La reciente crisis entre occidente y Moscú ha complicado una venta pactada de buques de guerra; para Francia, el acuerdo significaría reembolsar millones de dólares o enemistarse con EU.
Vaya tregua. Fue hace casi un año cuando una multitud se reunió en San Petersburgo, Rusia, para brindar por el lanzamiento de un buque de guerra diseñado a medias por franceses, el Vladivostok, que había sido parcialmente construido para la Armada rusa en el astillero de la ciudad.
El buque gigante, tan alto como un edificio de 20 pisos, fue enviado para su construcción y ensamblaje final a la región francesa de Normandía, una costa que lleva las cicatrices de la segunda Guerra Mundial. De pie en el muelle, un reportero de Today TV, la televisora dirigida por el Kremlin, dijo con entusiasmo que el buque representaba “los vientos de cambio entre Rusia y Francia”.
Pero solo nueve meses después el viento se ha vuelto frío. Y ahora, un acuerdo valorado en aproximadamente 1,650 millones de dólares corre el riesgo de ser arrojado al mar.
En 2011, el presidente Nicolas Sarkozy firmó un contrato para entregar dos buques Mistral a la Armada rusa, con la posibilidad de dos más, lo cual presumió que aportaría grandes cantidades de dinero a la maltratada economía francesa, y 1,000 puestos de trabajo a la pequeña comunidad Saint-Nazaire de Normandía, donde son construidos por la empresa STX Europe AS, una filial de la coreana STX Corporation.
Fue la mayor operación de buques de guerra militares en cualquier lugar del mundo aquel año. Y también fue un hito histórico, al ser la primera venta militar a Rusia en décadas por parte de un miembro de la OTAN. Para Vladimir Putin, no solo satisfizo una necesidad militar, sino que también fue un mensaje no muy sutil para el resto del mundo. “Esto demuestra que Rusia no es un forastero político, sino parte de la familia europea”, dijo un analista militar, Ruslan Pukhov, a Russia Today el año pasado.
Justamente por eso los Mistral son ahora una cuestión sumamente difícil para el presidente François Hollande; así como una prueba crucial de cuán fuerte castigará Occidente a Vladimir Putin por la invasión y anexión de Crimea. El presidente Obama y los líderes de la UE impusieron el mes pasado prohibiciones para viajar a funcionarios rusos clave y congelaron sus activos en el extranjero. También suspendieron a Rusia del Grupo de los 8 países más industrializados, una bofetada en el rostro para Putin, quien fue el anfitrión de la cumbre del G8 en junio en Sochi. Pero solo un acuerdo de negocios occidental -Mistral de Francia-apuntaría directamente contra el ejército ruso en sí mismo.
A medida que los funcionarios de la UE y de Estados Unidos luchan por reaccionar ante los movimientos militares de Rusia, el Gobierno de Hollande ha dado evasivas sobre si aún pretenden enviar los Mistral, cargando sus respuestas con lenguaje calificado, para que incluso los políticos franceses no tengan ni idea acerca del estado de la operación.
Funcionarios franceses han sugerido que esperarían para ver si Putin mueve sus tropas más hacia adentro de Ucrania, hacia otros países vecinos como Moldavia o los países bálticos, antes de desechar el acuerdo. Y se han quejado de que es injusto que les exijan perder un gran negocio, mientras que los funcionarios británicos han dejado claro que no tienen la intención de evitar que los oligarcas rusos introduzcan miles de millones en la ciudad de Londres.
“Consideraríamos cancelar las ventas”, dijo vagamente el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Laurent Fabius, el mes pasado, cuando los periodistas le preguntaron si seguirían en pie las entregas de los Mistral. Cuando los reporteros hicieron a Hollande la misma pregunta, poco antes de que Putin declarara a Crimea parte de Rusia, las entregas de Mistral seguían en pie, dijo el presidente: “En este momento, no tenemos planes para cancelarlas”.
Las razones
No es difícil entender por qué. Con un pronóstico de crecimiento cercano a cero para la economía francesa este año, y el desempleo estancado por encima del 10%, Francia estaría obligada a devolver a Rusia la mayor parte del costo de los Mistral si no los entregan, una considerable suma de cientos de millones de euros. El Gobierno se resiste a desprenderse de ese dinero, sobre todo con la popularidad de Hollande en mínimos históricos; su Partido Socialista perdió 155 municipios en las elecciones locales de la semana pasada.
Pero hay otras razones económicas también. En el altamente competitivo mercado de defensa, Francia no ha logrado encontrar clientes para otros artículos de defensa de alto precio, como el avión de combate Rafale, que es fabricado por Dassault Systems. Otros países europeos han recortado drásticamente sus presupuestos durante la crisis del euro, y no están comprando.
Para Francia, Moscú es un cliente muy apreciado y los funcionarios han pasado años cultivando oportunidades de negociosoportunidades de negocios con Rusia, que es el segundo mayor inversor en defensa del mundo después de Estados Unidos. Los aviones de combate de Putin, por ejemplo, están equipados con aviónica francesa de tecnología de punta, que Rusia carece de la capacidad para diseñar por sí misma. “Rusia es muy bueno para ensamblar metales, pero no para la electrónica”, dice el editor de la publicación militar británica Jane's Defense Weekly, Guy Anderson
Unite a esta Comunidad
Vaya tregua. Fue hace casi un año cuando una multitud se reunió en San Petersburgo, Rusia, para brindar por el lanzamiento de un buque de guerra diseñado a medias por franceses, el Vladivostok, que había sido parcialmente construido para la Armada rusa en el astillero de la ciudad.
El buque gigante, tan alto como un edificio de 20 pisos, fue enviado para su construcción y ensamblaje final a la región francesa de Normandía, una costa que lleva las cicatrices de la segunda Guerra Mundial. De pie en el muelle, un reportero de Today TV, la televisora dirigida por el Kremlin, dijo con entusiasmo que el buque representaba “los vientos de cambio entre Rusia y Francia”.
Pero solo nueve meses después el viento se ha vuelto frío. Y ahora, un acuerdo valorado en aproximadamente 1,650 millones de dólares corre el riesgo de ser arrojado al mar.
En 2011, el presidente Nicolas Sarkozy firmó un contrato para entregar dos buques Mistral a la Armada rusa, con la posibilidad de dos más, lo cual presumió que aportaría grandes cantidades de dinero a la maltratada economía francesa, y 1,000 puestos de trabajo a la pequeña comunidad Saint-Nazaire de Normandía, donde son construidos por la empresa STX Europe AS, una filial de la coreana STX Corporation.
Fue la mayor operación de buques de guerra militares en cualquier lugar del mundo aquel año. Y también fue un hito histórico, al ser la primera venta militar a Rusia en décadas por parte de un miembro de la OTAN. Para Vladimir Putin, no solo satisfizo una necesidad militar, sino que también fue un mensaje no muy sutil para el resto del mundo. “Esto demuestra que Rusia no es un forastero político, sino parte de la familia europea”, dijo un analista militar, Ruslan Pukhov, a Russia Today el año pasado.
Justamente por eso los Mistral son ahora una cuestión sumamente difícil para el presidente François Hollande; así como una prueba crucial de cuán fuerte castigará Occidente a Vladimir Putin por la invasión y anexión de Crimea. El presidente Obama y los líderes de la UE impusieron el mes pasado prohibiciones para viajar a funcionarios rusos clave y congelaron sus activos en el extranjero. También suspendieron a Rusia del Grupo de los 8 países más industrializados, una bofetada en el rostro para Putin, quien fue el anfitrión de la cumbre del G8 en junio en Sochi. Pero solo un acuerdo de negocios occidental -Mistral de Francia-apuntaría directamente contra el ejército ruso en sí mismo.
A medida que los funcionarios de la UE y de Estados Unidos luchan por reaccionar ante los movimientos militares de Rusia, el Gobierno de Hollande ha dado evasivas sobre si aún pretenden enviar los Mistral, cargando sus respuestas con lenguaje calificado, para que incluso los políticos franceses no tengan ni idea acerca del estado de la operación.
Funcionarios franceses han sugerido que esperarían para ver si Putin mueve sus tropas más hacia adentro de Ucrania, hacia otros países vecinos como Moldavia o los países bálticos, antes de desechar el acuerdo. Y se han quejado de que es injusto que les exijan perder un gran negocio, mientras que los funcionarios británicos han dejado claro que no tienen la intención de evitar que los oligarcas rusos introduzcan miles de millones en la ciudad de Londres.
“Consideraríamos cancelar las ventas”, dijo vagamente el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Laurent Fabius, el mes pasado, cuando los periodistas le preguntaron si seguirían en pie las entregas de los Mistral. Cuando los reporteros hicieron a Hollande la misma pregunta, poco antes de que Putin declarara a Crimea parte de Rusia, las entregas de Mistral seguían en pie, dijo el presidente: “En este momento, no tenemos planes para cancelarlas”.
Las razones
No es difícil entender por qué. Con un pronóstico de crecimiento cercano a cero para la economía francesa este año, y el desempleo estancado por encima del 10%, Francia estaría obligada a devolver a Rusia la mayor parte del costo de los Mistral si no los entregan, una considerable suma de cientos de millones de euros. El Gobierno se resiste a desprenderse de ese dinero, sobre todo con la popularidad de Hollande en mínimos históricos; su Partido Socialista perdió 155 municipios en las elecciones locales de la semana pasada.
Pero hay otras razones económicas también. En el altamente competitivo mercado de defensa, Francia no ha logrado encontrar clientes para otros artículos de defensa de alto precio, como el avión de combate Rafale, que es fabricado por Dassault Systems. Otros países europeos han recortado drásticamente sus presupuestos durante la crisis del euro, y no están comprando.
Para Francia, Moscú es un cliente muy apreciado y los funcionarios han pasado años cultivando oportunidades de negociosoportunidades de negocios con Rusia, que es el segundo mayor inversor en defensa del mundo después de Estados Unidos. Los aviones de combate de Putin, por ejemplo, están equipados con aviónica francesa de tecnología de punta, que Rusia carece de la capacidad para diseñar por sí misma. “Rusia es muy bueno para ensamblar metales, pero no para la electrónica”, dice el editor de la publicación militar británica Jane's Defense Weekly, Guy Anderson
Unite a esta Comunidad