Ya Homero Simpson experimentó en sus carnes, el poder alucinógeno de la ranas venenosas sudamericanas en su época de misiones.
A pesar de que a las especies sudamericanas, extremadamente venenosas, no es dable denominarlas alucinógenas, en el sentido genérico de la palabra, sus toxinas actúan sobre el sistema nervioso central produciendo efectos de tanta irrealidad que inducen a los indios a conferirle poderes sobrenaturales al animal. Y aunque, alucinaciones visuales y de otro tipo posiblemente acompañen las violentas intoxicaciones, de ninguna manera se pueden considerar como verdaderos alucinógenos (Furst, 1974, 1976).
A este respecto Furst ha precisado acertadamente que "el ataque masivo que produce en el sistema nervioso el veneno Bufo que contiene bufotenina es de un orden diferente a la transición de un estado de conciencia a otro producido por el polvo que contiene bufotenina" (Furst, 1974). Tal vez no sea coincidencia que con tanta frecuencia se agregaran sapos como ingrediente en las pócimas alucinógenas preparadas por las brujas en la Europa medieval.
Ya sea como causantes de alucinaciones, o como animales venenosos que producen lo que pudiera denominarse síndrome de seudoalucinación, estos anfibios —por estas y otras peculiaridades— adquirieron significación dentro de la magia y la mitología aborigen y ocuparon un lugar de privilegio entre los pueblos que crearon la orfebrería del oro en Colombia.
http://www.espacioblog.com/alfiler/post/2006/08/22/ranita-ranita
Horemheb escribió "Durante siglos, el sapo ha estado vinculado con la magia y la brujería. Empleado como ingrediente en los brebajes de las brujas, se suponía que les proporcionaba el poder de volar; la piedra que se decía que había en la cabeza de algunos sapos tenía propiedades curativas especiales". Hasta que la ciencia pudo estudiar los rasgos bioquímicos del anfibio, muchos creyeron que poseía ciertas características perversas y tenía estrecha relación con el diablo. Sin embargo, ya en 1451 Alfonso de Torado, obispo de Ávila, sugirió que los vuelos y "decambios de forma " de las brujas no eran sobrenaturales sino efectos alucinatorios de las drogas de sus brebajes: un juicio asombrosamente exacto para la época.
Existen pruebas de que las brujas tenían sapos como animales domésticos o "familiares". Incluso se decía que las brujas "ordeñaban" a sus sapos. Las comprobaciones de la bioquímica moderna sugieren que era eso lo que hacían.
Algunas referencias detalladas de este uso histórico de la bufotenina aparecen en las acusaciones de cinco brujas de Fago (Aragón, España), juzgadas alrededor del año 1657. A partir de unas notas escritas sobre el juicio a que las sometió la Inquisición antes que quemarlas se extrae lo siguiente: "La rea decía que tenía un sapo y lo azotaban con un brezo, y cogían lo que le hacían echar y se untaban con ello e iban donde querían".
Este alucinógeno funciona imitando la molécula química que lleva mensajes de las células nerviosas al cerebro, inundándolo de mensajes falsos y distorsionados y produciendo la ilusión del vuelo. Su efecto psicoactivo consiste de alucinaciones visuales, un juego de colores luces y formas. Se ha encontrado bufotenina en la sangre y la orina de personas no adictas, de lo que se deduce que el cuerpo humano puede producir bufotenina. Es probable que la bufotenina se forme de la serotonina, por una dimetilación de su función amina.
La bufotenina es actualmente una sustancia controlada, pero es bien sabido que algunos adictos mantienen como "mascotas" a sapos productores lo que hace muy ineficiente el control.
http://www.latinoseguridad.com/LatinoSeguridad/Drogas/Bufotenina.shtml

