Ergueta, el profeta crapuloso
Jorge B. Rivera
ROBERTO ARLT construyó, con la figura paradigmática del boticario Ergueta, uno de los personajes más inquietantes de Los siete locos y Los lanzallamas, y al propio tiempo esbozó la síntesis impecable y heterodoxa de una "teología rea" que pretende descender a los "lugares de perdición" para salvar almas. Impostor o iluminado, Ergueta es un personaje que resiste todavía al "fin de la Historia", imponiéndole su personal sello apocalíptico.
Ergueta, el boticario místico y crapuloso, debuta en Los siete locos negándole a Erdosain el dinero que lo salvaría de la humillación y de la cárcel, y lo hace con un bocadillo antológico: "Te pensás que porque leo la Biblia soy un otario?". Sórdido, fraudulento y entregado compulsivamente a la concupiscencia, el boticario Ergueta se casará por espíritu de escándalo con "la Coja" (la ramera bíblica de los profetas menores), fantaseará la revelación por parte de Jesús de una martingala infalible, y descubrirá, en la lectura de la Biblia, su destino póstumo de predicador en el mundo de los ladrones, los cafishios y las prostitutas, convirtiéndose en uno de los "locos" ejemplares del universo diseñado por Arlt entre 1927 y 1931.
La sociedad porteña de los años '20 -más trabajada por los patrones del laicismo positivista, o en todo caso por la tradición mística y a la vez racionalista de la Iglesia Católica-era quizá menos rica en "fronterizos iluminados" como Ergueta, un tipo de ocupante del espacio cotidiano que ahora se hizo más frecuente (y previsible) con la expansión misional de las "iglesias electrónicas", las sectas e inclusive el novedoso ingreso de la cita bíblica en el lenguaje político argentino (como lo ha demostrado Menem con llamativa abundancia).
Pero si Arlt no contaba hacia 1927-31 con un contexto más generoso en figuras "místicas" exacerbadas y atípicas como la de Ergueta (aunque en uno de los pasajes de Borrador de memorias su amigo Nalé Roxlo afirma haber conocido al genuino modelo del boticario), tenía en cambio a su disposición un marco literario en el que abundaban los componentes básicos del personaje y de su mundo. El intertexto cultural de Ergueta pueda construirse, razonablemente, con la visión de los réprobos y escarnecidos por la sociedad que construyó Almafuerte en poemas como "Cristianas", "Jesús", "Conflteor Deo", "El Misionero", etc., sino bastasen las anécdas de su propia vida y las evidencias de una "religiosidad" ambigua marcadas por su impronta.
A esa coloratura heterodoxa pertenece asimismo un personaje complejamente anárquico y a la vez "evangélico" como el Fernando Monsalvat de Nacha Regules (1919), de Manuel Gálvez, con su voluntad sentimental y recalcitrante de salvar a la "caída" (aunque Ergueta, comparado con Monsalvat, es auténticamente un monstruo); o las atmósferas ideológicas de textos de Enrique Méndez Calzada como "Jesús en Buenos Aires" (1922) o "Y volvió Jesús a Buenos Aires" (1926), en los que se juega -como en el relato sobre el Gran Inquisidor incluido por Dostoyevski en Los hermanos Karamazov- con la idea del carácter subversivo, o meramente estéril, del regreso de Jesús a una tierra resignada a la muerte del espíritu protesta, de la dignidad humana y del sentido de justicia.
Se podrían agregar a este hipótetica trama (la trama en la que los lectores contemporáneos de Arlt podían reconocer señales comunes), algunos rasgos de los mundos literarios "margínalistas" que estaban construyendo por entonces escritores como Raúl y Enrique González Tuñón, Nicolás Olivan, Armando Discépolo, Juan Pedro Calou y los "pietistas" de Boedo, que trabajaban precisamente con los patrones efectistas de la redención de los desplazados de la vida, en una línea en la que Ergueta podía ser considerado como una superfetación aberrante pero no imprevisible.
LA RECONSTRUCCION DEL TEMPLO.
Acorazado tras la respetabilidad pequeño burguesa, Ergueta dará libre curso, sin embargo, aun imaginario dominado por el juego compulsivo, la borrachera y la orgía lupanaria, además de la violencia patoteril y el desprecio por la humillación de los otros. Es, en todo caso, un pecador asediado por los "enemigos del alma", que encontrará o fraguará una vía de iluminación en la lectura de la Biblia.
Siempre al borde de la impostura y la furbería, Ergueta parece leer sólo una de las líneas del libro: la línea profética y apocalíptica que se ocupa casi exclusivamente de señalar y contabilizar los signos de la culpa y de su posible expiación penitencial. Frente a las alternativas mágicas y conspirativas de personajes como Erdosain, el Astrólogo, Barsut, el Rufián Melancólico, Hipólita o el Buscador de Oro, Ergueta trata de oponerse a lo incognoscible de la existencia humana y de la Historia mediante dos mecanismos de salvación providenciales: la martingala para ganar en la ruleta que supuestamente le ha revelado Jesús (esto es, La abolición del azar a través de una "ley de sincronismo estático".) y el lenguaje predictivo de los profetas bíblicos, que es otro de los modos de conjurar las incógnitas del porvenir.
Ergueta, gran mistificador y tal vez santo, quiere ganar en la ruleta para viajar a Palestina y reconstruir el Templo de Salomón (uno de los temas recurrentes de los profetas), pero la impostura mística de la martingala infalible se derrumba cuando pierde todo su dinero en el Casino de Montevideo y enloquece. Sólo le quedan entonces la locura y la coartada mistificatoria de la jerga profética, que pretende sobreimponer al mundo de la "mala vida", para el que reserva el estilo canallesco de su predicación "rea".
LA CONSPIRACION DE DIOS.
Ergueta, como su fecundo creador, lee y cita la antigua versión protestante de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, la clásica Biblia de 66 libros que distribuía la Sociedad Bíblica en los países de habla hispana. Con ese texto de sabor arcaico a mano, el boticario se enfrasca en los Hechos de los Apóstoles y se identifica con los peregrinajes de San Pablo -"un tira, un perro, como son los de Orden Social"-, a quien percibe como un espejo en el que se reflejan sus futuros trabajos de predicación. Su confidente ocasional en la quinta de Témperley es Bromberg, el Hombre que vio a la Partera, otro descarriado "lector" de la Biblia de su misma calaña, y es a él -simétrico con su podredumbre y sus delirios místicos- a quien le confía la inminencia de su misión de profeta dispuesto a salvar "a los turros, a las grelas, a los chorros, a los flacas". En medio de sus oraciones, Ergueta se pregunta si su cometido debe comenzar verdaderamente en los "parajes de perdición", y en esos momentos de duda y tribulación se imagina entrando en un cabaret de la calle Corrientes para transmitir en su sermón "el alma triste de las palabras".
Al Hombre que vio a la Partera trata de conmoverlo con la imagen del Jesús "linyera" que recorre los caminos, y ante la pregunta del otro sobre la existencia de Dios le dice: "¿Qué sería de la tierra si los hombres supieran que Dios no existe?". Jesús, sostiene Ergueta, debe haber pensado lo mismo, pero "contemplando la infinitud del dolor humano", se tiró de cabeza a la idea de Dios.
Ergueta -que goza con el sentido espectacular del pecado- insiste en la inminencia de los tiempos terribles, los días de sangre y congoja sobre los que habla la Biblia, y para ello se apoya en grandes profetas como Jeremías (Jer., 1, 13-14) y Ezequiel (Ez.,7,12 y 7,25). mientras extrae la idea de Hipólita como "la Coja" de Oseas, Sofonías y Miqueas (Os. 1,2; Sof. 3, 19 y Mi. 4,6-7), tres profetas menores que predican contra los abusos e injusticias de los ricos y anuncian la restauración mesiánica. En una conversación con Barsut el boticario cita maliciosamente versículos del Deuteronomio (Deut., 13, 2 y a 13,5) y luego, como si fuese realmente un escriturista consumado, menciona la parábola de San Lucas sobre el vino nuevo en odres viejos (Le. 5,36-37). A propósito del Astrólogo -quien le ha sugerido a Barsut la conversión penitencial- recuerda la prescripción de Jeremías de vestir de saco para reforzar la aridez de la mortificación (Jer. 4,8), anticipando la desnudez de su propia imagen final.
A esta altura parece claro que Arlt volcó en la construcción de Ergueta cierta heterodoxa "teología de los caídos", que en su tiempo circulaba abundantemente por la literatura, quizá por su poderosa sugestión paradojal: la que se apoya en la idea evangélica y antifarisaica-presente en los textos de Mateo, Marcos y Lucas- de la preferencia de los pecadores en el plan de la salvación,-exacerbada por la identificación de éstos como el mundo abatido y crapuloso de los rufianes, las prostitutas y los ladrones (la famosa "hez de la tierra".), y condimentada, en su caso, por la apelación a un lenguaje que intenta traducir al caló del ambiente los términos específicos del lenguaje bíblico. Es imposible pensar, conociendo su espíritu de provocación e irreverencia, que Arlt pudiese sustraerse fácilmente a la tentación de trasfundir el sabor añejo de la versión Reina-Valera en los moldes de ese lenguaje canallesco que ejercita con infalible precisión su personaje, máxime cuando lo autorizaba literariamente una tradición temática y una estética de lo marginal que de diferentes maneras abonaban Villon, Quevedo, Dostoyevski, Tolstoy, Philippe, Almafuerte y sus amigos más entrañables.
Ergueta, gran pecador pero a la vez gran constructor de escenografías efectistas y apocalípticas, se deja fascinar indudablemente por el Dios bíblico que anuncia la destrucción de los tiempos y el fin de la Historia. Todas sus citas tienen el élan de la condena escatológica, más que el aura evangélica de la justicia, la misericordia y la caridad (como suele ocurrir con los santos auténticos). En su búsqueda agónica de la purgación final, Ergueta parece descuidar deliberadamente la práctica de la conciencia moral y de sus valores, y por eso queda esencialmente atrapado en sus actos por las redes de la insinceridad y la deslealtad. En las mallas conspirativas del Astrólogo, sin embargo, concluye por ser un miembro lateral, porque astutamente su "iluminación" lo coloca en un plan de condena y salvación del hombre aún más ambicioso: el del propio Dios.
Aca tienen los "7 locos" y los "Lanzallamas", no sean ratas y lean.
Los 7 locos:
Los lanzallamas: