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galan123

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Primer post: 18 ene 2008
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Manos Libres en bolsas del mandado.
Manos Libres en bolsas del mandado.
InfoporAnónimoFecha desconocida

¿Alguna vez te has cansado de llevar la bolsa del super? a Albert Martin le pasaba justo eso e invento una solución que espera le llene los pantalones de dinero. Inspirado en los frenos dentales y utilizando los conocimientos de su esposa en maquinas de coser el ex integrante de los Marines Reales creo el " Martin’s Hands-Free Harness". Un dispositivo sencillo que se desliza sobre los hombros y permite colgar pesadas bolsas del mandado alrededor de la cintura. Martin dijo: "Usted puede llevar su compra y limpiarse la nariz, comer pescado y patatas fritas o hablar por teléfono al mismo tiempo. Puede tener incluso una bebe en brazos al mismo tiempo que realiza las compras. El bisabuelo ha conseguido la patente de su invento y ha escrito a los grandes supermercados con la intención de empezar a comercializar su producto. link .

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La industria de la moda ahorra en tela
InfoporAnónimoFecha desconocida

Un estudio antropométrico que acaba de hacer el Ministerio español de Sanidad y consumo a la población femenina ofrece algunos datos asombrosos. Por lo visto, a las marcas de ropa, a pesar de trabajar para cubrir susodichos cuerpos y tener recursos de sobra para ello, no se les había ocurrido hacerlo hasta ahora: El 41% de las mujeres encuestadas dice tener problemas con las tallas de la ropa. De ellas, un 43% por encontrarlas pequeñas para su cuerpo, y un 22% por encontrarlas grandes. Estos problemas se agudizan en la franja de edad de 19 a 30 años: el 43,4% dice que la ropa es más pequeña que ellas. Sin embargo, sólo el 12,4% de la población femenina, especialmente personas mayores de 50 años, sufre algún grado de obesidad. Según el propio Ministerio, "Las tallas actuales de la ropa, con modelos definidos antes de 1975, no se adecúan al perfil físico actual de las mujeres en España". Curioso para una industria de la moda que se basa justamente en el constante cambio-despilfarro: Zara envía prendas nuevas a sus tiendas dos veces a la semana y la ropa se diseña, produce y distribuye en sólo tres semanas. http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2437

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El pringoso mundo de McDonald’s
InfoporAnónimoFecha desconocida

Las varias acepciones del poco empleado verbo “pringar” se ajustan didácticamente al contenido de este artículo. Pringar se deriva de “pringor” (jugo, sustancia) y de “pringue”, grasa que suelta el tocino u otra cosa sometida a la acción del fuego. El amasijo mezclado en la olla con carne, tocino y chorizo se llama “pringote”. Ejemplos de alimentos pringosos serían los engullidos por 46 millones de personas que en el mundo concurren a diario a los 30 mil restaurantes de McDonald’s, la cadena de hamburguesas más grande del planeta (Fortune, 2002). En sentido figurado (y curioso) el diccionario reconoce que pringar es tomar parte en un negocio o dependencia. Sería el caso de Ángel Lastra Martínez, médico veterinario zootecnista por la UNAM, uno de los dos especialistas mexicanos que emplean la tecnología de bipartición de embriones de ganado vacuno, avanzado método de reproducción de animales en serie. Con posgrados en microbiología por la Universidad de Manchester y el Colegio Real de Medicina Veterinaria de Londres (Proceso No. 1240, agosto 2000), el doctor Lastra Martínez ha recibido varios reconocimientos internacionales. Entre éstos, el que le otorgó la reina Isabel de Inglaterra por haber descubierto la enfermedad conocida como phyelonefritis (cistitis en los cerdos). O sea, un total desconocido para la candidata presidencial Paty Chapoy y otros genios de la cultura nacional. El caso es que en 1991, decenio en que México ingresó al primer mundo por la puerta de la cocina, Lastra Martínez organizó una empresa y obtuvo en el centro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, dos de las 130 franquicias que McDonald’s tenía en el país (casi el doble, hoy). A finales de la década, el doctor estaba en quiebra. Y no precisamente por falta de “talento empresarial”. Lastra Martínez cometió un “error”: se negaba, en sus restaurantes, a preparar alimentos con carne, verdura, pan y lácteos en estado de descomposición, suministrados por la empresa Apelco SA de CV. “Las lechugas venían con mucha basura, incluidas piezas metálicas, como tornillos o tuercas... el pan llegaba con vidrios de hielo y se descomponía en los hornos”, declaró a Proceso. En 1998 el caso llegó a los tribunales. La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagar) verificó la introducción de carne de pollo y puerco sin los registros sanitarios de ley y con fecha de caducidad hacia las franquicias en los estados de Coahuila y Nuevo León. “Interesante”, dijeron las autoridades de la Sagar. Ronald McDonald’s, el pringoso y siniestro payaso de la trasnacional, destruyó al científico metido a empresario. “Macdonalización” y otros términos similares (“cocalización”, “walmartización”) se han convertido en los favoritos de quienes con imaginación los han convertido en sinónimo de “imperialismo yanqui”: explotación, ruina, saqueo, desnutrición, muerte. En abril de 2005, la firma fue demandada por dos familias del popular barrio Bronx, Nueva York, a causa de los problemas de salud que presentaban sus hijos. Los padres de Jazlyn Bradley y Ashley Pelman denunciaron que sus hijos desarrollaron diabetes, obesidad, problemas cardiacos y altos niveles de colesterol. Aquí es importante señalar que 90 por ciento de los niños de Estados Unidos consumen productos de McDonald’s entre tres y cinco veces por semana, durante años. Según el escritor Eric Schlosser, autor de Fast Food America, los estadunidenses gastaron en 2000 unos 110 mil millones de dólares en comida rápida, más que en la enseñanza universitaria o los automóviles. En 2002, las investigaciones de Schlosser y otros especialistas obligaron a McDonald’s al retiro progresivo de los aceites hidrogenados en la elaboración de las papas fritas, con alto contenido innecesario de ácidos transgrasos, “potentes promotores de enfermedades cardiacas”. En febrero de 2006, la trasnacional aceptó pagar 8.5 millones de dólares para evitar un juicio por una demanda presentada por la organización Ban Trans Fat, de California, misma que en 2005 logró que la firma Kraft Foods retirara las grasas insaturadas de sus snacks, entre ellos las populares galletas Oreo. Por otro lado, la revista especializada Food Magazine lanzó el mes pasado una campaña advirtiendo acerca de la falsa publicidad de McDonald’s con respecto al uso de aceite de cocina hidrogenado. La campaña advierte que en Estados Unidos la sustitución en la alimentación de grasa parcialmente hidrogenada evitaría unas 30 mil muertes anuales prematuras por enfermedades coronarias. Según Food Magazine, en 2003 Dinamarca fue el primer país que introdujo restricciones en el uso de aceites transgrasos que contengan más de 2 por ciento de aceite y productos transgrasos, como los que se consumen masivamente en México. ¿La Organización Mundial de la Salud dispone ya de cifras aproximadas de personas fallecidas o que padecen de obesidad y trastornos cardiovasculares por ingerir los alimentos diseñados por McDonald’s en su cuartel general de Oak Brook, Illinois? Y en México... ¿quién le pone el cascabel al gato? http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2211

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Puerto Madero: una marca del consumo cosmopolita
InfoporAnónimoFecha desconocida

Si tradicionalmente fueron los sectores bajos de la población rural latinoamericana los que migraron hacia las zonas urbanas en busca de trabajo y mejores condiciones de vida, hoy existe un nomadismo urbano específicamente protagonizado por sectores de alta renta, cuyos movimientos responden a la necesidad de clase de crear nuevos códigos simbólicos de pertenencia. ¿Hasta qué punto el tópico de la inseguridad incidió en este nomadismo? Si la desigualdad originó, en gran parte, la violencia y la criminalidad, sobre todo en los espacios urbanos latinoamericanos a partir de los años ’90, y obligó a las clases más pudientes a refugiarse en barrios cerrados del centro y la periferia, existen otros tantos factores -inscritos acaso en la genética de los privilegiados de clase- que contribuyeron al corrimiento urbano de esos sectores, aun en tiempos anteriores a la exposición exponencial de la criminalidad urbana. En la Buenos Aires de los primeros años del siglo XX, una ciudad que crecía bajo el influjo dominante de la inmigración, esa clase acomodada huía del Sur de la gran urbe hacia el Norte, donde asentaba su prosapia. El laborioso sur se infectaba de trabajadores nativos y extranjeros, que habitaron las casas de inquilinatos, muchas de ellas convertidas en conventillos, y que habían pertenecido a sus antiguos dueños de clase alta. A finales de siglo, la misma ciudad produjo -al igual que las grandes urbes del mundo- cambios en la configuración de las identidades colectivas y de los espacios públicos y privados, nuevos usos de los escenarios urbanos y modificaciones en la constitución de los sectores sociales, económicos y culturales, todo producto de la imposición de las leyes del mercado y de la glorificación del consumo. La ciudad asiste hoy a un doble juego idénticamente excluyente: comunidades expulsadas del centro a los barrios -y de los barrios a la marginación de las villas miseria- contrastan con otros sectores que practican un nomadismo voluntario: el de las clases altas, que provocan un corrimiento y se instalan en nuevos espacios jerarquizados. El barrio de Puerto Madero, en las puertas de Buenos Aires, es el espejo de esta colosal transformación: un laberinto artificial, en su doble sentido de refugio y cárcel (Freire 2007), un espacio estrictamente planificado por la especulación de las leyes del mercado, un microcosmos esterilizado ideal para el consumo simbólico de clase, una suerte de ciudad-paralela-símil-shopping, porque de alguna manera niega a la ciudad que la rodea, o le es indiferente (Sarlo 1994). La transformación de Puerto Madero partió de la iniciativa pública, para reconvertir el área y rescatarla del abandono y el deterioro. El proyecto transformó 170 hectáreas de dársenas, edificios abandonados, antiguos depósitos de mercaderías, espacios ociosos y vialidad en desuso, en un conjunto de edificios corporativos, de viviendas, oficinas, museos, galerías de arte, multicines, bancos, instalaciones gastronómicas, comerciales y un club náutico. Con el aporte casi excluyente de la inversión privada, el nuevo barrio porteño aparece como un proyecto de alto impacto metropolitano, por su irradiación hacia otras zonas de la ciudad, aunque haya sido gestionado sin esa pretensión (Iglesias 2004). Paralelamente a la pérdida de carga simbólica del centro de las grandes ciudades como itinerario obligado en el uso del tiempo libre, a la revalorización de los espacios locales y a las nuevas formas de violencia urbana, la conformación de Puerto Madero como un fragmento de ciudad dentro de otra ciudad -¿o fuera de ella?- responde a un imperativo de elite: distinguirse de la masa, homogeneizada en los últimos años por las transformaciones de las industrias culturales y el consumo, salirse del estándar y demarcar un territorio de exclusividad, de pertenencia. Un espacio geográfico como Puerto Madero simboliza la fractura y fragmentación del modelo ideal de ciudad moderna, democrática, cuyo fundamento es la libertad e igualdad de los individuos y, cuyo espacio, las calles y los lugares públicos de encuentro. “Los barrios ricos -afirma Beatriz Sarlo- han configurado sus propios centros, más limpios, más ordenados, mejor vigilados, con más luz y mayores ofertas materiales y simbólicas”. Sin embargo, otros suelen ver el proyecto de Puerto Madero como una operación urbana de producción masiva de espacio público calificado del que los habitantes del común se apropiarán cuando las condiciones sociales y políticas se lo permitan (Ibid). En los años ’90 la figura del barrio se revaloriza, “renace como signo social, como espacio de sentido, y se relaciona estrechamente con tipos emergentes que los medios legitiman como nichos del nuevo buen vivir” (Arizaga 2005). De este modo, se invierte la hipótesis jauretcheana de que “vivir en el barrio desmonetiza al burgués entre los burgueses”. En efecto, hacia mediados del siglo XX, los profesionales exitosos, empresarios y burgueses triunfadores del comercio y la industria -según Arturo Jauretche (1966), que los denominó el medio pelo en la sociedad argentina de esa época- se mudaban al centro de la ciudad porque el barrio les quedaba chico: “a nivel de esta promoción de triunfadores, el barrio es disminuyente; un médico o un abogado de barrio no es más que eso, lo cual resulta peyorativo”. En la actualidad, el barrio de Puerto Madero simboliza todo lo que el burgués que describe Jauretche percibía y hallaba en el antiguo centro de la gran ciudad. A medida que se ensanchó el proceso de pauperización social, y que incluyó a vastos segmentos de la llamada clase media, los nuevos integrantes de los sectores de alta renta fueron escogiendo renovados espacios, revalorizados a partir de diversas estrategias y tendencias económicas, financieras y simbólicas: aquellos en los que priman los grandes equipamientos de consumo, como shoppings y centros temáticos de entretenimiento, los nuevos tipos de espacio residencial de clases medias-altas, y aquellos a los que asiste una pertenencia a un nosotros reducido, aire libre y seguridad (Arizaga 2005). En el imaginario de la clase alta, el deseo como motor de escenarios urbanos ha hecho posible la planificación de un espacio de ensueño que se sobrepone a la ciudad real. Así, la marca Puerto Madero aparece como el ideal de una ciudad glamorosa (Tercco 2006). Su estética representa la impronta residencial del “nuevo usuario de ciudades” aludido por Saskia Sassen, y asociado a la imagen de la nueva ciudad global y de alta tecnología; sus torres trasuntan un aire de edificios high-tech en combinación con aportes de una estética mundializada centrada en un espacio recuperado, con valor patrimonial y alto componente estético. Dos elementos -la incorporación del diseño en la vida cotidiana y el estilo de vida globalizado- que reafirman un cosmopolitismo de marca. Asimismo, las torres del barrio apuntan a un perfil de alto poder adquisitivo que no pone énfasis en la personalización, sino que prioriza un pragmático sentido del buen vivir, un perfil que no es familiar sino de mente abierta, que gusta de las novedades, sin lazos que lo aten, independiente (Arizaga 2005). Esta búsqueda de los sectores ricos y medios acomodados de un espacio social en permanente cambio es producto de una cultura del consumo, en la que ese segmento social construye su estilo de vida “a partir de determinados bienes y servicios que suponen gustos dominantes o gustos de posición, y con ello buscan la distinción y pertenencia” (Ibid). Conjuro de la rapacidad y, al mismo tiempo, ubicuidad de los mercados inmobiliarios con el imaginario deseante de un estrato social que consume valores simbólicos y tendencias mundializadas de urbanización. Estos sectores de alta renta sí pueden, a diferencia de otros nómades contemporáneos, realizar el deseo de elegir a dónde ir, con quién estar, qué valores compartir y durante cuánto tiempo. En Puerto Madero, la cultura de la apariencia está unida a un proceso de reafirmación de la identidad de clase, que la hace distinguida y auténtica sin ser diferente. En un mundo sin distancias -afirma Guillermo Oliveto- el nomadismo vuelve a tener valor. A las ya clásicas migraciones espasmódicas desde la periferia a las naciones centrales, al flujo de migrantes temporales inter e intranacionales y a los recientes desplazamientos de nuevos migrantes ambientales -una categoría que estableció la ONU para aquellos que dejaron su lugar de origen corridos por la contaminación y los cataclismos, y que apuntan a zonas más estables y limpias de la periferia- se suma otro nomadismo más selecto y exclusivo, motorizado por un sector social que hace de la tiranía del deseo y de la cultura del consumo una marca de selección de sus propios códigos de pertenencia. http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2430

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Mientras ganamos nadie dice nada
InfoporAnónimoFecha desconocida

« Realicé en 2005 mi primera apuesta cubierta por una maniobra ficticia, con una opción de venta de títulos de la aseguradora Allianz. Poco tiempo después, el mercado se hundió tras los atentados de Londres, y fue un jackpot [premio gordo] de 500.000 euros. Un resultado así genera la necesidad de continuar, es como un efecto bola de nieve... Las técnicas que yo utilizaban no son sofisticadas. Utilicé una función de nuestro sistema de mensajería interna que me permitía reutilizar el encabezamiento de un mail que me habían mandado, cambiando el texto . Escribía el texto que yo necesitaba y el correo tenía entonces toda la apariencia de un correo original... No puedo creer que mis superiores no tuvieran conciencia de las cantidades que invertía, es imposible generar tales beneficios [declaró 55 millones en 2007] con posiciones pequeñas. Mientras estaba en positivo, mis superiores hacían la vista gorda... Mientras ganamos y no se ve demasiado y conviene, no dicen nada. » Jérôme Kerviel, operador del Banco francés Société Générale (SG), que con maniobras bursátiles fraudulentas ha ocasionado un agujero a su empresa de 4.900 millones de euros http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2374

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Monitores de ordenador con clase social
InfoporAnónimoFecha desconocida

En esta planta de Texas se deshacen miles de monitores de ordenador. Los tubos que todavía funcionan se envían a una fábrica de Tailandia para hacer televisiones de bajo precio.

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Historia de dos tomates
InfoporAnónimoFecha desconocida

Uno creció despacio, en tierra reposada y rica en organismo vivos. El otro lo hizo en invernaderos , en tierra desinfectada con gases, bañado en plaguicidas. Te explicamos todo lo que separa a un tomate ecológico de otro convencional. Tomate pobre, tomate rico. Esta podría ser la historia de dos tomates que han compartido la misma cuna, pero a los que las circunstancias de la vida han conducido por caminos diferentes. Para diferenciarlos, puede hacerse una analogía con las distintas formas de cuidar de la salud. El cultivado de manera convencional será como la persona que corre a la farmacia ante el menor síntoma de enfermedad y tiene el armario repleto de potingues que se autoadministra. Suele tener todo tipo de dolencias que requieren cada vez más medicamentos. Mientras que el otro, el que cae sobre una tierra abonada naturalmente y respetada por el agricultor, correspondería a las personas que hacen una vida sana y atienden a sus necesidades globales para encontrar el equilibrio. Suelen estar poco enfermas y usan remedios naturales. Dos tomates, dos alternativas de vida. Esta es su historia. 1. En el semillero Las semillas de los dos tomates proceden de una empresa generadora de semillas, que hace los cruces pertinentes en sus viveros para conseguir las variedades deseadas. Los dos tomates pueden ser o no de la misma variedad. Todas las semillas has sido tratadas con fungicidas para evitar enfermedades en el momento de la germinación, excepto las de tomate ecológico, porque el agricultor lo solicitó explícitamente. Las dos semillas germinan en un vivero, donde pasan la fase más delicada del crecimiento. La plántula del tomate ecológico debería tratarse según la normativa específica, pero actualmente no existe en España ningún viverista que la siga. Luego, las plántulas se transplantan al huerto. 2. Llegan a la tierra Después de un cosecha y la temporada de cultivo que la precede, ola tierra ha perdido muchos de sus nutrientes. El tomate ecológico se planta en un suelo que habrá reposado durante unos meses, o donde se han cultivado antes legumbres o gramíneas, que captan el nitrógeno de la atmósfera y lo fijan en el suelo (el nitrógeno es uno de los principales nutrientes de las plantas, junto con el potasio y el fósforo). Esta técnica, llamada abono verde, no se puede aplicar en cultivos en los que una alta productividad ininterrumpida de tomates es el principal parámetro a tener en cuenta. Además a la tierra del tomate ecológico se le aporta estiércol, proveniente de explotaciones ganaderas ecológicas en al menos un 80%. El tomate ecológico se planta también en un campo en el que la temporada anterior no hubo tomateras, para que los hongos que quedaron en el suelo no les afecte. Es la llamada rotación de cultivos. El tomate convencional se cultiva, casi seguro, dentro de un invernadero, sobre un suelo desinfectado, para evitar que sea atacado por los hongos. Quizá se desinfectó previamente con calor, pero lo más probable es que se le inyecta bromuro de metilo, un gas altamente tóxico y que contribuye al crecimiento del agujero en la capa de ozono. La aplicación la realizó una empresa autorizada bajo estrictas medidas de seguridad. El campo se cubrió antes de la inyección con un plástico, que s e dejó de 2 a 4 días, y el tomate no se plantó hasta 12 días después. Ha tenido suerte, el agricultor es de los que respetan los plazos de seguridad. Así, la tomatera convencional se encuentra con un suelo totalmente libre de cualquier ser vivo, tanto hongos como hierbas o microbios, perjudiciales o beneficiosos. Al contrario que su compañera ecológica, que tiene unas 25 toneladas de vida orgánica por hectárea, incluyendo las bacterias que captan el nitrógeno de la atmósfera y lo fijan al suelo, o las que transforman químicamente los minerales para que las tomateras los pueda asimilar. En el suelo donde se plantó la tomatera convencional quizás haya hierro, pero ella no lo podrá asimilar y tendrá que usar el que le aporten a través de los fertilizantes químicos, par lo cual requerirá una mayor cantidad de agua. 3. Tiempo de crecer Las tomateras extienden sus raíces bajo el suelo y empiezan a crecer. El agricultor enrolla el tallo en unas cañas, si el huerto está al aire libre, o en unos hilos que cuelgan del techo, si la tomatera está en un invernadero. El tallo principal crece hacia arriba, gracias a la llamada gema pical. Lateralmente van naciendo otras gemas, pero tanto el agricultor convencional como el ecológico las rompen porque no quieren que crezcan ramas laterales, que formarían matas abultadas y espesas. Cuando las tomateras alcanzan cierta altura, les cortan la gema pical para frenar el crecimiento. La tomatera convencional crece muy rápidamente, porque en el invernadero hace calorcito, no hay hierbas que estorben y ha sido nutrida con una gran cantidad de fertilizantes. El agricultor convencional ha hecho lo posible para que el crecimiento sea rápido porque las instalaciones le han costado muy caras y quiere amortizar la inversión. De esta forma consigue tres y hasta cuatro cosechas de tomates cada año. De hecho, la “agricultura altamente intensiva a pequeña escala” se define así : “Precocidad de la recolección de los frutos en relación al medio natural, y utilización de técnicas especificas que favorecen, aceleran y fuerzan la maduración de aquellos”. La tomatera ecológica crece a un ritmo más pausado. El agricultor sólo conseguirá dos cosechas en un año. 4. Madurez fecunda Cuando llega la etapa de la polinización, se produce el llamado cuajado de la flor, para que de fruto, un proceso que se ve dificultado si hace demasiado calor o humedad o si falta viento. La tomatera convencional es pulverizada con fitohormonas para facilitar el cuidado, aunque el agricultor ha de tener cuidado de no excederse con la dosis ; en caso contrario lo tomates crecerán con malformaciones y a los consumidores no les gustarán. La tomatera ecológica recibirá la visita de unos abejorros que le ayudarán a cuajar. Los primeros tomates que maduran son los de las partes bajas de la tomatera, y los últimos los de la parte superior. Estos últimos salen algo más pequeños en la tomatera ecológica, porque la planta está ya envejecida. A la tomatera convencional es posible que le hayan aplicado amoniaco para mantener el calibre de los tomates tardíos. 5. Combatir las plagas La tomatera ecológica sabe que un motocultor es una máquina que corta las malas hierbas pocos centímetros por debajo del suelo. La tomatera convencional ha tenido que probar el sabor de alguno de los 18 herbicidas de síntesis autorizados en España. Las plagas suelen aparecer en un área localizada del huerto, desde donde se van extendiendo a la totalidad del cultivo si no se consigue frenar. El agricultor ecológico observa cada día su posible aparición y, cuando descubre una, aplica el principio de “ante todo mucha calma” : mientras está localizada, espera a que los depredadores naturales la combatan, algo que ocurre con frecuencia. Atacarla inmediatamente impide justamente la multiplicación de los depredadores. Si no desaparece, el agricultor ecológico introduce él mismo depredadores o aplica fungicidas o insecticidas biológicos o minerales. Los plaguicidas son de contacto o de ingestión (el insecto u hongo tiene que entrar en contacto con ellos o ingerirlos para ser eliminado) y los aplica de forma localizada, pulverizando sólo las partes afectadas de la tomatera. Algún día recibe inesperadamente una inspección del Consejo regulador de Agricultura Ecológica de la comunidad autónoma, para certificar el correcto manejo del huerto. El agricultor convencional, en cambio, aplica el principio de “cortar por lo sano” : en cuanto aprecia un síntoma, aplica un producto químico que lo elimine. Siempre quedan individuos resistentes, y a veces hace aplicaciones mañana y tarde, porque las plagas se reproducen con mucha facilidad. También tiene plaguicidas de contacto o de ingestión, pero usa cada vez más productos sistémicos. Estos se suministran a través del agua de riego, penetran en la sabia de la planta y eliminan la plaga allá donde se halle, de forma que se ahorra el trabajo de localizarla, pero “impregnan” todo el producto. El agricultor convencional sabe que hay normativas de seguridad para los fitosanitarios : no puede recoger los tomates hasta cierto número de días después de la aplicación. Pero a veces, ante la alternativa de perder una parte de la cosecha o saltarse la norma, opta por lo segundo. Es difícil dar datos comparativos del porcentaje de cosechas perdidas por las plagas en los distintos tipos de cultivo. Son muchos los factores que intervienen en cada caso. Pero un 10% de pérdidas puede considerarse normal en cualquier tipo de cultivo. 6. A punto de consumir Después de la cosecha, los tomates procedentes de grandes explotaciones se llevan a las naves de empresas envasadoras y distribuidoras. Los destinados a grandes superficies se ponen en bandejas de porexpan envueltas con una película de plástico y se etiquetan. Se guardan en cámaras a una temperatura de 9 a 11 grados y son transportados en camiones también refrigerados. Un 80% de los tomates pasa por el mercado central de alguna provincia. Algunos agricultores pequeños llevan directamente los tomates hasta un punto de venta local. Salvo en Andalucía y Extremadura, donde los cultivos ecológicos son a gran escala y se destinan mayormente a la exportación, en las demás comunidades la producción ecológica es pequeña en comparación con la convencional, y la mayor parte se vende localmente. De hecho, el poco número y la dispersidad geográfica de productores y consumidores de productos ecológicos hace que la distribución se convierta en el factor que más influye en el mayor precio de estos productos. Aquí acaba la historia. El tomate ecológico será consumido por alguien que ha tomado la decisión conscientemente. El convencional lo compramos casi sin darnos cuenta de lo que hacemos. Alto rendimiento La productividad actual (entre 5 y 7 veces superior a la de hace 50 años) se ha conseguido sobre todo gracias a la mejora genética, de la que se aprovechan todas las formas de cultivo. La agricultura convencional acelera el crecimiento mediante fertilizantes de síntesis, mientras que la ecológica usa otras técnicas. Por ejemplo, un cortavientos de árboles en los límites del huerto aumenta la productividad en un 20% Los males de los plaguicidas de síntesis. • En general son neurotóxicos, es decir, actúan sobre el sistema nervioso, y se han tipificado unos 250 síntomas relacionados con ellos. De hecho, se admite que cada año mueren miles de campesinos en el mundo por su uso. Pero es difícil demostrar las relaciones causa-efecto, porque a veces los síntomas aparecen semanas después de la exposición o ingestión. Además, hay que tener en cuenta que no se dedican a esta investigación inversiones importantes. • El bromuro de metilo, usado en el cultivo del tomate para desinfectar los invernaderos, está prohibido en varios países y se espera que pronto se prohiba aquí. • Hay que cumplir un plazo de seguridad antes de recoger los frutos. Respetarlo depende casi exclusivamente de la ética del agricultor. • Si los plaguicidas son sistémicos, penetran en la planta, de forma que resulta inútil lavar los frutos antes de comerlos. Si no son específicos, eliminan también la fauna útil y los individuos resistentes pueden proliferan más rápidamente por la ausencia de depredadores. • Las cepas de plagas resistentes se multiplican con facilidad, por lo que hay que sintetizar nuevos productos continuamente. El ritmo de aparición de nuevos plaguicidas hace dudar de que se hayan probado debidamente (también es dudoso que se pueda demostrar categóricamente su inocuidad). • Los residuos se esparcen por el aire, el suelo y las aguas subterráneas. Existen registros públicos de los residuos en alimentos, pero su consulta en menos accesible de lo que debería. Si la estructura química de los plaguicidas es estable, se pueden acumular en los tejidos a través de la cadena trófica. http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2392

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San Valentín: porque un diamante es para siempre
InfoporAnónimoFecha desconocida

http://www.letra.org/spip/IMG/jpg/sanvalentin.jpgEl 14 de febrero, Día de los enamorados, se ha convertido en uno de los momentos de obligado consumo del año. Un consumo irracional e insostenible que está produciendo, además de un grave deterioro ambiental, una alarmante mercantilización de las relaciones y de los sentimientos. Cada vez hay más voces que denuncian la pérdida de valores que está experimentando nuestra sociedad. Mientras esto ocurre las empresas se esfuerzan por reconducir esta preocupación social hacia el consumo, y la estrategia para realizarlo les está funcionando a la perfección. Estos días estamos abrumados por campañas publicitarias que nos “enseñan” cómo hay que transmitir todos los valores relacionados con el amor, con el fin de instaurar socialmente cómo expresar nuestros sentimientos. Así que proponen alternativas de todo tipo, para los que se quieren gastar mucho, para los que les gustan los regalos alternativos... pero todo con un denominador común: algo hay que comprar. Y que algo haya que comprar significa que el indicador del amor entre las parejas se mide más con el tipo de regalo que se da o recibe que con las palabras, las caricias, los besos, los abrazos o las relaciones sexuales. En una sociedad en la que la rapidez se percibe como uno de los máximos valores, y donde la lentitud no tiene cabida, la compra de un objeto es la alternativa perfecta para expresar los sentimientos. Pero no hay que olvidar que esta mercantilización de las relaciones va dejando un grave rastro de degradación ambiental, (detrás de todos esos regalos hay un gran gasto energético, de recursos, y grandes montañas de residuos en forma de envoltorios y sobreempaquetados), y también un gran deterioro social, ya que se produce una gran desarticulación de las relaciones. Desde Ecologistas en Acción pensamos que la mejor manera de celebrar este día es no comprar nada. Proponemos que, si se quiere hacer algo especial, lo más interesante es tomarse un tiempo para pensar en las verdaderas necesidades afectivas de la pareja, y en cómo se puede contribuir a cubrirlas. http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=1004#forum37073

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Nuestro pan de cada día
InfoporAnónimoFecha desconocida

link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=r1lllO26fgc Fragmento del documental "Unser täglich Brot" (Nuestro pan de cada día), que muestra el interior de una granja industrial de pollos para comida.

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No nos miramos a la cara
No nos miramos a la cara
InfoporAnónimoFecha desconocida

Sabemos hace tiempo que esto no puede continuar. Los informes de Worldwatch nos dicen que para lograr el objetivo neoliberal de convertir 6500 millones de personas en consumidores (ahora sólo somos 1700), serían necesarios tres planetas (con sus materias primas, fuentes energéticas...) para atender tal demanda. Como esto no es posible, pero incrementar el número de consumidores es muy rentable, nuestra sociedad se ha dedicado en las últimas décadas a poner a punto la maquinaria mercadotécnica, hasta hacer de la compra todo menos una actividad económica: compramos por placer, por diversión, por erotismo, pero ya no por necesidad. Y eso tiene una serie de problemas de los que los neoliberales no hablan. Por ejemplo, según estudios de la UE, la tercera parte de los consumidores adultos europeos tiene problemas de descontrol en la compra o en el gasto y la mitad de los jóvenes europeos (un 46%) presentan una preocupante tendencia consumista y de adicción a la compra. Y lo más importante: para mantener estas adicciones lo fundamental es insistir en nuestras debilidades para que la compra sea la única forma inmediata de solucionar nuestros problemas. Nos creemos a pies juntillas una publicidad que para poder vendernos productos de belleza nos hace sentir feos, y para poder crearnos una identidad propia nos anima a consumir marcas (que nos "ceden" su identidad por un precio razonable). Pero al final, comprobamos una y otra vez que en el consumo de productos y bienes no está la solución a nuestros problemas y que sería mucho mejor, en vez de mirar coches, que nos miráramos, de una vez por todas, a la cara. A lo mejor resulta que no somos tan feos. http://www.letra.org/spip/article.php?id_article=2424

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