Enrique Eskenazi, el banquero K

Enrique Eskenazi, ex ejecutivo de Bunge y Born y actual titular de Petersen Inversiones (PISA), muy amigo de los ex Ministros menemistas Corach y Jassan - su apoderado en el Banco de San Juan -, adquirió la mayoría accionaria de éste por once millones de pesos, y desde él, por diez millones compró el 51% del paquete accionario del Banco de Santa Cruz, operación comercial ésta que seguramente por la irradiación simpática de las pupilas de Eskenazi y Kirchner devino en una íntima amistad, que le facilita a Eskenazi entrar a la Casa Rosada cuando quiere, y a "K" tener un banquero aliado que le "banque" algunas operaciones ...
Consolida un eje financiero entre la Patagonia, Cuyo y el Litoral. Este ingeniero, dueño del grupo Petersen Thiele & Cruz, es amigo del presidente Néstor Kirchner y uno de sus consejeros.
Tiene 77 años, es ingeniero químico con un posgrado en Chicago y cultor de un estricto bajo perfil. Desde 1980 es el accionista mayoritario de la constructora Petersen Thiele & Cruz, una empresa casi centenaria que participó en importantes obras en el país. A medidados de los ’90 decidió expandirse en el sector financiero y, a través de Petersen Inversiones (PISA), compró el Banco de San Juan. Conoció a Néstor Kirchner hacia el ’96, cuando comenzó la negociación por la adquisición del Banco de Santa Cruz y de inmediato entre ellos nació una amistad que se fue consolidando con el tiempo. En estos días suma a sus negocios otra perla, el nuevo Banco de Santa Fe y, junto a las otras dos entidades, va a controlar $ 2.100 millones en depósitos en tres puntos estratégicos de la Argentina: la Patagonia, Cuyo y la rica zona agroganadera del Litoral y norte de la provincia de Buenos Aires con salida al exterior por el puerto de Rosario. Enrique Eskenazi tiene línea directa con el Presidente y las puertas de la Casa Rosada abiertas con sólo pedirlo.
Antes de comprar el grupo Petersen, Eskenazi fue un alto ejecutivo de Bunge y Born e incluso llegó a ser presidente de la Copal. Su conocimiento del negocio de los commodities, sumado a su capacidad por encontrar nichos rentables, hicieron que la idea de tener un banco que uniera financieramente in situ campo y exportación cobrara fuerza estos últimos años. Más cuando, a partir de la devaluación, la venta de productos agropecuarios al exterior se hizo sumamente atractiva.
La oportunidad se le presentó cuando el Banco Central decidió que el Nuevo Banco de Santa Fe quedara a cargo de un fideicomiso encabezado por el ABN Amro, tras la caída del Banco General de Negocios, en abril del año pasado, para vender el paquete accionario al mejor postor. El BGN, de los hermanos José y Carlos Rohm, había adquirido el 90% de la entidad santafecina en 1998.
UNA PUERTA AL MUNDO.
Ganar la licitación por el Banco de Santa Fe le permite a Eskenazi expandirse hacia una de las zonas más ricas de la Argentina, que tiene el agregado de una salida al exterior directa. Desde los puertos de Rosario se exportaron el año pasado 38,5 millones de toneladas, principalmente de granos, subproductos y aceites: el 78% de las ventas del país al extranjero. Estos muelles concentran la producción de lo que se conoce como la zona Rosafé, que abarca el centro y sur de Santa Fe, sur y este de Córdoba y el norte de la provincia de Buenos Aires. Con este banco, el grupo Petersen tiene la posibilidad de financiar exportaciones e importaciones y otorgar créditos a pequeños y grandes productores. Para esto cuenta con una red de 133 sucursales que cubren toda la provincia y se extienden a Córdoba (2) y Buenos Aires (2) y en sus arcas dispone de depósitos por un total de $ 1.600 millones, aunque su resultado neto en el 2° trimestre de 2003 fue negativo en $ 25 millones.
El 75% de los exportadores argentinos tiene cuenta en esta entidad. "El despegue de la Argentina está íntimamente ligado al crecimiento de la actividad financiera y la banca regional es una herramienta indispensable para el desarrollo financiero y económico de las provincias", señaló Eskenazi luego de expresar su "enorme satisfacción" por haber ganado la licitación.
Pero no fue un camino llano el que tuvo que transitar para quedarse con el banco. La propuesta del Banco San Juan, cuyos accionistas son el grupo Petersen (51,4%), Banco Piano (18,9%), la provincia (16,7%), Industrias Chirino (10%) y otros, duplicó la del resto de los oferentes: Macro/Bansud y Comafi; Bamex, y La Caja: la compra del 93,4% del paquete accionario fue por $ 133 millones. Sin embargo, las negociaciones duraron cuatro meses, ya que el Central le reclamaba a Eskenazi que capitalizara al banco por el total de la compra. La negociación se cerró cuando se acordó que se haría un aporte de capital de $ 20 millones, la colocación de un plazo fijo por un año de $ 25 millones y una emisión de ON.
AMIGOS SON LOS AMIGOS.
Estas idas y venidas entre la gente de Alfonso Prat Gay y el Banco San Juan fueron advertidas por ejecutivos de la entidad cuyana como "un mensaje claro de que para el presidente de la Nación no hay privilegios". Sin embargo, la amistad entre Kirchner y el empresario y banquero es de lazos fuertes. El Presidente estuvo el pasado 6 de setiembre en la inauguración de la ampliación de la sucursal de Río Gallegos del Banco Santa Cruz, obra que realizó Petersen, Thiele y Cruz (PTC). Para Eskenazi no hay intermediarios con el primer mandatario y sus pedidos de audiencia son aceptadas de inmediato, más allá de lo complicada que pueda ser la agenda presidencial. Si él no puede ir en persona, lo reemplaza su hijo Sebastián, su mano derecha y quien hederó de Enrique el gusto por los buenos negocios.
La relación entre Kirchner y Eskenazi nació en Santa Cruz en 1996, cuando el empresario se interesó en la licitación del Banco de Santa Cruz. El grupo Petersen ya había realizado obras de construcción en esa provincia, pero el acercamiento entre uno y otro se dio durante la complicada privatización de esa entidad financiera. La oposición al entonces gobernador Kirchner denunció "un proceso de vaciamiento del banco ya que, para venderlo, se pasó a una cartera residual una pérdida de $ 160 millones o u$s 160 millones de entonces, que los oferentes no aceptaban", asegura el diputado provincial por la UCR Roberto Gibetich. Sin embargo, estas voces críticas coinciden en que en la privatización propiamente dicha "no hubo anormalidades groseras, aunque hayan pagado $ 10 millones por el banco. En realidad, el grupo compró un sello", indica el diputado. Petersen Financiera tiene el 51% de las acciones, mientras que la provincia se quedó con el 49% restante.
Actualmente, el Banco Santa Cruz tiene 19 sucursales (incluye una en Buenos Aires y otra en Tierra del Fuego), cuenta con depósitos por $ 300 millones y su resultado neto del 2° trimestre de este año fue de $ 10 millones. Maneja los sueldos de la administración pública y las jubilaciones, el pago a los proveedores, los fondos por regalías y coparticipación federal y el dinero de los municipios.
"Con respecto a la constructora, pasó de tener un bajo perfil a participar de grandes licitaciones luego de la privatización del banco", advierte Gibetich. Hoy, la provincia, que en la última década destinó u$s 1.500 millones para obras, tiene a PTC como su principal contratista y se prevé una importante inversión nacional a partir del plan de obras públicas anunciado por el ministro de Planificación Federal, el santacruceño Julio de Vido.

CUYO.

La provincia de San Juan fue la cabeza de playa donde Eskenazi se lanzó al ruedo del mundo de las finanzas. La zona de Cuyo es cara a los afectos del Grupo Petersen: la empresa construyó el centro de esquí Los Penitentes en Mendoza y en San Juan adquirió 10.000 hectáreas donde tiene plantaciones de olivos y viñedos.
Pero la licitación del Banco de San Juan también tuvo dificultades similares a las del Santa Cruz: el diablo político metió la cola y esto complicó los planes de la familia Eskenazi. "El gobierno decidió que la provincia tomara la cartera de morosos y se endeudó con el Banco Nación por u$s 250 millones. Privatizó el banco saneado, lo vendió por $ 11 millones y de esa cartera residual no se recuperó nada", señala la diputada local por la UCR, Delia Papano
Como en el caso patagónico, las críticas no apuntan a Eskenazi: "A los privados no se les puede adjudicar mala fe cuando el gobierno es el que regala un banco. Por otra parte, reconozco que el banco está funcionando bien", advierte Papano.
Si bien en este caso la entidad también maneja los sueldos estatales y otros fondos provinciales, a diferencia del banco santacruceño, Eskenazi tiene en esta región oportunidades reales de financiar con créditos la producción de pequeñas, medianas y grandes empresas. Para esto, cuenta con 12 sucursales en San Juan, dos en Mendoza y una en Buenos Aires, depósitos por $ 250 millones y obtuvo un resultado neto, al 30 de junio pasado, de $ 24 millones. Los proyectos del empresario para Cuyo incluyen nuevas sucursales en Mendoza, Córdoba, La Rioja, Catamarca y San Luis. "Estas aperturas intentan dar respuesta al constante flujo de inversiones que recibe la zona, mayormente en minería, agroindustria y turismo", dicen en el banco.
LA FAMILIA.
Como buen pater familiae, Eskenazi ubica a sus herederos dentro de la estructura de sus empresas. En el caso del banco Santa Cruz, él es el presidente, mientras que sus hijos Sebastián y Matías tienen cargos de vicepresidentes. En el San Juan, el empresario conserva la presidencia y Matías y Sebastián son directores suplentes.
Su otro hijo, Ezequiel Eskenazi Storey, si bien está relacionado con los negocios familiares, tiene mayor vocación por la actuación: trabajó en la obra Lulú que se presentó en el Teatro San Martín y en la película Highlander II, que se filmó en la Argentina.
En las decisiones finales, es Enrique quien tiene la última palabra. Calificado por sus pares como un "excelente emprendedor", es una persona amable, puntillosa, sencilla y cultora de un estricto perfil bajo. Fiel con sus amigos (además de Kirchner, entre ellos figuran su vecino del country Highland, Carlos Corach, y el ex ministro menemista Elías Jassan, quien también es abogado de PTC), su imagen trascendió un reducido círculo a partir de la compra del banco Santa Fe.
LA TRILOGIA.

Al haber obtenido la licitación de esta entidad, Eskenazi consolida un triángulo que une tres regiones clave. En Santa Cruz, lo acerca a la producción petrolera y minera, con las perspectivas de financiamiento que estas industrias pueden necesitar. No es casual que el Grupo Petersen haya participado en la ampliación del muelle Orión de YPF en Ushuaia. En Cuyo, lo pone en contacto con los productores agroindustriales locales y las empresas mineras, y acorta la distancia con el mercado chileno, donde ya realizó algunos negocios con su constructora.
Finalmente, su llegada al Banco Santa Fe lo conecta con el 75% de los exportadores agropecuarios del país y lo deja a un paso de uno de los puertos más importantes de la Argentina.
Esto se suma a la sincronía que mantiene con la actual política económica del Gobierno nacional y a que Kirchner no sólo comparte con él una similar comprensión de la realidad sino que tiene en Eskenazi a uno de sus más objetivos consejeros: independiente en sus opiniones, su constructora no integra la Cámara Argentina de la Construcción y se retiró de Abappra en abril.
Dueño de cuatro bancos provinciales, el empresario ahora avanza sobre el petróleo
Enrique Eskenazi, el nuevo socio de Repsol en YPF, es la cabeza de un grupo constructor y financiero de estrechos lazos con Néstor Kirchner desde los tiempos en que éste era gobernador de Santa Cruz.
Amante del bajo perfil, este empresario de 81 años está al frente del grupo Petersen, el consorcio creado en torno de una firma constructora y de ingeniería especializada en obras públicas que ayer llegó a un principio de acuerdo para comprar hasta el 25 por ciento de YPF, la filial argentina de Repsol YPF, operación valorada en US$ 3750 millones.
"Somos un grupo serio. Hace un año que estoy trabajando en esta operación", había dicho en una entrevista con Diario La Nación en junio de este año.
El conglomerado participa de distintos sectores de la economía, la mayoría de estrecha relación con el Estado. La constructora Petersen, Thiele & Cruz participó de gran cantidad de obras públicas (por ejemplo, Yacyretá, Atucha II y la ruta 3).
En el rubro "servicios urbanos" operan dos firmas, Mantenimiento y Servicios, y Esbasa (Estacionamientos Buenos Aires). En el negocio agrícola cuentan con Santa Sylvia, una explotación agrícola de olivos y viñedos de más de 10.000 hectáreas en San Juan, cuyos productos se comercializan bajo la marca Xumet. Y, la empresa que hoy es noticia, Petersen Energía, la rama menos fuerte hasta el momento.
En total, el conglomerado posee activos por 3000 millones de dólares y emplea a más de 5000 personas. Santafesino, ingeniero químico por la universidad del Litoral (UNL) con un posgrado en Chicago (EE.UU.), Eskenazi hizo carrera dentro del consorcio alimenticio Bunge y Born, hasta que en 1980 ingresó como directivo en Petersen, compañía que años más tarde compró a la familia fundadora de la constructora.
El empresario se estrenó en el mundo financiero en 1995 con la compra del Banco de San Juan, al que Petersen controla con una participación del 51,4%. Conoció en 1996 a Kirchner, durante su gestión como gobernador de Santa Cruz (1991-2003), cuando Eskenazi se interesó en la privatización del banco provincial. En 1998, se quedó con el 51 por ciento de la entidad, cuyas acciones restantes conserva el Estado provincial.
El banco administra entre otros fondos los casi US$ 600 millones que la provincia de Santa Cruz giró al exterior por decisión de Kirchner, quien debió repatriarlos por la polvareda que levantó la polémica operación.
Sebastián, uno de los hijos de Enrique y quien ha intervenido directamente en la negociación con Repsol YPF, también goza de la confianza del ex mandatario: era uno de los pocos hombres de la Argentina que entraba y salía del despacho presidencial "sin pedir permiso a otra persona" que no fuera el jefe del Estado.
Eskenazi retomó la expansión de Petersen en 2003 -ya con Kirchner como Presidente - con la adquisición del 93,4% del Nuevo Banco de Santa Fe por parte del Banco de San Juan.
Dos años más tarde, el Nuevo Banco de Santa Fe adquirió el Nuevo Banco de Entre Ríos (Bersa). La transparencia de las operaciones con las que Eskenazi ganó terreno en el mundo financiero fue puesta en duda desde varios sectores de la oposición, que objetaron los bajos precios en que fueron vendidos los bancos, pero el empresario siempre alegó que invirtió en el país en momentos en que los demás sacaban su dinero al exterior.
Con estas cuatro entidades, el conglomerado bancario que capitanea Eskenazi suma activos por 9877 millones de pesos (3135,5 millones de dólares), préstamos por 4369 millones de pesos (1387 millones de dólares), depósitos por 7681 millones de pesos (2438,4 millones de dólares) y un patrimonio neto de 1500 millones de pesos (476 millones de dólares), según datos del Banco Central.
Además, reúne 215 sucursales bancarias distribuidas en las regiones de la Patagonia, Cuyo y las provincias de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, las zonas más ricas del país.


(fuentes: Urgente24.info) - Publicación: Tercer Mundo On Line. (*) El Ciudadano, Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, 2003.

