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Judas x Borges + Info

Info11/16/2009
Jorge Luis Borges
(1899–1986)



Tres versiones de Judas
(Artificios, 1944;
Ficciones, 1944)





There seemed a certainity in degradation.
T. E. Lawrence: Seven Pillars of Wisdom, ciii








En el Asia Menor o en Alejandría, en el segundo siglo de nuestra fe, cuando Basílides publicaba que el cosmos era una temeraria o malvada improvisación de ángeles deficientes, Niels Runeberg hubiera dirigido, con singular pasión intelectual, uno de los coventículos gnósticos. Dante le hubiera detinado, tal vez, un sepulcro de fuego; su nombre aumentaría los catálogos de heresiarcas menores, entre Satornilo y Carpócrates; algún fragmento de su prédicas, exonerado de injurias, perduraría en el apócrifo Liber adversus omnes haereses o habría perecido cuando el incendio de una bibilioteca monástica devoró el último ejemplar del Syntagma. En cambio, Dios le deparó el siglo veinte y la ciudad universitaria de Lund. Ahí, en 1904, publicó la primera edición de Kristus och Judas; ahí, en 1909, su libro capital Den hemlige Frälsaren. (Del último hay versión alemana, ejecutada en 1912 por Emili Schering; se llama Der heimliche Heiland.)
Antes de ensayar un examen de los precitados trabajos, urge repetir que Nils Runeberg, miembro de la Unión Evangélica Nacional, era hondamente religioso. En un cenáculo de París o aun en Buenos Aires, un literato podría muy bien redescubir las tesis de Runeberg; esas tesis, propuestas en un cenáculo, serían ligeros ejercicios inútiles de la negligencia o de la blasfemia. Para Runeberg, fueron la clave que descifra un misterio central de la teología; fueron materia de meditación y análisis, de controversia histórica y filológica, de soberbia, de júbilo y de terror. Justificaron y desbarataron su vida. Quienes recorran este artículo, deben asimismo considerar que no registra sino las conclusiones de Runeberg, no su dialéctica y sus pruebas. Alguien observará que la conclusión precedió sin duda a las “pruebas”. ¿Quién se resigna a buscar pruebas de algo no creído por él o cuya prédica no le importa?
La primera edición de Kristus och Judas lleva este categórico epígrafe, cuyo sentido, años después, monstruosamente dilataría el propio Nils Runeberg: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas (De Quincey, 1857). Precedido por algún alemán, De Quincey especuló que Judas entregó a Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una vasta rebelión contra el yugo de Roma; Runeberg sugiere una vindicación de índole metafísica. Hábilmente, empieza por destacar la superfluidad del acto de Judas. Observa (como Robertson) que para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante concursos de miles de hombres, no se requiere la traición de un apostol. Ello, sin embargo, ocurrió. Suponer un error en la Escritura es intolerable; no menos tolerable es admitir un hecho casual en el más precioso acontecimiento de la historia del mundo. Ergo, la trición de Judas no fue casual; fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención. Prosigue Runeberg: El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la carne; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fye ese hombre. Judas, único entre los apóstoles intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesus. El Verbo se había rebajado a mortal; Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) y ser huésped del fuego que no se apaga. El orden inferior es un espejo del orden superior; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo; las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones; Judas refleja de algún modo a Jesús. De ahí los treinta dineros y el beso; de ahí la muerte voluntaria, para merecer aun más la Reprobación. Así dilucidó Nils Runeberg el enigma de Judas.
Los teólogos de todas las confesiones lo refutaron. Lars Peter Engström lo acusó de ignorar, o de preterir, la unión hipostática; Axel Borelius, de renovar la herejía de los docetas, que negaron la humanidad de Jesus; el acerado obispo de Lund, de contradecir el tercer versículo del capítulo 22 del Evangelio de San Lucas.
Estos variados anatemas influyeron en Runeberg, que parcialmente reescribió el reprobado libro y modificó su doctrina. Abandonó a sus adversarios el terreno teológico y propuso oblicuas razones de orden moral. Admitió que Jesús, «que disponía de los considerables recursos que la Omnipotencia puede ofrecer», no necesitaba de un hombre para redimir a todos los hombres. Rebatió, luego, a quienes afirman que nada sabemos del inexplicable traidor; sabemos, dijo, que fue uno de los apóstoles, uno de los elegidos para anunciar el reino de los cielos, para sanar enfermos, para limpiar leprosos, para resucitar muertos y para echar fuera demonios (Mateo 10: 78; Lucas 9: 1). Un varón a quien ha distinguido así el Redentor merece de nosotros la mejor interpretación de sus actos. Imputar su crimen a la codicia (como lo han hecho algunos, alegando a Juan 12: 6) es resignarse al móvil más torpe. Nils Runeberg propone el móvil contrario: un hiperbólico y hasta ilimitado ascetismo. El asceta, para mayor gloria de Dios, envilece y mortifica la carne; Judas hizo lo propio con el espíritu. Renunció al honor, al bien, a la paz, al reino de los cielos, como otros, menos heroicamente, al placer. Premeditó con lucidez terrible sus culpas. En el adulterio suelen participar la ternura y la abnegación; en el homicidio, el coraje; en las profanaciones y la blasfemia, cierto fulgor satánico. Judas eligió aquellas culpas no visitadas por ninguna virtud: el abuso de confianza (Juan 12: 6) y la delación. Obró con gigantesca humildad, se creyó indigno de ser bueno. Pablo ha escrito: El que se gloria, gloríese en el Señor (I Corintios 1: 31); Judas buscó el Infierno, porque la dicha del Señor le bastaba. Pensó que la felicidad, como el bien, es un atributo divino y que no deben usurparlo los hombres.
Muchos han descubierto, post factum, que en los justificables comienzos de Runeberg está su extravagante fin y que Den hemlige Frälsaren es una mera perversión o exasperación de Kristus och Judas. A fines de 1907, Runeberg terminó y revisó el texto manuscrito; casi dos años transcurrieron sin que lo entregara a la imprenta. En octubre de 1909, el libro apareció con un prólogo (tibio hasta lo enigmático) del hebraísta dinamarqués Erik Erfjord y con este pérfido epígrafe: En el mundo estaba y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció (Juan 1: 10). El argumento general no es complejo, si bien la conclusión es monstruosa. Dios, arguye Nils Runeberg, se rebajó a ser hombre para la redención del género humano; cabe conjeturar que fue perfecto el sacrificio obrado por él, no invalidado o atenuado por omisiones. Limitar lo que padeció a la agonía de una tarde en la cruz es blasfematorio. Afirmar que fue hombre y que fue incapaz de pecado encierra contradicción; los atributos de impeccabilitas y de humanitas no son compatibles. Kemnitz admite que el Redentor pudo sentir fatiga, frío, turbación, hambre y sed; también cabe admitir que pudo pecar y perderse. El famoso texto Brotará como raíz de tierra sedienta; no hay buen parecer en él, ni hermosura; despreciado y el último de los hombres; varón de dolores, experimentado en quebrantos (Isaías 53: 23), es para muchos una previsión del crucificado, en la hora de su muerte; para algunos (verbigracia, Hans Lassen Martensen), una refutación de la hermosura que el consenso vulgar atribuye a Cristo; para Runeberg, la puntual profecía no de un momento sino de todo el atroz porvenir, en el tiempo y en la eternidad, del Verbo hecho carne. Dios totalmente se hizo hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue judas.
En vano propusieron esa revelación las librerías de Estocolmo y de Lund. Los incrédulos la consideraron, a priori, un insípido y laborioso juego teológico; los teólogos la desdeñaron. Runeberg intuyó en esa indiferencia ecuménica una casi milagrosa confirmación. Dios ordenaba esa indiferencia; Dios no quería que se propalara en la tierra Su terrible secreto. Runeberg comprendió que no era llegada la hora: Sintió que estaban convergiendo sobre él antiguas maldiciones divinas; recordó a Elías y a Moisés, ,que en la montaña se taparon la cara para no ver a Dios; a Isaías, que se aterró cuando sus ojos vieron a Aquel cuya gloria llena la tierra; a Saúl, cuyos ojos quedaron ciegos en el camino de Damasco; al rabino Simeón ben Azaí, que vio el Paraíso y murió; al famoso hechicero Juan de Viterbo, que enloqueció cuando pudo ver a la Trinidad; a los Midrashim, que abominan de los impíos que pronuncian el Shem Hamephorash, el Secreto Nombre de Dios. ¿No era él, acaso, culpable de ese crimen oscuro? ¿No sería ésa la blasfemia contra el Espíritu, la que no será perdonada (Mateo 12: 31)? Valerio Sorano murió por haber divulgado el oculto nombre de Roma; ¿qué infinito castigo sería el suyo, por haber descubierto y divulgado el horrible nombre de Dios?
Ebrio de insomnio y de vertiginosa dialéctica, Nils Runeberg erró por las calles de Malmö, rogando a voces que le fuera deparada la gracia de compartir con el Redentor el Infierno.
Murió de la rotura de un aneurisma, el primero de marzo de 1912. Los heresiólogos tal vez lo recordarán; agregó al concepto del Hijo, que parecía agotado, las complejidades del mal y del infortunio.
1944


Sobre judas...


INTRODUCCIÓN
Judas Iscariote, nacido en Carioth (Judea), fue uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret, siguió a su maestro durante su predicación por Palestina y lo traicionó revelando a los miembros del Sanedrín (consejo de sabios que lideraba el pueblo Judío) el lugar donde podrían apresar a Jesús sin que sus discípulos interfiriesen.

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DESARROLLO
Judas indicó a los captores quien era Jesús besándole y recibiendo por su traición la recompensa de treinta denarios, los cuales aceptó para más tarde y arrepentido por sus actos devolvérselos a los sacerdotes que le habían pagado, al no querer el dinero que Judas les daba este lo arroja en el templo y se suicida ahorcándose en un árbol.
Por sus actos ha pasado a la tradición Cristiana como el ejemplo del traidor por antonomasia, como apóstol fue sustituido por Matías, al cual se eligió por sorteo.
Puesto que era el único no nacido en Galilea, Judas no contaba con la simpatía del resto de los apóstoles, a pesar de lo cuál se le confiaba la tarea de tesorero del grupo, y que probablemente usaba para su provecho apropiándose de parte del dinero, puesto que en numerosas ocasiones se le tiende a llamar el ladrón, así como el traidor.

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CONCLUSIÓN
Como hemos visto Judas además de el apóstol menos integrado en el grupo fue el traidor que vendió a su maestro, a pesar de lo cual se ha convertido sin duda en el más conocido de todos los apóstoles, y que la iglesia nos pone como ejemplo de que el mal lleva al arrepentimiento y sufrimiento (Judas traiciona, se arrepiente y se suicida).



ANEXOS

BIBLIOGRAFÍA
http://es.wikipedia.org/wiki/Judas_Iscariote
http://www.enciclopediacatolica.com/i/iscariote.htm
http://www.amen-amen.net/biografi/judas.htm



TRAIDOR???
La reivindicación de Judas Iscariote se llevó acabo en el siglo XX fue llevada a cabo por algunos ensayistas que no se sabe si por voluntad sincera o por hacer una mera actividad de ingenio.En 1944 Jorge Luís Borges publico la novela Tres versiones de Judas, en el que presenta a un teólogo convencido de que Dios no encarnó en Cristo, sino en Judas. Posteriormente Juan Bosch, en su libro de 1955 Judas Iscariote el calumniado, revisa la tradición evangélica sobre el personaje, presentándolo como víctima de una interpretación errónea de los hechos.
En el año 2006, esta lectura positiva de Judas cobra nuevos bríos con la publicación en abril de la traducción del Evangelio de Judas, un texto gnóstico que data posiblemente del siglo II. Según este texto, el propio Jesucristo pidió a Judas que lo traicionara. Para los gnósticos esto representaba un acto sagrado, pues ayudaba a liberar del cuerpo el Espíritu Santo de Jesucristo.

MUERTE
Existe una controversia, acerca de la muerte de Judas, ya que en Mateo se nos dice sólo que "...fue y se ahorco" (Mateo 27:5). Mientras en el libro de los Hechos dice: "y era contado con nosotros, y tenia parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron".(Hechos 1:17-18) La explicación más cercana a esto, sería que: Evidentemente Judas se colgó, tal vez la cuerda se rompió, o algo sucedió que hizo que su cuerpo cayera, y este se reventó cuando golpeó el piso. Se dice que Judas compró el campo, y así lo hizo, porque los sacerdotes lo compraron con su dinero (Mateo 27:3-10), de manera que fue su compra. El campo fue llamado “Campo de Sangre” por dos razones, y cada evangelista da una de ellas (Mateo 27:7-8);(Hechos 1:19).
Fuente


LA PIEL DE JUDAS




Desde hace unos dos mil años, el nombre Judas tiene connotaciones tan fuertes, que pasó a ser un adjetivo cargado del estigma de la peor traición. A tal punto que, vía el catolicismo que los españoles impusieron a sangre y fuego en américa, el tal Judas aparecía resignificado en todo tipo de estereotipos de distintas manifestaciones.

Por ejemplo, en Uruguay, en los días anteriores a la navidad, teníamos la costumbre de pedir pa´ el Judas, una suerte de muñeco hecho con ropa vieja y relleno de lo que se pudiera, que tirábamos en una esquina junto a una latita en la que ibamos guardando las monedas que nos iban dando los transeuntes, cuando nos daban alguna.

Luego se quemaba en una pira a fin de año. Algunas veces, el barrio elegía una esquina donde se quemaba un judas grande, junto al que se sumaban los demás judas de los niños. No tenía un caracter extrictamente religioso, pues se mezclaba con los festejos de fin de año y solo era una costumbre más en aquella suma ecléctica de tradiciones que convertían la navidad en una fiesta pagana que, por cierto, era recuperar su verdadero origen, ya que el nacimiento de Jesús en esa fecha es un invento.

En estos días acaba de estallar el escándalo de la difusión internacional del Evangelio de Judas, que parece redimensionar la teoría de su traición. En realidad, se trata de un papiro encontrado en la década del 70´ en Egipto. El texto está escrito en dialecto copto y ha sido datado como perteneciente al siglo III o IV de nuestra era, aunque otros lo sitúan en el siglo II. Se lo ha denominado Evangelio de Judas porque allí se desmitifica su supuesta traición, arrojando una luz diferente a la versión oficial canonizada por la iglesia.

No se trata de que el texto fuera escrito por Judas, como tampoco de los cuatro evangelios aceptados oficialmente se tiene la certeza de sus autorías, ya que nadie sabe quiénes eran Lucas, Juan, Mateo y Marcos, aunque fueron declarados santos. Ni siquiera hay acuerdo en el orden cronológico en el que fueron escritos. Aparte de que todos fueron redactados decádas despues de los hechos que relatan. Cómo bien dice Rolland en su libro Les Évangiles des premières communautés: “No existe uniformidad entre los críticos en lo que concierne a la redacción de los distintos evangelios, Sin embargo, prima cada vez más la convicción de que, exceptuando quizas Marcos, fueron escritos tras la destrucción de Jerusalem.”

En realidad, existían decenas de relatos llamados evangelios que fueron declarados apócrifos y eliminados aunque no pudieron ser destruidos totalmente. Hoy la cifra de tales textos, ya sea completos, en fragmentos de papiros o a través de citas de escritores ecleciásticos antiguos, asciende a más de setenta. En el siglo I y II existían una variadísima gama de relatos. No existía aún la noción de evangelio, y menos de un corpus oficial, por lo que muchas recreaciones de las palabras de Jesús eran consideradas válidas. Lo que luego se consideró apócrifo era en esa época lo único que muchos cristianos conocían de su fe, algo que dependía de la región que habitaban y de la corriente que pregonaba la comunidad a la que pertenecían. También hay que recordar que la palabra apócrifo, del griego Apókryphos, significa oculto, apartado, secreto, pero no significaba algo falso o descartado sino que tenía una connotación casi opuesta, la de ser un texto especial reservado solo a ciertos elegidos, noción que le adjudicaban precisamente las corrientes gnósticas que recuperaban esa acepción pagana griega para designar a libros que consideraban tan preciosos que debían ocultarse a los ojos de los no iniciados.

Este papiro rescatado es uno más de una larga lista. No hay que olvidar que la iglesia que hizo la seleción canónica, no era la antigua comunidad cristiana que propagó las ideas de Jesus a riesgo de muerte, sino la iglesia triunfadora que se alió con sus más acérrimos enemigos. Y ni hablar de la iglesia medieval, inquisidora y asesina, legitimadora del poder feudal, que continuó la tarea de depurar del cristianismo todo elemento subversivo.

También es curioso el propio término evangelio, que no se halla en el Nuevo Testamento, con la excepción, discutidísima, del comienzo del evangelio de Marcos que dice “Comienzo del evangelio de Jesucristo, hijo de Dios”. Este texto pudo ser añadido, como encabezamiento, por un escriba posterior, cuando ya el término evangelio pasó a designar un escrito que relataba las palabras de Jesús, como aclara H. Köster en su Ancient Christian Gospels, History and Development.

El término evangelizar puede provenir del uso del verbo Basar, en la biblia hebrea del Viejo Testanmento, lo mismo que la semejanza de sentido de algunos pasajes del profeta Isaías, aunque también se hallan usos del sustantivo besorah (euggelion) en la Biblia griega, con la acepción amplia de “dar una noticia” Algunos eruditos, como A. Von Harnack, plantean las semejanzas con un culto imperial romano, en una versión griega, de significado asombrósamente similar a neotestamentario, que se refiere al soberano como salvador, dotado de poder divino y cuyo nacimiento fue el comienzo de las buenas noticias para el mundo. Esto probaría, afirma, que el movimiento cristiano tomó del grupo establecido en la comunidad helenística, el vocablo evangelio para identificar el mensaje de Jesús, y de allí transmitirlo al resto de los grupos.

Es asombroso leer el famoso pasaje del griego Priene (9 a.C) que describe la providencia del nacimiento de Augustus como dotado de virtud divina para ser benefactor de la humanidad y enviado como salvador trayendo las buenas noticias (euaggelia)... “Puesto que la divina providencia, que ha ordenado todas las cosas interesándose por nuestras vidas, ha dispuesto el orden más perfecto otorgándonos a Augusto, a quien ha dotado de virtud divina para que fuera benefactor de la humanidad, enviándolo como salvador para nosotros y nuestros descendientes de modo que acabará con la guerra y dispusiera de todas las cosas. Y puesto que el César por su aparición (epifaneia) ha sobrepasado todas las esperanzas anteriores y buenas noticias (euaggelia) y puesto que el nacimiento del Dios Augusto fue el comienzo de unas buenas nuevas para el mundo (euaggelion) decretamos...” como se describe en el capítulo El marco religioso del cristianismo del libro Orígenes del Cristianismo citado por Eugenio Piñero, de la Universidad Complutense de Madrid en el capítulo titulado Evangelio y primeras tradiciones evangélicas, del libro Fuentes del Cristianismo, tradiciones primitivas sobre Jesús, de ediciones del Almendro, Cordoba, 1993.

Cómo se ve, la llegada de un salvador, no era patrimonio solo del pueblo judio expresado en la espera de un Mesías, el ungido, de la que el vocablo cristo, es la traducción griega que se le anexó a Jesús. Los historiadores Filón y Flavio Josefo también utilizan la raíz euuaggel en la que sintetizan la paz y salvación helenística con la bessorah hebrea para recoger testimonios de la tradicón apocalíptica tan diáfana en aquellas épocas. Y es que el cristianismo, tanto en su contradictorio desarrollo histórico, como en la génesis de aquellas primeras comunidades cristianas, implica un fabuloso sincretismo.

A su vez, existen tradiciones pre-evangélicas sobre las que se puede insertar el surgimiento de éstos para entender, tanto las formas tradicionales preexistentes en las que hunde sus raíces, como el sentido original que aportan en tanto nuevo movimiento. Un ejemplo interesante son las llamadas “hojas volantes” que empezaron a circular en los años posteriores a Jesús como la forma en que aquella comunidad, aún clandestina, de primeros cristianos se las ingenió para conservar y transmitir las enseñanzas del maestro. Tales hojas fijaban las palabras de Jesús que pervivían en la tradición oral. Al inicio, eran hojas sueltas que describían tal o cual frase insertándola en tal o cual hecho. Con el tiempo fueron aglutinadas convirtiéndose en una narración mayor y más estructurada, siendo un elemento importantísimo de autoeducación y transmisión de la fe en momentos en que el movimiento ya había traspasado los límites de Jerusalem para desparramarse por todo el imperio, como lo explica Antonio Piñero en el capítulo Primeras tradiciones evangélicas del libro Fuentes del Cristianismo, tradiciones primitivas de Jesús, editado por la Universidad Complutense de Madrid en 1993.

Pero si hubo manipulaciones en la antiguedad y a través de toda la historia de la difusión del cristianismo, no dejan de ser asombrosas las manipulaciones de nuestra época. El papiro difundido la semana pasada, en realidad fue encontrado en 1978 y uno se pregunta cómo puede ser que un texto tan antiguo, que puede arrojar datos importantes, puede andar deambulando de mano en mano de comerciantes inescrupulosos a riesgo de destrucción, como ha sucedido efectivamente, ya que por el deterioro, ha sido imposible reconstruirlo en su totalidad y se han perdido varias líneas de palabras.

Pero lo mismo ha sucedido con los famosos papiros de Mar Muerto encontrados en 1947 las cuevas de Qumram, que al parecer son un testimonio de primera mano de las comunidades esenias contemporáneas a Jésus y los primeros cristianos, y sobre los que se desató una tremenda polémica y lucha institucional y religiosa por su estudio y traducción.

El ahora denominado Evangelio de Judas, lo reivindica como uno de los más fieles discípulos de Jesús, a quien no traicionó, sino que cumplió con el mandato del propio Jesús, o con un mandato divino, ya que fue precisamente su acción la que permitió la consumación del martirio de Cristo para que se transformara en el salvador de la humanidad, coincidiendo con el de las antiguas profecías. La interpretación de la secta que lo escribió, no deja de ser retorcida, pero no lo es más que la vieja versión oficial del Judas traidor que machaconamente difundió la iglesia dominante. Y es que Judas no fue otra cosa que el chivo expiatorio para desdibujar a los verdaderos asesinos y traidores de Jésus, para atenuar la complicidad del imperio romano y de sus aliados locales y del clero religioso.

El cuento de la traición de Judas nunca pudo ser armado completamente y adolece de faltas que el sentido común, el menos común de los sentidos, pone de manifiesto sin demasiado esfuerzo. Como lo escribe magistralmente Jorge Luis Borges en un cuento de 1944 en el que un personaje declara superfuas la delatación de Judas.


Aun hoy cabe preguntarse: ¿Cuál es el papel supuestamente esencial que cumpió Judas en la versión oficial canonizada por la iglesia e impuesta por la catequesis a los niños? Que Judas traicionó a Jesús por 30 monedas senalándoselo, mediante un beso, a los soldados romanos que fueron a detenerlo en el Monte de los Olivos. En realidad, la patrulla romana cumplió un papel de segundo orden ya que los que apresaron a Jesús fueron los ezbirros enviados por el Sanedrín Judio dominado por el Sumo Sacerdote Caifás. ¿Qué sentido cumpliría Judas como señalador de un Jesús por todos conocido? Jesus llevaba dos años difundiendo sus ideas y organizando a sus seguidores, había predicado en el templo de Jerusalem y había causado ya un gran escándalo en la pascua anterior. Ninguno de sus enemigos necesitaba que lo identificaran para apresarlo.

Judas Iscariote era uno de los apóstoles, que tampoco se sabe si realmente eran doce, ya que ésto puede ser un número simbólico, atribuido posteriormente, que alude a las doce tribus de Israel. Estos apóstoles no eran otra cosa que los jefes, la dirección, del movimiento armado por Jesús. Tendría mucho más sentido que, más que señalar a alguien muy conocido, la traición de Judas se deba a una división en el movimiento y a una discrepancia táctica o estratégica. Hay autores que afirman que Judas, en realidad, era un jefe de los Zelotes y tenía inclinaciones a una lucha militar como forma de lograr la victoria en la insurrección. La única importancia de la entrega de Jesús por Judas a sus enemigos, es la de que fuera precisamente esa noche y no otra, para frenar los planes de Jesús y la mayoría que se aprestaban a entrar en Jerusalem. Esto nos remite a las diferencias entre los Esenios y los Zelotes, las dos organizaciones que lucharon contra la dominación romana y denunciaban la explotacion social y religiosa de los sectores dominantes.

Cuando era niño, si era traviezo y no respetaba las tradiciones y reglas impuestas por los mayores, me llamaban Piel de Judas. Este papiro aparecido extraña y polémicamente en medio de la semana santa, todo un recurso de Marketing, parece asumir el mote con el que por tanto tiempo se lo asoció a Judas. Antiguamente el papel era un elemento costoso y muchos textos eran escritos sobre la piel, el cuero de diferentes animales. A su vez, los indios guaraníes, creadores de uno de los lenguajes más poéticos, llamaban al papel, Piel de Dios.

Ignoro si este papiro difundido ahora podrá aportar algo valioso. En verdad os digo que habrá que ahondar en las raíces de un movimiento tan fecundo como el cristianismo, y muchas mentiras y dogmas impuestos deberán caer, para que aflore lo más preciado y genuino, la lucha por crear un paraíso para todos, no en el cielo sino en la tierra.
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_@_sonica__3/4/2010+0-0
buen post che!me sabrías decir bien quien es judas en el cuadro de "La Última Cena" de Da Vinci?
w@wgjung12/12/2009+0-0
Estan ocupados con otros posts mas importantes (no voy a nombrar a ninguno para no ensuciar el post) Excelente cuento, el mas grande, sin dudas.
c@changuitocantor12/12/2009+0-0
che, ya pasaron varios días, comenten, si quieren...

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