Transcrito por mí para ustedes y porque me gusta compartir bella poesía existencial. Recomiendo mucho este libro, en la introduccion se resalta el por qué es tan bello. Es un libro que con el tiempo, se hace más fuerte, resplandece más, es un pequeño rayo de luz en una epoca llena de tinieblas. Disfrutenlo.
Introducción.
Tras largos años de tormentos psicológicos y padecimientos físicos, el toño de 1888 descubre a un Nietzsche pleno de salud y energía. A los cuarenta y cuatro años, habiendo culminado una de sus obras paradigmáticas, El Anticristo, el filósofo disfruta de las tardes mirando el lento discurrir del río Po, en Turín, donde ha decidido vivir su vida.
En estas tardes de lenta reflexión, Nietzsche cree que, por estar en la mitad de su vida biológica, ya es tiempo de escribir su biografía. Así nace Ecce Homo. Lo que no sabe, pero quizá intuye, es que ése será su último libro y esos meses de obstinada escritura, su última etapa lúcida. Poco después ingresa en los oscuros laberintos de una locura de la que no se recuperará.
El libro, hijo de ese proceso de "pre-demencia", contiene suficientes elementos como para que fuera descalificado durante mucho tiempo, por ser la obra de "un alienado", según muchos. Sesenta años después de su muerte, acaecida en 1900, su obra comienza a ser releída y revalorada.
Cuentan que Pilatos, parado ante una masa vociferante, señalando a Cristo, dijo: "Aquí tienen al hombre" (Ecce Homo). Al plantear su biografía Nietzsche asume esa condición de hombre escarnecido y señalado. Pero un hombre que no se presenta como Humanidad, sino como individuo; que no quiere "que se le confunda con otros."
Ecce homo, subtitulada originalmente "Cómo se llega a ser lo que se es", no habla de cómo se llega a ser hombre, sino cómo Friedrich Nietzsche llega a serlo. El filósofo alemán, en una obra anterior ya había fijado su posición respecto a cómo se llega a ser lo que se es. En El Crepúsculo de los ídolos con duereza la posicion que afirma que el hombre está determinado por su entorno; con su habitual vehemencia la llamó "teoría de neuróticos".
"Con quien menos se emparienta uno es con sus propios padres: estar emparentado con ellos sería un signo extremo de vulgaridad. Los seres superiores tienen su origen en algo infinitamente anterior; para llegar a ellos ha sido necesario pasar mucho tiempo reuniendo, ahorrando, acumulando. Las grandes individualidades son ancestrales". Él es una "gran individualidad".
Ecce homo es así un libro que tiene dos aspectos, diferenciados y complementarios. Por un lado plantea una introspección, una reflexión íntima. En este sentido, Nietzsche afirma la vida (su vida) y agradece. "¿Cómo no voy a estar agradecido de mi vida entera?". Por otro lado, es un libro público, en la medida que el hombre (o sea Nietzsche) se expone ante la humanidad, frente a la cual plantea un ajuste de cuentas.
Pero así como la gran mayoría de las autobiografías están encaminadas en una suerte de mirada nostálgica y autocompasiva, buscando congraciarse con el mundo, o -al menos- , apelar a ciertas indulgencias, el autor de Así hablaba Zaratustra escribe para confrontar. Él es quien pide al mundo un ajuste de cuentas. Parece decir: "Si no me reconocieron hasta ahora, verán lo que hago en este libro".
"Soy lo bastante fuerte como para dividr en dos la historia de la humanidad", afirma sin ruborizarse. Y sus palabras quedaron allí, casi como un bochorno. La humanidad, si acaso el autor creyera en esta palabra, deberá esperar varias décadas para comprender que esa frase era profética y que la filosofía -y por cierto el mundo- no sería igual después de su obra, de su vida y de su muerte.
"El remordimiento de conciencia parece una mala forma de ver las cosas. Según mi moral, en cambio, debemos respetar más aquello en lo que hemos fracasado, precisamente porque hemos fracasado. (...) Nada de nostalgia o autocompasión. El hombre da gracias, y exalta, aún sus fracasos. (...) Ya acordamos, entonces, que soy un decadente. Pero también su antítesis. La prueba de esto es, entre otras, que siempre he elegido instintivamente los remedios adecuados cuando estaba mal, contrariamente al decadente, que elige siempre los que lo perjudican." (Ecce homo).
Para quien ha recorrido la producción del autor, este libro es un magnifico epílogo y resumen. Para quien no la conoce, es portentosa antesala de una obra necesariamente polémica y eternamente vital.
En Ecce Homo, como en toda su obra, su prosa fluye con rumor de aguas a veces calmas, otras torrentosas. La metáfora, la razón poética de su obra, genera imágenes que disparan hacia nuevas imágenes; su palabra dice y revela pero, sobre todo, deja entrever, insinúa, inaugura intersticios.
Generosa y expresiva, está impregnada de lo que alguien llamó acertadamente "nostalgia del futuro". El filósofo anuncia lo que está por venir, el superhombre, y él mismo vuelve a vivir su vida, una vida que - como él mismo afirma- no es sino la continuación de otras vidas, por cierto ancestrales.
No es sino la bella metáfora de la vida como eterno retorno, como una vuelta a lo idéntico. Retorno que se expresa en la lectura gozosa y perpleja de estas páginas del filosofo que murió hace un siglo y en cada palabra está regresando. (para atormentar el alma de los imbéciles )
Creo que dentro de poco tendré que dirigirme a la humanidad para presentarle una grave exigencia. Por lo tanto me parece indispensable decir quién soy yo. En realidad, es probable que lo sepan, pues siempre di testimonio de mí. Pero algo se interpone en mi propósito: hay una desproporción entre la grandeza de mi tarea y la pequeñes de mis contemporáneos, que se pone de manifiesto en el hecho de que no me han oído y ni siquiera me han visto. Yo vivo de mi propio crédito; pero tal vez afirmar que vivo sea sólo un prejucio... Me basta hablar con cualquier "persona culta" de las que vienen en verano a la Alta Engandina para convencerme de que yo no vivo... En este momento hay un deber contra el cual se rebelan mis hábitos y, más aún, el orgullo de mis instintos. Es el deber de decir: Escuchenme!, pues yo soy de esta manera. Y por sobre todas las cosas, ¡No me confundan con otros!
Por ejemplo, yo no soy de ninguna manera un espantapájaros, un monstruo en el campo moral. Por el contrario, mi naturaleza es antitética a la de esa clase de hombre que se venera como virtuosa. Entre nosotros, justamente esto es par de mi orgullo. Soy un discípulo del filósofo Dionisio; preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero lean lo que aquí he escrito. Tal vez ahya conseguido expresar esa antitesis de un modo jovial y afable; tal vez ése sea el único sentido de este libro. Lo último que yo pretendería sería "mejorar" a la humanidad. Yo no creo nuevos ídolos; pero los antiguos van a saber lo que significa tener pies de barro. Lo que sí es parte de mi oficio es derribar ídolos (es decir, "ideales" ). Se ha despojado a la realidad de su valor, de su sentido, de su veracidad, ya que se ha fingido engañosamente un mundo ideal... El "mundo verdadero" y el "mundo aparemten" significan hoy el mundo fingido y la realidad... Hasta ahora, la lmentira del ideal ha constituido la maldicion contra la realidad. La humanidad misma ha sido engañada por esa mentira hasta en sus instintos más básicos. Incluso ha llegado a adorar los valores opuestos a aquellos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el supremo derecho de poseer un futuro.
El que sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de altura, un aire fuerte. Es necesario estar hecho para ese aire; de lo contrario, se corre el nada desdeñable riesgo de resfriarse. El hielo está cerca, la soledad es inmensa. ¡Qué tranquilas yacen todas las cosas en la luz! ¡Con qué libertad se respira! ¡Cuántas cosas sentimos debajo de nosotros! La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hieli y en las altas montañas, búsqueda de todo lo problemáticoy extraño en existencia, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una vasta experiencia, que me ha dado el hecho de caminar en lo prohibido me ha enseñado a ver las causas a partir de las cuales se han impartido, hasta ahora, moral e ideales, de un modo muy distinto al que tal vez se desea: se me ha descubierto la historia oculta de los filósofos, la psicología de sus grandes nombres. ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad se atreve a afrontar un espíritu? Esto se fue convirtiendo para mí, cada vez más en la auténtica unidad de medida. El error (creen en el ideal) no es ceguera; es cobardía... Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del valor, de la dureza y la limpieza con uno mismo... Yo no refuto los ideales. Simplemente, me pongo los guantes cuando estoy ante ellos... Nitimur in vetitum (Nos lanzamos hacia lo prohibido). Bajo este signo triunfará un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio, ha sido la verdad.
Entre mis escritos, Zaratustra ocupa un lugar especial. Con él le he ofrecido a la humanidad el regalo más grande que haya recibido hasta ahora. Este libro, dotado de una voz que atraviesa siglos, no es sólo el más elevado que existe, el verdadero libro del aire de altura (todos los hechos que forman al hombre yacen muy por debajo de él), sino también el libro más profundo, nacido de la riqueza más intima de la verdad, un pozo inagotable en el que todo lo que desciende, sube luego de oro y de bondad. El que habla en él no es un "profeta", uno de esos espantosos híbridos de enfermedad y de voluntad de poder llamados fundadores de religiones. Ante todo, para no ser lastimosamente injustos con el sentido de su sabiduría, es necesario oír bien el sentido que sale de esa boca, ese sonido alciónico. "las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. El mundo está gobernado por pensamientos que caminan con pies de paloma."
Ésta no es la voz de un fanático; aquí no se "predica", no se exige fe: el discurso va cayendo desde una infinita plenitud de luz y la una infinita profundidad de dicha, gota tras gota, palabra tras palabra, con una delicada lentitud, que es el tempo propio. Esto pueden oírlo los elegidos entre todos; en este caso, ser oyente es un privilegio sin igual; nadie es dueño de los oídos para escuchar a Zaratustra. ¿No es Zaratustra, entonces, un seductor...? ¿Qué dice él mismo, sin embargo, cuando retorna por primera vez a su soledad? Exactamente lo contrario de lo que diría en la misma situación cualquier "sabio", "santo", "redentor del mundo" y otros decadentes. No sólo habla de manera distinta, sino que también es distinto.
"¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡Váyanse ustedes también solos por su camino! Así lo deseo. En verdad, éste es mi consejo: ¡Aléjense y cuídense de mí, Zaratustra! Y les digo más: ¡Avergüencense de mí! Tal vez los haya engañado. El hombre que tiene conocimiento no sólo debe saber amar a sus enemigos; también debe saber odiar a sus amigos. Quien permanece siempre como discípulo, no recompensa de manera adecuada a su maestro. ¿Por qué no podrían deshojar ustedes mi corona? Ustedes me venean, pero ¿qué ocurriría si un día su veneración se derrumbara? ¡Cuídense de que no los aplaste una estatua! ¿Dicen que creen en Zaratustra? Pero ¡Qué importa Zaratustra! Ustedes son mis creyentes. Pero ¡Qué importan los creyentes!
No se buscaron todavía a ustedes mismos, por eso me encontraron. Todos los creyentes hacen lo mismo, y es por eso que vale tan poco la fe, sea cual sea. Ahora les ordeno que se pierdan y se encuentren a ustedes mismos. Entonces, sólo cuando todos hayan renegado de mí, volveré entre ustedes..."
En este día perfecto en que todo madura y no sólo la uva toma un color oscuro, acaba de entrar a mi vida un rayo de sol. He mirado hacia atrás, he mirado hacia adelante, y nunca he visto de una sola vez tantas cosas y a la vez tan buenas. No en vano he sepultado hoy mi año cuarenta y cuatro, me era lícito sepultarlo. Lo que tenía de vida está salvado, es inmortal. Los regalos de este año de este último trimestre, han sido la Inversion de todos los valores, los Ditirambos de Dioniso y, como recreación, el Crepúsculo de los ídolos. ¿Cómo no voy a estar agradecido de mi vida entera? Por eso, me la voy a contar a mí mismo.

Introducción.
Nostalgias del Futuro.
Tras largos años de tormentos psicológicos y padecimientos físicos, el toño de 1888 descubre a un Nietzsche pleno de salud y energía. A los cuarenta y cuatro años, habiendo culminado una de sus obras paradigmáticas, El Anticristo, el filósofo disfruta de las tardes mirando el lento discurrir del río Po, en Turín, donde ha decidido vivir su vida.
En estas tardes de lenta reflexión, Nietzsche cree que, por estar en la mitad de su vida biológica, ya es tiempo de escribir su biografía. Así nace Ecce Homo. Lo que no sabe, pero quizá intuye, es que ése será su último libro y esos meses de obstinada escritura, su última etapa lúcida. Poco después ingresa en los oscuros laberintos de una locura de la que no se recuperará.
El libro, hijo de ese proceso de "pre-demencia", contiene suficientes elementos como para que fuera descalificado durante mucho tiempo, por ser la obra de "un alienado", según muchos. Sesenta años después de su muerte, acaecida en 1900, su obra comienza a ser releída y revalorada.
Cuentan que Pilatos, parado ante una masa vociferante, señalando a Cristo, dijo: "Aquí tienen al hombre" (Ecce Homo). Al plantear su biografía Nietzsche asume esa condición de hombre escarnecido y señalado. Pero un hombre que no se presenta como Humanidad, sino como individuo; que no quiere "que se le confunda con otros."
Ecce homo, subtitulada originalmente "Cómo se llega a ser lo que se es", no habla de cómo se llega a ser hombre, sino cómo Friedrich Nietzsche llega a serlo. El filósofo alemán, en una obra anterior ya había fijado su posición respecto a cómo se llega a ser lo que se es. En El Crepúsculo de los ídolos con duereza la posicion que afirma que el hombre está determinado por su entorno; con su habitual vehemencia la llamó "teoría de neuróticos".
"Con quien menos se emparienta uno es con sus propios padres: estar emparentado con ellos sería un signo extremo de vulgaridad. Los seres superiores tienen su origen en algo infinitamente anterior; para llegar a ellos ha sido necesario pasar mucho tiempo reuniendo, ahorrando, acumulando. Las grandes individualidades son ancestrales". Él es una "gran individualidad".
Ecce homo es así un libro que tiene dos aspectos, diferenciados y complementarios. Por un lado plantea una introspección, una reflexión íntima. En este sentido, Nietzsche afirma la vida (su vida) y agradece. "¿Cómo no voy a estar agradecido de mi vida entera?". Por otro lado, es un libro público, en la medida que el hombre (o sea Nietzsche) se expone ante la humanidad, frente a la cual plantea un ajuste de cuentas.
Pero así como la gran mayoría de las autobiografías están encaminadas en una suerte de mirada nostálgica y autocompasiva, buscando congraciarse con el mundo, o -al menos- , apelar a ciertas indulgencias, el autor de Así hablaba Zaratustra escribe para confrontar. Él es quien pide al mundo un ajuste de cuentas. Parece decir: "Si no me reconocieron hasta ahora, verán lo que hago en este libro".
"Soy lo bastante fuerte como para dividr en dos la historia de la humanidad", afirma sin ruborizarse. Y sus palabras quedaron allí, casi como un bochorno. La humanidad, si acaso el autor creyera en esta palabra, deberá esperar varias décadas para comprender que esa frase era profética y que la filosofía -y por cierto el mundo- no sería igual después de su obra, de su vida y de su muerte.
"El remordimiento de conciencia parece una mala forma de ver las cosas. Según mi moral, en cambio, debemos respetar más aquello en lo que hemos fracasado, precisamente porque hemos fracasado. (...) Nada de nostalgia o autocompasión. El hombre da gracias, y exalta, aún sus fracasos. (...) Ya acordamos, entonces, que soy un decadente. Pero también su antítesis. La prueba de esto es, entre otras, que siempre he elegido instintivamente los remedios adecuados cuando estaba mal, contrariamente al decadente, que elige siempre los que lo perjudican." (Ecce homo).
Para quien ha recorrido la producción del autor, este libro es un magnifico epílogo y resumen. Para quien no la conoce, es portentosa antesala de una obra necesariamente polémica y eternamente vital.
En Ecce Homo, como en toda su obra, su prosa fluye con rumor de aguas a veces calmas, otras torrentosas. La metáfora, la razón poética de su obra, genera imágenes que disparan hacia nuevas imágenes; su palabra dice y revela pero, sobre todo, deja entrever, insinúa, inaugura intersticios.
Generosa y expresiva, está impregnada de lo que alguien llamó acertadamente "nostalgia del futuro". El filósofo anuncia lo que está por venir, el superhombre, y él mismo vuelve a vivir su vida, una vida que - como él mismo afirma- no es sino la continuación de otras vidas, por cierto ancestrales.
No es sino la bella metáfora de la vida como eterno retorno, como una vuelta a lo idéntico. Retorno que se expresa en la lectura gozosa y perpleja de estas páginas del filosofo que murió hace un siglo y en cada palabra está regresando. (para atormentar el alma de los imbéciles )
Ecce Homo.
Prólogo.
1.
Creo que dentro de poco tendré que dirigirme a la humanidad para presentarle una grave exigencia. Por lo tanto me parece indispensable decir quién soy yo. En realidad, es probable que lo sepan, pues siempre di testimonio de mí. Pero algo se interpone en mi propósito: hay una desproporción entre la grandeza de mi tarea y la pequeñes de mis contemporáneos, que se pone de manifiesto en el hecho de que no me han oído y ni siquiera me han visto. Yo vivo de mi propio crédito; pero tal vez afirmar que vivo sea sólo un prejucio... Me basta hablar con cualquier "persona culta" de las que vienen en verano a la Alta Engandina para convencerme de que yo no vivo... En este momento hay un deber contra el cual se rebelan mis hábitos y, más aún, el orgullo de mis instintos. Es el deber de decir: Escuchenme!, pues yo soy de esta manera. Y por sobre todas las cosas, ¡No me confundan con otros!
2.
Por ejemplo, yo no soy de ninguna manera un espantapájaros, un monstruo en el campo moral. Por el contrario, mi naturaleza es antitética a la de esa clase de hombre que se venera como virtuosa. Entre nosotros, justamente esto es par de mi orgullo. Soy un discípulo del filósofo Dionisio; preferiría ser un sátiro antes que un santo. Pero lean lo que aquí he escrito. Tal vez ahya conseguido expresar esa antitesis de un modo jovial y afable; tal vez ése sea el único sentido de este libro. Lo último que yo pretendería sería "mejorar" a la humanidad. Yo no creo nuevos ídolos; pero los antiguos van a saber lo que significa tener pies de barro. Lo que sí es parte de mi oficio es derribar ídolos (es decir, "ideales" ). Se ha despojado a la realidad de su valor, de su sentido, de su veracidad, ya que se ha fingido engañosamente un mundo ideal... El "mundo verdadero" y el "mundo aparemten" significan hoy el mundo fingido y la realidad... Hasta ahora, la lmentira del ideal ha constituido la maldicion contra la realidad. La humanidad misma ha sido engañada por esa mentira hasta en sus instintos más básicos. Incluso ha llegado a adorar los valores opuestos a aquellos que habrían garantizado el florecimiento, el futuro, el supremo derecho de poseer un futuro.
3.
El que sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de altura, un aire fuerte. Es necesario estar hecho para ese aire; de lo contrario, se corre el nada desdeñable riesgo de resfriarse. El hielo está cerca, la soledad es inmensa. ¡Qué tranquilas yacen todas las cosas en la luz! ¡Con qué libertad se respira! ¡Cuántas cosas sentimos debajo de nosotros! La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hieli y en las altas montañas, búsqueda de todo lo problemáticoy extraño en existencia, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una vasta experiencia, que me ha dado el hecho de caminar en lo prohibido me ha enseñado a ver las causas a partir de las cuales se han impartido, hasta ahora, moral e ideales, de un modo muy distinto al que tal vez se desea: se me ha descubierto la historia oculta de los filósofos, la psicología de sus grandes nombres. ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad se atreve a afrontar un espíritu? Esto se fue convirtiendo para mí, cada vez más en la auténtica unidad de medida. El error (creen en el ideal) no es ceguera; es cobardía... Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del valor, de la dureza y la limpieza con uno mismo... Yo no refuto los ideales. Simplemente, me pongo los guantes cuando estoy ante ellos... Nitimur in vetitum (Nos lanzamos hacia lo prohibido). Bajo este signo triunfará un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio, ha sido la verdad.
4.
Entre mis escritos, Zaratustra ocupa un lugar especial. Con él le he ofrecido a la humanidad el regalo más grande que haya recibido hasta ahora. Este libro, dotado de una voz que atraviesa siglos, no es sólo el más elevado que existe, el verdadero libro del aire de altura (todos los hechos que forman al hombre yacen muy por debajo de él), sino también el libro más profundo, nacido de la riqueza más intima de la verdad, un pozo inagotable en el que todo lo que desciende, sube luego de oro y de bondad. El que habla en él no es un "profeta", uno de esos espantosos híbridos de enfermedad y de voluntad de poder llamados fundadores de religiones. Ante todo, para no ser lastimosamente injustos con el sentido de su sabiduría, es necesario oír bien el sentido que sale de esa boca, ese sonido alciónico. "las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. El mundo está gobernado por pensamientos que caminan con pies de paloma."
Los higos caen de los árboles; son buenos y dulces. A medida que caen, su roja piel se abre.
Para los higos maduros, yo soy un viento del norte. Al igual que cae el higo, caen estas enseñanzas y llegan hasta ustedes, amigos míos. ¡Beban su jugo y coman su dulce carne! Nos rodea el otoño, el cielo puro y la tarde."
Para los higos maduros, yo soy un viento del norte. Al igual que cae el higo, caen estas enseñanzas y llegan hasta ustedes, amigos míos. ¡Beban su jugo y coman su dulce carne! Nos rodea el otoño, el cielo puro y la tarde."
Ésta no es la voz de un fanático; aquí no se "predica", no se exige fe: el discurso va cayendo desde una infinita plenitud de luz y la una infinita profundidad de dicha, gota tras gota, palabra tras palabra, con una delicada lentitud, que es el tempo propio. Esto pueden oírlo los elegidos entre todos; en este caso, ser oyente es un privilegio sin igual; nadie es dueño de los oídos para escuchar a Zaratustra. ¿No es Zaratustra, entonces, un seductor...? ¿Qué dice él mismo, sin embargo, cuando retorna por primera vez a su soledad? Exactamente lo contrario de lo que diría en la misma situación cualquier "sabio", "santo", "redentor del mundo" y otros decadentes. No sólo habla de manera distinta, sino que también es distinto.
"¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡Váyanse ustedes también solos por su camino! Así lo deseo. En verdad, éste es mi consejo: ¡Aléjense y cuídense de mí, Zaratustra! Y les digo más: ¡Avergüencense de mí! Tal vez los haya engañado. El hombre que tiene conocimiento no sólo debe saber amar a sus enemigos; también debe saber odiar a sus amigos. Quien permanece siempre como discípulo, no recompensa de manera adecuada a su maestro. ¿Por qué no podrían deshojar ustedes mi corona? Ustedes me venean, pero ¿qué ocurriría si un día su veneración se derrumbara? ¡Cuídense de que no los aplaste una estatua! ¿Dicen que creen en Zaratustra? Pero ¡Qué importa Zaratustra! Ustedes son mis creyentes. Pero ¡Qué importan los creyentes!
No se buscaron todavía a ustedes mismos, por eso me encontraron. Todos los creyentes hacen lo mismo, y es por eso que vale tan poco la fe, sea cual sea. Ahora les ordeno que se pierdan y se encuentren a ustedes mismos. Entonces, sólo cuando todos hayan renegado de mí, volveré entre ustedes..."
Friedrich Nietzsche
En este día perfecto en que todo madura y no sólo la uva toma un color oscuro, acaba de entrar a mi vida un rayo de sol. He mirado hacia atrás, he mirado hacia adelante, y nunca he visto de una sola vez tantas cosas y a la vez tan buenas. No en vano he sepultado hoy mi año cuarenta y cuatro, me era lícito sepultarlo. Lo que tenía de vida está salvado, es inmortal. Los regalos de este año de este último trimestre, han sido la Inversion de todos los valores, los Ditirambos de Dioniso y, como recreación, el Crepúsculo de los ídolos. ¿Cómo no voy a estar agradecido de mi vida entera? Por eso, me la voy a contar a mí mismo.

