo suceder porque en los últimos años hay una tendencia a la acción y una falla en cuanto a la contención de la impulsividad; los valores y todo lo que está ligado a la ley en el sentido amplio —lo que se puede o no hacer— no tienen el peso que tenían hace unos años, y los jóvenes terminan desconociendo los límites de su propia acción”. Para el psicoanalista Fernando Osorio, coordinador del posgrado en Psicopedagogía Clínica del Centro Dos y director de un seminario sobre violencia escolar auspiciado por UNESCO, “lo que pasó en Patagones no es un episodio de violencia escolar sino un hecho aberrante asociado a un proceso psicopatológico”. En una encuesta exclusiva para Clarín realizada esta semana por la consultora D’Alessio IROL, 34 por ciento de los consultados cree que la mejor manera de anticipar estos hechos es “hacer estudios psicológicos a los alumnos”; 16 por ciento “prohibir la tenencia de armas en las casas” y 12 por ciento “colocar detectores de armas en las escuelas”. Para Osorio, sin embargo, “los controles y detectores no hacen más que criminalizar a los jóvenes. Más bien hay que equipar a los colegios con detectores humanos de indicadores psicopatológicos.” Para el psicoanalista, estos indicadores son conductas y actitudes de los chicos que permiten advertir que “algo se está construyendo mal en su personalidad”, y destaca los siguientes: • No mantienen amistades. • Se aíslan del juego grupal. • No soportan que los adultos les pongan límites. • No toleran la norma social ni la frustración de la espera. • No logran prestar atención. • Les cuesta incorporar información. • Tienen torpeza motora. Como muchos de estos rasgos son frecuentes entre todos los adolescentes, Osorio cree que hay que prestarles especial atención cuando alguno o varios persisten durante meses. “Cuando un docente detecta esto la única intervención posible es acudir a la familia del chico, y si en ella no hay voluntad o recursos para entender y actuar sobre esto, también hay que ayudarlos”. La escuela y los docentes han quedado, una vez más, en la primera línea de fuego frente a las manifestaciones más duras de una realidad social claramente degradada en los últimos años: Para el titular del sindicato de docentes bonaerenses (SUTEBA), Roberto Baradel, “los maestros podríamos hacer mucho más con más recursos. Los equipos de orientación escolar son fundamentales, pero por ejemplo en Quilmes —donde funcionan 60 jardines de infantes— sólo hay 4. También creemos que no debería haber más de 20 alumnos por aula, cuando muchas veces son más de 40. Esto repercute en la relación que los maestros pueden llegar a establecer con ellos. Y en muchas escuelas ni siquiera se nombró a los docentes para cubrir todos los cargos que se necesitan. Si lo hicieran, harían falta unas 6.000 personas más de las que trabajan hoy. Así es muy difícil poder detectar y trabajar sobre situaciones delicadas.” La masacre de 1999 en la escuela de Columbine, en cuyas aulas dos estudiantes acribillaron a doce de sus compañeros y se suicidaron en un supuesto homenaje a Adolf Hitler —una inspiración absolutamente diferente a la que movió el dedo de Junior sobre el gatillo—, reavivó la polémica sobre cómo prevenir los ataques de alumnos armados en Estados Unidos, donde para entonces ya existían los Oficiales en Recursos Escolares: policías entrenados para “mantener la paz” en las escuelas y aconsejar a estudiantes y docentes sobre el respeto de la ley. Su presencia no logró evitar nuevas balaceras, pero información les sobra: el Centro Nacional de Seguridad Escolar, otra de las instituciones creadas para anticiparse a los francotiradores, redactó una lista con las características comunes entre los jóvenes que causaron muertes violentas en las escuelas desde 1992. Y en ella casi no falta ninguna de las que hasta ahora se conocen sobre Junior: una historia de traumas y ataques de angustia, aislamiento notable y pocos amigos, poco acompañamiento de sus padres, tendencia a echarles la culpa a los demás por los problemas que causaron ellos mismos, preferencia por las canciones y películas en las que se expresa violencia, alusiones al enojo y frustración en los trabajos que redactan en la escuela, atracción por las armas. En otro de sus documentos el Centro también desenrolla consejos para los padres, piezas clave en cualquier esquema preventivo y que muchas veces no se sienten tan involucrados como debieran. ¿Algunos de ellos? Conocer a sus hijos y sus patrones de conducta habituales, saber cómo dialogar con ellos y qué hacer cuando detectan signos de alerta, conocer la escuela en la que estudian y a sus autoridades, y hacerles entender a los chicos que si ven o escuchan algo que pudiera implicar alguna acción peligrosa (como que algún alumno mencione la posibilidad de llevar un arma a la escuela) deben decírselo a ellos o a algún docente. Pero semejante despliegue de recursos también esconde sus sorpresas. El año pasado, la pedagoga argentina Claudia Romero visitó varias escuelas secundarias de Michigan y presenció cómo funciona el modelo norteamericano para evitar nuevas masacres. “Las escuelas tradicionales me impresionaron: son enormes edificios para 3.000 alumnos, con celadores en cada pasillo, detectores de todo (de humo, de armas, de alcoholemia), baños custodiados y patrulleros en la puerta”, explica. “Pero los jóvenes ‘conflictivos’, los que tienen problemas de violencia, drogas o depresión, van a las escuelas alternativas. Yo asistí dos meses a una de ellas. ¿Qué tienen de diferente? Todo: una escala humana —200 alumnos—, sin detectores ni vigilancia (la detección es la mirada de los adultos, y se fundamenta en la protección) y un sistema de consejeros abocados a crear un ambiente de confianza entre alumnos y docentes. Entonces me pregunto: cuando el diálogo es ‘la alternativa’ y no la norma ¿cómo es posible que episodios como los de Columbine no sucedan todos los días?” Desde el martes, en Argentina también se están buscando los conjuros que permitan evitar otra matanza. Mientras las autoridades exploran medidas y los docentes abren aún más sus ojos para detectar anormalidades entre sus alumnos, varios especialistas sugieren reavivar algunas herramientas que están al alcance de la mano, como los “acuerdos de convivencia”: un compendio de normas que alumnos, docentes y autoridades de cada escuela redactan en conjunto y se comprometen a respetar como parámetros disciplinarios. La provincia de Buenos Aires decidió adoptarlos el año pasado en reemplazo de las viejas amonestaciones, pero un informe de circulación reservada detectó que el 80 por ciento de las escuelas públicas y 70 por ciento de las privadas no compuso su acuerdo de convivencia con la participación activa —y lo más importante, el compromiso— de los alumnos, a quienes en verdad se los sigue amonestando sin más discusión. Otras propuestas: la UNESCO sugiere abrir las escuelas fuera del horario de clases para hacer actividades sociales y deportivas, una idea que desde 2002 se viene aplicando con éxito en Brasil. Varios pedagogos consultados también sugieren organizar actividades grupales entre los chicos, en las cuales puedan conocerse más a fondo, intercambiar ideas y saber si alguno tuvo algún problema. Además, estos grupos pequeños permiten a los docentes observar mejor a cada chico y comprender su accionar. Los psicólogos también previenen sobre los riesgos de aceptar sin cortapisas los consejos que esta semana resonaron desde la escuela Columbine, acerca de retomar las clases cuanto antes en Carmen de Patagones: “No hay que aceptar la imposición de modelos extranjeros, que no respetan la idiosincracia local”, advierte Osorio. “Los argentinos ya sabemos cómo termina esto de ‘acá no pasó nada’. Hay que respetar el duelo, hablar”. Y escuchar: en la página www.chicos.net, los chicos de 10, 12 y 13 años dicen qué habría que hacer para evitar que no haya otro Junior. “No herir sentimientos”, “que los chicos no sean discriminados si son gordos, usan lentes o son pobres”, “trabajar en las escuelas para que los chicos no se hagan burlas todo el tiempo…” Programa "Instinto asesino; El programa de televisión "Instinto Asesino" de Discovery Channel, que cuenta con seis episodios donde se muestran los crímenes que estremecieron a América Latina en los últimos tiempos, narra los hechos ocurridos en la Masacre de Carmen de Patagones; en su tercer episodio: "Masacre Escolar", que se estrenó el 22 de marzo de 2010. link: https://www.youtube.com/watch?v=OmhrciwSS8g link: https://www.youtube.com/watch?v=EBXpvoXVK8c link: https://www.youtube.com/watch?v=33VIKQFYdf8 link: https://www.youtube.com/watch?v=y7KIf6Ucsng link: https://www.youtube.com/watch?v=JW-RTXaG1o0 Otro informe link: https://www.youtube.com/watch?v=CPIax9NhRYI
![[Nos mienten] Gemidos falsos durante el garche](https://storage.posteamelo.com/assets-adonis/assets/2016/01/30/La-verdad-sobre-los-gemidos-femeninos-TasCg9wtTgB.webp)
Somos conscientes de que estas conclusiones pueden decepcionar a más de un lector, sobre todo, aquellos que creen que esos gemidos tan “placenteros” que emiten sus parejas son el resultado directo de su inigualable pericia sexual. Bueno, en la mayoría de los casos no es así. Pero espera… no nos culpes, los responsables de estas conclusiones fueron científicos de la Universidad de Central Lancashire y de la Universidad de Leeds, en Inglaterra. ¿Un 80% de las mujeres fingen gemidos? Así que olvídate de que eres una máquina en la cama. Lo concreto es que los investigadores han descubierto que muchas de las mujeres fingen sus gemidos durante el acto sexual habitualmente. Los responsables del estudio no tuvieron tapujos al revelar que estos gemidos no son por placer, sino para hacer creer a sus parejas que han alcanzado el clímax, o para acelerar el orgasmo masculino. El estudio del que se obtuvieron estas polémicas conclusiones fue realizado a 71 mujeres heterosexuales con edades comprendidas entre los 18 y 48 años, y sexualmente activas una serie de preguntas relacionadas con el tipo de expresiones y sonidos emitidos durante el acto sexual. Los doctores Gayle Brewer y Colin Hendrie quisieron saber por qué las mujeres recurrían a estas vocalizaciones y en qué momento del acto sexual decidían emplearlas. Así las cosas, los resultados no resultaron muy halagadores para los hombres, ya que se evidenció que cuatro de cada cinco mujeres apelaban a fingir estos gemidos, por lo menos la mitad de las veces en que no podían llegar al orgasmo. Fingir para acelerar el proceso Pero esto no fue lo único que mostraron los resultados del estudio. Estos falsos gemidos y ciertas palabras de ánimo tienen como objetivo acelerar el proceso sexual, sobre todo, debido a la fatiga, el aburrimiento, o diversas molestias, pero no una expresión directa de la excitación sexual. Quizá lo más sorprendente de esta investigación, está en el hecho de que –a diferencia de lo que creen muchos hombres–, los escarceos sexuales son los que tienen la última palabra en muchos orgasmos femeninos, dejando en segundo plano el acto sexual propiamente dicho. Según estos resultados, el mundo del cine no es el único en el que las mujeres se ven obligadas a fingir orgasmos y, a juzgar por el conseguido por Meg Ryan en Cuando Harry conoció a Sally, algunas lo hacen bastante bien.
La presentación de un proyecto de ley, impulsado por la diputada kirchnerista, Mazure, que busca extender el derecho de autor sobre las fotografías de los actuales 20 años desde la publicación a 70 desde la muerte del autor. En lugar de empoderar a los trabajadores fotográficos —frente a las editoriales o los grandes medios comerciales, por ejemplo—, la reforma pone en peligro cientos de miles de fotografías históricas que pasarían con efecto retroactivo al dominio privado. Una fotografía de Gardel de los años 30 podría pasar a ser propiedad discrecional de un heredero, que decidiría en todo caso si permite reproducirla, a qué costo y con qué condiciones. Ni siquiera contempla la propuesta de Mazure excepciones que tengan en cuenta el valor de la fotografía como parte del patrimonio cultural e histórico de un pueblo. Se pretende equiparar la protección sobre las fotografías a la de composiciones musicales u obras de teatro. Pero una foto es algo muy distinto. La norma vigente, que establece la protección en 25 años desde la toma de la foto y 20 de la primera publicación, se ajusta en todo a los plazos previstos por el Convenio de Berna. Son trabajos por los que los autores han obtenido ya un rédito razonable. Extender la propiedad a 70 años tras su muerte supone que los herederos lucren a costa del derecho al acceso a la cultura. No se trata ya del autor de la foto sino de los parientes de quien disparó la cámara: incluso si desconocieran su derecho patrimonial las fotos dejarían de ser públicas. El proyecto supone privatizar fotografías hoy en el dominio público sobre toda clase de acontecimientos del siglo XX —los paisajes urbanos, el tango, los ferrocarriles, el deporte, el rock nacional, el peronismo, las dictaduras militares y la lucha de los organismos de DDHH, la Guerra de Malvinas— que dejarían de estar libremente disponibles. Wikipedia tendría que borrar prácticamente todas sus fotos de historia del siglo XX: la mera exposición sin consentimiento del nuevo derechohabiente sería un delito. No sólo Wikipedia: hasta el Archivo General de la Nación pasaría a la ilegalidad y 40 millones de argentinos quedarían sin acceso a su memoria histórica. Llamamos a los diputados y senadores de la Nación a considerar seriamente el daño que produciría la reforma propuesta. El patrimonio cultural importa más que el lucro individual.
Utilizar drogas legales se convirtió en un hábito que se extiende entre los universitarios, según reveló una reciente encuesta realizada por la revista New Scientist. El 38% reconoció haber ingerido, por lo menos una vez, algún estimulante cognitivo, mientras el 92% admitió que lo tomaría de nuevo. Como surgió esta droga Una droga no adictiva que permitía mantenerse despierto hasta 4 días sin sentirse cansado. Los estadounidenses ya la probaron en Irak. Ya se vende en Argentina. Una medicación para mantenerse despierto dos o tres días seguidos, quizás cuatro. Sin perder la atención ni sentirse cansado, sin la estimulación de las anfetaminas ni un efecto adictivo. Este es uno de los mayores sueños de los humanos, ya sean estudiantes a punto de dar finales; padres primerizos de bebés llorones; pilotos de aviación; ejecutivos adictos al trabajo; o simples mortales con deseos de vivir a full. Pues bien, esto ya no es un sueño. Esa pastilla se vende en cualquier farmacia Argentina, y amenaza con transformar el reposo nocturno en un hábito opcional. En los Estados Unidos, el fármaco modafinilo se lanzó en 1999 bajo una marca con ecos orwellianos: "Provigil". Aquí se vende bajo estricta receta como "Vigicer" desde el año 2000. La píldora sé diseñó originalmente para despabilar a quienes sufren narcolepsia, una rara enfermedad en la que los pacientes tienen sorpresivos "ataques de sueño" y se quedan dormidos en medio de una reunión de trabajo, cuando manejan o mientras almuerzan. Pero los narcolépticos son pocos (unos 30.000 en la Argentina, la mayoría sin diagnosticar) y ninguna compañía farmacéutica se resigna a fabricar una droga para nichos de mercado tan estrechos. Pero ¿qué tal si fuera útil para el 40% de la población que tiene otras formas de somnolencia diurna? ¿Qué tal si pudieran tomarla ejecutivos bajo presión, médicos de guardia, roncadores insomnes, empleados en turnos rotatorios, madres que amamantan o, simplemente, trabajadores autónomos que no pueden darse el lujo de dormir ocho horas diarias para llegar a fin de mes? El Ejército norteamericano, por lo pronto, encontró otra misión para modafinilo: lo usó como "doping" para las fuerzas que invadieron Bagdad, para que los militares estuvieran sin dormir durante días. De hecho, el laboratorio DARPA (la sofisticada agencia de investigación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos) trabaja en un proyecto para "fabricar" soldados que puedan pelear 24 horas diarias, siete días a la semana. "Eliminar la necesidad de dormir, manteniendo rendimientos físicos y cognitivos elevados, va a producir cambios fundamentales en la guerra", adelanta la agencia. Se podría agregar: cambios fundamentales en la sociedad misma, de los cuales el modafinilo podría ser una punta de lanza afilada. Un periodista publicó su propia experiencia con media pastilla (100 miligramos) de modafinilo. Joel Garreau, del prestigioso diario "The Washington Post", la tomó a las 10 de la mañana de un jueves. Después de 19 horas de vigilia, escribió: "El efecto de la pastilla para enfocar la concentración sin esfuerzo es notable. (...) El sentimiento es que a uno le regalaron tiempo, y es demasiado precioso para desaprovecharlo". Dos horas más tarde, a las 4 de la mañana del viernes, Garreau estaba jugando al videogame "FreeCell" para probar su habilidad cognitiva. "El disconfort es mucho menor al que podría haber tenido de recurrir al café para estar despierto", sentenció. El viernes a las 4 de la tarde, tras 33 horas sin pegar un ojo, señaló: "Estoy cansado de estar tanto tiempo trabajando, pero no tengo sueño. (...) Como dicen los investigadores, esta cosa no impide que uno duerma, pero controla el deseo de hacerlo". A la hora 43 se rindió finalmente a Morfeo, y ocho horas más tarde, el sábado a las 10 de la mañana, Garreau despertó reflexionando sobre los pro y las contra de volver a intentarlo. El médico Eduardo Kalina (66), profesor de Neurobiología y Farmacoterapia de la Universidad del Salvador, conoció decenas de nuevos fármacos en casi cuatro décadas como psiquiatra. Pero el modafinilo es distinto. 'Yo estoy enamorado de esta drogó', confiesa conmovido. No es sólo por su efecto sobre el sueño y la vigilia, aclara. "Optimiza la respuesta de los antidepresivos y también ayuda a dejar de fumar, sin ser un euforizanté", ensalza el presidente honorario del Capítulo de Psiquiatría Biológica de la Asociación de Psiquiatras Argentinos. El fármaco es eficaz para recrear la sensación de bienestar de quien durmió bien, y también actúa contra la resaca de los viajes, dice Kalina. "Una vez viajé con varios colegas a un congreso en San Francisco -recuerda el psiquiatra-. Llegamos al mediodía después de un vuelo de 16 horas. Nos tomamos media pastilla de modafinilo y salimos a pasear toda la tarde como si nada. A las 7 de la tarde me di una ducha y a las 9 me fui a dormir. Comprobé que el medicamento aumenta el alerta y la sensación de energía, pero no altera el sueño ni produce hipermotilidad como las anfetaminas". Kalina reconoce tomar la medicación en forma "ocasional", cuando tiene que terminar un trabajo urgente o asistir a una reunión nocturna en mitad de semana. El modafinilo tampoco tiene el potencial de adicción de la cafeína. Sentado en un bar de Palermo, Kalina revuelve un pocillo humeante y reflexiona: "Esto es lo que más usa la gente para estar despierta, pero suele ser más dificil largar el café que la cocaína". El mecanismo de acción de la droga no está esclarecido, pero se supone que actúa en forma selectiva sobre regiones cerebrales que regulan el sueño y la vigilia. A diferencia de los estimulantes clásicos, como la anfetamina, el modafmilo no desencadena una liberación neuronal masiva del transmisor dopamina. Las oleadas de dopamina producen el mismo efecto "que la espinaca en Popeye", grafica Kalina. Por eso modafmilo no causa euforia ni adicción y eso ayudó a limitar su potencial de abuso. En los Estados Unidos, las ventas del "ProvigiT' suben en forma sostenida. En el 2002 se prescribieron un 59% más de unidades que en el 2001. En el tercer trimestre del 2003, las ventas treparon un 51 % en comparación con igual período del año anterior. En la Argentina se comercializan apenas 2.500 envases mensuales (el 0,003% de todos los psicofármacos), pero "hay una tendencia al crecimiento", dice Roberto Gabach (46), director médico de Beta, el único laboratorio que vende el medicamento en la Argentina. Por supuesto, la apuesta de las compañías productoras es promover la medicación no sólo para narcolépticos (1 de cada mil argentinos) sino también para los somnolientos por otras causas, como los turnos laborales rotatorios o la apnea del sueño que afecta a una de cada diez personas. Ambas indicaciones ya tienen el aval de un panel de expertos del ente regulador de medicamentos de los Estados Unidos (FDA), el paso previo a su autorización oficial. Para la revista "Fortune", la movida podría multiplicar por cinco la facturación anual del producto. Y mucho más si el boca a boca expande el uso de la droga a quienes están agobiados por el estrés o el insomnio, o hacia aquellos que tienen la necesidad de estar más tiempo lúcidos y despiertos. Su uso para mejorar el rendimiento de estudio La mayoría de nosotros desearía poder alcanzar siempre su mayor rendimiento mental. Para ellos podríamos tomar una taza de café, para permanecer alertas, o salir a correr para sentirnos mejor. Y por eso, ¿qué tendría de malo tomar una pastilla para conseguir el mismo efecto? Las llamadas drogas para el mejoramiento cognitivo son medicamentos que se prescriben para tratar afecciones médicas, pero que también son conocidas por su efecto para mejorar la memoria y la concentración. Mucha gente las compra por Internet, aunque esto es riesgoso porque no se sabe lo que se está comprando. Tampoco se sabe casi nada sobre su efecto a largo plazo en el cerebro de la gente sana, en especial en el de los jóvenes. Pero algunos científicos creen que podrían tener un papel benéfico en la sociedad, si es que se las regula adecuadamente. En la encuesta, la gente reconoció haber tomado modafinilo, usualmente prescripto para desórdenes del sueño; metilfenidato (popularmente conocido por su nombre comercial Ritalina); y la combinación anfetamina/dexanfetamina, utilizada para el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. El rango de experiencias impacta, y para comprobar esto basta con el testimonio de un participante: "Me ayuda a aumentar mi concentración. Puedo estudiar un tópico durante seis horas, algo que en condiciones normales me hubiera aburrido hasta las lágrimas en sólo dos horas". Mientras que otro estudiante escribió: "No me ayudó en nada, pero me sentí ansioso y excitado, no me pude sentar tranquilo hasta 15 horas más tarde". Sin embargo, cuando se le preguntó sobre el potencial impacto en la sociedad, la gente mostró preocupaciones más allá del tema de la seguridad. Advirtieron que las drogas podrían crear una educación de dos niveles, en la cual algunos pudieran solventarse las drogas y otros no. Y además manifestaron preocupaciones más amplias, como que "la sociedad ha llegado a un punto en el que tenemos que tomar estimulantes para funcionar. Algo que demuestra que ésta es una sociedad que ha colocado el rendimiento por encima de la felicidad y la salud". Por su parte Laurie Pycroft, estudiante de la Universidad de Oxford, explicó su experiencia con el modafinilo. "Lo he tomado pocas veces, principalmente por su habilidad para aumentar mis horas en vela y para permitirme concentrar y estar despierto durante largos períodos de tiempo. No lo tomo muy a menudo, pero me resulta muy útil si quiero estar despierto durante 30 horas cuando trabajo en un ensayo”, aseguró la joven.