Ríe el Gobierno y convoca a la felicidad "de todos", inclusive, como dijo anoche la presidenta Cristina Kirchner, a quienes hicieron mucho dinero en estos años de su gobierno. Podría empezar a festejar, por lo tanto, en su propio hogar, según las cifras que constan en la declaración jurada del matrimonio presidencial.
Ríe el Gobierno y convoca a no dejarse llevar por el mensaje de "desesperanza", que recuerdan las estrofas vacías de la poco revolucionaria canción de La felicidad , o del esquizofrénico mensaje televisivo del "hop hop" de un conocido conductor televisivo que trabajó para la dictadura, sin aclarar cuál es el modelo de país que tienen en mente, más allá de las consignas vacías que repiten una y otra vez.
Ríe el ministro de Economía Amado Boudou cuando sale en fotografías como un personaje de televisión que baja de su moto y se sube al escenario a tocar la guitarra, sin explicarle a la sociedad por qué no hace nada para que la inflación no carcoma sus ingresos.
Ríe Guillermo Moreno porque está en su apogeo a los gritos, sin tener que responderle a nadie en forma profunda por qué la economía está más concentrada y exhibe peores indicadores sociales que cuando él comenzó a ejercer su rol de "muchacho malo" en 2006.
Ríe Néstor Kirchner porque logró que se hablara de su presunto progresismo en vez de hablar de su cinismo por defender a los derechos humanos sin haber militado nunca en esta causa, o de la redistribución de la riqueza sin haber tomado ni una sola medida para lograr una mayor igualdad, cuando era presidente y amigo de aquellos a quienes ahora ataca.
Ríen algunos funcionarios, porque creen que la historia les reconocerá el mérito de protagonizar una lucha épica que no existe. Saben que ganan tiempo hasta fines del 2011, aunque pierdan otro tiempo, más valioso, que podrían utilizar para enmendar las debilidades que, en el pasado, hicieron que el país cayera una y otra vez en una crisis.
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