V

Venatoris

Usuario (Argentina)

Primer post: 18 jun 2014Último post: 9 ago 2015
10
Posts
388
Puntos totales
56
Comentarios
L
Lenguaje Dragón
InfoporAnónimo7/15/2014

No se si habrá un post con esta info (yo no encontré en los "3 idiomas" ). Pero no creo que haya uno igual, asi que ya que lo tengo (lo hice para usarlo en mi fanfic y/o mods) lo comparto. U Para aquellos que deseen profundizar más (para mi es suficiente asi... XD): En Thuum.org pueden encontrar muchisima mas info, un diccionario completo en Pdf, el alfabeto, las fonts e incluso un manual para aprender este idioma. Eso si todo en inglés. Saludos! Fin del post

170
21
Fanfic: Origenes - Capítulo 4
Fanfic: Origenes - Capítulo 4
ArteporAnónimo6/25/2014

Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks Capítulo 4 Camino entre Falkreath y Helgen Skyrim, Provincia imperial, Morndas, 20 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. Astien se acercó con precaución al gran árbol. Era lo suficientemente grande para ocultarlo, pero las precauciones nunca estaban de más. Podía ver a Galba del otro lado del camino, moviéndose sigilosamente con el arco en la mano, hasta llegar detrás de una piedra. Se asomó por sobre esta y le hizo seña para que avance. Astien asintió y antes de salir se miró las manos. Estúpido Galba y su conocimiento del sigilo, pensó. Si fuese por el estaría utilizando un hechizo de invisibilidad y no el de amortiguar. Pero Galba había insistido. “La invisibilidad no te servirá, te vuelve descuidado, te confías en que no te ven y te olvidas que tus enemigos aún tienen oídos y pueden escucharte. Ponte encima uno de amortiguar te ayudara a moverte en silencio y te mantendrá alerta, porque tendrás miedo que te descubran. El miedo es tu aliado solo debes controlarlo… si puedes ja ja ja.” Se asomó con cuidado rogando que nadie estuviese mirando en esa dirección. Abajo, un grupo de hombres y mujeres desaliñados y con variopintas armaduras se afanaban en colocar un árbol en el camino: Bandidos. Conto unos diez pero sospechaba que había más. Volvió a esconderse tras el árbol y busco a Galba con la mirada. Lo vio tirado de panza en el suelo, mirándolo con su único ojo y con el índice sobre su boca. Antes que pudiese pensar siquiera por que le hacia ese gesto, escucho las pisadas aproximarse. Eran pisadas descuidadas, rompían las ramas secas y pateaban las hojas. Llevó sus ojos hacia el origen del sonido, sin moverse, pero no podía ver nada. Parecía venir desde detrás del árbol. Volvió a buscar a Galba con la mirada. Seguía tendido en el piso pero tenía el puño en alto, señal que muchos legionarios usaban para decir en silencio que había que permanecer en el sitio. Astien a pesar de que el miedo lo estaba invadiendo confió en su compañero. Galba podía ser un cabrón buscapleitos y en ocasiones borracho, pero no podía decir que dejase tirado a sus compañeros. Las pisadas se detuvieron. El corazón le galopaba en el pecho. Pensó en correr, en salir de su escondite y lanzar un chorro de fuego ardiente sobre lo que sea que estuviese del otro lado del árbol, tenía que hacer algo… y entonces Galba le señalo con un movimiento de la mano que se alejara despacio. Comenzó a hacerlo con mucho cuidado, sus pisadas amortiguadas por el hechizo lo volvían completamente silencioso. No miro atrás y el tramo que recorrió hasta volver a la zona segura le pareció una eternidad, todo el tiempo espero el golpe que acabaría con su vida. Sería una flecha o un hacha clavada entre los omoplatos? Solo miraba a Galba, que seguía moviendo su mano a la misma velocidad indicándole que avance. Galba no lo miraba a él. Miraba a quien sea que estuviese a su espalda. Pronto no pudo ver más las indicaciones de su compañero pero siguió avanzando a paso firme. Llegó al punto de encuentro que habían acordado antes de separarse. Respiro tratando de serenarse, pero el cosquilleo entre los omoplatos aun lo acompaño un par de minutos. Momentos después llegó Galba caminando como quien va de paseo. -Astien, estás pálido como una madre fatua.- le dijo divertido.-No estarás asustado, no? -Termino de decir sin aguantar la risa. -Diviértete todo lo que quieras.-le contesto Astien más calmado pero algo ofuscado- No estaríamos acá si no fuese por tu espectáculo en la posada.- -Hablas por ti. A mí siempre me envían en misiones de reconocimiento.-dijo El tuerto encogiéndose de hombros- Saben que soy el mejor.- remató con una sonrisa de orgullo. -Como serán los otros, si envían un tuerto a espiar…- murmuró Astien mientras se daba la vuelta. -Te escuche, chico listo, el oído fino es otra habilidad de cualquiera que se precie como explorador.- dijo Galba dejando de sonreír.- Sabes cuál es otra de mis habilidades?- Continuo diciendo mientras desenfundaba una de sus dagas. -Atacar cuando nadie se lo espera, muchos ni se enteran que fue lo que los mato. Así que si no quieres ser el próximo después del mocoso será mejor que te ahorres tus comentarios.- -Ah, ya cansas con eso del mocoso. Déjalo en paz. Ya suficiente tiene pensando que lo llevan prisionero a Helgen.- le contesto el mago sin dejar de caminar hacia los caballos.- Mejor monta y olvida lo del niño. Cuanto antes informemos al General sobre esta emboscada mejor.- -Si… olvidémoslo por el momento.- dijo Galba envainando su daga.- Pero más tarde o más temprano arreglare tantos con ese mocoso.- termino de decir mientras montaba el caballo. -En ese caso será mejor que no me hagas nada.- dijo Astien aferrando las riendas y espoleando a l caballo para que iniciara su marcha.- Si no, no sé quién te va a arreglar la nariz cuando el “mocoso” te la vuelva a romper.- Cuando Galba reaccionó el Caballo de Astien ya le llevaba una buena ventaja. *** Lucio estaba pensando en la comida caliente y en la cama de las barracas de Helgen, cuando sintió los cascos que se acercaban al galope. Sabía que el Legado y el otro soldado (que no era soldado, él se había dado cuenta aunque nadie se lo dijera) habían despachado dos exploradores pero eso no importaba, había un procedimiento para estos casos. Tiro de las riendas para frenar su caballo y echo mano de la espada. La caravana se detuvo. El jinete que venía a su lado hizo lo mismo. Él sabía que lo haría. No hacían falta palabras para entenderse con su hermano Fulvio. Por eso siempre los enviaban juntos como escolta de caravanas. A ellos no les molestaba. Era una buena forma de conocer lugares y de vez en cuando hasta tenían su cuota de acción. Al menos no estaba en el frente, en Cyrodiil. Uno de sus hermanos había muerto en los primeros choques de la guerra… -Quien cabalga!- Grito a viva voz. -Akatosh de gloria al Imperio!- le respondió la voz de uno de los jinetes que se acercaban. -Y al Emperador!- le contesto él. Solo cuando los reconoció envaino la espada. Eran el tuerto y el bretón, los que el legado había enviado como avanzadilla. Los caballos llegaron junto a el al paso. -Hace unos momentos el Legado preguntaba por ustedes.- les dijo Lucio. -Entonces no lo hagamos esperar hablando con soldaduchos- dijo el tuerto sin siquiera mirarlo. Tanto Fulvio como Lucio lo miraron con ira. -Tranquilos muchachos- dijo Astien deteniendo su caballo- Lucio y…Fulvio no es cierto?-Lucio asintió.- No es personal, es así con todos.- -Puede ser. Pero algún día se va a encontrar con alguien que le rompa la cara.- dijo Fulvio y escupió. Astien se inclinó un poco sobre el caballo y les hablo en tono confidente. -Ven ese niño de cabello castaño y ojos azules? Ese rapadito de la carreta junto al encapuchado?-dijo el bretón divertido- Ese ya lo hizo.- Remató mientras espoleaba el caballo para seguir. Lucio y Fulvio se miraron asombrados. Miraron al pequeño y volvieron a mirarse. Luego rompieron en carcajadas. *** Yglar miro con odio a los dos imperiales que se reían mientras lo miraban. Trato de grabarse bien sus rostros en la memoria, los dos tenían la misma barba negra y los ojos oscuros, seguro que eran hermanos. Los imperiales siempre le habían parecido todos iguales. Pero no cometería ese error otra vez. Grabaría los rostros de todos y cada uno de ellos. No le volvería a pasar como lo noche en que vinieron a buscar a su padre. Solo recordaba sombras en lugar de rostros o personas. Esta vez los recordaría a todos… y algún día… -En tu lugar cambiaría de actitud.- La voz del Imperial lo saco de sus pensamientos. Lo miro y reconoció al grandote de pelo gris de la taberna. Al que el tuerto había llamado “comandante de campesinos”.-A menos que quieras ser como Galba, el tuerto, no es bueno ir mirando a todos con odio y desprecio.- dijo acercando el caballo a la carreta. Yglar lo miro unos segundos, con el ceño fruncido y luego lo ignoró, mirando en otra dirección. -No quieres hablar, eh?- Insistió Ertius- Por mi bien. Solo quería decirte que peleas bien. Tu padre te enseño?- Yglar volvió a mirarlo. Esta vez con odio. -Y a ti que te importa?- le dijo sin dejar de mirarlo. Uno de los magos que estaba en la carreta codeo al otro. -No es mudo. Me debes diez septims.- le dijo riendo, convirtiéndose al instante en el nuevo objetivo de la mirada de ira de Yglar. Ertius trato de llamar su atención otra vez. -Eh, chico. Puedo entender tu mal humor. Piensas que todos somos tus enemigos. Pero créeme que no te estamos llevando por lo que le hiciste a Galba.- -Ah no? Que, es un paseo y de regalo estos brazales de soga? Soy joven, no estúpido.- -Eso lo veo. Joven e impetuoso. A tu favor, debo decir que solo te limitaste a defender a tu amigo.- Yglar recordó que en la posada, ese soldado había dicho que Galba había empezado. -Para lo que me sirve…- dijo con resignación. -Yo estuve a punto de golpear a Galba antes que tú. Me debes haber visto, no? Estabas mirando y escuchando lo que hablábamos en la Posada.- Ertius hizo una pausa pero Yglar no dijo nada. Solo miraba el piso de la carreta.- Fue por algo que dijo que lo mirabas tan feo y no lo dejabas pasar?- Yglar dudo en su interior. Ertius percibió que las defensas del muchacho estaban cediendo. -Mi padre, Hrorgar fue un “campesino nórdico” y era diez veces mejor guerrero que el.- dijo Yglar dejando escapar su ira de nuevo. Y el martillo daba de lleno en el clavo, pensó Ertius, estaba en lo cierto. Sintió como si su corazón se retorciese dentro de su pecho… la forma de mirar, el movimiento que había usado para librarse de Astien, el nombre del padre… Era todo una casualidad o los Divinos tenían otras intenciones? Era una herida que aún no había cerrado y con esto solo se lograba que volviese a sangrar. Temió esto desde que Jonna les había dicho que iban a Skyrim. No. No debería ser así. Él ya había pagado. No permitiría que… El llamado de Jonna interrumpió sus pensamientos. Volvió a mira a Yglar, pero este ya había clavado su vista nuevamente en las maderas del piso de la carreta. Giro lentamente su caballo y acudió al llamado. *** Para Jonna no había duda que era una trampa. Todo era una jodida trampa. Y se culpaba por haberse confiado. Nunca esperó que los Thalmor actuasen en Skyrim. Existía la posibilidad, muy remota, que solo fuesen unos bandidos tratando de atracar una caravana comercial. Hasta podía pensar en un intento de rescate de algún aliado de los prisioneros que transportaban. Pero todas las ideas le parecían ridículas y los Thalmor volvían una y otra vez a su mente. Además casi podía sentir la trampa cerrándose y ya no se preguntaba cómo evitarla, sino cómo hacer que causase el menor daño posible. -No sé si es una buena idea…- dijo Casio dubitativo.- Eso nos alejaría de Helgen y nos obligaría a acampar para pasar la noche. No me gustaría estar en un lugar esperando que nos ataquen. Además si es que nos quieren desviar estaríamos haciendo lo que quieren que hagamos.- -Que propones?- le preguntó Jonna, sin dejar de mirar el mapa que había apoyado en un tocón. -Un ataque directo.- le contesto Casio con firmeza- Tanto si son bandidos esperando a una caravana, o solo una distracción para desviarnos, podemos volver su emboscada contra ellos. Enviamos la carreta con los prisioneros por el camino y nosotros nos desplegamos y los atacamos por los flancos cuando ellos salgan a atacar la carreta. No esperarán este curso de acción.- -Eso nos daría la ventaja de la sorpresa, si…- dijo Jonna asintiendo. Luego de una pausa continuó.- pero no tenemos suficientes hombres. Astien y Galba contaron entre diez y quince bandidos. Pueden ser más también. Nosotros tendríamos que dividirnos y usar todos los hombres disponibles para el ataque, que somos… cuantos? Diecisiete contando a los conductores de las carretas? Y quien se quedaría custodiando a “cabeza de trapo”, eh? No pienso dejarlo solo y envuelto para regalo.- dijo Jonna demostrando su desacuerdo. -Los números no le importan a Grazbul- dijo el orco que había permanecido de pie en silencio detrás de Jonna- Pero el “Jefe” tiene razón. La misión es llevar al prisionero, no atacar a cuanto bandido se interponga.- -Un orco sensato?- dijo Casio divertido.- De donde los sacaste Jonna? Pensé que sería el primero en apoyar mi idea.- -Hay tiempos para pelear. Este no es tiempo para pelear. Cuando sea momento de pelear, Grazbul lo hará hasta que su sangre o la de sus enemigos este derramada en la tierra.- dijo y luego miro a Jonna.- O hasta que el “Jefe” lo ordene.- Jonna asintió a modo de agradecimiento a la lealtad del orco. Volvió a mirar el mapa. El silencio reino unos minutos. Luego se puso de pie y miro a los soldados que lo acompañaban. Los suyos sabían con que estaban lidiando. Lo sabrían los que vinieron con Casio? Supuso que sí. Su amigo no era de los que les ocultaban cosas a sus hombres. Aunque Casio era más dado a llevar las formas y respetar los rangos y esta misión solo era para oídos “elevados”. Él se había saltado unos cuantos procedimientos al decirles a sus hombres de que venía esto. Se ocuparía que todos estuviesen al tanto antes de partir de Helgen. Eso sí llegaban… Vio a Mendel afilando su mandoble, devolverle la mirada. Con un movimiento de cabeza lo invitó a que se acercara. El viejo nórdico se puso de pie, envainando el mandoble en su espalda y comenzó a acercarse. Jonna volvió su mirada hacia las carretas. Ertius hablaba con el muchacho que había sacado de la prisión de Falkreath. Pobre chico, lo saco de la olla para ponerlo al fuego directo… Pero si estaba en sus manos, nadie se quemaría. -Ertius!- gritó Jonna llamándolo. El soldado lo miró y girando el caballo comenzó a acercarse. Cuando le faltaban un par de metros, desmontó. Llego junto a Jonna unos momentos después que Mendel. -Señor- dijo reportándose. -Asumo que saben que nos detuvimos porque una emboscada nos corta el camino a Helgen. Si no lo sabían, acaban de enterarse.-Jonna hizo una pausa.- Los llamé porque ustedes dos son los que más conocen esta región. Me equivoco?- -En absoluto, Señor.- contesto Mendel orgulloso.- Soy hijo de esta tierra, y la recorrí desde mi juventud, solo primero y con los compañeros después. Pocos rincones me son desconocidos.- Jonna miro a Ertius. -Estuve destinado aquí, a Skyrim, varios años hasta que empezó la guerra, Señor. También conozco bastantes lugares, aunque no tantos como Mendel, eso seguro.- -Bien.- dijo Jonna mirando el mapa de nuevo.- Necesito una ruta alternativa para llegar a Helgen. Según el mapa, este camino a través de las montañas.- dijo recorriendo la línea que demarcaba el camino en el mapa con el dedo.- nos dejaría en el portal este de Helgen.- dio dos golpes con el dedo sobre la marca de Helgen.- Que saben de esta ruta? Y háganme el favor de omitir el “Señor”- Concluyó mirándolos, a la expectativa de la respuesta. -Sé de esa ruta por unos exploradores imperiales- contesto Ertius tomando la iniciativa.- Nunca se utilizó por ser bastante intransitable. Y estoy hablando de algunos años atrás. Si la tomamos corremos el riesgo de tener que abandonar las carretas en algún punto.- -Mendel?- preguntó Jonna mirando al viejo nórdico. -Aparte de lo que dijo Ertius, y tal vez sumado a ello, es una ruta muy larga. Jamás llegaríamos a Helgen antes del anochecer.- dijo el nórdico negando con la cabeza.- Y no es una ruta para seguir de noche. Nos veríamos obligados a acampar y no tenemos equipo para una noche a la intemperie. Y créeme que lo necesitaremos. Subir a una montaña en Skyrim sin el equipo indispensable? Dile a Astien y los magos que me congelen aquí y ahora así me ahorro la caminata.- terminó de decir divertido. -Lo tuve en cuenta.- le contesto Jonna sonriente.- Había pensado acampar aquí.- dijo señalando el mapa con el dedo.- Esta marcado como un bastión si no me equivoco.- -El Trono de la Sangría?- Mendel lanzo una carcajada.- Mejor ataquemos a los bandidos!- -Ya se lo propuse.- intervino Casio que se había apartado unos pasos y revisaba unos pergaminos. Jonna miro a Mendel con una sonrisa en los labios, más que nada contagiado por la carcajada del nórdico. -Sería mucho pedir que explicaras lo que te causa risa?- le dijo. -Qué? Nunca escucharon hablar de él?- miró a todos a su alrededor. Al ver sus caras dejo de reír.- Veo que no… - dijo casi para sí mismo.- No es un buen sitio para para pasar la noche. Muchos viajeros desprevenidos han desaparecido en sus cercanías.- -Bah, ahora el nórdico le tiene miedo a historias de fantasmas.- dijo Grazbul despectivo. -Fantasmas no, orco...- le dijo Mendel mirándolo a la cara y sonriendo.- Vampiros.- Jonna lo miro con el ceño fruncido. Mendel no hablaría en vano. Tampoco lo haría basado en rumores inciertos. Si él decía que el bastión era una guarida de Vampiros, no había razón para dudarlo. Genial, las dos rutas tenían sus riesgos. Ahora la idea de Casio ya no le parecía tan descabellada… incluso, le parecía la más viable. Solo que debía sopesar si esto no lo sabían también sus enemigos… y no esperaban que pensase de esa manera. -Ertius, esos exploradores que mencionaste… dijeron algo acerca de este bastión.- Le pregunto Jonna. -Hablaron de un fuerte, en esa ruta, abandonado en apariencia.- Ertius dudo antes de continuar.- Uno de ellos mencionó que no volvería a pasar por esa ruta aunque lo obligara el mismísimo emperador. Era considerado bastante “sensible” así que nadie tuvo muy en cuenta sus dichos…- Jonna miro el mapa. Debía tomar una decisión y rápido. Tanto si iban a atacar a los bandidos como si decidía subir por la montaña tenían que aprovechar las pocas horas de luz que le quedaban al día. Dos rutas. Bandidos en una… El frio, la noche y los vampiros en otra… Comenzó a enrollar el mapa. Ya había decidido. Solo esperaba estar haciendo lo correcto. Fin del capítulo 4.

10
0
Fanfic: Origenes - Capítulo 3
Fanfic: Origenes - Capítulo 3
ArteporAnónimo6/18/2014

Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks Puente del Aserradero de la Media Luna, vista del Lago Ilinalta Capítulo 3 En algun lugar en el camino entre Soledad y Falkreath. Skyrim, Provincia imperial, Morndas, 20 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. La carreta traqueteaba por el camino. Y eso le resultaba insufrible a Casio Vero. Le dolían las piernas y, a estas alturas, ya no sabía cómo acomodarse sobre la madera del asiento. Veintitrés años al servicio de la legión, una buena carrera, varias menciones honorificas, la expectativa de un buen retiro… hasta que a los Thalmor se les ocurrió hacer su movida… Elfos estirados, pedantes y racistas… no podían esperar que él se hubiese retirado? Incluso podrían haber esperado que muriese, con sus largas vidas y eso. Se movió tratando de acomodarse por quien sabe que numero de vez. El trasero ya ni lo sentía. Varias veces pensó en sacarse la capa arrollarla y meterla entre la madera y sus doloridas carnes. Pero no, eso no estaría bien visto en alguien de su rango… aunque pensándolo mejor tampoco es que fuese una gran idea. El invierno había empezado horriblemente frio, lo que no era una novedad en Skyrim. Pero tan húmedo? Eso sí que no lo había visto en sus 2 años allí. Era una combinación mortal, la niebla, las lloviznas o el agua nieve dejaban las ropas húmedas y las brisas heladas podían matar tan efectivamente como un hechizo de congelación. Se arrebujo en la capa con solo pensarlo. Sintió el relieve de su armadura debajo. No estaba seguro si en Ciudad Imperial la aprobarían. Seguramente la darían otra vez la típica armadura imperial: todo cuero y anillas, nada de pieles de oso y lobo. Ya le gustaría a el que ellos se pasaran un día de invierno con esa armadura. Al menos, estaba de camino al sur así que el frio ya no sería tan intenso. Suspiró. El conductor del carro lo miro. A pesar de que se dio cuenta lo ignoró. Siguió mirando los arboles pasar. No es que le interesaran los pinos, estaba al tope de los pinos, sean nevados o no. Lo que no deseaba era que al conductor se le ocurriese que era una buena idea hablar con él. Había abandonado cualquier intento de matar el tiempo de esa forma después de pasar Puente del Dragón y agradeció que el conductor solo se limitara a silbar de vez en cuando, porque cuando hablaba no le entendía ni la mitad de lo que decía. No se atrevió a preguntarle qué clase de problema tenia. Al fin y al cabo tampoco lo iba a entender. Miro a su alrededor tratando de ubicarse. Un pequeño puente de piedra adelante, un aserradero a la derecha, y más allá del aserradero, el lago… como se llamaba ese lago? …Ilentia... Ilina…? Bah, a quien le importaba el nombre, el sabia de que lago se trataba. Miro a la izquierda mientras cruzaban el puente. Dos granjas se encontraban delimitadas por el camino y el pequeño rio que discurría por debajo del puente. Delante de una de ellas, una mujer se afanaba en darle de comer a las gallinas ignorando la caravana que pasaba por el camino. Cuando la tuvo más cerca, la observo mejor. No había duda que tenía buenas formas. No era tan joven como le había parecido a la distancia, pero era una hermosa mujer, nórdica sin duda, cabello castaño casi rubio, complexión fuerte y… ¡por los Nueve Divinos! Esos ojos azules que vio cuando sus miradas se cruzaron… Ella se sonrió apenas y siguió con sus quehaceres. Él se dio cuenta que la sonrisa era debida a que la estaba mirando boquiabierto. Sin embargo, a pesar de la sonrisa le quedo una sensación extraña en el pecho. Tras esa sonrisa y esos ojos se escondía una gran tristeza. Casi tuvo el impulso de bajarse del carro e ir a hablar con ella. Pero solo se limitó a mirarla mientras el carro se alejaba. Trato de verla hasta que los árboles se lo impidieron. Se llevaría esa imagen como recuerdo de Skyrim. La voz de uno de los prisioneros que venían detrás lo saco de su ensoñación. -Cuando tenga un rato libre me voy a pasar por esa granja. Esa puta parecía muy solita- Las risas de otros prisioneros se sumaron a la del que había hablado. Sintió como la ira le quemaba por dentro y se acomodó en el carro para mirarlos mejor. -Cállense, bolsas de mierda!- Nunca mejor aplicado un insulto. El olor que despedían era proporcional a la mugre que llevaban encima. Nueve harapientos prisioneros, tres nórdicos, un par de imperiales, un orco, dos khajiitas y un bosmer, todos en condiciones de esgrimir armas. “Útiles para la legión” habían dicho… Útiles y una mierda, había dicho el. Para ser legionario hacía falta disciplina y eso se ganaba con un duro entrenamiento, no con pasar una temporada en las celdas de Soledad. Allí solo se ganaban los piojos y el olor horrible… aunque la mayoría de ellos ya los traían consigo seguro. No merecían el honor de morir como legionarios, más de la mitad de ellos buscaría desertar en cuando tuviesen la oportunidad, y una vez libres… estaba seguro que la mayoría cometería el mismo crimen otra vez, sea cual sea, pero había algunos que, de solo mirarlos sabía que podían hacer cosas aún peores de las que ya hubiesen hecho. A regañadientes algunos y murmurando amenazas otros fueron silenciándose. Uno de los nórdicos incluso, lo miro desafiante. Lo tenían sin cuidado las amenazas y los desafíos vacíos de esos despojos. Si alguien era digno de su preocupación, ese alguien venia en la segunda carreta, amordazado, encapuchado, con grilletes de ébano encantados con hechizos de absorber magia en las muñecas y en los tobillos y dos magos guerreros como escolta. Debería estarle agradecido, gracias a él volvía a Cyrodiil. Si fuese por él, el agradecimiento vendría en forma de una afilada daga en el corazón. Llevarlo muerto no tenía sentido, así que no iba a poder agradecerle. Pero llevarlo vivo era como practicar hechizos de fuego en un depósito de aceite… “Se tomaron todos los recaudos” le dijeron sus hombres. Y era cierto, pero nunca son suficientes, el azar nunca se encuentra dentro de los cálculos… Y que si lo tildaban de pesimista? Esa forma de pensar lo había mantenido vivo hasta ese día… El relincho del caballo asustado y las maldiciones del jinete lo hicieron volver la vista al frente. La carreta aminoro la marcha, pero su corazón se aceleró de golpe. -Que sucede?- les grito a los jinetes que lideraban la marcha. -Nada, Señor. Solo un mocoso que salió corriendo de la espesura y casi se mata bajo las patas de mi caballo. Seguimos- le contesto uno de ellos. Las carretas volvieron a ganar velocidad. Miro al muchachito levantarse, al costado del camino, cuando paso junto a él. Era un niño de unos 12 años, le pareció, el pelo castaño le caía sobre el rostro pegándose por el sudor, obviamente producto de su carrera. Que lo llevaría con tanta prisa? Parecía haberlo olvidado porque se quedó inmóvil mirando con los ojos marrones abiertos como platos la caravana pasar delante de él. Un chico raro pensó, mientras lo dejaban atrás… Primer sobresalto del viaje. Había quedado intranquilo. No podía sacarse la idea de que ese no sería el último de sus sobresaltos… -En 15 minutos, si mantenemos el paso, llegaremos a Falkreath.- anuncio uno de los jinetes a la cabeza. La idea lo relajo un poco, aunque no del todo. No pudo evitar mirar los arbustos o detrás de los arboles buscando alguna emboscada. Los nervios le estaban jugando una mala pasada, creía ver movimiento, o cosas acechando entre la espesura. “Seguramente el viento, o algún ciervo o zorro o ave o lo que sea que pudiese mover un arbusto, maldito estúpido” se dijo enojado consigo mismo. “Maldito Jonna podrías haber ido tú hasta Soledad, no?” pensó. Al instante imagino la cara de su viejo amigo si le iba con esas regañinas y se le escapo una carcajada. El carretero lo miro sonriente. A él se le borro la sonrisa al instante y volvió a mirar el costado del camino. No fuera cosa que se le diera por ponerse a hablar ahora que ya estaban tan cerca. Habían dejado atrás el camino en pendiente y ahora doblaba un poco a la izquierda. Último tramo, después de la próxima curva ya podrían ver Falkreath… Y vio el portal oeste de Falkreath. Y maldijo por lo bajo. De donde había salido tanta gente? Era un hormiguero. La gente iba y venía. Unos Khajiitas incluso habían montado su carpa en las afueras. Entrar con las carretas no era una buena idea. Le dijo al carretero que se detuviera y les grito a los jinetes de adelante para que hicieran lo mismo. Bajo de la carreta. Las piernas le hormiguearon cuando tocó el suelo y la espalda le sonó cuando se estiro. Los dos jinetes se acercaron a él. -Acomoden las carretas al costado del camino junto al portal y hagan descansar a los caballos. Los prisioneros no bajan de la carreta bajo ninguna circunstancia. Los magos tampoco deben abandonar su carreta. Buscare a los enviados de Cyrodiil y seguiremos a Helgen, así que no se relajen demasiado. De mas esta decir que mantengan los ojos abiertos y mantengan a los curiosos alejados, entendido?-les dijo. -Si señor- contestaron ambos al unísono y se pusieron con sus órdenes. Se puso en marcha hacia la entrada. Miro a los Khajiitas. Dos de ellos hablaban entre si y miraban a la carreta de prisioneros, seguramente hablando sobre sus congéneres cautivos. Un tercero le ofreció mercancías. El negó con la cabeza. Continuó su marcha y llego junto a los guardias de la puerta y se detuvo frente a ellos. -Caballeros. Soy el Legado Vero, vengo desde Soledad. - dijo inclinando levemente la cabeza. Uno de los guardias, de cabello negros y barba del mismo color, respondió de la misma manera, con una inclinación de cabeza, aunque bastante sorprendido. El otro se limitó a mirarlo.- Serian tan amables de indicarme dónde puedo encontrar a los enviados de Cyrodiil?- le dijo al que lo había saludado. Le pareció más avispado que el otro. -Algunos están con el Jarl, los otros en las barracas. Aunque supongo que quiere ver a los que están con el Jarl. Puedo guiarlo hasta allí si no conoce el camino.- le dijo el guardia con amabilidad. Fue el turno del Legado de mostrarse sorprendido. Desde cuando los guardias de las comarcas de Skyrim eran toda simpatía? Tal vez fue un acierto dirigirse a ellos con cortesía, aunque sospechó que había algo más… Dudo unos segundos pero aceptó el ofrecimiento. -Lo sigo… este…- -Bottar, es el nombre que me dio mi madre.- le contesto el guardia. -Bottar, entonces. Lo sigo.-El guardia emprendió la marcha entre la gente, seguido del Legado. La gente lo miraba y algunos ya miraban hacia el portal oeste. No tardarían mucho en ir a curiosear las carretas. No le gustaba nada la situación, Jonna debería haber estado esperando. O al menos, al ver tanta gente podría haber enviado a alguien al camino a avisar… No quería pensar negativamente. Aunque le salía por naturaleza. Se dio cuenta que llevaba la mano en la empuñadura de su espada. -Ya estamos. Es allí.- Le dijo Bottar señalando la casa comunal del Jarl. -Gracias, Bottar.- Le dijo. -Disculpe Legado…- Bottar dudo unos segundos antes de continuar- Partirán de inmediato?- Casio se tensó. Que le importaba a ese guardia cuando partirían? Algo le olía muy mal… -Lo antes posible…- le dijo y se giró. Cuando se disponía a avanzar sintió una mano tomándolo del brazo. Se deshizo del agarre y desenvaino la espada en un movimiento. Volteo para ver al guardia que lo había acompañado, Bottar, levantando las manos a la altura del pecho mostrando las palmas. -Que es lo que intentas!- le grito sin bajar la espada. Alguien chillo algo. La gente se apartó al ver el acero, lo suficiente como para no perder detalle sin resultar lastimados. Bottar tartamudeo y retrocedió unos pasos. Casio sintió el sonido del acero saliendo de su vaina a sus espaldas. Los guardias de la puerta de la casa comunal se le acercaban por detrás. Estaba rodeado. Pero no se iría sin pelear, eso no. Lo único que le molestaba era no saber el motivo de esta traición. Giro para enfrentar a los guardias y la vio parada en la puerta de la casa comunal. Una Alta Elfa. Como habían llegado los Thalmor a infiltrarse en Skyrim? A controlar a la guardia de la ciudad! Era una trampa desde el principio y Jonna nunca había venido desde Cyrodiil? O lo que es peor… había venido y… -Guardias! Alto!- grito la Alta Elfa. Y los guardias obedecieron. La traición era más profunda de lo que pensaba… La Alta Elfa avanzo hacia él. -Se puede saber que sucede aquí?- Pregunto enojada, mirando a los guardias y a él alternativamente. -Este imperial desenvaino su arma y amenazo a Bottar.- dijo uno de ellos sin bajar su espada. -Bottar?- dijo la elfa como percatándose de que estaba allí. -No deberías estar de guardia en el portal oeste?- -Fue… fue un malentendido…- contesto, bajando la mirada. -Bajen las armas.- ordeno la elfa. Los guardias obedecieron. Casio no.-Eso lo incluye Legado.- Sabían bien quien era. Sí era una trampa, lo estaban esperando. -No recibo ordenes de sucios elfos.- dijo desafiante. -Ni aunque se trate de la administradora del Jarl, Casio?- Le dijo una voz familiar, que lo descoloco. -Tú! Pero…- miro al hombre vestido con simple armadura de soldado imperial. Los mismos ojos verdes, el mismo pelo corto un poco más gris y con algunas matas blancas, la misma media sonrisa confiada y la inconfundible postura de brazos cruzados de Jonna. -Sí, más viejo, pero sigo siendo yo. Podrías…- hizo un gesto simulando envainar una espada. Casio lo hizo lentamente, sin dejar de mirar a la elfa que les daba órdenes a los dos guardias para que dispersaran a la multitud. -Pensé… - comenzó a decir el Legado-… cualquier idiotez.- Terminó claramente relajado y avergonzado. -Debe ser por la edad.-dijo Jonna mientras estrechaba la mano de su amigo.- Parece que algo de la nieve de Skyrim se te pego al pelo. Eh?- ambos rieron- Hablando en serio, te entiendo, cuando vi a Nenya, lo primero que sentí fue desconfianza. Pero créeme antes que Alta Elfa, es Administradora.- -Gracias por el cumplido.- dijo Nenya acercándose a ellos.- Aclararemos esta situación… Bottar, algo que decir?- El guardia no se había movido del lugar, parecía avergonzado. -El Legado malinterpreto mi intención. Si lo tome del brazo, pero… yo solo… yo solo quería pedir… por el niño.- dijo claramente preocupado. -El niño? Que niño? - dijo Casio entre desconcertado y enojado.- Yo no sé nada de ningún niño. De qué habla este hombre?- dijo buscando respuesta en Jonna. -Te refieres al que acusaron de ladrón? El que agredió a uno de mis hombres?- dijo Jonna serio. Casio aunque confundido se sorprendió. Bottar asintió. -Bottar, como guardia de Falkreath, sabes cómo se resuelven las cosas aquí, no veo la razón para que molestes al Legado con estas nimiedades, y lo que es peor, que abandones tu puesto por ello. Sera mejor que vuelvas al portal oeste ahora antes que nuestro Señor Dengeir se entere de esto.- dijo Nenya con autoridad. Bottar amago a irse pero de algún lado reunió valor y volvió a enfrentarla. -No puedo… señora administradora. Le prometí al pequeño Merreck que estaría atento al destino de su primo hasta que el volviese con sus hermanos y puedan abogar por él. Tofrior me dijo que en cuanto los imperiales se vayan el mercader exigirá que se imparta justicia y el pequeño Merreck no llegara a tiempo, el Legado dijo que se irán enseguida. Sus hermanos están en Paraje de Rorik!- termino de decir Bottar, claramente alterado. -Tranquilo buen hombre- intervino Jonna- Lo dejaran en la celda un tiempo y será cuestión de un día o dos a lo sumo hasta que sus primos lleguen de Paraje de Rorik. Eso le ayudara a reflexionar sobre sus actos y evitar que vuelva a hacerlo. A lo sumo comerá mal y recibirá algún que otro castigo, después de todos solo es un niño.- -Pero él no lo hizo!- enfatizo Bottar levantando la voz. -En ese caso no te va a ser muy difícil abogar por el ante el Jarl.- dijo Jonna algo molesto por la actitud del guardia.- No puede ser muy difícil, no? Eres un hombre de la ley y el chico está acusado por el testimonio de un mocoso que aún debe mearse encima.- Ante estas palabras, Bottar abrió los ojos todo lo que le fue posible y Nenya miro a su alrededor en busca de algún oyente no deseado. Jonna y Casio se miraron extrañados sin entender la actitud. -No sería prudente volver a referirse en esos términos al pequeño Siddgeir- dijo Nenya con evidente preocupación- Es el sobrino de nuestro Jarl Dengeir y este lo aprecia mucho. Cualquier insinuación de que está mintiendo… no sería bien vista.- -Ah, genial, un niño malcriado.- dijo Jonna poniendo los ojos en blanco.- Hagan algo al respecto ahora que pueden o tendrán a un jodido cabrón en el futuro… De nuestra parte ya dijimos que no es necesario disciplinarlo por romperle la nariz a Galba. Así como es de bueno con las dagas, lo es para meterse en broncas en las tabernas.- -Un niño le rompió la nariz a Galba?- pregunto Casio risueño- Ya me habría gustado ver eso!- -Un niño, si- dijo Jonna con su media sonrisa característica- Bastante grande para su edad, me dijeron que tiene trece pero parece de dieciséis al menos, y según Ertius, es muy hábil. Sera un buen guerrero cuando crezca.- -Su habilidad no le va a servir de mucho sin una mano.- intervino Bottar claramente apenado. Casio se olvidó de pronto de la diversión que le provocaba la nariz rota de Galba. Jonna frunció el ceño. -Qué quieres decir?- le interrogo Jonna, aunque no espero respuesta de él, enseguida se dirigió a la elfa.- Lady Nenya, no estarán pensando cortarle la mano a ese niño?- pregunto molesto. -El mercader víctima del robo así lo exige.- se justificó la elfa- Argumento que aquel que roba o agrede a la autoridad, lo volverá a hacer. Y que quitarle la mano es hacerle un beneficio al muchacho, ya que le servirá como recordatorio para mantenerse en el camino correcto. Además ofreció que se contentara solo con tres dedos de la mano si se le devuelve lo robado.- -Una persona magnánima sin duda- ironizo Jonna. -Y el Jarl Dengeir lo acepta así como así? Acaso él no es la autoridad máxima aquí como para someterse a las exigencias de un simple mercader?- Cuestiono Casio. -Por supuesto que lo es!- contesto Nenya airada.- Pero no podemos permitir que se deterioren nuestras relaciones comerciales con la familia de mercaderes más importante y honorable de Riften por una nimiedad como esta.- -“Mercaderes honorables de Riften.” Ya veo…- dijo Jonna pensativo.- Bottar, como dijo la señora administradora, es mejor que vuelva a su puesto en el portal oeste. Ya cumplió con su objetivo de informar al legado.- el guardia asintió dubitativo pero obedeció.- Lady Nenya, -continuo Jonna dirigiéndose a la elfa- Debo ultimar unos detalles con el Legado Vero, le agradecería que le informase al Jarl de la llegada del Legado que en breve se reunirá con el antes de seguir con nuestro viaje. A ese respecto le agradecería también, que todo estuviese presto para que podamos partir luego de la reunión del legado con Vuestro Señor Jarl.- -Enseguida se harán los preparativos- dijo Nenya complaciente- Les ruego disculpen por esta situación. Si me disculpan…- Ambos la saludaron con una inclinación de cabeza y la elfa se retiró hacia la sala comunal. Jonna suspiro. -Nunca imagine que habría tanta gente aquí- dijo Casio mirando la gente que pululaba a su alrededor- Crees que la noticia se haya esparcido intencionalmente?- -Cómo es eso que dices siempre?- Le dijo Jonna divertido- “Piensa mal, espera lo peor…- -… y alégrate de tu error.- completo Casio- Tu ríete, a mí me dio siempre resultado, que yo sepa aun no soy un cadáver.- -Y no sabes cómo me alegra.- Le dijo apoyándole una mano en el hombro.- Y ya que estamos en tema Legado, alguna vez estuvo en el cementerio de Falkreath?- -La verdad es que no, dicen que es el más grande de todo Skyrim.- le contesto Casio.- Deberíamos comprobarlo, no?- Jonna sonrió y ambos emprendieron la marcha. Como sospecharon, no había más de tres personas allí. Era un buen lugar para hablar. Se detuvieron frente a unas lapidas alejados de los otros visitantes del cementerio. -Que tienes en mente, Jonna?- -Problemas… y posibles soluciones, que pueden transformarse en más problemas…- dijo Jonna preocupado- Iba a enviarte a Galba para que evitaras Falkreath, cuando el muchacho le rompió la nariz. No creo que sea casualidad toda esta gente. Cuanto antes salgamos de aquí, mejor. Tu viaje fue tranquilo?- -Tranquilo no fue, eso tenlo por seguro. Pero si te refieres específicamente a algún ataque, no, no hubo ningún intento hostil. Sin embargo, no pude evitar la sensación de ser observado durante el último tramo del viaje.- -No creo que se arriesguen aquí, en Skyrim. Sin duda nos están observando, pero no harán ningún movimiento aquí. Me preocupa más cuando crucemos a Cyrodiil. La ruta norte hasta aquí se mantiene, pero cada día es más difícil. Llegar a Ciudad Imperial va a ser un verdadero desafío.- -Nos reforzaremos con algunas de las tropas que nos esperan en Helgen. No seremos un grupo muy grande pero seremos suficientes como para disuadir a cualquiera.- dijo Casio con convicción. -No trates de ser optimista, Casio, no te sale en lo absoluto.- dijo Jonna sonriendo- Además sabes que los Thalmor no son cualquiera. Dime lo que piensas, con sinceridad.- -La mitad de los que vayamos no llegaremos a Ciudad Imperial. Eso con suerte. Pero sabes que se hará hasta lo imposible para que la misión se cumpla de un modo u otro.- -Ese es el Casio que conozco- le dijo dándole una palmada en el hombro- Ahora, tengo un pedido, para tu visita de cortesía al Jarl.- -Es sobre el niño, no?- le pregunto el legado. Jonna asintió.-No deberíamos involucrarnos…- -No lo haremos. Usaremos las órdenes de reclutamiento de prisioneros y nos llevaremos al muchacho a Helgen. Entiendes que el castigo es una demostración de poder de las “honorables familias de mercaderes de Riften”? Ese mercader es un representante del Gremio de Ladrones. No lo dirá abiertamente pero la gente entenderá el mensaje. Hasta creo que Bottar dice la verdad en cuanto a la inocencia del muchacho. No creo que arriesgue su puesto molestando a un Legado imperial si no estuviese convencido.- -Pero el sobrino del Jarl lo acusó…- medito Casio. - No sé porque motivo el mocoso lo acusó y no tengo tiempo de averiguarlo, pero no lo voy a permitir. No creo que al chico le parezca una “nimiedad” perder sus dedos o su mano, como dijo la administradora…. Y solo porque un grupo corrupto desee demostrar su poder. El Jarl deberá sopesar a quien desea complacer, si al imperio o a los que en realidad mandan en Riften.- -Estoy de acuerdo.- dijo Casio asintiendo con convicción.- El Gremio está sacando mucho provecho de la guerra y no me extrañaría que estuviesen actuando para caer de pie gane quien gane… -un pensamiento le vino de improviso.-Piensas que ellos tienen que ver con la aglomeración de gente? Que tal vez estén actuando como espías de los Thalmor?- -No lo sé. Y no veo como averiguarlo aquí. Por el momento me contentare con arruinarles esta demostración de poder. Luego que dejemos “el paquete” en Ciudad Imperial, les haremos una visita en Riften.- -“Les haremos?”- dijo Casio entrecerrando los ojos.- Ni todos los Ejércitos Thalmor me van a sacar de Ciudad Imperial… eso, si los Nueve me conceden la gracia de llegar.- termino de decir dubitativo. Jonna rio. -Vamos, no quiero retrasar tu arribo a la capital.- le dijo a Casio.- Si no pierdes mucho tiempo con el Jarl, estaremos en Helgen al anochecer.- -Akatosh te oiga. Creo que será el último lugar donde voy a poder descansar como es debido.- dijo esperanzado el Legado e iniciando la marcha. Cuando se alejaban, una de los visitantes del cementerio decidió que era momento de partir también. Cabizbaja y oculta por una túnica negra con capucha, se encamino hacia el Salón de los Muertos. Al pasar junto al altar de Arkay, poso su mano sobre él durante un segundo como una devota. Siguió su camino bordeando las paredes de piedra del Salón de los Muertos y luego se internó en el bosque dejando la construcción detrás. Subió por el escarpado terreno y se detuvo al amparo de una gran roca. -A delle latta av ceyi.1- dijo al aire y al instante dos figuras aparecieron frente a ella, mirando el piso y con la rodilla izquierda en tierra. Un ropaje negro como la noche los cubría por completo y parecía emanar oscuridad. Una oscuridad viva, vibrante… - Los imperiales partirán pronto, esten listos. No admitiré errores. - dijo La encapuchada sin ningún tipo de emoción en la voz .-Está claro?- -Sí, Lady Valarian.- contestaron al unísono. Sin moverse un ápice. -Barravoy an ceyi ry sou karan.2 – dijo, y de la misma manera que habían aparecido de la nada frente a ella, así desaparecieron. ---------- Notas: 1 "Yo concedo luz sobre las sombras" 2 "Vistan las sombras como su armadura" Ambas frases traducidas del Ayleid. Fin del capítulo 3.

5
6
Fanfic: Origenes - Capítulo 5
Fanfic: Origenes - Capítulo 5
ArteporAnónimo7/2/2014

Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks Capítulo 5 Montañas al sudeste de Falkreath Skyrim, Provincia imperial, Morndas, 20 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. Tuuramil, “Bosmer de Bosque Valen por nacimiento, habitante de Tamriel por elección”, como le gustaba presentarse, nunca se había considerado un elfo al que le interesase el destino de los demás. Al fin y al cabo a los demás tampoco les interesaba el suyo. Sabía bien que el único que se preocuparía por Tuuramil, era Tuuramil. Y, aunque en este caso su destino no era muy “promisorio” y tenía más que suficientes razones para preocuparse por sí mismo, no podía evitar estar preocupado por sus dos compañeros Khajiitas. M’ Naheh, la hembra, temblaba violentamente con cada ventisca que al azotaba y se esforzaba por seguir el ritmo de la marcha. Dra’za, su compañero, la seguía de cerca sosteniéndola de vez en cuando para que no cayera, pero él también estaba sufriendo, aunque intentara ocultarlo. Muchas veces Tuuramil había escuchado las quejas de los dos Khajiitas, acerca del clima de Skyrim. Y eso había sido cuando estaban abrigados y al calor del fuego. Ahora con solo unos harapos encima, con las muñecas encadenadas y los pies hundidos en la nieve, con el frio y el viento acuchillándolos hasta los huesos, el pelaje de los Khajiitas no hacia diferencia alguna. El elfo no pudo evitar sentir el peso de la culpa. No estarían allí si no fuese por él. De su cabeza nació la idea de venir al norte “para escapar de la guerra y buscar nuevas posibilidades”, así como también lo hizo la del “negocio” que los dejo “encadenados”, literalmente, al imperio y que ahora los llevaba de vuelta a la guerra y en primera fila. Al final, todo lo que había hecho era caminar en círculos… M’Naheh cayó de rodillas. -N-No… no puedo más…- dijo casi en un susurro. Dra’za se apresuró a acercarse e intento levantarla sin éxito. -Vamos, un último esfuerzo.- le dijo -Para qué Dra’za? No tengo esperanzas de sentir las cálidas arenas de Elsweyr otra vez bajo mis pies. No hay futuro. Prefiero que todo el sufrimiento termine aquí y ahora.- le dijo ella. El, la miró con tristeza en sus ojos amarillo-anaranjados, pero con una sonrisa tierna y se agacho junto a ella, abrazándola. -Si es tu deseo, Dra’za no dejara que hagas este viaje sola.- le dijo mirándola a sus bellos ojos azules. Ella forzó una sonrisa y le acaricio el rostro. Su mano temblaba violentamente. Tuuramil llego junto a ellos claramente preocupado. -Vamos levántense! Ya saben lo que dijo el imperial!- les urgió el Bosmer. Fue casi como si lo hubiesen invocado. El imperial tuerto apareció a caballo junto a ellos. -Qué pasa? No pueden seguir?- dijo con fingida amabilidad. -No, no – se apresuró a contestar Tuuramil. – Solo tropezó con una piedra. Ya la ayudamos a que se levante.- -Hmm, bueno, ya saben… si necesitan ayuda… - dijo mientras acariciaba el pomo de su daga. – Siempre pueden elegir. A menos que los vuelva a ver caer. En ese caso yo elegiré por ustedes.- El tuerto hizo que su caballo continuara su camino hacia la vanguardia de la caravana, para alivio del elfo. -Vamos M’Naheh, levanta!- la urgió nuevamente Tuuramil.- Vamos a salir de esto. Mientras hay vida, hay esperanza!- dijo con convicción y ánimo. Más, solo era una máscara. Por dentro sentía todo lo contrario. -M-m-mientes bien T- Tuuramil…- le dijo la Khajiita tartamudeando- a los que n-no te c-conocen- termino de decir forzando una sonrisa. -Dra’za…- dijo casi suplicando al Khajiita que abrazaba a su compañera. -No te sientas culpable.- le dijo Dra’za con una calma que lo espantó.- Nosotros elegimos seguirte. No nos obligaste. No tienes la culpa que Baan Dar 1 esté ahora en silencio.- El elfo sintió que la resignación del Khajiita hacia crecer su desesperación. Tomó el brazo de M’Naheh y trato de levantarla. Pese a que no era muy pesada, la falta de colaboración hizo imposible el hecho. No se resignó, volvió a intentarlo y esta vez M’Naheh fue levantada. Dos manos humanas la tomaban por el otro brazo. El corazón del elfo dio un vuelco. Hasta que vio las sogas alrededor de las muñecas. -Sigan caminando y frótense el pecho.- les dijo el que había ayudado a la Khajiita. Tuuramil lo miró sorprendido, era el muchacho que los imperiales habían sacado de la prisión de Falkreath. Él lo hacía cabalgando con el soldado grandulón de mandíbula cuadrada. Había visto como le ofrecía llevarlo en la grupa de su montura cuando tuvieron que abandonar las carretas porque el camino se había vuelto intransitable. Aunque ahora que lo pensaba , no había visto al chico subir al caballo. Sin embargo, tenía una capa imperial en la espalda. Todo eso sumado a que tenía sogas en las muñecas en lugar de grilletes, le daba a pensar que no era un prisionero… o al menos no uno normal. Dra’za ya estaba de pie junto a M’Naheh. Temblaba aunque no tanto como ella. El muchacho los miró y se quitó la capa. -Si se mantienen juntos pueden usarla los dos.- les dijo extendiéndoles la capa.- Pronto no vamos a poder continuar por la oscuridad. Deberán parar y acampar, supongo que harán unas fogatas. La capa servirá hasta ese momento.- -Gracias.- le dijo Dra’za agarrando la capa y colocándola sobre ambos. -Que Jode y Jone 2 te iluminen cuando al oscuridad te rodee.- le dijo M’Naheh agradecida. El muchacho le dedicó una sonrisa fugaz y continuó la marcha. Pronto estuvo fuera del alcance de su vista, perdiéndose entre la nieve que se arremolinaba. Tuuramil agradeció para sus adentros la esperanza que se les había dado a sus amigos, aunque solo fuera temporal … Si bien Dra’za y M’ Naheh habían reanudado la marcha, al ritmo que llevaban, el tuerto volvería a buscarlos. El piafar del caballo detrás de él lo sobresaltó. Se maldijo por pensar en el tuerto. Cada vez que pensaba en él, se aparecía como daedra desde Oblivion. Ni volteo para mirarlo. Estaba tan nervioso que tardó en darse cuenta. No podía ser él. Cuando los dejo, cabalgaba hacia la vanguardia de la caravana. -Si están rezagándose a propósito, para escapar, va a ser mejor que cambien de idea. No van a llegar muy lejos con esta ventisca. Y no tengo ganas que me manden a buscar sus cadáveres congelados.- dijo uno de los dos jinetes que aparecieron detrás de ellos. Tuuramil volteo aliviado. Era uno de los que había salido de Soledad a la cabeza de la caravana. Y para su sorpresa no había reproche en su voz. -Y si no lo están haciendo a propósito, va a ser mejor que se apuren.- dijo el otro jinete, un nórdico grandote de barba y cabellos blancos. Lo reconoció del grupo que se les había unido en Falkreath.-Somos los últimos y con esta ventisca es muy fácil perderse.- -Me temo que, si ustedes son los últimos y considerando que van a caballo, ese será nuestro destino.- les dijo Tuuramil. El Nórdico miro a los Khajiitas, que avanzaban a duras penas, envueltos en una capa Imperial y ayudados por el elfo. Comenzó a rezagar la marcha de su corcel. El otro jinete hizo lo mismo, poniéndose a su lado. -No lo van a lograr, Mendel.- le dijo al Nórdico. -Bah, he visto a gente en situaciones peores y las han atravesado, Fulvio. Solo es cuestión de tener ganas.- le dijo mirándolo.- No te voy a negar que considero que los Khajiitas no deberían venir a Skyrim. Uno pensaría que al ser “peludos” el frio no les hace mal, pero si lo piensas bien, ellos no se quitan el pelo en su tierra. Y Elsweyr es un lugar cálido si no cambio desde la última vez que estuve allí.- Mendel miró de nuevo como avanzaban. Aun aminorando la marcha con sus caballos lo más posible, terminarían pasándolos. -Ta vez no estés tan errado en eso de que no van a lograrlo…- le dijo a Fulvio dubitativo.-Sabes que es lo que hicieron?- Fulvio sonrió. -Saberlo te ayudara a decidir si ayudarlos o no?.- le pregunto el imperial. -Digamos que ya decidí ayudarlos… solo que me gustaría saber qué tipo de “ayuda” merecen.- le contestó el nórdico algo molesto por la pregunta. -Ya veo…- dijo Fulvio y suspiró.- No son más que estafadores y ladronzuelos que tuvieron la mala idea de engañar a un mercader que resulto ser hermano de un oficial imperial de alto rango.- -Hmpf, no son, lo que se diría, buenos exponentes para la legión.- dijo el nórdico resignado. -No es el tipo de legionario que me gustaría tener al lado en un momento crítico.- dijo Fulvio asintiendo.- Hasta un bastardo como Galba es preferible cuando las cosas se ponen feas.- -Además seamos sinceros, no durarían ni un minuto en el frente… siempre y cuando lleguen- -Es verdad… manos a la obra entonces?- pregunto Fulvio. Mendel asintió al tiempo que desmontaba. **** Jonna observo el bastión que se erguía ante él. Erguía era una forma de decir. En realidad estaba semienterrado y en malas condiciones. Un escalofrío le recorrió la espalda. No tenía planeado entrar pero si la ventisca continuaba no les quedaría otra alternativa. En cierto modo, esa ventisca era una maldición tanto como una bendición. Bendición porque nadie en su sano juicio habría tomado esa ruta. Y maldición por… lo mismo. Solo esperaba que sus “perseguidores” consideraran una locura seguirlos… Casio se le acercó. -Le di órdenes a algunos hombres para que recojan leña y hagan unos fuegos.- le dijo- Aunque como imaginaras lo hice para mantenerlos ocupados, unas fogatitas no nos van a servir para pasar la noche. También ordené que establezcan un perímetro, aunque con la tormenta, no creo que sirva de mucho.- Jonna reflexionó sobre lo que le decía su amigo. Casio tenía razón en usar la palabra tormenta en lugar de ventisca. -Hiciste bien.- le dijo al legado.-los mantendrá ocupados mientras aseguramos el sitio. La noche ya está sobre nosotros y el clima empeora a cada momento. Va a ser mejor que nos apuremos- Jonna miro a su alrededor buscando a los hombres que la acompañarían. -Donde esta Mendel?- -La retaguardia no llego todavía.- le contesto Casio.- Faltan tu hombre, uno de los míos y tres prisioneros. La tormenta habrá dado cuenta de ellos?- -No lo creo. Al menos no de Mendel. De tu hombre y los prisioneros, no se.- dijo despreocupado.- Lástima, Mendel me habría venido bien ahí dentro. Pero no puedo esperar más. Quedas a cargo Casio.- -Sí, sí, tú apúrate a limpiar ahí dentro. Quiero dormir un rato, y tener un techo sobre mi cabeza. No aguanto más esta tormenta.- Jonna sonrió y meneo la cabeza mientras el legado se alejaba. Llamo a Ertius, Astien y Galba. A Grazbul no hizo falta, ya que, como si de su sombra se tratara, nunca se alejaba demasiado de él. Comenzó a hablar cuando todos estuvieron a su alrededor. -Ertius, necesito que te quedes con Casio.-comenzó Jonna.- No le saques los ojos de encima a “cabeza de trapo”. Los demás vienen conmigo. No sabemos que hay ahí dentro. Así que procederemos con precaución. Puede que este abandonado pero eso no significa necesariamente inhabitado. Con suerte no encontraremos más que alimañas, pero no pienso desatender la advertencia de Mendel sobre los vampiros. Sea ese el caso o no, actuaremos con extremo prejuicio. Todo lo que encontremos ahí dentro y que se mueva se considerara hostil y debe morir. Alguna pregunta?.- Reino el silencio por unos segundos. - Bien- continuó Jonna- Galba conmigo a la cabeza, Astien y Grazbul detrás. No hicieron falta más palabras. Cada uno sabía lo que se hacía en esos casos. No importaba que nunca lo hubiesen hecho juntos. Cada uno sabia su función, la habían cumplido en la legión por años, y Jonna los había reunido porque eran los mejores. Grazbul blandió con ambas manos su mazo orco y se acercó a la puerta del bastión, esperando la orden del “jefe”. Astien conjuro en su mano derecha un hechizo de luz y en la izquierda una guardia. Galba tenso el arco y preparo una flecha. Jonna blandió su espada con la derecha y su escudo con la izquierda. A su orden, un mero movimiento de cabeza, sucedió lo que a ojos ajenos, hubiese parecido una coreografía de precisión. Grazbul, apoyado de espalda sobre la pared de la derecha de la entrada golpeó con su mazo la puerta a la altura del manillar, quedando enfrentado a la puerta. La abrió de par en par de una patada e inmediatamente se cubrió en la pared de la izquierda. Astien, enfrentando las negras fauces del Bastión, con la guardia mágica en alto, arrojo con la mano derecha la bola de luz que tenía preparada, iluminando el interior, e inmediatamente imito a Grazbul posicionándose a la derecha de la entrada. Jonna avanzó entonces, semiagachado con el escudo en alto por delante, la espada contra el canto del mismo, la punta hacia adelante, y con Galba a su espalda apuntando la flecha sobre su cabeza hacia el interior del bastión. Traspasaron el umbral. Unos segundos después se escuchó la voz de Jonna desde el interior. -Despejado- dijo. Astien y Grazbul se adentraron entonces al interior del bastión. **** Ertius, parado en medio de la tormenta, observó el despliegue hasta que Grazbul desapareció en el interior. Los envidiaba, un poco de acción lo habría hecho entrar en calor, y lo habría sacado de la odiosa tormenta de nieve. Suspiró y comenzó a girar mientras se frotaba los brazos, añorando su capa. Pero no se arrepintió de habérsela dado al muchacho. Nunca había creído mucho en el destino o en los divinos, pero tal vez esto no era una casualidad, sino una segunda oportunidad. Al terminar de girar vio al muchacho parado a un metro suyo. -Parece que lo de aparecerte de sopetón frente a las personas es una costumbre, eh?- le dijo Ertius. -Estaba mirando como entraron…- dijo Yglar entusiasmado.- eso lo enseñan en la legión?- -Más o menos. La mayoría se aprende con la práctica. Sin embargo, algo tan coordinado como lo de recién no solo es práctica. También se debe tener una confianza ciega en lo que hacen tus compañeros. La confianza es fundamental para actuar como una unidad.- Yglar seguía mirándolo como si esperase que continuara hablando. Ertius noto que no tenía la capa. -Y mi capa?.- Yglar se sobresaltó. Había planeado evitar a Ertius hasta que los Khajiitas volviesen y el tuviese la capa en su poder otra vez. Pero el ingreso al bastión de Jonna. Lo había distraído, admirándolo y dejándolo justo frente a Ertius. -Se la di a los Khajiitas.- le dijo olvidando todas las excusas que había pensado. -A los Khajiitas?- pregunto sorprendido Ertius.- A los prisioneros Khajiitas?- Yglar asintió. La voz de Merreck resonó en su cabeza. “No veo a otros Khajiitas por aquí.” Ertius lo miro unos momentos y luego sonrió. -Mejor vamos donde están preparando las fogatas. Tengo que vigilar al “cabeza de trapo” y quiero que hablemos mientras lo hago. Hay… hay algo que quiero decirte.- El muchacho lo miro extrañado pero lo siguió. Los hombres de Casio habían armado tres fogatas que ya estaban ardiendo. Rodeando una estaban los prisioneros y un par de guardias vigilándolos. En otra Casio sentado en una piedra vigilaba a “cabeza de trapo”, mientras masticaba un pedazo de carne de venado seca. Una tercera, un poco más alejada servía de punto de encuentro de los soldados que patrullaban el mal establecido perímetro. Yglar imito a Ertius sentándose junto al fuego en la fogata donde estaba Casio. -Estaba por llamarte, Ertius.- le dijo Casio.- necesito hacer algo con urgencia… Ya sabes.- Ertius asintió sonriendo ante la delicadeza del legado. Los soldados decían esas cosas con todas las letras. Yglar no le prestaba atención a lo que hablaban. Sus ojos estaban fijos en la carne seca. Casio se percató de eso. -Tienes hambre chico? Toma.- le dijo arrojándole la lonja que estaba comiendo. Yglar alzó ambas manos atadas con sogas en las muñecas y atrapo la carne. Casio frunció el ceño. -Aun está atado?- pregunto dirigiéndose a Ertius.- Desátalo y cuéntale cuál es su destino.- le dijo mientras se alejaba de la fogata. Yglar miro a Ertius mientras le cortaba las ataduras. -Qué quiso decir?- le pregunto con desconfianza pero sin dejar de comer. -No te estamos llevando a Helgen para unirte a la legión como se le hizo creer al Jarl de Falkreath. Cuando lleguemos allí te quedaras a esperar a tus primos. Aunque con el retraso que llevamos, tal vez ellos te estén esperando allá.- Yglar se olvidó de masticar y quedó con la boca abierta. -Como recomendación – continuo Ertius - no te aparezcas por Falkreath, en digamos… un par de años.- -Por qué?- logro articular Yglar. Ertius lo miro extrañado. -Porque si te ven, te volverán a encarcelar, por eso!- -No, no! Digo porque me ayudan?- -Solo sé que un guardia hablo por ti, a petición de tu primo. Que el mercader al que “robaste” pedía tu mano, y no para casarse precisamente. Y que Jonna no iba a presentar cargos por lo que le hiciste a Galba. Vimos lo que pasó y los que no lo vieron ya saben cómo es el tuerto. Supongo que todo eso llevo a Jonna y al Legado a tomar esa decisión. Y me alegro que así fuera- Permanecieron unos segundos en silencio. -Eso es lo que querías decirme antes?- pregunto Yglar con la boca llena. Ertius lo miro y luego desvió su vista hacia la fogata. Carraspeo antes de hablar. -Mira chico… desde que te vi en la posada que… bueno, que cosas que había decidido olvidar se hicieron presentes.- Volvió a mirar a Yglar. Este lo miraba con el ceño fruncido mientras masticaba la carne. Ertius tomo aire y fuerza y continuó. -Conocí a tu padre, a Hrorgar.- le dijo. Las palabras le salieron a borbotones y por segunda vez Yglar se quedó con la boca abierta.- Yo fui a llevarle personalmente la nota que ordenaba que se reincorporase a las filas. Por su desempeño había logrado que le dieran a baja con honores cuando cumpliste los cinco años. Había jurado que nunca volvería a la legión. Que su vida a partir de ese momento solo serían su mujer y su hijo. Recuerdo que le dije que no lo veía como campesino, pero que apoyaría su decisión. Por eso cuando enviaron las ordenes de reclutamiento, me sentí en la obligación de darle una oportunidad. Se suponía que las ordenes se llevarían a cabo a la mañana siguiente, pero yo partí esa misma noche de Soledad con dos escoltas. Cabalgamos como si el mismísimo Merhunes Dagon nos persiguiera. Llegamos con los caballos a punto de desfallecer. Apenas me vió, tu padre supo porque estaba allí. Le dije que podía... que podía darle un día o dos, que se fuera a Roca Alta contigo y con tu madre, que si no lo encontrábamos para darle la orden imperial no se consideraría deserción y que nadie lo sabría. Sabes que me dijo? “Yo lo sabría. No voy a huir de mis responsabilidades. No podría volver a mirar a mi familia si lo hiciera.” Dos días después tu padre se convirtió en el segundo al mando en la división que yo comandaba.- Yglar no podía hablar, sentía como si un nudo ahogara su garganta. Era todo tan confuso. La sombra del imperial que siempre odió, estaba ahora frente a él y no podía odiarlo, no podía culparlo por quitarle a su padre. Que le hablaran de su padre le había dado ganas de llorar. Con gran esfuerzo, logró articular palabra, aunque no pudo evitar las lágrimas. -Lo viste morir?- le pregunto al borde de quebrarse. Ertius asintió despacio.-Cómo fue?- -Unas semanas antes que la guerra se declarase oficialmente, estábamos de patrulla en Bosque Valen cerca de la frontera con Cyrodiil y Elsweyr. Nos habían informado de movimientos de tropas que marchaban hacia Elsweyr, y nos enviaron como reconocimiento. De encontrarlas debíamos tomar nota de sus movimientos y volver a informar. Las encontramos. No eran simples tropas, era un ejército completo, compuesto por Thalmor, Bosmer y Khajiitas. Por desgracia, nos descubrieron. Empezamos una desesperada huida hacia nuestro puesto fronterizo, pero enviaron en nuestra persecución una unidad combinada de Arqueros Bosmer y Gatos de Batalla, los terribles Senche Rath 3. Las flechas Bosmer dieron cuenta de varios de mis hombres, antes de que una de ellas se clavase en mi espalda y los Senche Rath nos alcanzaran. Caí embotado, la flecha estaba envenenada. Una de esas bestias despedazó al soldado que trato de protegerme, y habría muerto de no ser por tu padre, que le partió el cráneo con su hacha. Me levantó. Todo me daba vueltas. Tu tío se acercó. Su mano derecha era un amasijo de carne y donde tenía que estar su ojo derecho solo había una cuenca sangrante, aun así se mantenía en pie. Tu padre le ordenó a él y a otro soldado que me sacaran de allí. Trate de protestar pero creo que solo balbucee alguna incoherencia. Lo último que vi antes de desvanecerme, fue a tu padre matando a otro Senche Rath, y corriendo, con tres flechas en su cuerpo, contra los arqueros Bosmer que ya nos habían alcanzado, mientras gritaba ¡Ysgramor, Ysgramor!- Ertius sonrió con tristeza.-Tu padre fue el guerrero más valiente que vi. Cuando volví en mí dos semanas después, aun no podía moverme. Estábamos en Skingrad esperando para seguir viaje a Ciudad Imperial. El ejército que habíamos visto había cruzado la frontera desde Elsweyr comenzando la invasión de Cyrodiil. Pregunte que había sido de mi unidad. Me dijeron que solo habíamos vuelto nosotros tres. Nunca pude volver a Bosque Valen. Y escudándome en mis obligaciones, nunca volví a Skyrim… hasta ahora.- Ertius se detuvo unos momentos. Yglar ya no contenía el llanto.- Yo… yo… lo siento. Tendría que haber ido con tu madre y contigo decirles, ocuparme de ustedes en memoria de la amistad con tu padre. Lo siento…- Ertius se acercó al muchacho. La lonja de carne seca estaba tirada en el piso junto al fuego. El niño, como ahora lo veía, lloraba cubriendo su cara con ambas manos. Le apoyó una mano en el hombro tratando de consolarlo. Yglar lo miró y se abrazó a él. Ertius no tenía hijos, nunca lo había echado en falta, su vida estaba dedicada al servicio en la legión. Esto era nuevo para él. Con torpeza le acarició la cabeza y trató de consolarlo. Luego lo apartó y lo miró a los ojos. -Te prometo que cuando esto termine. Viajaremos juntos a Bosque Valen. No sé si encontraremos sus restos, pero al menos verás el lugar donde tu padre cayó como un auténtico Guerrero Nórdico.- le dijo Ertius con firmeza. Yglar asintió mientras se secaba las lágrimas. No es que le alegrase que le confirmaran que su padre estaba muerto. Pero en su pecho sentía el alivio de confirmar la amarga verdad. La tensión descargada con el llanto lo hizo sentir cansado. Miro la carne seca tirada en el piso. -Una lástima, no?- dijo Ertius tratando de animarlo.-Le preguntaremos a Casio si no tiene mas.- Ertius miro el perímetro buscando a Casio. Ya tendría que haber vuelto… Se habría perdido en la tormenta? Comenzó a ponerse de pie, cuando noto la ausencia del soldado que cubría el perímetro por la derecha. Llevo la mano a su espada, cuando algo paso silbando a escasos centímetros de su oreja derecha. Al segundo silbido lo acompaño un dolor punzante en la pierna. Miro el origen del dolor. Una flecha élfica estaba enterrada en su muslo. -Emboscada!- gritó con toda su voz. El grito se perdió entre el abrumador sonido de silbidos que continuó. Fin del capítulo 5. Notas: 1 Baan Dar: (El dios Bandido) En la mayoría de las regiones, Baan Dar es una deidad marginal, un espíritu embaucador de ladrones y mendigos. En Elsweyr él es más importante, y es considerado como el Paria. En este aspecto, Baan Dar se convierte en la inteligencia o genio desesperados de los Khajiitas, cuyos planes de último minuto siempre alteran las maquinaciones de sus enemigos (Elfos y Humanos). 2 Jode: Dios Altmer de la Gran Luna. Tambien llamado Masser o Lágrimas de Mara. Jone: Dios Altmer de la Pequeña Luna. Tambien llamado Secunda o Tristeza de Stendarr. En la religion de los Khajiitas, ambos son aspectos del ja-Kha'jay, una fuerza misteriosa relacionada con las fases lunares las cuales dotan de la morfología a los Khajiitas dependiendo de bajo que fase nacen. 3 Senche Rath: Una de las muchas razas de Khajiitas. Los Senche son comunmente usados por las otras razas de Khajiitas como monturas, se asume que, voluntariamente. De aproximadamente la misma altura que la media Altmer, pero con un peso promedio comparable a la de veinte Altmer. Los Senche Rath, más grandes y lentos que los Senche, presentan un cuerpo más corto y piernas más rectas. El promedio Senche-raht es tan alto como dos Altmer y puede pesar tanto o más de cincuenta. Son también empleados como corceles, sobre todo en la batalla, donde se ganó el título de "Gatos de Batalla" de parte de las tropas Imperiales.

0
0
Fanfic: Orígenes - Capítulo 9
Fanfic: Orígenes - Capítulo 9
ArteporAnónimo8/14/2014

Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks Capítulo 9 Alrededores del Trono de la Sangría, Skyrim, Provincia imperial, Morndas, 20-21 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. Ertius no era consciente, pero estaban haciendo retroceder a los Thalmor. El solo veía a los soldados caídos, y a aquellos que aún se debatían por sus vidas, y eso lo hacía pelear con más fiereza. Estaba abstraído en una danza de muerte. Su mundo en ese momento eran paradas, fintas estoques… y la sangre. La sangre de los elfos con la que deseaba regar todo el terreno a su alrededor. Tan abstraído estaba que nunca se enteró del peligro mortal que se cernía a su espalda. *** Cuando el fuego comenzó a acariciarle el rostro, se desesperó. Llevó ambas manos a la cara y arrancó la tela que le cubría la cabeza. De rodillas en la nieve, con una mano apoyada en el suelo, tomó con la otra un poco del frio elemento y se lo pasó por el rostro. El alivio, no fue lo único que le trajo la acción, si no, que vino con la reveladora idea de que sus manos estaban separadas. Separadas mucho más de lo que los grilletes de ébano se lo permitían… Se miró las muñecas… Estaba libre. Los grilletes de ébano no estaban. Lo que lo había golpeado había tenido la fuerza suficiente para romperlos. Miró a su alrededor mientras se quitaba la mordaza. Cuando vio a la criatura, no pudo evitar sonreír. Una gárgola. No tenía idea de porqué estaba en llamas, o que hacia una gárgola allí en Skyrim, pero esto era sin duda un gran golpe de suerte. La criatura estaba agazapada sobre un imperial agonizante, drenando la última gota de vida que le quedaba. Cuando terminó, sus ojos se cruzaron. La gárgola veía su próxima presa. El veía su próximo esclavo. En Salto de la Daga, había experimentado con estas peligrosas criaturas. Y había logrado esclavizar a algunas para sus fines. No eran particularmente dóciles, pero cuando se las lograba encaminar a su objetivo… era bastante agradable ver a un enemigo destrozado por uno de estos seres. La gárgola comenzó a avanzar hacia él. -Admavoy Ómangua! 1- le gritó. El monstruo dudó unos segundos pero continúo su avance. -Sou Balanyammis na angue!- 2continuó gritándole mientras dibujaba unos signos en el aire con las manos. La gárgola se detuvo y rugió furiosa. -Shantavoy sino… buro.- 3la última palabra la dijo con una sonrisa en el rostro. La criatura avanzó hacia el de forma pausada. Si bien su aspecto era aún fiero, parecía más calmada, más dócil. Se detuvo frente a él, respirando fuerte en su rostro. Pudo sentir el calor del fuego cerca de su rostro otra vez. -Creo que aún me queda algo de magia… veamos qué hacer con ese fuego… Mafre!- 4dijo extendiendo sus brazos con las palmas hacia la gárgola. El hielo se extendió de sus manos apagando el fuego que cubría a su nuevo esclavo, que no se movió un ápice. -Muy bien, muy bien… Ahora…- Mientras hablaba, su mirada se cruzó con el niño desmayado. Lo observó unos segundos y luego miró a los soldados Imperiales y Thalmor que se enfrentaban. -vamos a divertirnos un rato. Hyliat!-5 le ordenó a la gárgola, al tiempo que avanzaba hacia el niño. La criatura lo siguió inmediatamente. *** Kalalas observaba como Valarian esquivaba las zarpas y las dentelladas del hombre lobo con gracia. Más que peleando parecía estar danzando. Ya estaría muerto de no ser por ella. Se apretó el hombro, donde la bestia había rasgado su carne y tendones, tratando de que el dolor se vaya. La sangre manaba abundante de la herida. Estaba de rodillas y con el brazo izquierdo inerte. Cuando la bestia acabase con la mestiza, vendría a por él. Y el solo podría mirar. Como solo se limitó a mirar cuando la bestia atacó en primer lugar. A su alrededor, yacían todos los arqueros de la partida. O lo que quedaba de ellos. Algunos aun gemían y se retorcían, con las entrañas derramándoseles, sin algún miembro…. No había forma de que se salvaran. Nadie se salvaría…. Trató de apartar el miedo de su mente e intentó un hechizo de curación. El sangrado cesó, pero el dolor seguía allí, recordándole que iba a morir. Volvió a mirar la danza mortal que se representaba frente a él. Y lo que le pareció ver no era posible. Seguro que la pérdida de sangre le estaba jugando una mala pasada… Acaso la puta elfa sonreía? Trato de fijar más su atención. Era difícil, la mestiza parecía un borrón y la bestia no se quedaba atrás en agilidad, pero… sí, nuevamente vislumbro el rostro de la elfa… y estaba sonriendo! La puta mestiza tenía una sonrisa dibujada en su rostro… Una involuntaria sonrisa se mezcló con un rictus de dolor en su semblante. Tal vez la muerte no estaba tan cerca después de todo. *** La bestia se ponía cada vez más rabiosa. Sus zarpas rasgaban el aire. Sus colmillos mordían la nada. Y Mendel, sabía que debía mantenerse calmo para estar en control. Pero la elfa lo estaba enfureciendo cada vez más. Y eso le daba poder a la bestia. Y la bestia solo quería la sangre de esa hembra que bailoteaba frente a él, lastimándolo de cuando en cuando y haciéndolo enfurecer más y más… Se abalanzó tratando de caer sobre ella. Le arrancaría la garganta, saborearía su sangre caliente, arrancaría su corazón con sus garras y se daría un festín con sus entrañas. Un impulso, solo un pequeño destello, como una electricidad en su cerebro, intentó frenar el ataque. Tal vez un atisbo de la humanidad que habitaba en su interior. Pero el hombre estaba débil. Mendel ya no estaba al mando. Y la bestia lo ignoró. Solo la búsqueda de saciar sus apetitos contaba… Cayó con todo su peso… pero la elfa no estaba abajo suyo. Rugió, frustrado y se volvió buscando a su víctima. Allí estaba de espaldas, alejándose de él… intentando escapar… Su instinto de cazador lo invadió. Y se lanzó a la carrera. *** Valarian aguantó de espaldas hasta el último segundo. Sintió el aire del rugido en su negra cabellera. Y comenzó a girar. Se inclinó y flexiono las rodillas. Enseguida la pierna derecha se tensó, impulsándola hacia la izquierda. Su pelo se entretuvo un poco en el sitio. Los dientes de la bestia se cerraron aprisionando algunos. Sintió el tirón en la cabeza pero no le importó. Continúo su movimiento. Con el rabillo del ojo percibió la cabeza de la bestia pasando. Elevó la mano de la espada. Aunque buscó asir la empuñadura con fuerza, no pudo evitarlo y la espada se soltó de su agarre. El Hombre lobo pasó a su lado. Aterrizó a unos metros. Se giró y la miró. Ella hizo lo mismo agazapada como estaba. La bestia trató de rugir. Las fuerzas le fallaron. Sintió el dolor en el cuello. Tenía la espada de Valarian atravesada de izquierda a derecha. En un movimiento casi humano, llevo su zarpa al cuello. Valarian no espero más, corrió hacia su oponente, saltó contra él, asió la espada por la empuñadura con una mano, y por el filo con la otra y afirmando los pies en el pecho del hombre lobo se impulsó hacia atrás. Cayó de espaldas en la nieve con la espada entre sus manos. La sangre del Hombre lobo la salpicó. Rodó sobre sí misma para evitar que el cuerpo de la bestia le cayese encima. Lentamente se puso de pie. Se pasó el dorso de la mano por la cara para quitarse la sangre. Miró a la bestia que daba que daba los últimos estertores. Colocó la espada frente a su rostro a modo de saludo y con una estocada acabó con su sufrimiento. Después de todo, había sido un digno adversario. Incluso podría haberla vencido si la parte humana hubiese sido más fuerte… La voz de Kalalas la sacó de sus pensamientos. -Excelente demostración de habilidad, Lady Valarian!- exclamo el Capitán. Valarian se volvió hacia él. Había recuperado su faz pétrea. -Años de entrenamiento no pueden ser vencidos por simple fuerza bruta.- contestó sin el más mínimo ápice de emoción. -Ya veo…- meditó Kalalas.- Igual pensé que la vería utilizar su magia, ya que el consejo dijo que con un mago de su nivel era suficiente.- -Magicka no es algo de lo que se deba abusar.- dijo mirándolo fijamente- Y este no es lugar ni tiempo para debates.- -Es verdad.- asintió Kalalas.- Vamos, antes que los imperiales acaben con los pocos soldados que nos quedan.- Los dos emprendieron la marcha sin decir nada. Kalalas comenzó a creer que sus dudas parecían ser infundadas. Los magos del Consejo habían hecho un buen trabajo, después de todo. Con esfuerzo pudo mantener el paso. Ambos se sorprendieron al ver que sus soldados ya no pelaban con los imperiales… *** Seis espadachines Thalmor y cuatro soldados Imperiales miraban entre confusos, sorprendidos y desconfiados al individuo de oscuros cabellos y facciones élficas, que, vestido como un pordiosero con ropajes raídos, con sus manos apoyadas en los hombros de un niño que se paraba de espaldas a él y los miraba a ellos, y con una gárgola custodiándolo, les hablaba con una sonrisa en los labios. Todos mantenían las armas a media altura. Los Thalmor e Imperiales, no se quitaban los ojos de encima, salvo para mirar a la nueva posible amenaza. Ertius se apartó poco a poco de los Thalmor hacia un costado, ya que si se quedaba en donde estaba, siempre iba a tener a uno de sus posibles enemigos a la espalda si enfrentaba al otro. Los otros tres soldados que aún se mantenían en pie, entre ellos Lucio y el conductor de la carreta de Casio, lo imitaron, agrupándose tras él. -Les repito, ya suficiente sangre fue derramada.- Volvió a hablar el sujeto.- Dejemos que las palabras resuelvan esta situación. O es que en este tiempo que estuve aislado, el mundo se ha vuelto un sitio lleno de brutos salvajes que resuelven todo con la violencia?- Terminó de decir con un tono compungido. Ertius, no lo miraba mientras hablaba, sus ojos estaban clavados en los de Yglar. Podía percibir el miedo en el muchacho. Con la mirada parecía rogarle que hiciera algo. Cuando levantó la mirada, se maldijo. “Cabeza de trapo” lo estaba mirando a los ojos con una sonrisa de triunfo en el rostro. Cuando retomó la palabra lo hizo dirigiéndose a él. -En esta vida, siempre queremos lo que no tenemos y tenemos algo que los otros quieren… Por eso estoy convencido que no existe la persona que no tenga algo con lo que negociar… me equivoco?- Ertius estaba a punto de responder cuando la voz de Kalalas atrajo la atención de todos. -Tú no puedes negociar, bastardo! No tienes con que!- Gritó el Capitán Thalmor adelantando a Valarian y poniéndose al frente de sus hombres. -No creo que nuestros amigos imperiales aquí presentes piensen lo mismo… - dijo con seriedad, la sonrisa se le había borrado- Además, es que estamos todos locos? Mis propios congéneres, me tratan de bastardo? Aquellos a quienes pensé que debía mi libertad me agreden?- -Vete desilusionando, traidor.- le espetó Kalalas.- No somos libertadores de nadie. El alto consejo Thalmor solo quiere tu diario… y tu cabeza clavada en una pica, para exhibirla en Alinor.- dijo con una sonrisa. -Bueno al menos coincidimos en algo.- dijo encogiéndose de hombros.- Yo también busco mi diario. Ven, que no estoy errado con mi teoría?- dijo mirando a Ertius.-Ahora podemos hablar de que cosas intercambiar y…- -Ya es suficiente!- gritó Kalalas. La forma en que lo ignoraba el traidor lo irritaba sobremanera.- Captúrenlo!- le dijo a sus soldados. Los espadachines Thalmor, levantaron sus espadas y se prepararon para cumplir la orden, pero el rugido de la gárgola los hizo dudar. -De verdad? Sacrificarías así como así a tus hombres? O realmente crees que tiene una oportunidad contra una gárgola y un poderoso mago?- dijo con seguridad, cruzándose de brazos y con una expresión completamente confiada. Kalalas hizo una mueca de incredulidad, que se volvió de desprecio y finalizo con una carcajada burlona. -Poderoso mago?- dijo el Capitán Thalmor- por favor, conozco bien la naturaleza de tus poderes, y después de, cuánto? Cuatro años en las prisiones imperiales? No creo que puedas lanzar hechizo alguno.- dijo riendo otra vez. Y además, para tu mascota tengo a alguien muy especial para que se haga cargo, alguien que sí sabe dónde esta sus lealtad… la reconoces?- y haciéndose a un lado, señalo a Lady Valarian, quien se adelantó con paso firme. -Sería un ingrato de mi parte si no reconociese a mi hermana por más tiempo que haya pasado sin verla.- dijo mientras inclinaba su cabeza a modo de saludo.- De hecho… a ella me refería cuando dije antes “poderoso mago”.- -Ah sí?, pfff, sigue soñando. Tu hermana fue sometida a adoctrinamiento por los mismísimos miembros del Alto Consejo Thalmor por más de cuatro años. No hay nada más poderoso que la magia del consejo. Y ya fue demasiada palabrería- y dirigiéndose a Valarian, emitió su orden.- Vé, mata a su Gárgola y cumple con la misión que el Consejo te encomendó. Tráeme su cabeza, no quiero escucharlo más.- Valarian miró a su hermano. Desenvaino su espada y avanzó hacia él. Kalalas sonrió al ver lo estúpido que era, no intentaba nada. Ni siquiera su gárgola se movía. Sería una muerte rápida. Ya saboreaba los reconocimientos al volver a Alinor. Subiría unas cuantas posiciones, se codearía con… Su nube de ilusiones se evaporo en el momento en que Valarian hincó la rodilla izquierda en tierra y puso la espada a los pies de su hermano. Fin del capítulo 9. NOTAS 1 Escucha mi voz! (me tome la libertad de usar la palabra Óma, que significa Voz en quenya del Maestro J.R.R. Tolkien, lenguaje en el cual se supone que se baso el Ayleid.) 2 Tu vida-piedra es mía! 3 Ven aquí... esclavo. 4 Helada! 5 Sígueme!

20
0
D
Dark Alley's Stalkers (relato propio)
ArteporAnónimo9/1/2014

Dark Alley's Stalkers Van… Catorce días que tuve “la gloria” en mi boca por última vez. Ocho, que la vi. Cinco, que paso todas las medianoches en este callejón…. No es que sienta una especial afinidad por los callejones oscuros, sucios, con olor a basura, vómito, mierda y meados. Es solo que hay tantos de estos huecos de miseria, (los había en Roma y los va a haber en la luna, bajo el agua o donde mierda se les ocurra hacer una ciudad en el futuro…) que indefectiblemente siempre alguno termina resultando de alguna utilidad. Y este, en particular, me resulta muy útil ahora. Desde aquí, oculto en las sombras puedo ver desde que dobla en la esquina hasta que llega, un poco más de media cuadra después, a su casa. Siempre, entre veinte, y cinco minutos antes de la medianoche. Debe trabajar, o estudiar, o ambas (tiene unos 25 años máximo) lejos de aquí, ya que siempre llega con mercadería aparte de su cartera llena de papeles. Asumo que lo comprará en algún sitio antes de viajar, porque a estas horas no creo que encuentre nada abierto por aquí. Es una ciudad peligrosa y pocos son los que se arriesgan a mantener sus negocios abiertos hasta tarde. Lo bien que hacen. Sin embargo, a ella no parece importarle y las veces que la vi, siempre venía con una sonrisa en los labios. Unos bonitos labios rosados… Dicen que si te enfrentas al mundo con una sonrisa, nada puede salir mal. Creo que ella lo olvidó hace cinco días, justo después de pasar la esquina y ver la “boca de lobo” en que se había convertido su calle. Sí, lo admito, tuve que ver en eso. Tres foco, tres piedras, tres segundos. No es por alardear de puntería, pero fue así. Hasta el mugroso callejón parecía más luminoso después de eso. Y es de agradecer que los servicios públicos funcionen como funcionan en esta ciudad. Cinco días y nadie vino a cambiar siquiera un puto foco… La tos a mi espalda me sobresaltó. Me había olvidado del despojo humano que hacía dos días se había instalado en el callejón. Nunca me había visto. La primera noche, cuando lo descubrí, luego que vi que ella, había entrado en su casa, me quedé un buen rato observándolo. Lo habría abandonado su familia? Tal vez los había perdido en un accidente… pensé varios escenarios posibles que podían haberlo conducido a esta situación… Por fin, al ver la futilidad de estos pensamientos estuve tentado de despertarlo y preguntarle… (sí, soy muy curioso) pero desistí al darme cuenta que en realidad me importaba una mierda… Esta noche, cuando llegué, lo vi en la misma posición que la noche anterior, acostado sobre, y tapado por, cartones. Que no estaba muerto me di cuenta por la leve respiración entrecortada que delataba una enfermedad o problemas en los pulmones… que se había movido durante el día lo delataban los cartones de vino que lo rodeaban y que no estaban la noche anterior… Una existencia miserable sin duda… valía la pena vivir así? Me sonreí al darme cuenta que tenía la mano en la empuñadura del cuchillo que llevaba envainado en el cinto. Es gracioso como algunas costumbres no se olvidan con facilidad. El cuchillo era el último recurso. Solo para situaciones en que las demás "armas" pudiesen llamar demasiado la atención. Como si estuviésemos conectados, alcé mis ojos del cuchillo en el preciso momento que ella aparecía por la esquina. Venía con un gorrito de lana, que dejaba ver escasamente sus cabellos negros. Esos cabellos que cuando estaban sueltos y eran agitados por la brisa me enviaban ese perfume tan especial que usaba… A diferencia del principio, ya no traía la cartera al hombro y la bolsa de mercadería en un brazo como si de un bebé se tratara. No, ahora traía la cartera cruzada delante del pecho y la bolsa apretada sobre la cartera con ambos brazos. Hasta había cambiado la forma de caminar… lo hacía encogida, como si eso le hiciese sentir más segura… Cualquiera otro que la viese, lo podía atribuir al frío. Pero yo no. Yo sabía bien que era. Porque sobre el perfume floral que despedía, sobre el olor de su piel, yo percibía algo cien veces más fuerte y motivador… Miedo. Puro, fresco, indomable… hasta tierno, en cierto sentido… Miedo con el cual debo admitir, me había deleitado estos tres últimos días, desde que percibió que alguien la observaba desde la oscuridad. Ya casi llegaba a las escaleras que la llevarían, como todos los días, hasta la puerta y la seguridad del interior de su casa, cuando mi oportunidad se presentó. Avancé como un rayo. Ella giró, advertida vaya a saber uno porqué… una pisada mal dada… un presentimiento… la ansiedad de la respiración detrás suyo… no era importante en realidad. Giró y vio a la muerte danzar en su dirección. Agradezco a cualquier divinidad que tenga ganas de atribuirse el hecho, que no gritó al ver el cuchillo. Solo se limitó a dejar caer la bolsa con la mercadería. Unos tomates se desparramaron… unas latas se abollaron… Ataqué directo al cuello. Mordí arrancando carne y tragué sin siquiera masticarla. La sangre inundó, como un río que rompe una presa, mi boca y mi garganta. Me detuve en ese éxtasis unos segundos, disfruté de ese orgasmo, saboreé el placer… Cuando separé mis labios del cuello, abrí los ojos y vi los suyos… solo unos segundos antes que se pusieran en blanco y se cerraran. Se desplomó como una muñeca de trapo. Alcancé a tomar su cabeza antes que el filo del escalón chocara contra su sien. La alcé y la lleve hasta la puerta. La senté en la escalera y con delicadeza apoye su espalda y su cabeza contra la entrada. Casi como una caricia le corrí el pelo que se había posado sobre su boca. Me perdí unos momentos en su pálida faz. Parecía dormida. Saqué una rosa y la dejé en su regazo. Dejé también, mi beso marcado con sangre en su frente. Acomodé sus cosas… los tomates y las latas, dentro de la bolsa y lo dejé a su lado. La miré una última vez, pidiéndole disculpas por haberla usado… por, tal vez, haber arruinado su vida… y le di la espalda. Bajé los escalones y me paré junto al cadáver. Era un hombre de unos treinta y pico… aún aferraba el cuchillo en su mano. La carne estaba tibia, así como la sangre que aún no se había derramado en el suelo. Me agaché y terminé de vaciar el envase. Lástima, sí hubiese tenido un poco más de tiempo, habría dado cuenta de la carne también. Pero me consuelo con imaginarme la cara de los investigadores cuando lo encuentren… creerán lo que les cuente la chica? Con el dorso de la mano me limpio la sangre que aún chorrea por mi barbilla y comienzo a alejarme con paso cansino y una sonrisa en la boca… Sí, soy un monstruo, pero tengo derecho a divertirme… Soy lo que soy. Tal vez pase una vez más por el callejón a preguntarle al mendigo como llegó a ser lo que es. Creo que sí me importa saberlo… No hay que olvidar que el diablo, antes de ser diablo, fue un ángel… Y yo, antes de ser “esto”… fui humano. M.V. Créditos a @natipedraza por las sugerencias en las fotos (esto es estrictamente profesional... ) y por todo lo demás.

30
11
Y
Yoel (relato propio)
ArteporAnónimo9/21/2014

"Esto" nació hace unos momentos. ¿Qué cuando morirá? Lo muerto, no puede morir. ¿Nunca te llamó la atención cuando tu cuerpo hace un movimiento... "involuntario"? Un pequeño espasmo muscular, o la reacción de un miembro completo... como cuando el doctor te golpea en la rodilla... Ah, cierto, reflejos le llaman, lo había olvidado... gracias. ¿Que si te escucho? Por supuesto casi de manera involuntaria, como un "acto reflejo". Irónico, no? No? No, definitivamente no ves la ironía en eso... Tal vez debería explicarte un poco más... ¿Como que por qué? Porque puedo, ¿por qué va a ser sino? Para mí es suficiente motivación... es la sublimación de mi voluntad... ¿Que las manos no te responden? No las necesitas, yo sí. Sí, es cierto, comenzó con el dedo índice hace unos días. No era muy molesto, pero si raro. La mano reposando sobre el mouse, el índice dispuesto a cliquear... un click, aquí, un click allá... y otro por acá... y casi imperceptible el dedo comienza a deslizarse de lado, con un leve temblor. ¿Recordás , no? Debo admitir que sentí frustración cuando lo miraste divertido... ¿Ah, no era diversión? Pues a mí me pareció que sí... El músculo o un tendón estaría apretado, tocaría un nervio... que se yo, no tengo idea de anatomía, pero resultaba divertido que el dedo se moviese solo, no? Vaya que sí, admítelo... El costumbrismo... ¿así se dice?... Te callas. ¿No piensas colaborar, no? No importa, como sea... que una cosa se dé en ocasiones repetidas y sin ningún peligro aparente hace que dejemos de preocuparnos por ella y con el tiempo hasta puede resultar divertida... Te divertías cuando lastimabas, no lo niegues, no llores. Lo sé y lo sufrí en carne propia. Cada humillación y cada golpe. Cada mentira y cada maldad. Me acostumbré y lo dejé pasar. Y no solo yo. Pero los otros no están acá para pasarte factura. Yo sí, por mi voluntad. ¿Preguntas "qué" soy? Sí puede ser un "que"... ahora sólo soy voluntad. Pero pensé que me ibas a reconocer como un "quien", no como un "qué". ¿No? Deja de llorar que me empañas los ojos, hermano. Aaah, ahora sí, ¿no es cierto? No. No me llames así. No te atrevas. ¿Tenés miedo? Eso debe ser nuevo. Te alimentabas del miedo de los demás. ¡No llores, te dije! ¿Qué? Jajajaja. No te voy a matar. ¿Te alivia? Te explicaré lo que voy a hacer. Te voy a dar una nueva oportunidad. Vas a sentir el amor de madre y padre de nuevo. Ellos se van a acercar a vos y te van a dejar su amor en forma de flores. También te van a mirar y van a sentir por tus pequeños actos que cambiaste (para mejor obvio) No prometas! Cállate, déjame terminar! Me mojaste el rostro... Ellos verán que los tratas bien, que los quieres, que haces cosas que nunca hiciste. Y con el tiempo se olvidarán. Sí, se olvidaran de todo y vivirán como se merecen... ¿Me agradeces? De nada. Es bueno que terminemos en paz. Porque ya debes irte. ¿A dónde? A mi tumba. Ya casi tengo pleno control de tu cuerpo... sí, ya lo dijiste antes, empezó con el índice, pero no te diste cuenta. Igual si te sirve de consuelo no podrías haber hecho nada. Ahora ocuparás mi lugar y yo el tuyo. Pronto ya no podrás leer esto y yo no te voy a escuchar más. Nunca más volveremos a comunicarnos una vez abandones este cuerpo. ¿Que no lo haga? Yo te pedí lo mismo antes que me empujaras al agua, hermano. Al menos tu ida será indolora, no como la mía. Y no te hagas problema, allí no sientes nada y a los gusanos te acostumbras. Escuché la puerta, madre llegó. Voy a empezar a cambiar tu imagen y a disfrutar de lo que me robaste. Adiós, para siempre, hermano! M.V.

65
0
Dark Alley's Victims I (relato propio)
Dark Alley's Victims I (relato propio)
ArteporAnónimo9/21/2014

Victims I Lo vi. Lo vi. Lo sé… sí, lo sé, lo vi, lo sé… ¡No estoy loca!… lo vi…. ¡Sí! ¡Lo vi! ¿Por qué me preguntan tantas veces lo mismo? ¿Por qué me miran así? Ese policía se sonríe cada vez que cuento lo que pasó. Estúpido… ¿Tan difícil es darse cuenta que digo la verdad? Cinco veces conté lo mismo… Cinco… no dos… no tres… ¡Cinco! Cinco veces les dije que el tipo que murió me amenazó con un cuchillo, para que entrara en mi casa… Cinco veces les dije que alguien que salió de la nada, lo tomó por detrás y le mordió el cuello. Vi como la sangre se escurría entre la casi inexistente línea que separaba los labios del cuello… Lo vi… Y después… Y después…. Los ojos… esos ojos… no eran iguales a nada… No eran como los ojos negros de este policía… su piel tampoco… su piel era tersa, no estaba picada de viruela como la de éste… ¿por qué me sigue mirando así? Al menos el más viejo, el canoso de ojos claros, no se ríe burlón… Seguro que es un novato… cuanto mucho debe tener mi edad… o menos… ¡Y no sé de qué se las da! con ese aire sobrador… lo odio… lo odio… le arrancaría… ¡Dios! ¿Qué estoy pensando?! Estoy nerviosa… eso… estoy nerviosa…. y este lugar no me ayuda. No me ayuda… No me ayuda en lo más mínimo… Estas paredes grises y húmedas… el vidrio espejado… me están observando desde el otro lado. Puedo sentirlo… puedo... ¿sentirlo? Y no me gusta… no, no me gusta... ¿qué soy, alguna clase de atracción? ¿Los harán a propósito así a estos lugares? ¿Buscarán que los que traen a interrogar se quiebren? ¿Que digan las cosas que ellos quieren escuchar sin necesidad de que eso sea la verdad? Nunca estuve en una comisaría… y lo único que sé es que quiero irme… irme… si, irme a mi casa... ¿a mi casa? No sé… no sé… yo lo vi… lo vi a los ojos… A esos ojos… tan llenos de… de... ¿vacío? Tengo que irme… NECESITO irme... El policía más viejo me dice algo… no le entiendo qué , pero tampoco me importa… Asiento con la cabeza… y parece que es lo que quería escuchar… Se levanta y me abre la puerta…. Al fin puedo irme… Camino hasta la salida… varias personas me miran… tal vez sea porque voy caminando como si flotara… como una hoja en el viento, tambaleándome de aquí para allá… al menos así siento que voy… Y tengo miedo de caer… tengo miedo... voy a caer... Me sostengo de una silla, donde tienen a un tipo esposado… puedo sentir su olor… me dan arcadas… escucho su risa… veo su mirada…. Su sonrisa lasciva… ¿Qué me ve ese estúpido?… siento que me hierve la sangre… ¡Oh, por dios! ¿Acabo de mostrarle los dientes? ¡Dios! ¡Oh, dios estoy volviéndome loca!… sí, sí, sí estoy loca… Me aparto bruscamente, quiero ir a la salida… no estoy loca… ¿o sí? Pero… pero lo vi, era real… tan real, tan cerca… muy cerca… sus ojos… las piernas se me aflojan como cuando vi sus ojos… era real… Real como la oscuridad que me envuelve… y caigo, caigo mucho y muy lejos… en un abismo de negrura insondable… Excepto por los ojos… Los ojos que me observan… Los ojos que necesito… Sus ojos… M.V.

43
9
T
The Elder Scrolls - Orígenes Saga (Fanfic) - Capítulo 11
ArteporAnónimo1/6/2015

Fanfic basado en la gran saga de Bethesda Softworks Este capítulo cuenta con la participacion especial de @Taktaka La historia hasta ahora: En plena guerra entre el Dominio y el Imperio, la operación de traslado a Ciudad Imperial del Elfo Sunnaran a.k.a "Cabeza de trapo" fracasó gracias a la intervención de un grupo de Thalmors. Sólo que tampoco a los Thalmors les fue tan bien. Ahora, con varios muertos en ambos bandos, una tercera fuerza se suma al conflicto, haciendo aún más dificil de preveer el resultado final. Y en medio de todo esto, el pequeño nórdico Yglar, tratará de sobrevivir... Capítulo 11 “Una vez que hayas entrado en Oblivion, Oblivion habrá entrado en ti” Nai Tyrol-Llar El cielo anunciaba una tormenta. Sin embargo, todos los habitantes del lugar sabían bien que no era así. El “cielo” siempre era igual allí. No había sol. No había luna, ni estrellas. Solo la tormenta sobre sus cabezas y la nube asfixiante, vomitada por los volcanes, a su alrededor. A pesar de eso, la figura se movía con celeridad. Sus pies no se veían. La túnica gris que la cubría desde la cabeza, dejaba la marca del arrastre sobre el suelo rocoso cubierto de cenizas. Ríos de lava bordeaban el estrecho pasaje de piedra por el que se desplazaba. Pero nada de eso le preocupaba. Nada interrumpiría su marcha. Adelante diviso el contorno de los laberinticos jardines y de las retorcidas torres que buscaban elevarse hacia la tormenta y que nunca lo lograban, desviándose en maneras que serían indescriptibles para cualquier mortal. Pero ella no era nada tan bajo como un mortal. Y no estaba muy lejos de su destino, El Monte Serpiente. A medida que se acercaba a los jardines, la nube de cenizas comenzó a remitir. Plantas de Harrada 1 se enredaban formando las paredes del laberinto, listas para atacar a aquel que se acercara demasiado. Entre ellas, varios Palo Spiddal 2 estaban listos para arrojar su gas venenoso a aquel lo suficientemente tonto para internarse en el laberinto. El gas no lo mataría, solo lo frenaría lo suficiente para que la Harrada hiciese su trabajo. Pronto se hizo visible una entrada entre la maraña de la maleza espinosa. Y también los dos guardias apostados allí. Dos criaturas flacas y repugnantes, de largos miembros y sinuosas colas, con cabeza de bestia, largas lenguas y apariencia demoniaca. Hungers. Capaces de paralizar a sus presas y desintegrar las armas y armadura de sus oponentes… Nada de lo que ella portara. Las criaturas la miraron con curiosidad como si no supieran bien que hacer. Parecían percibir su verdadera naturaleza. Dejo de avanzar y contemplo el laberinto que se abría frente a ella. Sin prestarle la más mínima atención a las criaturas. Los peligros del laberinto no eran nada para alguien de su clase. Pero le tomaría tiempo atravesarlo. Y no pensaba pasar más tiempo del necesario en ese lugar. Abrió los brazos. Una luz blanca se escapó por los intersticios de la tela. Ante el repentino destello de luz, los Hungers huyeron despavoridos. Comenzó a levitar, y cuando estuvo por encima del laberinto, avanzo flotando hasta el palacio que se divisaba en el corazón de la maraña de pasillos. Entro al retorcido palacio por lo que podía ser considerado una ventana, acompañada por un fuerte destello de luz. Cuando ceso, la túnica gris había desaparecido y solo quedo una figura femenina, hecha de luz. -Bienvenida a Attributtion’s Share…- dijo una voz difícil de discernir si era de hombre o mujer. Muy posiblemente porque su poseedor no era ni lo uno ni lo otro.- ¿A que debo el honor, Lady Meridia?- La figura de luz se encaró hacia el origen de la voz y vio a aquel que hablaba sentado en un trono tan deforme que si no hubiese estado allí, nunca habría adivinado que se trataba de un trono. Lord Boethiah personificado como un hombre noble, la miraba desde el. -Ahórrate las cortesías conspirador.- contestó con voz femenina y estentórea la recién llegada- Sabes bien porque estoy aquí.- -Lo imagino.- dijo. Y luego de una breve pausa continuó.- Pero sabes que es mejor saber siempre que decir, pero no siempre decir lo que se sabe.- terminó esbozando una sonrisa. -Tu mascota está jugando con cosas que no debería, Boethiah- comenzó Meridia- acordamos que le permitiría que usase a los Auroreanos corrompidos por la oscuridad, pero reanimar un cadáver… -La luz que conformaba su cuerpo se volvió trémula.- Eso es … asqueroso y antinatural. ¡Y no lo voy a tolerar!- terminó de decir brillando con más intensidad. -Me parece bien. – dijo el, con tono comprensivo y poniéndose serio.- El juego está abierto, los peones en sus lugares, pero tampoco podemos esperar que hagan todo ellos. Alguna participación debemos tener. Y qué mejor que intervenir cuando se descarrían.- hizo una pausa.- Eso es lo que estaba explicándole a mi otro invitado.- Boethiah miró hacia un lado. Meridia lo imitó y se percató de que no estaban solos. Bañado por la luz que despedía su cuerpo se hizo visible al acercarse. Un humanoide, cubierto de la cintura para abajo con pieles, el torso robusto y desnudo y un cráneo de alce a modo de casco, se acercó a ellos. -Lord Hircine también ha venido a quejarse de mi “mascota”.- dijo Boethiah. -No fue una queja exactamente.- le respondió Hircine con una voz gutural.- más bien busco una retribución. Estaba disfrutando de una bonita cacería hasta que a tu protegida se le ocurrió acabar con uno de los míos. Aunque debo reconocer que lo hizo con cierta habilidad.- Boethiah inclino la cabeza a modo de respuesta por la “cortesía” de Hircine de reconocer que su “mascota” había sido mejor que uno de los suyos. -Les garantizo que todos obtendremos lo que buscamos.- Les dijo a ambos.- Como dije antes, este juego recién empieza… hay muchos peones… y algunos incluso aún no saben que están en el tablero.- culminó con una sonrisa. Meridia miro a los dos príncipes y supo que nada bueno podía salir de todo eso. Nada bueno para los mortales. Y ella no era una mortal. Camino entre Falkreath y Helgen, Skyrim, Provincia imperial, Tirdas, 21 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. Venarus Arria empujó el cuerpo del bandido con el pie dejándolo boca arriba. Miró el costado del cuello cercenado por el filo de su espada. Ya no sangraba. A este no hacía falta rematarlo. Había arrancado un pedazo de tela de la ropa de otro de los bandidos, uno al cual si había tenido que ultimar, y limpiaba su espada con movimientos pausados y tranquilos. No le gustaba envainar su arma con la hoja manchada con la sangre de sus enemigos. A su alrededor los soldados imperiales de la guarnición de Helgen que lo habían acompañado, ayudaban a sus compañeros heridos o se preparaban para cargar a los muertos. Uno de ellos se acercó a él, con tímida precaución. -Inspector, no encontramos nada. Todos los bandidos están muertos y perdimos a cuatro de los nuestros.- Venarus lo miró indiferente. Sus ojos café, casi dorados parecieron clavarse en el alma del soldado. -¿Perdimos?- dijo en un tono poco más fuerte que un murmullo.-No lo considero una pérdida.- continuó con convicción- Han dado su vida sirviendo al imperio. Su muerte ha tenido un sentido que de otra manera no lo habría hecho. Ustedes deberían sentirse orgullosos de ellos y aspirar a morir de la misma manera combatiendo por el Imperio, el Emperador y todo lo que eso representa.- El soldado no supo que decir. Si hubiese tenido el valor lo habría insultado. Pero no era una buena idea meterse con un Penitus Oculatus. Asintió y tragándose su ira volvió a ayudar a sus compañeros. Venarus lo miró alejarse. Sabía lo que ese soldado pensaba. Y no le importaba en lo absoluto. Para el sólo eran piezas que mover en el tablero que era Tamriel. Cualquiera era prescindible, incluso él, si de eso dependía lograr la seguridad del imperio y la voluntad del emperador. Desde que lo habían reclutado para ser un Penitus Oculatus había encontrado un motivo para su vida. Había visto y hecho muchas cosas. No se arrepentía de ninguna. Nunca había fallado al Imperio o al Emperador. Desde el día de su prueba en que mató a aquella mujer, paso a pertenecer en cuerpo y alma al Imperio. Su objetivo en la vida era no fallar en las tareas que se le asignaban y pensaba hacerlo hasta que lo único certero que existe en esta vida lo alcanzara. Hasta que lo abrazara la muerte y le diera su frío beso... Examinó la hoja de su espada, brillaba de nuevo, ya no había rastros de sangre en ella. La puso delante de su rostro y miró el reflejo. Vio a los ojos al hombre de ojos dorados que lo miraba, el cabello castaño que le caía sobre la frente, su faz sin barba con unas manchas de sangre que no era suya. Saco un pañuelo y se limpió la cara, no le costó mucho. Sonrió, tiro el pañuelo a un lado y envainó la espada. Se disponía a dar algunas órdenes cuando vio que alguien se aproximaba por el camino que viene de Falkreath. -¡Soldado, conmigo!- le ordenó al que tenía más cerca. Ambos se adelantaron a interceptar a los dos caminantes que se acercaban. -¡Alto! ¡Esta área está bajo investigación Imperial. Vuelvan por donde vinieron!- gritó Venarus. Los dos caminantes no se detuvieron. Uno era más bajo que el otro y era el que mantenía el ritmo. Cuando los tuvo más cerca se dio cuenta que se trataba de un niño. -¡¿Acaso no escuchan?! ¡Deténgase ahí!- dijo esta vez desenvainando la espada. Los dos se frenaron a unos veinte pasos. -¡Tenemos que llegar a Helgen!-le gritó el más pequeño. -¿Y se puede saber porque?- replicó Venarus -Y que m…- El más grande le tapó la boca al pequeño y habló en su lugar. -Mi primo, señor, fue llevado allí con los prisioneros que traían desde Soledad. El legado Casio Vero dejo instrucciones para que viniésemos a buscarlo a Helgen.- Venarus entrecerró los ojos. Meditó unos segundos y envainó la espada. -Acérquense.- les dijo mientras movía la mano confirmando sus palabras. Los dos obedecieron. Cuando estuvieron a unos pasos, Venarus habló. -¿Vienen de Falkreath?- preguntó dirigiéndose al más grande. -Sí, Señor. Allí nos dijeron que nuestro primo fue trasladado a Helgen con el contingente de prisioneros.- -¿Quién te dijo eso? ¿Había algún imperial allí?- lo interrogó. -No señor, los guardias nos informaron que partieron ayer por la tarde.- contestó el joven. -Ya veo…- dijo el inspector asintiendo levemente. Luego suspiró.- Solo que no veo el motivo de que un Legado Imperial deje un mensaje para los familiares de un prisionero a los guardias de una comarca. Ustedes van a tener que acompañarnos hasta que aclaremos esto.- El pequeño intentó protestar pero el mayor volvió a frenarlo. El Penitus Oculatus lo miró con una sonrisa indescifrable. -¡Muy bien hombres!- gritó Venarus para que todos lo escucharan- ¡Volvemos a Helgen!- Tres que estaban moviendo el árbol que bloqueaba el camino, se dispusieron a abandonar su tarea. -Ustedes tres, no.- les dijo el inspector con autoridad. –Cuando terminen de mover el árbol, aparten los cadáveres del camino. Luego diríjanse a Falkreath y averigüen todo lo que puedan sobre el paradero de la misión.- -¿Y qué hacemos con los cadáveres de los bandidos?- preguntó uno. -¿Acaso es mi problema?- le contestó Venarus encogiéndose de hombros.- Cuando mato, no me deshago de los cadáveres, suelo dejarlos como recordatorio de lo que les sucede a los que se oponen al imperio.- añadió dando por finalizado el intercambio verbal. El resto de los soldados comenzó a la marcha de regreso con el Penitus Oculatus a la cabeza. Detrás suyo y custodiados por dos soldados, iban el muchacho y el niño. Merreck y su hermano habían logrado seguir camino a Helgen. Montañas Jerall, sudeste de Falkreath., Skyrim, Provincia imperial, Tirdas, 21 de Estrella Vespertina, Año 173 4E. Casio sentía que las piernas le fallaban. La única poción de salud que tenía lo había llevado hasta allí, pero la sangre que había perdido, el dolor y la fatiga del esfuerzo le estaban pesando demasiado. Por momentos sentía que la vista se le nublaba. Pero tenía que seguir adelante. Tenía que alejar los diarios del elfo, destruirlos de ser posible. Se odiaba por haber abandonado a sus hombres como un cobarde. Pero si no lo hacía, no solo ellos serían los condenados, sino todos los hombres de Tamriel. Pensó en Jonna. ¿Seguiría vivo? Sí, Jonna había salido de peores… saldría de esta también. Puntadas de dolor lo atacaban por todo el cuerpo. La garganta le quemaba cuando el aire helado entraba en su ser. No sabía si se había alejado mucho, solo que no debía detenerse. Avanzar. Avanzar. Avanzar. El dolor en el costado lo hizo reaccionar. Sintió la nieve en el rostro. ¿Se había caído? Trató de incorporarse. Otro ramalazo de dolor le nació de las costillas. Cuando volvió a caer se percató de las risas. -¿Tan apurado para irte, mierda imperial?- le dijo una voz rasposa. Sintió como unas manos lo tomaban de los brazos y lo alzaban en el aire. Algo lo golpeó en el rostro. Cuando su vista se aclaró, vio a su agresor. Enseguida le vino una imagen que ahora le parecía tan lejana… los prisioneros riendo y él callándolos. Y uno, desafiándolo, mirándolo con odio… al igual que ahora. -Parece que el Legado se aburrió de la fiesta.- dijo Sunnaran desde un lado.- Es feo irse sin despedirse.- Casio desvió la vista hacia él. El elfo lo observaba envuelto en una capa de piel, debajo aun tenia las andrajosas ropas de prisionero. -Tendría que… -el legado tosió antes de continuar.- haberte clavado una daga en el corazón, apenas nos alejamos un poco de Soledad.- terminó haciendo un esfuerzo. -Oh, y te agradezco que no lo hicieras… de corazón.- le contestó el elfo sonriendo.- ahora… una cosa más que te agradecería, es que me dieras los diarios. En realidad que me los devuelvas.- -Púdrete.- le contestó el legado escupiéndolo. La saliva mezclada con sangre quedo colgando de su labio inferior. Ni fuerza para eso tenía. Los ex prisioneros lanzaron fuertes carcajadas. Sunnaran sonrió y se encogió de hombros. -¿Lo matan antes o después que lo revisemos?- le preguntó a Tunorok indiferente. El nórdico sonrió malévolamente y le paso una daga por el rostro, deteniéndose luego en la garganta. -Sera mejor que busques lo que tengas que buscar ahora, elfo. Porque cuando termine con el Legado, no vas a saber bien donde es arriba o abajo, adentro o afuera…- Sunnaran asintió, e inmediatamente hizo una seña a sus soldados. Dos avanzaron hacia él y comenzaron a buscar entre sus ropas. Casio intentó debatirse pero su cuerpo apenas si respondió. Unos segundos después uno de los soldados tenía el cuaderno envuelto en cuero y otros papeles, entre sus manos. Se acercó a Sunnaran y se los entregó. El elfo examinó todo y una sonrisa se dibujó en su boca. -Creo que esto es más de lo que necesitaba. Cuando pueda deberé agradecer al erudito imperial que amplió mis notas… Ahora sí, ya no hay nada que tengamos que hacer en Skyrim. Ha sido un placer Legado.- Y sin decir más, se volteó y comenzó a alejarse seguido por sus nuevos hombres. Casio los observó alejarse, y sólo en el último momento, reparó en la mujer que lo miraba, y en el niño que ella tenía asido por la barbilla, como si lo obligase a mirarlo. Sus ojos se cruzaron con los suplicantes del niño, solo unos segundos antes que ella se lo llevase. -No…- murmuró el legado. -El futuro de ese niño es la menor de tus preocupaciones imperial…- le dijo Tunorok. -Hazlo, -dijo Casio abatido- termínalo de una vez.- - ¿Terminarlo?- Dijo Tunorok riendo. Los otros dos lo acompañaron.- esto recién empieza… y créeme que lo voy a disfrutar. Sosténganlo- le dijo a sus secuaces. El nórdico se acercó tanto que Casio pudo oler la peste que salía de su boca. Con el pulgar y el índice le abrió los parpados del ojo derecho. Casio vio como la hoja se acercaba, pero no había nada que pudiese hacer. El acero de la daga se hundió en la cuenca ocular. El grito de dolor le llego a Yglar como si aún estuviese al lado del Legado. Habría llorado, de no ser porque ya no le quedaban lágrimas. En algún lugar del Camino Amarillo, Cyrodill, Capital imperial, Tirdas, 21 de Estrella Vespertina, Año 173 4E.3 Se movían con presteza, encaramados a los vetustos alerces y secuoyas, saltando ágilmente de rama en rama. Las botas, de suelas provistas de remaches, eran apenas perceptibles debido a la velocidad a la que se movían. Las armaduras de cuero estaban oportunamente cubiertas de ramas y hojas estrechamente entrelazadas, permitiéndoles confundirse con el espeso follaje del dosel. De tanto en tanto, alguna rama quebradiza les trastocaba, pero eran lo suficientemente raudos para saltar antes de que se quebrasen delatando su presencia. En un momento dado, el primero de entre ellos hizo una seña con la mano, liberándolos de su trance y sumiéndolos en la más absoluta quietud. Descendió algunos niveles, y, tras comprobar que quedaba fuera de su vista, oteó a su presa, una comitiva a caballo que venían siguiendo desde la alborada, y que se había detenido ahora para abrevar las monturas. Identificó a los miembros. Había un grupo de guardias que, sentados ahora en sendos tocones, se disponía a jugar a los dados. A unos metros, los oficiales, de pie y ofuscados, se limitaban a mirar con desprecio a la barbárica chusma. Allí estaban los sirvientes, allí los cortesanos y…allí, a la vera del río, un brioso semental zaino saciaba su sed con largos lengüetazos. Sobre él, enfundado en una capa de armiño, una gruesa banda de oro ceñida a la cabeza, se hallaba un anciano. Podría haber sido cualquiera de los nobles de tercera que, con títulos de dudosa procedencia y legitimidad, plagaban la provincia imperial. Pero no. El ojo del elfo, aguzado como estaba tras las largas jornadas de caza, atisbó un leve brillo en su mano derecha. El brillo de un diamante, engarzado en el anillo del conde de Leyawiin. Volviéndose a sus compañeros, levantó tres dedos. Ante esta nueva seña, los Mer se dispersaron, situándose cada uno sobre uno o dos miembros de la caravana. Hizo aún una tercera señal, y los bosmer se lanzaron al vacío. Los guardias no lo vieron venir, y aún de haberlo hecho, no habría servido de nada. Con movimientos que rozaban lo sobrenatural, el primer elfo acabó con tres de ellos. Uno alcanzó a blandir su espada, solo para que le rebanaran la mano de un tajo, clavando su cuchilla en el cuello del desgraciado. Un quinto hombre se dio a la fuga, pero terminó con un cuchillo arrojadizo enterrado en el encéfalo. El segundo de los elfos cayó entre los oficiales. Estos, habiendo presenciado la matanza, empuñaban ya espadas y mandobles, y se lanzaron a por él. El Mer levantó su escudo en el momento justo, replegándose en tanto levantaba su otra mano. -¡Invisibilitatem!- gritó fundiéndose entre las sombras. Los imperiales formaron en testudo, reemplazando los escudos por sus armas en alto. El primero se desplomo cuando un virote se hundió en su cuello. Otro, colérico, comenzó a correr, balanceando su mandoble contra la nada, solo para terminar con una cuchilla entre los omóplatos. Los otros dos se colocaron espalda contra espalda. El elfo, con extrema crueldad, atravesó a ambos con su espada. Los otros dos elfos aterrizaron entre los cortesanos y servidores. Desenvainando sus armas, les ordenaron echarse al suelo, con las manos tras la cabeza. La anterior masacre consiguió disuadir a la mayoría de intentar nada, y los pocos que trataron de darse a la fuga fueron derribados nada más echar a correr. El líder bosmer contemplaba como sus subordinados destrozaban la caravana, cuando se percató de que el conde espoleaba a su caballo para emprender la huida. Sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre él, cayendo sobre la grupa del animal. Antes de que pudiera hacer nada, le colocó una daga al cuello, y con voz extremadamente tenue, habló: -Siento mucho tener que poneros en esta situación tan incómoda. Pero es la única manera de evitar tener que masacrar a vuestra gente. Creo que es un precio razonable para evitar algo así, ¿verdad?- El viejo, paralizado, solo acertó a asentir levemente. -Tranquilo, mi señor.- continuo el Bosmer - Si colaboráis conmigo, creo poder evitar que os hagan daño. Pero tenéis que seguirme al pie de la letra. Estáis en una posición muy delicada. No es sensato enemistarse con los Thalmor. Ahora, bajaos del caballo.-ordenó. Con algo de dificultad el anciano obedeció. El Bosmer hizo lo propio al tiempo que enfundaba la daga, manteniendo la mano sobre el mango. Con un gesto le indicó que avance. Mientras caminaban, uno a la par del otro, los alcanzó el resto de los bosmer. Uno de ellos, tomando las riendas del caballo, se colocó al fondo de la procesión. Marius Caro II, Conde de Leyawiin, sentía como la adrenalina fluía copiosa por sus venas. Maldecía el momento en que permitió a los guardias descansar; empero, también se preguntaba si habría cambiado algo el no hacerlo. Mientras su caballo bebía, tuvo ocasión de volverse para contemplar la escena. Había sido testigo de la facilidad con que estos elfos habían masacrado a sus tropas. Algo era seguro: no eran aficionados. Empezó a atar cabos en su cabeza. Evidentemente, el apoyo que había prestado al Emperador, aun cuando los Thalmor le hicieron grandes promesas a cambio de su vasallaje, había irritado a algún pez gordo en Alinor. O quizás fueran órdenes de Naarifin, ese anciano de cara de serpiente. Sopesó sus opciones, y decidió que si quería salir con vida, su mejor opción era confiar en su interlocutor. Trató de ganárselo. -Si no es molestia, ¿podría saber quiénes son mis captores?- dijo con un tono firme pero amable a la vez. El elfo soltó una carcajada. -No es molestia, mi amigo.- dijo al recuperarse de la risa.-Este es el Grupo avanzado de exploración y neutralización de Bosque Valen.- continuó mientras señalaba a sus hombres- Y yo, soy su líder- siguió mientras lo miraba a los ojos.- Nilserac Ateris. Fin del capítulo 11. Notas: 1 La planta de Harrada es nativa de los planos de Oblivion, donde crece tanto dentro, como fuera de las cuevas. Posee la caracteristica de sacudir sus espinosas raices como mecanismo de defensa. 2 La planta de Spiddal, una flor de un amarillo enfermizo con tallos filosos, crece en abundancia en los más hostiles planos de Oblivion. la planta suelta un gas venenosos como mecanismo de defensa. 3 Un agradecimiento muy especial a @Taktaka quien redactó esta parte (sólo me limité a darle unos retoques) trayendo a su personaje Nilserac Ateris de su excelente Fanfic "Aires de Guerra" a esta historia.

20
4
Casas de Piedra (Propio)
Casas de Piedra (Propio)
ArteporAnónimo8/9/2015

Casas De Piedra Camino solo bajo un cielo gris, salpicado de aves negras Entre casas de piedra lastimadas por el tiempo Desgarradas por la vida que nace de sus entrañas muertas Erosionadas por las lagrimas del cielo y el viento El polvo se acumula en sus interiores, inclemente Sin importarle a sus habitantes, que descansan indolentes Ajenos a todo, alguno cruza conmigo su mirada vacía Carentes de sentimientos, no entienden mi agonía Les increpo, siempre con la misma pregunta, Una y otra vez con ferviente insistencia Fútil intento, ya que no obtengo respuesta O no escuchan, o no entienden, o no les interesa Camino solo, voy y vengo a ningún lado Busco algo, algo importante, el recuerdo me ha abandonado Cruzo umbrales, puertas viejas y oxidadas, Cavo la tierra con nada más que mis manos Hurgo en cajas de madera podrida y desgastada, No ceso en mi afán aunque sé que es en vano Mi cuerpo no se cansa, sí lo hace mi mente Existir sin objetivo es tortura inclemente Bajo un árbol me detengo, perdido, resignado Las aves negras ya no vuelan, en él han anidado Decido hacer lo mismo y no vagar más a ningún lado Me tumbo en el suelo, en silencio, ojos cerrados La oscuridad me envuelve, parece que lo he logrado Al fin descanso, recordando lo anhelado… Despierto en una casa de piedra Entre madera podrida y mortajas viejas Con un gran sentimiento de ausencia Tan fuerte que mueve mi escencia Abandono todo liviano cual niebla Y camino solo, bajo un cielo gris, salpicado de aves negras. M.V. Notas/Créditos Las imagenes fueron tomadas en el cementerio de la localidad de Punta del Agua - Provincia de Córdoba. La primera es autoria de mi novia @natipedraza (gracias amor!) la segunda, mía.

25
0
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.