Rumsfeld y una epidemia con puntualidad suiza
En 1993 fue la epidemia de Hong Kong, en 1997 la de sarampión, en 2001 la psicosis del ántrax, en 2005 se alertó sobre una epidemia inminente que nunca se produjo: la aviaria, porque nunca hubo contagio entre humanos y ahora vamos camino a la pandemia planetaria por la supuesta gripe porcina, una absurda mezcla de la influenza aviaria, porcina y humana.
Resulta cuanto menos llamativo que a los virus se les ocurra atacar una vez cada cuatro años con una puntualidad digna de los suizos y que ese lapso coincida con la fecha de vencimiento del Tamiflu, el antiviral del laboratorio suizo Roche sobre el que el ex jefe del Pentágono Donald Rumsfeld embolsa un 10% de cada caja que se vende en el mundo. Rumsfeld era presidente y principal accionista de Gilead Sciences Inc., la empresa que vendió a Roche el Tamiflu, el antiviral que fue fabricado a destajo en 2005 cuando el Pentágono hizo sonar la falsa alarma de la gripe aviaria. Ahora hay millones de dosis que tienen fecha de vencimiento en seis meses. Antes de la puntual y oportuna irrupción de esta nueva gripe, la suiza Roche y su competidor Glaxo estaban a punto de declararse en quiebra. Los últimos indicadores de la Bolsa de Zurich mostraban que el grupo farmacéutico Roche perdía 8,47% de sus acciones, lo que ratifica que durante los últimos meses sus cotizaciones iban en descenso progresivo. Mientras que Glaxo sólo durante el primer trimestre de 2009 registró pérdidas de 1,5%, lo cual, según analistas, es una evidencia de la caída vertiginosa de esta empresa hasta la irrupción de esta nueva epidemia. La pregunta es si alguien como Rumsfeld o sus socios habrán metido mano en la difusión de este virus genéticamente modificado. Todos los países del mundo están ahora comprando grandes cantidades de Tamiflu, cuyo principal consumidor ha sido el Pentágono, que se lo da a las tropas de los Estados Unidos para su uso obligado desde que Rumsfeld fue secretario de Defensa. El precio normal del Tamiflu supera los u$s40 y las ganancias de Roche y Gilead Sciences Inc. se han multiplicado con cada epidemia. En 2005 la revista Fortune estimó que el valor de las acciones de Rumsfeld podía alcanzar los u$s25 millones y que la demanda internacional de Tamiflu por la gripe aviaria había engrosado los bolsillos del secretario de Defensa en un millón de dólares. La revista calculó las ventas de Tamiflu alrededor del mundo en u$s1.000 millones ese año, incluido un pedido de u$s58 millones por parte del Pentágono, cuyo titular era entonces Rumsfeld. El ex jefe del Pentágono afirma que no tuvo nada que ver en la decisión de la administración de George W. Bush de apoyar y aconsejar el uso del Tamiflu a nivel mundial, pero su nombre también aparece unido a una vacunación masiva contra una supuesta gripe porcina durante la administración de Gerald Ford en la década del 70, que dio como resultado más de cincuenta muertos a causa de los efectos secundarios. Cualquiera que haya leído El jardinero fiel, de John Le Carre –o que haya visto la película basada en el libro–, sabe que las empresas farmacéuticas están dispuestas a todo y Rumsfeld responde al identikit del villano perfecto, pero hay más que meras especulaciones. En 2004 y 2005 hubo un escándalo en los Estados Unidos por un estudio publicado en la revista Science y otras publicaciones científicas estadounidenses, en las que un grupo de patólogos del Departamento de Patología Molecular del Ejército estadounidense (que dependía de Rumsfeld), anunciaban que examinaron y obtuvieron el genoma completo del virus de la gripe española que en abril de 1918 mató a 50 millones de personas. Es evidente que esa investigación tenía un uso dual, es decir civil y militar. Se podía usar para fabricar vacunas, pero también para fabricar armas biológicas como aquellas que Rumsfeld le achacaba a Saddam Hussein y que fueron el pretexto de la invasión a Irak. Pero hay más: en abril de este año algunos medios de prensa checos publicaron sobre el sorprendente descubrimiento de vacunas contaminadas con el mortal virus de la gripe aviaria que Baxter, otra empresa norteamericana, distribuyó en dieciocho países, lo que despertó sospechas de que esas vacunas contaminadas formaban parte de una maniobra para provocar una pandemia.
Y, por si faltan casualidades, el pasado 9 de marzo la empresa francesa Sanofi-Pasteur firmó un acuerdo para construir una planta para fabricar la vacuna contra la influenza en México. Con la producción de más de 170 millones de dosis para la vacuna de influenza en 2008, Sanofi Pasteur consolidó su liderazgo global en el mercado de la vacuna de influenza.
Hasta ahí sólo se trataba de un gran negocio. Nadie imaginó que dos meses después México sería el paraíso del Tamiflu.
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