BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO
20 DE NOVIEMBRE DE 1845
Una segunda guerra de la independencia
20 DE NOVIEMBRE DE 1845
Una segunda guerra de la independencia
ANTECEDENTES Y CAUSAS PRIMARIAS;
El 18 de Junio de 1830 fue promulgada la Constitución del Estado uruguayo, y conforme a ella, el Gral. José Fructuoso Rivera fue electo para ocupar la Presidencia de la República. Terminado su periodo constitucional le sucedió Manuel Oribe. Pero Rivera inicia la guerra civil con su sucesor y éste es el punto inicial de los partidos tradicionales que han agitado la vida política oriental: el partido blanco (Oribe) y el partido colorado (Rivera). El blanco se plegó a la política de Rosas y Rivera se alió con Lavalle y los unitarios argentinos. Oribe, lo vence en Arroyo Grande el 6 de diciembre de 1842. En febrero de 1843 llega a las puertas de Montevideo, sitiándola, estando defendida por el Gral Paz. El 1°de Abril la Escuadra de la Confederación al mando del Alte. Brown , apoya el sitio con el bloqueo del puerto. Inglaterra y Francia perjudicados en sus intereses comerciales, protestaron ante Rosas, invocando el tratado, firmado el 29 de octubre de 1840, según el cual el gobierno argentino se obligaba a mantenerse neutral en las políticas del estado uruguayo entre otros considerandos. Este tratado firmado entre el barón de Mackau, plenipotenciario de Francia, el Ministro Arana en representación de Rosas y el representante de S.M Británica Mr.Mandeville, puso fin al bloqueo de Bs. As en 1838. Rosas contesta a los aliados que Oribe era el presidente constitucional de Uruguay, depuesto por la revolución de Rivera y que el ejército argentino era apenas una división auxiliar. Además, si Rosas intervenía en la política interna oriental, era porque Rivera también lo hacía en la argentina auxiliando a los unitarios. Rosas confirmó el Bloqueo de Montevideo el 16 de feb de 1843, estableciendo su Cuartel General en el Cerrito de la Victoria y puso la escuadra al mando del Alte. Brown, quién tomó la isla de Las Ratas, lugar estratégico por ser el polvorín de la flota surta en la Banda Oriental, pero fue secuestrada su escuadra por el Alte. inglés Mr. John Brett Purvis, sin ninguna declaración de guerra ( los ingleses tienen una larga historia bélica con acontecimientos puntuales con nuestro país sin mediar la declaración formal de la guerra: eso en la estrategia política se llama guerra del corso, otros interpretan cierta falta de coraje puesto que si la aventura sale mal el responsable son los mismos participes o sea un Almirante o un General pero no el estado Ingles, si sale bien siempre beneficia Inglaterra, como veremos Rosas le provoca un dolor de cabeza muy grande y también grandes perdidas a la Banca Inglesa que en conjunto con el Imperio del Brasil comienzan al día siguiente a conspirar para que caiga Rosas y asuman los Unitarios instalados en Uruguay).
El argumento de Purvis para oponerse al bloqueo y tomar por asalto las naves de Brown fue “no reconocer el gobierno de S.M.B. a los nuevos pueblos de Sudamérica como potencias marítimas autorizadas para el ejercicio de tan importante derecho como el bloqueo”. O sea negaba la soberanía argentina. Purvis era el comandante de la escuadra británica en América del Sur. Lord Aberdeen. ministro de Relaciones Exteriores en nota a su representante en el Río de la Plata Mandeville le manifestaba que” estando el gobierno de Bs.As. en guerra con el de Montevideo, tenía derecho a emitir las órdenes contenidas en el oficio. al Almirante Brown prohibiendo a todo buque introducir provisiones o municiones de guerra en el puerto de Montevideo”, y mas adelante expresaba: “Es el derecho de un beligerante imponer sobre los puertos de su ene migo, ya un estricto bloqueo evitando todo acceso a él, o ya modificar semejante bloqueo limitando sus operaciones o provisiones o municiones de guerra; y este ejercicio mientras se halle ejercido de un modo legal, no puede ser materia de intervención o ser restringido por estado alguno tercero, que profese neutralidad entre ambas partes.” Siendo mas terminante tiempo después al ordenar que “los oficiales de S.M.B. al mando de buques en el Río de la Plata no debían intervenir en la lucha entre Bs.As. y Montevideo, a menos que fuese con objeto de proteger la vida de los súbditos de S.M.” Rosas reclamó por la actitud de Purvis, quién fue retirado del escenario, pero dos nuevos representantes sir William Gore Ouseley (pariente cercano de Whitelocke, venía de una experiencia diplomática en los Estados Unidos, donde se había casado con una yanqui) y el barón Deffaudis (francés, con una misión exitosa en Méjico, cañoneando desde la flota el puerto de San Juán de Ulúa, desarmado), quién viene acompañado por un nuevo comandante en jefe de las fuerzas navales en los mares de América del Sur, el Cte. Jean Bautiste Lainé. Los tiempos se aceleran en las orillas del Plata: los unitarios en Montevideo, nucleados en la Comisión Argentina, en su afán de derrocar a Rosas, intentan la formación de un nuevo estado independiente en el que entrarían a formar parte las provincias de Corrientes, Entre Ríos y parte de la República Oriental, solicitando colaboración a Francia e Inglaterra a cambio del monopolio comercial del nuevo estado. A tal fin comisionan a Florencio Varela, propietario de El Comercio del Plata para viajar a Europa; mientras tanto Brasil, que también pretende sacar tajada en esta cuestión, y pese a que su gobierno esta en muy buenas relaciones con Rosas, en Setptiembre del 43, cuando el ministro diplomático brasileño en Montevideo Juan Luis Cancao de Sinimbú, ordena al comandante de las fuerzas navales brasileñas, desconocer el bloqueo, y luego en sendos discursos ataca al gobierno de la Confederación, tomando parte activa a favor de los unitarios residentes en aquella ciudad. Tras esta circunstancia al ministro brasileño Ponte Riveiro en BsAs se le devuelven sus credenciales, por lo que abandona el territorio de la Confederación en Septiembre, mientras el representante argentino en la corte del Emperador en Brasil, Gral. Tomás Guido, ponía en antecedentes a las autoridades de ese gobierno, quién prometió que sería reconocido el error de su agente en Montevideo. Pero de hecho, esto nunca ocurrió, sino mas bien una suma de intrigas diplomáticas, al punto de que es enviado a las cortes europeas, con la misma propuesta de Varela al Vizconde de Abrantes. Tras esta última novedad el gobierno argentino retira a Guido de la representación por nota el 10 de noviembre de 1844, hecho que fue postergándose hasta Agosto de 1845, donde el valeroso soldado de los Andes y amigo personal de San Martín presenta su carta de retiro, ante el ministro de Negocios Extranjeros del Imperio, Antonio Paulino Limpo de Abreu, quien a su vez también por nota solicita a Guido la retire, situación que pareció abrir una nueva época de concordancia entre ambos gobiernos, pero que no sería duradera, obligando a Guido a interponer nuevos reclamos a la Cancillería brasileña por la poca sinceridad demostrada en las relaciones con la Confederación. No eran tiempos de “relaciones carnales “ todavía. .El 14 de Septiembre de 1844 Brasil reconoce la independencia del Paraguay. Y meses después Paraguay firma un convenio con Corrientes de derecho comercial y de neutralidad y sobre el procedimiento a seguir en el caso de apresar buques enemigos. Rosas decreta el 8 de ene de 1845 el cierre de los puertos de la Confederación para Corrientes y Asunción. Pero se inicia, paralelamente el tráfico irregular entre los puertos entrerrianos y Montevideo, y que merced a ese comercio clandestino, a través de los puertos de Río Grande, traían de Montevideo productos europeos libres de derecho a Bs.As. y cargaban carne de los saladeros y hasta oro., y se mantuvo hasta el levantamiento del bloqueo francés, lo que enriqueció poderosamente a Entre Ríos, y a Urquiza, propietario de la mayoría de los establecimientos, y flota propia en sociedad con Antonio Crespo.
A principios de octubre se anuncia la expedición al Paraná.. En septiembre ambos diplomáticos solicitan refuerzos bélicos, llegando mas buques a vapor y el regimiento 45° británico sito en Río de Janeiro. El 12 de oct los representantes europeos informan a sus respectivos gobiernos que se ocuparía el Paraná para ponerse en contacto con las tropas del Gral. Paz, abrir comunicaciones con el Paraguay y tener acceso a los mercados del interior. El 26 de oct Ouseley informa a Aberdeen que iba a reconocer la independencia de Paraguay, y también a la de Entre Ríos y Corrientes. Una gran flota mercante de 90 embarcaciones de todas las banderas (hubo barcos norteamericanos, sardos, hamburgueses y dinamarqueses, lo que llevó al gobierno de la Confederación a lanzar una advertencia: consideraría piratas a quienes navegasen el Paraná sin autorización) protegida por la escuadra de guerra anglo- francesa. El cargamento mercante fue estimado en 700.000 patacones. A pesar de la libertad de acción con que Rosas imponía a su gral, le indicó la conveniencia de que el lugar elegido para levantar las baterías fuera en la Provincia de BsAs o en la de Santa Fe, fundamentalmente por dos motivos: la posibilidad de aprovisionamiento rápido de pertrechos militares y la imposibilidad de una defensa exitosa de la isla Martín García. Por esto ordena que se destruya la baliza de la isla y quedase al cuidado apenas un pelotón de 12 hombres, lo suficiente como para demostrar la ocupación, con su pabellón izado al tope del mástil, en demostración de soberanía, y al que solamente se bajaría en forma violenta por fuerzas mayores. La pequeña dotación militar fue puesta al mando del my. Pedro Rodriguez y estaba formada por veteranos, el mas joven de los cuales tenía 52 años. La isla fue tomada por asalto por 60 voluntarios italianos al mando del tte.cnel Andrés Duma, con el apoyo naval del Expeditive. Enseguida toma posesión en nombre del gobierno oriental el cnel. Garibaldi, el 5 de set de 1845, arriando el pabellón argentino y lanzándolo al río, pese a las protestas del my. Rodriguez. Esta invasión, que como acción militar no fue tal, fue muy celebrada en Montevideo y exaltada la capacidad militar de Garibaldi. De allí la escuadra atacante se interna por el río Uruguay, atacando Garibaldi el 20 de setptimbre Gualguay desguarnecido, donde se produce un verdadero saqueo: caballos y arneses, ropa para la tropa,y hasta dinero: se repartieron 30.000 libras esterlinas como botin. Garibaldi continúa su derrotero atacante, pero es derrotado en Paysandú el 30, debido a la defensa del cnel. Antonio Diaz y luego también es derrotado en Concordia, defendida por Garzón, pero termina saqueando Salto, con lo que Garibaldi (“el chacal de los tigres anglo-franceses” según la prensa porteña) termina dominando el río Uruguay.
A principios de noviembre la flota invasora zarpó desde Montevideo. El 8 entró en el Guazú; el 10 llegaron a la bifurcación con el Pavón, donde se enteraron de las baterías de Obligado y en el paso de la Ramada ( departamento Gualeguay, que comunica con el río Victoria) Siete días se quedaron en el Ibicuy estudiando la estrategia. El 17 deciden continuar por el Guazú. La flota mercante queda a la espera en el Ibicuy. A todo esto, Mansilla recorre la ribera del Paraná, junto a Crespo y el práctico Guillermo Thurner mandado por el Gobernador. Instala su cuartel general en el Tonelero, y desde allí informa Rosas que ha decidido concentrar las escasas fuerzas federales que pudo reunir en un lugar estratégico. Cerca de San Pedro, el río Paraná forma un recodo conocido como la Vuelta de Obligado. Tiene una profundidad de 40 metros y 700 metros de anchura. Mansilla a instancias de Rosas elige este lugar “por la vuelta que hace el río en una punta saliente y difícil de remontarse con el viento, a quien viene navegando, debido al cambio que hace de rumbo el canal principal”.
Indefectiblemente los enemigos deben pasar por allí para llegar a Corrientes con el fin de aglutinarse con los unitarios y aislar a Entre Ríos. Se Monta en la orilla 21 cañones, repartidos en cuatro baterías:
1.A la derecha, en un ángulo de la barranca, la Restaurador Rosas, de 20 m. de altura, con 6 cañones, dos de a 24 y cuatro de 16, al mando del ayudante mayor de marina Alvaro de Alzogaray. Defendida en su flanco derecho por 500 milicianos de infantería, de los cuerpos de Patricios de Buenos Aires, al mando del coronel Ramón Rodríguez. Otros cuatro cañones, de a 4, están a las órdenes de José Serezo. El otro flanco, lo defienden 100 combatientes bajo la tutela de Juan Gainza.2. A ciento diez varas de la primera, la General Brown, de 7 m. de altura, con cinco cañones, uno de a 24, dos de a 18, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante Guillermo Brown.3. A cincuenta varas, la General Mansilla, rasante, con tres cañones, dos de a 12 y uno de a 8, a cargo del teniente de artillería Felipe Palacios.Las baterías General Brown y General Mansilla son resguardadas por 200 guerreros, que responden al teniente coronel Manuel Virto. 4. A 160 varas de la anterior, la Manuelita, de 19 m., con siete cureñas de mar, de a 10 y de a 8, gobernada por el teniente coronel de artillería Juan Bautista Thorne. Acompañadas por 160 artilleros y 60 de reemplazo. En su flanco, posee dos cañones de a 4, dirigidos por el teniente coronel Laureano Anzoátegui y el capitán de marina Santiago Maurice. El comandante Luis Barreda tiene a su cargo a 200 hombres. A unos metros de las cuatro baterías están las reservas: 600 hombres de infantería y dos escuadrones de caballería al mando del ayudante Julián del Río y del teniente Facundo Quiroga, hijo del “Tigre de los Llanos”. Ambos, bajo la instrucción del coronel José María Cortina.
A este ejército profesional hay que añadir los vecinos de: San Pedro, Baradero y San Antonio de Areco, que están a las órdenes de Benito Urraco, Juan Magallanes y de Tiburcio Lima, respectivamente. El teniente Cruz Cañete escolta al general Mansilla con 70 hombres. También, participa en la acción el teniente general Donato Alvarez.
Las baterías son comandadas por el coronel Francisco Crespo. Las fuerzas locales suman unos 2.500 hombres. De poco serviría esta defensa si no se coloca un entramado metálico que obstaculice el paso de las escuadras refractarias.
El río se cierra por una barrera formada por 24 barcos desmantelados, atados entre sí, con triples cadenas de hierro. Por un lado, en un mogote aislado, se apoyan las anclas que se continúan con los buques. En el otro extremo, se apresta el bergantín Republicano, con seis piezas de a 10, al mando del irlandés capitán de marina Tomás Craig. Tres lanchones: Místico, Restaurador y Lagos,(algún historiador no menciona al Místico) con una pieza de a 6 cada uno, apoyaban las acciones del bergantín grande.
Complementaban esta “trampa criolla” 14 embarcaciones a remo con 200 infantes y dos líneas, de a 5 chalanas, unidas entre sí, con material incendiario para ser lanzados en cualquier momento. El astuto general Mansilla, por si la flota anglo-francesa decidiera evadir la Vuelta de Obligado, coloca en el otro paso posible, en la Ramada, sobre el Pavón, “dos cadenas de orilla a orilla sobre siete lanchones, una a pro y otra a popa, interceptando el paso. Detrás estaba la escuadrilla fluvial al mando del coronel de marina D. Nicolás Jorge (...)Una batería en tierra a las órdenes del coronel D. Francisco Erézcano, también veterano de la Independencia, capitán de la goleta Chacabuco y que era el comandante superior (...)Además, se habían hundido alguna barcas para dificultar la navegación que presentaba el problema de su poca profundidad para buques de mayor calado”.
La gran falla está en la escasez de artillería pesada y de municiones.
LAS ESCUADRAS ANGLOFRANCESAS;
La fuerza naval anglo-francesa se compone de 11 buques de guerra con 99 ó 101 cañones. La artillería es superior a la de la Confederación. Casi toda de calibre superior a 30 libras. Algunos cañones franceses utilizan Paixhans, balas con espoleta.
No hay un mando único.
El jefe más antiguo es Hotham. La escuadra se cumplimenta con buques carboneros que la abastecen. Para dar una idea del poderío basta decir que la numeración no indica calibre, sino peso. Así, “los de grueso calibre eran de a 32 y a 24 libras, es decir que disparaban balas esféricas de ese peso (...) El diámetro de una bala de 32 es aproximadamente de 15 cms (...) Una bala de a 18 perforaba 70 cms. de madera”.
COMIENZA LA BATALLA.
El 20, amanece con niebla espesa, pero a las 8 despeja.A las 8 y veinte, el enemigo avanza con firmeza y lentitud.A las 9, el bergantín inglés Philomel dispara el primer cañonazo y ocasiona la “primera sangre”. La banda de los Patricios de Buenos Aires responde con el Himno Nacional. Luego, de un “¡Viva la Patria!”, contestan el fuego.
El avance de los buques (anglo-franceses) fue, en el inicio, muy lento por la corriente que era de tres nudos, y por escasear el viento.
Mansilla
Mansilla
Entretanto, ante el avance enemigo Mansilla largó a la deriva sus diez brulotes incendiados en dirección a la flota, los que debieron molestar considerablemente a los buques amontonados en la angostura. El diario del Dolphin registra un incendio por su causa. Recién una vez anclados todos los buques, hacia las 10,30 pudieron éstos contestar eficazmente al muy pesado fuego federal. El fuego se hizo general y se mantuvo vigoroso un par de horas, cuando empezó a amainar el de tierra, más seguramente por escasez de munición que por efecto de los cañones aliados, por poderosos que fueran, contra los anchos parapetos de tierra. Por su parte tampoco debían causar mayores averías al maderamen de los cascos los mezquinos proyectiles federales, y más destructores resultarían sin duda para la marinería los tarros y racimos de metralla. Sin embargo, el San Martín, que era el buque más avanzado sobre la estacada, y en el que flameaba, en vez de la gloriosa insignia de Brown, la del capitán Tréhouart, recibió más de 120 impactos, de los que 11 en el palo mayor, que apenas se sostenía ya; tenía 28 bajas sobre un total de 100 tripulantes, entre ellos sus dos únicos oficiales; su arboladora y velamen estaban destrozados. Recién hacia mediodía lograron arrimarse en su apoyo otros barcos y acudió el vapor Fulton, asestando sus poderosas piezas de a 80 libras de frente sobre las baterías. A las 12,15 una bala le cortó al San Martín la cadena del ancla, y recién entonces resolvió Tréhouart dejarse ir a la deriva aguas abajo, hasta varar -por falta de vela sana- junto al Gorgon, al que se trasladó el jefe para entrevistarse con su colega Hotham. Otros dos bergantines de la misma división, Dolphin y Pandour, fueron, después del San Martín, los barcos que más sufrieron en la jornada; el Fulton tuvo también más de cien impactos, especialmente era el fuego de la última batería -la más alta, mandada por Thorne-, que enfilaba la obstrucción. El Prócide y el Pandour estuvieron momentáneamente varados. Por su parte, el fuego de tanto buque sobre las baterías, por protegidas que estuvieran éstas, concluyó por destrozarlas. El Comus registra que las dos baterías centrales fueron cuatro veces abandonadas por su gente y otras tantas cubiertas nuevamente.
El jefe británico, al elogiar el valor de la defensa, menciona que la caballería estaba atenta a contener a los fugitivos cargando sobre ellos y lanceándolos.
A mediodía, voló el Republicano, ofreciendo imponente espectáculo. Era que Craig había agotado su munición y se iba con su gente a reforzar la batería de Thorne. Poco después, hacia las 12,30, una lancha se destacó del Firebrand llevando al comandante del vapor, Hope, con 8 hombres, el jefe de máquinas Meredith, un yunque y martillos, y protegida por el Fulton se adelantó sobre la estacada, metiéndose valientemente en la boca de lobo; acompañábanla dos botes, del Dolphin uno de ellos, con el armero del Gorgon.
No nos explicamos qué harían para entonces los lanchones y balleneras que tenía previstos Mansilla para el caso, lo cierto es que Hope y sus armeros se instalaron impávidos en uno de los pontones,su tentativa tuvo éxito.
Sin que uno de sus hombres fuera herido, quedó abierta en la parte oriental de la obstrucción una brecha de unos 80 metros, por la que se coló inmediatamente el Fulton (1 h. p.m.), yendo a flanquear desde aguas arriba las baterías con el fuego abrumador de sus cañones de a 80 libras. Los otros dos vapores siguieron luego su ejemplo (2 hs. p.m.), y para las 4 de la tarde podía considerarse decidida la jornada. Las baterías flaquean, agotadas de munición.
Callan la primera, que lleva ya más de seis horas de fuego, y la tercera -la de la playa, que sólo cuenta con tres piecitas-; las otras dos sólo se dejan oír de vez en cuando, a largos intervalos. Las piezas volantes de la derecha han sido retiradas. A las 5 hs. p.m. Tréhouart, que había trasladado su insignia a la Expéditive, aprovecha la brisa de la tarde para arrimarse a la costa, junto con el Pandour y la Prócide, hasta varar a tiro de pistola de las primeras baterías, con lo que éstas quedaron pronto definitivamente evacuadas. Sólo les restaba ahora a los intrusos consolidar la destrucción mediante el desembarco de tropas. Mientras Tréhouart, así arrimado a la costa, la barre con su artillería a quemarropa, Hotham, a las 5,45, inicia personalmente el desembarco en la playa de la cadena, con 325 marineros y soldados; dos compañías, al mando de Sullivan, avanzan cuesta arriba al asalto de las baterías del sur. Un cuarto de hora después de los ingleses desembarca a su vez Tréhouart en persona, reforzando a aquellos por la derecha con algo más de un centenar de hombres, hasta sumar un total de 450. Mansilla dirige personalmente una valiente carga a la bayoneta en ‘esfuerzo desesperado’ por defenderlas baterías; pero casi de inmediato es herido en el pecho por un rebote de metralla que lo deja sin sentido.
Reemplázalo el jefe de las baterías, coronel Francisco Crespo, a pesar de estar ya contuso, y ordena al coronel Ramón Rodríguez rechazar con sus tropas al adversario. Pero éste, protegido por el fuego de los buques, al que nada parecido podía ya oponerse de tierra, logró penetrar a las baterías, apoderándose de ellas y del bosque a costa de muy escasa pérdida. Sin embargo, el terreno se disputó palmo a palmo y la última artillería volante concluyó finalmente por retirarse. La batería de Thorne parece haber sido la última en cesar el fuego, hacia las 6 de la tarde. Los marinos extranjeros, dueños del campo de batalla gracias a la artillería de sus buques, se ocuparon en destruir las tres primeras baterías, clavando los cañones, rompiendo las cureñas y arrojando al agua pólvoras y proyectiles remanentes. Al obscurecer, reembarcáronse prudentemente, dejando para el otro día la destrucción de la 4ta. batería. En la mañana siguiente, desembarcaron nuevamente -sin que nadie los inquietase- y clavaron los cañones de la 4ta. batería, arrojando al agua sus cureñas; las de las otras baterías fueron quemadas; las piezas de bronce, en número de diez, se llevaron a bordo. Después de lo cual los aliados quedaron en posición de la llanura y del bosque -hasta donde alcanzaba el tiro de sus cañones- y pudieron dedicarse a zafar de su varadura a los buques de Tréhouart y a reparar averías. El San Martín, que estaba hecho un amero, sin dos pies sanos de casco, encontró buenos mástiles de repuesto en uno de los pontones de la estacada. Estos pontones fueron incendiados (día 22 y 23), con excepción de algunos que se cargaron y enviaron a Montevideo. Pareciera también que uno de ellos, el Federal, fue armado por los aliados y rebautizado Vuelta de Obligado”. 13
Juan Bautista Thorne, pasa a la historia como el “sordo de Obligado”, debido a que una granada enemiga explota cerca de él, le fractura un brazo y lo priva de la audición.
Importantísimo es resaltar la valiente actuación de Petrona Simonino, quien junto con otras valientes mujeres atienden a los heridos y dan apoyo a maridos, hijos y amigos.
De acuerdo al informe británico tienen 28 muertos y 85 heridos. En cuanto a las pérdidas de la Confederación, el parte de Crespo dice: 150 muertos y 90 heridos.
EL QUEBRACHO Y EL FINAL DEL INTENTO ANGLOFRANCES
La batalla naval se pierde, Rosas lejos de tirar la toalla redobla el esfuerzo y comienza una guerra de guerrillas de manera incesante e implacable contra los invasores y ordena que se continúe la lucha en los ríos interiores, hostigando con tiroteos y cañoneos permanentes a los invasores, retirando el ganado de la costa y todo tipo de elemento que pudiera ser útil al enemigo. Los ejércitos de Lucio Mansilla, Ramón Rodríguez, Juan Bautista Thorne, José Serezo, Santiago Maurice y Alvaro de Alzogaray realizan ataques imprevistos al engendro anglo-franco-unitario que intenta subir el Parana. Los combates son sangrientos y permanentes. La moral de los invasores flaquea, la misión comercial encuentra el desastre y fracasa. Finalmente, en junio de 1846, en las barrancas de El Quebracho, Mansilla, Thorne, Virto y Santa Coloma ponen punto final a la navegación anglo-francesa en el Paraná infligiéndoles un clara derrota. En 1847, los ingleses deciden levantar el bloqueo y culminar las hostilidades debido al fracaso de la misión interventora y las graves perdidas comerciales efectuando un reconocimiento expreso a la soberanía Argentina, devolviendo la flota capturada a Brown y desagraviando el pabellón Nacional con una salva de 21 cañonazos.
Un año después, lo hacen los franceses.
El libertador General San Martín refiriéndose a estos hechos expreso;
"Los hechos acaecidos constituyen una segunda guerra de la independencia."
El 17 de agosto de 1850 fallecio en Boulogne sur Mer . En su testamento, dejaba como única heredera a su hija Mercedes de Balcarce, con varias demandas. Entre ellas que “ el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al Excmo. Señor general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que han tratado de humillarla”.
Fuente
