Santicomputer
Usuario (Colombia)

Para responder a la pregunta debemos partir inexorablemente del primer autor inteligible por medio del cual la sociedad occidental ha hecho de la muerte óntica de Dios parte de la tradición moral, social y personal. Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella? (La Gaya Ciencia) El Hombre Loco: Dicho hombre, frenético o loco, cierta mañana se deja conducir al mercado. Provisto con una linterna en sus manos no dejaba de gritar: «¡Busco a Dios!» Allí había muchos ateos y no dejaron de reírse. Los descreídos, mirándose con sorna entre sí, se decían: «¿Se ha perdido?» «¿Se ha extraviado?». Y agregaban: «Se habrá ocultado». «O tendrá miedo». «Acaso se habrá embarcado o emigrado». Y las carcajadas seguían. El loco no gustó de esas burlas y, precipitándose entre ellos, les espetó: «¿Qué ha sido de Dios?». Fulminándolos con la mirada agregó: «Os lo voy a decir. Lo hemos matado. Vosotros y yo lo hemos matado. Hemos dejado esta tierra sin su sol, sin su orden, sin quién pueda conducirla... ¿Hemos vaciado el mar? Vagamos como a través de una nada infinita». Y en tono interrogativo y con énfasis prosiguió afirmando que nos roza el soplo del vacío, que la noche se hace más noche y más profunda, y que se torna indispensable encender linternas en pleno día. Manifestó que se oye a los sepultureros enterrando a Dios, agregando que tal vez tengamos que oler el desagradable tufo de la putrefacción divina, pues, naturalmente, los dioses también se pudren. Y siguió diciendo que lo más sagrado y lo más profundo se ha desangrado bajo nuestro cuchillo, preguntando, al mismo tiempo, si se podría encontrar un agua capaz de limpiar la sangre del cuchillo asesino. E inmediatamente puso en duda que la grandeza de este acto fuera propiamente humana. Y entendía que toda la posteridad se agigantaba con la magnificencia de este acto. Se puso colérico y echó al suelo su linterna y creyó reconocer que se había metido muy precozmente entre los hombres. Intuía que los oídos humanos no estaban todavía preparados para escuchar tales verdades. Porque el rayo, el trueno, la luz de los astros, y los actos heroicos de los hombres requieren su tiempo para arribar. Y este último acto mencionado se encuentra más lejos que los actos más lejanos. Los hombres nada saben de ellos y son ellos los que han cometido el acto. Dicen que el loco ese día penetró en varias iglesias y entonó un requiem æternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?». Por "Dios ha Muerto", se pueden entender dos cosas, discutibles a su tiempo. En primer lugar, que el sistema moral de occidente, basado en el cristianismo se ha derrumbado. Esta afirmación se basa en que la moral cristiana (fundamentada en la existencia de la verdad objetiva) ha sido relativizada por las encrucijadas poskantianas y ya no es más un sistema necesario, es lo que Heidegger en una reseña sobre Nietzsche y la muerte de Dios denominaría como el "fin del platonismo y de los valores nihilistas ancladas en lo suprasensible", es decir, el "fin de toda filosofía que se sostenga en un principio que no pertenezca al campo visual humano (a aquello que por naturaleza es capaz de percibir). En segundo lugar, se puede tomar la afirmación de forma literal, pero la verdad es que a Nietzsche no le importa el olvido que llamaríamos "racional" de Dios. Para Nietzsche, el olvido de Dios, es más un dogma sustentado en la voluntad de poder. Es decir, si mi poder (de convicción, oratoria, monopolio) es mayor al del otro orador, tengo la razón no por mis argumentos sino en la medida en la que logre imponer mi punto de vista. La voluntad conformaría la verdad desde Nietzsche. Voy a atacar fuertemente el primer sentido en el que se puede tomar la frase "Dios ha Muerto", el segundo sentido lo retomaré en otro post desde la fenomenología trascendental. Si existe Dios, ¿por qué existe el mal? ¿Si es un Dios amoroso, misericordioso y bondadoso, porque permitió el sufrimiento de los judíos, católicos y otros opuestos al régimen nazi? Incluso puedo formular la pregunta para que sea más cercana a tí: "Si existe Dios, ¿Por qué me ha tocado una situación tan miserable o deprimente o injusta...? El sufrimiento, antes relacionado a la muerte por cuanto el sufrimiento del hombre (el sufrimiento humano) comienza con la caída de Adán; se torna por Jesucristo en fuente de vida. Eso que llamamos "sufrir" tiene un sentido. En primer lugar tiene un sentido personal: gracias al sufrimiento somos capaces de doblegarnos, reconocer nuestra imperfección y ser humildes. El sufrimiento transforma a las personas en seres que son, cada vez más, capaces de amar. Sin el sufrimiento y heridos por nuestra naturaleza, esto es, inclinados por defecto al pecado, terminaríamos necesariamente revolviéndonos en la miseria de la soberbia en su más alto grado. El hombre sólo será capaz de amar verdaderamente al trascender su yo, esto es, abandonando algunos de sus intereses o necesidades en búsqueda de la felicidad del que se ama. El amor no puede superar su dimensión animal hasta que los que se aman superen su egoísmo, esto no se puede hacer sin el sufrimiento. En segundo lugar, el sufrimiento nos asemeja a Jesucristo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?"(San Marcos 8:34-39) En tercer lugar, el sufrimiento nos hace humanos. No existe felicidad verdadera sin sufrimiento y algo como una vida hedonista llena de placeres y sin contrariedades no existe. La vida humana, el anhelo vital, el querer vivir, el amor por la vida es en su sentido más puro y significativo un amor del sufrimiento. Es parte de nuestro ser el sufrir. Por último, el sufrimiento puede ser aprovechado por Dios para conceder gracias especiales, ya he hablado de esto previamente: http://www.taringa.net/posts/info/16867860/Preso-en-el-campo-nazi-de-Dachau-Dios-le-envio-un-angel.html De esta forma, el Dios bondadoso y misericordioso, no está muerto. Son las falsas concepciones de Dios las que pueden llevar a una persona a considerar su muerte. Debemos hablar naturalmente, de las implicaciones metafísicas de la muerte de Dios. Ese "Dios está vivo" significa que el mundo trascendente, el cielo, el infierno, los ángeles, lo preternatural y lo sobrenatural son necesarios para sostener el mundo que podemos percibir. Para el hombre que cree, se hace imposible que la realidad tal y como se presenta (inteligible y misteriosa) se sustente por sí misma. Su inteligencia le hace cuestionamientos que le llevan a abandonar la seguridad de su campo visual dentro del cual permanece en un primer momento. Su inteligencia le obliga a decidirse por el todo en contraposición a la nada. Su inteligencia le incita a trascender la nada que le rodea, el nihilismo al cual se ve lamentablemente sujeto. Si el hombre estuviera destinado a revolverse en su miseria, no le importaría, al fin y al cabo, que su vida no tenga sentido y que su existencia no fuera más que un ¿favorable? accidente. Pero el hombre , como diría Rousseau, tiene sentimientos y anhelos universales, el hombre tiene en su alma un profundo anhelo de ser feliz, ese ser feliz implica corresponder su vocación, amar y ser amado.

Este post requiere que la persona tenga bases filosóficas en Kant o en algún filósofo del idealismo. Espero que podáis leer todo. Desde la fenomenología husserliana, y partiendo de la reducción fenomenológico-trascendental, parece ser que la existencia del mundo en su sentido lato, a saber, como entidad externa al ego y no proveniente del mismo, podría ser una ilusión. Pero no se trata aquí de una ilusión como idea del ego o como su sueño (ilusión tratada con extensión por autores previos) se trata de ilusión técnica, ilusión al estilo matrix si se quiere (para vulgarizarlo un poco). Ninguna otra cuestión filosófica me ha turbado más que la siguiente: las personas continúan su devenir vital, y persisten en su arrojo inconsciente hacia el mundo, sin detenerse en la meditación, y para la sorpresa de cualquier amante de la cultura grecoromana, por la cual nos llegan las obras platónicas y aristotélicas; las personas van sin preocupación alguna por la vida, sin turbación por los enigmas que presenta de forma silenciosa pero persistente la realidad en sí misma. Un sociólogo sin ninguna dificultad e incluso mecánicamente atribuirá tal despreocupación al emocionante mundo de la técnica que nos mantiene absortos en la siempre reciente innovación, y en las interminables formas de gastar el tiempo por medio del entretenimiento que cada vez está más cerca de alcanzar la última perfección del ente: la existencia. Sin embargo, la despreocupación del vulgo por la ordenación del mundo, su naturaleza, y la realidad última de todo cuanto hay, parece surgir de otra fuente. Hasta el momento se ha puesto un especial énfasis en la relación del ego con el mundo desde un punto de vista epistemológico, incluso dentro de la prestigiosa fenomenología trascendental. Lo que no se ha explorado con suficiencia es la posibilidad de interacción del ego. En un primer lugar parece difícil empresa dar razón de un estado del espíritu del mundo actual haciendo uso de un argumento basado en la interacción del ego con un mundo cuya existencia está puesta entre paréntesis, sin embargo en virtud de la intencionalidad parece evidente, y en efecto lo es, que el ego interactúa si bien no necesariamente con un mundo, al menos con un "algo". La cosificación del ego dentro de una sociedad materialista, tiene sus raíces en un rasgo insospechado, a saber, la interacción (no se sabe si ficticia o real) sensorial del ego con ese algo. No se trata sólo de un mundo que se presenta como fenómeno. Ese fenómeno además de ser objeto del ego interactúa con él de tal suerte que se presenta una correlación entre ambos. No se trata de suspender el juicio sobre la existencia del ego al descubrir su relación con un mundo exterior, se trata de reconocer que esta relación incide sobre los juicios del ego, sobre esa "vida de la consciencia" husserliana. Todavía existe algo más sorprendente: la interacción ego-mundo no es sólo sensorial, sino que -aunque pueda ser ilusión- el ego es capaz de manipular al mundo de acuerdo con su voluntad. Se descubre aquí un nuevo horizonte para la fenomenología trascendental. Si se vió en primer lugar que la base de la nueva filosofía era la intencionalidad del ego, se debe reconocer en segundo lugar, que la correlación ego-mundo, es capaz de afectar la vida del ego e incluso de modificar sus juicios, además de que se debe analizar escrupulosamente la razón de la aparente posibilidad del ego de manipular el mundo. Husserl expone cortamente en su obra "Meditaciones Cartesianas" que la fantasía tiene su propia clase de evidencia, pero no menciona que tipo de evidencia ni que puesto ocupa en la nueva filosofía. En efecto, la fantasía sólo puede ser entendida desde el ego, porque su evidencia está en él mismo. La fantasía en su concepción más pura, a saber, como idealización del conjunto de fenómenos mundanos y su adecuación de acuerdo con la voluntad del ego no puede tener su evidencia fuera del ego, pues esta misma emana del ego y al ser evidente este último también lo es ella. Pero, ¿cuál es la relación de la fantasía con el ego? La fantasía es la manifestación de la voluntad del ego -a eso he llamado idealización-, evidente en la manipulación de los fenómenos de la memoria para adecuarlos a su personalidad. El deseo de vivir reside en una íntima y concurrente relación con aquella fantasía. El ego por naturaleza (y esto no es evidente sino mera elucubración) tiende a imponer su voluntad sobre el mundo, al principio manipulando los "entes". El niño manipula los juguetes, nótese que en este caso la sola palabra connota un objeto cosificado. El mundo de forma inexplicable reacciona a esta interacción y se presenta de acuerdo con esta interacción. Bajo este tipo de sucesos se fundamenta la gaya ciencia. En efecto, no es necesario, o al menos no parece serlo, por ningún tipo de razón que el mundo exterior a la consciencia se comporte de acuerdo con su voluntad a menos que se entienda que la voluntad también puede ser objeto de duda en la reducción trascendental. La voluntad no es sólo una, al menos no en cuanto a sus objetos se refiere, a saber, que la voluntad puede ser ejercida sobre el cuerpo o sobre la misma vida de consciencia evocando un recuerdo, o moviendo la dirección del pensamiento. La voluntad sobre el cuerpo al igual que el cuerpo mismo no son claros y distintos, al menos, no se dan a sí mismos al ego, tal cual son, no son evidentes. A tal hecho puede deberse el arrojo bárbaro sobre el mundo, a que parte de esos fenómenos que recibe el ego bajo horizontes cada vez nuevos, se presentan en algunos casos como míos, de mi pertenencia. Se confunde la voluntad sobre el cuerpo y el cuerpo mismo como parte del ego, de tal suerte que parecen evidentes sin serlo, y por ser aquestos fenómenos termina también validándose la existencia de las variadas identidades noético-noemáticas. He esbozado la idea de una filosofía de la fantasía que he de profundizar en un artículo posterior. Saludos, y si me han seguido hasta aquí espero ansioso sus comentarios.

En esa noche como cualquiera, rodeado por la majestad de la oscuridad, conmovido por el viento frío sobre mi piel y admirado por las nubes moviéndose alrededor de la luna, fui inmerso contra mi voluntad a un pedazo del infierno, bueno, no totalmente en contra de mi voluntad. De alguna forma lo deseé cuando, presionado por mi alma y en busca de desahogo, vertí sobre mi conciencia los eternos recuerdos del horroroso día y sus fieles compañeros. No deseaba amar, ni ser feliz. Porque el amor y le felicidad eran ilusiones, o al menos, dones otorgados arbitrariamente a quienes por principios naturales poseían belleza y gracia en todas las artes. Cuando no se desea ser feliz y se considera insuficiente para un amor auténtico, no queda otra alternativa que ser para sí de la peor forma: la soberbia. Pero creo que ya he descrito con suficiencia la condición que describía mi estado anímico, y por ello diré que en el infierno me disolví de forma unísona con los pesimistas recitando incansablemente sus himnos en apariencia sublimes: "La vida es la peor tragedia", "He venido al mundo para sufrir, y "me glorío en el sufrimiento", "No soy libre de hacerme o de definir mi destino, sólo soy una consecuencia de mis actos". La luz se fue atenuando poco a poco, la perversión del mal corría por las venas de mis perturbadas cogitaciones y poco a poco fui agregando a mis pecados, de forma insospechada me alejé de la verdad abusando de la retórica nacida de la ira contra el logos universal de lo que es. Sumergido en el infierno desde esa noche, seguí muriendo mi vida justificando todo en nombre de haber alcanzado el verdadero aisthetikê: la exploración profunda del misterio del ser en mí mismo, a través de la mutabilidad extrema, necesaria y continua de emociones que me destruían. Todo porque obtenía un extraño gozo de destruirme, de ir en contra de lo que había deseado pues ya nada me satisfacía. Esa noche del alma y el indeseado sufrimiento me persiguen más que como vago recuerdo de inmersión al infierno, me persiguen como tentación deseable y suicidio óntico, me persiguen cuando la felicidad parece absoluta, todo, para formar una hermosa sinfonía, de notas bajas y notas altas todas admirables no por sus efectos o su naturaleza intrínseca sino por la sintestesia obtenida de su contemplación. Esa sinfonía es a veces interrumpida en algunas partes, discontinua, indecisa, entonces, es cuando los dedos dubitativos del primer principio alternan entre las notas altas y las notas bajas. El sentido nuevo que toma la sinfonía está determinada por el grado de correspondencia entre las notas tocadas y la vibración de mi alma. Una vibración que a veces me exalta y a veces me destruye. Una nueva luz ha tocado mi vida, la vida que no leo como un devenir ordinario sino como una substancia llena de símbolos, símbolos de otras realidades y en este caso, de algo -al menos para mí- totalmente insospechado. Hoy permití que un símbolo de esperanza fuera parte de mi ser. La sinfonía sigue siendo de notas bajas, pero un violín en el fondo de esa sinfonía canta como señalando el advenimiento de algo sorprendente. Salí del infierno espiritual y estoy atrapado en el limbo vital, entre el paraíso vital y el hades vital. Me encuentro entre el yo que me destruye y el yo que quiere exaltarse.
Hola taringueros! En este post he querido compartir un testimonio de Alfonso rey de León y Galicia incluido en el libro de San Luis de Montfort: "El secreto admirable del Santísimo Rosario para convertirse y salvarse". Alfonso, rey de León y de Galicia, deseando que todos sus criados honraran a la Santísima Virgen con el Rosario, resolvió, para animarlos con su ejemplo, llevar ostensiblemente un gran Rosario, aunque sin rezarlo. Bastó esto para obligar a toda la corte a rezarlo devotamente. El rey cayó enfermo de gravedad. Ya le creían muerto cuando arrebatado en espíritu ante el tribunal de Jesucristo, vió a los demonios que le acusaban de todos los crímenes que había cometido. Cuando el divino Juez lo iba ya a condenar a las penas eternas, intervino en favor suyo la Santísima Virgen. Trajeron, entonces, una balanza: en un platillo de la misma colocaron los pecados del rey. La Santísima Virgen colocó en el otro el Rosario que Alfonso había llevado para honrarla y los que, gracias a su ejemplo, habían recitado otras personas. Esto pesó más que los pecados del rey. La Virgen le dijo luego, mirándole benignamente: «Para recompensarte por el pequeño servicio que me hiciste al llevar mi Rosario, te he alcanzado de mi Hijo la prolongación de tu vida por algunos años. ¡Empléalos bien y haz penitencia!». Volviendo en sí el rey exclamó: “¡Oh bendito Rosario de la Santísima Virgen, que me libró de la condenación eterna!” Y después de recobrar la salud, fue siempre devoto del Rosario y lo recitó todos los días. Que los devotos de la Santísima Virgen traten de ganar el mayor número de fieles para la cofradía del Santo Rosario, a ejemplo de estos santos y de este rey. Así conseguirán en la tierra la protección de María y luego la vida eterna: Los que me den a conocer, alcanzarán la vida eterna (BenS 24,31).

Recuerdo una conversación que tuve con unos amigos incrédulos sobre los niños que son abortados y que por tanto mueren sin recibir el Santo Sacramento del Bautismo. Me decían, ¿A dónde van aquellos niños? ¿Qué destino les espera? ¿No deben estar en el limbo? ¿Eso es lo que dice la Iglesia, no es así? Ciertamente el tema de los bebés que mueren sin ser bautizados ha sido controversial, es por ello que he querido adjuntar una homilía realizada por el Padre Cantalamessa en el 2007 que trata precisamente la cuestión planteada en este tema y que también fue realizada en la Conmemoración de la Natividad de San Juan Bautista He aquí la Homilía, os recomiendo su cabal lectura: "Juan es su nombre En el espacio del XII domingo del Tiempo Ordinario, este año se celebra la Natividad de San Juan Bautista. Se trata de una fiesta antiquísima; se remonta al siglo IV. ¿Por qué la fecha del 24 de junio? Al anunciar el nacimiento de Cristo a María, el ángel le dice que Isabel, su pariente, está en el sexto mes. Por lo tanto el Bautista debía nacer seis meses antes que Jesús y de este modo se respeta la cronología (el 24, en vez del 25 de junio, se debe a la forma de calcular de los antiguos, no por días, sino por Calendas, Idus y Nonas). Naturalmente estas fechas tienen valor litúrgico y simbólico, no histórico. No conocemos el día ni el año exacto del nacimiento de Jesús y por lo tanto tampoco del Bautista. Pero, ¿esto qué cambia? Lo importante para la fe es el hecho de que ha nacido, no cuándo ha nacido. El culto se difundió rápidamente y Juan Bautista se convirtió en uno de los santos a los que están dedicadas más iglesias en el mundo. Veintitrés papas tomaron su nombre. Al último de ellos, al Papa Juan XXIII, se le aplicó la frase que el Cuarto Evangelio dice del Bautista: «Hubo un hombre enviado por Dios; se llamaba Juan». Pocos saben que la denominación de las siete notas musicales (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si) tienen relación con Juan Bautista. Se obtienen de la primera sílaba de los siete versos de la primera estrofa del himno litúrgico compuesto en honor al Bautista. El pasaje del Evangelio habla de la elección del nombre de Juan. Pero es importante también lo que se escucha en la primera lectura y en el salmo responsorial de la festividad. La primera lectura, del libro de Isaías, dice: «El Señor desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre. Hizo mi boca como espada afilada, en la sombra de su mano me escondió; hízome como saeta aguda, en su carcaj me guardó». El salmo responsorial vuelve sobre este concepto de que Dios nos conoce desde el seno materno: «Tú mis vísceras has formado, me has tejido en el vientre de mi madre... Mi embrión tus ojos veían». Tenemos una idea muy reductiva y jurídica de persona que genera mucha confusión en el debate sobre el aborto. Parece como si un niño adquiriera la dignidad de persona desde el momento en que ésta le es reconocida por las autoridades humanas. Para la Biblia persona es aquél que es conocido por Dios, aquél a quien Dios llama por su nombre; y Dios, se nos asegura, nos conoce desde el seno materno, sus ojos nos veían cuando éramos aún embriones en el seno de nuestra madre. La ciencia nos dice que en el embrión existe, en desarrollo, todo el hombre, proyectado en cada mínimo detalle; la fe añade que no se trata sólo de un proyecto inconsciente de la naturaleza, sino de un proyecto de amor del Creador. La misión de San Juan Bautista está toda trazada, antes de que nazca: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...». La Iglesia ha considerado que Juan Bautista fue santificado ya en el seno materno por la presencia de Cristo; por esto celebra la festividad de su nacimiento. Esto nos ofrece la ocasión para tocar un problema delicado, que se ha convertido en agudo a causa de los millones de niños que, sobre todo por la terrible difusión del aborto, mueren sin haber recibido el bautismo. ¿Qué decir de ellos? ¿También han sido de alguna manera santificados en el seno materno? ¿Hay salvación para ellos? Mi respuesta es sin vacilación: claro que hay salvación para ellos. Jesús resucitado dice también de ellos: «Dejad que los niños vengan a mí». Según una opinión común desde la Edad Media, los niños no bautizados iban al Limbo, un lugar intermedio en el que no se sufre, pero tampoco se goza de la visión de Dios. Pero se trata de una idea que no ha sido jamás definida como verdad de fe por la Iglesia. Era una hipótesis de los teólogos que, a la luz del desarrollo de la conciencia cristiana y de la comprensión de las Escrituras, ya no podemos mantener. Cuando expresé hace tiempo esta opinión mía en uno de estos comentarios dominicales, recibí diferentes reacciones. Algunos mostraban gratitud por esta toma de posición que les quitaba un peso del corazón; otros me reprochaban que entrara en la doctrina tradicional y disminuyera la importancia del bautismo. Ahora la discusión está cerrada porque recientemente la Comisión Teológica Internacional que trabaja para la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado un documento en el que afirma lo mismo. Me parece útil volver sobre el tema a la luz de este importante documento para explicar algunas de las razones que han llevado a la Iglesia a esta conclusión. Jesús instituyó los sacramentos como medios ordinarios para la salvación. Son, por lo tanto, necesarios, y quien pudiéndolos recibir, contra la propia conciencia los rechaza o los descuida, pone en serio peligro su salvación eterna. Pero Dios no se ha atado a estos medios. Él puede salvar también por vías extraordinarias, cuando la persona, sin culpa suya, es privada del bautismo. Lo ha hecho, por ejemplo, con los Santos Inocentes, muertos también ellos sin bautismo. La Iglesia siempre ha admitido la posibilidad de un bautismo de deseo y de un bautismo de sangre, y muchos de estos niños han conocido de verdad un bautismo de sangre, si bien de naturaleza distinta... No creo que la clarificación de la Iglesia aliente el aborto; si así fuera sería trágico y habría que preocuparse seriamente, no de la salvación de los niños no bautizados, sino de los padres bautizados. Sería burlarse de Dios. Tal declaración dará, al contrario, un poco de alivio a los creyentes que, como todos, se cuestionan consternados por la suerte atroz de muchos niños del mundo de hoy. Volvamos a Juan Bautista y a la fiesta del domingo. Al anunciar a Zacarías el nacimiento de su hijo, el ángel le dijo: «Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento» (Lucas 1, 13-14). Muchos en verdad se han alegrado por su nacimiento, si a la distancia de veinte siglos seguimos aún hablando de ese niño. Desearía hacer de esas palabras la expresión de un deseo a todos los padres y madres que, como Isabel y Zacarías, viven el momento de la espera o del nacimiento de un niño: ¡que también vosotros podáis gozaros y alegraros en el niño o en la niña que Dios os ha confiado y os alegréis de su nacimiento por toda vuestra vida y por la eternidad!" (Traducción de la Homilía realizada por Zenit: http://www.zenit.org/article-24087?l=spanish)