Escrito por Miriam Leiva
viernes, 09 de enero de 2009
“ La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución. ”
José Martí
Al arribar el 1 de enero al 50 aniversario del triunfo de la revolución, que fuera apoyada con gran ilusión por la mayoría del pueblo, Cuba se encuentra sumida en el cataclismo más profundo y abarcador de su historia. El poder absoluto con aspiraciones de perpetuidad se afianzó mediante la manipulación sagaz, la represión, la desintegración de las familias, la destrucción de los valores espirituales, la dependencia económica respecto a otros países y la subversión política exterior. Los cubanos fueron cediendo los derechos a expresar sus ideas y participar en la toma de decisiones bajo presión política o el engaño de que se les confería el privilegio de la educación, salud pública y seguridad social gratuitas.
La inesperada gravedad de Fidel Castro lo obligó a ceder el poder provisionalmente a Raúl Castro desde el 31 de julio de 2006, y luego definitivamente. Los cubanos se ilusionaron con el probable inicio de liberalización económica que paulatinamente llevara a la participación política. Pero los cambios estructurales y de conceptos prometidos por el nuevo Presidente el 26 de julio de 2007, han quedado pospuestos para el VI Congreso del Partido Comunista que eventualmente se realizará en diciembre de 2009, a pesar de la imperiosa necesidad de modificar radicalmente un sistema político, económico y social exánime.
Ese anuncio del General, en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular efectuada el 27 de diciembre pasado, mató las pocas ilusiones que quedaban a los cubanos no sólo para enfrentar la cruenta crisis llamada Período Especial desde hace 20 años, sino las inmensas carencias acumuladas y las surgidas luego de los tres huracanes recién ocurridos. Esa reunión fue la ocasión ideal para imponer al pueblo mayores restricciones, antes del acto por el 50 aniversario del triunfo de la revolución que debía transcurrir entre loas y nuevos compromisos de sacrificios.
Si en el momento cuando Raúl Castro prometió los cambios eran necesarios, en las actuales condiciones resultan aún más apremiantes, pues se añade la crisis internacional que indudablemente afectará seriamente la raquítica economía de Cuba. Más aún, se requería la aprobación de un plan de medidas urgentes para enfrentar todas las calamidades y liberar la capacidad productiva y el ingenio de los cubanos mediante el trabajo por cuenta propia y la verdadera eliminación de las prohibiciones a casi todas las actividades que colocan a la mayoría de los ciudadanos en peligrosas ilegalidades.
Precisamente el 50 aniversario, hubiera sido momento de restituir al pueblo la posibilidad de ser actor esencial en las decisiones y su ejecución. No se debería continuar la práctica del Estado todopoderoso, en realidad expresión abstracta de los máximos dirigentes, que determina y asume todas las acciones. En contraposición se anunciaron nuevos mecanismos de fiscalización, motivados por la necesidad de ¨fortalecer la exigencia en el cumplimiento estricto del deber de todas las estructuras de dirección…porque es hora de que muchos empecemos a ver qué falta por regular dentro del área de trabajo de cada cual¨. Eso apunta a mayor burocratismo y represión, sin que se incentive a las personas a trabajar, se permita desplegar la creatividad y sentirse socialmente útiles. Indudablemente, es un deber elemental de todos cumplir la labor con responsabilidad, honestidad y transparencia, pero el ser humano necesita la motivación que en Cuba se ha perdido, así como expresión e intercambio de las ideas.
Con tantas personas calificadas e inteligentes que posee el país, ha existido potencial y tiempo suficiente para elaborar las medidas indispensables a fin de comenzar el despegue, y afrontar las grandes dificultades que se avecinan. No es asunto de prisa irresponsable, pero tampoco de egoísta sujeción al letargo. Igualmente ha habido ocasión para liberar a los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos que afrontan injustas condenas hasta de 28 años sólo por alertar sobre los problemas existentes, muchos de los cuales han sido reconocidos por el actual Presidente.
Las promesas del General Raúl Castro estimularon expectativas que se fueron difuminando con el transcurso del tiempo, y que han caído en la incredulidad por la postergación. Un pueblo capaz de grandes sacrificios y paciencia no debería llevarse al límite de su capacidad de soportar o una probable prisión, sino que merece poder recomponer su vida presente y de dedicar sus potencialidades a la reconstrucción de la Patria hacia un futuro realmente próspero.
fuente http://www.desdecuba.com/index.php?option=com_content&task=view&id=114&Itemid=40
Represión contra "Las Damas de Blanco". Comparadas muchas veces con las "Abuelas de Plaza de Mayo" de Argentina
viernes, 09 de enero de 2009
“ La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho: eso es la revolución. ”
José Martí
Al arribar el 1 de enero al 50 aniversario del triunfo de la revolución, que fuera apoyada con gran ilusión por la mayoría del pueblo, Cuba se encuentra sumida en el cataclismo más profundo y abarcador de su historia. El poder absoluto con aspiraciones de perpetuidad se afianzó mediante la manipulación sagaz, la represión, la desintegración de las familias, la destrucción de los valores espirituales, la dependencia económica respecto a otros países y la subversión política exterior. Los cubanos fueron cediendo los derechos a expresar sus ideas y participar en la toma de decisiones bajo presión política o el engaño de que se les confería el privilegio de la educación, salud pública y seguridad social gratuitas.
La inesperada gravedad de Fidel Castro lo obligó a ceder el poder provisionalmente a Raúl Castro desde el 31 de julio de 2006, y luego definitivamente. Los cubanos se ilusionaron con el probable inicio de liberalización económica que paulatinamente llevara a la participación política. Pero los cambios estructurales y de conceptos prometidos por el nuevo Presidente el 26 de julio de 2007, han quedado pospuestos para el VI Congreso del Partido Comunista que eventualmente se realizará en diciembre de 2009, a pesar de la imperiosa necesidad de modificar radicalmente un sistema político, económico y social exánime.
Ese anuncio del General, en la Sesión Ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular efectuada el 27 de diciembre pasado, mató las pocas ilusiones que quedaban a los cubanos no sólo para enfrentar la cruenta crisis llamada Período Especial desde hace 20 años, sino las inmensas carencias acumuladas y las surgidas luego de los tres huracanes recién ocurridos. Esa reunión fue la ocasión ideal para imponer al pueblo mayores restricciones, antes del acto por el 50 aniversario del triunfo de la revolución que debía transcurrir entre loas y nuevos compromisos de sacrificios.
Si en el momento cuando Raúl Castro prometió los cambios eran necesarios, en las actuales condiciones resultan aún más apremiantes, pues se añade la crisis internacional que indudablemente afectará seriamente la raquítica economía de Cuba. Más aún, se requería la aprobación de un plan de medidas urgentes para enfrentar todas las calamidades y liberar la capacidad productiva y el ingenio de los cubanos mediante el trabajo por cuenta propia y la verdadera eliminación de las prohibiciones a casi todas las actividades que colocan a la mayoría de los ciudadanos en peligrosas ilegalidades.
Precisamente el 50 aniversario, hubiera sido momento de restituir al pueblo la posibilidad de ser actor esencial en las decisiones y su ejecución. No se debería continuar la práctica del Estado todopoderoso, en realidad expresión abstracta de los máximos dirigentes, que determina y asume todas las acciones. En contraposición se anunciaron nuevos mecanismos de fiscalización, motivados por la necesidad de ¨fortalecer la exigencia en el cumplimiento estricto del deber de todas las estructuras de dirección…porque es hora de que muchos empecemos a ver qué falta por regular dentro del área de trabajo de cada cual¨. Eso apunta a mayor burocratismo y represión, sin que se incentive a las personas a trabajar, se permita desplegar la creatividad y sentirse socialmente útiles. Indudablemente, es un deber elemental de todos cumplir la labor con responsabilidad, honestidad y transparencia, pero el ser humano necesita la motivación que en Cuba se ha perdido, así como expresión e intercambio de las ideas.
Con tantas personas calificadas e inteligentes que posee el país, ha existido potencial y tiempo suficiente para elaborar las medidas indispensables a fin de comenzar el despegue, y afrontar las grandes dificultades que se avecinan. No es asunto de prisa irresponsable, pero tampoco de egoísta sujeción al letargo. Igualmente ha habido ocasión para liberar a los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos que afrontan injustas condenas hasta de 28 años sólo por alertar sobre los problemas existentes, muchos de los cuales han sido reconocidos por el actual Presidente.
Las promesas del General Raúl Castro estimularon expectativas que se fueron difuminando con el transcurso del tiempo, y que han caído en la incredulidad por la postergación. Un pueblo capaz de grandes sacrificios y paciencia no debería llevarse al límite de su capacidad de soportar o una probable prisión, sino que merece poder recomponer su vida presente y de dedicar sus potencialidades a la reconstrucción de la Patria hacia un futuro realmente próspero.
fuente http://www.desdecuba.com/index.php?option=com_content&task=view&id=114&Itemid=40
Represión contra "Las Damas de Blanco". Comparadas muchas veces con las "Abuelas de Plaza de Mayo" de Argentina