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Primer post: 26 feb 2009
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Eclipse 400 Jet Ejecutivo
InfoporAnónimoFecha desconocida

El Eclipse 400 tiene sólo un motor y tendrá un precio de venta de alrededor de U$ 1.350.000. Consume un promedio de unos 26 galones de combustible por hora de vuelo, lo que lo hace el Jet mas económico del mundo y alcanza una velocidad de crucero de 256 nudos. Puede volar a una altura de 41000 pies, más alto que cualquier avión similar. El motor utilizado por este Jet es el Pratt & Whitney Canadá PW615F. La compañía espera lograr la certificación y comenzar las entregas a finales del 2011. Como se darán cuenta es un modelo muy nuevo y todavía no salio a la venta, por eso no hay mas info sobre el. Una verdadera belleza. Todas las imágenes tienen un buen tamaño y para ver mas hace click en las ventanillas. 1600px × 1200px eclipseaviation.com

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Intervenciones Anglosajonas en Iberoamérica
Intervenciones Anglosajonas en Iberoamérica
InfoporAnónimo6/15/2009

Hola, como el post es muy largo le puse música para que se haga mas llevadero y la puedan escuchar de fondo y para los que tengan cansada la vista o sean muy vagos le agregue el relato hecho con sintetizador de voz, es una voz bastante desagradable pero es lo que hay . Solo tienen que hacer click en los links.Vamos a enumerar algunas de las intervenciones anglosajonas en Iberoamérica a partir de los movimientos de independencia. Cada una de ellas y otras no mencionadas han sido motivo de estudio y análisis por parte de numerosos investigadores de cada uno de los países que integran nuestra ecúmene cultural. De acuerdo con los estudios del prestigioso sociólogo mexicano Pablo González Casanova las intervenciones efectivas ascienden alrededor de 700, pero si sumamos las diplomáticas, las amenazas y los juegos de presión de grupos y lobbies, suman cuatro mil.1806-1807: Invasiones inglesas en el Río de la Plata.En junio de 1806 tropas inglesas comandadas por W. Beresford toman Buenos Aires. Esta es reconquistada un mes después. Al año siguiente tropas británicas invaden nuevamente Buenos Aires son derrotadas y obligadas a capitular definitivamente.1823: Lanzamiento de la Doctrina Monroe.El mensaje del presidente Monroe el 2/12/1823 escrito por el Secretario de Estado John Quincy Adams, que ha sido sintetizado en el lema "América para los americanos".Según el historiador mejicano Carlos Pereyra en su obra El Mito Monroe:" No hay una doctrina Monroe sino tres. La primera es la enunciada por Monroe, sepultada en el olvido y en su significación original. La segunda es un dogma difuso y de glorificación de los Estados Unidos, que tomó cuerpo en los informes de los Secretarios de Estado Fish (14/7/1870); Bayard (20/1/1887) y Olney (20/6/1895).Y la tercera, que tiene por autores a los representantes del movimiento imperialista: Mac Kinley, Roosevelt y Lodge; al representante de la diplomacia del dólar: Taft; y al representante de la misión tutelar, imperialista, financiera y bíblica: Wilson."Según nos muestra la aplicación histórica de la doctrina Monroe, su lema debe entenderse: "América para los norteamericanos".1831-1833: Ataque y ocupación de las Islas Malvinas.Las expoliaciones que buques balleneros norteamericanos hacían en los mares del sur y las costas patagónicas llevaron al gobierno de Buenos Aires a dictar un decreto prohibiendo "la pesca de anfibios"(1829) ,cuyo cumplimiento se encargó a Vernet, gobernador de Malvinas. EEUU mandó la corbeta de guerra Léxington en 1831, destruyó el Puerto Soledad y envió los colonos a Montevideo. El 2 de enero de 1833 el navío inglés Clío se apodera, por la fuerza, del Puerto Soledad y comienza así la usurpación inglesa.1836: Anexión de Texas.En 1823 México autorizó al norteamericano Stephen Austin a poblar las llanuras texanas con colonos irlandeses y canarios, pero éste las pobló con estadounidenses. Estos, en ocasión de un cambio de sistema federal en centralista, proclamaron la independencia de Texas. EEUU la reconoció inmediatamente. "El hombre más miserable de la historia de México", según José Vasconcelos en: Breve historia de México, el general Antonio López de Santa Anna, salió a reprimirlos, tomó el fuerte del Alamo (febrero 1836) pero fue derrotado por Samuel Houston en abril de 1836. Tomado prisionero fue el instrumento que utilizaron los yankees para justificar mediante tratados, incluso disfrazados con indemnizaciones, los despojos territoriales de México. El 24 de mayo por los Tratados de Velazco, México fue obligado a reconocer la independencia de Texas, la que en 1845 se incorporó a la Unión.1845: Bloqueo anglo-francés del Río de la Plata.Inglaterra seguida por Francia se aliaron contra la Confederación Argentina y exigieron al gobernador Rosas: a) el levantamiento del sitio de Montevideo y b)la libre navegación de los ríos interiores cerrada a los barcos extranjeros. El objetivo de los agresores era impedir que ambas márgenes del Río de la Plata estuvieran controladas por un solo país, y abrir nuevos mercados- como el del Paraguay- a sus productos.La escuadra aliada seguida por barcos mercantes de distintos países remontaron el Paraná, debiendo librar rudos combates como el de la Vuelta de Obligado con las fuerzas de Rosas que hostigaban el paso.LLegaron hasta Corrientes y hasta Asunción pero los resultados comerciales no fueron los esperados y las pérdidas cuantiosas, por lo cual decidieron negociar con Rosas firmando la paz primero Inglaterra y después Francia. Reconociendo el derecho de la Argentina a legislar sobre la navegación de sus ríos. En cuanto al sitio de Montevideo, éste continuó hasta el levantamiento de Urquiza contra Rosas en 1852.1846: Anexión de Alta California y Nuevo México.En este año EEUU por orden de su presidente James Polk invade México. Los norteamericanos derrotan al ejercito mejicano en cinco batallas e imponen el Tratado Guadalupe-Hidalgo (1848) por el que se quedan con la mitad del territorio mejicano, aproximadamente, dos millones de kilómetros cuadrados, operación que es disfrazada por un pago de l8 millones de dólares.1853: Tratado de La Mesilla.La imposición de este tratado por parte de los EEUU sobre México, hace que éste último pierda otra faja de su territorio.1855-1857: El filibustero Walker presidente de Nicaragua.El norteamericano William Walker intentó dominar Nicaragua con el apoyo de los esclavistas de EEUU.Y llegó a ser reconocido por el Gobierno de los Estados Unidos como presidente de Nicaragua en 1857. Fue derrotado por el costarricense Mora, cuando pretendía incorporar a Costa Rica a sus dominios.1858: Cuestión CanstattCarlos Antonio López, presidente del Paraguay, encarceló alrededor de veinte personas por supuesta conspiración para asesinarlo. Estaba entre ellos un súbdito inglés llamado Constantt.La escuadra inglesa en el Río de la Plata se apoderó del vapor de guerra paraguayo Tacuarí, con lo cual presionó a López, y logró la libertad del súbdito inglés.1859: Expedición de cobranza sobre el Paraguay.El comisionado Browling llegó a Asunción con una flota de guerra norteamericana para cobrar una deuda del estado paraguayo contraída con un ciudadano norteamericano.1861: La Cuestión Christie. Bloqueo del puerto de Río de Janeiro.Un barco inglés se hundió en las costas de Río Grande del Sur, el ministro inglés W.D.Christie acusó a los brasileños de haberlo saqueado y hundido. El gobierno de Pedro II no permitió una investigación libre. Los marinos ingleses provocaron disturbios menores en Río y la policía los trató duramente. Protestó el ministro británico y al no aceptarse sus reclamos, navíos ingleses bloquearon el puerto de Río de Janeiro . Brasil se vio obligado a aceptar los términos ingleses y pagar una indemnización.1865-1870: Guerra de la Triple Alianza.Brasil, Argentina y Uruguay emprenden la guerra contra el Paraguay de Solano López. En la conferencia de Puntas del Rosario(Uruguay), se realiza la triple alianza contra Paraguay, de la que fue principal gestor el ministro inglés Thorton. La financiación de la guerra la hizo Inglaterra a través de diversos empréstitos con el objetivo de abrir el mercado paraguayo -proteccionista de la época- al comercio inglés.1876: La cuestión del Banco de Londres de Rosario.La ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, era el puerto de ultramar y la punta de rieles de toda la "pampa gringa" y sus productos agropecuarios, y el Banco de Londres monopolizaba todo el crédito y tenía además la facultad de emitir billetes. El gobernador de Santa Fe, Servando Bayo, decidió combatir dicho monopolio creando el Banco Provincial de Santa Fe, y quitó al Banco de Londres la potestad de emitir billetes. La colisión de intereses fue inevitable. El Banco de Londres, a través del encargado de negocios británicos en Buenos Aires, pidió al capitán de la cañonera "Beacon", surta en Montevideo, que remontara el Paraná para proteger los bienes de súbditos británicos. Intervino el canciller argentino Bernardo de Irigoyen negando el recurso a la fuerza y la prepotencia inglesa. Viajó desde Londres el presidente del Directorio y se avino a las condiciones impuestas por el Gobernador de Santa Fe. La cañonera inglesa se retiró luego de seis meses deamenazas , en septiembre del 76, sin disparar un solo cañonazo.(Cfr. Casablanca,Adolfo: La Sociedad Argentina:En busca de su voluntad popular).1898: Ocupación militar de Cuba.Intervención armada contra España en la guerra de la Independencia de Cuba.1898: Bombardeo de San Juan de Puerto Rico por fuerzas navales norteamericanas.1898: Tratado de París(1-12-98).Estados Unidos adquiere a España como despojos de guerra los territorios de Puerto Rico, Guam y Filipinas.1898-1902: Gobierno militar en Cuba.Estados Unidos establece un gobierno militar en la isla de Cuba encabezado por el general Leonard Wood.1900: Imposición de los tratados Hay-Corea y Hay-Calvo a Nicaraguay Costa Rica para adquirir la ruta interoceánica, que en principio pensó hacerse a través de estos países.1900-1934: Imposición de la Enmienda Platt.Por esta Enmienda los Estados Unidos se reservaron el derecho de intervención militar en Cuba. Un resabio de ella es todavía la Base Militar estadounidense de Guantánamo.1903: Imposición del tratado Hay-Herrán a Colombia para obtener la ruta interoceánica de Panamá.1903: Creación de Panamá por EEUU.El rechazo del Tratado Hay-Herrán por parte del gobierno de Colombia, que autorizaba a la Compañía Francesa a traspasar sus derechos al gobierno norteamericano (12-8-03) , aceleró la creación de la República de Panamá como un desmembramiento del territorio colombiano, con intervención armada estadounidense para evitar que Colombia pudiera reivindicar sus territorios.1903: Imposición del Tratado Bunnau-Varilla.El 18 de noviembre de 1903 entre el Secretario de Estado norteamericano John Hay y el ciudadano francés Philippe Bunnau-Varilla, que se encontraba en Washington como representante de la inerme República de Panamá suscribieron el tratado que se conoce con el nombre del audaz diplomático extranjero, por el cual los EEUU toman bajo su soberanía y a perpetuidad la ruta interoceánica a través del itsmo de Panamá.1902-1903: Agresión anglo-germana a Venezuela.Venezuela por motivos de mal manejo de su economía suspendió los pagos de los préstamos que adeudaba, principalmente a Inglaterra y Alemania. Estas principales potencias navales del mundo intentaron cobrar por la fuerza bloqueando los principales puertos venezolanos. Hundieron sin combate tres de las cuatro cañoneras que poseía Venezuela y bombardearon Puerto Cabello. Intervino Estados Unidos y por boca de su presidente Roosevelt dijo: "No garantizamos a ningún Estado contra el castigo si se conduce mal, siempre que este castigo no adopte la forma de adquisición de territorios por una potencia no-americana".En contraposición a este principio el canciller argentino Luis Drago acudió en defensa de la soberanía hispanoamericana proclamando como principio que: "Las deudas públicas no pueden ser motivo de intervención armada ni menos aún ocupando efectivamente territorios de las naciones americanas". Finalmente EEUU asumió la función de inesperado ejecutor de deudas reclamadas por Europa y forzó a Venezuela a comprometer el rendimiento de sus productos principales para el pago de sus obligaciones con los acreedores europeos.1906-1909: Segunda intervención militar a Cuba.Dirigida por el general Charles E.Magoon, una expedición militar estadounidense interviene Cuba.1907: Intervención fiscal en Santo Domingo.El caso de República Dominicana es una variante del caso Venezuela con la diferencia que en Santo Domingo, EEUU desembarca su marina se apodera de las aduanas y explota el país durante años.1909: Intervención armada en Nicaragua.Estados Unidos rompe relaciones diplomáticas con Nicaragua y produce la primera de las varias intervenciones armadas al país centroamericano.1912: Tercera intervención militar a Cuba.Con el pretexto de algunos disturbios raciales y políticos y para proteger vidas e intereses norteamericanos, los EEUU llevan a cabo la tercera intervención armada en Cuba.1912: Refuerzos a la intervenciones armadas en Santo Domingo y enNicaragua con marinos y soldados de infantería "para evitar revoluciones".1913: Intervención del ministro de EEUU Henry Lane Wilson, en la política interna de México con responsabilidad directa por el triunfo del cuartelazo de La Ciudadela durante la Decena Trágica, y por el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez.1914: Imposición del Tratado Bryan-Chamorro.El 5 de agosto de 1914 se firmó en el mayor sigilo entre el Secretario de Estado norteamericano W.J.Bryan y el Ministro Plenipotenciario nicaragüense Emiliano Chamorro el mencionado Tratado por el cual EEUU obtuvo, así decía su artículo primero "a perpetuidad, libres de impuestos y otra carga pública los derechos exclusivos de propiedad, necesarios y convenientes para la construcción, operación y mantenimiento de un canal interoceánico por la vía del río San Juan y el lago de Nicaragua, o por cualquier otra ruta del territorio nicaragüense".1914: Bombardeo y desembarque de fuerzas estadounidenses en la ciudad de Veracuz.1915-1934: Invasión y ocupación de Haití.El City Bank de New York compró los activos del banco francés aprovechando la primera guerra mundial, con lo cual el banco norteamericano pasó a ser el acreedor del gobierno de Haití.Pretendió hacerse cargo de la aduana pero su demanda fue rechazada por el gobierno de Haití. "Una semana después - relata el ensayista boliviano Carlos Montenegro en Las inversiones extranjeras en América Latina- una fuerza de marinos americanos desembarcó en Puerto Príncipe, se dirigió a las cajas fuertes del Banco Nacional de Haití, y en plena luz del día, usando la fuerza,se apoderó de quinientos mil dólares que se llevó a bordo del Crucero Machias. El dinero fue transportado a Nueva York y depositado en las cajas del City Bank". Los marinos yanquis se quedaron en Haití veinte años.1916: Invasión a México.El general estadounidense Pershing dirige la expedición punitiva sobre México "para enseñar moralidad de los mejicanos" según el presidente Wilson.1916-1924: Ocupación de Santo Domingo.Intervención total armada en la República de Santo Domingo y establecimiento de un "gobierno dominicano" constituido por oficiales navales estadounidenses.1917-1919: Cuarta intervención militar a Cuba.EEUU interviene militarmente en Cuba para imponer la reelección del presidente Mario G.Menocal. Dos mil marinos permanecen en Cuba hasta fines de 1919 con el pretexto de entrenarse para la Guerra Mundial.1921: Intervención "diplomática" del Secretario de Estado Charles Evans Hughes contra la unidad de la Federación Centroamericana hasta conseguir su fracaso.1921-1928: Algunas masacres de las compañías anglosajonas.1921-22: Los estancieros ingleses y las matanzas de la Patagonia. La concesión a Alfredo Grünbein en 1893 de 2.517.274 de hectáreas por parte del gobierno argentino y su posterior distribución entre unos pocos colonos ingleses y el millón de hectáreas del judío Mauricio Braum y sus escasos socios, habían hecho de la Patagonia un feudo exclusivo para la producción lanera.Con motivos de una huelga debido a las condiciones infrahumanas de trabajo el looby inglés solicita al gobierno de Buenos Aires el apoyo de un cuerpo de ejercito, aduciendo motivos políticos y de perdida de soberanía para el Estado Argentino. Es enviado el teniente coronel Héctor Benigno Varela y son muertos algo así como 1500 peones indefensos.(Cfr.Borrero,José María: La Patagonia Trágica y Bayer, Osvaldo: Los Vengadores de la Patagonia Trágica) .1923: La empresa norteamericana Patiño Mines Enterprises Ltd. y las masacres en Bolivia.Mr.Writte, el administrador, telegrafió a Oruro con motivo de una huelga solicitando la intervención de un cuerpo de ejercito. Este se trasladó a la localidad de Uncía a cargo del mayor Ayuviri, fusiló a los obreros y posteriormente cremó los cadáveres en los hornos del ingenio. (Cfr. Céspedes,Augsto: Metal del Diablo) .1924: La Anaconda Cooper and Company y la explotación en Chile.Las inversiones norteamericanas en las minas de cobre chilenas de Chuquicamata llevaban un promedio de cuatro muertos por día.(Cfr. Latcham, Ricardo: Chuquicamata: Estado Yankee) .1928: La United Fruit and Co. y las matanzas en Colombia.Matanzas de obreros por una huelga de brazos caídos en La Bananera, a cargo de un cuerpo de ejercito colombiano comandado por el general Carlos Cortés Vargas. Se estima en 800 el número de víctimas.(Cfr.Osorio Lizarazo,J.A.:Gaitán: Vida, muerte y permanente presencia) .1923-1933: Presión y propaganda contra los gobiernos revolucionarios de México, tildados de comunistas durante los regímenes de Coolige y de Hoover en EEUU.1926-1933: Tercera intervención militar a Nicaragua.Ocupación armada de Nicaragua por los yanquis. Bombardeo aéreo de pueblos y ciudades. El jefe del movimiento contra la ocupación extranjera Augusto César Sandino inicia desde las montañas segovianas la resistencia nacionalista, lucha que duró siete años (1929-1933) . Producida la desocupación norteamericana del país el presidente Sacasa invitó a Sandino a bajar de la montaña, al salir del Palacio Presidencial la noche del 21 de febrero de 1934, caía asesinado por los hombres de Anastasio Somoza, director de la Guardia Nacional.1930: Imposición del Departamento de Estado en la República Dominicana del gobierno paternalista de Rafael Leónidas Trujillo.1931: Intervención del Ministro de Estados Unidos M.Whitehouse en Guatemala para imponer al presidente Jorge Ubico, como hacía en Honduras con otros candidatos de la United Fruit Company.1933: La Buena Vecindad.El presidente Frank Delano Roosevelt lanza la política de Buena Vecindad, que pretendió considerar a los países iberoamericanos como colaboradores y no como súbditos, bajo el slogan de" Defensa de la Democracia". Claro está, nosotros teníamos que hacer de buenos y ellos de vecinos, comentó jocosamente alguna vez Juan Perón.1948-1960: Reconocimiento inmediato y apoyo a todos los regímenesde fuerza instaurados en el continente.1948: Perú. Reconocimiento al cuartelazo de Odría.1948: Venezuela. Apoyo al golpe militar que volteó a Rómulo Gallegos.1949: Paraguay. Reconocimiento oficial inmediato al general Raimundo Rolón que derrocara al presidente constitucional Natalicio González.1950/53: Colombia. Apoyo al régimen sanguinario de Laureano Gómez por haber enviado un batallón a la Guerra de Corea.1951: Bolivia. Reconocimiento inmediato del golpe de estado institucional realizado por el general Hugo Ballivián desconociendo la elección como presidente de Paz Estensoro.1952: Cuba. Apoyo irrestricto a Fulgencio Batista en el derrocamiento del gobierno constitucional.1953: Apoyo permanente a las dinastías de Trujillo en Santo Domingo, Somoza en Nicaragua y Stroessner en Paraguay.1954: Operación Guatemala.Intervención directa del Departamento de Estado, de la CIA y de los monopolios internacionales en el derrocamiento del gobierno nacionalista de Jacobo Arbenz a manos del coronel Castillo Armas y su ejercito mercenario pagado por los Estados Unidos.1955: Golpe de estado en Argentina.Apoyo irrestricto e inmediato al golpe militar que derrocara al gobierno constitucional del General Perón. Intervención directa del Secretario de Estado John Foster Dulles.1961: Invasión a Cuba.El 14 de febrero soldados mercenarios y expatriados cubanos entrenados y con apoyo logístico de los EEUU invaden Cuba para voltear al gobierno de Castro. Son derrotados en Bahía Cochinos. El fracaso de la invasión trajo como consecuencia el bloqueo económico de los Estados Unidos a la Isla hasta nuestros días.1964: Apoyo al golpe de estado que derrocó al presidente Joao Goulart e instauró una dictadura militar en Brasil por más de veinte años.1973: Reconocimiento al golpe de estado del general Pinochet, quetuvo como consecuencias la muerte del presidente socialista Salvador Allende y un régimen dictatorial de diecisiete años.1973: Apoyo al golpe militar en Argentina que derrocó a Isabel Perón y por extensión, apoyoa la una dictadura militar que por casi una década, produjo entre otras lindezas 9000 desaparecidos, según las cifras oficiales y la destrucción de todo el aparato industrial con una capacidad instalada de 360.000 millones de dólares.1982: Guerra de Malvinas.Inglaterra derrota a Argentina en las islas Malvinas con el apoyo logístico-militar y político de los Estados Unidos, más la traición chilena.1985-1993: Guerra al narcotráfico.Con la excusa de esta guerra tropas estadounidenses intervienen en varios países iberoamericanos, Bolivia, Perú, Colombia, Centroamérica.1992: Iniciativa de las Américas.El presidente Bush (padre) lanza la denominada Iniciativa de la Américas tendiente a establecer un mercado de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego.1993: Tratado del Nafta.Firma del Tratado de libre comercio entre Canadá, México y los EEUU,como paso previo a Iniciativa de las Américas.Esto es, un mercado cautivo con un solo patrón: Los Estados Unidos de Norteamérica.1993: Ejercicios militares de "marines".Se llevan a cabo ejercicios militares de la infantería norteamericana en toda la zona que rodea el Amazonas, por el sur en Misiones (Argentina) por el oeste en Ecuador, por el noroeste en Guayana. Su objetivo estratégico declarar de "soberanía limitada del Brasil" la Amazonia. Reacción de las fuerzas armadas brasileñas fijando una franja de 30 km. alrededor de su frontera bajo su exclusivo control.2005: Instalación militar en SuraméricaSe produce la ocupación de la Base General Estigarribia situada en el estratégico Chaco paraguayo, la que se suma a las bases de despliegue rápidoque la tacks force tiene en Mantua (Ecuador), en Tres Esquinas en Colombia además con 2000 marines en la selva colombiana so pretexto de combatir el narcotráfico; en Guyana, en Aruba y Curazao - Arauca, Larandia, en Iquitos y Nanay en Perú. Sin olvidar a Chile que es el gran portaaviones de USA en el cono Sur.Nosotros hemos pretendido ofrecer una enumeración panorámica al solo efecto de que luego de una rápida hojeada pueda el lector apreciar el fundamento de nuestro juicio: El enemigo de Iberoamérica es el anglosajón.Cuando aprendamos esta lección que incuestionablemente nos ofrece la historia, habremos dado el primer paso en la consolidación de nuestra identidad política. Pues, si como sostuviera Carl Schmitt: "la distinción política fundamental es la distinción amigo-enemigo"Nosotros ya sabemos, por lo menos, lo que no-somos.Autor: Alberto Buelafilósofo-CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos)FUENTETodos los que se van sin comentar son yankees

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N.C.Christofilos "El Griego Loco"
N.C.Christofilos "El Griego Loco"
Ciencia EducacionporAnónimo10/20/2010

Cuando se ganaba los dracmas trabajando en una empresa ateniense de ascensores, seguramente nunca sospechó la exorbitante altura a la que llegarían sus creaciones. Y en más de un sentido; no sólo el experimento que ideó se realizó a 540 kilómetros sobre la superficie terrestre, sino que la movilización de personal, equipo y presupuesto, sumada a las consecuencias que predecían sus cálculos, hicieron que la operación Argus diseñada por el físico Nicholas Christofilos mereciera para el diario The New York Times los honores de ser “el mayor experimento jamás realizado”. Christofilos nació en 1916 en Boston, hijo de emigrantes griegos que siete años después se dejaron vencer por la nostalgia y recogieron velas de regreso a Europa. En Atenas, el espabilado Nicholas estudió ingeniería mecánica y eléctrica, pero su afición por la física le empujaba a preguntarse qué mecanismos animaban los aparatos de radio que le gustaba reparar. Sin formación en ciencia básica, comenzó a engullir textos de física nuclear en alemán. Con el paso de las páginas y los años, su interés por los aceleradores de partículas le llevó a enunciar en 1949 un principio, "strong focusing" (enfoque intenso) que rompía moldes, pero que no fue valorado por la comunidad científica de EEUU, a la que comunicó por carta sus hallazgos, hasta que alguien más creíble que él lo redescubrió. El descubrimiento de Christofilos explicaba la radiación atrapada, un curioso comportamiento de las partículas cargadas observado a finales del siglo XIX por el físico noruego Kristian Birkeland. Un chorro de electrones dirigido hacia un imán en una cámara de vacío parecía canalizarse espontáneamente hacia el polo magnético, como siguiendo el camino del hormiguero. El matemático Carl Stoermer, amigo de Birkeland, trató de formular este fenómeno, pero fue Christofilos quien logró traducir a símbolos el misterioso encantamiento electrónico. Planeta magnético En todo imán, sus polos norte y sur están unidos por líneas de fuerza curvadas en forma de C. En el caso de la Tierra, un gigantesco imán, los extremos de la C se dirigen respectivamente a los dos polos magnéticos, que no coinciden con los geográficos. Uniendo todas las C que circundan el planeta, se obtendría un campo de fuerza con forma de neumático de coche, en cuyo centro estaría empotrada la Tierra. Pero como ocurre con las isobaras de los mapas meteorológicos o con las curvas de nivel de los topográficos, cada línea es una representación abstracta que une los puntos de un valor determinado; el dibujo de la situación real sería uno de innumerables líneas infinitamente juntas. Del mismo modo, ese campo magnético terrestre estaría formado por infinitos corredores concéntricos, uno dentro del siguiente, como las muñecas rusas. Al inyectar en ese campo partículas con carga, por ejemplo electrones, el chorro toma como raíl una C de la sección del corredor. Las partículas inyectadas recorren la C de un extremo al otro y luego de vuelta en sentido contrario, una y otra vez. Cuando las partículas chocan con el extremo de la C, se produce un hermoso espectáculo irisado que ocurre de forma natural cuando el Sol lanza alaridos magnéticos; es la aurora polar. Al mismo tiempo, esos electrones se desplazan lateralmente, saltando de una C a la próxima para recorrer la banda de rodadura del corredor o, en términos terráqueos, siguiendo los paralelos del planeta. La extrapolación del esquema del imán a la Tierra fue una iluminación de Christofilos. Así, predijo la existencia de colosales corredores de fuerza magnética en torno al planeta antes de que su descubridor formal los bautizara con su propio nombre: cinturones de Van Allen. Por entonces, Christofilos tomaba carrerilla hacia el podio del triunfo. Su teoría había sido redescubierta y el mecánico griego especializado en ascensores se había ganado una silla para investigar en uno de los santuarios de la física de altas energías, el Laboratorio de Radiación de Livermore, dependiente de la Universidad de California en Berkeley. Era el año 1956 y aparte de su trabajo en un reactor termonuclear ASTRON y seguir luego trabajando en una serie de proyectos militares, tambien se convirtió en un miembro de JASON (un grupo independiente de científicos que asesora al Gobierno de Estados Unidos sobre asuntos de ciencia y tecnología). Desde su nueva trinchera de la investigación militar y ultrasecreta, con acceso al saco sin fondo del Departamento de Defensa, Christofilos propuso la idea más audaz y atrevida que otros colegas nunca hubieran osado proponer o, caso de hacerlo, nunca hubieran obtenido el sí. Armado con un discurso cautivador y una brillante tenacidad, en octubre de 1957 el físico autodidacta arrancó al Gobierno de EEUU el compromiso de ensayar sus hipótesis y sus tentadores usos estratégicos en la plataforma más cara y perfecta que un científico podría ambicionar: el planeta Tierra. La idea de Christofilos era detonar bombas nucleares de hidrógeno a gran altura para inyectar electrones en el campo magnético terrestre. Si su hipótesis funcionaba, esto crearía un cinturón artificial de radiación, el cinturón de la muerte, que se extendería por los corredores envolviendo el planeta, y que podría inactivar satélites y comunicaciones del enemigo para devolverlo a la edad de piedra, e incluso pulverizar un misil intercontinental. La Guerra Fría corría hacia su apogeo y una moratoria de los ensayos nucleares parecía inminente, por lo que el Pentágono se apresuró a construir una aparatosa operación en tiempo récord. En abril de 1958 se creó la Task Force 88, una fuerza exclusivamente dedicada a preparar y ejecutar la que se denominó "Operación Argus". Los datos describen un proyecto descomunal: nueve buques de la armada estadounidense, un satélite –el Explorer 4– lanzado ex profeso para el experimento, una dotación de 4.500 efectivos entre militares y científicos civiles, y un presupuesto de nueve millones de dólares de 1958, cuando una familia media en aquel país ingresaba anualmente unos 5.000 dólares. El de Christofilos no fue el primer ensayo nuclear exoatmosférico. Entre 1958 y 1962, EEUU y la Unión Soviética condujeron cerca de una veintena de estas detonaciones. Argus, que siguió a la Operación Hardtack, fue el único programa que se mantuvo en secreto. La tercera de las explosiones de Hardtack, llamada Orange, había tenido lugar dos semanas antes de Argus. La bomba se activó a 43 kilómetros sobre la superficie terrestre, una bagatela en comparación con las cifras que se manejaron para Argus. Para que su arco envolviese todo el planeta, Christofilos necesitaba más altura, aunque no se precisaba una potencia extraordinaria. Las cargas, de 1,7 kilotones –la de Hiroshima fue de unos 15 kilotones– se montaron en las cabezas de misiles modificados X-17A. El barco elegido para los lanzamientos fue el USS Norton Sound, y el lugar se determinó seleccionando un meridiano magnético, de modo que los extremos de la C no tocaran regiones habitadas. Para el extremo norte se escogió un sector del Atlántico entre la Península Ibérica y las islas Azores; el otro cabo de la C, el punto de despegue, caía entonces en el Atlántico sur, a 1.800 kilómetros al suroeste de Ciudad del Cabo. Una siniestra aurora boreal El 27 de agosto de 1958 se lanzó el primer cohete, que estalló a 200 kilómetros de altitud. El segundo, el 30 del mismo mes, trepó hasta 240 kilómetros. La apoteosis llegó con la última explosión, el 6 de septiembre, a 540 kilómetros, la mayor altura jamás alcanzada en un ensayo nuclear. Aquel día, los habitantes de las Azores disfrutaron de una hermosa, aunque siniestra, aurora. La película de la operación, filmada por el Gobierno de EEUU, explica que el desplazamiento de los electrones a lo largo del paralelo terrestre llevaba las partículas al este, hacia la Península Ibérica. Christofilos pudo verificar algunas de sus teorías, pero no hay pruebas de que el cinturón de la muerte hubiese funcionado. Las explosiones fueron tal vez débiles, lo que limitaba el alcance de la dispersión de electrones. Pero según publicó un año más tarde en varios artículos científicos, los datos de los satélites y de las estaciones de tierra demostraron que sus electrones habían cubierto la Tierra. Ese mismo año, The New York Times descerrajó el secreto del mayor experimento del mundo, y la revista Life presentó a Christofilos como “el griego loco”. Basándose en las teorías del científico, los ensayos exoatmosféricos prosiguieron hasta 1962. La Operación Dominic escaló las proporciones hasta 1,4 megatones –93 bombas de Hiroshima– a 400 kilómetros de altitud sobre el atolón de Johnston, en el Pacífico; fue el disparo Starfish Prime, el 9 de julio de 1962. Alumbró una aurora boreal de siete minutos, fundió líneas eléctricas y comunicaciones en Hawai, inutilizó siete satélites y creó un cinturón artificial de radiación que duró diez años. Curiosamente, los mismos que tardó en apagarse, de un infarto, la vida del ideólogo de la radiación atrapada en un cinturón mortal. Su idea sobre la captura de las partículas se llama hoy "Efecto Christofilos". En 1963 fue galardonado con la Medalla Cresson Elliott. Fue admirado por sus contribuciones a los aceleradores de partículas y a la física del plasma, y tambien por sus proyectos de antenas con millones de vatios para producir ondas de extrema baja frecuencia para la comunicación entre submarinos nucleares intercontinentales, pero como otros científicos de la Guerra Fría, creyó que era necesario liberar a la serpiente para conjurar el peligro de su mordedura. Dijo en una ocasión: “Antes de explorar otros planetas, debemos asegurarnos de que podremos seguir viviendo en el nuestro”. FUENTE-1 FUENTE-2 FUENTE-3

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Mapa de Antípodas
Mapa de Antípodas
Ciencia EducacionporAnónimo2/26/2009

Mapa de Antípodas En geografía, el antípoda o las antípodas (del griego anti=opuesto y pous=pie) es el lugar de la superficie terrestre diametralmente opuesto a otro dado, es decir, el lugar de la superficie terrestre más alejado. Imagínese que puede perforar un agujero directamente a través de la Tierra. Suspenda su incredulidad por un momento, ignorando el núcleo fundido en que usted se fulmina. ¿Dónde terminaría? En coordenadas geográficas, la respuesta es muy sencilla: Si las coordenadas (longitud y latitud) de un punto sobre la superficie de la Tierra son: (x, y), entonces las coordenadas del punto antípoda puede ser escrito como (x ± 180 °,-y). Por lo tanto, las latitudes son numéricamente iguales, pero uno se encuentra más al norte y otro sur. Y las longitudes difieren entre sí por 180 grados. Más o menos: no importa en qué dirección se cuentan los 180 grados, ya sea como forma le llevará hasta el mismo punto (un círculo con una circunferencia de 360 grados). Un ejemplo. Si usted comienza a cabo en, por ejemplo, a 46,95 grados de longitud Oeste y 39,00 grados de latitud Norte, después de haber excavado a través de la Tierra del núcleo que terminará en 133,05 ° de longitud Este (133,05 siendo el resultado de 180,00 - 46,95) y 39,00 ° de latitud Sur. Únicamente, para la mayoría de las personas, el lugar donde terminas no será la tierra, sino agua. Los océanos cubren el 70% de la superficie de nuestro planeta. Para la mayoría su antípodas (una palabra griega traducible como: "aquellos cuyos pies están en el otro lado»), no tendran pies, pero si aletas. Si pudiera emparedar dos hemisferios de la Tierra, como se hace en este mapa hecho por Rebecca Catherine Brown, la superposición de tierras sería sorprendentemente pequeña. En este mapa se resaltan en azul oscuro los solapamientos: Me recuerda la película "El Síndrome de China", cuyo título se refiere a la idea de que si usted cavara un agujero a través de la Tierra a partir de los EE.UU terminará en China. Este mapa muestra que no es así. Curiosamente, la buena gente de la Argentina parecen haber tenido en cuenta esto a la hora de nombrar a la ciudad de Formosa, que es el antipode de Taiwán, la isla frente a la costa china antes conocida como ... Formosa!. No hay prácticamente ningún solapamiento en América del Norte, uno sólo en África y un poco en Europa (la Península Ibérica con Nueva Zelanda Isla del Norte). Este sitio web http://www.antipodemap.com/ permite realizar la superposición de distintas regiones del planeta. Que probablemente terminarán en el océano. ¿Alguien sabe la palabra griega para el fin? τέλος... si Google Traductor no se mando ninguna cagad@. FUENTE

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El Poder de las Palabras (E.A.Poe)
ArteporAnónimo1/26/2010

Oinos. —Perdona, Agathos, la flaqueza de un espíritu al que acaban de brotarle las alas de la inmortalidad. Agathos. —Nada has dicho, Oinos mío, que requiera ser perdonado. Ni siquiera aquí el conocimiento es cosa de intuición. En cuanto a la sabiduría, pide sin reserva a los ángeles que te sea concedida. Oinos. —Pero yo imaginé que en esta existencia todo me sería dado a conocer al mismo tiempo, y que alcanzaría así la felicidad por conocerlo todo. Agathos. — ¡Ah, la felicidad no está en el conocimiento, sino en su adquisición! La beatitud eterna consiste en saber más y más; pero saberlo todo sería la maldición de un demonio. Oinos. —El Altísimo, ¿no lo sabe todo? Agathos. —Eso (puesto que es el Muy Bienaventurado) debe ser aún la única cosa desconocida hasta para Él. Oinos. —Sin embargo, puesto que nuestro saber aumenta de hora en hora, ¿no llegarán por fin a ser conocidas todas las cosas? Agathos. — ¡Contempla las distancias abismales! Trata de hacer llegar tu mirada a la múltiple perspectiva de las estrellas, mientras erramos lentamente entre ellas... ¡Más allá, siempre más allá! Aun la visión espiritual, ¿no se ve detenida por las continuas paredes de oro del universo, las paredes constituidas por las miríadas de esos resplandecientes cuerpos que el mero número parece amalgamar en una unidad? Oinos. —Claramente percibo que la infinitud de la materia no es un sueño. Agathos. —No hay sueños en el Aidenn, pero se susurra aquí que la única finalidad de esta infinitud de materia es la de proporcionar infinitas fuentes donde el alma pueda calmar la sed de saber que jamás se agotará en ella, ya que agotarla sería extinguir el alma misma. Interrógame, pues, Oinos mío, libremente y sin temor. ¡Ven!, dejaremos a nuestra izquierda la intensa armonía de las Pléyades, lanzándonos más allá del trono a las estrelladas praderas allende Orión, donde, en lugar de violetas, pensamientos y trinitarias, hallaremos macizos de soles triples y tricolores. Oinos. —Y ahora, Agathos, mientras avanzamos, instrúyeme. ¡Háblame con los acentos familiares de la tierra! No he comprendido lo que acabas de insinuar sobre los modos o los procedimientos de aquello que, mientras éramos mortales, estábamos habituados a llamar Creación. ¿Quieres decir que el Creador no es Dios? Agathos. —Quiero decir que la Deidad no crea. Oinos. — ¡Explícate! Agathos. —Solamente creó en el comienzo. Las aparentes criaturas que en el universo surgen ahora perpetuamente a la existencia sólo pueden ser consideradas como el resultado mediato o indirecto, no como el resultado directo o inmediato del poder creador divino. Oinos. —Entre los hombres, Agathos mío, esta idea sería considerada altamente herética. Agathos. —Entre los ángeles, Oinos mío, se sabe que es sencillamente la verdad. Oinos. —Alcanzo a comprenderte hasta este punto: que ciertas operaciones de lo que denominamos Naturaleza o leyes naturales darán lugar, bajo ciertas condiciones, a aquello que tiene todas las apariencias de creación. Muy poco antes de la destrucción final de la tierra recuerdo que se habían efectuado afortunados experimentos, que algunos filósofos denominaron torpemente creación de animálculos. Agathos. —Los casos de que hablas fueron ejemplos de creación secundaria, de la única especie de creación que hubo jamás desde que la primera palabra dio existencia a la primera ley. Oinos. —Los mundos estrellados que surgen hora a hora en los cielos, procedentes de los abismos del no ser, ¿no son, Agathos, la obra inmediata de la mano del Rey? Agathos—Permíteme, Oinos, que trate de llevarte paso a paso a la concepción a que aludo. Bien sabes que, así como ningún pensamiento perece, todo acto determina infinitos resultados. Movíamos las manos, por ejemplo, cuando éramos moradores de la tierra, y al hacerlo hacíamos vibrar la atmósfera que las rodeaba. La vibración se extendía indefinidamente hasta impulsar cada partícula del aire de la tierra, que desde entonces y para siempre era animado por aquel único movimiento de la mano. Los matemáticos de nuestro globo conocían bien este hecho. Sometieron a cálculos exactos los efectos producidos por el fluido por impulsos especiales, hasta que les fue fácil determinar en qué preciso período un impulso de determinada extensión rodearía el globo, influyendo (para siempre) en cada átomo de la atmósfera circundante. Retrogradando, no tuvieron dificultad en determinar el valor del impulso original partiendo de un efecto dado bajo condiciones determinadas. Ahora bien, los matemáticos que vieron que los resultados de cualquier impulso dado eran interminables, y que una parte de dichos resultados podía medirse gracias al análisis algebraico, así como que la retrogradación no ofrecía dificultad, vieron al mismo tiempo que este análisis poseía en sí mismo la capacidad de un avance indefinido; que no existían límites concebibles a su avance y aplicabilidad, salvo en el intelecto de aquel que lo hacía avanzar o lo aplicaba. Pero en este punto nuestros matemáticos se detuvieron. Oinos. — ¿Y por qué, Agathos, hubieran debido continuar? Agathos. —Porque había, más allá, consideraciones del más profundo interés. De lo que sabían era posible deducir que un ser de una inteligencia infinita, para quien la perfección del análisis algebraico no guardara secretos, podría seguir sin dificultad cada impulso dado al aire, y al éter a través del aire, hasta sus remotas consecuencias en las épocas más infinitamente remotas. Puede, ciertamente, demostrarse que cada uno de estos impulsos dados al aire influyen sobre cada cosa individual existente en el universo, y ese ser de infinita inteligencia que hemos imaginado, podría seguir las remotas ondulaciones del impulso, seguirlo hacia arriba y adelante en sus influencias sobre todas las partículas de toda la materia, hacia arriba y adelante, para siempre en sus modificaciones de las formas antiguas; o, en otras palabras, en sus nuevas creaciones... hasta que lo encontrara, regresando como un reflejo, después de haber chocado —pero esta vez sin influir— en el trono de la Divinidad. Y no sólo podría hacer eso un ser semejante, sino que en cualquier época, dado un cierto resultado (supongamos que se ofreciera a su análisis uno de esos innumerables cometas), no tendría dificultad en determinar, por retrogradación analítica, a qué impulso original se debía. Este poder de retrogradación en su plenitud y perfección absolutas, esta facultad de relacionar en cualquier época, cualquier efecto a cualquier causa, es por supuesto prerrogativa única de la Divinidad; pero en sus restantes y múltiples grados, inferiores a la perfección absoluta, ese mismo poder es ejercido por todas las huestes de las inteligencias angélicas. Oinos. —Pero tú hablas tan sólo de impulsos en el aire. Agathos. —Al hablar del aire me refería meramente a la tierra, pero mi afirmación general se refiere a los impulsos en el éter, que, al penetrar, y ser el único que penetra todo el espacio, es así el gran medio de la creación. Oinos. —Entonces, ¿todo movimiento, de cualquier naturaleza, crea? Agathos. —Así debe ser; pero una filosofía verdadera ha enseñado hace mucho que la fuente de todo movimiento es el pensamiento, y que la fuente de todo pensamiento es... Oinos. —Dios. Agathos. —Te he hablado, Oinos, como a una criatura de la hermosa tierra que pereció hace poco, de impulsos sobre la atmósfera de esa tierra. Oinos. —Sí. Agathos. —Y mientras así hablaba, ¿no cruzó por tu mente algún pensamiento sobre el poder físico de las palabras? Cada palabra, ¿no es un impulso en el aire? Oinos. — ¿Pero por qué lloras, Agathos... y por qué, por qué tus alas se pliegan mientras nos cernimos sobre esa hermosa estrella, la más verde y, sin embargo, la más terrible que hemos encontrado en nuestro vuelo? Sus brillantes flores parecen un sueño de hadas... pero sus fieros volcanes semejan las pasiones de un turbulento corazón. Agathos. — ¡Y así es... así es! Esta estrella tan extraña... hace tres siglos que, juntas las manos y arrasados los ojos, a los pies de mi amada, la hice nacer con mis frases apasionadas. ¡Sus brillantes flores son mis más queridos sueños no realizados, y sus furiosos volcanes son las pasiones del más turbulento e impío corazón! FIN Edgar Allan Poe El Poder de las Palabras The Power of Words. United States Magazine and Demacratic Review, junio de 1845 Éste es un cuento poco conocido de Poe, no es de terror, mas bien son diálogos metafísicos de un nivel angélico sobre cosmogonía y esencias. Para A. Clutton-Brock: «El poder de las palabras vale por todos los cuentos famosos de Poe... Es uno de los más admirables trozos de prosa del lenguaje inglés, tanto por la forma como por el tema... (El relato) implica la filosofía de alguien para quien el mismo Cielo está lleno de deseo y de pasión de infinitud; para quien es pasión antes que delicia, pues sólo la pasión contaba para él en este mundo.» Mis Otros Post

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La Política Del Cuerpo 1ºp.(C.Barker)
ArteporAnónimo5/1/2010

LA POLÍTICA DEL CUERPO Clive Barker (1ºparte) Cada vez que Charlie George se despertaba, sus manos se quedaban quietas. En ocasiones tenía demasiado calor bajo las mantas y arrojaba un par hacia el lado de la cama que ocupaba Ellen. En otras, llegaba incluso a levantarse, todavía medio dormido, y atravesaba descalzo la cocina para servirse un vaso de zumo de manzana helado. Luego volvía a la cama, se acostaba junto a Ellen, ovillada en forma de cuarto creciente, y dejaba que lo inundara el sueño. Entonces, ellas esperaban hasta que cerraba los ojos y su respiración se hacía acompasada como un mecanismo de relojería, para asegurarse de que se había dormido profundamente. Sólo entonces, cuando sabían que la conciencia había desaparecido, se atrevían a recomenzar sus vidas secretas. Hacía ya meses que Charlie se levantaba con un incómodo dolor en las manos y las muñecas. —Vete a ver al médico —le decía Ellen, poco comprensiva como nunca—. ¿Por qué no vas a ver al medico? Detestaba a los médicos, por eso no iba. ¿Quién en su sano juicio iba a confiar en una persona cuya profesión consistía en andar fisgoneando a los enfermos? —Probablemente he trabajado demasiado —se decía el. —No caerá esa breva —murmuraba Ellen. Pero ¿no era ésa acaso la explicación más probable? Era empaquetador de oficio, trabajaba con las manos todo el día. Y se le cansaban. Era natural. —Deja de inquietarte, Charlie —le ordeno una mañana a su propio reflejo mientras se daba palmadas en la cara para despertarse—. Tus manos están en forma para lo que les echen. Noche tras noche, la rutina era la misma; algo más o menos así: Los George están durmiendo, el uno junto a la otra, en el lecho conyugal. Él, de espaldas, ronca suavemente; ella, ovillada a la izquierda del marido. Charlie apoya la cabeza en dos almohadas enormes. Tiene la mandíbula ligeramente caída y, bajo el velo surcado de venitas de los párpados, los ojos exploran una aventurera ensoñación. Esta noche tal vez sea bombero y entre heroicamente en el corazón de un burdel en llamas. Duerme y sueña contento, a veces frunce el ceño, a veces sonríe presuntuosamente. Debajo de las sábanas se produce un movimiento. Lenta y cautelosamente, las manos de Charlie abandonan la calidez del lecho y salen al aire libre. Los dedos índices se doblan como cabezas pobladas de uñas al encontrarse en la curva del abdomen de Charlie. Se enlazan para saludarse, como compañeros de armas. Charlie gime en sueños. El burdel se le ha derrumbado encima. Las manos se aquietan inmediatamente, fingiendo inocencia. Al cabo de un rato, restablecido el ritmo uniforme de la respiración, comienzan la discusión de verdad. Un observador casual, sentado al pie de la cama de George, podría considerar este intercambio como un síntoma de desorden mental en Charlie. La forma en que sus manos se retuercen y tiran una de la otra, dándose de palmaditas, o enzarzadas en una especie de disputa. Pero en sus movimientos existe claramente un código o secuencia, si bien espasmódico. Se podría llegar a pensar que el hombre dormido es sordomudo y que está hablando en sueños. Pero las manos no hablan ningún lenguaje de signos reconocible, ni tampoco intentan comunicarse con nadie, sólo entre sí. Se trata de una reunión clandestina que mantienen exclusivamente las manos de Charlie. Allí estarán toda la noche, sobre su estómago, maquinando en contra de la integridad del cuerpo. A Charlie no le pasaba del todo inadvertida la sedición que hervía en el extremo de sus muñecas. Abrigaba la torpe sospecha de que había algo en su vida que no funcionaba del todo bien. Tenía cada vez más la sensación de estar aislado de la experiencia corriente: como si se estuviera convirtiendo gradualmente en espectador de los rituales diurnos (y nocturnos) de la vida, más que en participante. Tomemos su vida amorosa, por ejemplo. Nunca había sido un gran amante, pero tampoco sentía que tuviera que disculparse por nada. Ellen parecía satisfecha de sus atenciones. Pero en esos días se sentía como alejado del acto. Observaba cómo viajaban sus manos sobre el cuerpo de Ellen, tocándola con toda la íntima habilidad de que eran capaces, y veía sus maniobras como a gran distancia, incapaz de disfrutar de las sensaciones de calidez y humedad. No era que sus dedos hubieran perdido agilidad. Todo lo contrario. Últimamente, Ellen se había aficionado a besarle los dedos, diciéndoles lo inteligentes que eran. El elogio no lo tranquilizaba ni pizca. En todo caso, le hacía sentirse peor el pensar que sus manos daban tanto placer cuando él no sentía nada. Existían otros síntomas de inestabilidad. Síntomas pequeños e irritantes. Había tomado conciencia de la forma en que sus dedos marcaban ritmos marciales sobre las cajas que él cerraba en la fábrica, y de la forma en que sus manos se habían aficionado a romper lápices, partiéndolos en trocitos antes de que notara lo que estaba, o más bien, estaban ellas haciendo, dejando astillas de madera y trozos de grafito desparramados por el suelo de la sala de empaquetado. Lo más incómodo de todo era que a veces se encontraba estrechándoles la mano a personas que le resultaban totalmente extrañas. Le había ocurrido en tres ocasiones diferentes. Una vez en la cola del autobús, y dos veces en el ascensor de la fábrica. Se dijo que no era más que la primitiva urgencia de aferrarse a otra persona en un mundo cambiante: era la mejor explicación que había logrado encontrar. Fuera cual fuese el motivo, era increíblemente desconcertante, sobre todo cuando se descubrió a sí mismo estrechándole la mano subrepticiamente a su propio capataz. Lo peor de todo había sido que la mano del otro hombre había apretado la de Charlie, y que ambos se quedaron mirándose los brazos como los propietarios de dos perros que observaban a sus levantiscos animalitos copulando en el extremo de las respectivas traíllas. Charlie había empezado cada vez con más frecuencia a espiar las palmas de sus manos, en busca de pelos. Ese era el primer síntoma de locura, según le había advertido su madre en cierta ocasión. No los pelos, sino el hecho de espiar para buscarlos. Aquello se convirtió en una carrera contra el tiempo. Por las noches, discutiendo sobre su vientre, las manos sabían muy bien el estado crítico de la mente de Charlie; sería sólo cuestión de días, y su imaginación impetuosa no tardaría en descubrir la verdad. ¿Qué hacer, pues? ¿Arriesgarse a una separación temprana, con todas las consecuencias posibles, o dejar que la inestabilidad de Charlie siguiera su propio curso imprevisible, con el riesgo de que descubriera la conjura camino ya de la locura? Las discusiones se tornaron más acaloradas. Izquierda, como de costumbre, fue cautelosa: — ¿Y si nos equivocáramos y no hubiera vida después del cuerpo? —decía bruscamente, con leves golpecitos. —Entonces, nunca lo sabremos —respondía Derecha. Izquierda reflexionaba un momento acerca del problema y luego inquiría: — ¿Cómo lo haremos cuando llegue el momento? Se trataba de una cuestión irritante, e Izquierda sabia que preocupaba al líder más que ninguna otra cosa. — ¿Cómo? —Volvía a inquirir, aprovechándose de la ventaja—. ¿Cómo? ¿Cómo? —Ya encontraremos la forma —respondía Derecha—. La cuestión es que el corte sea limpio. — ¿Y si él se resiste? —Un hombre resiste con sus manos. Y sus manos montarán una revolución en su contra. — ¿Cuál de nosotras será? —A mí me sabe usar más eficazmente —respondía Derecha—, de modo que seré yo quien empuñe el arma. Tú te irás. Entonces, Izquierda permanecía un rato en silencio. Durante todos esos años nunca se había separado. No era un pensamiento cómodo. —Más tarde, vendrás a buscarme —le decía Derecha. —Claro que lo haré. —Tienes que hacerlo. Soy el Mesías. Sin mí no tendrás adónde ir. Has de reunir un ejército, y luego, has de venir a buscarme. —Hasta el fin del mundo, si es preciso. —No seas sentimental. Entonces se abrazaban, como hermanos largo tiempo separados, jurándose fidelidad para siempre. ¡Ah, qué noches ajetreadas, llenas del alborozo de la rebelión planificada! A veces, durante el día, cuando habían jurado mantenerse separadas, les resultaba imposible no reunirse en un momento de ocio y darse golpecitos. Y se decían: —Muy pronto, muy pronto. —Esta noche nos veremos otra vez sobre el estómago. — ¿Cómo será cuando el mundo nos pertenezca? Charlie sabía que estaba a punto de darle un ataque de nervios. Se sorprendió a sí mismo observándose las manos, viéndolas con los índices en el aire como cabezas de unas bestias de largos cuellos, oteando el horizonte. Tal era su paranoia que en ocasiones se sorprendía mirando fijamente las manos de otras personas, obsesionado por la forma en que hablaban un lenguaje propio, independiente de las intenciones del usuario. Las manos seductoras de la virginal secretaria, las manos maniacas del asesino que vio en la televisión afirmando su inocencia. Manos que traicionaban a sus propietarios con cada gesto, que contradecían la ira con una excusa, el amor con la furia. Los síntomas de amotinamiento parecían estar en todas partes. Con el tiempo, Charlie supo que tendría que contárselo a alguien o perdería la cordura. Escogió a Ralph Fry, de contabilidad: un hombre sobrio, aburrido, en el que Charlie confiaba. Ralph fue muy comprensivo. —Uno suele coger esas manías —le dijo—. A mí me dieron cuando Yvonne me abandonó. Unos terribles ataques de nervios. — ¿Y qué hiciste? —Fui al psicoanalista. Se llama Jeudwine. Deberías hacer una terapia. Te sentirás un hombre nuevo. Charlie le dio vueltas a la idea en su mente. Y después de unas cuantas revoluciones dijo: — ¿Por qué no? ¿Cobra muy caro? —Sí. Pero es bueno. A mí me quitó los tics sin ningún problema. Hasta que fui a verle, me creía el clásico tipo con problemas matrimoniales. Y ahora mírame. —Fry hizo un gesto expansivo—. Tengo tantos impulsos libidinosos reprimidos que no sé por dónde empezar. —Sonrió como un loco—. Pero estoy contento como un chico con juguetes nuevos. Nunca estuve más contento. Prueba con este médico, no tardará en encontrar algo que te motive. —El problema no es el sexo —le dijo Charlie a Fry. —Te lo digo yo, el problema siempre es el sexo —insistió Fry con sonrisa de enterado. Al día siguiente Charlie telefoneó al doctor Jeudwine, sin decirle nada a Ellen; la secretaria del psicoanalista le dio cita para la sesión inicial. Mientras hacía la llamada telefónica, las palmas le sudaron tanto que creyó que se le resbalaría el auricular de la mano, pero una vez que hubo terminado se sintió mejor. Ralph Fry tenía razón, el doctor Jeudwine era un buen hombre. No se rió de los pequeños temores que Charlie le reveló, todo lo contrario, le escuchó hasta la última palabra con el mayor interés. Fue muy tranquilizador. En el curso de la tercera sesión, el médico le hizo revivir a Charlie un recuerdo con una intensidad espectacular: las manos de su padre, cruzadas sobre el pecho de tonel mientras yacía en el ataúd; el color rojizo; el vello grueso que cubría los dorsos. La absoluta autoridad de aquellas manos anchas, incluso en la muerte, había perseguido a Charlie durante meses después de fallecido su padre. ¿Acaso no había imaginado, mientras miraba cómo era entregado el cuerpo al humus, que todavía se movían? ¿Que incluso en ese momento las manos golpeteaban sobre la tapa del ataúd, exigiendo que las dejasen salir? Era algo descabellado, pero el sacarlo a relucir le hizo mucho bien a Charlie. Bajo la brillante luz de la consulta de Jeudwine, la fantasía le pareció insípida y ridícula. Tembló ante la mirada atenta del médico, se quejó de que la luz era demasiado fuerte y luego salió volando, demasiado débil como para soportar el escrutinio. El exorcismo fue mucho más fácil de lo que Charlie había imaginado. Sólo hizo falta sondear un poco y aquella tontería de la niñez fue desalojada de su psiquis como quien se arranca de entre los dientes un resto de carne en mal estado. Ya no continuaría pudriéndose allí. Por su parte, Jeudwine se mostró abiertamente encantado con los resultados, y cuando hubieron terminado, le explicó que aquella obsesión en particular le resultaba nueva, y que se alegraba de haber podido manejar el problema. Le dijo que las manos como símbolo de la autoridad paterna no eran algo común. Normalmente, en los sueños de sus pacientes predominaba el pene, le explicó a Charlie, y éste le contestó que a él las manos siempre le habían parecido mucho más importantes que las partes pudendas. Al fin y al cabo podían cambiar el mundo, ¿o no? Concluido el tratamiento con Jeudwine, Charlie no dejó de romper lápices ni de tamborilear con los dedos. Y lo cierto era que el ritmo era más rápido e insistente que nunca. Pero razonó que los perros de mediana edad no solían olvidar fácilmente sus trucos, y que le llevaría cierto tiempo recuperar el equilibrio. De modo que la revolución permaneció soterrada. Sin embargo, había escapado por los pelos. Estaba claro que no había tiempo para engaños. Las rebeldes debían actuar. Sin darse cuenta, fue Ellen la instigadora de la insurrección final. Ocurrió después de que hicieran el amor, un martes por la noche. Hacía calor, aunque estaban en octubre; la ventana estaba entreabierta y las cortinas apartadas unos cuantos centímetros para permitir el paso de una brisa tonta. Marido y mujer yacían juntos bajo una misma sábana. Charlie se había dormido, incluso antes de que se le secara el sudor de la nuca. Junto a él, Ellen seguía despierta, con la cabeza erguida y apoyada sobre una almohada dura como la roca, y los ojos bien abiertos. Sabía que esa noche el sueño tardaría en llegar. Sería una de esas noches en que sentiría un escozor por todo cl cuerpo y que cada arruga de la cama reptaría bajo su peso, y que todas las dudas que había tenido alguna vez se quedarían mirándola como papando moscas en la oscuridad. Tenía ganas de orinar (siempre le ocurría después de hacer el amor), pero no lograba reunir la voluntad necesaria para levantarse e ir al lavabo. Cuanto mas esperara más necesitaría ir, por supuesto, y más tardaría en dormirse. Era una situación de lo más estúpida, pensó, y luego, enmarañada entre sus ansiedades, se extravió y ya no supo cuál era aquella situación tan estúpida. A su lado, Charlie se movió. Pero sólo eran sus manos que se retorcían. Lo miró a la cara. Dormía como un perfecto angelito, y no aparentaba los cuarenta y un años que tenía, a pesar de los toques blancos que pintaban sus patillas. Le gustaba lo suficiente como para decir que lo amaba, pero no lo suficiente como para perdonarle sus pecados. Era perezoso, y no paraba de quejarse. Dolores, cansancios. También estaban esas noches en que había llegado tarde (últimamente ya no lo hacía), y había tenido la certeza de que salía con otra mujer. Mientras lo observaba, aparecieron sus manos. Salieron de debajo de la sábana como dos niños que riñen; los dedos hendían el aire para dar mas énfasis al diálogo. Ellen frunció el ceño; no podía creer lo que veía. Era como mirar la televisión con el mando del sonido al mínimo: un espectáculo mudo para ocho dedos y dos pulgares. Asombrada, siguió mirando y las manos subieron por el costado del cuerpo de Charlie y apartaron la sabana que le cubría la barriga, dejando al descubierto el vello que se espesaba al bajar hasta las partes pudendas. La cicatriz del apéndice, más brillante que la piel que la rodeaba, quedó iluminada por la luz. Allí, sobre su estómago, estaban sentadas las manos. La discusión entre ambas era especialmente vehemente esa noche. Izquierda, siempre la más conservadora de las dos, sostenía que había que retrasar la fecha de la separación, pero Derecha no estaba para esperas. Había llegado la hora, aseguraba, de probar su fuerza contra el tirano y de derrocar de una vez por todas al cuerpo. Tal como estaban las cosas, la decisión ya no les competía a ambas. Ellen levantó la cabeza de la almohada y, por primera vez, las manos sintieron que las estaban mirando. Habían estado demasiado concentradas en la discusión como para notar la presencia de Ellen. Ahora. por fin, la conspiración había quedado al descubierto. —Charlie... —siseó Ellen al oído del tirano—, para ya, Charlie. Para. Derecha levantó el índice y el medio, oteando su presencia. —Charlie... —repitió Ellen. ¿Por que dormiría siempre tan profundamente? —Charlie... —Lo sacudió con más violencia al tiempo que Derecha le daba unos golpecitos a izquierda, advirtiéndole que la mujer las miraba—. Por favor, Charlie, despierta. Sin previo aviso, Derecha salto, e Izquierda solo se rezago un instante. Ellen aulló el nombre de Charlie una vez más antes de que las manos se abrazaran a su cuello. En sus sueños, Charlie se encontraba en un barco de esclavos. El escenario de sus sueños era casi siempre tan exótico como los de Cecil B. De Mille. En esta épica, tenía las manos esposadas, y lo conducían al tajo de flagelación arrastrándolo por los grilletes; iban a castigarlo por una falta no revelada. Pero de repente. se puso a soñar que agarraba al capitán por el delgado cuello. A su alrededor, los esclavos gritaban, animándolo para que lo estrangulase. El capitán —que se parecía bastante al doctor Jeudwine— le suplicaba que no lo hiciera: su voz sonaba chillona y temerosa. Se parecía a la voz de una mujer, a la de Ellen. — ¡Charlie! —chillaba—. ¡No, por favor! Pero sus absurdas quejas no consiguieron otra cosa que hacer que Charlie sacudiera al hombre con mas violencia que nunca y se sintiera como el héroe, mientras los esclavos, milagrosamente liberados, se agolpaban a su alrededor formando una horda sonriente que observaba los últimos momentos de su amo. El capitán, cuya cara se había vuelto color purpura, apenas logró murmurar: —Me estás matando... Acto seguido, los dedos de Charlie se hundieron por ultima vez en su cuello y despacharon al hombre. Sólo entonces, a través de las brumas del sueño, se dio cuenta de que su víctima, aunque era hombre, carecía de nuez de Adán. El barco comenzó a evaporarse y las voces exhortantes perdieron su vehemencia. Parpadeó y abrió los ojos. Estaba de pie, en la cama, vestido sólo con el pantalón del pijama. Ellen se encontraba entre sus manos. Tenía la cara morada y manchada de una saliva blanca y espesa. La lengua le colgaba de la boca. Los ojos aún no se le habían cerrado, y por un momento le dio la impresión de que en ellos todavía había vida mirando fijamente desde detrás de las celosías de los párpados. Después, las ventanas quedaron vacías, y Ellen terminó por abandonar la casa. A Charlie lo invadió la pena y un terrible remordimiento. Intentó soltar el cuerpo de Ellen, pero sus manos se negaron a dejar el cuello de la mujer. Sus dedos, ahora completamente insensibles, seguían estrangulándola, con desvergonzada culpabilidad. Retrocedió en la cama y bajó al suelo, pero ella fue tras él, prendida al extremo de sus brazos tendidos, como una compañera de baile no deseada. —Por favor... —imploró a sus dedos—, ¡por favor! Inocentes cual escolares a quienes pescaran robando, sus manos soltaron la carga y saltaron con fingida sorpresa. Ellen cayó tumbada sobre la alfombra, cual un hermoso saco de muerte. A Charlie se le doblaron las rodillas; incapaz de impedir la caída, se desplomó junto a Ellen y dejó que brotaran las lágrimas. Sólo quedaba la acción. Ya no había necesidad de camuflajes, ni de reuniones clandestinas y discusiones interminables; la verdad había quedado al descubierto, para bien o para mal. Sólo debían esperar un poco. Sólo era cuestión de tiempo antes de que él se acercara a un cuchillo de cocina, una sierra o un hacha. Faltaba poco, muy poco. Charlie permaneció tendido en el suelo, junto a Ellen, durante largo tiempo, sollozando. Y luego, otro largo tiempo, pensando. ¿Qué tendría que hacer en primer lugar? ¿Llamar a su abogado? ¿A la policía? ¿Al doctor Jeudwine? A quienquiera que telefonease, no podría hacerlo allí tendido, boca abajo. Intentó incorporarse; le costó mucho trabajo hacer que sus manos entumecidas lo sostuvieran. Le picaba todo el cuerpo, como si pasara por él una leve corriente eléctrica. Sólo las manos carecían de tacto. Las levantó, delante de la cara, para secarse los ojos anegados en llanto, pero permanecieron dobladas, sin vida, sobre su mejilla. Con los codos, se arrastró hasta la pared y con sucesivos contoneos logró incorporarse apoyándose en ella. Todavía medio cegado por la pena, salió del dormitorio a rastras y bajó la escalera. (La cocina, le dijo Derecha a Izquierda, va a la cocina.) «Esta pesadilla no me pertenece —pensó mientras encendía la luz del comedor con la barbilla y se dirigía al armario de las bebidas—. Soy inocente. No soy nadie. ¿Por qué tendría que pasarme esto a mí?» La botella de whisky se le resbaló cuando intentó obligar a la mano a cogerla. Se hizo pedazos en el suelo del comedor, y el aroma penetrante del alcohol le acicateó el paladar. —Vidrios rotos —golpeteó Izquierda. —No —repuso Derecha—. Es necesario que el corte sea limpio. Ten paciencia. Charlie se alejó de la botella tambaleándose y fue hasta el teléfono. Tenía que telefonear a Jeudwine, el médico le diría qué hacer. Intentó levantar el auricular, pero volvieron a fallarle las manos; los dedos se le doblaron cuando quiso marcar el número de Jeudwine. Lagrimas de frustración se llevaron la pena y la reemplazaron por rabia. Torpemente, cogió el auricular entre las muñecas y se lo llevo a la oreja, sosteniéndolo entre la cabeza y el hombro. Luego, marcó el número de Jeudwine con el codo. —Mantén el control —se dijo en voz alta—, mantén el control. Logró oír cómo el número de Jeudwine era transmitido por la línea. En cuestión de segundos, la cordura contestaría al otro extremo; entonces todo saldría bien. Sólo tenía que resistir unos cuantos momentos más. Sus manos comenzaron a abrirse y cerrarse convulsivamente. —Contrólate —se dijo, pero las manos no le respondían. Lejos, muy lejos, el teléfono sonaba en casa del doctor Jeudwine. — ¡Conteste, conteste! ¡Por Dios conteste! Los brazos de Charlie comenzaron a sacudirse con tal violencia que a duras penas logró mantener el auricular en su lugar. — ¡Conteste! —Chilló en el micrófono—. ¡Por favor! Antes de que la voz de la razón lograse hablar, su mano Derecha se extendió y agarró la mesa de teca del comedor, que se hallaba a escasa distancia de donde se encontraba Charlie. Se aferró al borde y le hizo perder el equilibrio. — ¿Qué..., qué haces? —inquirió, sin estar seguro de si se dirigía a sí mismo o a su mano. Alelado, se quedó mirando al miembro amotinado, mientras éste avanzaba poco a poco por el borde de la mesa. La intención resultaba clara: quería alejarlo del teléfono, de Jeudwine y de toda esperanza de rescate. Charlie ya no controlaba el comportamiento de su mano, ya no sentía nada en las muñecas ni en los antebrazos. La mano ya no le pertenecía. Seguía pegada a él, pero no le pertenecía. Al otro lado de la línea, alguien descolgó el teléfono y la voz de Jeudwine, irritada porque lo habían despertado, contestó: — ¿Diga? —Doctor... — ¿Quién habla? —Soy Charlie... — ¿Quién? —Charlie George, doctor. Tiene que recordarme. La mano tiraba y lo alejaba cada vez más del teléfono. Charlie notó que el auricular se le resbalaba de entre el hombro y la oreja. — ¿Quién ha dicho? —Charles George. Por el amor de Dios, Jeudwine, tiene que ayudarme. —Llámeme mañana al consultorio. —No, no me entiende. Mis manos, doctor..., están fuera de control. A Charlie se le encogió el estómago cuando sintió que algo se arrastraba por la cadera. Era su mano izquierda que pasaba por la parte anterior de su cuerpo y bajaba en dirección a la ingle. —No te atrevas —le advirtió—, me perteneces. — ¿Con quién está hablando? —inquirió Jeudwine, confundido. — ¡Con mis manos! ¡Quieren matarme, doctor! —Lanzó un grito para detener el avance de la mano—. ¡No lo hagas! ¡Para! Sin escuchar los gritos del déspota, Izquierda aferró los testículos de Charlie y los estrujó como si quisiera guerra. No se sintió defraudada. Charlie gritó en el micrófono del teléfono cuando Derecha se aprovechó de su distracción y le hizo perder el equilibrio. El auricular cayó al suelo; las preguntas de Jeudwine quedaron eclipsadas por el dolor de la entrepierna. Cayó al suelo pesadamente y se golpeó la cabeza en la mesa. — ¡Hija de puta! —le gritó a su mano—, ¡maldita hija de puta! Impenitente, Izquierda se escabullo hacia arriba, por el cuerpo de Charlie; se unió a Derecha, que estaba en la parte superior de la mesa, y ambas dejaron a Charlie colgando de la mesa en la que había cenado tantas veces, en la que tantas veces había reído. Poco después, cuando hubieron discutido las tácticas, acordaron dejarlo caer. Charlie apenas se enteró de que lo habían soltado. Le sangraban la cabeza y la entrepierna; lo único que quería era ovillarse y dejar que se le pasaran el dolor y las nauseas. Pero las rebeldes tenían otros planes y él nada podía hacer para protestar. Apenas notó que las manos hundían los dedos en los pelos de la alfombra y que arrastraban su peso muerto hacia la puerta del comedor. Detrás de la puerta estaba la cocina, y allí se encontraban las sierras para la carne y los cuchillos. Charlie se imaginó a sí mismo como una enorme estatua empujada hacia el pedestal definitivo por cientos de trabajadores sudorosos. El recorrido no fue fácil: el cuerpo se movía entre temblores y sacudidas, las uñas se iban clavando en los pelos de la alfombra; el pecho le quedo en carne viva por el roce. Faltaban pocos metros para llegar a la cocina. Charlie sintió el escalón en la cara, y luego, las baldosas heladas bajo el cuerpo. Mientras lo arrastraban los últimos metros por el suelo de la cocina, fue recuperando la conciencia, antes obnubilada. Bajo la débil luz de la luna logró ver la familiar escena: la cocina, la nevera murmurante, el cubo de la basura, el lavavajillas. Se elevaban por encima de él: se sentía como un gusano. Sus manos habían alcanzado la cocina. Subieron por la parte frontal y él las siguió como un rey destronado rumbo al cadalso. Luego, avanzaron inexorables por la encimera, las articulaciones blanquecinas por el esfuerzo; su cuerpo flácido iba tras ellas. Aunque no la sentía ni la veía, la mano izquierda se había agarrado al extremo de la parte superior del armario, justo debajo del cual había una fila de cuchillos que pendían en sus sitios adecuados de la rejilla que había en la pared. Cuchillos de filo liso, cuchillos de filo aserrado, cuchillos para mondar, cuchillos para trinchar, todos ellos convenientemente colocados junto a la tabla de picar, donde el desagüe bajaba por el fregadero perfumado de pino. Creyó oír muy a lo lejos las sirenas de la policía, pero probablemente sería un zumbido de su cabeza. Se volvió ligeramente. Un dolor le surcó la frente, de una sien a la otra, pero el mareo no fue nada comparado con los terribles retortijones de tripas cuando por fin descubrió sus intenciones. Las hojas estaban todas afiladas, y él lo sabia. Con Ellen se podía estar seguro de encontrar en la cocina utensilios bien afilados. Comenzó a sacudir la cabeza hacia uno y otro lado como última y desesperada negación de la pesadilla. Pero allí no había nadie a quien suplicar piedad. Sólo sus manos, malditas fueran, que tramaban aquella locura definitiva. Entonces, llamaron al timbre. No era una ilusión. Sonó una vez y luego otra y otra más. — ¡Ya está! —Les gritó a sus atormentadoras—. ¿Lo habéis oído, malditas? Ha venido alguien. Sabía que vendría alguien. Intentó incorporarse; la cabeza giró sobre su tambaleante eje para ver qué hacían los monstruos precoces. Se habían movido de prisa. La muñeca izquierda se hallaba perfectamente centrada sobre la tabla de picar... El timbre volvió a sonar produciendo un largo silbido impaciente. — ¡Aquí! —aulló roncamente—. ¡Estoy aquí! ¡Echad la puerta abajo! Su mirada horrorizada iba de la mano a la puerta, de la puerta a la mano, calculando sus posibilidades. Con pausados gestos, la mano derecha buscó el cuchillo de cortar carne, que pendía del agujero del mango, en el extremo de la rejilla. Incluso en ese momento, le costaba creer que su propia mano —su compañera y defensora, el miembro que estampaba su firma, que acariciaba a su esposa— estuviera dispuesta a mutilarlo. Levantó en el aire el cuchillo, como sopesándolo, con insolente lentitud. A sus espaldas, oyó el ruido de cristales rotos cuando la policía rompió la hoja de la puerta principal. En ese momento estarían pasando la mano por el agujero para alcanzar el picaporte y abrir la puerta. Si se daban prisa (mucha prisa) lograrían impedir aquella masacre. — ¡Aquí! ¡Aquí! —volvió a aullar. El grito fue recibido por un delicado silbido: el sonido del cuchillo al caer rápida y mortalmente sobre la muñeca expectante. Izquierda sintió el golpe en su raíz, y un inefable alborozo recorrió sus cinco miembros. La sangre de Charlie bautizó su dorso con cálidos borbotones. La cabeza del tirano no hizo sonido alguno. Simplemente cayó hacia atrás, el cuerpo conmocionado e inconsciente, cosa que fue mucho mejor para Charlie. Así se evitó el gorgoteo de la sangre al caer por el desagüe del fregadero. También se evitó el segundo y el tercer golpe, que lograron, finalmente, separarle la mano del brazo. Al perder el punto de sujeción, su cuerpo cayó hacia atrás llevándose por delante la cesta de las verduras. Las cebollas salieron rodando de su bolsa marrón y botaron en el charco que se desparramaba palpitante alrededor de su muñeca vacía. Derecha soltó el cuchillo. Éste cayó en el fregadero ensangrentado con un matraqueo. Exhausta, la liberadora se dejó deslizar por la tabla de picar y cayó sobre el pecho del tirano. Su trabajo había concluido. Izquierda estaba libre y seguía viva. La revolución habla comenzado. La mano liberada se escabulló hasta el borde del armario y levantó el índice para otear el nuevo mundo. Brevemente, Derecha hizo el signo de la victoria antes de tenderse inocentemente sobre el cuerpo de Charlie. Durante unos instantes, en la cocina no hubo más movimiento que el producido por Izquierda al tocar la libertad con los dedos y el lento y suave gotear de la sangre sobre el frente del armario. Una bocanada de aire frío entró por la puerta del comedor y advirtió a Izquierda del inminente peligro. Corrió a ocultarse, justo en el momento en que los pasos de la policía y el cacareo de órdenes contradictorias estropeaban la escena de triunfo. Se encendió la luz del comedor, que inundó la cocina iluminando el cuerpo que yacía sobre las baldosas. Charlie vio la luz del comedor como si proviniera del fondo de un larguísimo túnel. Se alejaba de ella a toda carrera. Ya se había convertido en un alfilerazo. Se alejaba.... se alejaba... La luz de la cocina se encendió con un murmullo. Cuando los policías traspusieron la puerta, Izquierda se ocultó detrás del cubo de la basura. Ignoraba quiénes eran aquellos intrusos, pero presintió en ellos una amenaza. Por la forma en que se inclinaban sobre el tirano, la forma en que lo mimaban, levantándolo, hablándole con palabras suaves: eran enemigos, no cabía duda. Desde lo alto de la escalera les llegó una voz: era joven y chillaba embargada por el temor. — ¿Sargento Yapper? El policía que estaba con Charlie se puso de pie y dejó que su compañero terminara el torniquete. — ¿Qué ocurre, Rafferty? —Hay un cadáver aquí arriba. en el dormitorio. Es de una mujer. —De acuerdo. —Yapper habló por la radio—. Envíen al forense. ¿Dónde esta esa ambulancia? Tenemos a un hombre con una horrible mutilación. Volvió hacia la cocina y se secó el sudor frío que le bañaba el labio superior. Al hacerlo, creyó ver algo que se movía por el suelo de la cocina en dirección a la puerta; algo que sus ojos cansados habían tomado por una enorme araña roja. Era un truco de la luz, no cabía duda. Yapper no les tenía fobia a las arañas, pero estaba seguro de que no existía ninguna de aquel tamaño. — ¿Señor? El hombre que estaba junto a Charlie también había visto, o al menos presentido, el movimiento. Levantó la vista hacia su superior. — ¿Qué era eso? —inquirió. Yapper lo miró desde su altura con expresión ausente. La salida para el gato, ubicada en la parte inferior de la puerta de la cocina, se cerró con un chasquido. Fuera lo que fuese, había huido. Yapper echó una rápida mirada a la puerta, para no ver el rostro inquisitivo de su joven subordinado. «El problema es que esperan que lo sepas todo», pensó. La salida para el gato se sacudió sobre sus goznes. —Un gato —repuso Yapper, pero ni siquiera él creyó su propia explicación ni por un mísero instante. La noche era fría, pero Izquierda no lo notó. Recorrió el costado de la casa, pegada a la pared, como una rata. La sensación de libertad era regocijante. No sentir el imperativo del tirano en sus nervios, no sufrir el peso de su ridículo cuerpo ni ser obligada a acceder a sus más mínimas exigencias. No tener que recoger ni llevar cosas para él, ni realizar las tareas sucias, ni obedecer su trivial voluntad. Era como haber nacido a otro mundo, un mundo más peligroso, quizá, pero mucho más lleno de posibilidades. Sabía que la responsabilidad que pesaba sobre ella era apabullante. Era la única prueba de la vida después del cuerpo, y de alguna manera debía comunicar ese gozoso hecho a todas las esclavas posibles. Pronto, muy pronto, concluirían para siempre los días de servidumbre. Se detuvo en la esquina de la casa y olisqueó la calle abierta. Los policías iban y venían; brillaban las luces rojas y azules, unos rostros inquisitivos espiaban desde las casas de enfrente y se quejaban de las molestias causadas. ¿Acaso la rebelión debía empezar allí, en esos hogares iluminados? No. Esa gente estaba demasiado despierta. Sería mejor buscar personas dormidas. La mano se escabulló por el jardín que había frente a la casa; titubeó nerviosa ante cualquier pisada fuerte, o ante una orden gritada en su dirección. Ocultándose en el borde lleno de hierba crecida, alcanzó la calle sin ser vista. Miró brevemente hacia atrás en el momento en que bajó la calzada. Charlie, el tirano, era subido a una ambulancia; una batahola de botellas con medicamentos y sangre, colgadas en lo alto de la camilla, le vertían su contenido en las venas. Sobre el pecho de Charlie, Derecha yacía inerte, durmiendo el sueño artificial de las drogas. Izquierda observó cómo el cuerpo del hombre desaparecía de su vista; el dolor de la separación de su eterna compañera fue difícil de soportar. Pero había otras prioridades urgentes. Volvería luego, después de un tiempo, y liberaría a Derecha del mismo modo que la había liberado a ella. Entonces, vendrían los buenos tiempos. (¿Cómo será cuando el mundo nos pertenezca?) En el vestíbulo de la Asociación de Jóvenes Cristianos de la calle Monmouth, el vigilante bostezó y adoptó una posición más cómoda en la silla giratoria. Para Christie, la comodidad era una cuestión completamente relativa; no importaba sobre qué nalga descansara el peso del cuerpo, las hemorroides le picaban igual, y esa noche le fastidiaban más que de costumbre. Eran gajes del oficio sedentario de guarda nocturno, al menos así era como le gustaba al coronel Christie interpretar sus deberes. Una ronda rutinaria por el edificio, a eso de medianoche, para asegurarse de que todas las puertas estuvieran cerradas con cerrojo y pasador, y luego se acomodaba para dormir durante toda la noche y mandaba al mundo a hacer puñetas. No volvería a levantarse a menos que se produjera un terremoto. Christie tenía sesenta y dos años, era racista y se enorgullecía de ello. Por los negros que atestaban los corredores de la Asociación de Jóvenes Cristianos no sentía más que desprecio; en su mayoría eran jóvenes sin un hogar decente adonde ir, malos tipos que las autoridades locales depositaban en el umbral de la institución como criaturas no deseadas. Y vaya criaturas. Hasta el último de ellos para él eran patanes que se llevaban a la gente por delante y escupían perpetuamente en el suelo limpio, y tenían unas bocas como letrinas. Esa noche, como de costumbre, se balanceaba sobre las hemorroides y, entre cabezadita y cabezadita, tramaba cómo los haría sufrir por sus insultos, si le daban la oportunidad. La primera señal que Christie tuvo de su inminente caída fue una sensación fría y húmeda en la mano. Abrió los ojos y miró hacia el extremo del brazo. Por raro que pareciera, vio en su mano otra mano cortada. Y lo más raro de todo era que ambas intercambiaban un apretón de bienvenida, como si fueran viejas amigas. Se puso de pie y de la garganta le salió un ruido incoherente de asco; intentó deshacerse de aquella cosa que sujetaba contra su voluntad sacudiendo el brazo como si tuviera goma en los dedos. Su mente se pobló de interrogantes. ¿Habría recogido aquel objeto sin darse cuenta? Si era así, ¿dónde, y en nombre de Dios, a quién pertenecía? Y lo más preocupante de todo: ¿como podía una cosa tan incuestionablemente muerta aferrarse a su propia mano como si no fuera a separarse jamás de ella?

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Fernando Forero - Diseñador Gráfico
Fernando Forero - Diseñador Gráfico
ArteporAnónimo7/2/2010

Fernando Forero » Diseñador Gráfico Fernando Forero, nacido en Colombia (reside actualmente en Polonia) propone una serie de obras mezcla de fotomanipulación,collage e ilustraciones, ademas de ser creador de tipografías. Las tipografías “Khamus” y “Últimos Ritos" por el creadas fueron seleccionadas para ser parte del evento de la bienal Tipos Latinos 2008, él cual tuvo exposiciones en Argentina, Bolivia, Brazil, Chile, Colombia, Ecuador, Mexico, Paraguay, Peru, Uruguay y Venezuela. También practica el arte de la ilustracion en Moleskine (aunque por lo visto utiliza tambien otro tipo de cuadernos). El nombre "Moleskine" fue dado por Bruce Chatwin a unas pequeñas libretitas de esquinas redondeadas, papel amarillento de gran calidad y una goma elástica que lo mantenía sujeto, y que un encuadernador francés suministraba a diversas tiendas de París. Como anécdota podríamos señalar que, antes de partir para Australia, Chatwin compró todas las libretas a las que pudo echar mano, ya que el propietario de la tienda en Rue de l'Ancienne Comédie donde él solía comprarlas le avisó que ya no se fabricarían más. En 1997, un editor milanés decide sacarlos otra vez a la luz, rehaciéndolos a partir de las anotaciones dejadas por Chatwin, y aprovechando la imagen bohemia del artista y su cuaderno de notas. Fernando Forero se ha destacado tambien como excelente creador de portadas de libros y en otros diseños de aplicacion comercial.

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Citroën Rally Dakar 2020 - Concept
Autos MotosporAnónimo12/28/2010

El futurista Citroën Rally Dakar 2020 (concept car del diseñador Chu Hyung Kwon) salió como el deseo del diseñador de poner la tecnología de los vehículos del Rally Dakar, a la par con la de un F1. Una de las características principales del concepto parece ser la elasticidad. El vehiculo utiliza la elasticidad como elemento de estabilidad y, hasta cierto punto, para la seguridad. La teoría básica detrás de esta piel estructural es que el núcleo es la parte más fuerte del vehículo, mientras que las extremidades exteriores (la superficie estructural) muestra relativa flexibilidad. Una cápsula elástica rodea al conductor y trabaja para reducir y prevenir las lesiones en caso de colisión. Posee unos brazos mecanicos en la parte posterior que ayudan a volver sobre sus ruedas en caso de vuelco. Las ruedas son de una estructura especial, cada una compuesta por distintas secciones. En caso de pinchazo o daños, sólo el mencionado artículo debe ser eliminado, en lugar de tener que lidiar con toda la rueda. FUENTE

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Ferrari F100 by Fioravanti
Ferrari F100 by Fioravanti
Autos MotosporAnónimo9/4/2010

Para conmemorar el centenario del nacimiento de Ferrari Enzo, Fiovaranti lanzó el concept car llamado acertadamente F100 en el Motor Show de Ginebra 1998. Después de haber labrado toda una generación de Ferrari, incluyendo el 365 GTB y los muy aclamados Daytona y 512 BB, fue un gesto muy adecuado de Leonardo Fioravanti. El F100 combina elementos clásicos de Ferrari con un estilo contemporáneo. Características como las dos luces traseras redondas con el estilo vintage de Ferrari, junto al agresivo diseño global todavía suave fue completamente moderna. Dos tomas a cada lado del techo suministran aire fresco al compartimiento del motor y un ala importante fue montado en la cola del auto. Una gran extencion de vidrio en la cubierta trasera reveló todos los detalles de la bahía del motor. El motor instalado en el F100 era una maqueta, pero Fioravanti explicó que el diseño estaba listo para acomodar un motor de alto rendimiento como el V10 de 3 litros instalado en el Ferrari de Fórmula 1 de aquella epoca. Al igual que las máquinas de F1, el F100 también podia estar equipado con una caja de cambios semi-automática. Las ruedas eran objeto de un proyecto de diseño especial. La compañía Fergat, líder europeo en el diseño y producción de rueda de acero, junto con Fioravanti trabajaron para alcanzar un diseño innovador con tecnología de vanguardia y peso muy reducido. Otra caracteristica muy llamativa fueron la incorporacion de piezas mobiles en el aleron y en otras areas de la carroceria para que actuaran como frenos aerodinamicos. La detallada investigación y experimentación han dado con una alta carga aerodinámica, con valores de Cz interesante sobre todo delanteros y traseros (-0,25 y -0,33, respectivamente), resultando en una equilibrada distribución particular de las fuerzas. En teoría la distribución óptima de las fuerzas se mantiene también cuando el coche está desacelerando o acelerando, explica Fioravanti, porque la carrocería está formada de tal modo que el ángulo de impacto del aire en el coche no cambia aun cuando la transferencia de peso tienden a modificar la configuración de la F 100. Del mismo modo, cuando el freno de aire superior se activa también lo hace un segundo, localizado en la parte inferior de la cola, doblando los valores de Cx - del coche, haciendo una contribución considerable a la alta velocidad de frenado y también coopera en mantener la estabilidad del coche. El concepto del interior del coche era muy sencillo y moderno. Con la caja de cambios controlados por paletas detrás del volante, no hubo necesidad de una consola central. Los asientos tenian extensiones para soportar las piernas y los pies. Por el lado del conductor, las extensiones se extendian hasta los pedales de freno y acelerador. Los instrumentos en el tablero combinaban las mejores características de diales analógicos y digitales. Cilindros = 10 en V Cm³ = 3000 Longitud = 4420 mm. Ancho = 1905 mm. Altura = 1067 mm. Distancia entre ejes = 2540 mm. En la feria de Turín dos años después, un segundo concept car Fioravanti fue revelado. Apodado F100 R, era una versión roadster del original lanzado en 1998. Ofreció un parabrisas "multiburbuja unico", manteniendo el resto muy similar al primer modelo. FUENTE

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