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Usuario (Uruguay)

Primer post: 6 abr 2010
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La rabia (Cuento propio)
ArteporAnónimo5/18/2010

La Rabia. Noche 2. Hacía largo rato que los observaba. Los miraba, y acariciaba el revolver que estaba tibio en su bolsillo. La rabia lo consumía. Su respiración era casi un jadeo, desde que los había localizado allí: los tres, sentados contra un paredón de ladrillos a la vista, tomando vino directo de botellas de vidrio. Los tres hombres bebían y gritaban, reían e insultaban, de vez en cuando se pateaban o se daban golpes de puño entre risas y gritos escandalosos. La figura solitaria los observaba, esperando que estuvieran más borrachos para acercárseles y acribillarlos a balazos. Por fin los había encontrado. Ahora no se le escaparían. Los meses de búsqueda, de preguntas, de mezclarse con gente del sórdido mundo de aquellos tipos, habían llegado a su fin, y ahora estaban allí del otro lado de la calle, esperando que él les quitara sus despreciables y miserables vidas. Varias veces había querido ir a su encuentro, y descargar el arma en esos cuerpos que él despreciaba de manera enfermiza, pero todas las veces se había obligado a esperar un poco más, a que estuvieran tan borrachos que no pudieran huir, y fueran presa fácil de su rabia, de su asco… Acarició una vez el metal en busca de una calma que no llegaría hasta el momento de verlos gritando de dolor, de tenerlos a sus pies suplicando por sus vidas, mientras la sangre se mezclara con su orina y sus excrementos. Noche 1 El compact disc saltaba cada vez que un bache sacudía su coche. La música suave se interrumpía frecuentemente, fastidiándolo un poco. -¡Que desastre estas calles! – pensaba mientras insultaba mentalmente a los responsables por el mantenimiento de las avenidas, que no estaban, como siempre, cumpliendo con sus obligaciones. El día había sido movido. Era viernes. Los viernes siempre se presentaban complicados, tal vez incluso, fueran más abrumadores que los lunes. Pero, por suerte, ya todo había concluido, y su regreso a casa se vislumbraba como el comienzo de un fin de semana donde, se prometió, olvidaría todo, y aprovecharía para descansar junto a su esposa y su hija. El sábado podrían ir de compras, y el domingo tomarían el auto y se irían por ahí a pasear sin tener en cuenta los horarios. La música sonaba relajante y tranquilizadora. Al llegar a su hogar pensaba meterse en la bañera con agua tibia, y quedarse allí por lo menos una hora. Cuando estuvo cerca de su casa, rodeada de altas rejas, alejada de las demás unos 20 o 30 metros, lo que le aseguraba una perfecta tranquilidad, accionó el control remoto, y los portones de metal se deslizaron con un leve crujido. El coche pisó la grava del jardín, y entró al amplio garaje. Salió del coche silbando bajito, tomó su maletín, se estiró para apagar la radio, cerró la puerta del auto, y algo estalló contra su rostro. Fue un golpe extremadamente violento, que lo hizo caer al piso. Dos tipos lo tomaron de los pelos y los brazos, y lo llevaron al interior de su casa tirándolo sobre una gruesa alfombra. Viéndolo todo como desde una nube, notó que le ataban las manos, y los pies, y que sobre su boca pegaban un trozo de cinta adhesiva. Le dolía la cabeza, y de su nariz salían a borbollones, coágulos de sangre. Su cabeza no se sostenía adecuadamente, y caía, como si se tratara de un objeto inanimado, sobre su pecho. Alguien le dijo algo, lo tomó por el cabello, y descargó un brutal golpe en su mejilla, que lo sumió en un mundo oscuro, donde un ser diabólico reía despiadadamente. Cuando abrió los ojos, no supo cuánto tiempo había pasado, el horror le produjo un agudo dolor en el estómago, y sintió ganas de vomitar. Estaba tirado, medio de lado, en un sofá; pudo ver que su sangre estaba por todos lados. Profundas arcadas sacaron de su interior sustancias ligeramente sólidas, que debió tragar nuevamente. Seguía con la boca cubierta y se ahogó. No podía respirar. Tosió, y sintió que junto con la sangre que aún le fluía por la nariz, escapaba un líquido verdoso. Desesperado, trató de liberarse de sus ataduras. No lo logró. Se retorció en el asiento sin conseguir nada más que la risa de uno de los individuos que se divertía mirándolo. Dejó de luchar, y se concentró en respirar, cosa que logró a duras penas. Un hombre alto, casi rubio, con la barba crecida, desordenada y sucia, lo miraba con una expresión de profunda satisfacción. Su sonrisa amarilla de dientes sucios y podridos, era amplia y hasta cómplice. La campera de gastado cuero, tenía manchas de aceite. A un costado se desarrollaba la escena que le había provocado el pánico y la desesperación incontrolables. Su esposa, su hermosa, joven y amada esposa, estaba de rodillas, con las manos fuertemente amarradas a su espalda, mientras otro hombre le sujetaba la cabeza tomándola fuertemente por las orejas, y en su boca metía, con fuerza y hasta el fondo, su pene erecto. Los ojos de la mujer parecían querer saltársele de las órbitas, y la asfixia estaba punto de hacerle perder los sentidos. El hombre emitió profundos gemidos de placer. De repente la soltó y dijo, con los ojos encendidos por la excitación: -¡Voy a cogerle el culo a esta vieja de mierda! Los 3 rieron, mientras se manoseaban los testículos. De una patada tiró a la mujer al piso, la acostó boca abajo, le quitó la ropa interior, y con profunda violencia, la penetró por detrás, mientras un doloroso chillido escapaba de su garganta. El hombre aceleró sus movimientos, hasta que entre convulsiones y jadeos se detuvo, y permaneció tendido y agitado sobre ella, que sollozaba. Después de unos minutos se puso de pié, tomó un almohadón, y con él limpió la sangre que ensuciaba su miembro casi fláccido. Con una sonrisa en sus ojos, con mirada de quien cometió una divertida travesura, preguntó al que estaba a su lado: -¿Le vas a dar, vos? -No – respondió – yo me voy a clavar a la pendeja esa, hace tiempo que no me garcho una conchita virgen! La mujer tendida en el piso, sin tener como cubrir su vergüenza, chilló y zapateó intentando salvar a su hija. El hombre en el sofá, luchó por ponerse de pie, lográndolo parcialmente, para intentar frenar todo aquello, pero el hombre sentado frente a él, le descargo una brutal patada en la entrepierna, que lo hizo desplomarse, cayendo sobre una mesita de vidrio con un estruendo ensordecedor. Antes de desmayarse, vio que estaban violando su hija… Noche 2 El tránsito era inexistente. Eran las once de la noche. Los tres tipos habían bebido casi cinco botellas de vino. -Ya deben estar suficientemente borrachos – pensó el hombre, mientras del bolsillo de su campera, extraía el revolver que brilló en forma lánguida en sus manos trémulas y sudorosas. Miró hacia ambos lados de la acera. No había nadie a la vista. Ningún coche se aproximaba. Decidió cruzar la calle. Al verlo caminar hacia ellos, uno de los que estaban tirados en el pasto, le preguntó a los gritos: - Maestro, no tiene unas monedas p'al vino? Al no obtener respuesta, le lanzó con voz pastosa: - Andá a la concha de tu hermana! Ese lenguaje, le recordó aquella noche, que aún estaba presente, indefectiblemente presente en su memoria, y lo encendió con una ira que lo obligó a correr para cumplir su cometido. El revolver guiaba sus pasos, y desde el medio de la calle disparó la primera vez. El balazo sonó seco en el silencio de la noche, e hizo volar trozos de ladrillo por encima de la cabeza de los borrachos que no entendían lo que ocurría. Uno de ellos empezó a ponerse de pié, y un certero balazo lo derribó, mientras una rosa de sangre, estallaba en su garganta. Sus manos se crisparon en torno al cuello, por donde, en medio de un gutural gorjeo, se le escapaba la vida. Otro de los hombre se puso de pié y salió corriendo. El disparo sonó inmediatamente, pero fuer a perderse en el vacío. El tercero, que aún no había atinado a levantase, sintió que le clavaban la boca del revolver en el ojo izquierdo. -No me mate!, por favor amigo, que le hicimos?. Compañero!, no me mate! El disparo hizo que su cabeza estallara como una sandía al partirse tras una larga caída. La sangre salpicó la pared, y el arma se tiñó de rojo. Una masa de pelos, huesos y sesos, sustituyó rápidamente lo que alguna vez había sido un rostro humano (el rostro de un hombre, de un joven, de un niño, de un bebé…) Cegado, enloquecido por la furia, por la rabia, por el miedo, el hombre pateó el cuerpo muerto, y salió como una máquina implacable en busca del que había huido. Corrió hasta la esquina, allí dobló rápidamente, tratando de adivinar el camino que había seguido el fugitivo. Varios galpones abandonados poblaban la zona. Se metió en la primera entrada que vio, y se encontró con un laberinto de maderas y escombros amontonados. Cauteloso, se movió atento a las mínimas señales. Estaba bastante oscuro. Apoyó la espalda en la pared. El arma fuertemente aferrada con las dos manos. Se movía despacio, sin despegarse de la protección que le daban los ladrillos que emitían un suave calor. El silencio era absoluto. Al llegar a una puerta, asomó lentamente la cabeza, tratando de ver algo que le indicara que rumbo tomar. El botellazo reventó como un fogonazo contra su sien. La violencia del impacto hizo que el vidrio volara en mil pedazos, incrustándose en los huesos de su cráneo, mientras una catarata de sangre incontenible, empezaba a manar. Cayó. Con una botella en la mano, o lo que quedaba de una botella, el hasta entonces cazado, ahora convertido en cazador, jadeaba de miedo. Viendo que el otro estaba caído sobre la tierra negra, inerte, envuelto en una aureola de sangre, se animó a acercársele. Lo pateó, y al no obtener respuesta, rápidamente le quitó el revolver de sus manos endurecidas y crispadas. Con el arma en la mano, su estado de ánimo, cambió rápidamente y hasta sonrió. Metiendo el arma en su cintura, salió corriendo hacia la oscuridad. El hombre caído, movió ligeramente su cabeza en el charco de sangre, y en medio del dolor y la confusión pensó: -Todavía me falta uno.

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Soy NFU... (Cuento propio)
ArteporAnónimo8/2/2010

Para mí, esa mujer no caminaba. Para mi flotaba etérea sobre el mundo habitado por nosotros, pobres humanos. Tan lejana y tan real. Tan sumergida en un mundo completamente diferente al mío. Ajena totalmente a mi presencia. Pasó a mi lado, mientras alas invisibles la elevaban cada vez más, hasta hacerla inalcanzable. No me miró. No me sorprendió. Al verla alejarse, todo perdió su brillo. El sol ya no tuvo la misma calidez y el día ya no fue el mismo. -¡Que tarado que soy! –Me reprendí- ¡Una mujer como esa, nunca se va a fijar en mí! No era una afirmación condescendiente conmigo mismo. Era la más pura realidad. Yo no pasaba de un gris habitante de un pueblito chico, donde todos nos conocíamos, no solo entre los vecinos, sino, lo peor: nos conocíamos profundamente a nosotros mismos, nuestro interior, nuestros intereses y nuestras limitaciones. Ese profundo auto conocimiento, me indicaba que “ella”, jamás me miraría. Yo me conocía suficientemente para saber que no pasaba de un pobre tipo intentando, infructuosamente, por todos los medios, poder llegar a algo, pero sin poder arrancar, porque nadie me daba trabajo. Todos me pedían “experiencia previa”. ¿Qué experiencia previa voy a tener, si en este pueblo de mierda no hay donde adquirirla? ¿Y para que tanta experiencia si aquí todos nos conocemos, y esa es la mejor experiencia? El caso es que no tenía trabajo, estudiaba poco y nada. Nunca tenía un peso en el bolsillo. Y la única manera de entrar a una fiesta, era burlando a los anfitriones y hacerme pasar por “el conocido de un amigo del hermano de fulano”. Me miraban raro durante unos minutos, pero mi inofensiva apariencia, y mi pinta de perdedor, los hacía olvidarme e ignorarme rápidamente. Yo me camuflaba con las cortinas o con las tinieblas de los rincones de los salones, y allí me quedaba, observando a los demás como se divertían, y bailaban, y besaban a sus chicas, que reían todo el tiempo. -¿Cómo harán? – me preguntaba maravillado, ante tanta desenvoltura. Al final de la noche, volvía a mi casa, medio borracho, y solo, como siempre… En una de estas ocasiones, ni me acuerdo de quien era la fiesta, ni con que excusa me había metido, de manera inesperada, tan inesperada que me tuve que afirmar en una mesa para no desvanecerme, vi en el medio de la multitud, un par de alas de cristal, que elevaban por encima de todos una figura tan inalcanzable como siempre. Ella fijó su vista por algunos segundos en mí, y en forma inmediata caminó en mi dirección. Yo temblando, esperaba que fuera a hablar con alguien que estuviera cerca de mí. Pero cuando su mirada se posó plenamente en mis ojos, y me dijo, con legítima curiosidad: -¿De dónde te conozco? ¡Yo no supe que decir! ¡No lo podía creer! ¡Me estaba mirando, y hablando conmigo! -Pará!- me dijo riendo- ¡no me contestes! – ¡Tu sos el chico que siempre se queda parado mirándome fijo y descaradamente cuando paso! Mi cerebro me decía: respondele algo animal, pero mi boca se negaba, mis piernas temblaban, mis pulmones clamaban por aire, mi corazón estaba en mis sienes… -¿Sabés que sos bastante atrevidito? – me dijo mientras con el dedo índice golpeaba suavemente, casi acariciando, mi pecho- ¿Sabés que me gustan los atreviditos? – rió insinuante, mientras su cabeza caía hacia atrás. Yo seguía inmerso en un laberinto de pensamientos que no lograban materializarse en palabras. Así que ella trató de seguir venciendo mi “indiferencia” y me preguntó varias cosas al mismo tiempo, como para darme pie a responderle algo: -¿Qué hacés?, ¿Trabajás en algo?, ¿Estudías?, ¿Sos de aquí del pueblo? ¿Tenés algún hobby? -Si – respondió la voz de un desconocido que salió por mi boca – estudio. -¿Y que más?, dale contame- pidió ¿casi cariñosa? -Bueno – me esforcé en decir- mi hobby es pasarme horas en internet. -Ah! ¡Qué bueno!, a mí también me encanta navegar, me paso horas en el MSN, pero principalmente en Taringa! -Taringa? –dije sorprendido – ¡¡¡yo también, hace poco me hice NFU!!! -¡Qué bueno!,¡¡¡ yo todavía no salgo de novata!!! Y nos reímos. Mientras reía y la miraba profundamente, noté que sus alas se habían empezado a recoger, y que lentamente se estaban evaporando. Después el tiempo desapareció, el mundo desapareció, y solo quedaron dos ojos, y un rostro angelical que me miraba, y que reía, reía, reía… Al amanecer, éramos dos simples mortales que caminaban de la mano por una calle solitaria, mientras el sol se esforzaba por demorar su salida, y permitir que la noche nos cobijara un poco más…

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Los precursores de Drácula
Los precursores de Drácula
ArteporAnónimo8/6/2010

MELMOTH the Wanderer narra la historia de un hombre que vendió su alma al diablo para librarse de la vejez y de la muerte. El pacto diabólico quedará, sin embargo, roto el día en que Melmoth consiga vencer a la "inocencia invencible" y rescate su maldita existencia uniéndose a una virgen pura. Parece mentira que Balzac, Víctor Hugo, Dostoievski, Walter Scott y Baudelaire proclamen su admiración por este pobre demente. Pero la verdad es que su fama se consolidó con su muerte, y los modernistas lo convirtieron en su ídolo. Oscar Wilde presumía de descender de Maturin, a través de su madre: la excéntrica Speranza. Al satánico pintor Füssli, nacido en las montañas suizas, le llamaban en los círculos artísticos británicos "primer duende y pintor del diablo". Era un diantre hedonista y lascivo que pintaba bestialidades fornicarias. Como era aficionado a la entomología dibujaba mujeres con cabeza de insecto: auténticas mantis religiosas entregadas al festín caníbal del coito. Sus cuadros presentan una galería infernal de caballos diabólicos, niñas lesbianas, esqueletos viciosos, vientres blandos y serpientes ansiosas. Cenaba cada noche un kilo de carne cruda para estimular las pesadillas de su inspiración. Füssli enamoró a Mary Wollstonecraft -la madre de Mary Shelley-, que tuvo el perverso gusto de ofrecerse como "concubina espiritual" a la insaciable glotonería de este brujo antropófago. La nómina de mantis religiosae que dio el romanticismo es igualmente inacabable… George Sand devoraba músicos, médicos y escritores. Bettina Brentano cortaba cabezas. Y Mary Shelley, que heredó de su madre el gusto de las orgías satánicas, fue la creadora del siniestro personaje de Frankenstein. Todo el círculo que rodeó a Byron en el lago Leman escribía historias de este género: Shelley escribió dos novelas extravagantes, Zastrozzi y Saint Irvyne; Polidori creó The Vampire, y Mary Shelley imaginó la obra más interesante, Frankenstein. Pero el mismo Byron les dedicó a los vampiros unas líneas en The Giaour. Y Théophile Gautier trató el tema en La morte amoureuse, al igual que Hoffmann, en The Serapion Brethren. La historia del Vampiro nació en este ambiente, mucho antes de que Abraham Stoker le diese su forma definitiva en 1897. Pero Bram tuvo la habilidad literaria de rescatarlo de la muerte y darle su última ración de sangre. Probablemente, a la vista de lo que escriben sus continuadores y epígonos, le puso también -definitivamente- la estaca en el pecho. El autor MAURICIO WIESENTHAL es escritor nacido en Barcelona (1943). Es autor de ensayos y novelas, y ha colaborado en varias obras enciclopédicas. El texto adjunto fue tomado de Libro de réquiems (Edhasa, 2004).

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Convertite en Wolverine, Magneto o Ciclope bien barato!
Hazlo Tu MismoporAnónimo4/7/2011

Scott Summers tenía un pequeño problema de visión. Si abría los párpados una potente energía salía de sus ojos destruyéndolo todo a su alrededor. Menos mal que dio a tiempo con el profesor Charles Xavier que se lo llevó a la óptica de los superhéroes y le gestionó unas gafas molonas y que contenían esa furia energética desatada. Hay frases comunes como “tenerle ojeriza a alguien”, “mirarle mal” o “lanzar miradas que pueden fundir el acero”. Cíclope podía hacer eso y tú no te vas a quedar atrás si sigues los pasos que te enseñamos para convertirte de forma sencilla y económica en este superhéroe… o también en Magneto o Wolverine. Unas gafas de sol, unos cuantos punteros laser y algo de cinta adhesiva. O un cubo y un serrucho. O unos guantes de fregar y un tenedor. El que no es un superhéroe es porque no quiere y en tiempos de crisis como los que vivimos lo mejor es aprovechar los recursos de manera eficiente y económica. Que la falta de recursos no sea límite para la creatividad ni para desarrollar esos talentos que la naturaleza te ha otorgado, joven mutante, y que no sabes bien cómo encauzar y desarrollar. Te daremos un consejo… únicamente uno. Entrena tus cualidades como corredor, porque como pretendas combatir el mal con estos medios te darás cuenta que ser más veloz que tu oponente, sería uno de los poderes salvadores... FUENTE Esto fue visto originalmente en esta comunidad: Visitanos:

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Trastorno Bipolar: como reconocerlo
Salud BienestarporAnónimo4/15/2011

El trastorno bipolar es una enfermedad mental que causa cambios de humor extremos. Esta afección también se conoce con el nombre de enfermedad maniaco depresiva o depresión maníaca. La causa de este trastorno puede ser un desequilibrio químico en el cerebro. El trastorno bipolar algunas veces es hereditario, es decir, ocurre en varios miembros de una familia. Si usted tiene un padre con trastorno bipolar su probabilidad de tenerlo es mayor. Tanto el hombre como la mujer pueden tener trastorno bipolar. Personas de cualquier edad pueden padecerlo. ¿Cuáles son algunos de los signos (señas) del trastorno bipolar? A veces, una persona que tiene trastorno bipolar puede sentirse muy contenta, llena de energía y con capacidad para hacer cualquier cosa. Es posible que la persona no desee descansar cuando se siente así. Esta sensación se llama manía. En otras ocasiones, la persona con trastorno bipolar puede sentirse muy triste y deprimida. La persona puede no querer hacer nada cuando se siente de esta manera. Esto se llama depresión. Las personas con trastorno bipolar pueden pasar rápidamente de manía a depresión, y de depresión a manía nuevamente. Otros signos de manía pueden ser los siguientes: Sentirse muy irritable o enojado Pensar y hablar tan rápido que las demás personas no alcanzan a comprender lo que usted piensa No dormir nada Sentirse muy poderoso e importante Tener dificultad para concentrarse Gastar demasiado dinero Consumir mucho alcohol y drogas Tener sexo sin tomar precauciones para prevenir el embarazo o una enfermedad Otros signos de depresión son los siguientes: No tener interés ni sentir placer al hacer las cosas que usted solía disfrutar, incluso el sexo Sentirse triste o indiferente Llorar fácilmente o sin razón Sentirse decaído o sentirse inquieto e irritable Sentir que usted no vale nada, o sentirse culpable Cambios en el apetito; cambio en su peso sin estar tratando de cambiarlo Dificultad para recordar cosas, concentrarse o para tomar decisiones Dolores de cabeza, de espalda o problemas digestivos Problemas con el sueño o querer dormir todo el tiempo Sentirse cansado todo el tiempo Pensar en la muerte y en el suicidio ¿Existen distintos tipos de trastornos bipolares? Sí. Existen varios tipos distintos de trastornos bipolares. El tipo de trastorno que usted tiene depende de cuán rápido usted pasa de los episodios de manía a los de depresión y viceversa, y de cuán intensos son sus síntomas. ¿Cuál es el tratamiento para el trastorno bipolar? Su médico de familia puede tratar el trastorno bipolar. Quizás él desee que usted también vaya a ver a un psiquiatra. Usted y sus médicos van a tener que trabajar conjuntamente para controlar sus cambios de humor y asegurarse de que usted se sienta bien. El trastorno bipolar se trata con medicamentos que frenan los cambios de humor. Los estabilizadores del humor se usan para equilibrar los puntos extremos de su humor. Los medicamentos antidepresivos pueden ayudar a disminuir los síntomas de la depresión. Su médico le puede agregar otros medicamentos a medida que usted los necesite. Estos medicamentos no comienzan a funcionar de inmediato, pero usted comenzará a notar la diferencia en su humor después de unas pocas semanas. Asegúrese de tomar sus medicamentos justo como el médico le dice que lo haga. El asesoramiento psicológico puede ayudarle con el estrés, con las preocupaciones familiares y con los problemas en sus relaciones. Es importante obtener asesoramiento psicológico si usted tiene trastorno bipolar. Algunas personas con trastorno bipolar no quieren recibir tratamiento. A menudo, no se dan cuenta de lo mucho que afecta su vida y la vida de las personas que los rodean. Además, se sienten muy productivos y poderosos durante la fase maníaca y son reacios a renunciar a esto. FUENTE

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Mentiras, y alguna verdad sobre los gatos
HumorporAnónimo4/14/2011

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15 westerns extraños
15 westerns extraños
ReviewsporAnónimo3/18/2011

Los hermanos Coen han vuelto a poner de moda el western con su remake de Temple de acero, una de las películas más taquilleras de la temporada. A lo largo de la historia del cine hubo grandes peliculas de vaqueros, y algunas otras que se destacaron por lo extrañas que resultaron en su momento y que hasta hoy lo continuan siendo. Les propongo un repaso por esas peliculas de vaqueros realmente raras. Si olvidé alguna que a uds les parece que encaja en esta categoría: tienen los comentarios para hacerlo saber. The terror of Tiny Town (1938) Señoras y señores, les presentamos el único western lliliputiense de la historia del cine. Una charlotada dirigida por Jed Buedell. Su argumento es el de cualquier película del oeste de serie B, con sus persecuciones, sus tiroteos... con la peculiaridad de que todos los actores son enanitos que, como no, surcan la praadera cabalgando sobre ponis. Vista hoy en día, la cinta puede considerarse politicamente incorrectísima, ya que continuamente se realizan gags que aluden al tamaño de sus protagonistas, como verlos entrando en el salón pasando por debajo de las puertas. El tal Buedell tuvo la idea de realizar una especie de continuación, una versión de El Álamo solo con enanos. Desgraciada o afortunadamente (según se mire) semejante joya del despropósito nunca se hizo realidad. Los valientes andan solos (1962) Que vaya por delante que considero que esta película dirigida por David Miller y con guión de Dalton Trumbo es casi una obra maestra. Pero como western no deja de ser, cuando menos, una pieza digna d eun museo d elas rarezas. Kirk Douglas interpreta a un vaquero contemporáneo que tras ser arrestado por un tumulto en una taberna, se fuga de la prisión y se larga a las montañas con su caballo. Al cowboy le persiguen con land rovers, helicópteros y francotiradores con rifles de mira telescópica. Pero no pueden con él. incluso el bueno de Kirk se permite el lujo de derribar un helicóptero con su viejo winchester. De todas formas los tiempos han cambiado, y el vaquero acabará encontrando la muerte al cruzar a caballo una autopista y ser arrollado por un camión que transportaba ¡tazas de water! El valle de Gwangi (1969) La cumbre del delirio: vaqueros contra dinosaurios. En serio, como se lo cuento. James franciscus dirige un espectáculo de cowboys que va a actuar en una pequeña ciudad de México. Allí, un vendedor ambulante trata de venderles una fabulosa criatura, un minicaballo del tamaño de un gato. Siguiendo al vendedor, los vaqueros llegan a un valle donde habitan todo tipo de criaturas antediluvianas. Ni cortos ni perezosos, los cowboys capturan a lazo a un tiranosaurio rex para exhibirlo en su espectáculo. Pero claro, el bicho se escapa y causa el caos a su paso. Magníficas las secuencias finales con el tiranosaurio asediando a los protagonistas refugiados en una iglesia, y maravillosos los efectos especiales del mejor creador de monstruos de la historia, Ray Harrihausen. En definitiva, una joya inclasificable de las que ya no se hacen. La tumba del pistolero (1964) Una española no podía faltar en esta lista. Pero lo que la hace tan especial es que se trata probablemente del único western de toda la historia del cine en el que no muere nadie ni se pega un solo tiro. De hecho, el conflicto se soluciona apelando a la razón y al diálogo en vez de a la fuerza, como suele ser habitual en el género. La cosa se explica si tenemos en cuenta que el director, Armando de Ossorio (que posteriomrente se haría famoso por sus películas de terror con caballeros templarios) convirtió de la noche a la mañana un guión suyo ttulado As de espadas que se ambientaba en el mundo de los otoros, en una película de vaqueros. Pero en el camino se dejó abandonadas las constantes del género. El gran silencio (1968) Cuando uno oye hablar de spaguetti westerns se imagina un árido paisaje de Almería quemado por un sol de justicia y poblado de personajes sucios y sudorosos. Pues bien, este puede ser el único western italiano que cambia radicalmente de paisaje y se ambienta en un paraje permanentemente nevado. Hay que decir que esta película de Sergio Corbucci está considerada la mejor de todos los westerns rodados en italia. Desde luego no es un filme convencional. El héroe, apodado Cuchillo, es sordomudo y está interpretado por Jea-Louis Trintignant, un actor nada habitual en estas lides. El malo es un Klaus Kinski literalmente salido de madre. Y el filme resulta absolutamente desesperanzador porque tiene uno de esos finales que te dejan hecho polvo. Y lo voy a contar, así que no sigan leyendo si no les apetece saberlo: ganan los malos y a los buenos les dan literalmente "por saco". Joe Cola-Loca (1964) Aunque resulta difícil de creer, en la Unión Soviética se realizaron al menos dos docenas de westerns. El más famoso es éste, cuyo título ya lo dice todo. En petimetre del Este llega a un pueblo de rudos vaqueros donde todo el mundo bebe whisky. Lamentablemente, el lechuguio es aficionado a un refresco llamado Cola-Loca, y como no lo venden por los alrededores, decide montar una fábrica. No cuesta mucho adivinar que bajo esta trama lo que en realidad se esconde es una crítica, nada sutil por otra parte, al capitalismo americano. La película no es gran cosa, para que engañarnos, pero como rareza tiene su punto. Tovarich. El hombre de una tierra salvaje (1971) Otro filme magnífico. Su clasificación como rareza se justifica ya desde su primera escena, con grupo de tramperos que arrastran un barco por las llanuras y las montañas, en busca de un río en el cual ponerlo a navegar. Semejante imagen le deja a uno clavado en la butaca. Pero lo que viene acontinuación no desmerece. Este filme es una de las mejores epopeyas de supervicencia jamás filmada. El protagonista, Richard Harris, es un trampero al que sus compañeros abandonan moribundo tras ser medio despedazado por un oso. Pero el tipo se recupera y sale en busca de su grupo para vengarse. La imagen final, con el barco con sus velas desplegadas abandonado en medio de la pradera, es inolvidable. La venganza de Ulzana (1973) Por su trama, este excelente filme de Robert Aldrich no diferiría mucho de otras cintas del género, ya que lo que narra son las peripecias de una patrulla del ejército a la caza de un grupo de apaches que se han fugado de la reserva. Pero lo que lo hace tan especial es su tono seco, aspero, casi tanto como beberse un vado de zumo de cáctus con las espinas incluídas. Y su violencia, tan realista que en algunos momentos roza el terreno del gore. Nacdie olvidará jamás la escena en la que un grupo de apaches le arrancan de cuajo el corazón a un soldado muerto y juegan a pasárselo unos a otros como si fuera una pelota; o la imagen del colono torturado, con sus tripas fuera, y la cabeza de un perro metida en su boca. Los cuatro del Apocalipsis (1975) Una película solo apta para dementes. Con decir que la firma Lucio Fulci, que años después se haría mundialmente famoso con películas de horror tan nauseabundas como El más allá y Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, ya debería sobrar todo comentario. Pero como me pagan por esto, pues voy a resumirles esta desconcertante cinta. Cuatro perdedores, un tahur, una protituta, un borracho y un negro (interpretados por poker de pesos pesados: Fabio testi, Lynne Frederick, Michael J. Pollard y Raymond St Jacques) caen en manos de un sádico forajido mexicano, encarnado por el mítico Tomas Millian que se dedica a satisfacer con ellos sus bajos instintos. Lo que sigue es un descenso a los infiernos. Ríos, literalmente ríos, de sangre, una matanza de peregrinos que se alarga más allá de lo soportable, un individuo siendo despellejado vivo con una estrella de sheriff, el negro enloquecido delirando en medio de un cementerio con centenares de cruces... La película resulta tan excesiva en su acumulación de atrocidades que llega a resultar mareante. Así que ya saben, no la vean si son muy sensibles. El desafío del Búfalo Blanco (1977) El éxito del Tiburón de Steven Spielberg despertó el filón de los filmes con animales asesinos. Hubo de todo: pirañas, barracudas, orcas, osos grizzlys... Y entre la multitud de seudoimitaciones, surgió esta curiosa película. El mítico pistolero Wild Bill Hickock (encarnado por Charles Bronson) a punto de quedarse ciego, tiene que unir sus fuerzas al jefe sioux Caballo Loco (interpretado por Will Sampson, el gigantesco indio de Alguien voló sobre el nido del cuco) para cazar un búfalo blanco asesino que dicen es la encarnación del demonio. El resultado es un filme realmente entretenido, una original mezcla de western, cine de aventuras y terror, con un reparto de campanillas que completan Kim Novak, Jack Wardem y Clint Walker. Que bien nos lo pasábamos con estas pelis en las matinales de los domingos. Una mujer llamada apache (1977) Si el western se ha cruzado con todos los género, ¿por qué no hacerlo también con el cine erótico? A mediados de los 70 los americanos lograron cierto impacto comercial con un filme titulado Violación de una apache. Los italianos, que aprovechaban cualquier filón, realizaron su propia versión, superando a la original en erotismo y violencia. La aapche del título es Clara Hopf, que se pasa todo el metraje en pelota picada. Único aliciente de este lastimoso y oportunista filme. Chikara (1978) Pues nada, que los responsables de este filme decidieron mezclar el western con el cine de terror a ver que pasaba. Y la verdad es que la cosa no les salió mal del todo, porque este filme es una serie B bastante dinstinguida. Al terminar la guerra de secesión, un grupo de veteranos, encabezados por el bestia de Joe Don Baker, se van a las montañas a buscar oro. En el camino encuentran a una frágil mujer blanca (Sondra Locke, futura musa de Clint eastwood) y la recogen, desoyendo las advertencias del guía indio que afirma que la chica es un espíritu maligno. El guía será el primero en morir por bocazas, y poco a poco los supervivientes se verán atenazados por un misterioso espíritu asesino cuya aparición es siempre predecida por el vuelo de una majestuosa águila. Atolladero (1997) Una auténtica marcianada con matrícula española y protagonizada por un trío venusiano: Pere Ponce, Joaquín Hinojosa e Iggy Pop. Ahí es nada. Ambientada en un oeste futurista, Pere Ponce interpreta al ayudante de un sheriff que quiere ingresar en la academia de policía, pero antes tendrá que enfrentarse a un asesino a sueldo indio. Una verdadera rareza, divertida y molona, que confirmó a Oscar Aibar como uno de los directores más inclasificables del actual cine español. Y ahí están sus siguientes películas, Platillos Volantes y El gran Vázquez, para demostrar que la suya no es una trayectoria convencional. Hay que decir que, vista hoy, parece la versión castiza de No es país para viejos, de los Coen. Solo que a mi esta me gusta más. Pero claro, esa es una opinión muy personal. Suriyaki Django Western (2007) El spaguetti western nación en Japón. Como lo leen. Lo inventó Akira Kurosawa con un filme de acción titulado Yojimbo, donde aparecían samurais armados con revólveres. Luego, Sergio Leone lo copió, llegando incluso a plagiar escenas plano a plano, para crear Por un Puñado de dólares. Cuatro décadas después, el círculo se cierra con este filme que nos presenta un western protagonizado exclusivamente por actores japoneses. ¿Extravagante? Bueno, eso es normal viniendo de Takashi Miike, el más friki de los directores nipones actuales. Para centrarnos, les diremos que Django fue un western italiano de los 60 en el que Franco Nero arrastraba un ataud en el que llevaba escondida una ametralladora. Miike ha retomado a ese personaje, lo ha convertido en japonés, y ha servido una ensalada de tiros y muertes que no tiene nada que envidiar a Leone o a Peckinpah. http://www.quo.es/ciencia/hombre/los_15_westerns_mas_raros/(image)/13 Nos gustaría mucho que te unieras a nuestra comunidad

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