En la larga y sangrienta lucha de Lomas Valentinas del 21 al 27 de diciembre de 1868, el ejército paraguayo había sido prácticamente aniquilado. El Mariscal López se retiró a Cerro León y luego pasó a Azcurra, en plena Cordillera, en donde acampó con su escaso contingente, el 1 de enero de 1869.
La capital de la República, con asiento en Luque, había sido trasladada de manera provisoria a Piribebuy, esa orden fue dada poco antes de los combates de Lomas Valentinas.
El Mariscal formó apresuradamente una nueva línea defensiva a lo largo de la cordillera de Azcurra. Claro está; con reducido número de centinelas, en los puntos menos vulnerables, creyendo que los aliados maniobrarían por su flanco derecho, en la zona de Atyrá, para obligarle a librar combates definitivos, sin alternativas de escaparse hacia el norte de la Cordillera. Así se explica que se aferrara a posiciones defensivas en las cercanías de aquel pueblo. Su ala izquierda llegaba hasta el pueblo de Piribebuy. Solano López, con estupendo esfuerzo y firme resolución, hizo el milagro de agrupar gente venida de todos los puntos adyacentes y de poblaciones distantes, para organizar un nuevo Ejército. Con los dispersos que regresaban de Lomas Valentinas y los convalecientes de los hospitales, muchos de éstos aún no tenían sus heridas bien cicatrizadas, dio el Mariscal el principio a la reorganización del Ejército, sirviéndole de base los pocos cuerpos regulares que se habían salvado por no haber tomado parte en los últimos combates. Poco tiempo después, contaba con 12.000 hombres y 18 piezas de artillería.
Dentro del área de Piribebuy fue construida una cadena de trincheras, las cuales podrían contener suficiente cantidad de tropas. En esas posiciones se aprestaron, a la defensa de la plaza, unos 1.600 hombres con ocho piezas de cañones, al mando del Tte. Cnel. Pedro Pablo Caballero.
En los primeros días de agosto de 1869, el ejército brasileño, acompañado de una división argentina al mando del Cnel. Campos, con un total de 20.000 hombres, emprendió la marcha desde Pirayú llegando a Piribebuy el 10 del mismo mes. Comandaba esta unidad el Príncipe Gastón de Orleans - Conde D' Eu. Los otros jefes fueron el general Jo"o Manuel Mena Barreto y el Cnel. de artillería Mallet. El jefe brasileño, en un día como hoy 11 de agosto pero del año 1869 intimó previamente rendición al Comandante Pedro Pablo Caballero a lo que éste contestó: "Estoy aquí para pelear y si es necesario para morir, pero no para rendirme". Al día siguiente, volvió a insistir el conde D'Eu en su intimación, a lo que volvió a contestar negativamente el Comandante Caballero.
Un día como hoy 12 de agosto pero de 1869 se daba la batalla de Piribebuy, una de las más terribles y sangrientas, además de ser, quizá, el último bastión donde los aliados encontraron una fuerte e indoblegable resistencia por parte de las tropas paraguayas y de la población civil. Don Luis Verón menciona sobre la batalla como la única desarrollada en un centro urbano durante la llamada Guerra Guasú.
Tras declararla tercera capital de la República - luego de Asunción y Luque -, López había trasladado al lugar todo el Archivo y el Tesoro Nacional, así como parte del comando de operaciones.
El resultado de una lucha tan desigual estaba de antemano previsto. A la verdad, qué podrían hacer 1.600 hombres mal armados y que gran parte de los mismos eran veteranos ya muy ancianos, además de niños y adolescentes contra 20.000 soldados aliados ayudados de la cooperación poderosa de piezas de artillería de sistema moderno? Sin embargo, la resistencia fue heroica y prolongada. Duró cinco horas!. Fue una verdadera carnicería, en donde hasta el último de los combatientes resistió como pudo. La relación era 12 contra 1!. A falta de municiones, los cañones eran cargados con pedazos de vidrio, piedra y cocos.
El ataque más fuerte se produjo desde el norte, por parte de las tropas de Mena Barreto. En la tercera arremetida a lomo de su caballo, éste General resultó gravemente herido por una bala de fusil, disparado por uno de los defensores paraguayos que lo acertó en la ingle. Los soldados lo rescataron y lo llevaron hasta un sector del campamento a resguardo del combate, mientras hacían llamar con toda urgencia a un cirujano. Cuando el médico llegó, el general brasileño ya había fallecido.
El propio Conde D'Eu al enterarse de la muerte del Gral. Joao Manuel Mena Barreto ordenó muy ofuscado mirando al Cmdte. Pedro Pablo Caballero y su ayudante Ofic. Marecos: Degüéllenlos a esos! Ellos tienen la culpa! La orden se cumplió de inmediato; los pocos prisioneros que estaban con vida entre ellos el maestro Fermín López, fueron pasados a degüello.
Respecto a la muerte del jefe paraguayo, el escritor Efraím Cardozo menciona que Juan E. O’leary había recogido otra versión: “El Cmdte. Pedro Pablo Caballero, no queriendo rendirse fue degollado, después de sufrir el tormento. Lo acostaron sobre un montón de mochilas y atados de pies y manos a las ruedas de dos cañones; fue estirado hasta quedar suspendido en el aire. Estando en ésta posición, le intimaron que declarara que se rendía si no quería perecer. Caballero respondió con la altivez de un héroe; reclamando la muerte de aquellos míseros verdugos. Azotado enseguida, hasta quedar desvanecido, fue degollado, sin que se le arrancara una queja. Su esposa también prisionera, presenció aquel cuadro, recogiendo su cuerpo lacerado y su cabeza cercenada.”
Pero aún faltaba algo mucho peor. El Conde D'Eu ordenó la comisión de uno de los mayores crímenes de la guerra: incendiar el hospital de sangre de Piribebuy, quemando vivos a los heridos y enfermos que se encontraban adentro, acabando con bayonetas a todos los que intentaban escapar de su interior.
Además de apoderarse de los tesoros del Estado, los aliados destruyeron y quemaron parte de los documentos históricos de Archivo Nacional, que contenían valiosos registros, que databan desde el año 1534. Algunos legajos fueron sacados de sus depósitos y desparramados en medio de la plaza. Los soldados, faltos de leñas para cocinar sus pucheros, hicieron uso de los mismos como tizones para alimentar el fuego de sus fogatas. Cuantos importantes documentos históricos no se habrán convertido en cenizas y humo esa vez !
"El ingente tesoro nacional en cajones de oro y plata sellados, pasó a manos de la Alianza, y a la vez parte del Archivo Nacional fue puesto en las llamas y el resto enviado a Río de Janeiro". Algunos documentos hasta hoy se encuentran en el Brasil.
Gloria eterna a los defensores, héroes y heroínas de Piribebuy !!!
FUENTES: Memorias o reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay, Tomo IV – Juan Crisóstomo Centurión / Hace 100 años, Crónicas de la Guerra de 1864 – 1870, tomo XII / Acosta Ñu, Tomo 14 – Andrés Colmán Gutiérrez / Efemérides Luis Verón. Compilación: Eduardo Ortíz Mereles – Asociación Cultural Mandu’ara.