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Eliasdf

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Primer post: 23 ago 2009
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Como Fabricar Una Bateria Casera
Como Fabricar Una Bateria Casera
InfoporAnónimo10/27/2009

Hola nuevamente, esta vez les traigo informacion sobre como hacer una bateria electrica, espero que les guste y les sirva. Materiales 1) Dos laminas o plaquitas de plomo de aproximadamente de 5cm de ancho por 12cm de largo. 2) Cuatro pilas de 1,5 Volts. 3) Un vaso de agua. 4) Bicarbonato de sidio. 5) Cable telefonico. 6) Dos taquitos de madera de 12 cm por 2 cm. 7) Cinco bandas elasticas (gomitas). Procedimiento 1) Agarrar dos trozos de cable de 20 cm y pelar las puntas. 2) Doblar 1,50 cm de la parte superior de cada lamina y ajustar fuertemente sobre el extremo pelado de los cables. 3) Colocar los dos taquitos de madera sobre una de las laminas (separados) de forma que el lado doblado quede boca abajo, luego poner la otra lamina sobre los taquitos y rodea el conjunto con las gomitas para que quede bien ajustadoy asegurate de que las dos plaquitas no se toquen. 4) Mezclar una cucharada de bicarbonato de sidio con el agua del vaso y meter el conjunto de laminas. 5) Conectar las cuatro pilas en serie y luegos conectarlas a la plaquitas de plomo. 6) Dejar que la futura "bateria" se carge con un espacio de tiempo de 5 minutos y luego desconectarlo de las pilas. 7) Y para asegurarse de que el experimento funciona conectar la "bateria" a una lamparita de linterna, y esta debera encenderse. YYYYY.....voila, has fabricado una bateria casera. Suerte

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Como Fabricar Un Tester Casero
InfoporAnónimo10/26/2009

Hola, aqui les dejo una herramienta parecida a un tester que lo saque de un libro viejo que lo tenia ahi tirado en mi casa, ademas es barato. Materiales: 1) Necesitamos una Brujula cuya aguja oscile (se mueva) facilmente. 2) Alambre delgado aislado o cable telefonico. Procedimiento: 1) Enrrollar mas o menos 50 vueltas del cable o alambre alrededor de la brujula. 2) Dejar 15 cm. de cable de cada lado 3) Pelar los extremos y conectarlos a una pila. Lo que vemos es que la aguja de la brujula se mueve, esto sucede a raiz de la formacio de un campo magnetico alrededor del alambre o cable generado por el paso de la corriente electrica. El efecto magnetico es tanto mas intenso, cuanto mayor es la corriente que pasa a traves del cable. El instrumentos tiene mayor sensibilidad al paso de las corrientes debiles cuando posee mayor numero de vueltas alrededor de la brujula, y cuando el alambre esta mas cerca de la aguja imantada. Si van a usar alambre, el mas apto es el nro. 22 con envoltura aislante de algodoso alambre esmaltado magnetico, especialmente delgado, capaz de permitir que todas las vueltas queden bien cerca de la aguja de la brujula. PROXIMAMENTE PONDRE EXPERIENCIAS CIENTIFICAS

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Construir una Bateria Musical
InfoporAnónimo10/31/2009

Hola, bueno aca les dejo el video de como construir una bateria musical casera, espero que les guste y no olviden Comentar. link: http://www.youtube.com/watch?v=8occx4fv480

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Speed Racer
Speed Racer
InfoporAnónimo9/21/2009

Hola, estaba pensando en esa serie de Speed Racer/Meteoro, y se me vino a la mente la idea de hacer un post sobre el tema, espero les guste Historia Los personajes de la serie en Japón vienen de la serie Mach GO GO GO, de los estudios Tatsunoko. Mach GO GO GO! fue creado por el pionero del anime, Tatsudo Yoshida. Fue un manga que se volvió serie animada. El personaje central es un joven conductor llamado Gō Mifune (Meteoro). Yoshida eligió los nombres. La "M" en el coche es un homenaje a la familia Mifune y no el nombre del coche, Mach-5, y el 5 en el coche representa un homónimo japonés ya que la palabra "cinco" en japonés se pronuncia muy parecido a "vamos" (go, en idioma inglés), por eso le pusieron el número 5. Los derechos de Meteoro fueron inmediatamente adquiridos por Trans-Lux y en la versión en inglés se denominó Speed Racer. El doblaje al inglés y la voz de Meteoro fueron hechos por el productor Peter Fernández. Secuelas Las nuevas aventuras de Meteoro. Producida por la compañía estadounidense Estudios Fred Wolf, que solamente completó 13 episodios de la serie durante 1993 y 1994 luego de ser cancelada por baja audiencia. Speed Racer X: es la secuela de Meteoro. La serie fue producida por la compañía francesa DiC Entertainment y Sony Pictures Television en el año 2002. El anime fue creado por Tatsonuko Productions. En 2008 se presentó Speed Racer (Meteoro la película en Latinoamérica) de esta historia, dirigida por los hermanos Wachowsky con actores reales. Entre los actores destacan Emile Hirsch como Meteoro, Cristina Ricci como Trixie y Matthew Fox como el Corredor X, John Goodman como Pops, Rain como Taejo Togokhan, entre otros. Meteoro: La Nueva Generación (en inglés "Speed Racer: The Next Generation&quot es transmitida actualmente en Nicktoons Network para la televisión norteamericana y Nickelodeon para la televisión latinoamericana; esta vez con los hijos de Meteoro como protagonistas. Los personajes originales pasan a ser personajes secundarios. Personajes Gō Mifune/Meteoro: Es el personaje principal de la serie, es un gran piloto y maneja el Mach 5 construido por su padre y luego el Mach 6. Sus padres: Mamá Racer es la madre de Meteoro y Rex, Pops (Padre) o Sr. Racer es el padre y constructor del Mach 5 Rex, el corredor X: El hermano mayor de Meteoro. Abandonó la casa después de discutir con su padre por participar en una carrera sin su consentimiento. Compite como "El corredor X" sin que Meteoro sospeche que es su hermano mayor. Chispita: Es el hermano menor de Meteoro y junto a su mascota Chim Chim (Chito) siempre están metiéndose en problemas. Trixie: Es la novia de Meteoro y quien la acompaña en muchos viajes Sparky/Bujía: Es un gran amigo de Meteoro y además el mecánico exclusivo del Mach 5 El Automovil El Mach 5, es una maravilla tecnológica que está equipado con piezas útiles. Estos artilugios son fácilmente utilizados presionando el botón 'A' y 'G' en el centro del volante. Hay otros botones como 'H', montados en la máquina. Lo botones tienen las siguientes funciones: Botón A (Auto Jacks): “Es un poderoso gato hidráulico para impulsar al coche de modo que cualquier persona puede hacer una rápida reparación o ajuste. Aunque no está diseñado para esta función, el Auto Jacks también puede usarse para dar saltos a corta distancia. El efecto de sonido que se oye cada vez que el coche salta es fácilmente reconocible por los fans de la serie. Botón B (Neumáticos especiales): Alterna especial agarre en los neumáticos de tracción para el terreno accidentado (terreno firme, helado o inestable, oceánico, laderas verticales de la montaña). Al mismo tiempo, sus 5000 caballos de fuerza se distribuye por igual a cada rueda por motores auxiliares Botón C (Sierras): Indicado para terreno montañoso. Un par de potentes sierras rodantes sobresalen de la parte delantera del Mach 5 para cortar muchos obstáculos. Botón D (Cupula): Pone en acción una poderosa cubierta transparente que sella la cabina del piloto bajo un cierre hermético. La cubierta es a prueba de balas e impactos. La cabina de mandos se convierte en una cámara impermeable que permite al coche sumergirse completamente bajo el agua. Botón E ("Dispositivo de Vision Nocturna&quot: Controles especiales de iluminación de luces "que se pueden controlar individualmente o en tándem", para permitir al conductor ver más claramente que con faros normales. Cuando se usa con la "pantalla nocturna" adjuntado al casco, su visión se ve reforzada con luz infrarroja. La versión original japonesa estrictamente traduce esto como "que ilumina los ojos". Botón E Más tarde se modificó para activar mini-alas que se deslizan bajo el coche para ayudar a en largos saltos de velocidad. Botón F (Modo Submarino): Se utiliza cuando el Mach 5 es sumergido. Un tubo suministra oxígeno a la cabina del piloto con aire respirable. Un periscopio puede usarse para escanear la superficie del agua. Todo lo visto se retransmite a una pantalla de vídeo en el interior de la cabina de mando del Mach 5. Las 100 libras auxiliares de suministro de oxígeno es suficiente para una duración de treinta minutos. Botón G (Cohete Gaviota): Creado para volar, tomando forma de gaviota. es un robot que transmite imágenes de alta definición que permiten al piloto ver las cosas desde otro punto de vista Botón H (Casa): Montado en la consola central con el resto de los controles para el realojamiento robot, este botón envía el realojamiento robot de nuevo a la casa Racer. Botón Extra: El padre en un episodio le puso un botón extra al coche que lo hace deslizarse a cortas distancias. Jugetes Hotwheels crea miniaturas del Mach-5. La compañía Johnny Lightning realiza miniaturas de varios autos, incluyendo los autos de los villanos. Hotwheels creo una versión a escala del Mach-6 Cosas Interesantes En la version en español de Meteoro Edgar Wald que es la voz de Optimus Prime tambien hace la voz de Bujia. Una versión antigua de Meteoro es vista en un episodio del programa de Nickelodeon Kappa Mikey La película que es la adaptación cinematográfica de esta serie, dirigida por los hermanos Andy y Larry Wachowski (Matrix), la película se estrenó en mayo de 2008 con un reparto bastante interesante comezando por Emile Hirsch (Meteoro), Christina Ricci (Trixie), Matthew Fox (Corredor X/Enmascarado), Susan Sarandon (Mamá), Rain (Taejo Togokhan) y John Goodman (Sr. Pops). En El Laboratorio de Dexter hay un episodio en el que sale el Mach 5, ese episodio es una parodia del anime. Compiten en una versión de La Carrera volcánica. Cerebro aparece como Samolli, visto en el equipo acrobático, su archienemigo desde la segunda temporada hasta el final. En un especial de Los padrinos mágicos llamado "Cazadores de canales" en español, Meteoro fue uno de los programas que fueron criticados por Timmy Turner por la forma de expresión y movimiento que tenía en sus principios. En una ocasión Timmy (Niño y adulto) compiten en una carrera parodiando al programa, y Timmy puede acceder a los botones del Mach 5 siempre ingresando antes una moneda. En la serie animada Padre de Familia, cuando Chris va a participar en una carrera, en la línea de salida se puede ver a Meteoro hablando con su padre. En la serie de VH1, VH1 Ilustrado, Meteoro aparece en un Sketch en el que gana una carrera donde dice que los autos japoneses son mejores que los americanos. En la película, aparece un Mach 6 aunque este es casi idéntico al original Mach 5. Meteoro fue la serie favorita del famoso guitarrista †Kurt Cobain de la banda de rock Nirvana y por eso en la parte de atrás del disco Nevermind aparece el mono "Chim Chim" de esta serie. Existe un disco de Alpha Team sobre Speed Racer, titulado "Strictly HYPE"; contiene 3 tracks que son "Club Mix", "Radio Edit" y "Hardcore"; dentro de las pistas, puede escucharse fragmentos de las voces en inglés de los personajes de la versión animada y partes del soundtrack. Fue un éxito Dance en 1994. Sitio Oficial: http://www.speedracer.com/

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Robin Hood
InfoporAnónimoFecha desconocida

Robin Hood es un arquetípico héroe del folclore inglés medieval. Su nombre significa “Petirrojo la capucha” o “Petirrojo de la Capucha”. /Petirrojo con capucha/ Según la leyenda, Robin Hood era un varón de gran corazón que vivía fuera de la ley escondido en el Bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Hábil arquero, defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan Sin Tierra, que utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de los nobles que se le oponían. Roba a los enriquecidos ilegítimamente y distribuye el botín entre los pobres y las víctimas. Fuentes históricas Ilustración sobre Historia de Dos CiudadesLos historiadores buscaron ávidamente un Robin Hood real, y encontraron personajes con nombres parecidos, que bien pudieron ser el legendario bandido, aunque en épocas posteriores al reinado de Juan sin Tierra. Las investigaciones de Joseph Hunter revelaron que un hombre llamado Hood vivió en Locksley y Wakefield, en el condado de York. Era sobrino de un herrero al servicio de un noble, y había nacido en 1290. En 1322, Thomas, conde de Lancaster, alzó en armas a sus súbditos, entre los que se contaba Bob o Robin Hood, contra el Rey Eduardo II de Inglaterra. La rebelión fue aplastada y se supone que Robin se refugió en el campo de Barnsdale, lindante con el de Sherwood. Se supone también que Robin atacó constantemente a los comerciantes que atravesaban el campo, hasta que el propio rey y otros nobles, disfrazados de monjes, fueron por él y lograron que el bandido prometiera fidelidad al soberano. Todas estas suposiciones adosadas a los datos sobre la existencia de un Robin Hood en tiempos de Eduardo II, fueron recogidas en La pequeña gesta de Robin Hood, publicada mucho después, en 1459. El Robin histórico reaparece en registros de 1324, que prueban que recibió salarios en el palacio real. La leyenda dice por su parte que este Robin volvió a los bosques para continuar sus aventuras, hasta que, herido de muerte, se refugia en el convento de Kirklees. Antes de expirar, dispara con su arco a través de una ventana y pide que lo entierren donde caiga esa flecha. Cerca del convento, una antigua lápida señala el lugar en el que supuestamente cayó la flecha y Robin fue sepultado. Los datos históricos arrojan como posibles personajes en los que se habría inspirado la leyenda a algunos nobles autoproscriptos. También a simples hombres de pueblo. Entre el reinado de Juan, rey de Inglaterra entre 1199 y 1216, y la aparición de las primeras baladas en el siglo XV, parece haber registros de una decena de bandidos que usaron el apelativo Robin Hood, al punto de que los historiadores creen que era la forma en que se denominaba genéricamente a los bandoleros de los bosques. En el siglo XVIII, el doctor William Stukele atribuyó la personalidad de Robin Hood al noble Robert de Kyme, quien vivió entre 1210 y 1286. Cronológicamente, debió actuar como bandido después del reinado de Juan. En 1936, fueron publicados documentos en los que consta que en 1226 se vendieron en York muebles y enseres de un fugitivo llamado Robin Hood. Este marco histórico permite suponer que la leyenda se inspira en la existencia de bandas armadas formadas por campesinos y leñadores que se dedicaban tanto al pillaje como a hostigar a la nobleza, luego del triunfo de la invasión normanda, en el siglo XI. En junio de 2006, arqueólogos británicos de la Universidad de Sheffield dicen haber ubicado las ruinas de la vivienda de Robin Hood en el condado de South Yorkshire, cuestionando la tradición que afirmaba que el legendario héroe medieval había vivido en los bosques de Sherwood, en el norte de Inglaterra. El equipo de expertos halló las ruinas de un castillo cerca de South Yorkshire y no en el condado de Nottingham, donde hasta ahora se creía había vivido el mítico personaje. La noticia puede tener un impacto negativo para Nottingham y el bosque de Sherwood, que reciben cada año miles de visitantes de todo el mundo, interesados en la vida de Robin Hood. También se cree que su nombre era Robin Earl Huntington, aunque también conocido como Robin de Locksley. Robin Hood y los mitos [editar]Según las opiniones de Robert Graves, Robin no es el diminutivo de Robert ni tampoco significaba originalmente al petirrojo (llamado en inglés, precísamente, robin) sino que sería un antiguo nombre céltico cuyo significado era el de carnero (robinet) como se llama aún robinete, robinet, rubinetto a los grifos de algunas fuentes públicas adornadas por una figura con cuernos. Por su parte Hood (o Hud) – siempre según Graves– no correspondía a la capucha; ha sido el nombre dado al leño (en inglés actual wood) tallado de una encina sagrada y quemado para las fiestas rituales de la primavera europea (en el mes de mayo); en tal leño se suponía la existencia de un insecto, como un "piojo", que era llamado también "hood"; se suponía que tal "piojo" lograba saltar junto a las chispas del fuego, quedando así alegremente siempre libre del peligro. Argumento de Robin Hood Roberto Fitz Ooth se va a casar con la bella Matilde Gilewater, hija del barón dr Arlongford. Pero la ceremonia es interrumpida por una banda de soldados del Príncipe Juan irrumpiendo en la capilla y declara Roberto Fitz Ooth "un hombre fuera de la ley". Este consigue escaparse con sus fieles amigos y compañeros y se refugia en el bosque de Sherwood, convirtiéndose así en Robin Hood. Matilde, encerrada con su propio padre, se escapa y se reúne con su novio, seguida por el cura-confesor, el Hermano Miguel, que cambiará de nombre después. Mientras tanto, el príncipe Juan se enamora de Matilde, la busca desesperadamente y quema el castillo de su padre. Después de mil aventuras en el bosque, Robin Hood y sus amigos encuentran un caballero desconocido: el Rey Ricardo vuelve de la Tierra Santa. Devuelve sus títulos nobiliarios a Robin y los demás perseguidos y puede, por fin, desposar a su amada. Fuentes literarias La primera mención manuscrita de Robin Hood se encuentra en Pedro el Labrador (Piers Plowman) de William Langland en 1377, donde el sacerdote Sloth, declara: “Conozco las rimas de Robin Hood”. Años más tarde, el cronista escocés John Fordun escribe que de los personajes de baladas, Robin Hood “es el que más me gusta”. Al comienzo del siglo XVI, cuando se imprimen numerosas baladas, Robin aparece en ellas como un caballero (gentleman), nombre dado en esta época a los comerciantes o granjeros independientes. Será recién hacia fines del siglo que adquiere un título de nobleza y toma el nombre de «Robin de Locksley», o «Robert Fitz Ooth, conde de Huntington», y comienza a ser un personaje situado alrededor de 1190, cuando el rey Ricardo Corazón de León parte hacia Jerusalén en la Tercera Cruzada. La asociación romántica con Marian (o Marión, a veces también llamada Matilde) data de este período. El poeta romántico John Keats la menciona como personaje central en el poema que dedicó a Robin Hood a comienzos del siglo XIX. Es en este siglo que Robin Hood se vuelve un rebelde sajón que combate a los señores normandos y aparece en Ivanhoe (1820), de Walter Scott. El novelista recrea esta época en su novela, que narra los conflictos entre los normandos y los antiguos sajones. Allí aparece Robin de Locksley, con su gavilla de arqueros, aliado al héroe del relato, un noble sajón que regresa de una Cruzada en la que combatió junto con Ricardo Corazón de León, hermano de Juan. En la obra de Howard Pyle, Las aventuras de Robin Hood 1883, excepto Marian, están todos los personajes que luego aparecen en las incontables adaptaciones de la leyenda. Las diferentes recreaciones incluyen más o menos los mismos episodios: el encuentro de Robin con el Pequeño Juan en el bosque y el combate con palos sobre un tronco que atraviesa un arroyo; la aparición del pícaro fraile Tuck en el bosque y su captura; la burla de Robin al sheriff en el concurso de arqueros, en el que Robin participa disfrazado de mendigo tuerto; el rescate de Will Stutely; un gran número de batallas con los hombres del sheriff; el regreso del rey justo, Ricardo Corazón de León y el casamiento con Marian. Desde la Edad Media a nuestros días, canciones y baladas, piezas de teatro y comedias musicales, películas y series de televisión, han ido construyendo un mito de acuerdo a sus respectivas épocas. Entonces vemos a Marian jugar tanto el papel de una guerrillera como el de una jovencita sumisa, o, el mismo Robin, presentado ya sea como un bandido o como un resistente que combate por una causa justa. Cronología de primeras menciones Hacia 1377: Primera mención de Robin (Robyn Hood). Willliam Langland: Pedro el labrador. Hacia 1450: Primeras baladas conocidas sobre Robin Hood. 1795: Primera compilación importante de antiguas baladas. Joseph Ritson: Robin Hood: A Collection of all the Ancient Poems, Songs and Ballads, now extant, relative to that celebrated Outlaw 1819: Primera mención novelística Walter Scott: Ivanhoe (novela). Aunque en la novela se llama Robin de Locksley. 1838: Primer folletín aparecido en un periódico británico por Pierce Egan the Younger: Robin Hood and Little John o, The Merry Men of Sherwood Forest. 1863: Alejandro Dumas : El Príncipe de los Ladrones y Robin Hood el Proscrito. 1883: Primer clásico de la literatura infantil. Howard Pyle: Las aventuras de Robin Hood. 1891: Primera opereta en Estados Unidos. Reginald DeKoven (música) y Harry B. Smith (libreto): Robin Hood. 1908: Primera película. Película británica muda realizada por Percy Stow: Robin Hood and His Merry Men. 1936: Primer dibujo animado en The Toronto Telegram. Ted McCall (escenario) y Charles Snelgrove (dibujos): Robin Hood and Company. Filmografía Douglas Fairbanks como Robin Hood.Algunas adaptaciones al cine fueron: Robín de los bosques, de Allan Dwan, 1922, con Douglas Fairbanks. Robin de los bosques, de William Keighley y Michael Curtiz, 1938, con Errol Flynn. El bandido del bosque de Sherwood de Henry Levin y George Sherman, 1946 con Russel Hicks La historia de Robin Hood, de Ken Annakin, 1952, con Richard Todd. Robin Hood, dibujo animado de Wolfgang Reitherman, producido por los estudios Disney, 1973. Los personajes son todos animales, habitando el bosque de Sherwood. Robin es un zorro. Robin y Marian, de Richard Lester, 1976. Narra el regreso de Robin después de 20 años, con situaciones divertidas y finalmente trágicas. Con Sean Connery y Audrey Hepburn. Robin de Sherwood (Serie de TV Británica 1984) con Michael Praed. Es una versión de las aventuras de Robin Hood con un enfoque místico. Robin Hood, telefilm de John Irwin, con Uma Thurman y Patrick Bergin,1991. Robin Hood, príncipe de los ladrones, de Kevin Reynolds, con Kevin Costner, 1991. Las locas locas aventuras de Robin Hood, de Mel Brooks, con Cary Elwes, 1993. Es una parodia de las películas sobre Robin Hood. Robin Hood (Serie TV 2006), serie de la BBC, 2006

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Robin Hood Libro Parte 1
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/23/2009

Robin Hood CAPÍTULO UNO NORMANDOS Y SAJONES Hace cientos de años, los vikingos realizaron continuas campañas de conquista por toda Europa. Estos audaces guerreros —daneses, noruegos o suecos—, tuvieron atemorizado a medio mundo durante tres siglos. Sus aventuras parecían no tener límites geográficos: Alemania, Francia, España, Portugal o Rusia fueron visitados por los feroces vikingos. Su ansia de expansión, apoyada en una gran preparación militar, les llevó a emprender arriesgadas expediciones por mares y ríos. Las poderosas embarcaciones con las que contaban, únicas en la época, y su extraordinaria pericia como navegantes les permitían arribar a cualquier costa y penetrar por cualquier río. Su superioridad naval se hizo incontestable. Adquirieron una gran experiencia en los ataques por sorpresa, y sus terribles y sangrientos saqueos llegaron a sertristemente célebres en toda Europa. Uno de estos pueblos vikingos, asentado desde hacía años en Normandía, emprendió la invasión de la vecina Inglaterra. Este país, no muy lejano de las costas normandas, resultaba muy vulnerable por mar. La longitud de su litoral no permitía ni una vigilancia completa, ni una concentración rápida de las tropas para rechazar un desembarco. Todo esto no pasó inadvertido a los ojos del duque normando Guillermo que, movido por su ambición y deseo de gloria, decidió preparar a conciencia el ataque a la isla. —¡Venceremos a los sajones! —arengaba Guillermo a sus tropas—. Con la conquista de Inglaterra, nuestro poder se extenderá a otros reinos. —¡Viva el duque Guillermo! —gritaban exaltados los caballeros normandos. Guillermo de Normandía, animado por el apoyo de los suyos, continuó diciendo: —Los sajones vencieron a nuestros antepasados muchas veces. Fueron más fuertes, más decididos, más inteligentes... Pero ahora no lo serán. Ha llegado por fin nuestro momento y. . . ¡ha llegado su hora! Los aplausos y los vivas al duque Guillermo cesaron al acabar aquella multitudinaria reunión. Pero el fervor y la entrega de su ejército lo acompañarían de forma permanente durante toda la expedición. Meses después, las naves capitaneadas por el duque Guillermo eran avistadas en las costas inglesas. —Señor, se acercan barcos normandos —comunicó un vigía al monarca sajón. Los sajones no estaban preparados para competir contra un peligro que procedía del mar. —¡Disponed todas las fuerzas posibles en tierra! —ordenó el rey inglés—. Debemos evitar el desembarco. Una pequeña guarnición intentó impedir que los normandos tomaran tierra. Pero no lo consiguió. Así, Guillermo de Normandía desembarcó en las costas inglesas, y con sus valerosos guerreros avanzó hacia el interior. Los sajones, en clara inferioridad numérica, se habían visto obligados a improvisar la decisiva batalla en Hastings. Poco duró el combate. El soberano inglés cayó mortalmente herido y el ejército sajón se rindió incondicionalmente. Las tropas del duque Guillermo siguieron avanzando hasta Londres, donde se libró una última batalla con la que desapareció la débil resistencia sajona. La expedición normanda había sido un rotundo éxito. En recuerdo de su victoria, el ya nuevo rey de Inglaterra, Guillermo I el Conquistador, tras ser coronado, mandó construir la célebre torre de Londres. Esta torre serviría de cárcel para numerosos y destacados personajes a lo largo de muchos años de la historia inglesa. Guillermo I, tras su victoria, dedicó sus esfuerzos a pacificar el país, y tomó algunas medidas para proteger a los sajones. —Os aconsejo prudencia —recomendaba el rey a sus nobles—. Debemos ser respetuosos con los vencidos. Sólo así conseguiremos la prosperidad en todas nuestras tierras. Sólo así lograremos una pacífica convivencia. Desgraciadamente, no todos los seguidores del rey Guillermo pensaban como él. Aprovechando una larga estancia del rey Guillermo en sus posesiones de Francia, los nobles normandos, Ilevados por su soberbia y ambición, no cesaron de causar humillaciones a los derrotados. Las cargas tributarias se hicieron cada vez más angustiosas, insoportables para los pobres súbditos. Los sajones se sublevaron en masa contra los opresores. Campesinos, artesanos y nobles unieron sus esfuerzos contra el enemigo común: los normandos. —¡Ya está bien! —decía indignado un caballero sajón—. No podemos seguir tolerando las injusticias de los normandos. Quieren hacer de nosotros sus esclavos. —¡Debemos combatirlos y ser capaces de librarnos de ellos para siempre! —¡Hay que quitarles el poder! ¡Tenemos que ser gobernados por un rey sajón! El rey Guillermo, que había estado ausente de Inglaterra, encontró a su vuelta un país levantado en armas. Los sajones se mostraban más rebeldes de lo que en un principio se podía suponer. Los nobles normandos decían a su rey: —Señor, Ilevado por vuestra bondad y magnanimidad, habéis tratado demasiado bien a los sajones. Mirad cómo os lo agradecen. —Majestad, habéis respetado a vuestros súbditos, no les habéis expropiado sus tierras y, en cambio, ellos se sublevan contra vos. Son unos desagradecidos. El rey Guillermo, ajeno a los desmanes de sus nobles y desconociendo las razones por las que sus súbditos sajones se rebelaban contra él, creyó las acusaciones de sus barones. —Caballeros, creí que los ánimos se apaciguarían. Creí que, poco a poco, los sajones olvidarían la derrota de Hastings y acabarían aceptándonos. Ahora creo que no lo harán nunca —dijo el rey en tono de lamento. Así, tomó la decisión de actuar de inmediato y con contundencia contra los sajones. Despojó a muchos nobles de sus posesiones bajo acusación de haber promovido o respaldado la rebelión, y aplastó cruelmente a los rebeldes. Pese a todo, los sajones continuaron organizándose. Crearon un verdadero ejército clandestino que, en forma de guerrilla, hostigaba sin tregua a los normandos. Los focos de resistencia contra los colonizadores se hicieron constantes. La anhelada paz en Inglaterra se veía cada vez más lejana, y los normandos, aun ricos y poderosos, no podían vivir tranquilos a causa de las frecuentes insurrecciones de los sajones. Murió Guillermo I el Conquistador en guerra contra Francia y sus inmediatos sucesores, durante años y años, tampoco conseguirían apaciguar Inglaterra. La desconfianza de los sajones hacia los normandos estaba ya tan arraigada que se había convertido en un obstáculo insalvable entre los dos pueblos. Los planes de pacificación de los distintos reyes fallaban estrepitosamente y las revueltas continuaban. Éstas eran contestadas con absoluta represión. Lo que daba lugar a nuevos enfrentamientos, cada vez más sangrientos. La espiral de violencia parecía no tener fin. El rey Enrique de Plantagenet, nieto de Guillermo I, subió al trono y se propuso, como principal objetivo de su reinado, acabar con aquellas luchas sin sentido. Para este propósito, pensó que debía atraerse, en primer lugar, a algunos influyentes nobles sajones. Para conseguirlo,, no escatimó tiempo y esfuerzo el ilusionado rey. CAPÍTULO DOS DOS NOBLES FAMILIAS SAJONAS En un majestuoso castillo cercano a la bulliciosa ciudad de Nottingham vivía Edward Fitzwalter, conde de Sherwood, y su esposa Alicia de Nhoridon. Los dos eran sajones. El matrimonio mantenía escasas relaciones sociales y permanecía alejado de las intrigas de la época. El conde de Sherwood no había participado en ninguna sublevación contra los normandos y éstos, aun de mala gana, se habían visto obligados a respetar al conde y sus posesiones. Aunque no fue atacado nunca frontalmente, Edward Fitzwalter tampoco era mirado con buenos ojos por la nobleza normanda, en la que existía cierto recelo. Dentro de los planes apaciguadores que llevaba acariciando durante largo tiempo el rey Enrique de Plantagenet, entraba precisamente ganarse la confianza del noble sajón Edward Fitzwalter —Hablaré con Edward Fitzwalter —comunicó el rey Enrique a uno de sus más estrechos colaboradores—. Si consigo la adhesión del conde, tal vez otros nobles sajones lo secunden y poco a poco logremos el respaldo de todos. ¿Qué pensáis? —Es una buena idea, señor —contestó el barón normando a su rey—. El conde de Sherwood goza de gran respeto entre la nobleza sajona. Respeto sin duda merecido, ya que es todo un caballero. La mayoría de los normandos comparten también esta opinión. El rey Enrique de Plantagenet deseaba con sinceridad que finalizaran los enfrentamientos entre sajones y normandos, y centró sus esfuerzos en conseguirlo. Así, pocos días después de esta conversación, fue a reunirse con el conde de Sherwood. Le tendió su mano y de sus labios salieron algunas promesas impensables en años anteriores. —Señor, os agradezco la confianza que habéis depositado en mí —contestó el conde, —Entonces, conde de Sherwood, ¿puedo contar de verdad con vos ? — preguntó el rey con impaciencia, —Majestad, no dudo de que os guían buenos deseos y de que sois sensible al sufrimiento del pueblo sajón —comenzó a decir el conde—. Pero vuestras promesas no son suficientes para paliar los daños que vuestro pueblo ha causado al mío... —Pero es necesario que todos hagamos el esfuerzo de salvar nuestras diferencias, conde de Sherwood. La batalla de Hastings pertenece ya al pasado. —Es cierto, señor Pero es pronto aún para confiar en vos. Es posible que sean nuestros hijos los que vivan la reconciliación entre nuestros pueblos, los que puedan vivir en paz. —¿Tenéis hijos, conde? —preguntó el rey asintiendo. —Espero uno, majestad. —Conde de Sherwood, os prometo que haré cuanto pueda por acabar con los problemas del pueblo sajón, que intentaré borrar los errores de mis antepasados y que me esforzaré por apaciguar esta tierra. —Por mi parte, majestad —contestó el conde—, os aseguro que no participaré en ningún levantamiento contra vos. Actuaré como he venido haciéndolo hasta ahora. Pero tampoco conseguiréis mi adhesión hasta que no exista una completa igualdad entre sajones y normandos. El rey Enrique y el conde de Sherwood estrecharon sus manos y se despidieron amistosamente. No mucho tiempo después, Edward Fitzwalter tuvo ocasión de comprobar que los buenos propósitos del rey Enrique quedaban olvidados ante una nueva revuelta sajona. La sublevación fue castigada con terrible dureza. Sajones y normandos seguían siendo enemigos irreconciliables. En esta triste situación vino al mundo el heredero del conde de Sherwood. La alegría reinaba en todos los rincones del castillo del conde. Amigos y vecinos acudieron a conocer al pequeño recién nacido. Un precioso niño había venido al mundo para felicidad de Alicia de Nhoridon y Edward Fitzwalter, sus padres. —Se llamará Robert —dijo el conde a todos los presentes sin disimular su alegría—. Será un valeroso sajón y confío en que le toque vivir tiempos mejores. —¡Ojalá pueda ser más feliz que nosotros! —dijo levantando su copa uno de los allí reunidos. Y todos brindaron porque así fuera. El conde de Sherwood era íntimo amigo del también noble sajón Richard At Lea, conde de Sulrey. Y éste y su esposa tuvieron, no mucho tiempo después, una preciosa niña, a la que pusieron por nombre Mariana. Los dos nobles sajones se reunían con frecuencia y mantenían interminables conversaciones sobre la compleja situación del reino. —Las sublevaciones no cesan, querido amigo —dijo Richard At Lea—. Pero el poder normando permanece inalterable a lo largo de los años. —Sí, Richard, nuestro pueblo está extenuado por las luchas y por las humillaciones de los barones normandos. Los reyes intentan apaciguar esta tierra, pero fracasan. No son capaces de contrarrestar el poder de sus nobles. —Y mientras tanto, ¿por qué luchamos ya los sajones, después de tanto tiempo? Todo parece ser una locura colectiva que no tiene fin. . . —Ojalá Inglaterra tenga pronto un rey poderoso y justo que haga posible la igualdad entre sajones y normandos —contestó con tristeza Edward Fitzwalter Pero los dos nobles sajones también aprovechaban su compañía para sonar, al calor de la chimenea de uno a otro castillo. El sueño que compartían era que Robert y Mariana, Ilegado el momento, se unieran en matrimonio. —Nuestra amistad, conde de Sulrey, quedaría coronada por la unión de nuestros hijos. —Nada me agradaría más, Edward, que emparentar con vos. Y estoy seguro además de que mi hija sería muy feliz con Robert. Pasaron unos años y murió el rey Enrique de Plantagenet. Pocos meses antes, el conde de Sherwood había perdido a su querida esposa Alicia. La única satisfacción de Edward Fitzwalter era tener cerca a su hijo Robin, como le llamaban todos cariñosamente, convertido ya en un apuesto joven. —¿Qué pasará ahora, padre, que el rey ha muerto? —preguntó Robin ante la reciente noticia. —Subirá al trono su hijo Ricardo, Robin. —¿Será un buen rey? ¿Lo conoces? —preguntaba con avidez Robin. —Lo conozco poco, hijo. Pero deseo que consiga hacer de Inglaterra un gran reino en el que se viva en paz. CAPÍTULO TRES UN NUEVO REY: RICARDO CORAZON DE LEON Como estaba previsto, tras la muerte del rey Enrique de Plantagenet subió al trono su hijo mayor, Ricardo I, conocido con el sobrenombre de Corazón de León por su nobleza y valentía. El nuevo rey era muy sensible a la miseria en la que vivían los súbditos sajones. Conocía también los intentos que sus antepasados y, en especial, su padre, habían hecho por cambiar esa situación, sin conseguirlo. Pero él estaba decidido a dar un giro definitivo al curso de los hechos. Deseaba ser el rey de un país en el que, de una vez por todas, no existieran ni vencedores ni vencidos. —Debemos construir una nueva Inglaterra. Pacífica, respetada en el exterior, poderosa... —decía ilusionado el nuevo rey—. Para ello se necesita la colaboración de todos por igual: sajones y normandos, nobles y plebeyos. Todos tendrán un lugar en el nuevo reino. El rey Ricardo empezó a captar muy pronto la confianza de sus súbditos, ya fueran sajones o normandos. Entre sus más entusiastas seguidores estaban su esposa Berengaria; lady Edith Plantagenet, su prima, y la reina madre, Leonor Entre las primeras medidas que tomó Ricardo Corazón de León, en aras de una mayor igualdad entre sus súbditos, estaba la estricta prohibición de infligir castigos corporales a los siervos, tratados como verdaderos esclavos, y la libertad de caza en los bosques, hasta ahora privilegio de los normandos. El rey Ricardo, con su bondad y su carácter conciliador, hizo cicatrizar las heridas abiertas entre los dos pueblos. Todos lo aceptaron para que fuera el rey de todos. Odios y rencillas parecieron quedar adormecidos en un profundo sueño. Pero Ricardo Corazón de León pasaría poco tiempo en su país. Así, tuvo que acudir a la llamada del papa Clemente III para participar en la Tercera Cruzada, con el fin de liberar Jerusalén, en manos del musulmán Saladino. El rey, antes de su partida, tuvo grandes dudas. —¿Cómo voy a ausentarme de Inglaterra durante tanto tiempo, y precisamente ahora, cuando más me necesitan mis súbditos? —se lamentaba. Mas su deber como rey cristiano, su deseo de lucha contra los infieles y el sincero mensaje recibido del Papa ofreciéndole la dirección de la Cruzada, hicieron que Ricardo tomara finalmente la decisión de partir hacia Tierra Santa. —¡Conquistaré Jerusalén. Se la arrebataré a los infieles! —decía con absoluta seguridad el rey Durante su ausencia ocuparía el trono su hermano Juan I, conocido como Juan sin Tierra. —Partid tranquilo, hermano mío. Aquí me encontraréis a vuestra vuelta y aquí encontraréis vuestro amado reino —dijo Juan sin Tierra a Ricardo en el momento de su marcha. —Gracias, hermano. Sé que puedo confiar en vos. Sé que gobernaréis como yo lo haría y que cuidaréis de nuestros súbditos. Me voy tranquilo porque sé que Inglaterra queda en buenas manos. Y, seguido de su séquito, Ricardo Corazón de León abandonó, quién sabe por cuántos años, su querida Inglaterra. Juan sin Tierra, en muy poco tiempo, acabó con los importantes logros de su hermano. Sembró de nuevo la desconfianza y resurgió la discordia. Su crueldad y avaricia volvieron a abrir el abismo entre sajones y normandos. Estaba convencido de que los normandos eran una clase superior y de que sólo a ellos les correspondía el poder. La sed de venganza parecía el único móvil que empujaba a quien regentaba el destino de Inglaterra. —No podemos seguir tolerando las continuas revueltas de los sajones —dijo Juan sin Tierra. —Así se hará, majestad. No lo dudéis —asintieron sus colaboradores más allegados. —Pero, señor, vivimos por primera vez una larga época de paz. Los sajones están ahora muy tranquilos —intervino un barón normando allí presente. —¡Qué ingenuo sois, caballero! —contestó con desprecio el príncipe—. ¿Acaso creéis que los sajones han dejado de tramar conspiraciones contra mi persona? ¿Pensáis tal vez que se resignan a estar bajo una dinastía normanda? ¡Estúpido! El barón que había manifestado públicamente su disconformidad con las palabras del príncipe era sir Percy Oswald, quien abandonó la sala inmediatamente. Sir Percy Oswald no estaba de acuerdo con las ideas del príncipe Juan. Pensaba que lo peor para Inglaterra era volver a los tiempos de crueldad y enfrentamientos que, afortunadamente, habían sido ya superados. Pero Juan sin Tierra no estaba dispuesto a aceptar ninguna opinión que no coincidiera con la suya. Y por ese motivo, sir Percy Oswald quedó automáticamente fuera de su círculo de confianza. Durante uno de los frecuentes encuentros entre Edward Fitzwalter y Richard At Lea, los dos nobles se confesaron su preocupación por los rumores que corrían acerca del príncipe Juan. —No parece que vaya a seguir los pasos de su hermano —dijo Richard At Lea a su amigo. —El rey Ricardo fue demasiado bondadoso al confiar en su hermano —repuso Edward Fitzwalter—. De todas formas, el príncipe Juan no se atreverá a ir contra las medidas adoptadas por el rey. —Ojalá que así sea, Edward. Pero se me ocurre una cosa. El príncipe no ignora que no simpatizamos con él. Quiero proponerte que, si a ti o a mí nos ocurriera algo, el otro iría a hacérselo saber al rey a Tierra Santa. —De acuerdo, Richard. No transcurrió mucho tiempo sin que se confirmaran los temores que se habían confesado los dos nobles sajones. El príncipe Juan, apoyado por un grupo de incondicionales normandos, comenzó a romper las normas que había dictado su hermano. Inglaterra parecía dirigirse hacia un trágico destino en el que sólo se oyera el lenguaje de las armas. Un desgraciado día, el conde de Sherwood apareció muerto en el campo. Había salido por la mañana a visitar a un vecino. De regreso a su castillo, un grupo de encapuchados lo atacó y lo dejó muerto en el camino. El fiel Richard At Lea acompañó a Robin en tan duros momentos. Estuvo con él durante el entierro de su querido amigo y alentó al desconsolado hijo. —No dejes que la pena inunde tu corazón. Eres el heredero de Sherwood y debes hacer honor a tu apellido —dijo Richard a Robin, sin poder contener su emoción. El conde de Sulrey no quiso comunicar, ni siquiera a Robin, sus sospechas de que el propio príncipe Juan podría estar implicado en la muerte de su amigo, de que todo hubiera sido una acción preparada por él y sus secuaces. Pero Richard At Lea supo inmediatamente lo que tenía que hacer: poner los hechos en conocimiento del rey. Para ello debía encaminarse hacia Tierra Santa. CAPÍTULO CUATRO UN VIAJE FRUSTRADO Llevado por el deseo de que se hiciera justicia por la muerte de su amigo y tratando de evitar males peores para Inglaterra, Richard At Lea se dispuso a realizar los preparativos para su viaje a Tierra Santa. Había asuntos importantes que tenía que resolver: conseguir dinero para poder fletar un barco y pagar a los hombres armados que lo acompañarían, y dejar a alguien encargado de la custodia de su hija. At Lea, después de pensar en quién podría ser la persona más idónea, decidió acudir a un amigo a quien hacía tiempo que no veía: Hugo de Reinault. Este noble caballero sajón debía algunos favores a Richard At Lea. Ahora era muy rico y, sin duda, estaría dispuesto a ayudarle. Pero, a veces, el tiempo hace cambiar a los hombres, y lo que no podía imaginar Richard At Lea es que Hugo de Reinault fuera en ese momento partidario de Juan sin Tierra. El príncipe Juan comenzaba a contar con un buen número de adeptos, muchos de ellos sajones. La mayoría de los caballeros reclutados lo había sido a cambio de dinero contante y sonante, o bien con la promesa de ser fuertemente recompensados con tierras y privilegios. Éste era el caso de los hermanos Robert y Hugo de Reinault, Guy de Gisborne, Arthur de HiIls y tantos otros. Todos ellos fueron capaces de traicionar a su legítimo rey, a su pueblo, a sus amigos y compañeros, incluso a sí mismos, exclusivamente por dinero y poder A un hombre de esta calaña, a Hugo de Reinault, fue a quien se dirigió el noble Richard At Lea en busca de ayuda. —¿Qué os trae por aquí, querido amigo? ¡Cuánto tiempo sin veros! —saludó de forma efusiva Hugo de Reinault al recién Ilegado. —Yo también me alegro de veros, Hugo, aunque hubiera deseado que no fuera en esta ocasión —dijo con tristeza Richard At Lea. —Hablad presto, Richard. ¿Qué sucede? —¿Puedo confiar en vos? Lo que quiero contaros no lo he hablado con nadie —dijo tomando precauciones Richard At Lea. —Soy vuestro amigo, Richard. No he olvidado cuando me ayudasteis y si hay algo que esté en mi mano, no dudéis en que podéis contar con ello. Además, soy sajón hasta la médula. —Hace unos días murió el conde de Sherwood a manos de seguidores del príncipe Juan —dijo bajando la voz Richard At Lea. —¿Estáis seguro? ¿Cómo lo habéis descubierto? —No tengo pruebas, Hugo. Pero tengo la más absoluta certeza de ello. Mira lo que está ocurriendo en Inglaterra. —Y bien, ¿qué podemos hacer, querido amigo? —Yo debo ir a Tierra Santa a poner los hechos en conocimiento del rey. Así lo decidimos Edward Fitzwalter y yo si a alguno de nosotros le sucedía algo. —Entonces, ¿para qué me necesitáis? —Preciso fletar un barco a ir acompañado de un grupo de soldados. En este momento no tengo el dinero necesario. Para eso he venido a veros, para que me prestéis, si podéis, ese dinero. —Ahora mismo no dispongo de la cantidad que necesitáis. Tendría que pedirlo yo y cobraros los intereses correspondientes. —No importa, Hugo. Hagámoslo como decís. No estoy en condiciones de poder elegir ni de poder esperar. —Mañana tendréis el dinero, Richard. Ahora, tomemos una copa de vino y brindemos por vuestro viaje. —Gracias, amigo. Necesito aún pediros otro favor, quizá más importante que el anterior. Como sabéis tengo una hija. Deseo que, durante el tiempo que yo esté fuera, ella permanezca en un convento y vos seáis su tutor. —Os agradezco la confianza que depositáis en mí, Richard. Seré un verdadero padre para vuestra hija mientras estéis ausente. —Por supuesto que os dejaré el poder legal correspondiente y os compensaré por las molestias que todo esto os cause. Unos días después, tras firmar todos los documentos, Richard At Lea se hacía a la mar con el barco y la tripulación proporcionados por Hugo de Reinault. Nada más zarpar Richard At Lea, Hugo se dirigió al palacio de Juan sin Tierra. Allí le esperaba el nutrido grupo de caballeros adeptos al príncipe y el propio príncipe en persona. De Reinault contó a sus amigos lo ocurrido con At Lea. —Pero... ¿le habéis dejado partir a Tierra Santa? —preguntó con indignación y la voz temblorosa el príncipe Juan. —Tranquilo, señor. Los hombres que lo acompañan llevan órdenes muy claras. Si no me fallan los cálculos, a estas horas ya se habrán amotinado contra el conde de Sulrey, y estarán de vuelta dentro de muy poco en el puerto del que salieron. De ahí, el conde pasará a la más oscura mazmorra de mi castillo. —Sois muy listo, Hugo —afirmaron todos. —Pero hay más, señores. Tengo documentos legales firmados de puño y letra por Richard At Lea por los que sus bienes pasarán a mis manos y, como tutor de su hija, también me pertenecerán los de ella. Así, no sólo me he deshecho de un enemigo de vos, príncipe, sino que además nos repartiremos la apreciable fortuna de los At Lea. La reunión acabó con aplausos dirigidos al astuto Hugo de Reinauf y con un brindis dedicado al talento y la sagacidad del noble. Pocos días después, tal y como había previsto el traidor sajón, Richard At Lea era llevado ante él. —Hugo, ha sido una terrible experiencia. Los soldados se amotinaron . . . —¿Quién sois? —interrumpió bruscamente Hugo de Reinault a Richard, que presentaba un aspecto lamentable. —¿No me reconocéis, Hugo? Soy Richard At Lea, vuestro amigo: —¡Imposible! Richard At Lea salió hace unos días hacia Tierra Santa. Yo mismo le proporcioné el barco y la tripulación. Vos debéis de ser un impostor. ¡Guardias, encerradle! En ese mismo momento, Richard At Lea comprendió que había sido víctima de un engaño; más que eso, de una terrible traición. A quien había considerado un amigo no era más que un traidor, un vendido a la causa de Juan sin Tierra. Pero ahora, su triste realidad es que estaba en manos de un hombre sin escrúpulos. Pero no sólo él, sino también su querida hija y todos sus bienes. Richard At Lea lloró amargamente en su celda. Un triste Ilanto derramado por quien se sentía el ser más infeliz y solo de la Tierra. Nunca unas lágrimas habían sido muestra de un dolor tan hondo, de una desesperación tan profunda. CAPÍTULO CINCO LA PRIMERA ACCIÓN DE ROBIN Tras la muerte de su padre, el joven Robin se vio sumido en la tristeza y en la desolación. Aun sin sospechar la verdad, el heredero de Sherwood se sentía solo y desgraciado, sin el padre con el que tanto compartía y del que tanto había aprendido. Intentando hacer algo por cambiar su triste estado de ánimo, decidió buscar la compañía de las dos personas en las que más confiaba y a las que más cariño tenía: Richard At Lea y su hija Mariana. Se dirigió al castillo de los At Lea y, allí, uno de los sirvientes le informó de que el conde había partido a Tierra Santa y que Mariana se encontraba en el castillo de Hugo de Reinault, su tutor por decisión paterna. Robin, extrañadísimo, comentó: —¡En el castillo de Hugo de Reinault! ¡Qué raro! Ese caballero tiene fama de ser un cruel prestamista que ha ido despojando de sus tierras a medio condado. Además es el hermano de Robert, corregidor de Nottingham. —¡Pero, señor, son sajones! –le dijo el sirviente de los At Lea. —Aun siéndolo, no me fío de ellos —contestó Robin. Robin abandonó el castillo del que fuera gran amigo de su padre y decidió visitar a Hugo de Reinault para entrevistarse con Mariana. —¿Qué os trae por aquí, señor Fitzwalter? —Creo que vos sabéis dónde se encuentra el señor At Lea. —Efectivamente. Mi amigo Richard At Lea —habló Hugo poniendo mucho énfasis en las palabras "mi amigo"— me pidió prestado dinero para ir a Tierra Santa. Y hacia allí se dirige gracias a mi ayuda. —¿Y Mariana? ¿Podría hablar con ella? —preguntó Robin. —Soy legalmente el tutor de Mariana y en este momento no podéis verla. —¿Acaso tenéis miedo de que hable con ella? ¿Ocultáis algo, señor Hugo de Reinault? —dijo Robin con tono acusador. —¡No tengo nada que ocultar, señor Fitzwalter! Es mi palabra de caballero. Ahora, váyase. No puedo perder más tiempo. ¡Soldados, acompañen al señor! Y rodeado de un grupo de hombres armados, Robin abandonó el castillo de Hugo de Reinault. El señor de Reinault tuvo la impresión de que el joven Robin sospechaba algo. Y lo mismo parecía ocurrir con Mariana. La joven había pronunciado algunas palabras, en la conversación que los dos mantuvieron, que denotaban cierta desconfianza hacia él y cierta extrañeza de que su padre hubiera tomado las decisiones que parecía haber tomado. Hugo de Reinault se tranquilizó a sí mismo. ¿Qué peligro podían suponer tanto Robin como Mariana? Y al fin y al cabo, en el peor de los casos, serían sólo unas pequeñas molestias a cambio de los grandes beneficios que iba a obtener de esta operación. Robin, desde su conversación con el señor de Reinault, no conseguía olvidarse del asunto. Estaba cabizbajo, meditabundo, no hablaba con nadie y vagaba por los caminos a lomos de su caballo. Un día, en uno de esos paseos sin rumbo, Robin encontró a un grupo de campesinos. Discutían airadamente y oyó voces de protesta contra los normandos. Robin se acercó a ellos. —¿Qué sucede? —preguntó bajando de su caballo. Uno de los siervos de Robin explicó a su señor que Feldon, un hombre al servicio de Guy de Gisborne, había sufrido un terrible castigo por un hecho sin importancia. Este castigo había consistido en dejarle sin comer, durante más de una semana, a él y a su familia. El desgraciado Feldon, sumido en la más absoluta desesperación, había cazado un ciervo para dar de comer a los suyos. Enterado Guy de Gisborne, lo había apresado y condenado a muerte. Su mujer y sus dos hijos serían azotados. —¡Esto es intolerable! —gritó con indignación Robin—. Las leyes están para cumplirlas. Feldon tiene derecho a cazar. El mismo derecho que el señor de Gisborne. Iré a pedir cuentas a ese mezquino caballero. —No lo hagáis, señor —le pidió con preocupación el campesino que le había contado la triste historia de Feldon—. Guy de Gisborne está respaldado por el príncipe Juan y no conseguiréis nada. Irá contra vos también. Es muy poderoso. No vayáis. —No os preocupéis, os lo ruego. No tengo ningún miedo a ese caballero que se salta las leyes a su capricho. Avisa a todos mis soldados, que se queden en el castillo y me esperen allí —dijo Robin mientras se alejaba con su caballo. Robin se dirigió al castillo del señor de Gisbome dispuesto a todo por conseguir que la ley se cumpliera. No podía consentir que un señor dispusiera de la vida de un hombre. Daba igual que fuera normando o sajón. Era una vida humana y, como tal, merecía respeto. Estas enseñanzas de respeto y amor al prójimo las había recibido Robin de su padre. "¡Ay, cuánto le echo de menos! ¡Cuánto podría haberme ayudado mi padre en estas circunstancias y en otras que sin duda me deparará la vida! ¡Ni siquiera cuento con el buen consejo del señor At Lea! ¡Qué solo estoy!" —pensaba Robin mientras se dirigía a ver al señor de Gisborne. Poco después llegaba a las puertas del castillo y pedía ser recibido por el señor Mientras tanto, observó los preparativos que se realizaban para llevar a cabo la ejecución de Feldon. —Señor Fitzwalter, no sé qué hace un noble sajón bajo mi techo. Ya sé que visitasteis a Hugo de Reinault, pero... —Que, por cierto, también es noble sajón —le interrumpió irónicamente Robin. —¡Basta de bromas, joven! —dijo con crispación Guy de Gisborne—. Yo no sé nada de Richard At Lea ni de su hija. —No es ése el motivo de mi visita Vengo a impedir la muerte de su siervo, ese pobre desdichado al que pensáis ejecutar por hacer uso de su derecho a cazar ¿Acaso habéis olvidado que la caza no es un privilegio normando según las leyes de nuestro rey? —¿Qué rey? —preguntó cínicamente Guy de Gisborne—. Yo sólo tengo un rey, y es el príncipe Juan. —Si es el príncipe Juan el que está detrás de esto, vos y él estáis violando las leyes. No podéis matar a ese hombre ni torturar a su familia. ¡Que se suspenda la ejecución! —gritó Robin. —Meteos en vuestros asuntos, jovencito. La ejecución se Ilevará a cabo, ¡por encima de vos si es preciso! Robin se fue sin siquiera despedirse. Se dirigió a su castillo. Allí le aguardaban sus hombres, preparados para lo que él dispusiera. La orden de Robin fue atacar la fortaleza del señor de Gisborne para liberar a su vasallo Feldon. Robin y sus hombres no tuvieron en cuenta ni su inferioridad numérica ni el peligro que corrían. La sed de justicia a igualdad les hacía enfrentarse valerosamente al enemigo. Guy de Gisborne y sus soldados no esperaban el ataque. Fue un verdadero asalto por sorpresa. Casi no hubo respuesta: no les dio tiempo a reaccionar, ni siquiera a llegar a las armas. Robin, con sus propias manos, liberó al desdichado Feldon, que no podía creer lo que estaba viendo. Una vez alcanzado su objetivo, Robin y Feldon en el mismo caballo, seguidos por los hombres que habían hecho posible la victoria, se alejaron al galope. Más tarde, pudieron respirar tranquilos en los aposentos del castillo de Sherwood. Sólo había una cosa que entristecía a Robin: no haber podido salvar también a la esposa y los dos hijos de Feldon de la crueldad del señor de Gisborne.

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Robin Hood Libro Parte 2
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/26/2009

CAPÍTULO SEIS EN EL BOSQUE DE SHERWOOD Durante varios días, la calma y la paz reinaron en el castillo del conde de Sherwood. La satisfacción por el deber cumplido era el sentimiento que compartía Robin con sus hombres. El constante agradecimiento de Feldon era lo único que hacía ensombrecer la alegría de Robin. Le hacía recordar los tormentos que podía estar sufriendo la familia del que era ahora su más incondicional vasallo. Pero Guy de Gisborne no había olvidado la terrible acción cometida por Robin. Convocó una reunión con el príncipe Juan y sus más fieles seguidores, y allí expuso los hechos ocurridos. —Caballeros, nos hemos librado de Edward Fitzwalter y también de Richard At Lea. Pero mientras ande suelto Robin, no nos dejará vivir tranquilos. Ese joven es muy peligroso —dijo Guy de Gisborne. —Estoy de acuerdo —intervino Hugo de Reinault—. Estoy seguro de que sospecha algo sobre lo ocurrido con At Lea, y no cejará en su empeño hasta averiguarlo. Conozco muy bien a ese joven sajón. —Entonces, Guy de Gisborne, atacad su castillo —dijo el príncipe Juan—. Todos colaboraremos con nuestros soldados. Además, ese joven es muy rico. Nos quedaremos con su castillo, con sus tierras y con sus bienes. Nos repartiremos todo. Tomada la decisión, los caballeros se dispersaron. Pocos días después, según lo convenido, un numeroso ejército, nutrido con hombres de diversa procedencia, rodeaba el castillo de Sherwood, preparado para el asalto. Por su parte, los hombres de Robin de Fitzwalter permanecían en sus puestos día y noche. Todos ellos mantenían alto el ánimo. Estaban dispuestos a todo en defensa de la ley, y con la seguridad y tranquilidad de espíritu que produce estar cargado de razón. Después de un mes de asedio al castillo de Sherwood, las frecuentes escaramuzas no supusieron ninguna rotunda victoria para los atacantes ni ninguna sonada derrota para los atacados. Aparte del agotamiento que empezaba a hacer mella en las tropas atacantes, esta expedición empezó a ser duramente criticada por numerosos nobles, tanto sajones como normandos. Todos sospechaban que el príncipe respaldaba tal acción. Todos sabían perfectamente quiénes eran Guy de Gisborne y el pequeño a influyente grupo que rodeaba a Juan sin Tierra. Se convocó una nueva reunión para discutir qué era lo más conveniente, dadas las actuates circunstancias. Como en otras ocasiones, Hugo de Reinault fue el que aportó la idea más diabólica para acabar con aquella situación. —Señores, creo que se debe enviar un mensajero que anuncie el perdón a Feldon y a los que, como él, se refugiaron en el castillo. . . —¡Pero estáis loco, Hugo! —interrumpió con furia Guy de Gisborne. —¡Calma, escuchadme! Debéis ordenar el perdón de Feldon y de todos vuestros vasallos que han ido engrosando las filas de Robin. Mandad que todas las mujeres a hijos de los rebeldes sean llevados a las murallas del castillo. Si esos rebeldes no aceptan el perdón que les concedéis, sus familias serán ejecutadas. Os aseguro que las esposas convencerán por sí mismas a sus maridos. —Sois un verdadero genio, Hugo —exclamó Guy de Gisborne. Los acontecimientos se desarrollaron tal y como había previsto el astuto Hugo de Reinault. Un mensajero anunció las condiciones a las puertas del castillo de Sherwood. Cuando los desertores del señor de Gisborne vieron a sus esposas y a sus hijos pidiéndoles que depusieran su actitud para salvarse, no tuvieron fuerza moral para mantener la lucha. El primero en enternecerse fue Feldon. —Señor Fitzwalter, he de ir con los míos. Aunque todo sea una patraña, aunque luego me maten, debo intentar salvarlos. —Nosotros lo seguiremos —dijeron otros. Robin intentó convencerlos de que no lo hicieran, de que sin duda era una trampa. —No sólo ajusticiarán a vuestras familias, sino a vosotros mismos. El señor de Gisborne no olvida. Nunca os perdonará —les decía Robin. Todo fue inútil. Los hombres no podían dejar de oír las voces de sus esposas. Se les rompía el corazón. Pronto, los primeros en salir pudieron estrechar a los suyos sin que les ocurriera nada. Muchos siguieron su ejemplo. Robin se quedó con un puñado de hombres. Así no podían seguir resistiendo en el castillo sitiado. —Tenemos que salir de aquí para salvar nuestras vidas —les dijo a sus hombres—. Pero no nos entregaremos al enemigo. Iremos al bosque de Sherwood. Lo conozco como la palma de mi mano. No se atreverán a internarse en él. Os lo aseguro. Aprovecharon la noche para salir sigilosamente por la puerta trasera del castillo. A los pocos minutos entraban en el bosque, un refugio seguro. A la mañana siguiente, los hombres de Guy de Gisborne descubrieron lo sucedido. —¡Han escapado! —gritó uno de los soldados. Las huellas les condujerron hasta el cercano bosque de Sherwood. La noticia fue comunicada rápidamente al señor Guy de Gisborne, que se encontraba acompañado de Hugo de Reinault—¡Maldito sea! ¡Ha conseguido escapar! ¿Qué podemos hacer para darle su merecido, Hugo? —Nada por el momento. Ahora, Robin ya no es un peligro. Está recluido en el bosque. Sherwood es su prisión. Si sale de ahí, caerá en nuestras manos. —Es cierto, Hugo. Ya no hay nada que temer: Pediremos al principe que lo declare proscrito, un ciudadano fuera de la ley. A él y a sus hombres, por supuesto. —Brindemos, amigo, por las ganancias obtenidas: tierras, dinero, un castillo... Hay mucho para repartir entre todos —dijo el interesado Reinault. Mientras tanto, Robin reflexionaba en Sherwood sobre todo lo que había ocurrido. No se arrepentía de nada. Volvería a actuar de la misma manera otra vez. Pero estaba preocupado: ¿Cuánto tiempo pasaría sin que pudieran salir del bosque de Sherwood? ¿Qué les habría ocurrido a Feldon y a los demás? A los pocos días recibieron la visita de un pastor que había descubierto un camino sin vigilancia por el que llegar al bosque. El pastor les contó que Feldon y cinco hombres más habían sido ejecutados. Todos los demás habían recibido crueles castigos y sus familias se morían de hambre. —¡Lo sabía! No deberían haber creído al mensajero del señor de Gisborne — se lamentó Robin. —Todos los que viven están arrepentidos de lo que hicieron, Robin —dijo el pastor—. La gente de la comarca admira vuestro comportamiento y quiere ayudaros. ¿Qué podemos hacer? —Necesitamos más hombres y comida —dijo Robin—. El pastor cumplió su promesa. Fue reclutando hombres jóvenes y les hizo llegar alimentos. El grupo del bosque de Sherwood era ya bastante numeroso. Todos sus miembros juraron lealtad a Robin y se sentían orgullosos de estar a las órdenes del hombre más íntegro y justo del reino: Robin Hood —así apodado por la característica capucha que siempre lucía en su cabeza—. El hijo de Edward Fitzwalter. CAPÍTULO SIETE LA ORGANIZACIÓN EN SHERWOOD Poco a poco, el asentamiento en el bosque de Sherwood fue adecuándose a las necesidades de los que allí se encontraban. Primero construyeron chozas que les servían de cobijo y, cuando los días se hicieron más fríos, bien entrado el otoño, se vieron obligados a dotarlas de chimeneas para proporcionarse calor Aun así, las ropas de Robin y sus hombres fueron convirtiéndose en auténticos harapos, y carecían de mantas con las que abrigarse durante la noche. Robin decidió que había que solucionar este grave problema. Para ello era necesario ir a la ciudad y conseguir lo que necesitaban. Ninguno de los hombres de Robin estaba dispuesto a correr ese riesgo. Preferían seguir soportando el frío y las calamidades que padecían. —Yo iré a Nottingham —dijo Robin—. Me disfrazaré de mendigo y traeré lo que necesitamos. A pesar de que todos intentaron disuadirle, Robin estaba decidido y se puso en camino. Llegó a Nottingham muy cansado. Sólo contaba con un puñado de monedas de escaso valor que había ido consiguiendo como limosna por el camino. Entró en la tienda de un mercader y allí eligió ropa y calzado para todos. No sabía cómo arreglárselas para pagan Siguió mirando y mirando para darse tiempo hasta que se le ocurriera algo. De pronto descubrió una alfombra que le resultó familiar. Era una gran alfombra del castillo de su padre. Un montón de recuerdos de su infancia se agolparon en su mente: su madre, su padre. . . Él y Mariana jugando sobre aqueIla preciosa alfombra... No pudo evitar que se le hiciera un nudo en la garganta y que sus ojos se llenaran de lágrimas. —A ver, joven, son cuarenta libras —dijo el mercader con brusquedad. Esas palabras sacaron a Robin de su ensimismamiento. —Le doy estas monedas. Son todo cuanto tengo. Dentro de unos días le pagaré el resto. —De ninguna manera. Yo sólo vendo al contado. No me fío de nadie. —De alguien habrá tenido que fiarse, señor, cuando tiene una alfombra que perteneció a una familia a la que yo conocí hace tiempo. Sus bienes están confiscados y, portanto, esa alfombra ha tenido que ser robada—dijo Robin pícaramente. AI mercader no le gustó nada lo que acababa de oír. Pensó que aquel muchacho podía ser un enviado del príncipe Juan. Si lo denunciaban, lo ahorcanán. Era mucho lo que tenía que ocultar —Si esto queda entre nosotros —propuso el mercader a Robin—, te dejo que te lleves lo que has elegido y te regalo esa alfombra Robin no abrió la boca, y el mercader se vio obligado a seguir ofreciendo cosas intentando satisfacerle: —Te daré también dos toneles de vino... y... dos sacos de harina. —¿Cómo podré transportar todas esas cosas? —preguntó por fin Robin. —Te llevarás ese caballo que está ahí. Pero no me denuncies, por Dios. —Ándate con cuidado, mercader. La próxima vez puedes correr peor suerte. Y Robin se fue con un caballo nuevo y con toda la mercancía. En Sherwood, la alegría desbordó a todos cuando lo vieron aparecer sano y salvo y con aquel cargamento. Robin colocó la preciosa y lujosa alfombra en su pobre choza. Ahora tendría un recuerdo de su feliz infancia. Los días transcurrían plácidamente en Sherwood. Cazaban venados y recolectaban frutos pares alimentarse, recogían leña para procurarse calor y, de vez en cuando, recibían la visita de alguna persona del lugar que les traía algo de comida a veces como muestra de simpatía, o pidiendo su ayuda para que intervinieran ante los frecuentes abusos de poder que cometían algunos caballeros. Cada vez se hicieron más frecuentes las acciones de Robin y sus hombres fuera del refugio del bosque de Sherwood. Se trataba siempre de actos en defensa de vasallos perseguidos por los barones normandos o incluso en ayuda de caballeros sajones, despojados constantemente de tierras y bienes por los ambiciosos secuaces del príncipe Juan. Dado que Robin y sus hombres se veían obligados a intervenir en numerosas ocasiones, debían organizarse. Aun fuera de la ley, era necesario que todos tuvieran claro cómo actuar en cada caso y qué propósitos perseguían. Para ello, Robin creyó conveniente poner unas normas que todos cumplieran por igual. Movido por este deseo, un día Robin reunió a sus hombres y les comunicó sus planes: —Compañeros, cada día son más las personas que acuden a nosotros en busca de auxilio. Como sabéis, estamos declarados proscritos. Efectivamente, no acatamos las normas del príncipe Juan, ni nunca lo haremos. En cambio, sí acatamos las leyes divinas y las tendremos siempre presentes. Serán nuestra verdadera guía. Nuestro fin ha de ser hacer el bien: socorrer a pobres y necesitados, luchar contra cualquier injusticia, respetar a mujeres, niños y ancianos, y atacar sólo en defensa propia. Tras los calurosos aplausos con los que mostraron su total adhesión a las palabras de Robin, todos los hombres juraron cumplir aquellos principios. Paulatinamente, el número de miembros de la banda de Robin había ido aumentando de manera considerable. Unas veces se unía a ellos algún joven que había presenciado una gloriosa acción; en otras ocasiones eran personas que penetraban en el bosque y pedían ser admitidas y, en todos los casos, eran gentes orgullosas de poder pertenecer al valeroso ejército de Robin Hood. Entre los numerosos compañeros de Robin, había dos con los que se sentía especialmente identificado: John Mansfield y Much. John Mansfield, al que todos llamaban Johnny, era un gran hombretón, alto y robusto. Estaba dotado de una fuerza sobrehumana y el mismo Robin había tenido oportunidad de comprobarlo en sus propias carnes. Fue el día en que se conocieron. Robin, seguido de sus hombres en fila india, atravesaba un angosto puente sobre un río. Por el otro extremo avanzaba un desconocido. Como era imposible pasar a la vez en less dos direcciones, Robin le gritó que retrocediera. El bravo desconocido se negó a ser él quien lo hiciera, y se enzarzaron en una pelea. Robin fue derribado por aquella fuerza de la naturaleza. Aquel hombre era John Mansfield. Huía de los normandos, que le habían despojado de sus tierras, a iba en busca de Robin Hood para unirse a su banda. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que tenía a Robin ante él: el mismo al que había hecho besar el suelo. Much, el otro hombre de confianza de Robin, era de baja estatura y escasa corpulencia. Lo contrario de lo que significa su nombre en inglés: "mucho". Robin conoció a Much ante las ruinas de un molino. El hombre estaba con la cabeza agachada y la mirada perdida Robin se presentó. AI oír su nombre, el desconocido reaccionó y, entre lágrimas, le contó que soldados de Ralph de Bellamy llegaron en busca de trigo. Les dio cuanto tenía. Pero les pareció poco y le acusaron de estar guardando alguna cantidad para los proscritos. Quemaron el molino con su mujer y sus dos hijos dentro. Much se sumó a la banda, donde encontró una nueva familia. CAPÍTULO OCHO DIVERTIDAS AVENTURAS DE ROBIN ROOD A pesar de los tristes acontecimientos que desencadenaron la existencia del grupo refugiado en Sherwood, la vida allí había ido normalizándose. Muchas familias habían logrado reunirse. Incluso muchos niños habían venido al mundo en aquel bosque.Además, todos se sentían miembros de una gran familia y todos se ocupaban de todos. Recientemente se había incorporado a la banda el padre Tuck. Era un fraile que había vivido siempre solo, retirado en el campo. Muchas personas, tanto nobles como plebeyas, acudían a él con frecuencia a pedirle consejo. Su influencia en las gentes y su apoyo personal a los principios que defendían los proscritos de Sherwood, hicieron que las autoridades del príncipe Juan dictaran orden de captura contra él. Esto obligó al buen fraile a refugiarse también en Sherwood. Allí, sus aportaciones fueron muy importantes. No sólo celebraba misa todos los domingos, sino que unió a varias parejas en matrimonio, bautizó a muchos niños, se ocupaba de la educación de pequeños y mayores y, como tenía conocimientos de medicina, cuidaba de la salud de todos. Aunque la vida cotidiana en Sherwood no era fácil, también había momentos para la diversión. Uno de ellos, quizá el más célebre, fue el día en el que Robin y algunos de sus hombres acudieron a un torneo de tiro con arco que se celebraba en una ciudad próxima. Robin y los suyos se habían convertido en verdaderos expertos en el manejo del arco: única arma disponible en su refugio del bosque. Todos los premios del torneo los acaparó el grupo de Sherwood. Finalmente, la última prueba, recompensada con una bolsa de monedas de oro, la superó sin dificultad Robin Hood para asombro de todos los presentes. Cuando el alcalde de la ciudad entregó el premio al vencedor, le preguntó su nombre. Robin, vestido como un caballero y sin su típica capucha, contestó: —Mi nombre es Robin Hood. La carcajada fue general. Cuando las risas cesaron, el alcalde volvió a preguntar al ganador por su nombre. —Señor, ya os lo he dicho. Mi nombre es Robin Hood. El alcalde comprendió entonces que el desconocido no estaba bromeando. Llamó a gritos a sus soldados para que lo apresaran. Pero era demasiado tarde. Robin y los suyos habían huido a todo galope en sus caballos. Otra de las más famosas y animadas aventuras de Robin, que demuestra su afán de diversión y su buen humor, comenzó un día cuando encontró en un camino a un anciano alfarero que iba a la ciudad de Nottingham a vender su mercancía El anciano se mareó y cayó al suelo. Robin se acercó a reanimarlo. Le dijo quién era y le ofreció quedarse en el bosque de Sherwood. Mientras, él mismo iría al mercado y le traería el dinero de la mercancía que vendiese. —Gracias, Robin. Puedo confirmar que lo que he oído sobre vos es cierto. Necesito el dinero para la boda de mi hija, pero está claro que no puedo continuar hasta Nottingham. Acepto vuestro favor y descansaré en Sherwood. Os advierto que hay una vajilla de oro muy valiosa entre los objetos de la carreta. Robin llegó a la ciudad y pronto consiguió vender todo, ya que tanto la mercancía como los precios resultaron muy atractivos para las gentes. Sólo se reservó la vajilla de oro porque le rondaba una idea en la cabeza. El interés de los objetos ofrecidos por el mercader llegó a oídos del corregidor Robert de Reinault, quien lo llamó a su palacio. Eso era, precisamente, lo que Robin tenía previsto. Cuando el mercader traspasó las puertas de la mansión del corregidor ya nada quedaba de su mercancía, salvo la valiosa vajilla. Así se lo comunicó al señor, a quien por respeto al cargo que ostentaba se la ofreció como regalo. Robert de Reinault, con ojos codiciosos, aceptó el obsequio e invitó al generoso mercader a cenar en su palacio aquella noche. Hugo de Reinault, huésped de su hermano por aquellos días, también estaría presente en el banquete. Robin obtuvo interesante información, que era lo que pretendía, en el palacio de Robert de Reinault. Supo que el precio por su captura o muerte era ya elevadísimo. Supo también que se preparaba una incursión a Sherwood, dirigida por Guy de Gisbome. Tras la cena y el insistente agradecimiento, el humilde mercader se despidió de los hermanos Reinault y abandonó la ciudad. Por la mañana, los sirvientes del corregidor encontraron un pergamino con el siguiente mensaje: "Robin Hood da sus más sinceras gracias al corregidor y a su ilustre hermano. Y queda a la espera de poderles corresponder de la misma forma en el bosque de Sherwood!” La cólera de los hermanos Reinault fue mayúscula. Los dos juraron odio eterno a Robin Hood y no descansar hasta verle muerto. Robin llegó a Sherwood muy satisfecho por haber quedado al corriente de lo que se tramaba contra ellos y, así, tener tiempo para prepararse. El pobre alfarero había muerto. Había dejado el nombre y la dirección de su hija, a la que poco después le fue entregado el dinero obtenido por la mercancía. Unos días más tarde, los vigías de Sherwood vieron avanzar a los soldados de Guy de Gisbome. Corrieron a avisar a Robin Hood y éste dio las órdenes convenientes: se trataba de que todos permanecieran escondidos pacientemente en la espesura. No debían hacer ningún ruido Los soldados se internaron en el bosque, pero ni rastro de Robin Hood y los suyos. El más absoluto silencio los acompañaba en la búsqueda. Llegó la noche y se detuvieron en un claro. Allí hicieron una gran hoguera y establecieron los turnos de vigilancia. AI amor del fuego, los hombres empezaron a charlar de forma animada. Cuando callaban, oían sobrecogidos los ruidos del bosque. Aquello les hacía seguir despiertos a pesar del cansancio que sentían tras la dura jornada. La conversación iba decayendo y muchos empezaban a quedarse adormecidos, rendidos por el sueño. Era ya bien entrada la madrugada. De pronto empezaron a oírse extraños ruidos, y los intranquilos hombres de Gisborne se despertaron sobresaltados. AI poco vieron entre los árboles unas sombras blancas semejantes a duendes o fantasmas. Espantosas carcajadas, que parecían salir de ultratumba, acompañaban estas terron'ficas visiones. Los hombres, bien juntos, con los pelos de punta y temblando de pavor, tuvieron que sufrir aún que un grupo de estos fantasmas se abalanzaran sobre ellos y empezaran a molerles a palos. Los confundidos soldados huyeron despavoridos en medio de la oscuridad de la noche y deambularon por el bosque hasta que, al amanecer, lograron alcanzar la salida. Sobra explicar que los fantasmas venidos del otro mundo eran Robin y sus hombres. Todo había sido una genial idea del héroe de Sherwood. El suceso corrió como la pólvora por toda la comarca. Y la expedición de Gisborne fue motivo de burla para las gentes del lugar. CAPÍTULO NUEVE LLEGAN NOTICIAS SOBRE EL REY Había pasado mucho tiempo desde que Ricardo Corazón de León partiera a las Cruzadas. Inglaterra había cambiado mucho bajo la regencia del príncipe Juan y no se tenían noticias del rey Cuando todos pensaban que habría muerto en la lucha contra los infieles, se supo que el legítimo rey de Inglaterra estaba vivo, aunque prisionero del rey Enrique de Alemania. Ricardo Corazón de León fue detenido por soldados de Leopoldo de Austria y posteriormente entregado al rey alemán. En el momento de su detención iba acompañado de su buen amigo el príncipe David de Huntington, futuro rey de Escocia, conocido como sir Kenneth. Sir Kenneth intentó defender a su rey y cayó gravemente herido. Los soldados austríacos prendieron a Ricardo y abandonaron a su amigo, dándolo por muerto. Sin embargo, sir Kenneth se salvó gracias a un campesino que lo encontró y lo llevó a su choza, donde se restableció por completo. Consciente de la gravedad del asunto, sir Kenneth, nada más recuperarse, centró todos sus esfuerzos en conseguir la liberación del rey Ricardo. Por ello, se dirigió a Roma para interceder ante el Sumo Pontífice. Allí se enteró de que Ricardo no estaba en Austria, sino en Alemania, y que el rey Enrique había pedido un fuerte rescate por su liberación. En efecto, a la corte inglesa había llegado un mensaje del rey alemán en el que se daba cuenta del cautiverio de Ricardo Corazón de León y de la suma exigida para su puesta en libertad. Juan sin Tierra, ante la reina madre y la esposa de su hermano, declaró que pondría todo su empeño en recaudar fondos, por medio de más impuestos, para salvar a Ricardo, ya que las arcas del reino no disponían de esa exorbitante cantidad. —Yo venderé mis joyas, Juan —dijo la reina madre—, para restituir en su trono al legítimo rey de Inglaterra. En cuanto a la recaudación de impuestos, sólo te pido que no se haga recaer todo el esfuerzo sobre los humildes. Son los señores, normandos y sajones, los que más deben y pueden aportar Toda Inglaterra condenó sin reservas la acción del rey alemán. En general, la gente del pueblo fue la que se sintió más afectada. Veía alejarse la posibilidad de que cambiara su situación con la vuelta del buen rey. Comenzó por todo el país la recaudación de impuestos en favor de Ricardo Corazón de León. Era la gente humilde la que pagaba con mayor satisfacción. Sentía que colaboraba con una causa justa. Tenía la certeza de que su suerte cambiaría si se conseguía la liberación del rey. Se logró recoger una suma respetable entre los impuestos y la venta de las joyas de la reina. Aun así, no se alcanzaba la cantidad exigida por el rey Enrique. Juan sin Tierra, reunido con sus incondicionales, no tenía dudas sobre los pasos que se habían de dar. —Se seguirán recaudando impuestos en favor de mi hermano, pero ese dinero jamás llegará al rey alemán. Ricardo no conseguirá nunca su libertad. Pasó el tiempo y la gente empezó a cansarse de pagar tributos bajo el pretexto de liberar al rey. Había un hecho claro: el rey seguía cautivo. El príncipe Juan no daba explicaciones a nadie y existían serias dudas sobre sus verdaderas intenciones. La reina madre comenzó a dudar de la labor que estaba realizando el príncipe para liberar al rey. Algunos rumores que habían llegado a sus oídos y su propia intuición le decían que Juan sin Tierra prestaría un flaco servicio al desdichado Ricardo. Así pues, mandó a lady Edith que viajara a Escocia y esperara allí a su prometido David de Huntington, del que desconocían su paradero. —Quizá desde Escocia tengáis que prestarnos ayuda si Juan Ilega a usurpar la corona a su hermano —dijo la reina madre—. Berengaria permanecerá conmigo a la espera de acontecimientos. Mientras tanto, David de Huntington, sir Kenneth, consiguió que el Papa mediara ante el rey Enrique para que Ricardo Corazón de León fuese liberado. El rey alemán recibió una dura reprimenda del Pontífice y no pudo negarse a obedecer El rey de Inglaterra quedó libre a pesar de que su propio hermano había intentado evitarlo. A los pocos días, Ricardo y sir Kenneth se reunían emocionados en Roma. Tras un efusivo abrazo, el rey pidió a su amigo que le contara todo lo que supiera de Inglaterra, —Majestad, envié a un mensajero y tengo noticias recientes. La reina madre y vuestra esposa se encuentran bien. Vuestra prima Edith me espera en Escocia. . . —Espléndido. Todo son buenas noticias —interrumpió Ricardo. —Siento, señor, tener que daros otras no tan buenas. Nada, nada buenas —dijo sir Kenneth con tristeza—. Habréis de saber que vuestro hermano se ha repartido con sus hombres de confianza el dinero recaudado para vuestro rescate. —Entonces, ¿he sido liberado sin haber satisfecho las condiciones que exigía el rey Enrique? —En efecto, así es. Gracias a la intervención papal. —Continuad, sir Kenneth, os lo ruego. Me interesa saber todo lo que ocurre en mi añorada Inglaterra. —Majestad, en todo este tiempo que lleváis fuera, los abusos del príncipe y sus barones han hecho que proliferen de nuevo las revueltas. Incluso existe una banda de proscritos que ataca constantemente a los intereses de vuestro hermano. Se oculta en el bosque de Sherwood y el jefe es conocido como Robin Hood. —¿Robin Hood? ¿No será Robin Fitzwalter? —preguntó el rey extrañado. —Creo que es él, señor. —¡El hijo del conde de Sherwood! ¡El amigo de Richard At Lea! ¡Dos caballeros de gran lealtad hacia mi persona! ¿Qué puede haber ocurrido para que Robin esté actuando fuera de la ley? —La ley, señor, ha dejado de existir en Inglaterra. Lo único que importa es el interés personal del príncipe y sus hombres de confianza. —Sir Kenneth, nadie debe saber que he sido liberado. Regresaré a Inglaterra de incógnito para conocer por mí mismo lo que está ocurriendo. —Me parece una sabia decisión, majestad. Os acompañaré. —Gracias, amigo. Pero vos iréis a Escocia y seréis coronado rey. Tal vez necesite de vuestra ayuda. —Podéis contar conmigo para lo que preciséis en todo momento, señor. Los dos amigos se despidieron fundiéndose en un fuerte abrazo. Muy pronto, cada uno de ellos estaría en su respectivo país. CAPÍTULO DIEZ MARIANA Había pasado mucho tiempo desde que Mariana At Lea fuera trasladada al castillo de Hugo de Reinault. Ella no había sabido nada de la visita de Robin. Sólo sabía que su padre había ido a Tierra Santa y que, en la actualidad, el señor de Reinault era su tutor. Aunque no gozaba de sus simpatías, Mariana pensaba que si su padre había confiado en él, tendría razones para ello. Por eso se limitó a esperar. Pasaba sus días leyendo y realizando alguna labor, recluida en sus aposentos, sin contacto con nadie. Una tarde, el señor Hugo de Reinault subió a verla y le dio la triste noticia de que el barco de su padre había naufragado. Nada se sabía de él. Mariana enjugó sus lágrimas y recibió el pésame del señor de Reinault. —Gracias, señor. Sé que apreciabais a mi padre. Él también os quería y confiaba mucho en vos. Hugo de Reinault creyó conveniente aprovechar la oportunidad para hablar con Mariana de su futuro. La joven estaba a punto de ser mayor de edad y, cuando esto sucediera, él perdená la ocasión de poder influir en sus decisiones y seguir administrando sus bienes. —Querida Mariana, ya sé cómo os sentís. Pero tenéis que reponeros. La vida sigue. Debéis ir pensando en casaros. . . —¿Casarme? No pienso hacerlo de momento. Además, en los documentos que me habéis mostrado, mi padre pedía que yo ingresara en un convento hasta que él volviera. —Vuestro padre no volverá, Mariana... Bueno, es improbable que vuelva. Yo soy vuestro tutor y, entre mis obligaciones, entiendo que está el preocuparme por vuestro futuro. —Gracias, señor de Reinault. Pero, por ahora, el matrimonio no entra en mis planes —dijo Mariana con gran seguridad. "Ya haré yo que cambies esos planes, joven estúpida" —se fue pensando el ambicioso caballero. Hugo de Reinault tenía ya todo decidido en relación con Mariana. La casaría con el señor Ralph de Bellamy, barón adepto a Juan sin Tierra. Pocos días después de producirse la conversación con la joven At Lea, Hugo visitaba al barón de Bellamy en su castillo y le comunicaba sus proyectos. Ralph de Bellamy, tan codicioso como su amigo, consideró que era una magnífica oportunidad para negociar las condiciones de este interesante ofrecimiento. No estaba dispuesto a aceptar una esposa sin obtener unos buenos beneficios. Además, las propiedades y bienes de los At Lea no eran nada despreciables. Tras un largo regateo, como si de una mera transacción comercial se tratara, los dos caballeros llegaron, por fin, a un acuerdo. Ralph de Bellamy recibiría dos tercios del patrimonio de la joven. El otro tercio quedaría en manos de Hugo. Por su parte, Ralph de Bellamy quedaba comprometido a colaborar, con un gran número de hombres armados, en la nueva expedición al bosque de Sherwood que estaban preparando los hermanos Reinault y Guy de Gisborne. A pesar del gran sigilo con que fueron llevadas estas negociaciones, Robin, que tenía amigos dispuestos a informarle por todas partes, consiguió enterarse de lo que se tramaba. Sólo tenía que esperar a entrar en acción para salvar a Mariana y dar su merecido a esos caballeros sin escrúpulos que actuaban como auténticos bribones. Hugo de Reinault decidió que fuera Guy de Gisborne el encargado de trasladar a Mariana hasta el castillo de Ralph de Bellamy, donde se celebraría el matrimonio. Irían protegidos por una fuerte escolta. Todo había de hacerse con rapidez, ya que faltaban apenas dos meses para que la joven llegara a su mayoría de edad. Nada podia fallar. Llegó el día señalado, y Guy de Gisborne y Hugo de Reinault entraron en las dependencias reservadas a la joven. —Marian y, hoy iréis a conocer a vuestro pretendiente: el barón Ralph de Bellamy —iCómo? ¿El señor de Bellamy? —preguntó incrédula—.Nunca será mi esposo. No me interesa conocerlo. Su fama en toda la comarca es suficiente pares mí. No quiero casarme, ¡y menos con ese cruel caballero! Ingresaré en un convento. Ése es mi deseo. —Os casaréis con Ralph de Bellamy, queráis o no queráis —gritó con violencia el señor de Reinault. —Vamos, Mariana— intervino Guy de Gisborne—. Yo os conduciré al castillo de vuestro prometido. Conmigo estaréis a salvo. —La bodas se celebrará dentro de tres días —anunció Hugo de Reinault—. Yo saldré mañana. Seré vuestro padrino, como me corresponde. Mariana no pudo oponerse más. Se vio obligada a obedecer. En ese momento entendió quién era en realidad el señor de Reinault Su amistad con Guy de Gisbome despejaba cualquier duda Éste siempre había sido un claro partidario del príncipe Juan. Seguramente, su padre desconocía este importante detalle. Ahora estaba segura de que ese caballero estaba implicado también en su muerte. Mariana era conducida sin remedio a casarse con un miembro de este grupo. Para ella era terrible por lo que significaba de traición a su padre y al legítimo rty de Inglaterra, Ricardo Corazón de León. Comenzaba ya a atardecer cuando la comitiva de Guy de Gisbome se vio interceptada por un grupo de hombres. El caballero dio orden de retroceder hasta la aldea que acababan de dejar atrás. Unos metros más allá, otro grupo, encabezado por Robin Hood, le aguardaba Lleno de furia se dirigió, lanza en ristre y a todo galope, contra él. Robin esquivó la embestida y Guy de Gisbome rodó por el suelo. Se incorporó con rapidez y, empuñando su espada, se acercó con paso decidido hasta el héroe de Sherwood. Robin le esperaba pacientemente blandiendo su poderosa arma. El duelo fue un verdadero espectáculo para todos los presentes. Ambos eran hábiles y valientes luchadores y utilizaron todos sus recursos. Guy de Gisborne combatía en mejores condiciones, ya que su armadura lo hacía prácticamente invulnerable. Pero, precisamente, de esto logró sacar partido Robin. Él estaba más desprotegido, pero tenía mayor libertad de movimientos. Con su gran destreza consiguió acertar con su espada en los escasos flancos sin guarecer que presentaba su enemigo. Robin hirió gravemente a Guy de Gisborne. ÉI, en cambio, sólo sufrió pequeños rasguños. Cuando los hombres de Gisborne vieron a su jefe tendido en el suelo y con heridas tan considerables, lo recogieron y emprendieron la huida, sin ocuparse de Mariana At Lea, principal objetivo de su misión. Mariana, después de tanto tiempo, no había reconocido a Robin durante el combate. Grande fue su sorpresa al reconocer al amigo de su infancia en aquel paraje. Los dos se abrazaron con cariño y se encaminaron a Sherwood. Allí tuvieron una larguísima conversación. Los jóvenes se contaron todo lo que sabían sobre los sucesos ocurridos en el país durante los últimos años y se confesaron sus sospechas y certezas. Mariana se quedó a vivir en el bosque de Sherwood. Empezó a ayudar al padre Tuck. En poco tiempo se ganó el corazón de los niños y de todos los allí refugiados.

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El Himno a la Hormiga
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/2/2009

Hola espero que les guste esta joda, con la melodia de La Marcha de la Bandera Himno a la Hormiga Nacional Aquí esta la hormiga idolatrada, el insecto que en la Pampa se crió, cuando al barco entraba la cebada con valor en medio se coló aquí está la hormiga poderosa, que al mundo con sus triunfos admiró, cuando altiva en la lucha y victoriosa a miles de hormigueros destrozo. Aquí esta la hormiga que hace rato, entre la soja su nido instalo, y por mas que le tiraron glifosato e insecticida ella sobrevivió. Aquí esta en Europa y Oceanía recorriendo del mundo el confín, si no puede mofarse las cosechas tengan cuidado que arrasa el jardín. COMENTAR NO CUESTA NADA

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Calculadora Con Batch
TaringaporAnónimo3/1/2010

Hola, aqui les presento una calculadora que hice (como 2 horas frente a la compu) espero que les guste y recuerden que me tomo mucho laburo, x favor agradezcanlo. Bueno lo q tienen q hacer es simple, compian el siguiente codigo, lo pegan en el bloc de notas, Archivo->Guardar Como->Calculadora.bat y Listo. Codigo: @echo off title CALCULADORA color 3 :menu cls echo. echo ================================== echo ============CALCULADORA=========== echo ================================== echo. echo _-_-_-_-_-_-_OPCIONES_-_-_-_-_-_-_ echo. echo ================================== echo ==1)REALIZAR UNA SUMA============= echo ==2)REALIAZAR UNA MULTIPLICACION== echo ==3)REALIZAR UNA RESTA============ echo ==4)REALIZAR UNA DIVISION========= echo ==5)CREDITOS====================== echo ==6)SALIR========================= echo ================================== echo. echo. set /p var= Digita el numero de la opcion a escoger: if %var%==1 (goto suma) else goto com1 :com1 if %var%==2 (goto mul) else goto com2 :com2 if %var%==3 (goto resta) else goto com3 :com3 if %var%==4 (goto division) else goto com4 :com4 if %var%==5 (goto creditos) else goto com5 :com5 if %var%==6 (goto fin) else echo el numero pulsado es incorrecto && pause && goto menu :suma echo. set /p a=Escribe el primer numero a sumar: set /p b=Escribe el segundo numero a sumar: cls set /a resultado=a+b echo. echo resultado: %resultado% pause goto menu cls :mul echo. set /p a=Escribe el numero del multiplicando: set /p b=Escribe el numero del multiplicador: cls set /a resultado=a*b echo. echo resultado: %resultado% pause goto menu cls :resta set /p a=Escribe el primer numero a restar: set /p b=Escribe el segundo numero a restar: cls set /a resultado=a-b echo resultado: %resultado% pause goto menu cls :division set /p a=Escribe el numero del dividendo: set /p b=Escribe el numero del divisor: cls set /a resultado=a/b echo resultado: %resultado% pause goto menu cl :creditos cls echo. echo=============================== echo=============================== echo==========CALCULADORA========== echo==========BY Eliasdf=========== echo========Exclusivo Para========= echo======= www.taringa.net ======= echo=============================== echo=============================== pause goto menu cls :fin cls exit Y RECUEDEN QUE LO HICE YO Y NADIE MAS COMENTAR ES AGRADECER

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Plugin Buscador de Taringa! Para Firefox Hecho Por Mi
TaringaporAnónimo5/1/2011

Hola amigos taringeros/as hoy les comparto un PLUGIN que hice, compatible con Mozilla Firefox y Internet Explorer. Link (Click para agregar el plugin): CLICK ACA PARA AGREGAR En la ventana q se abre hacen click donde dice "Taringa!" subrayado y en rojito. Bueno eso es todo Aca una pruba funcionando: JAJAJAJA, CON TODAS LAS CAGADAS A PEDOS QUE RECIBI X SUPUESTAMENTE RE-POSTEARLE A MANOLO12, TUVE Q CERRAR EL POST. ACA UNA "PEQUEÑA PRUEBA" DE QUE LO HICE YO Y NADIE MAS: ESTE ES EL CODE XML= dijo:<OpenSearchDescription> <!-- Created on Sun, 01 May 2011 03:58:48 GMT --> <ShortName>Taringa!</ShortName> <Description>Buscador de Taringa!</Description> <Url type="text/html" method="get" template="http://buscar.taringa.net/posts?q={searchTerms}&engine=google"/> <Image width="16" height="16">http://mycroft.mozdev.org/updateos.php/id0/buscador_taringa.png</Image><Developer>Eliasdf</Developer> <InputEncoding>UTF-8</InputEncoding> <moz:SearchForm>http://www.google.com.ar</moz:SearchForm><Url type="application/opensearchdescription+xml" rel="self" template="http://mycroft.mozdev.org/updateos.php/id0/buscador_taringa.xml"/> <moz:UpdateUrl>http://mycroft.mozdev.org/updateos.php/id0/buscador_taringa.xml </moz:UpdateUrl> </OpenSearchDescription> AKI EL NOMBRE DE LA PAGINA CON LA QUE HICE EL PLUGIN: http://mycroft.mozdev.org YO LA VERDAD NI IDEA COMO LO ABRA HECHO MANOLO12 A SU PLUGIN PERO EL MIO LO HICE YO Y ES MAS PARA CERRARLES BIEN LA BOCA SUELTA DE ALGUNOS LES DEJO UN PAR DE IMAGENES CON EL DESARROLLO: (SI MANOLO 12 VIO ESTO, X FAVOR Q ME MANDE UN MENSAJE PARA CORROBORRAR COMO LE ABRA HECHO EL PARA ACER SU PLUGIN, QUE NOS MUESTRE ASI LOS HACEMOS TODOS, O AL MENOS Q TESTIFIQUE Q YO NO LE CHOREE SU IDEA, MUCHAS GRACIAS) POR RAZONES DE SEGURIDAD, SERA GUARDADO EN UN NOTEPAD PARA SU FUTURA POSTERIZACION EN CASO DE ELIMINACION, SI TIENE ALGUNA CRITICA CONSTRUCTIVA ENVIENME UN MENSAJE. Y POR RAZONES DE DEBATE PUBLICO ESTE POST SE REABRIRA PARA CERRARLE LA BOCA A TODOS LOS Q ME QUERIAN DESTRUIR Y/O ELIMINAR.

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