A

Apropiado

Usuario (Chile)

Primer post: 20 nov 2010Último post: 6 ago 2014
25
Posts
598
Puntos totales
87
Comentarios
C
Ciencias Bizarras | El teorema del mono infinito
Ciencia EducacionporAnónimo7/3/2013

Hola, que tal!! Apropiado dijo: --- Barra Oficial de @Apropiado, con aroma a limon --- Muchos de Uds habrán visto en un episodio de Los Simpsons (El episodio es "Ultima Salida a Springfield" en que Mr Burns le muestra a Homero una habitación donde hay mil monos con mil maquinas de escribir, que según Mr Burns "Escriben la novela más grande". En este gag, se hace una pequeña demostración del Teorema del Mono Infinito, que dice así: El teorema del mono infinito afirma que un mono pulsando teclas al azar sobre un teclado durante un periodo de tiempo infinito casi seguramente podrá escribir finalmente cualquier libro que se halle en la Biblioteca Nacional de Francia. En una nueva exposición del mismo teorema, más popular entre los angloparlantes, los monos podrían escribir las obras de William Shakespeare. En este contexto, el término casi seguramente es un término matemático con un sentido preciso y el "mono" no es en realidad un mono, sino que se trata de una metáfora de la creación de una secuencia aleatoria de letras ad infinitum. Ahora una explicación más simple: Supongamos que tenemos un mono frente a una maquina de escribir, y los ponemos a teclear al azar. Asimismo, supongamos que la primera cadena de texto es "HOLA" y que la maquina de escribir tiene 48 teclas. Como la probabilidad de teclear una tecla correctamente es de 1/48, y la probabilidad de que el mono falle al teclear solo una tecla es de X=1-(1/48), al escribir la cadena "HOLA" que son sólo 4 caracteres, las probabilidades de que escriba correctamente son 1/(48^4), y las de fallar, x = 1 - (1/(48^4)) Aca podria verse que si ponemos al mono en una situacion donde tenga que escribir una cadena infinita, las probabilidades de fallar son del 100%. Ahora, si tenemos "n" monos, las probabilidadaes de que los primeros "n" monos no escriban nuestra cadena "HOLA" en los primeros bloques de 4 caracteres es de x = (1 - (1/(48^4)))^n Si aumentamos los monos al infinito, las probabilidades de fallar tienden a Cero. y las de escribir correctamente tienden a 1 (que es lo que nos interesa.) De hecho, incluso yendo a infinito puede ser excesivo. Si el alfabeto tiene un tamaño a, entonces puede ser demostrado que la probabilidad de que una de las primeros a^n ocurra es al menos 1/2. Estonces, 20a^n intentos podrían ser suficientes para escribir el texto dado con una probailidad muy próxima a 1. El problema incluso hace paralelismo bien: k monos pueden escribir el texto k veces más rápido. Para un n pequeño no es demasiado malo. Por ejemplo, mil monos escribiendo letras al azar a un ritmo de 100 caracteres por minuto podrían probablemente escribir la palabra «HOLA» en unas seis semanas. Ignorando puntuación, espaciamiento y mayúsculas/minúsculas y asumiendo una distribución uniforme de letras, un mono tiene una probabilidad entre 26 de escribir correctamente la primera letra de Hamlet. La probabilidad de que escriba bien las dos primeras letras es 1 entre 676 (26 veces 26). Cuando 20 letras hayan sido escritas, las probabilidades de que hayan sido las correctas se reducen a una entre 26^20=19.928.148.895.209.409.152.340.197.376, aproximadamente la misma probabilidad de que a una misma persona le toquen 4 loterías consecutivas. En caso del texto completo de Hamlet, la probabilidad es tan abismalmente pequeña que difícilmente puede ser concebida en términos humanos. El texto de Hamlet, eliminando cualquier puntuación, contiene unas 130.000 letras. El mero hecho de que exista una oportunidad, sin embargo, es la clave del teorema de los infinitos monos, dado que la ley Cero-Uno de Kolmogórov dice que dada una serie infinita de sucesos independientes debe tener una probabilidad de 0 o 1. Dado que hemos demostrado arriba que la probabilidad no es 0, debe ser entonces 1. Apropiado dijo: --- Barra Oficial de @Apropiado, con aroma a limon --- En 2003, científicos en Paignton Zoo y la Universidad de Plymouth, en Devon, Inglaterra, reportaron que dejaron un teclado de computadora en la jaula de seis macacos durante un mes. No sólo los monos no hicieron más que producir cinco páginas consistentes en una larga serie de la letra S, sino que comenzaron a atacar el teclado con una piedra y siguieron orinando y defecando sobre él. Apropiado dijo: --- Barra Oficial de @Apropiado, con aroma a limon --- Este teorema es una demostracion de que algo que si en el corto plazo no es posible, en el infinito plazo, sí lo es, aunque suene increíble. Bueno esto ha sido todo por hoy, espero les haya gustado mi post. Recuerden Spammearlo, digo, recomendarlo a sus seguidores Nos vemos!

63
0
La Aplicacion Mas Extraña del Triángulo de Pascal
La Aplicacion Mas Extraña del Triángulo de Pascal
Ciencia EducacionporAnónimo3/27/2013

Apropiado dijo:NOTA: Esta es solo una aplicación extra del Triángulo de Pascal, no es ningún método especial de desarrollo de potencias o de otro tipo de asunto. Por favor ahórrese comentarios tipo "Che, lo saco con la calculadora y listo". Hola! Estaba jodiendo con el triangulo de pascal y encontré este seudo-hallazgo que quise compartirlo con ustedes. pero primero hay que saber qué diantres es un triángulo de pascal. WIKI= En matemática, el triángulo de Pascal es una representación de los coeficientes binomiales ordenados en forma triangular. Es llamado así en honor al matemático francés Blaise Pascal, quien introdujo esta notación en 1654, en su Traité du triangle arithmétique. Si bien las propiedades y aplicaciones del triángulo fueron conocidas con anterioridad al tratado de Pascal por matemáticos indios, chinos o persas, fue Pascal quien desarrolló muchas de sus aplicaciones y el primero en organizar la información de manera conjunta. Ahora la aplicación (Sólo es válida para la potencia de base 11): Y la explicación. Suponemos que tenemos un triángulo regular T, cuyo nivel T0 es la cúspide, o el primer " 1 ", un T1 = " 1 1 ", un T2 = " 1 2 1 " y así sucesivamente hasta un TK que posee (K+1) dígitos en horizontal. ahora usaremos la aplicación absurda a un nivel sencillo: Sabemos que 11^2= 121, y que T2 = " 1 2 1 ". ¿Cómo los relacionamos? sabemos que el K=2 así que: (Acotación: Exp (x) = 10^x ) 1 Exp (K) + 2 Exp (K-1) + 1 Exp (0) = = 1 Exp 2 + 2 Exp 1 + 1 Exp 1 = 100 + 20 + 1 = 121 = ¡¡¡ 11^2 !!! Ahora lo expresamos como un seudoteorema: 11^K = 1 Exp (K) + K Exp (K-1) + ... + K Exp (1) + 1. Y lo comprobamos con un K=8. En el triangulo de pascal, T8= { 1 8 28 56 70 56 28 8 1 } y desarrollamos= 1 Exp 8 + 8 Exp 7 + 28 Exp 6 + 56 Exp 5 + 70 Exp 4 + 56 Exp 3 + 28 Exp 2 + 8 Exp 1 + 1 = 100000000+80000000+28000000+5600000+700000+56000+2800+80+1 = 214.358.881 = 11^8 !! Pueden seguir intentando con un K de distinto tamaño, y siempre les dara 11^K. Genial, no? --- Barra separadora barata --- Bueno eso es todo por hoy, nos vemos!!

68
15
Generador Eléctrico Casero
Generador Eléctrico Casero
Hazlo Tu MismoporAnónimo11/20/2010

Lo que necesitamos para armar un generador eléctrico casero es: - 3 motores electricos de 6V, con un eje dentado para cada uno (de autos de juguete) - 1 disco engranado (para ubicar los motores) - cable de cobre (pueden sacarlo de un cable IDE viejo) - un Parlante de 5W - 4Ohm (el que use yo, tambien sirve un Headset o algo para probar electricidad, como un multitester o un LED) - 2 tablas 10 x 10 (una que sea base y otra para ubicar el disco) o del tamaño que Ud. estime conveniente - clavos y cainta aislante A Armar! -Clavamos las tablas en forma de "T" (uno sobre la mitad del otro) -Hacemos un hoyo con un clavo en el centro exacto del tablón que quedo mas largo (perpendicular a la base) -Insertamos el disco engranado (podemos pegarle una manivela con Agorex 60 en un extremo) y volvemos a clavar el clavo en el agujero. -colocamos los motores eléctricos en el siguiente orden, en que los ejes dentados toquen con el disco engranado: Motor 1: Partidor / Motor 2: Sub-alimentador / Motor 3: Post generador - con los cables (extraídos de un IDE, o cualquier otro cable), hacemos la siguiente conexión: cables + y - del partidor al sub-alimentador; y del Post generador al parlante. echemos andar la maquina: - echemos andar el disco a través de la manivela (La pegaron, no?): el movimiento generado por la manivela produce electricidad en el motor 1, este le transfiere la electricidad a través de los cables al motor 2, generando el movimiento del disco, cerrando el circuito. pero el movimiento del disco influye sobre el motor 3, produciendo energía excedente, la cual depositaremos sobre el parlante (Ruido blanco generado por la interferencia) MAQUINA LISTA!!! Si falla el experimento, comente, tratare de hacerle alguna solucion.

0
0
Miren mi muerte! (Parte 8)
Miren mi muerte! (Parte 8)
OfftopicporAnónimo9/4/2011

Esta es una Mini-novela que se llama "Miren Mi muerte!". Ésta es la octava parte. si no ha leído las otras partes, hágalo. MIREN MI MUERTE! PARTE 1 MIREN MI MUERTE! PARTE 2 MIREN MI MUERTE! PARTE 3 MIREN MI MUERTE! PARTE 4 MIREN MI MUERTE! PARTE 5 MIREN MI MUERTE! PARTE 6 MIREN MI MUERTE! PARTE 7 Me he dado cuenta que mis días aquí están empezando a llegar a su fin. No he dormido bien en mucho tiempo. La ciudad parece caerse a pedazos. Me veo en el espejo: estoy demacrado. He empezado a embriagarme con cuanta botella con alcohol encuentre, incluso con enjuague bucal. Aún pienso en la última vez que hablé con Paz. Fue una situación tan extraña e incomprensible. La sentí más lejana que antes. Algo le pasó. Camino entre los vestigios de lo que alguna vez fue un hospital (Como hace un poco más de 8 años): hoy, mi casa. En la sala de Rayos X hay un saco con arroz y unas cajas con conservas de vaya a saber qué. Miro las puertas de los pasillos y los boxes: Dr. Gutiérrez, Dr. Pinoargote, Dra. Núñez. Como si ellos estuvieran del otro lado de las puertas, esperando. Daría lo que fuera por que una de esas puertas dijera “Paz” y que ella estuviera del otro lado, radiante, esperando mi encuentro, nuestro encuentro. Soñar es gratis. Salgo al patio del hospital. El Puma no se ha aparecido en muchos días. La última vez que lo vi, traía en su boca dos conejos. Esa noche comimos como endemoniados, como si nuestras vidas terminaran esa noche. De ahí en más no he sabido nada de él. Vaya a saber qué estará haciendo. Miro los frascos de pintura desparramados en un rincón de la pared. Las brochas secas en el piso, la pared a medio pintar. Salgo del patio del hospital confundido. Necesito salir de ahí. Camino por Centenario. Las vitrinas que no he saqueado. Un set de pintura en una vitrina. Un cuadro de un atardecer con unos pájaros. Pienso: ¿Cómo sabrá la gente que yo estuve aquí? ¿Cómo sabrá Paz que yo estuve aquí? ¿Cómo dejo mi huella? ¿Cómo le explico que la quise con el alma? Rompo un vidrio. Entro a la tienda. Saco los frascos de pintura, los pinceles. Salgo de ahí, rumbo al hospital. Es hora de dejar mi legado. Estoy en mi dormitorio. Pinto sobre la pared. El ruido del mar a lo lejos, el sol reflejándose sobre el piso, dando un toque extraño y místico al momento. Empiezo a ver lo que aparentemente estoy pintando: soy yo, sentado en un banquillo, mirando hacia el frente. Me veo afeitado, más relleno, más cuerdo. Atrás mío (en la pintura) cuelga un cuadro, en el cuadro sale Paz, con la misma cara radiante con la que sale en el cuadro de la casa verde. Anoto una acotación sobre el cuadro. Voy hacia otra pared: empiezo a escribir mi testamento, lo que no he podido decir. Salgo de ahí. Mal. Han pasado los días, y he escrito muchas cosas en las paredes de la ciudad: cosas simples y banales como “¿Cómo te llamas?” o tan complejas como “f(x)=a(Log x)+b” He estado mal. No he comido. A veces abro una lata y vierto el contenido sobre la calle. No me he sentido bien. Voy a la casa verde. Entro, tomo el teléfono, lo pongo sobre una mesa, me siento en un sillón, espero. Y espero, y espero, y espero, y lloro, y me siento mal, y pasa un día, y pasa otro, y sigo ahí, sentado, impaciente, y siguen pasando los días, y me muero de a poco. Hasta que me levanto, tomo el teléfono, y marco el botón que dice “celular Paz”, como hace 8 años. Suena el teléfono, contesta: - ¿José? -Ah, ahí estás. Eso. Cuelgo. No sé qué decir, qué pensar, no sé qué sentir ahora. Tal vez me di cuenta que estoy ad portas de mi fin. Tal vez ni ella ni yo queremos ver mi muerte. Tal vez no queremos sufrir. Los días, semanas y meses pasan… Llegó el día maldito. Lo presiento. Me levanto de mi cama, antes de amanecer. Bajo por las escaleras del hospital-casa por última vez. Presiento que es la última. Salgo del hospital. Voy al centro. A limpiar mi alma antes de lo inevitable. Camino por Blanco Encalada. El aire esta muy frío. Me empiezo a despedir de las cosas con las que he vivido estos 10 años. Esta soledad se acaba hoy, aparentemente. Llego a Centenario. Todo está congelado (Literalmente). Entro a la iglesia que entré hace años atrás. Me siento en la última fila. Miro al crucificado: - Hola, soy yo, José. Ambos sabíamos que este día llegaría, ¿no? Nunca había sentido tanto miedo. Traté de ser una buena persona, traté de ser feliz, me enamoré, pero no sé qué hice mal y fui condenado acá. Nunca pude amar a Paz. Siempre le daba vueltas y divagaba y ella pensaba que yo estaba loco o algo así, y se alejó de mí. Y cuando se lo dije sin rodeos, ya era muy tarde. Si algo hice mal, estoy muy arrepentido. Sólo algo quiero pedirte: Quiero pedirte sólo una cosa: Quiero que Paz sea feliz. Eso. Adiós, y gracias por escucharme. Salgo de la Iglesia. No hay nada más que hacer ahí. Estoy en el patio de mi casa donde vivía antes de la explosión. Hago un hoyo. No sé por qué lo hago. El cielo está medio gris. Toco con la pala una pieza de madera enterrada. La saco. Es un tubo. Lo abro, hay un papel adentro. Es el papel que hace mas de 10 años me dio Miriam. Está inteligible. Los hongos no dejan leer nada. Lo limpio y guardo en un bolsillo. Salgo de ahí, rumbo a mi última parada: La casa verde. Llego a la casa verde. Entro, como siempre. Tomo el teléfono, marco el botón “Celular Paz”. Suena. Contesta: - ¿Aló? - ¿Paz? - Sí, ¿Qué desea? - Soy yo, José. Llegó mi hora. - ¿Qué te harán? - Me ejecutarán. - ¡No puede ser! - Es mi destino, Paz. Si te hice sentir mal en algún momento, o te enojaste por mi culpa, te pido perdón. - ¿Aún me quieres? Suena un tiro a lo lejos. La llamada se corta. Salgo de la casa verde, rumbo al hospital. Suena a lo lejos un camión, y alguien gritando: - ¡José, llegó tu hora! El camión se acerca a mí. Se detiene. Dos personas se bajan, me apuntan con pistolas, me esposan y me suben al camión. Miro hacia atrás, veo esta ciudad por última vez: el Hospital-casa, la casa verde, 21 de Mayo, los edificios, el puerto, el centro. El Puma yace sobre la calle, muerto. - ¿Qué mierda le hicieron al Puma? – Grito. - Era una amenaza – me responde un sujeto. - ¡Era mi amigo! Lloro como si no hubiera llorado en siglos, como si la pena de estar encerrado en esta ciudad hubiera estallado. Miro lo que queda de esta ciudad que tiene un olor raro, pero conocido. Al fin esta ciudad huele a Paz. Voy rumbo a mi muerte… ULTIMA PARTE!!!!

20
3
"
"Soy Malo" (Parte 2)
OfftopicporAnónimo11/15/2011

Hola! Les Traigo La 2º Parte de "Soy malo", es algo burda. Disfrútenla.Si No Leyó la anterior... Clic Aca!Nota: Dejo los comentarios abiertos, pero que sean comentarios coherentes. Los Testigos de Jehová llaman a la puerta. Estoy en Pijama, medio adormecido. Es un sábado en la mañana. La quietud del momento es rota por la voz de la señora (Y su contingente) que espera afuera, como si tuviera visión de rayos X y supiera que estoy en el baño, mirándome al espejo, medio confundido. Voy afuera, a calarme cerca de 10 minutos de sermones y todas esas chucherías que te dicen mas esos papelitos medios agringados donde muestran a una familia “Virtualmente” ideal pero en la practica sería un fiasco absoluto, y nadie se atreve a decirlo. Bueno, yo sí, porque soy malo.Salgo con la cara más desagradable que pude haber tenido (O Hecho). Miro a la señora. Me es familiar, muy familiar… Eso! Es la mamá de mi ex novia. A lo lejos (En la esquina de la calle de enfrente, más preciso) está mi ex novia. Emitiendo esos nervios que la carcomen por dentro… Da igual ahora.- Buenos días, quisiera hablarle sobre…- Dice la señora, con un gesto de amabilidad forzada.- ¡Buenas! – Le digo, medio enojado, medio irónico, medio capcioso. Como siempre. – Quisiera hablarle primero a usted sobre la importancia de vacunarse, de hacerse el Test de ELISA y sobre donar sangre.- No viene al caso. – me responde. - De hecho, sí viene, y bastante. – Respondo suspicaz, ácido, critico. – Dentro de 15 minutos iré a la Cruz Roja a Donar Sangre. Si Usted, y su familia van conmigo, y donan sangre, dejaré que me digan lo que quieran cuando quieran, y fingiré que me trago esta farsa impresa sobre la perfección y todo eso. Si no lo hace, No se atreva ni Usted, ni su familia, a poner un pelo en esta calle, menos a venderles esta pelotudez (Mientras sostengo una de esas hojas que le pasan), porque en esta calle no somos idiotas, y no pretendo lavarle el cerebro a mis hijos, ni cortaré su felicidad de golpe por seguir unos ideales, dejaré que mis hijos amen y sean libres, no les daré edad mínima para conocer lo que personas como usted me alejaron de mí. ¿Entiende?La señora y su tropel se alejan silentes, rápidos, medios confundidos. Mi Ex novia y su madre se juntan, miran hacia atrás (hacia mí, precisamente) con un gesto de odio, de rencor. Yo les ofrezco una sonrisa sarcástica. Cierro la puerta.- Y piensas ir a donar sangre? Que yo sepa hoy no abre la Cruz Roja ni el banco de Sangre. – me dice Valentina, con un café en la mano, sentada en el sofá.- Odio las agujas. – respondo. - Y que fue todo eso, entonces? – pregunta.- Un problema Resuelto. Se llama Valentina, e irónicamente, es un ángel (En sentido figurado). Me ha mantenido a raya estas semanas, pese a que es poco el tiempo que pasamos juntos. Muy poco (1 o 2 días a la semana), pero un buen tiempo de calidad. Si no fuera por ella, quién sabe que cosa “malvada” estaría yo planeando (Me imagino a mí como un científico loco tratando de conquistar el mundo, secuestrándola a ella, y todas esas parafernalias). Su dulzura, su carisma, su paz, me encantan. - “Y eres tan buena para un tipo como yo” – le digo mientras limpiamos el desorden que hay en nuestro dormitorio. - “Mis manos blancas te hacen alucinar” – me responde.- También te sabes esa canción de Joe Vasconsellos. - Obviamente. – Me responde Valentina, mientras me tira una almohada. Le devuelvo la Almohada, me la vuelve a tirar, y entro en su juego, y me dejo seducir por su dulzura incomparable, y se nos pasa la mañana recostados en el desorden, besándonos.- Debo ir al centro, a resolver algunos asuntos. – le digo.- No vayas, por favor… - me responde.- Tengo que ir, me necesitan.- ¿Un sábado?- La maldad no tiene horario de oficina, de lunes a viernes de 8 a 4. - Pero yo te quiero las 24 horas del día también. - Yo también… no entremos en esa dinámica, que soy malo para eso y ganas.Salgo de la casa. Ella me mira por la ventana. Me lanza un beso. Lo recibo (Supongo). Me alejo de mi hogar, de mi tranquilidad, por un rato. A ser malo ahora. Los autos pasan furiosos por el centro. Cruzo por la calle. Un taxi no se detiene, por poco me atropella. El conductor se baja a insultarme.- Que Acaso no me viste, pelotudo de la grandísima…- Primero que nada – lo interrumpo – hay un paso peatonal señalizado en el piso, y en un poste que dice “Alto/Pare”. Segundo: Si alguien le pidió a usted que me atropellara, dígale que se ensucie sus propias manos y que venga a matarme porque es de poco caballeros, o damas, mandar a matar a alguien de esa forma, ¿Comprende?- La que te parió! – Grita el taxista, sacando una cuchilla. Lo detengo, Lo golpeo en el estómago, le quito la cuchilla y la tiro por sobre una muralla. Luego le doy una tanda de golpes de puño, hasta que me aburro. El taxista se sube malherido al taxi, y arranca a toda velocidad. Yo quedo de pie en medio de la calle, medio tenso y relajado a la vez. Se me olvido a qué diablos venía al centro. Me voy a la taberna.Entro a la taberna, pido una cerveza. Todos me miran raro, tal vez porque tengo los puños ensangrentados. El barman me pregunta:- Quieres hielo o limpiarte las heridas?- No, gracias, estoy bien. Un sujeto (Ebrio hasta la tapa) sale del baño, me mira y grita:- Uy, el novato tuvo su primer round! A ver si resiste otra ronda!No le presto atención. El Ebrio vuelve a importunar:- Oye, tú, te estoy hablando, malnacido, Te voy a matar!Lo miro de reojo, veo en sus ojos: Lo mandaron. - Que quieres? - pregunto- Eres un puto y te voy a matar! – responde el borracho y saca una pistola. El barman me mira y se agacha, tras la barra.- No quiero ser malo contigo, pero baja esa arma. Ahora.No hay reacción.- Baja esa arma, ahora!- Hazlo tú!Tomo una silla y lo golpeo en la cabeza, luego pateo el arma hacia un rincón, y le digo al borracho:- Escúchame, huevón: Dile a tu jefa que si sigue hinchando las pelotas, me puedo poner peor, me entiendes?Me acerco a la barra, pago la cerveza y la silla que rompí, salgo de ese antro.Llego a casa, es tarde, y la luz de la luminaria pública de fundió. Abro la puerta. Está Valentina en el sofá, con un té en la mano. Me ve, se acerca a mí, y me abraza.- Qué te paso, por Dios?- Algunos asuntillos que tuve que resolver por ahí. - Y los resolviste a golpes? Pudiste morir! – me dice.- Es un día muy duro como para morir. – Le digo.Subimos a nuestro dormitorio, apago las luces, nos dormimos.“Un Día duro para morir” Pienso.LA PARTE 3!!!

40
8
Mi experiencia del 27-F
Mi experiencia del 27-F
OfftopicporAnónimo2/27/2012

Hola a todos y gracias por visitar mi post. Como ya saben, hoy se cumplen 2 años desde el Terremoto del 27-2-2010 que azotó el centro-sur de Chile y alrededores. Debido al sismo y posterior Tsunami varias ciudades y localidades tanto de la costa chilena como de los interiores quedaron devastados, así como el territorio insular de Juan Fernandez. Ahora, las palabras técnicas de todo esto: wikipedia dijo:El terremoto de Chile de 2010 fue un sismo ocurrido a las 03:34:14 hora local (UTC-3), del sábado 27 de febrero de 2010, que alcanzó una magnitud de 8,8 MW. El epicentro se ubicó en el Mar chileno, frente a las localidades de Curanipe y Cobquecura, cerca de 150 kilómetros al noroeste de Concepción y a 63 kilómetros al suroeste de Cauquenes, y a 30,1 kilómetros de profundidad bajo la corteza terrestre. El sismo, tuvo una duración de 3 minutos 25 segundos, al menos en Santiago. Fue percibido en gran parte del Cono Sur con diversas intensidades, en lugares como Buenos Aires y São Paulo por el oriente. Lo que Vivi/Vivimos A Las horas posteriores al sismo, cundía el pánico. La gente decía que se iba a salir el mar como nunca (Al estilo Impacto Profundo), que vendría algo mucho más fuerte, etc. etc. etc. Se fue la luz, el agua y la señal de celular. Irónicamente, la linea fija de teléfono se mantuvo operativa incluso durante el sismo, y vino a colapsar al amanecer por sobrecarga. En mi ciudad decian que un edificio (Terminado 3 meses antes) se estaba hundiendo, que el puerto (Vivo en la costa) se partió en dos, que los tanques con acidos habian explotado y que en la costanera habían lanchas pesqueras varadas. Eran puras mentiras. A eso de las 7 de la mañana logré sintonizar, mediante un Personal Stereo, la radio local, que intentaba canalizar la poca información que había. de lo poco que se sabia era que el epicentro era en el sur, que un edificio se vino abajo, y que un maremoto arrasó el sur. en cuanto a lo local, un puente colapsó, el mar se salió arrasando un camping cerca de la playa, y que un block de edificios completo se estaba viniendo abajo. Ese block estaba a 3 cuadras de mi casa. En el transcurso del día intentamos ordenar todo el desastre que quedo en las casas: Botellas reventadas en el piso, vasos rotos, muebles corridos, etc. A La tarde del día 27, me tocó ir a el block a medio caerse. ver a la misma gente que 8 años antes llegaba feliz a sus nuevos hogares, salir llorando de rabia y de pena desde sus departamentos a medio venirse abajo. Entre al mismo que habia entrado 8 años antes cuando era un pibe de 8 años. Aun pienso acerca de aquello, y me digo "Estuve en el principio y en el fin de la historia de estos edificios. los vi llenarse de gente, y los vi caer." Es Estremecedor. Pasaron los días entre replicas, mas replicas, y otras cosas que no te dejaban estar en pie, algo así como super replicas: Haciendo cola para el Agua, el pan, los abarrotes y otras cosas más. Por la radio se organizaban camiones aljibes para repartir agua a algunos sectores de la ciudad, mientras en el hospital reubicaban a los enfermos y heridos. Todos dormiamos poco, y con miedo. todos los chiches electricos estaban desenchufados. Y llegó el 3 de marzo, una fecha importante para mi ciudad: Se cumplian 25 años de otro terremoto, el de 1985, que echo abajo casi toda la ciudad. mi rutina empezaba a las 8 de la mañana, encendiendo la radio y alternando pilas para que rindieran un poco más, las que no estaban siendo usadas las ponia al sol para que se cargaran (No se si eso sea cierto, pero lo hice igual), despues iba a buscar agua a una noria cercana (16 cuadras) a mi casa. luego se hacia el aseo regular, almorzábamos y quedaba la tarde libre. En esa tarde volvió la luz a la ciudad, prendí la tele y vimos todos lo que estaba pasando en el sur: Ciudades arrasadas por completo, lanchas en medio de la calle, Caos en las ciudades, Toque de queda, militares en medio de la devastacion. habia quedado la grande. Ya posterior a eso, en mi ciudad se volvio a la aparente normalidad, interurmpida por las replicas. para el 15 de Marzo, todo volvia a la normalidad, pese a que en el sur seguia el estado de catástrofe. Bueno, tras esta fatídica experiencia, uno saca conclusiones, algunas muy ciertas y otras un tanto absurdas. - En Caso de catastrofe, siga a su instinto: El SHOA y la ONEMI fallaron. y esa falla costó vidas. en la costa se sabe de terremotos y si algo es muy fuerte, a correr a los cerros se ha dicho. - Un chiche viejo puede salvar tu vida: Bueno, no tan así. unos meses antes habia comprado un Personal Stereo por CLP 600 (Un poco más de un dolar). Mis papas pensaron en su momento "Compraste otro bulto más." Hasta el día de hoy me agradecen esa compra loca. (Aún no entiendo porque diablos compre eso ) Pero esto es lo más impresionante que me tocó ver y vivir: por la tele (Una vez que volvio la luz) el gobierno daba tres dias de duelo nacional, por lo que se podia poner bandera a media asta. nadie le hizo caso al gobierno y todos (me incluyo) pusimos las banderas en lo alto. en los informes que salian por la TV desde las zonas afectadas algunas paredes a medio caerse tenian rayados como "Familia González Rojo - Remodelando para Ud" "Alejandro Q. - Voy y vuelvo". Pese a la gravedad de la tragedia, la gente empezó a auto-arengarse para salir adelante, para reconstruirse, como bien decía Don Francisco en 1985 "Aqui estamos, no nos vamos a rendir!!" Como persona, y como chileno, y a nombre de todo un pais, le doy las gracias a los extranjeros que nos ayudaron a sobrellevar la tragedia y que aportaron para la reconstruccion, que avanza un tanto lento, pero avanza. Estamos eternamente agradecidos de su ayuda y su cooperación. Bueno, eso es todo (segun recuerdo ) Sin más que decirles, me despido, Adiós!

5
4
Carta a los ejecutivos de los canales de televisión (Propio
Carta a los ejecutivos de los canales de televisión (Propio
OfftopicporAnónimo6/5/2012

Hola que tal!!! Bueno, esto lo escribí hace poco, y es un análisis a la realidad actual de la televisión, no sólo en Chile, sino en muchos países más. No se que más decir asi que disfrútenlo. Primero que nada, quisiera darle las gracias a los canales de televisión, representados a través de ustedes, por haberme hecho crecer como persona. No es que su parrilla programática tenga la calidad suficiente para fomentar el pensamiento autocrítico y el autoconocimiento el cual conllevan a una mejor comprensión de uno mismo como persona; sino que la calidad de sus parrillas programáticas ha caído de forma tal que ya no le encuentro necesidad alguna, por lo tanto desde hace ya cerca de cuatro meses que no veo televisión, dedicando este tiempo libre al estudio y al autoconocimiento. Hasta hace un año yo era un televidente compulsivo, me sabía de memoria las programaciones de los canales, e incluso, el tiempo aproximado de cada pausa comercial. Distinguía entre los programas que valía la pena ver, y los que eran un mero relleno. Mientras la tele estuviera encendida, captaba toda mi atención, dependiendo del programa, y me molestaba el hecho que me interrumpieran mientras veía televisión. En pocas palabras, me volví un esclavo de la pantalla chica. Pero de una u otra forma, hubo algo que me cambió personalmente. No sé qué me marcó en particular, pero empecé a ver el mundo de otra forma, con otro punto de vista. Todo cambió de parecer a partir de ese suceso, el cual, reitero, aún no puedo especificar. Y la televisión no estuvo exenta de cambios. Descubrí que la televisión dejó de ser un medio informativo, de esparcimiento y educativo, y se convirtió en un ente bizarro, donde no se educa, no se informa, no se entretiene. Simplemente se convirtió en una especie de zoológico donde muchos harían cualquier cosa con tal de acaparar pantallas, a costo de su propia reputación; Los noticieros dejaron de ser objetivos y se basan en lo que un grupo de sujetos seudo-influyentes a través de una PC, o de un iPad, o de lo que sea, dicen a través de Twitter, Tumblr, o cualquier red social/blog; Se convirtió en un medio donde periodistas titulados (lamentablemente) tienden a menoscabar la vida privada de otras personas, con tal de que éstas acaparen pantallas. Y así se nos pueden ir muchas horas de nuestras vidas viendo cosas de este tipo. No me interesa si una modelo (o lo que sea) sale o tiene relaciones con un futbolista de la A o de la B, si se pelea con otra “modelo” porque la miró feo, o por cualquier razón absurda. No me interesa si en Twitter un sujeto que se cree rey del mundo me venga a decir dónde comer, qué aparatos usar, con quién juntarme, qué gustos tener, a quién odiar, y que si no sigo sus métodos, soy un inadaptado. No me interesa el hecho que se gasten horas y horas a ver como gente “encerrada” sobrevive. Esa televisión no me interesa en lo más mínimo. Desde ese entonces, dejé de ver televisión. Hoy, Mi televisor pasó a ser un objeto decorativo más de mi pieza, perdió su lugar de culto y su función, ya no hay necesidad de encenderla, y no la habrá hasta que nos demos cuenta, como en sus inicios, que la televisión es un medio para informar objetivamente, para entretener (de modo tal de no menoscabar ni inmiscuirse en la privacidad de terceros) y educar (esto es posible, sólo se debe hallar la fórmula apropiada). Mientras tanto, seguiré en mi búsqueda del yo interno, del autoconocimiento y el equilibrio mental. Con la tele apagada, por supuesto. De momento es todo, nos vemos en otra oportunidad

11
1
M
Miren mi muerte! (Completo)
OfftopicporAnónimo9/14/2011

Esta mi Mini-novela que se llama "Miren Mi muerte!". Aunque está en varias partes, Decidí subirlo completo para ahorrar tiempo. NOTA: Dejo los comentarios abiertos, pero que sean comentarios coherentes!!! I Es de noche, todo está oscuro. Apenas se ven las luces de los postes y con suerte veo mis pasos sobre el piso húmedo. Siento que me miran, que me miran fijamente, siento que su rencor y su odio me tocan, aunque estén muy lejos. La calle es baja y las veredas están muy arriba, casi como terrazas. Ahí están. Ema, Javiera, y otras que no me acuerdo el nombre. Me miran. Estoy mojado, sucio, cansado. Condenado. Todos me miran, y entro a un cuarto a oscuras. Se prende una luz. Es donde debo sentarme. Apenas me siento. Una voz suave, pero autoritaria, suena desde cerca. - No te sientes, malnacido! - Mátenlo! – dicen otras voces. - A ver, tranquilas! Todo a su debido tiempo. – la voz autoritaria habla de nuevo. – José, ¿me reconoces? - Si pudiera verle la cara… - No seas chistoso, sé que me reconoces, pero te da vergüenza admitirlo. Soy yo, Miriam. - Ah, Miriam. Hola! – trato de hablar amablemente, dentro de lo tenso. - No me hables, loco sicópata. ¿Sabes porqué estas aquí? - No tengo idea. - ¡Lo Sabes! - ¡No lo sé! - ¡Dilo! - ¡Dímelo Tú! - ¡Maten a ese malnacido! – suenan las voces desde el fondo del cuarto a oscuras. - ¡Quiero saber qué pasa aquí! ¡Porqué estoy aquí! – grito. No se siente el eco. - ¡Estas aquí porque no mereces estar con los demás, no mereces vivir! – dice Miriam. - Qué les hice?? – digo - No tiene nombre lo que hiciste. - ¿Y qué harán conmigo? - No lo sabemos. Hay un silencio sepulcral en el cuarto. Hay una luz apuntando hacia donde estoy sentado. El fondo del cuarto no se ve. O no lo veo. Se sienten unos murmullos. Veo pasar una carpeta. - José – dice Miriam – está aquí por el delito de Locura. - ¿Qué? – Digo, estupefacto. - por eso mismo. - Que pase la primer testigo!! – (pasa una chica, al parecer. No la veo.) – Algo que decir? - Yo le puse a mi novio en frente… La multitud en la penumbra se inquieta. - Que conste que el acusado trató de socializar con la testigo! – Dice Miriam – Algo más que decir? - Que te pudras, José. - ¿Hay otro testigo? - Sí, hay otras 15 testigos, pero no están dispuestas a hablar en frente del canalla ése. - ¿Puedo decir algo? – pregunto. - No, no puedes ni mereces preguntar. En unos momentos, el dictamen. La multitud se retira. Me doy cuenta que se empieza a sentir eco. Quedamos la “Jueza” y yo (Aparentemente). Todo sigue en las sombras, salvo yo, escrutado por esa luz amarilla sobre mí. Sólo veo el piso a medio iluminar, y mi asiento. Parece que no hay nadie. - De acuerdo a nuestro dictamen, - Dice Miriam - el acusado será condenado a muerte, pero primero deberá pasar 10 años de soledad absoluta en una ciudad abandonada. Ese es mi veredicto, las partes acatan el fallo. Una fuerza me saca de la sala hacia el callejón. Suenan los gritos, los improperios y los insultos. - Que te pudras, malnacido! - Hasta nunca! - Basta! – Grito, desahuciado. – vaya a saber que les hice, pero no fue mi total intención. Todas ustedes me conocieron alguna vez. Saben que he sido un sujeto solitario, pero al tratar de conocer a alguien, me tratan de loco. Si he de morir, lo haré, si he de estar solo en una ciudad abandonada, lo haré, pero cuando muera, ¡mírenme! ¡Miren mi muerte! ¡Miren!. Se sienten unos quejidos en el silencio lejano. Empieza a llover. Estoy solo, en medio del callejón. Siento que me golpean. No me acuerdo de más. II Estoy aturdido, me duele la cabeza. Me siento agarrotado y la boca me sabe a tierra. Miro mi alrededor. No hay nadie, a simple vista. Esta es la ciudad donde nací, San Antonio. Pero hoy la ciudad esta vacía. Explotó una tubería con químicos hace un mes, dejó hartos muertos, y evacuaron a la población. Entre ellos, yo. Estoy aquí de nuevo. Voy por calle Pedro Montt (una calle del centro) y veo las tiendas cerradas, marcadas con spray los nombres en las cortinas. Tengo hambre. Veo una piedra. La tomo, la tiro contra un ventanal. Entro a la tienda abandonada, saco un queso. Es lo que hay, o lo que veo. Aún me pregunto porqué ellas (o ellos) me condenaron. Aún me pregunto eso. Tengo lagunas en la memoria. Tal vez volver atrás en el tiempo me daría una visión más clara. Era 1999, y era un pendejo. Bueno, como la gran mayoría. Ella se llamaba Ema. O Emita, daba igual. No la pude conocer bien, o en estricto rigor, no la conocí. Lo intenté. Lo último que supe de ella era que era dirigente estudiantil antes de la explosión. La última vez que la vi fue en un desfile, hace unos meses atrás (me sorprende que me acuerde de una cara que vi hace 11 años!). La reconocí por su cara ligera y pálida, como leche. La vi pasar sin pena ni gloria. De ahí en más, ni idea. ¿Qué era yo? Un pelotudo. Estoy comiendo queso en la Plaza de Armas de San Antonio… Llegó el 2001, y conocí a Javiera. Por casualidad. A ella la conocí más, mucho más. Éramos compañeros de clase. Hacíamos los trabajos juntos. Pero de un día a otro, desapareció. Yo quedé mal. La vi por última vez un día antes de la explosión, cruzando la calle rumbo a tomar el microbús. No me vio. Voy subiendo por calle 21 de Mayo. Ya me comí el queso… En 2004, conocí a Francisca. Este puede ser un caso aparte. Nos conocimos a la fuerza, porque antes éramos unos desconocidos. Hablábamos seguido, parecíamos “Pan y Mantequilla” (haciendo mención al concepto de Forrest Gump). Pero cada día la veía más lejana, hasta que me fui sin despedirme ni darle las gracias por… No la he visto en 7 años. Me sentí mal. Miro desde el mirador de 21 de Mayo hacia el mar. Imponente, majestuoso, Imperecedero. Los pelícanos y las gaviotas se tomaron el puerto. Me doy cuenta que estoy condenado. (La boca me apesta a queso) Y llegó el 2007. Y trajo a Constanza. Aquí me volví loco (Supongo). Caí rendido lentamente. Me enamoré como un tonto, y me dediqué durante 3 años a conquistarla. Me acerqué a ella, fui su amigo. Lo intenté todo, Nos volvimos “pan y mantequilla”. Hasta que llegó esa noche. Bajo el pretexto que iba a arreglarle su notebook, tenía pensado declararme. Nada podía fallar. Pero falló: me sacó su flamante pololo (novio) en cara. Salí destrozado de ahí. No quería saber nada, no quería vivir. No era el momento. Nunca lo fue. Paso frente al hospital abandonado. Se notan las marcas del excremento de paloma sobre la calle, y el viento silencioso. Camino a la deriva, desahuciado, solitario, sucio, con un trozo de queso envuelto en papel de diario y una piedra. Las cosas parecen haberse congelado aquí, como en Chernobyl. Nunca pude ir a Chernobyl. Da igual, porque esto es algo parecido. Tras (y mientras de) lo del asunto de la niña que me saca su novio en cara, conocí a Miriam. Sí, señores, ¡La Jueza! ¡La que me condeno! Traté de conocerla, y no se dejaba. Me acuerdo que me entrego un papel que no debía leer. Pero me faltó el respeto. Muchas veces. Me dolió. Y enterré ese papel en el patio de mi casa, y nunca lo leí. ¿Qué decía ese papel? ¿Por qué no lo leí? ¿Qué ha sido de ella? Estoy frente a una casa gigante de color verde agua, numero 234, según lo que dice el cartel colgado a un costado de la puerta. Entro. Hay unos cuadros colgados, y unos muebles desparramados. En uno de ellos, sale una chica que vi una vez. Bueno, varias veces. Me acorde de ella porque en un borde dice “Paz”. Camino entre los muebles, y pateo un teléfono. Lo levanto. Tiene línea (Es un teléfono de red fija). Veo los botones de marcado automático, uno dice “Celular Pachi”. Lo oprimo. Ahora, me pregunto: ¿Por qué me acusan de loco? ¿Qué les hice? Yo sólo traté de socializar, de buscar el propósito por el cual, según yo, las personas están en la tierra: para ser felices. Pero al parecer mi felicidad se interpone con la felicidad de los demás. No es muy cómodo. No es cómodo saber que mientras tratas de ser feliz, en algún lugar, alguien trata de que suceda lo contrario conmigo. No es justo. El teléfono suena. Contestan. - ¿Aló? - ¿Paz? - Si, ¿Qué desea? - Quería decirte que te quiero. Eso. Cuelgo. Me miro en el reflejo de los cuadros. Lloro. Ya es de noche. Hay que salir de aquí. III Han pasado cerca de 6 meses desde que estoy en esta ciudad fantasma del carajo. Me he visto obligado a saquear tiendas para sobrevivir. Desde queso (Debo decir que me obsesioné con el queso) hasta pilas AA, lo he robado. He pasado noches quemando papeles de diario, revistas, folletos, y cuanto papel encuentre para mantenerme con calor. Después me di cuenta que podía robar frazadas. A veces pienso que soy una especie de minotauro y que esta ciudad es mi laberinto. Corro por las calles vacías, orino en los rincones, me duermo en medio de la calle y despierto en plena noche, llorando. Voy a la Plaza Estrella a perseguir a los queltehues, y en las mañanas, me baño en el Estero San Pedro. Me meto al mercado de San Antonio y me robo las nueces, el maní, almendras, lo que se pueda comer sin que esté putrefacto. A veces corro por Barros Luco arriba de un carrito de supermercado gritando: - El Hombre del Tercer Milenio dice: “¡Soy Libre como un pájaro!” (Como decía un verso de Neruda) Mi pregunta es, ¿Quién será mi “Teseo”? ¿Quién tendrá la misión de acabar conmigo? ¿Quién me matará? Camino hacia esa casa verde del 234, cuando estoy desorientado. Trato de buscar entre sus habitaciones tranquilidad, sosiego, paz. Cualquiera diría que esta ciudad fantasma posee paz, pero la paz que yo busco no está acá, sino muy lejos, fuera de estas casas y calles aparentemente contaminadas. A veces me siento frente al teléfono, a esperar una señal. A veces oro (y lloro) por ella. Busco entre los vestigios de esta casa abandonada alguna respuesta, alguna mirada suya. Sólo encuentro un cuadro en que sale posando sonriente frente a la cámara, en un gesto de alegría del momento. Como si algo la hubiera alegrado. Mirando con sutileza el centro del foco. A veces pienso que yo le tomé esa foto. Estoy dentro del hospital, “mi departamento” (Debo decir que aunque está maltrecho, tiene una vista espectacular de la ciudad abandonada desde el cuarto piso.) Mi cama es una camilla del pabellón de enfermos terminales. Uso la sala de cirugía como bodega. Hasta hace unas semanas, usaba una ambulancia para moverme entre la ciudad, buscando alimentos. Luego los almacenaba en la sala de rayos X. Hasta que se acabó el combustible de la Ambulancia. Y ahora me muevo a pie. Todo es más difícil. A veces camino hacia la periferia, hacia los sectores residenciales. Es desolador. Caballos comiéndose el pasto de las plazas, Perros y gatos muertos en medio de la calle. Parece un escenario de guerra animal: Perros y gatos contra caballos. Las palomas y gorriones dejando su marca fecal en las calles. Voy al Cristo del Maipo. Miro desde las alturas, lo único que se mueve son las aguas del mar y el río. Pienso que así debió sentirse Jesús. Pienso que estoy viviendo mi propio Getsemaní. Camino por Baquedano. Esta nublado. Bajo por esta calle, amplia, silenciosa, muy distinta de cómo la conocí. Se ve el mar. Se siente el canto de las gaviotas a lo lejos. Llego a la esquina con Av. Chile, se siente al aire del río llegando desde el sur. Camino por Av. Chile, recordando la última vez que pasé por ahí. Era el 2005, más exactamente, Diciembre de ese año. Me fui a casa sin pena ni gloria. Les dije adiós a los que llamé compañeros por última vez. No los vería más. No vería más a Felipe, Lalo, Francisca, y otros que no me acuerdo el nombre (De hecho si me acuerdo, pero nombrarlos a todos es una trabajo tedioso.). Ése día lloré sin lágrimas, que es peor que llorar con lágrimas. ¿Por qué? Porque las lagrimas se acaban, y son menos que un mar. Estoy en la Plaza de Llolleo. Solo (evidente.). Veo frente a mí (A unos 100 metros), un puma. ¿Qué hace un puma aquí? Su mirada choca con la mía. No reaccionamos. Está comiendo una paloma. Saco un trozo de papa cruda, y empiezo a devorarlo frente a él. No hace nada. Tal vez porque lo que estoy comiendo es asqueroso para él, y viceversa, pero en el fondo sabemos, que hemos perdido nuestra esencia. Él sabe que me he vuelto salvaje. Sé que se ha rebajado a comer palomas. El puma se retira, cauteloso, por Del Canelo. Me voy corriendo al hospital-casa. He sobrevivido. Es de noche, está claro y hay una luna llena que llena de luz todos los espacios. Leo unos versos de Huidobro que saqué de la biblioteca a medio venirse abajo. Uso unas velas. Como papa cocida. Todo está en su respectiva calma nocturna. De pronto, suena un ruido que no había escuchado en meses, o años. Algo como un teléfono. ¡El teléfono de la casa verde del 234! Corro apresuradamente, no veo las escaleras, caigo, tropiezo, me lastimo, pero sigo escaleras abajo. Salgo del hospital rumbo a esa casa. La luz de luna hace que vea mi camino, como si supiese quien llama o la importancia de esto. Entro a la casa verde. Veo el número de quien llama. ¡Es ella! Contesto: - Aló? – digo con voz temblorosa. - ¿José? – dice la voz. - Sí, soy yo. - ¿Estas bien? - Ahora que llamaste, mejor que nunca. - Qué bueno. Tengo que colgar. Adiós, José. - Adiós, Paz. Me volvió esa tranquilidad, ese sosiego, esa paz que me faltaba. Por un momento, olvide mi condena, mi ostracismo, mi muerte acechante, y sentí que esta ciudad estaba llena de gente, que cobraba vida, que estaba rodeado de personas, que conversaba amenamente con ellos, que era uno más, que estaba con ella. Por un momento, sentí que era feliz de nuevo. Que la luna sea testigo de mi felicidad efímera… IV Ya ha pasado un poco más de un año desde que ellas (o ellos, o quien sea) me condenó a este ostracismo moderno en esta ciudad abandonada. Con “ella” no he hablado en meses. Me miro en los pocos espejos del hospital. Estoy demacrado, tengo el pelo y la barba muy larga. Me parezco a esas imágenes de Jesús, diciendo “Yo soy el camino”. Miro por la ventana de mi “Dormitorio” hacia el mar. Se ve limpio, pulcro. Inmortal. ¿Seré yo inmortal? ¿Será esto una pesadilla? Bajo las escaleras del hospital-casa. Todo está en su respectivo orden-desorden. Entro a la sala de Rayos X. miro las bolsas de arroz apiladas sobre una camilla. Miro los tarros de conservas. Aún no vencen. Podría darme un festín de duraznos, piñas, pescado, mariscos, verduras y champiñones en conservas. Mejor no. Saco una bolsa de arroz, y una lata de algo que se salió la etiqueta y que estaba junto con el atún en aceite. Salgo al patio. Afuera el tiempo se detuvo. O avanzó muy rápido hasta un punto que dijo “Tape GONE”. Estoy en el patio de las ambulancias. No es muy cómodo. Mejor subo a la entrada regular. Hay mejor visión. Subo. Camino lánguidamente por las escaleras de calle Carmen Guerrero (Iría por dentro del hospital, pero es una pérdida de tiempo.) con la mente en blanco. Me miro frente a un ventanal. Estoy flaco, barbudo, no tengo gesto en la cara. Llevo la bolsa de arroz, la lata incógnita y una Marmicoc que me robé de una tienda. ¿Qué importa ahora? ¿Acaso los dueños de la tienda vendrán a arrestarme? Pues les digo algo: ¡Seré ejecutado en nueve años! Prendo la fogata. Apilo leños sobre el fuego. Pongo la Marmicoc en el fuego. Echo el arroz (dentro de la Marmicoc). Abro la lata incógnita. Eran mariscos en conservas. ¿Mariscos? Tengo la lata vacía, ya me lo comí todo. Antes me hubieran dado náuseas. Espero que el arroz se cocine lentamente. Miro hacia mí alrededor. Veo los cerros lejanos, el hospital que me tapa la vista del mar, el cielo medio nublado, las casas cercanas, esa casa verde. Tan cerca y tan lejos… El arroz está listo. Saco la olla del fuego. Busco otra lata en Rayos X. Ahora es una de caballa en aceite, de paso busco una cuchara. Vuelvo a la entrada. Ahí esta la olla. Miro hacia un costado. Hay un puma. El mismo que vi en la Plaza de Llolleo. Está flaco, débil, triste. Me siento, presto a comer. El puma se acerca, con miedo. Abro la lata de caballa. Se sigue acercando. Pienso. Tomo la tapa de la olla, vierto el contenido de la lata. Pongo la tapa en el piso. El puma se acerca a la tapa. Come de ella. Veo en su mirada un gesto de agradecimiento. Se acerca a mí. Lo acaricio. Se aleja contento. Tal vez hoy hice un amigo. Es temprano en la mañana. Salgo a caminar en la penumbra del amanecer. Bajo por Blanco Encalada. Miro el mar de la mañana. Esta quieto. Sigo bajando por esas calles por donde pasaba años atrás pensando pelotudeces, conversando de la nada y del todo. Llego a Centenario. Miro las tiendas cerradas, los edificios abandonados, las calles sucias. Me da pena. Sigo caminando por Centenario. Miro la tienda donde trabajé, donde alguna vez conocí a alguien. Sigo caminando. Veo las galerías cerradas, y el ventanal que quebré para entrar al mercado y sacar comida. Miro a mi derecha. Hay una iglesia. Entro. Miro los asientos empolvados, la luz tenue reflejada en unos vitrales amarillentos. Miro al sujeto de la cruz. Su gesto de agonía se expande hacia el infinito intervenido por el polvo. Me siento en la penúltima fila. Miro al sujeto de la cruz. - Tú, sí, tú. Dime, ¿Alguna vez pensaste en mandar todo al carajo? No hay respuesta. - Dime, ¿Alguna vez sufriste por alguien? No hay respuesta. - Dime, ¿Estoy loco de verdad? Empieza a temblar. Sigue temblando. Empiezo a reír. Salgo de la iglesia riendo. Sigue temblando. Me recuesto en las calle, riéndome a carcajadas. Los postes tiemblan, se agitan los cables y el ruido de la tierra es ensordecedor. No puedo parar de reír. Algunas paredes se vienen abajo. Río a carcajadas. No para de temblar. Me imagino qué pasaría si hubiera gente en esta ciudad, me imagino el terror que cundiría. Me imagino la cara de pánico de Paz. Me la imagino horrorizada, corriendo y gritando de un lado a otro. Me la imagino aterrada en un departamento de la capital, presa del miedo. Ya terminó de temblar. No he parado de reír. Ya es mediodía, y una inmensa nube de polvo cubrió la ciudad. Estoy en el hospital-casa. Miro hacia los alrededores. Suena el teléfono de la casa verde. Bajo al primer piso, salgo del hospital. Todo esta agrietado. Llego a la casa verde. Entro y contesto: - ¿Aló? - José, tengo miedo. – Dice la voz horrorizada. - Lo suponía. Empieza a temblar de nuevo. La llamada se corta. V Terminó de llover. Miro por la ventana hacia el mar. Me siento solo, triste. Abandonado (Para que suene cliché). Hace meses que no he hablado con ella, años, quizás. Lo último que me dijo fue que tenía miedo. De ese entonces no he sabido nada. ¿Tendrá miedo todavía? Ya no sé que día es. Han pasado alrededor de 40 lunas llenas luminosas, que es como un poco más de tres años. (Debo decir que fue útil en algo ver la película del Secreto de la Laguna Azul). Bajo por las escaleras a la sala de rayos X. Miro los anaqueles, las camillas, las bolsas de arroz y las latas cubiertas por el polvo. Apenas las distingo. Salgo de ahí. Camino medio desconcertado por los pasillos. Salgo del hospital-casa. Miro hacia el cielo. Está gris. Camino por Luis Reuss, rumbo a no sé donde (No tengo un rumbo fijo últimamente). Miro las paredes que no se han caído al piso. Hay una pancarta religiosa pegada a una muralla que dice: “El mundo pide Paz.” Yo la pido también. Pero no está aquí. Está en algún lugar de la capital, muerta de miedo. Supongo. Llego a barros Luco. Grito, pero no puedo. Trato de gritar más fuerte. No puedo. Miro el pasto largo de la calzada central de esta avenida desierta, veo las gaviotas y palomas mirando desde los techos de los edificios a medio agrietarse, a medio sucumbir. No sé por qué, pero empiezo a desvestirme. Empiezo a correr desnudo por Barros Luco. Grito. Ahora se siente mi eco. Lloro, río, veo mi flaqueza, mi pobreza y mi desnudez en los ventanales. Cada paso que doy me hace sentir menos humano, más libre. Libre como un pájaro. Tengo frio. Llego a Centenario. Tengo frío. Me tiemblan las manos. Golpeo una puerta, trato de abrirla. Busco un fierro para forzarla. La logro abrir. Resulta ser una tienda de telas. Veo una tela azul, la tomo, junto con un frasco con agujas e hilos. Me cubro con otro trozo de tela. Salgo de ahí, y vuelvo al dormitorio-casa-hospital. Hace un frío infernal. Aquí, en el hospital-casa, hice de esa tela una túnica. Ahora parezco un loco de verdad, o uno de esos monjes budistas de esas montañas de algún lugar de Asia donde creen que la gente normal está loca. Tal vez sí estoy loco. Voy a la periferia, a mi casa. Esa casa roja, chica, donde vivía como un mortal más antes de la explosión, antes que ocurriera todo esto. Es estremecedor. Entro al patio. Todo está en su respectivo orden-desorden. Todo intacto, o agitado. Fuerzo la puerta de la cocina. Entro. En el interior, todo está desparramado. Los vidrios clisados, la loza repartida por el piso, los muebles fuera de su lugar. Mi computadora en su lugar (Increíble! No se movió!). Me siento en un sillón empolvado. Miro el reloj. Lo único (Aparte de mi PC) que se quedó en su lugar. Digo: - Mamá, Papá… ¡Voy a morir! Lloro amargamente. Salgo de mi casa, triste, desconsolado. Tal vez porque no fui una buen hijo para mis padres, o porque ellos tendrán que cargar con la pérdida de un hijo. O porque no me pude despedir de ellos. Voy al hospital-casa. No hay nadie en esta ciudad del demonio. Está por oscurecer, y llego al hospital-casa. En la puerta me espera el puma, con un gesto de “¿Qué comeremos hoy?” Entramos a la sala de Rayos X. Saco una bolsa de arroz y unas cuantas latas de vaya a saber qué (Tienen su etiqueta, pero no les puse atención). Salgo al patio. Recojo unos leños. Preparo la fogata. Empiezo a preparar el arroz. Abro una lata: palmitos. El puma observa la lata. - ¡No te van a gustar! – le digo. El puma me mira con cara de “Ya he comido palomas y otros bichos raros”. Tiene razón. Saco un palmito, se lo doy. Se lo come. Termino dándole la lata entera. Abro otra. Es de atún en agua. La abro y como, mientras miro el cielo. Empiezan a encender lánguidamente algunas estrellas. No hay luna. Empieza a hervir el arroz. Saco un poco de la olla, y lo pongo sobre la tapa. Vierto lo que queda en la lata de atún sobre la tapa junto con el arroz. El puma me mira. Vierto lo que tenia en la tapa obre el piso. El puma se acerca y come afanadamente. Abro otra lata. Frutillas en almíbar. ¿Qué más da? ¡No he comido cosas dulces en meses! Me devoro el contenido de esa lata gloriosa. El puma me mira, apuntando al poco de arroz que queda en el piso. - Come tranquilo, muchacho – le digo, mientras miro el cielo. De repente, suena el teléfono de la casa verde. Voy. El puma se queda comiendo junto al fuego. Llego a la casa verde, entro. Contesto: - ¿José? - Con él, aparentemente. - Tengo una pregunta. - Dime. - ¿Por qué eres distinto conmigo? - ¿Por qué lo preguntas? - Es difícil de explicar. Por favor responde. - Porque eres la única persona con la que he hablado en estos tres años y fracción. - Ah – dice la voz, con cierto dejo de desconcierto. – Tengo otra pregunta. - Dime. - ¿Me quieres? (Esa pregunta me caló hondo.) - …Hasta más allá de la muerte. – Respondo. – Te noto inquieta, ¿Qué pasa? - ehhhh, nada. Siento unos sollozos y luego la llamada se corta. Salgo de la casa verde en éxtasis, o alguna sensación similar o totalmente opuesta, no lo sé, es difícil de explicar. Llego a la casa-hospital. Veo al puma durmiendo junto al fuego. Subo a mi dormitorio, miro el mar a oscuras. Pienso. ¿Por qué me preguntaría eso? ¿Qué le estará pasando? ¿Estará sufriendo? Esta noche no dormiré tranquilo… VI Miro hacia el horizonte. Aún no le hallo el límite donde termina el cielo y termina el mar. El cielo esta nublado, como lo ha estado para mí estos últimos cinco años en esta ciudad fantasma. Aunque debo reconocer que en escasas oportunidades he tenido momentos de lucidez, tranquilidad y efímera felicidad. Paz. Eso lo sintetizaría todo. Voy por Barros Luco. El pasto largo, fecas de gaviota pudriéndose en el piso, el aire desértico que te seca hasta el alma. Esto último puede cuestionarse, pero es incuestionable decir que este lugar se congeló en el tiempo. Miro por la calzada central. Todo está quieto. Muy quieto. Veo una tienda. No había entrado ahí antes. Como siempre, fuerzo la cortina metálica. Entro. No hay nada importante: artículos de bazar, lápices, juguetes y esas chucherías. Veo entre las cosas una radio vieja. La miro. Me es muy familiar. La tomo. Busco unas pilas entre las cajas desparramadas. Encontré una caja llena de ellas. Salgo del bazar con la radio y las pilas. Miro hacia el cielo. Pequeños agujeros entre las nubes dejan ver el cielo… Llego al hospital-casa, medio desorientado. No he comido como corresponde en meses, años, ya no lo sé. El puma está en la puerta con algo en la boca. Es un conejo. Se le ve victorioso. Se le nota en los gestos “Humanos”. Lo miro a lo lejos. Me acerco a el, mostrándole la caja con las chucherías. El puma deja el conejo en el piso. Se aleja un poco. Me acerco al conejo. Miro al puma de nuevo. - Ya sé que quieres. Pero hay que desaguarlo primero. – Le digo al puma. Entramos al hospital-casa. Llevo el conejo en la mano. Busco un bisturí. Procedo a desollarlo de forma semi-quirúrgica, semi-ritual, como si fuese un sacrificio de parte del conejo. De hecho lo es. Este conejo pudo haber tenido mejor vida. Lo termino de desollar. Lo lavo con la poca agua que logro sacar de una noria. Voy a Rayos X. traigo una bolsa de sal (Pensé en su momento, hace 5 años y fracción, que sería inútil llevar sal) le echo sal. Busco la Marmicoc. Echo al conejo desollado. Salgo al patio. El puma mira impaciente. He pensado en ella cada momento, involuntariamente. Desde ese día que la llamé y sólo le dije que la quería. ¿Qué se le habrá pasado por la cabeza cuando le dije eso? ¿Habrá pensado que estoy loco? ¿Habrá pensado que yo era una especie de ermitaño sicópata que dio con su número por casualidad? ¿Por qué lloraba cuando la llamé por última vez? ¿Qué le habrá pasado? Muchas preguntas. Aún recuerdo la primera vez que la vi, por accidente. En serio, era un accidente. Era el verano de 2009, y con un amigo apodado el Camello íbamos hacia Centenario, cuando decidimos caminar por la sombra. Hacía un calor infernal. De repente, la vi. Estaba de pie bajo el alero de una puerta, capeando el sol con un vaso de vaya a saber qué era (Jugo, supongo). Me perdí en su mirada refugiada tras esos prismáticos y esa sonrisa de desconocida cuando la miran de improviso. Fue un momento de éxtasis. Camello interrumpe: - Mira para acá, huevón – Me dice indignado – Como te dije, llega Snake y le pone un tiro en la cabeza. - ¿Viste, Camello? ¿Linda, no? – Le digo a Camello. - Mira, pelotudo – Me dice Camello con una cara de “No jodas” – Nunca vas a conocer y/o salir con ella, aunque fueses el último sobre la faz de la tierra y tu vida dependiera de ello. Guardo un silencio. Miro hacia atrás. Sigue junto a la puerta. Sonríe. Su sonrisa es hermosa, casi hipnótica. Cruzo la calle, pensando “Qué linda es ella. Bueno, Tal vez Camello tiene razón y no la vea más”. Camello estaba equivocado. La vería de nuevo. Dos años más tarde. Era mi segundo día de trabajo como empacador de tienda, y se apareció frente a mí, (Ella trabajaba como vendedora) diciendo: - Estoy Cansada. ¿Cuéntame un chiste? La reconocí por su mirada tras los prismáticos, su sonrisa, sus ojos. “La he visto en alguna parte, me es muy familiar!” Pensaba. Me fui ese día pensando en ella. El día de la explosión, no la vi. Tuve miedo. Fue demasiada carga para mí. No había hablado con ella en varias semanas. Estuve triste, preocupado por ella. Quería saber cómo estaba, si necesitaba algo, si estaba bien. Hasta que me apresaron. Fue una tragedia. Estoy en el patio del hospital-casa. La fogata está ardiendo, el conejo en agua con sal dentro de la Marmicoc. Pongo la olla en la fogata. Miro al puma. Se ve más tranquilo. Ya se nota que es plena tarde. El aire es distinto al de la mañana o del mediodía. Empieza e cocerse el conejo. Miro hacia un costado de la puerta. Está la caja con la radio. Lo había olvidado. Voy hacia la caja. Saco la radio y unas pilas. Pongo las pilas dentro de la radio. Enciendo la radio lentamente, como si estuviera manipulando un arma de fuego. Suena entre la distorsión “No puedo quitar mis ojos de ti” de Ángel Parra Trío. El aire cambia. Se nota como si hubiera más gente en esta ciudad. Como si no estuviera solo, o como si el conejo empezara a hervir. - Por poco perdemos la comida de la noche. Sí, puma: de la noche. Hay que dejarlo enfriar. – Le digo al puma. Apago la radio. Voy a la Sala de Rayos X. Dejo el Conejo en la olla. Sao unas latas de duraznos y pescado. Le doy el pescado al puma. Lo come con tranquilidad. Yo apenas pruebo los duraznos. Se los termino dando al puma. Tomo la radio, salgo del patio del hospital. Voy a la casa verde. Llego a la casa verde. Entro, como siempre. Todo en su lugar. Dejo la radio sobre un mueble. Veo el cuadro de ella mirando al centro del foco. Apenas se ve, cubierto por el polvo. Lo limpio. Empiezo a ver cada rincón como si fuera nuevo, como si recién me hubieran condenado y acababa de llegar a esta ciudad. De nuevo. Ordeno los muebles, como si algo fuese a pasar, como si alguien llegara esta noche. Todo está ordenado. Relativamente limpio. Salgo de la casa verde. Voy por la calle. Olvidé la radio: Da igual, que se quede ahí. Nadie la robará. Estoy en el hospital-casa, dándome un festín de reyes con el Puma. Se le notaba hambriento. Le doy una pierna de conejo, también saco una pierna. Comemos junto al fuego. El puma se nota más contento: está recuperando su esencia, lo que lo hacia salvaje. Yo estoy contento, dentro de lo que se puede estar, sabiendo que en 5 años más me ejecutarán. Miro hacia el cielo. Hay luna llena luminosa, la numero 60. Cumplo hoy la mitad de mi condena. Luego, el tierno y doloroso abrazo de la cripta: Es decir, la muerte. Terminamos de comer el conejo. El puma se ve hastiado de tanta carne en tanto tiempo. Yo miro la cara de “No quiero comer más” del puma. - Ya no hay nada. Tranquilo. Me recuesto en el piso. Suena el teléfono de la casa verde. Voy a su encuentro. Salgo del patio del hospital-casa. Llego a la casa verde. Entro. Busco el teléfono. Contesto. - ¿José? - ¿Si? - Quería decirte que te quiero. - ¿Eso? - Eso. Miro la radio por medio del reflejo del cuadro. A través del teléfono suena una canción de fondo: “Cuando te Beso” de Juan Luis Guerra. Enciendo la radio. Busco la emisora. Doy con ella. - ¿Me permitiría esta pieza? – Le pregunto. - eh… Sí. La luz de la luna entra por las ventanas, iluminando todo. Todo está bajo un espectro blanco. Empiezo a moverme por el espacio que me deja el cable del teléfono. Por un momento siento que estoy allá, en la capital, con ella. Que está junto a mí, bajo la luz de la luna testigo de penas y alegrías. Siento que el tiempo se detiene, que cada paso que doy es copiado por ella desde allá. Es el éxtasis absoluto. Termina la canción. Decimos al unísono: - Daría lo que fuera por estar allá. - Está bien? – le pregunto. - Ahora, mejor que nunca. - ¿Por que lloraba la última vez que me llamo? – le pregunto. - ¿Lo van a ejecutar? - En cinco años más. – (Empiezan a sentirse unos sollozos) - Tranquila, usted está bien, y eso es lo importante. - ¿Cuándo volveré a verte? - No lo sé… esperemos que pronto. - ¿Me quieres? - Desde que te vi. - Debo colgar. - Adiós, Paz. - Adiós, José. Cuelga. Salgo de la casa verde en shock-éxtasis o todas las emociones juntas. Llego a la casa-hospital. La fogata se apagó y el puma duerme. Subo a mi dormitorio. Miro al mar. Puedo distinguir esa línea que separa al cielo del mar. Cambio de ventana. Miro a la luna. - Me gustaría que esta noche no terminara nunca… VII Han pasado cerca de 15 lunas (como un año y tres meses, aproximadamente) desde que hablé con ella por ultima vez. Desde esa noche, al aire de la ciudad ha cambiado, o yo cambié. No lo sé. Tal vez esta ciudad deje de oler a desierto y excremento seco, y al fin empiece a oler como quería: que esta ciudad huela a Paz. Estoy tirado en medio de la Plaza Estrella. Es temprano en la mañana. ¿Qué hago aquí? Me duele la cabeza. La boca me sabe a madera. Miro a mí alrededor. El cielo medio azul, medio anaranjado. El ruido del mar, a lo lejos. Yo tirado en medio de una plaza. Anoche tuve un sueño raro. Bastante raro. Más bien una pesadilla. Soñaba que estaba en un pasillo largo, que en las paredes, había un coro inmenso cantando a todo pulmón: - Jesucristo, Jesucristo, ¿De qué ha servido su sacrificio? (Mientras me apuntan con el dedo) Caminaba por este pasillo de forma errática. Me tambaleaba de un lado a otro. Mientras más me acercaba al aparente final del pasillo (En lo oscuro), el coro cantaba más fuerte. Y más, y más, y más. Hasta que de un momento a otro el coro se calla, se prende una luz, que apunta hacia una silla; Detrás de esa silla, el cuadro de Paz (A media luz) mirando al centro. - José, debes cumplir con tu destino – Grita una voz. - ¿Pero porqué? – pregunto. - Porque es tu destino. - ¿No puedo hacer nada para evitarlo? - Solo hazlo. Hazlo por ti, Hazlo por ella. De pronto, una fuerza me tira hacia la silla, me siento en ella, de la nada salen dos personas, me encadenan a la silla, me ponen unos cables en los brazos y una esponja en la boca. Frente a mí, aparecen las personas que conocí durante mi vida, atentas a lo que pudiera pasar. A un costado estaba ella, mirando tras sus prismáticos. Alguien la toma hacia un costado, la apuntan con un revólver en la cabeza. Me pongo tenso. Grito: - No le hagan nada!! Paz!! Paz!! Suena un tiro. Despierto en medio de la plaza, húmedo, llorando. Camino por Echaurren, mirando las casas abandonadas. Me veo en las ventanas: estoy más flaco que antes. Me siento medio enfermo. El ruido del mar de fondo da la impresión que acabo de naufragar en esta ciudad. Que acabo de naufragar, hace 6 años y medio. Llego a calle Providencia. Miro las palmeras, el pasto largo, el aire enrarecido de la mañana. Tal vez deba caminar por algún lado y reencontrarme conmigo mismo. Y olvidarme de esa pesadilla. Subo por calle Ignacio Molina. Plaza Estrella ya está muy lejos. Sigo subiendo por esta calle muy empinada. El sol de la mañana empieza a hacer estragos sobre mí. Empiezo a sudar (Hace años que no sudaba de esa forma). Llego al final de la calle. Al fin. Miro hacia el mar, el río desembocando en la playa, la ciudad en su quietud máxima. Camino por una calle desconocida, rumbo a vaya a saber donde. Hace mucho calor. Me refugio en una casa abandonada. Como siempre, tuve que forzar la puerta. Entro. Hay un par de muebles desvencijados. Entro a uno de los cuartos. Hay una cama, y un armario enorme. Una caja sobresale de la parte superior del armario. Tomo esa caja. Dentro de la caja hay uno cuadernos viejos, y unas agendas. Tomo el cuaderno más viejo. Dice en la tapa: “Diario de Emita: 1999-2001”. Empiezo a leer (La letra es pésima): “13 de abril de 1999: Hoy conocí a un compañero súper tímido, pero muy amable y tierno. Dice llamarse José…” Me empieza a saltar la duda… avanzo otras páginas: “14 de Septiembre de 1999: Me tocó bailar cueca con José. Es medio tieso para el baile, pero lo pasé bien con él…” - Aquí hay algo conocido… - digo. Avanzo más paginas: “6 de Marzo del 2000: Hoy entré a clases y no vi a José. Estoy muy triste…” “24 de Mayo del 2000: ¿Dónde estará José?” “16 de Octubre del 2000: Extraño a José…” Me quedo congelado. Ese José era yo. Cierro ese cuaderno, lo guardo dentro de su caja, y dejo la caja donde estaba. Salgo de ahí corriendo, arrancando de mi pasado. No alcanzo a salir de esa caja, cuando un ruido se siente a lo lejos: un punto blanco se mueve en el cielo, muy cerca de la tierra. ¡Un Avión! Quisiera correr a su encuentro, hacerla alguna señal, pero hay algo que no me deja, algo que me controla, y que me ata a esta ciudad abandonada. El avión se aleja. Lloro. Estoy en el Hospital-casa. Empieza a atardecer. Miro toda la ciudad desde mi dormitorio. Pienso: ¿Será cierto lo que estaba escrito en ese diario? ¿Será una jugada de mi mente? ¿Me estaré volviendo loco? No lo sé. Bajo a comer. Hago la misma rutina desde hace 6 años y medio: voy a Rayos X, Saco el arroz, unas latas, y parto rumbo al patio. Afuera, preparo el fuego, el arroz, y le doy el contenido de alguna lata al puma. Espero que el arroz esté listo. Como un poco, y el resto se lo doy al puma. El puma se ve más fuerte que yo. Tal vez el no está condenado a muerte. Termino de comer, y me recuesto en el piso, a esperar que haga frío, o que suene el teléfono de la casa verde. Tal vez no suene hoy. Tal vez esa pesadilla que tuve sea real, y no vuelva a hablar más con ella. O tal vez sea producto de mi imaginación, y que ella está bien. Suena el teléfono de la casa verde. Al fin. Camino tranquilamente hacia esa casa, como si nada me apresurara. Como si quien llamara no fuera nadie importante… llego a la casa verde. Entro. Contesto: - ¿Aló? - ¿Sabes quién soy, o no te acuerdas? - Si me acuerdo, Paz. Ahora veo tu cuadro en la pared. - ¿Qué cuadro? - Uno en que sales sonriendo mirando a la cámara. - Ah, ese cuadro. - ¿Cuándo se sacó esa foto? – pregunto. - En 2009. Unos chicos iban pasando por la calle en el verano y uno de ellos me vio tomando jugo en la puerta de mi casa. Ese chico tenía una mirada tímida, supongo. Nos miramos mutuamente. Me puse roja. Él me siguió mirando, hasta que el otro chico lo interrumpió. Luego se fue calle abajo. Yo me quedé pensando en él un momento. Luego llegó mi mamá, me preguntó porque estaba tan distraída, le conté lo sucedido, y me dijo: “Te quedó gustando ese chico”. Luego me sacó esa foto. - Ah. – contesto, estupefacto. - ¿Y alguna vez supo quién era? - No... No que me acuerde. ¿Eras tú, José? - Al parecer, sí. - (Del otro lado del teléfono suenan unos sollozos) - ¿Estás bien? - Eeeehhh…. Sí. Voy a colgar. Adiós, José. - Adiós, Paz. Cuelgo. Miro el cuadro colgado en la pared. Miro sus gestos, como en ese día de ese verano. Salgo de la casa verde. Llego al hospital-casa. Subo a mi dormitorio. Pienso. - Nuestros destinos se han cruzado varias veces y no nos dimos cuenta… VIII Me he dado cuenta que mis días aquí están empezando a llegar a su fin. No he dormido bien en mucho tiempo. La ciudad parece caerse a pedazos. Me veo en el espejo: estoy demacrado. He empezado a embriagarme con cuanta botella con alcohol encuentre, incluso con enjuague bucal. Aún pienso en la última vez que hablé con Paz. Fue una situación tan extraña e incomprensible. La sentí más lejana que antes. Algo le pasó. Camino entre los vestigios de lo que alguna vez fue un hospital (Como hace un poco más de 8 años): hoy, mi casa. En la sala de Rayos X hay un saco con arroz y unas cajas con conservas de vaya a saber qué. Miro las puertas de los pasillos y los boxes: Dr. Gutiérrez, Dr. Pinoargote, Dra. Núñez. Como si ellos estuvieran del otro lado de las puertas, esperando. Daría lo que fuera por que una de esas puertas dijera “Paz” y que ella estuviera del otro lado, radiante, esperando mi encuentro, nuestro encuentro. Soñar es gratis. Salgo al patio del hospital. El Puma no se ha aparecido en muchos días. La última vez que lo vi, traía en su boca dos conejos. Esa noche comimos como endemoniados, como si nuestras vidas terminaran esa noche. De ahí en más no he sabido nada de él. Vaya a saber qué estará haciendo. Miro los frascos de pintura desparramados en un rincón de la pared. Las brochas secas en el piso, la pared a medio pintar. Salgo del patio del hospital confundido. Necesito salir de ahí. Camino por Centenario. Las vitrinas que no he saqueado. Un set de pintura en una vitrina. Un cuadro de un atardecer con unos pájaros. Pienso: ¿Cómo sabrá la gente que yo estuve aquí? ¿Cómo sabrá Paz que yo estuve aquí? ¿Cómo dejo mi huella? ¿Cómo le explico que la quise con el alma? Rompo un vidrio. Entro a la tienda. Saco los frascos de pintura, los pinceles. Salgo de ahí, rumbo al hospital. Es hora de dejar mi legado. Estoy en mi dormitorio. Pinto sobre la pared. El ruido del mar a lo lejos, el sol reflejándose sobre el piso, dando un toque extraño y místico al momento. Empiezo a ver lo que aparentemente estoy pintando: soy yo, sentado en un banquillo, mirando hacia el frente. Me veo afeitado, más relleno, más cuerdo. Atrás mío (en la pintura) cuelga un cuadro, en el cuadro sale Paz, con la misma cara radiante con la que sale en el cuadro de la casa verde. Anoto una acotación sobre el cuadro. Voy hacia otra pared: empiezo a escribir mi testamento, lo que no he podido decir. Salgo de ahí. Mal. Han pasado los días, y he escrito muchas cosas en las paredes de la ciudad: cosas simples y banales como “¿Cómo te llamas?” o tan complejas como “f(x)=a(Log x)+b” He estado mal. No he comido. A veces abro una lata y vierto el contenido sobre la calle. No me he sentido bien. Voy a la casa verde. Entro, tomo el teléfono, lo pongo sobre una mesa, me siento en un sillón, espero. Y espero, y espero, y espero, y lloro, y me siento mal, y pasa un día, y pasa otro, y sigo ahí, sentado, impaciente, y siguen pasando los días, y me muero de a poco. Hasta que me levanto, tomo el teléfono, y marco el botón que dice “celular Paz”, como hace 8 años. Suena el teléfono, contesta: - ¿José? -Ah, ahí estás. Eso. Cuelgo. No sé qué decir, qué pensar, no sé qué sentir ahora. Tal vez me di cuenta que estoy ad portas de mi fin. Tal vez ni ella ni yo queremos ver mi muerte. Tal vez no queremos sufrir. Los días, semanas y meses pasan… Llegó el día maldito. Lo presiento. Me levanto de mi cama, antes de amanecer. Bajo por las escaleras del hospital-casa por última vez. Presiento que es la última. Salgo del hospital. Voy al centro. A limpiar mi alma antes de lo inevitable. Camino por Blanco Encalada. El aire esta muy frío. Me empiezo a despedir de las cosas con las que he vivido estos 10 años. Esta soledad se acaba hoy, aparentemente. Llego a Centenario. Todo está congelado (Literalmente). Entro a la iglesia que entré hace años atrás. Me siento en la última fila. Miro al crucificado: - Hola, soy yo, José. Ambos sabíamos que este día llegaría, ¿no? Nunca había sentido tanto miedo. Traté de ser una buena persona, traté de ser feliz, me enamoré, pero no sé qué hice mal y fui condenado acá. Nunca pude amar a Paz. Siempre le daba vueltas y divagaba y ella pensaba que yo estaba loco o algo así, y se alejó de mí. Y cuando se lo dije sin rodeos, ya era muy tarde. Si algo hice mal, estoy muy arrepentido. Sólo algo quiero pedirte: Quiero pedirte sólo una cosa: Quiero que Paz sea feliz. Eso. Adiós, y gracias por escucharme. Salgo de la Iglesia. No hay nada más que hacer ahí. Estoy en el patio de mi casa donde vivía antes de la explosión. Hago un hoyo. No sé por qué lo hago. El cielo está medio gris. Toco con la pala una pieza de madera enterrada. La saco. Es un tubo. Lo abro, hay un papel adentro. Es el papel que hace mas de 10 años me dio Miriam. Está inteligible. Los hongos no dejan leer nada. Lo limpio y guardo en un bolsillo. Salgo de ahí, rumbo a mi última parada: La casa verde. Llego a la casa verde. Entro, como siempre. Tomo el teléfono, marco el botón “Celular Paz”. Suena. Contesta: - ¿Aló? - ¿Paz? - Sí, ¿Qué desea? - Soy yo, José. Llegó mi hora. - ¿Qué te harán? - Me ejecutarán. - ¡No puede ser! - Es mi destino, Paz. Si te hice sentir mal en algún momento, o te enojaste por mi culpa, te pido perdón. - ¿Aún me quieres? Suena un tiro a lo lejos. La llamada se corta. Salgo de la casa verde, rumbo al hospital. Suena a lo lejos un camión, y alguien gritando: - ¡José, llegó tu hora! El camión se acerca a mí. Se detiene. Dos personas se bajan, me apuntan con pistolas, me esposan y me suben al camión. Miro hacia atrás, veo esta ciudad por última vez: el Hospital-casa, la casa verde, 21 de Mayo, los edificios, el puerto, el centro. El Puma yace sobre la calle, muerto. - ¿Qué mierda le hicieron al Puma? – Grito. - Era una amenaza – me responde un sujeto. - ¡Era mi amigo! Lloro como si no hubiera llorado en siglos, como si la pena de estar encerrado en esta ciudad hubiera estallado. Miro lo que queda de esta ciudad que tiene un olor raro, pero conocido. Al fin esta ciudad huele a Paz. Voy rumbo a mi muerte… IX No sé qué hora es. No importa, a decir verdad. Estoy encerrado en una celda. El aire aquí es muy frío, más frío que las mañanas en San Antonio. Veo la luz del pasillo a lo lejos, meciéndose lentamente. El guardia sentado en su puesto, leyendo una revista. Yo, recostado sobre el piso, flaco, débil, sucio. Creo que éstas son mis horas finales. Se prenden las luces del pasillo y de mi celda. Me encandilo. Entran a mi celda dos sujetos con navajas y tijeras, me levantan. Me maniatan y proceden a cortarme el pelo y la barba con total rapidez. Veo caer frente a mis ojos mi cabello, mi identidad, mi cordura. Diez años de mi vida se caen con unos tijeretazos. Terminan de rasurarme. Se retiran y vuelven a cerrar mi celda. Me levanto, y me miro en un espejo sucio por el polvo, el barro y otras cosas. Tengo los huesos y las arrugas marcadas en mi rostro. Mis ojos hundidos, mi boca seca, mí mirada perdida. No soy yo. De lejos llega una lata cerrada. Son champiñones crudos. Golpeo la lata contra una barra de mi celda. La abro y como. A lo lejos se sienten unos pasos acercándose. Escondo la lata tras un urinal. Se abre la puerta de mi celda. Entra una mujer, y se sienta en un banquito. Yo estoy medio inclinado en el piso. - José, ¿Te acuerdas de mí? - Me da vergüenza decirlo, Miriam. - Entonces te acuerdas, ¿No? - Sí. - ¿Te acuerdas por qué estás aquí? - Por las mismas razones que me retuvieron hace 10 años. - Hace 10 años, yo te sentencié a muerte. Todas decíamos que nos habíamos sacado de encima un gran peso. Pero cuando nos dijiste bajo la lluvia que te viéramos morir, muchas de nosotras comprendieron que en el fondo tú no habías hecho nada. A varias les dio remordimiento, y a los meses se suicidaron. No tuvieron el valor ni las agallas para ver morir a un inocente, para verte morir. Y quedamos unos pocos que estamos obligados a hacer cumplir ese dictamen tan fatídico. Entre ellos, yo. Y en el fondo, no quiero verte morir. Hace 10 años me dejé llevar por otras personas, y no supe pensar ni actuar de la forma correcta. Si aún tienes un poco de piedad en tu corazón, sabrás que estoy siendo muy sincera y sabrás perdonarme. Eso sería lo ideal, y no tendría que cargar con esta espina que llevo dentro. - Mi piedad – le digo lentamente – se fue junto con mi cordura, un día que desperté en San Antonio y me di cuenta que ése era mi destino. El rostro de Miriam cambia totalmente. Se levanta y grita a viva voz: - ¡Guardias! Preparen al prisionero para su ejecución. – me mira con un gesto de desprecio – y tú, espero que tengas algo por qué morir…. - Muero por Paz – Digo. - La locura lo volvió disléxico – dice, alejándose. Camino hacia el pasillo rumbo a la sala de ejecución. Son mis últimos pasos, tal vez. La gente grita, lanza cosas, me escupe. Me desprecian mucho, o es la efervescencia del lugar. Entro a la sala. Es de un color muy pálido. En un costado, una ventana. Me acerco a la ventana. Miro a través de ella. Hay gente esperando. Al fondo, una mujer de lentes llora desconsoladamente. Poso mis manos sobre la ventana. Ella se acerca. Reconozco esa mirada, como si la hubiera visto. Es Paz. Diez años sin verla. No sé qué decir: - ¿José? – Dice ella. - Ve a San Antonio…. – balbuceo, o eso traté de decir. Una fuerza me tira hacia atrás, sobre una silla, me amarran a la silla, me descubren un brazo, y me clavan una aguja que va a un catéter. Hay un líquido oscuro en el catéter. Miro al público. Sus gestos de inquietud, de tensión, estrés. Miro a Paz. Le esbozo una sonrisa. Abren el catéter. Miro a Paz por última vez: da gusto saber que está bien. Sonrío y cae una lágrima por mi rostro. Se me adormece el cuerpo, la boca me sabe a cobre, se me apagan las luces. Esto se acabó. Es mi fin. Cuando ejecutaron a José, hace una semana, me pidió que viniera a San Antonio, Donde antes ambos vivíamos como dos personas normales. Yo estaba muy triste, y pensé no hacerlo, pero me armé de valor y vine. Y aquí estoy, Camino por Pedro Montt, una de esas calles del centro, y veo en una pared una pintura de un sujeto que pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Lo miro. Pienso. Una voz sale desde mí gritando con fuerza: - ¡Yo me llamo Paz! José era muy distinto a las demás personas. Muy distinto. Era muy tímido. Aún recuerdo haberlo visto por primera vez en el trabajo. Me acerqué y le dije “Estoy aburrida, ¿Me cuentas un chiste?” quedó perplejo. Yo me fui ese día a mi casa pensando “Lo he visto antes… no sé donde” …Camino por la que en su momento fue la calle 21de Mayo… Ahora que recuerdo, lo vi una vez antes, en un verano. Yo estaba en el patio de mi casa tomando jugo, cuando dos chicos pasan frente a mí. Uno de ellos, el más alto, me mira. Yo sonrío. Me siguió mirando. Se alejó por la esquina, sin despegar un ojo de mí. Yo tampoco. Fue uno de esos momentos de felicidad espontánea. Fue lindo. Llego a la que fue una vez, mi casa. Verde. Entro. Me encuentro con que el living esta en perfecto orden, como si el tiempo no hubiera pasado aquí. Miro el cuadro en la pared. Soy yo, sonriéndole a la cámara. Todo está en su lugar. Salgo de ahí. Paso por fuera del hospital. Miro el piso de la entrada. Hay cenizas y una olla tirada. Entro al hospital. Todo está desparramado. Aquí sí pasó el tiempo. Y fuerte. Subo las escaleras. El polvo se ha acumulado aquí. Llego hasta el último piso. Muebles destruidos, cajas en el piso. Entro a una habitación, dice “Enfermos crónicos / José“. Entro. Veo la pared principal… sale José. Pintado en la pared. Como lo vi siempre. Esta apuntando hacia otra pared. Sobre el… una réplica del cuadro que está en mi casa, a un costado dice: “Me diste la fuerza para vivir”. Leo lo que está en la pared: “Hola, Paz. Si estás leyendo esto, yo ya no estoy aquí. Habré cumplido con lo que otros han dictado. Habré muerto. No siento rencor ni odio por nadie, no es necesario. Tampoco quiero que estés triste, ni que te tomes a mal esta situación. Quiero que sepas que no me gusta verte triste o que estés mal por mi culpa, por la culpa de cualquiera. Gracias a ti he logrado vivir en esta ciudad sin volverme loco. Quiero que sepas que lo único que quiero es que seas feliz. Tal vez el tiempo me dé la razón y encuentres la felicidad, entonces yo estaré muy contento. Nuestros destinos se cruzaron dos veces y nos marcaron de por vida, tal vez se cruzaran una vez más. Se despide, con mucho cariño, José. PD: Adiós, Paz. Hasta siempre.” Una lágrima cae por mi rostro. El aire del mar entra por la ventana, miro el mar. Digo: - Adiós, José. Hasta siempre.

113
33
"Catarsis" (Parte 1)
"Catarsis" (Parte 1)
OfftopicporAnónimo7/20/2012

Hola que tal, tras un largo receso (se me fueron las ideas) he vuelto con esto, que básicamente es un poco de las ideas que no se me fueron y las plasmé en esto que se llama "Catarsis" (Catarsis = Purificación) Es un tanto burda, espero la disfruten dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO --- “Primero que nada, quisiera advertir a quien lea esto: la brutalidad que leerá a continuación tal vez no tena pies ni cabeza, no tenga concordancia y sólo sea un popurrí de ideas al reverendo pedo. No tengo la más mínima idea de lo que saldrá ahora, de los sucesos que aquí se cuentan o los personajes que aparezcan, cabe destacar que a veces mi realidad personal se cruza con la realidad de los mundos que surgen a través de las palabras que escribo, así que todo esto es un despelote titánico. Disfrútenlo.” Y llegó ese maldito día en que no sabía que corno hacer. De un momento a otro me vi sin ideas, sin cosas en qué inspirarme, sin motivaciones para ponerme en frente del teclado a escribir como si el mundo se fuera a acabar. Ni aun cuando tuviera una idea genial para plasmar, en tres minutos se desvanece. El mundo que inventé, que imaginé, que pensé y en el cual me plasmé se fue al mismo carajo, aquellos personajes que me calaron el alma en su momento se volvieron polvo de recuerdos (qué poético eso) y las emociones que botaba cada palabra de cada personaje se vaciaron y hoy sólo son letras al aire. Para mí. Me gustaría pasearme por mis recuerdos y volver a los tiempos en que mi vida pendía en un hilo, en que me sentía solitario en aquella ciudad abandonada… - ¿Qué miras? – me dice un sujeto desde lo alto de un edificio abandonado. (En rigor, la ciudad entera está abandonada, salvo por este sujeto en lo alto del edificio). - ¿Qué haces acá? - Estoy buscando al sujeto al que condenaron. - Soy yo, ¿A qué vienes? - Trato de encontrarme a mí mismo, necesito reinventarme. - Todos dicen lo mismo. Desde antes que me condenaran, que todos dicen hacer eso, que aprenden nuevas lecciones y todas esas huevadas. Pero luego los muy pelotudos se equivocan en los mismos errores y quedan como idiotas. – Dice mientras tira un objeto extraño por la ventana. Al parecer son restos de algún equipo médico, o mecánico, ni idea a decir verdad. - ¿Se suponía que esto era un hospital o algo así? - Exactamente, este era el hospital de la ciudad. Cuando lo abandonaron lo convertí en mi hogar. – Dice mientras se aleja de la ventana – Espérame que ya bajo. Miro hacia los alrededores de la ciudad abandonada. Vidrios quebrados, las hojas de los árboles tiradas en el piso, una mancha negra en medio de la calle (una fogata, creo), y un cartel en la pared que dice “El mundo necesita Paz.” el “Paz” está subrayado con aerosol. El sujeto aparece por la puerta desvencijada del hospital. Está en un estado deplorable. Delgado, barbón, con la mirada perdida, los ojos opacos y la voz polvorienta. Me mira un tanto desconcertado. - He estado en este lugar por los últimos 8 años, sin compañía alguna, cumpliendo una condena. Y de la nada apareces tú, campante. - Has tenido una compañía. – Apunto hacia una casa verde que está a la vuelta de la calle. – Se llama Paz, ¿Cierto? - Sí. - ¿La extrañas? - Lloro cada vez que escucho su voz a través del teléfono. Sé que no volveré a verla jamás, sé que aunque intente ir hacia ella, algo me atrapará y me confinará a este lugar. No tengo salida, salvo la muerte. Sus ojos opacos brillan mientras habla, su voz polvorienta se vuelve clara y firme. Recupera el ánimo con cada palabra. El aire seco de la ciudad se vuelve una ventisca. El ruido del mar retumbando a lo lejos. y el sol que se oculta tras una delgada nube. - Bueno, debo irme. Mi mundo me necesita. - Está bien, ve. Yo estaré aquí, por lo menos 2 años más. Me voy pensando en ese sujeto. En efecto, vio a la mencionada Paz años después. 2 minutos después de verla, murió por inyección letal. Me siento en un banco en el mirador. Bueno, no es “un” banco del mirador. Es “el” banco del mirador. Hay una chica al lado mío. Está pensante con su mano apoyada bajo su mentón con los auriculares puestos. Está triste, según veo. - Disculpe, ¿le pasa algo, puedo ayudarla? - No sé, no sabría decirle. - Ya veo, ¿Es algo muy grave? - Digamos que metí la pata. - Todos metemos la pata alguna vez. - Lo mío es una metida de pata grande. – Se saca los auriculares y me mira a los ojos, su expresión me es extremadamente familiar, muy conocida. – No sé qué hacer. - Yo tampoco. - ¿Ha sufrido por un amor que no le correspondía? – Me pregunta mientras guarda los auriculares en un bolsillo. - Eh, bueno, he sufrido por uno que fue forzado a morir con odio. Estábamos bien. Todo era prefecto pero todo se acabó de golpe, ahora ella me odia, me ignora. Pero el tiempo se ha encargado de cerrar esa herida. No sé si ella la haya cerrado aún. - Yo estoy en algo parecido. Me enamoré de un tipo que estaba muy enamorado de mí. Pero me vi forzada a terminar todo de golpe. No sé si esté pensando en mí aún, no quiero odiarlo, no quiero que sienta rencor por mí, fue lo mejor para ambos, creo. La miro a los ojos. Esos ojos tan familiares y tan conocidos, como si hubieran sido testigos de parte de mi vida, como si me hubieran acompañado en los mejores momentos de mi vida. Me centro en su rostro pecoso, en sus rasgos tan familiares que no puedo identificar quién es. Siento que he tenido ese rostro más cerca de lo que está en frente mío ahora, sé que esa chica sentada en “el” banco del mirador ha sido parte de mi vida, yo he sido parte de la suya, pero de alguna forma, algo nos convirtió en desconocidos. Pongo mi mano sobre su mejilla, intentando recordar algo que ya fue y que no vendrá. La ciudad se vuelve muda y todo está quieto en ese breve instante. Ella fue, Ella es, Ella será. Su figura se diluye como arena. Quedo en frente de un recuerdo que me ha costado borrar y asimilar. Quedo en frente al vacío de mi alma. - Aún sigues pensando en mí, ¿No? – Me dice una voz de mujer a mi oído. dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO --- De momento es todo por hoy, Comentar no cuesta nada

10
0
"Catarsis" (Parte 2)
"Catarsis" (Parte 2)
OfftopicporAnónimo7/24/2012

Hola que tal, hoy les traigo la 2° parte de "Catarsis" Es un tanto burda, espero la disfruten Parte 1 dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO --- - Mírame a los ojos y dime que esto es una mentira. El largo de la mesa nos separa. Y un mundo completo a su vez. Sus manos sobre la cuchillería con gestos delicados y homicidas. Cada sonido retumba en la pequeña sala. No ha dirigido la mirada más allá del salero, en la mitad de la mesa. - ¿Es esta una especie de “Última Cena”? - No sé, tal vez – Me dice sin levantar la vista – Si vas a morir, pues es una. - No voy a morir, creo. - Allá tú si mueres o no. No ha levantado la vista. Se concentra en el salero y en su plato. Todo está en un silencio sepulcral sin interrupciones. Como si nada hubiera pasado, empieza a mirarme con sus ojos cafés profundos, contemplando mi rostro nervioso con su rostro pecoso. - Esto querías, o me equivoco. - Correcto. - ¿Qué quieres? - No lo sé, trato de hallarme a mí mismo. - Entonces, ¿Para qué me quieres? ¡Dime! - Fuiste parte de mi historia. - Buscas algo más… - Eso es todo. Ya sé que no me crees. No importa. - Se sincero conmigo por única vez en tu vida y dime qué buscas. - Trato de encontrarme a mí mismo. Ella golpea la mesa, El salero cae hacia un costado. El eco del golpe aún se siente. Se levanta y se va, ocultando su rostro. La luz se va de a poco. Todo está color de hormiga. Golpeo una puerta y me abre una mujer en ropa interior. Valentina. - ¿Necesitas ayuda? - Correcto. Me invita a la casa. Valentina sube una escalera. Baja ella con una bata y su novio. Me ofrecen un café. Miro al sujeto, despeinado, sin preocupaciones. - Estás buscando algo, o me equivoco. - Exacto. - ¿Creerás encontrarlo a tiempo antes que tu vida se vaya? - No sé, no tengo idea. Esperemos que sí. El reloj de la pared marca las 2:20. De la mañana. Valentina y su novio parecen no inmutarse con la hora, como si vivieran en un mundo aparte. - Apuesto a que no tienes preocupaciones. De un bolsillo saca unos casquillos de bala. - Apuesto que no dormirías si fueras yo. En cierto punto me desconcierta: Está con peligro de morir asesinado todos los días en todo momento, y aún así vive en un relajo total. - Siento que me voy quedando vacío. - Suele pasar – Dice Valentina desde el pórtico del baño. – Todo es cuestión de vistas, de formas, de ambientes, de personas, y todas esas cosas bien abstractas. Salgo de esa casa en la plena oscuridad de la noche vacía de mi mente. Llueven los papeles por las ventanas, una gran fogata en el medio del patio central con una humareda que no deja ver la luz del sol. Fajos de papeles que tiran por las ventanas y que unos sujetos empujan hacia la fogata. - ¿Qué hacen? – Le digo a un sujeto vestido de buzo negro. - Estamos evacuando todo, nos vamos. - ¿Dónde? - No lo sé, nos mandaron evacuar todo. Esa es toda la información que hay. Bajo por unas escaleras hasta el piso inferior. Unos sujetos vestidos de cotonas grises tirando unos cajones por la ventana, gritando con voz marcial: - ¡Ya no quedan emociones acá arriba, procedan a evacuar recuerdos! Sigo bajando por las escaleras. Salgo al patio. La mujer del rostro conocido está ordenando a los saqueadores. Siguen cayendo papeles por las ventanas. - ¿Qué haces? - Estoy vaciando tu inspiración y tus recuerdos. No los necesitas más. - Eso no tiene sentido. Ni siquiera sé quién eres. - Estamos bien entonces. - ¿Es esto necesario? - ¡Es mi orden! - Este Lugar me pertenece, Me quedaré aquí. Es imperante que retires a tus hombres de este lugar. Me mira con un gesto de desprecio. Se sube a una camioneta y se va por la entrada principal. Recojo entre los papeles una carpeta. Hojeo los restos de informes. Miro hacia la camioneta que se aleja lentamente. - ¡Ya sé quién eres, Catalina! En el instante en que termino de hablar, el edificio entero se vacía como por arte de magia. Ya no hay saqueadores. Ya no hay papeles lloviendo desde las ventanas. No hay gritos ni órdenes. Sólo estoy yo, mis pocos recuerdos tirados en el piso en forma de papeles. En el inmenso edificio que dice parecer mi mente. Me he quedado solo. Y parte de mi memoria se sigue quemando en la gran fogata. Camino por los pasillos abandonados, trato de rescatar algunas cosas que debo recordar o que me recuerdan ciertas emociones. Escombros acumulados en un rincón. Un inmenso forado en una pared, que da a otros edificios como el mío, pero llenos de color, de vida, de luminosidad. Quisiera salir de acá. Puedo. La noche cae de golpe acompañado por un frio de mil inviernos juntos. Paso junto a un edificio inmenso, luminoso, con todas sus ventanas y luces encendidas. Entro por una pequeña puerta. Entro a una sala vacía. Al lado se escuchan gritos, bailes, euforia. Abro un cajón. Hay cosas mías en él. La música y el ruido se detienen. Se oyen unos pasos de tacones hacia la puerta de la sala. Miro la puerta abrirse. Es ella, flamante, impávida, implacable, ocultando su historia tras un trozo de seda café. Queriendo burlarse de la vida, queriendo burlarse de todo, de mí también, por supuesto. Se siente la ira, aunque el maquillaje y el rubor de la euforia lo oculten. - ¡Tú! Me mira a los ojos, con un desprecio infinito, con una rabia de no poder sacarme de su vida. - Yo estoy en todas partes, Catalina. En todas partes. Se apaga la luz y cae el pánico entre la multitud agolpada en el pasillo. Salgo por la misma puerta por la que entré, sin pena, sin gloria, sin humillación, sin orgullo. El frío pareció irse, la noche se estrelló más, como una luminaria celestial. Entro a mi viejo edificio. Desde acá se siente el dolor y el pánico. Va y viene. …Una chica rayó su nombre por casualidad en una pared. Un trocito de luz entre los escombros… dijo:--- BARRA DE BAJO CONSUMO --- De momento es todo por hoy, Comentar no cuesta nada

20
3
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.