0. Haré una introducción a las críticas.
1. Expondré una de las críticas, esto es, uno de los errores lógicos que encontré (y vaya que tiene tantos). Coloqué este porque es el más fácil de explicar y para no hacer el post más largo (que de por sí lo es).
2. Mostraré a la contradicción que se llega si se acepta el enunciado: "Todo vale". Cuanto quisiera escribirles que el merito de encontrar esa contradicción es mía o que fui el primero en hacerla pero NO, muchos ya lo han hecho y aquí pondré una por ser muy fácil de encontrar, y se debe a Horacio Benardo (en la fuente pueden encontrarán el link que los llevará al texto completo).
3. Mostraré la crítica que se le hace al trabajo Fereyeband en el libro: imposturas intelectuales
En el prefacio del libro: Epistemología del físico y filósofo de la ciencia: Mario bunge podemos leer:
(Pág. 7)En esta edición he introducido algunos arreglados y correcciones , casi todos ellos menores, a la primera edición de 1980. desde entonces he aprendido mucho, pero... No me ha hecho mella la contrarrevolución anticificientificista iniciada por Thomas S. Khun y Paul K. Fereyabend .
Bueno en dos post anteriores mostré cómo Khun aportó a la contrarrevolución mencionada por Bunge, he hice la crítica correspondiente. En este post daré críticas al otro pionero, es decir, a Fereyabend.
Advertencia: NO conozco personalmente a Fereyabend, ni me interesa, ¿qué con eso?, pues que aquí no pondré nada de su biografía, hay mucha en muchos lados (sobretodo en páginas de parapsicología y otras charlatanerías). Lo que daré aquí es una crítica usando como dice el Gran lógico Polaco: Jan Łukasiewicz, en su magnífico libro : estudios de lógica y filosofía: "el frió cuchillo de la lógica".
Escribe Fereyabend:
Todas las metodologías tienen sus límites, y la única «regla» que sigue siendo
válida es: «Todo vale» (Feyerabend, 1975, pág. 296).
Probaré que dicho argumento es inválido. primero para los que no saben:
Un argumento es válido si y solo si el siguiente condicional es verdadero: si las premisas son ciertas, entonces la conclusión es verdadera.
Para mostrar la invalidez del argumento de Fereyabend le daré la siguiente forma:
Premisa: Todas las metodologías tienen sus límites
Conclusión: Todo vale.
Supongamos que el anterior argumento es válido, entonces el siguiente condicional es verdadero:
(1). Si "Todas las metodologías tienen sus límites" es un enunciado verdadero, entonces el enunciado: "Todo vale" es verdadero.
Ahora bien que las metodologías tengan limitaciones, se sabe que es verdad, teniendo en cuenta que siempre se les está o haciendo mejoras o cambiándolas por otras. Pero como muestro más adelante el enunciado: "todo vale" conduce a contradicciones luego dicho enunciado es falso, luego el antecedente del condicional (1) es verdadero y el consecuente es falso. Y como un condicional es falso cuando el antecedente es verdadero y el consecuente es falso. Entonces el condicional (1) es falso y, por tanto, el argumento analizado es inválido. Tal vez alguien pueda decir:
"oye espera un momento Fereyabend dijo todo en una sola oración: "Todas las metodologías tienen sus límites y la única «regla» que sigue siendo válida es: «Todo vale»", así ¿qué te autoriza a separarlo en premisa y conclusión?. Analiza-lo así y no lo separes" Bueno está bien pero llegamos así a que el enunciado: "Todas las metodologías tienen sus límites y la única «regla» que sigue siendo
válida es: «Todo vale»" es falso porque es una conjunción de los enunciados: "Todas las metodologías tienen sus límites" y el enunciado: " la única «regla» que sigue siendo
válida es: «Todo vale»", ya que el enunciado (repito: como se muestra más adelante): " la única «regla» que sigue siendo válida es: «Todo vale»" es falso y para que una conjunción sea falsa, es suficiente conque uno de los enunciados conjugados sea falso. Como quiera que lo miremos Feyerabend incurrió en error.
Las siguientes críticas, que también se dan usando "el frio cuchillo de la lógica", no son mías y las colocaré en otros colores. En la primera se muestra que el enunciado "todo vale" conduce a una contrdicción y en la segunda se hacen más críticas al trabajo de Paul Fereyabend."
El epistemólogo Paul Feyerabend, quien arrojó una visión "anarquista" de la ciencia, resumió sus teorías críticas en la frase "todo vale". Feyerabend se refirió, específicamente, a que no puede hablarse de un "método científico" único e infalible y que cualquiera de las hoy conocidas como ciencias no posee mayor valor cognitivo que, por ejemplo, la magia, la alquimia o la astrología. Detrás de la afirmación "todo vale", sin duda hay una actitud de rebeldía ante el sitial de poder de la ciencia como pináculo de la razón humana, y esto nos lleva a pensar que las críticas de Feyerabend nos conducen hacia una apertura intelectual y gnoseológica, bregando por la libertad de investigación y pensamiento. Quisiera detenerme en este concepto, en el de libertad, relacionado con la frase "todo vale" de Feyerabend, pues aquí es desde donde, a mi entender, comienza a perfilarse la falacia y lo paradojal de la afirmación. Pero vayamos por partes. ¿Por qué decimos que la frase "todo vale" resulta paradójica?. Para explicarlo necesitamos dividir el alcance de la afirmación en dos partes. El primer alcance se dirige al "todo vale" en cuanto al método científico. Para Feyerabend, como dijimos, no hay un método científico infalible que nos conduzca hacia la "verdad", lo que lo lleva a tomar la postura radical de afirmar que cualquier método es válido. Si admitimos la existencia del alcance anterior, entonces de él se desprende el segundo, que es el "todo vale" sobre el producto del conocimiento. Esto se deduce, precisamente, de seguir la línea de pensamiento feyerabendiana: si cualquier método es válido, entonces el producto obtenido de cualquiera de ellos será válido. Pongamos un ejemplo ilustrativo de lo anterior. Tomemos dos teorías que intentan determinar la edad del hombre en la tierra. Una de ellas utiliza como método la inducción, a partir de excavaciones, hallazgos de fragmentos humanos y análisis posterior con carbono14. La otra se basa en el análisis del texto Bíblico – asumiendo en él una verdad metafísica –, procediendo a la cuenta de los días transcurridos entre el "nacimiento" de Adán hasta nuestra época. Vemos que ambas utilizan métodos distintos. Para Feyerabend, ambos serían válidos. Ahora vayamos al producto de ambas teorías, la primera determina que hace aproximadamente dos millones de años que el hombre apareció en la tierra , mientras que la segunda afirma que hace unos seis mil años. Si para Feyerabend ambos métodos son válidos, entonces serán válidos los productos científicos que se obtengan de su aplicación, pues si, por ejemplo, no admitiéramos la teoría que parte de analizar el texto bíblico, precisamente, por considerar que no tiene sentido un análisis de esa índole, entonces tampoco estaríamos aceptando el "todo vale" planteado al inicio. Tampoco podríamos rechazar el producto de esta teoría utilizando como argumento otro producto hallado mediante otro método "científico", ya que ambos serían igualmente válidos. Incluso si ambas teorías arribaran a conclusiones distintas a partir del mismo método, tampoco podríamos descartar ninguna de ellas porque, se debe recordar, el concepto "todo vale" implica la inconmensurabilidad de las teorías científicas, o sea, la imposibilidad de comparación y determinación de superioridad de una en relación a otra. Por lo tanto, si para Feyerabend cualquiera de los métodos utilizados es válido, entonces el producto de ambos métodos será válido también, o sea, tanto valdrá decir que el hombre apareció en la tierra hace dos millones de años como decir que lo hizo hace seis mil. Resumamos, entonces, los dos alcances de la afirmación:
a1 – "Todo vale" en cuanto al método científico.
a2 – "Todo vale" en cuanto al producto científico.
Ahora centrémonos en el alcance referente al producto científico, o sea, a las teorías científicas. K. Popper afirma, con razón, que cualquier teoría científica implica algún tipo de restricción. Pongamos como ejemplo que, si tenemos una teoría que afirma: "la tierra gira alrededor del sol" estamos, implícitamente, negando cualquier otra afirmación incompatible – por ejemplo, que la tierra gire alrededor de la Luna, o de Júpiter, o del cometa Halley –. Si por el contrario, afirmamos "el sol gira alrededor de la tierra" (bajo una visión ptolomeica del universo), estaremos restringiendo o negando, que el sol gire alrededor de la Luna, de Júpiter, e incluso la teoría anterior, o sea, que la tierra gire alrededor del sol. Entonces, siendo ambas teorías incompatibles, ¿cómo puede ser válido el "todo vale" de Feyerabend? Si adoptamos la primer teoría como válida, o sea, adherimos a ella, ¿podremos adherir también a la segunda? He aquí donde comienza a vislumbrarse la paradoja del pensamiento de Feyerabend. Pero continuemos. Hasta aquí hemos planteamos casos de teorías incompatibles, y alguien podrá decir, con razón, que todas las teorías no son incompatibles entre sí, por lo que no se puede afirmar que Feyerabend haya planteado una paradoja. Planteemos pues, el caso de una teoría aislada, como por ejemplo, la que afirma que el agua está compuesta por dos partículas de hidrógeno y una de oxígeno. Sin buscar ejemplos que contradigan, se sigue cumpliendo lo que afirma Popper, la teoría necesariamente implica infinitas negaciones, ya que, si adherimos a ella, estaremos rechazando cualquier otra conformación química del agua. Podemos resumir lo
antedicho en el siguiente esquema:
a – Si yo afirmo X sobre un hecho Y
b – Entonces estoy negando Z (con Z distinto de X) sobre el hecho Y
Cualquier teoría, por ende, arribará a conclusiones que atentarán contra el todo vale de Feyerabend, porque, dado que cada teoría implica infinitas negaciones, validar absolutamente todos los métodos "científicos" y, por ende, todas las teorías posibles, implicará negarlas todas. Pero dejemos este asunto aquí, luego lo retomaremos con más amplitud. Centrémonos primero en probar que el "todo vale" de Feyerabend resulta ser una paradoja. Para ello, supongamos que una teoría epistemológica, a través de un método "científico" M (válido para Feyerabend), arriba a la conclusión de que en ciencia "algunas cosas valen y otras no". Para Feyerabend, la conclusión sería correcta ya que, como vimos, el "todo vale" del producto se desprende del "todo vale" del método. Pero, si es válida esta nueva afirmación, ¿cómo puede ser válida la afirmación de Feyerabend? Si "todo vale" entonces no vale la afirmación "algunas cosas valen y otras no" y si vale "algunas cosas valen y otras no" no vale la afirmación "todo vale". ¿No estamos, pues, ante una paradoja?
Si admitimos lo anterior, entonces deberíamos preguntarnos, ¿cómo se sustenta esta afirmación? ¿Cuáles son los argumentos que le permiten a Feyerabend llegar a esta conclusión? Estos argumentos, según él, los encuentra a través de un estudio minucioso de la historia de la ciencia, y a través de la observación de la comunidad científica. Observa Feyerabend, en esta última, un entramado psicológico de ambiciones y búsqueda de prestigio (al igual que Kuhn), pero adopta una postura más radical, viendo a la comunidad científica autoproclamando para sí la razón absoluta y, por ende, gran cuota parte de poder social. El mismo Feyerabend afirma que la ciencia "ha montado un espectáculo en su provecho", con lo cual queda bastante expuesto su pensamiento. Su intención – bastante loable, por cierto –, es despojar a la comunidad científica del poder que se autoadjudica, permitir la libertad de investigación, e incluso ceder cuota parte de esta "razón" a los ciudadanos comunes, a aquellos que no pertenecer a la comunidad científica y que necesitan regir sus propios actos por sí mismos. Aquí volvemos al concepto de libertad antes citado.
Los argumentos de su postura radical se sustentan en la "libertad" gnoseológica. Feyerabend dice; dejemos que se lleven a cabo investigaciones a partir, por ejemplo, de postulados aristotélicos; démosle la oportunidad. Lo que está diciendo es: demos libertad de investigación, de conocimiento. Libertad científica. Insisto en el concepto de "libertad" ya que, como veremos a continuación, de ahí surge la aberración más peligrosa de la afirmación paradójica "todo vale". Analicemos más a fondo la cuestión. Insisto una vez más; "todo vale" y libertad son conceptos que, al parecer, van unidos. A los ojos del sentido común esto no necesitaría más explicación, sin embargo, veremos cómo esta asociación resulta engañosa. Volvamos al ejemplo de la teoría que afirma "la tierra gira alrededor del sol". Ya vimos que hacer esta única afirmación implica realizar un número infinito de negaciones incompatibles. Si nos regimos por el "todo vale" de Feyerabend, y admitimos que del "todo vale" del método se desprende el "todo vale" del producto, llegaremos a la conclusión de que no podremos aceptar la teoría "la tierra gira alrededor del sol", ya que, si así lo hacemos, estamos necesariamente negando una infinidad de teorías alternativas e incompatibles. Si nosotros adherimos a "la tierra gira alrededor del sol", necesariamente no podemos adherir al "todo vale" de Feyerabend. Este razonamiento podemos extenderlo a cualquier otra teoría, sustentándonos en el pensamiento popperiano antes citado. Por lo tanto, si adherimos a la teoría "todo vale" necesariamente no podemos adherir a ninguna otra teoría de cualquier índole, ya que si adhiriéramos a alguna dejaríamos de adherir a la teoría "todo vale". He aquí la aberración fundamental de la afirmación. ¿Qué tipo de libertad nos propone esta postura? Cualquier teoría que aparezca o elaboremos deberemos descartarla sistemáticamente. Irónicamente, el "todo vale" se convierte en un "nada vale". Pero, como habrá notado el lector atento, si llegamos a la conclusión de que "todo vale" en realidad quiere decir "nada vale", estaríamos cayendo en una paradoja similar a la anterior, pues si nada vale, tampoco valdría la afirmación "nada vale". Esta observación es acertada, y el "todo vale" de Feyerabend, debe ser sustituido por la frase "nada vale, excepto esta frase". El "excepto esta frase" no resulta un mero "parche" para escapar a la paradoja, sino que es de fundamental importancia, ya que implica, como veremos, una cuestión de legitimidad de la misma negación. Expliquemos mejor este asunto. Si yo afirmo "nada vale, excepto esta frase", estoy afirmando "esta frase es la única válida", con lo cual mi frase es la única legítima. Ahora la pregunta que cabría hacer es la siguiente: ¿en quién radica, pues, el poder y la legitimidad necesarias para sostener una postura de esta índole? ¿En Feyerabend? ¿En aquellas personas que no pertenecen a la comunidad científica? ¿En quién? Pues, evidentemente, radicará en algo o alguien, en una persona o entidad concreta a la que, por ahora, llamaremos X. Necesariamente esta persona o entidad X debe tener algún justificativo que la habilite a afirmar "todo vale" y, por ende afirmar "sólo esta afirmación es válida". Pero, ¿es posible que exista tal persona o institución? ¿En qué fundamento justificaría su postura? Precisamente la justificación es el argumento que sostiene la libertad "absoluta", aceptada, sin duda, por la comunidad en general porque, evidentemente nadie negaría un postulado que "vaya en pos de la libertad". Pero, ¿se ha notado cuál es la aberración de esta contradicción? Terminamos pues, confiriendo a una persona o entidad X, en pos de la libertad, la potestad para negarlo todo, de obstruirlo todo. El razonamiento de Feyerabend nos lleva a lo que podríamos denominar "falacia de la falsa libertad", que definimos como aquel postulado que, a través de la proclamación de la libertad absoluta, nos lleva a la posición contraria, o sea, a la esclavitud o la inmovilidad absoluta.
Ahora la interesante crítica de Sokal y Jean
Feyerabend intenta defenderse de las consecuencias de una lectura literal del «todo vale», y escribe lo siguíente:
Un anarquista ingenuo dice que: a) tanto las reglas absolutas como las reglas que dependen del contexto tienen sus límites, de lo que infiere que: b) todas las reglas y todos los criterios carecen de valor y hay que abandonarlos. La mayoría de los críticos me toman por un anarquista ingenuo en el sentido que acabo de mencionar. (...)
aunque estoy de acuerdo con a), no lo estoy con ). Lo que pretendo decir es que todas las reglas tienen sus propios límites y que la «racionalidad» global no existe. Nada más lejos de mi intención que pretender avanzar sin reglas ni criterios (Feyerabend, 1993, pág. 231).
Señalemos también que muchas de sus exposiciones de problemas de la física moderna son erróneas o, cuando menos, extraordinariamente exageradas: véanse, por ejemplo, sus afirmaciones sobre el movimiento browniano (Feyerabend, 1993, págs. 27-29), la renormalización (pág. 46), la órbita de Mercurio (págs. 47-49) y la difusión en mecánica cuántica (págs. 49-50n). Sería demasiado largo desenmarañar todas sus confusiones; véase, no obstante, Bricmont (1995a, ág. 184) para un breve análisis de las afirmaciones de Feyerabend sobre el movimiento browniano y la segunda ley de la termodinámica. El problema reside en que el autor ofrece una escueta indicación sobre el contenido de esas reglas y criterios; y, a menos que estos últimos se atengan a alguna noción de racionalidad, llegaríamos fácilmente a la forma más extrema de relativismo.
Cuando pasa a consideraciones más concretas, Feyerabend mezcla, muy a menudo, observaciones razonables con sugerencias bastante extrañas:
Nuestro primer paso en la crítica de los conceptos y reacciones habituales consiste en salir del círculo y, o bien idear un nuevo sistema conceptual -por ejemplo, una nueva teoría que entre en conflicto con los resultados mejor establecidos por la observación y confunda los principios teóricos más plausibles-,o bien importar dicho sistema desde el exterior de la ciencia, de la religión, de la mitología, de las ideas de gente incompetente o de las divagaciones de locos (Feyerabend, 1993, págs. 52-53).
Estos planteamientos de Feyerabend se podrían defender invocando la distinción clásica entre el contexto del descubrimiento y el contexto de la justificación. En efecto, en el peculiar proceso de invención de teorías científicas, se admiten en principio todos los métodos -deducción, inducción, analogía, intuición e incluso alucinación-, ya que, en realidad, el único criterio verdaderamente importante es el pragmático. En cambio, la justificación de las teorías se debe efectuar racionalmente, aunque esta racionalidad no se pueda codificar de una forma definitiva. Podríamos estar tentados de creer que los ejemplos deliberadamente extremados que aporta Feyerabend sólo conciernen al contexto del descubrimiento y que no existe ninguna contradicción real entre su punto de vista y el nuestro. Pero el problema está en que el autor niega explícitamente la validez de la distinción entre descubrimiento y justificación. Es cierto que la claridad de dicha distinción se ha exagerado enormemente en la epistemología tradicional. Es el mismo problema de siempre: sería ingenuo creer que existen reglas generales e independientes de todo contexto que permiten verificar o falsar una teoría, o dicho en otras palabras, históricamente el contexto de la justificación y el contexto del descubrimiento. Evolucionan paralelamente. Sin embargo, en cada momento histórico, esa distinción existe. De no ser así, los procedimientos de justificación de teorías no estarían nunca sometidos a restricciones de orden racional.
Pensemos, de nuevo, en las pesquisas policiales: se puede descubrir el culpable como consecuencia de todo tipo de acontecimientos fortuitos, pero los argumentos propuestos para demostrar su culpabilidad no gozan de esa libertad, aun cuando los criterios en cuanto a las pruebas evolucionen históricamente.
Una vez que Feyerabend ha dado el salto al «todo vale», no ha de sorprender que se empecine en comparar constantemente la ciencia con la mitología o la religión, como resulta evidente, por ejemplo, en el siguiente pasaje:
Newton reinó durante más de 150 años, y si Einstein introdujo, durante un breve período, un punto de vista más liberal, no fue sino para dar paso a la interpretación de Copenhague. ¡Las similitudes entre la ciencia y el mito son verdaderamente asombrosas! (Feyerabend, 1975, pág. 298)
En este caso, el autor sugiere que la interpretación llamada «de Copenhague » de la mecánica cuántica, debida principalmente a Niels Bohr y Werner Heisenberg, ha sido aceptada por los físicos de modo bastante dogmático, lo que no es del todo falso (más difícil resulta identificar el punto de vista de Einstein al que se refiere). Sin embargo, lo que Feyerabend no ofrece son ejemplos de mitos que cambien como resultado de experiencias que los contradicen, o que propongan experiencias que permitan distinguir entre versiones anteriores y posteriores del mito. Precisamente por esa razón, que es crucial, por lo que las «similitudes entre la ciencia y el mito» son superficiales.
Aparece otra vez esta analogía cuando Feyerabend propone separar la ciencia del Estado:
Si bien los padres de un niño de seis años pueden decidir que sea instruido en los principios básicos del protestantismo o de la fe judía, o decidir simplemente, no darle instrucción religiosa alguna, no tienen la misma libertad en el caso de las ciencias. Es absolutamente necesario aprender física, astronomía, historia. Nadie puede sustituirlas por la magia, la astrología o el estudio de las leyendas. Tampoco nos contentamos con una presentación meramente histórica de los hechos y de los principios físicos (astronómicos, históricos, etc.). No se dice que algunas personas creen que la Tierra gira alrededor del Sol, mientras que otras consideran la Tierra como una esfera hueca que contiene al Sol, los planetas y las estrellas fijas. Se dice que la Tierra gira alrededor del Sol; todo lo demás es pura idiotez (Feyerabend, 1975, pág. 301).
Aquí, Feyerabend reintroduce, de una forma particularmente brutal, la ya clásica distinción entre «hechos» y «teorías», un principio fundamental de la epistemología del Círculo de Viena que él rechaza. Al mismo tiempo, parece utilizar implícitamente en las ciencias humanas una epistemología realista hasta la ingenuidad, que se niega a aceptar en las ciencias naturales. Pero, ¿cómo saber exactamente lo que «algunas personas creen», si no es utilizando métodos análogos a los científicos (observaciones, sondeos, etc.)? Si se hiciera un sondeo acerca de las creencias astronómicas de los norteamericanos, limitando la muestra a profesores de física, no encontraríamos, probablemente, a nadie que «considere la Tierra como una esfera hueca»; pero Feyerabend podría argumentar, y no sin razón, que el sondeo se ha hecho mal y que no es representativo (¿osaría decir que no es científico?). Es lo mismo que si un antropólogo se instalara en Madrid para elaborar, en su despacho, los mitos de otros pueblos. Pero, en tal caso, ¿qué criterio aceptable para Feyerabend se estaría infringiendo? ¿No nos dice él que «todo vale»? Su relativismo metodológico es tan radical que, tomado literalmente, se autorrefuta. Sin un mínimo de método -racional-, es imposible aportar siquiera una «presentación meramente histórica de los hechos».
Paradójicamente, lo que impresiona en los escritos de Feyerabend es el carácter general y abstracto de sus proposiciones. Sus argumentos muestran, como máximo, que la ciencia no avanza siguiendo un método bien definido, algo con lo que estamos básicamente de acuerdo. Pero no explica nunca en qué sentido son falsas la teoría atómica o la teoría de la evolución, a pesar de todo lo que sabemos hoy en día. Y es muy probable que no lo diga porque no lo crea y comparta con la mayoría de sus colegas, al menos en parte, la visión científica del mundo, es decir, que las especies han evolucionado, que la materia se compone de átomos, etc. Y si comparte esas ideas, es seguramente porque tiene buenas razones para hacerlo. ¿Por qué no reflexionar sobre ellas e intentar explicitarlas en lugar de contentarse con repetir, una y otra vez, que no son justificables mediante unas reglas universales del método? Procediendo caso por caso, Feyerabend podría mostrar que existen argumentos empíricos sólidos a favor de esas teorías.
Siempre se puede replicar que al autor no le interesan este género de cuestiones. En efecto, a menudo da la impresión de que su oposición a la ciencia no es de naturaleza cognitiva, sino que es fruto de una elección de estilo de vida, como por ejemplo cuando dice que: «el amor se convierte en algo imposible para quienes insisten en la "objetividad", es decir, quienes viven enteramente de acuerdo con el espíritu de la ciencia». El problema radica en que no distingue claramente entre juicios de hecho y juicios de valor. Así, por ejemplo, podría sostener que la teoría de la evolución es infinitamente más plausible que cualquier mito creacionista, pero que los padres, sin embargo, tienen el derecho de exigir que la escuela enseñe doctrinas falsas a sus hijos. No estaríamos de acuerdo, pero por lo menos el debate no se daría meramente en el plano cognitivo e incluiría consideraciones políticas y éticas.
La introducción de Feyerabend a la edición china de Against Method sigue la misma línea:
La ciencia del primer mundo no es más que una ciencia entre muchas otras (...) Mi motivación principal al escribir este libro era humanitaria y no intelectual. Quiero ayudar a la gente, no «hacer avanzar el saber» (Feyerabend, 1988, pág. 3 y 1993, pág. 3, cursivas del original).
El problema consiste en que la primera tesis es de naturaleza puramente cognitiva -al menos si está hablando de ciencia y no de tecnología-, mientras que la segunda tiene que ver con fines prácticos. Pero si, en realidad, no existen «otras ciencias» realmente distintas de las del «primer mundo» y, sin embargo, tan poderosas como éstas en el plano cognitivo, ¿de qué manera le permitiría «ayudar a la gente» su afirmación de la primera tesis -que sería, pues, falsa-? Los problemas de la verdad y la objetividad no se pueden eludir tan fácilmente.
Hago un llamado a todos los que les guste la ciencia, a que cuando se encuentren con algún "filósofo" (yo lo llamaría especulador) que quiera criticar la ciencia usando el trabajo tanto de Khun como de Fereyabend, les hagan cuestinionamientos como los dados aquí."
Referencias consultadas
1.Imposturas intelectuales. Autor: Sokal A., Bricmonot J.
2.Epistemología. Autor: Bunge M.
3.Introducción a la lógica formal. Autor: Manuel Garrido.
Hago un llamado a todos los que les guste la ciencia, a que cuando se encuentren con algún "filósofo" (yo lo llamaría especulador) que quiera criticar la ciencia usando el trabajo tanto de Khun como de Fereyabend, les hagan cuestinionamientos como los dados aquí."