Siendo hoy el día en que el "Malevo" Ferreyra dejó este mundo, les dejo un perfíl que esribí meses atrás sobre este personaje...
El Capanga
Mario es un nombre de origen latino que significa “varonil”. Oscar, por otro lado, significa “la lanza de los Dioses”. Ese 17 de junio de 1945, puede que los Ferreyra no hayan pensado en estos significados el día que nació su hijo, pero a lo largo del tiempo éste –también posible ignorante de los mismos- se encargaría de ostentarlos ante todo y todos.
Él estaba nervioso, aunque tratara de hacer monumentales esfuerzos para que no se note. Los tres tipos estaban tirados contra un rincón, esposados y amordazados con varias vueltas de cinta de embalar en sus cabezas. José le alcanzó su pistola, cargada, y el otro José se metió las manos en los bolsillos y dio media vuelta, para no mirar.
Según la Real Academia Española, “malevo” es un argentinismo que significa “hombre matón y pendenciero que vivía en los arrabales de Buenos Aires”. Sin embargo éste era de Tucumán. Pero matón y pendenciero.
José Menéndez, Hugo Vera y Ricardo Andrada fueron asesinados el 10 de octubre de 1991, en Laguna de Robles, Tucumán, luego de ser arrestados en Salta unos días antes. El por entonces Jefe de la Dirección de Investigaciones, Mario Oscar Ferreyra, “El Malevo”, sostuvo que las muertes fueron producidas en un enfrentamiento.
Sombrero panamá, las patillas largas, bigotes haciendo juego, y luego todo el resto de el “Malevo” Ferreyra, policía tucumano desde la década del ’60 y partícipe, en los ’70 de todo aquello de lo que hacía la policía en el Tucumán de Antonio Bussi, quien tanta importancia tendría en la vida de “El Malevo” en los años por venir. Dicen que utilizaba métodos poco ortodoxos, como castigar con un látigo a los detenidos o confundir enfrentamiento con ejecución.
En 1986 “El Malevo” fue acusado de matar a Enrique "El Prode" Correa, pero fue absuelto por la justicia. Dos años después vuelve a ser absuelto en el caso de la muerte de Daniel Carrizo, un conocido miembro del clan del los "Gardelitos". Sin embargo, en diciembre de 1993 la justicia lo condenó a cadena perpetua por la ejecución de los tres en Laguna de Robles. Pero Mario Oscar no pudo con su genio: se encerró en la alcaldía de los Tribunales en el cual fue juzgado y decidió resistir adentro junto a sus secuaces, el ex cabo José Vairreti, el ex comisario José Sotelo, y un amenazante armamento, hasta que el 14 de diciembre, Ferreyra, granada en mano, logró escaparse del lugar.
Mano dura más sombrero más policía más inseguridad más justicia por mano propia más varonil más la lanza de los Dioses es igual a mito. Hay personas destinadas a ser elevadas al carácter de mitológicas, ungidas por la gracia de una sociedad –una de sus partes- a la que cuesta reconocer un lugar claro en la Ley. Hay personas que creen en la Ley Divina, otros en que no existe ley alguna y otros sostienen que la ley es ley por mano propia: tú me hieres, yo te cobro, tú me pagas. Algo más o menos así entendió alguna vez Mario Oscar Ferreyra.
En Zorro Muerto, Tucumán, había un monte. En ese monte había un rancho. Ese rancho tenía un alero y debajo de ese alero, un hombre. El hombre había comido junto a su mujer lo que él había cazado. El hombre estaba prófugo. Al hombre, 79 días después de su evasión, lo detuvieron.
Dos años después, “El Malevo” preso en el penal de Villa Urquiza, fue beneficiado por el otrora gobernador tucumano Antonio D. Bussi, quién, fijó su pena en 20 años, reduciéndole la condena. Un par de años mas tarde y bajo la figura del Derecho Penal "extramuros", recuperó parcialmente la libertad (debía retornar al penal cada noche) y consiguió trabajo en tiempo récord para una Tucumán azotada por la pobreza: en ese mismo día.
Sus andanzas recorrieron los medios, cual especie exótica que arreglaba sus problemas a los tiros pero que mantenía una línea en su vestimenta, en su cuidada forma de recortarse el bello facial. Pero detrás de él venía aparejado el discurso de la “mano dura”, solución rápida y efectiva al incipiente flagelo de la inseguridad: una, dos o tres balas por delincuente y a seguir, seguros, la vida.
“Si hubiera varios Malevos, al tiempito nomás, ni un chorro, ¡ni uno!”.
Con el tiempo los diarios levantarían informaciones sobre “El Malevo”. Que habría sembrado un campo y fue denunciado ya que éste no le pertenecía. Que luego de una discusión con una vecina, le agredió la casa a piedrazas y balazos previa amenaza de muerte. No mucho más.
Amante de las armas y de la fuerza, Mario Oscar Ferreyra sigue su vida entre ellas. Siempre lo hizo y así lo hará. Aunque la cárcel, aunque las canas, aunque la muerte.
El apellido Ferreira y sus variantes como Farrar, Ferrara, Ferrari, o Herrers y Farreres provienen del latín 'Ferrum' es decir fierro. El apellido describe a una persona que trabaja el metal. El metal se trabaja al rojo vivo. De él puede salir una lanza. La lanza es un arma.