La ética y el suero de la verdad
El llamado suero de la verdad es una práctica perimida para los entendidos que, sin embargo, dio mucho que hablar en los últimos tiempos
GRACIELA SCOLAVINO
El narcoanálisis es una modalidad clínica nacida entre los años 1940 y 1950. Ese fue un período de gran experimentación de medicación en Estados Unidos y Europa. En esos momentos al “suero de la verdad” se le atribuía una enormidad de potestades que en la actualidad ya perdió. El suministro de sustancias psicotrópicas por vía intravenosa pretendía encontrar nuevas soluciones para las enfermedades mentales, aunque ya se utilizaban estas sustancia para obtener declaraciones de prisioneros de guerra.
Productos como el pentotal o el amital sódico, entre otros, inyectados en dosis correctas, permiten que disminuyan las defensas del yo. Se supone que con una disminución de estas defensas el proceso de acercamiento al conflicto o al recuerdo de escenas traumáticas acelera la cura. Para que ello suceda realmente es indispensable la colaboración y el consentimiento del paciente, elemento clave para la eficacia del tratamiento. En las prácticas con psicoactivos se comprobó que no siempre el paciente deslinda fantasía de realidad y los grados de disposición variaban tanto como los niveles de resistencia.
En la década de 1960 un grupo de psiquiatras uruguayos experimentaron una técnica a la que denominaron “psicolisis dirigida” (Berta, Duarte, Severino, Silvera y Gaspar). La forma en que instrumentaron esta técnica varió en relación con las técnicas
utilizadas en Estados Unidos y Europa. Previo al suministro de la medicación provocaban en el paciente un estado de ensueño (ensoñación activada), lo que generaba una mayor fluidez de la corriente imaginaria. El experimento tenía sus fundamentos en
el “ensueño dirigido” del médico francés Rober Desoille. Este trabajo de investigación fue presentado en 1964 en el Sexto Congreso Internacional de Psicoterapia en Londres.
LA VERDAD INEFICAZ
El uso de esta técnica concitó problemas legales y políticos. La práctica pensada para aliviar las dolencias psíquicas pasó a utilizarse con otros fines. En la década de 1970 una comisión especial del SMU elaboró un extenso informe acerca del narcoanálisis, donde concluyó que el uso de sustancias hipnóticas con el fin de obtener confesiones es “ineficaz para lograr la verdad objetiva”. La persona puede mantener un alto grado de resistencias, que le permiten ocultar la verdad y, además, el uso de sustancias con
dicho fines “constituye un atentado a la integridad psíquica” y la “priva del control de su libre voluntad”. Eran años de represión donde se sospechaba que en los interrogatorios en dependencias militares o policiales se suministraba a los detenidos políticos pentotal sódico. Actualmente el cuerpo médico admite que el uso de sustancias con fines indagatorios es un método completamente perimido que perdió seriedad científica.
DE MÉDICOS Y ABOGADOS
Como método terapéutico para calmar las dolencias psíquicas, el narcoanálisis intentó explorar las represiones. Como método indagatorio en el ámbito judicial las cosas cambian, pues se comprobó que en personas normales no lograba la eficacia que se pretendía. La mayoría de los psiquiatras cuestionan ética y científicamente
el procedimiento dado que el uso de fármacos está en función de recomponer el equilibrio y el bienestar del paciente. El suministro de drogas a personas que no padecen dolencias psíquicas compromete la estabilidad y hasta puede desequilibrarlas.
Recientemente el abogado de la enfermera del Hospital Pasteur , procesada con prisión luego de la muerte de un paciente, solicitó al Poder Judicial que se le realizara un interrogatorio bajo los efectos de propofol. Este hecho tuvo amplia difusión en el ámbito
periodístico. Los profesionales entrevistados aseguraron que como el método prácticamente no se aplicó en Uruguay, son pocos los profesionales entrenados para llevarlo adelante.
A mediados de diciembre, la enfermera Mari Cranchi, por voluntad propia, fue sometida a un interrogatorio de más de una hora en presencia de un juez, un fiscal, tres médicos legistas y el psiquiatra encargado de interrogarla.
Con escasa bibliografía esta técnica -poco validada científicamente y por si fuera poco con antecedentes nefastos para la humanidad, con este acontecimiento revivió una polémica que había quedado en el pasado desde hacía casi cuatro décadas.
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