
Bueno gente, en nuestra linda Argentina, sabemos bien que los tiempos cambiaron.
Gracias a Dios en muchas cosas para bien y entre ellas se encuentra un clima de mayor paz entre Argentina y otros países. No obstante sería "ingenuo" pensar que nunca más se tensarán las relaciones, que nunca vamos a volver a tener intereses cruzados que puedan llevarnos por la acción de malos gobiernos a una situación de conflicto.
Los Chilenos al igual que nuestros otros vecinos Brasil e incluso Uruguay. tienen esta visión realista y estratégica de afirmación de su soberanía e intereses nacionales y por eso en los períodos de gobierno democráticos que han sucedido a los gobiernos militares del siglo pasado, siguieron una política de fortalecimiento de sus fuerzas armadas tanto en lo tecnológico como en su capacitación y mantenimiento de la moral.
En Argentina por el contrario, lejos de "adoptar" una visión estratégica de largo plazo en función de nuestros más altos intereses, nos dedicamos a destruir lo hecho en gestiones anteriores con una visión egoísta y cortoplacista digna de politiqueros de cuarta categoría.
En lo militar ya desde Alfonsín viene una política de desgaste y destrucción de las Fuerzas Armadas, pero sin dudas la gestión K les ha dado el golpe mortal, minando totalmente su moral, transformando a sus oficiales superiores en títeres manejados por la plata de supervivencia de sus sueldos con la amenaza de retiros que los sumen en la pobreza y al resto de sus integrantes en simples empleados públicos que trabajan de militar. En cuanto al equipamiento no solo nos se han reequipado sino que no se ha hecho siquiera el mantenimiento mínimo indispensable y la brecha tecnológica propia de la época nos coloca en una situación de indefensión absoluta.
Gracias a Dios en muchas cosas para bien y entre ellas se encuentra un clima de mayor paz entre Argentina y otros países. No obstante sería "ingenuo" pensar que nunca más se tensarán las relaciones, que nunca vamos a volver a tener intereses cruzados que puedan llevarnos por la acción de malos gobiernos a una situación de conflicto.
Los Chilenos al igual que nuestros otros vecinos Brasil e incluso Uruguay. tienen esta visión realista y estratégica de afirmación de su soberanía e intereses nacionales y por eso en los períodos de gobierno democráticos que han sucedido a los gobiernos militares del siglo pasado, siguieron una política de fortalecimiento de sus fuerzas armadas tanto en lo tecnológico como en su capacitación y mantenimiento de la moral.
En Argentina por el contrario, lejos de "adoptar" una visión estratégica de largo plazo en función de nuestros más altos intereses, nos dedicamos a destruir lo hecho en gestiones anteriores con una visión egoísta y cortoplacista digna de politiqueros de cuarta categoría.
En lo militar ya desde Alfonsín viene una política de desgaste y destrucción de las Fuerzas Armadas, pero sin dudas la gestión K les ha dado el golpe mortal, minando totalmente su moral, transformando a sus oficiales superiores en títeres manejados por la plata de supervivencia de sus sueldos con la amenaza de retiros que los sumen en la pobreza y al resto de sus integrantes en simples empleados públicos que trabajan de militar. En cuanto al equipamiento no solo nos se han reequipado sino que no se ha hecho siquiera el mantenimiento mínimo indispensable y la brecha tecnológica propia de la época nos coloca en una situación de indefensión absoluta.
El Ejército tiene hoy, en mi opinión, una escasa cantidad de soldados. Un país como Argentina, con amplio territorio, necesitaría, para estar en relación con los demás ejércitos de la región, un mínimo de aproximadamente 200.000 soldados, lo que remitiría tener las unidades con una capacidad operativa mínima, que hoy no tienen en términos de cantidad de personal.

Al mismo tiempo, posiblemente la cantidad de generales necesaria debería ser algo menor que la actual, retornando a aproximadamente 200, la cantidad que existía aproximadamente hasta los recientes ascensos. En esta hipótesis, el Ejército tendría un general cada 1000 soldados, una relación razonable.
Alguien puede argumentar que por razones presupuestarias no se pueden aumentar los soldados. Pero en la última década se ha agregado un millón de empleados públicos más, sumados los niveles nacional, provincial y municipal. Llevar el Ejército a 200.000 soldados hubiera requerido sólo que el 2,3% de aquéllos hubieran sido destinados a este sector del Estado nacional.
En conclusión, el fuerte desequilibrio entre la cantidad de generales y de soldados -también respecto de los suboficiales y los oficiales subalternos- hace necesario plantear un demorado debate, desprovisto de ideología y prejuicios, sobre las misiones y necesidades básicas de las Fuerzas Armadas.
